Final, parte 1: "Recuerda por qué me amas"

Sus vidas adquirieron nuevos y brillantes colores. El estrés constante de ser perseguidos y de estar bajo el escrutinio público al fin disminuía dando paso a una vida más familiar, tranquila e incluso divertida.

Mudarse a Los Ángeles nunca fue una decisión fácil, pero se convirtió en la más sencilla cuando vieron la vida de sus hijos en peligro, cuando incluso la vida de Wang Yibo estuvo a nada de terminarse.

Así pues, no fue tan dura la decisión de migrar al otro lado del mundo.

¿Fue un proceso fácil?

En lo absoluto.

Les costó mucho esfuerzo, dinero, sacrificios, pero sobre todo mucha resiliencia.

Su patria estaba "decepcionada" de que dos de sus más grandes figuras públicas se fueran de esa forma, casi huyendo.

Algunos los juzgaban, pero otros muchos los defendían usando como argumento el intento de secuestro en la gasolinera. Ante eso nadie podía ganar, ni siquiera el gobierno. Así que, viéndolo por el lado bueno, ese acontecimiento fue su pase de libertad para comenzar de nuevo en otra parte del mundo.

Al principio tuvieron mucho miedo, pues tenían tres hijos pequeños, una gatita mayor de edad y prácticamente se encontraban desempleados. Sus padres se quedaron en China, así que los veían muy poco, todo su trato con ellos era por video llamada y un par de visitas al año. Eso era realmente triste para ambas partes, pues era el costo de la libertad y de la paz en sus vidas.

Pero viendo la situación desde otra perspectiva se podían apreciar muchas cosas hermosas, una de ellas era que tuvieron todo el apoyo de sus vecinos (y ahora tíos) de los tres tornados que tenían por hijos. Sí, Ayanga y Dalong se habían convertido en pilares importantísimos en sus vidas.

Otra cosa buena era la presencia de la doctora Yang en California, lugar en donde residía realmente y donde a Yibo solo le costaba un viaje en auto para llegar a su consultorio.

Desde aquella tragedia tan traumática, Wang Yibo no volvió a tener una recaída de tal magnitud. Su vida y la de su familia llegó a un punto de equilibrio que jamás imaginó tener, tampoco creyó posible amar tanto la playa como lo hacía ahora, mucho menos que Xiao Zhan, amante del frío, sintiera lo mismo.

La presión mediática que llegaron a sentir todos los días por culpa de los paparazzi se calmó. Si bien sí eran conocidos en ese lado del mundo, era mucho más tranquilo todo.

Sus vidas eran más "Normales" hasta cierto punto, pues ninguno se apartó del mundo del entretenimiento. Cuando llegaron a la ciudad de inmediato tuvieron ojos sobre ellos. Muy pronto Xiao Zhan comenzó a actuar en películas de Hollywood por primera vez en su vida. Pero eso no duró mucho, pues notaron su talento detrás de las cámaras, así que después de un gran esfuerzo y de entrenarse para lograrlo, consiguió convertirse en director de una película de bajo presupuesto que terminó teniendo un éxito abrumador. Eso despegó su carrera como director y logró alejarlo un poco del protagonismo que implicaba ser actor principal.

En cuanto a Yibo, él trabajó un corto periodo como modelo, pero de inmediato retomó la actuación dejando a más de uno con la boca abierta por su habilidad en ello, especialmente en papeles de villano. Incluso en una ocasión tuvo la oportunidad de actuar en una película dirigida por nadie más y por nadie menos que su amado esposo, quien era tremendamente estricto y exigente con él porque sabía todo de lo que era capaz frente a las cámaras.

Juntos fueron obteniendo éxito tras éxito, encontrando el equilibrio entre su familia y sus carreras.

La vida les sonreía, y sus amados hijos crecían como espuma al aire. Cada uno iba desarrollando su personalidad y día tras día sorprendían a sus padres con cada cosa que hacían.

—¿Vas a venir? —preguntó con una dulce voz mientras lo abrazaba por la espalda.

—En un momento, estoy revisando los últimos detalles —estaba en su escritorio, trabajando tras una computadora. Llevaba todo el día metido ahí, solucionando algunos problemas con la producción de esa nueva película original de Netflix que estaba dirigiendo.

Yibo frunció los labios, inconforme, sin embargo no se rindió.

—¿Vas a tardar mucho? —recargó su mentón sobre el hombro de Xiao Zhan, pero este no le prestó atención.

—No lo sé, amor, quizás una hora.

—¿Tanto? —besó su cuello.

No importaba cuánto tiempo pasara, Xiao Zhan siempre iba a ser débil ante la tentación que era su esposo Wang Yibo. Peor aun cuando lo miró de reojo y notó que solo traía su traje de baño.

—Los chicos ya están durmiendo en sus habitaciones, mañana no tenemos que ir a trabajar y… la piscina nos espera.

Xiao Zhan cerró su laptop, se quitó los anteojos y dio por terminada su jornada laboral.

Que se joda Netflix por hoy —pensó, pues tenía algo más importante de qué ocuparse. Se dejó guiar por su esposo hasta la piscina que tenían en el jardín trasero, Yibo ni siquiera lo dejó ir por su traje de baño.

—Así estás bien, sólo déjate la ropa interior —le quitó la camisa y el pantalón.

Xiao Zhan en todo momento sintió otras intenciones en su esposo, sabía que no era un simple chapuzón por el calor que hacía.

—Amor, no creo que sea buena idea que…

—¿Qué? ¿Hacerlo en la piscina? —rio—. Obviamente no, no con tres adolescentes en casa —suspiró—. Pero sí podemos comenzar aquí.

Entonces hizo algo que Xiao Zhan definitivamente no se esperaba: lo empujó con fuerza hacia el agua, haciendo que cayera.

—¡Oye! —se quejó cuando salió a la superficie para tomar aire, eso no se lo esperaba. Le iba a reclamar, hasta que lo vio partirse de la risa antes de tomar impulso y lanzarse como bala de cañón.

Terminaron riendo como un par de tontos.

—Bien… creo que ya no debería de hacer esto —rio, quejándose un poco de dolor luego de ese salto.

—Cariño, ya no somos jóvenes.

—Si lo dices así me siento como un abuelo —le dolió de verdad, sintió el golpe en su orgullo, y en su cuerpo.

—Imagina cómo me siento yo —suspiró y nadó hasta la orilla para recargarse, cerrar los ojos y descansar un poco.

—Más anciano.

Sí, Yibo jamás cambiaría, sin importar que tuviera cuarenta y cinco años.

—Idiota —respondió como de costumbre. Aún sin abrir los ojos pudo percibir cómo su esposo se le acercaba para rodearlo con sus brazos y buscar su cariño. Xiao Zhan simplemente se dejó hacer con una sonrisa llena de satisfacción.

—¿Cómo llegamos a esto? —inquirió Xiao Zhan—. ¿En qué momento conseguimos esta paz? —abrió los ojos y peinó el cabello mojado de su esposo.

—Pues tuvimos que atravesar un infierno primero —rio, recordando esa vez que estuvieron a punto de divorciarse hace algunos años. Y es que no fue nada fácil ser padres de tres niños pequeños y tener trabajos tan demandantes. Pero en ese entonces no podían darse el lujo de dejar de trabajar. Su fortuna estaba dentro de un fideicomiso que aseguraba la educación completa de sus hijos. Además habían utilizado gran parte de sus ahorros para comprar esa casa junto a Ayanga y Dalong. La habían comprado por dos razones: estar cerca de sus queridos amigos, y porque era enorme, perfecta para que cada hijo tuviera su habitación, además de un gran espacio en el jardín para jugar y divertirse. Contaban con un estudio, habitaciones extra, una cocina amplia, y una infinidad de cosas más. Era la casa soñada y lo más similar posible a la casa que con tanto cariño habían construido en su país.

Pero todo el estrés de ese entonces les había cobrado factura con su matrimonio, desestabilizándolo al grado de que ya no dormían juntos, mucho menos tenían sexo. Fue una temporada larga sin sexo, casi un año sin tocarse el uno al otro. Tuvieron que reencontrarse el uno al otro y recordar por qué se habían enamorado.

Fue una época difícil para la familia. Los hijos, ya pre adolescentes, comenzaron a notar que sus padres habían dejado de ser tan cariñosos entre ellos como de costumbre. Estaban habituados a verlos abrazándose y besándose por doquier. Y ellos solo rodaban los ojos y decían "Aquí van de nuevo" antes de irse de ahí para no ver más el cariño empalagoso de esos dos. Yuyu incluso tenía el descaro de gritarles "¡Consíganse un cuarto!", a lo que ellos respondían con una carcajada.

Y a pesar de hacerles muecas de asco y fastidio, los chicos amaban que sus padres fueran tan cariñosos. Eran conscientes de que, en una sociedad en donde el divorcio era más común que los Mc. Donald's, el matrimonio de sus padres era una rareza extrema.

Así que, cuando notaron la dinámica tan extraña entre sus progenitores, se preocuparon.

Bastó con ver que en las mañanas ya no cantaban juntos mientras hacían el desayuno, tampoco iniciaban esos bailecitos ridículos que terminaban en carcajadas familiares. Poco a poco fueron perdiendo esos detalles hasta llegar al punto en el que Wang Yibo leía el periódico en silencio y Xiao Zhan repasaba pendientes en su iPad mientras desayunaban.

Entonces los notaron cada vez más cansados, enojados el uno con el otro, incluso dormían en habitaciones separadas.

—¿Nuestros padres se van a divorciar? —preguntó Yiyi con singular tristeza.

—Claro que no, idiota —Lili le lanzó una de sus almohadas. Su hermano solo la esquivó y permaneció con la mirada gacha, sentado al pie de la cama de su gemela.

Ambos miraron a su hermana mayor, esperando un regaño por hablarse así entre ellos y por el almohadazo, pero ese regaño nunca llegó.

Yuyu estaba sentada en un sillón puff, absorta en sus pensamientos.

—No se van a divorciar —murmuró la mayor de pronto, mientras acariciaba a su mascota sobre el regazo, un hermoso Shiba Inu que llevaba acompañándolos desde su infancia.

—Pero ya no duermen juntos.

—Yiyi tiene razón. ¿No has notado que ni siquiera se dirigen la mirada?

Yuyu miró a su hermana con enojo.

—Dije que ellos no se van a divorciar. Sé que no lo harán.

Los dos más pequeños suspiraron.

—Yo los escuché hablando —murmuró el menor—. Ellos no me notaron ahí, pero… —se le hizo un nudo en la garganta.

—¿Pero qué? ¿Qué? Habla ya.

—¡Sí se van a divorciar, Yuyu, sí lo harán! —exclamó con lágrimas en los ojos y la voz quebrada.

—Yo pido quedarme con papá Zhan —dijo Lili con los brazos bajo la nuca y mirando al techo.

—¡Lili! —exclamaron los otro dos, sorprendidos por su frialdad.

—¿Qué? Solo soy realista. Si esto del divorcio va a suceder hay que elegir con quién nos vamos a quedar. Sé que tú te quedarás con papá Bo, eres su favorita, pero Yiyi y yo nos vamos con papá Zhan —rio. Parecía no tomarse tan en serio la situación.

—No digas esas cosas… —murmuró el pequeño con un nudo en la garganta.

—Antes de precipitarnos más… —la mayor trató de conservar la calma—. Wei Yi, ¿qué fue exactamente lo que escuchaste de ellos?

El pequeño suspiró, tomó aire y explicó:

—Papá Bo dijo que no podían seguir más tiempo así, que se estaban lastimando entre ellos. Papá Zhan dijo que él sabía eso, pero que debían aguantar un poco más por nosotros. Por eso ya no duermen juntos, y no se hablan, porque… —sollozó—. Porque dijeron que lo mejor era divorciarse y "dejar el camino libre" —se talló los ojos para secar las lágrimas rebeldes que tanto odiaba.

Las otras dos se quedaron en shock. Su hermano nunca mentía. Así que eso debía ser verdad.

Yuyu se quitó los anteojos y talló sus ojos también.

—No se preocupen y dejen de hacer drama —chasqueó la lengua—. Nuestros papás están locos, se quieren muchísimo, tanto se aman que nos empalaga su cariño. Ellos estarán bien, y en caso de que no… pues ya veremos.

Miraron a Lili con cara de repudio, el optimismo tan crudo que demostraba esa niña no les ayudaba a sentirse mejor, porque era casi como escuchar que el techo era negro a pesar de que estaban viendo que era blanco.

—Lili, mejor cállate. Nada de lo que dices nos ayuda —se acomodó los anteojos, ansiosa.

—¿¡Qué!? —encaró a su hermana mayor—. ¿Acaso digo mentiras? Así son nuestros padres, dejen de ser dramáticos. Mañana se van a estar besando y manoseando de nuevo en el sofá.

—Me voy a dormir —molesta, Yuyu se levantó del sillón—. Ven, Xiao Xiao —dio palmaditas para que el Shiba Inu la siguiera y así salió de la habitación. Su hermano menor hizo lo mismo, alcanzándola en el pasillo.

—Jie jie.

—¿Qué? —se detuvo y miró a su hermano menor. A veces se le olvidaba que solo tenía once años, pues era bastante tranquilo y maduro, pero verlo ante ella con sus ojos llorosos y la nariz y mejillas rojas… simplemente no pudo contener su instinto de hermana mayor.

—¿Crees que lo que dice Lili es cierto? ¿Ellos no se van a divorciar?

—Eso espero…

—¿Por qué ya no se quieren?

Ella suspiró.

—Sí se quieren, estoy segura. Pero nuestros papás no son solo "nuestros papás", Yiyi, ellos son seres humanos y también se equivocan, también se enojan y se pelean entre ellos.

—¿Así como nos peleamos nosotros?

Ella sonrió ante su inocencia.

—Sí, algo así.

—¿Y si llamamos a nuestros abuelos para que los regañen?

Yuyu contuvo su carcajada a duras penas. No era mala idea, pero sus abuelos viajaban a Los Ángeles solo dos veces al año, y todavía faltaba tiempo para su siguiente visita.

—Ven aquí —lo jaló del hombro para arrastrarlo a un cariñoso abrazo—. Todo va a estar bien.

—Mnh —comenzó a llorar en silencio, ella lo notó al percibir su hombro húmedo.

—¿Y si Lili tiene razón en lo otro? ¿Y si tenemos que elegir con quién nos quedamos?

—Eso no va a suceder.

—Los papás de todos mis amigos están divorciados.

—Dime, ¿acaso nuestros padres son como los demás?

Aún dentro del abrazo, Yiyi soltó una risa amortiguada por sus lágrimas.

—No, no lo son —rio, pero su llanto no se detuvo.

—¿Cuánto tiempo llevabas guardándote esto? —murmuró con cariño, consolando a su hermanito.

—Dos semanas.

—Oh Wei Yi —lo apretó más contra su cuerpo—. ¿Estarías más tranquilo si te digo que tengo una idea para unirlos de nuevo?

El pequeño se separó de inmediato, mirándola con ojos expectantes y enormes, con esa expresión de asombro tan similar a la de Yibo.

Sí, Yuyu tenía un plan.

Al día siguiente se lo contó a sus hermanos y juntos pusieron manos a la obra. Se aseguraron de que sus padres estuvieran disponibles un viernes por la noche. Tuvieron que inventar excusas para lograrlo, pero consiguieron un espacio en sus apretadas agendas.

Organizaron una cena romántica en casa. Con mesa elegante en el jardín trasero, montaron guirnaldas de luces y ocultaron una bocina tras un árbol para ambientar también con música romántica. Incluso pusieron velas artificiales flotantes en la piscina.

El único inconveniente ahí fue que ninguno de los tres sabía cocinar, y ese fue un detalle que notaron hasta el día de la sorpresa, justo unas horas antes.

Así que hicieron su mejor esfuerzo cocinando unos macarrones con queso de esos que vienen en una caja de cartón junto con el queso en polvo. Buscaron vino en la reserva de sus papás, pero curiosamente solo encontraron botellas vacías.

—Jugo de uva será —dijo Lili con un tono travieso mientras rellenaba una botella de vino con jugo.

—Debí decirle a tío Ayanga que nos ayudara con la cena —estaba en verdad preocupada—. O quizás deberíamos pedir comida a domicilio.

—No, ya. Así está bien —sonrió Wei Yi—. Tu comida se ve muy rica.

—¿Ah? ¿Tú crees?

—¡Sí! —le dedicó una sonrisa tan amplia y sincera que ella no pudo hacer más que creerle.

Sus padres no sospecharon nada porque todo el día estuvieron ocupados en sus trabajos, y para la hora a la que llegaron a casa, los chicos ya tenían toda la sorpresa lista.

—¿Qué es eso que querían hacer hoy? —preguntó Xiao Zhan.

—Wang Yu Jie, ¿por qué tienes queso en la cara? —Yibo se acercó a su hija, dispuesto a mojar su pulgar con saliva y limpiarle la mejilla, pero ella le dio un manotazo nivel Dios para que no hiciera esa "asquerosidad".

Xiao Zhan soltó una risa burlona al ver eso, pero silenció al escuchar a su esposo murmurar:

—Igual a su padre —suspiró y se fue a sentar en el sillón—. Me avisan cuando estén listos para irnos —sacó su teléfono móvil, listo para entretenerse un rato mirando videos.

En cualquier otra ocasión Yuyu le habría dicho "¡A mucha honra igual a mi papá!" bromeando, pero no en ese momento, no sabiendo todo lo que había detrás del mal humor de esos dos que ni siquiera se dirigían la mirada.

—Esperen unos minutos y nos vamos, ¿si? —pidió la mayor con una sonrisa.

—¿A dónde vamos a ir, cariño? ¿y por qué tanto misterio? —preguntó Xiao Zhan con su característico amor paternal mientras le quitaba el queso de la cara con un pañuelo.

—En realidad no vamos a ir a ningún lado —rio—. Pero ve y siéntate con papá Bo. Mis hermanos y yo les tenemos una sorpresa.

La expresión de Xiao Zhan desalentó a Yuyu. No se veía enojado, mucho menos emocionado, se veía… cansado.

—Está bien —aceptó luego de un largo suspiro.

Cuando fue a sentarse a la sala, Yuyu vio que su padre se iba a sentar a kilómetros de Yibo, así que corrió y puso un cojín en donde Xiao Zhan planeaba sentarse.

—Aquí está ocupado.

Alzando una ceja, pero sin preguntar, Xiao Zhan se dirigió a otro sofá.

—¡Aquí también!

Fue hacia uno diferente y ocurrió lo mismo.

—¿A qué estás jugando? —se quejó al fin. Ella rio y señaló el espacio junto a Yibo.

—Ese sí está libre.

—Yuyu…

—Ve, siéntate ahí.

—Déjalo en paz, enana —dijo de pronto Yibo, sin apartar la mirada de sus videos—. Tu padre no quiere sentarse cerca de mí.

—No, no quiero —quitó el cojín que le impedía sentarse en el lugar "ocupado" y se sentó. Le dirigía una mirada terrible a Yibo, eso se clavó en el corazón de Yuyu, en especial al ver cómo cambiaba su expresión al verla de nuevo, con cariño y paciencia—. Ve y haz lo que tengas que hacer.

Ella asintió, percibiendo esa oración como "por favor date prisa y que esto ya termine".

A pesar de eso no dejó que sus ánimos cayeran. Salió al patio y vio que sus hermanos ya habían terminado de montar todo lo que faltaba. Todo estaba listo.

Cuando los tres niños fueron en busca de sus padres, se los encontraron muy ocupados cada uno en sus asuntos. Yibo mirando su teléfono y Xiao Zhan al otro extremo de la sala mirando sus propias uñas como si fuesen lo más interesante del mundo.

—¿Ya nos vamos? —preguntó Yibo al sentir la presencia de sus tres criaturas.

—Sí.

Yibo guardó su celular en el bolsillo y se puso de pie. Xiao Zhan permaneció en su sitio, con una sonrisa sospechosa mirando a sus hijos.

—¿Qué planes macabros tienen entre manos? —preguntó el mayor.

—¿Qué está pasando aquí? —inquirió ahora Yibo.

—Silencio y síganos —dijo Lili, tan concreta como siempre.

Se fueron todos juntos rumbo al jardín, y antes de dejar que sus padres salieran, les dijeron algunas palabras.

—Esto es una sorpresa para ustedes.

—Hemos notado que están muy ocupados por el trabajo.

—Se merecen un descanso, y quizás en la noche hasta puedan hacer una pijamada.

Ambos padres miraron a sus pequeños, y luego se miraron a los ojos después de mucho de no hacerlo.

Vaya situación más incómoda.

Sin decir nada, salieron al jardín y se llevaron una gran sorpresa al ver todo el esfuerzo de sus hijos.

—Oh wow… ¿Prepararon una cena? —miró lo bonito que se veía el jardín. Xiao Zhan estaba igual de asombrado que él.

—Sí. Yuyu cocinó.

—¿Qué? —Yibo se espantó—. ¿¡Usaste la estufa tu sola!?

Xiao Zhan también se alarmó.

—No sean dramáticos, no es la gran cosa —se avergonzó —. Cuando vean lo que es se van a decepcionar, pero bueno, eso no importa. Disfruten la velada.

—Pero… —Xiao Zhan fue interrumpido por su hija de en medio.

—Nada de peros, siéntense ya. Y reconcíliense también.

—¡Lili!—mascullaron los otros dos hermanos, pues estaba revelando su plan malvado. Aunque este era muy obvio en realidad.

Los tres hijos regresaron al interior de la casa, dejándolos a solas, justo lo que menos querían en ese momento.

Entonces ocurrió de nuevo, sus miradas se cruzaron y sintieron una variedad increíble de emociones en sus estómagos.

Era verdad que ya ni siquiera se dirigían la mirada, quizás por miedo a encontrar indiferencia en los ojos del otro, o tal vez porque sabían que ambos sufrían igual con ese distanciamiento.

Pero en ese momento, a pesar de que sus rostros estaban por completo serios, sus ojos brillaban al encontrarse de nuevo.

—Por lo menos no arruinemos esto.

Xiao Zhan fue el primero en hablar, con un tono fríamente cortés y con esa sonrisa que Yibo tanto odiaba, una sonrisa más falsa que la de un emoji.

Yibo arrugó la nariz con disgusto y lo miro de pies a cabeza inconscientemente. Vaya error, Xiao Zhan se veía terriblemente bien con ese pantalón negro y un suéter cachemir del mismo color, ceñido a su torso y brazos.

Sí, no debió echarle esa mirada.

Tragó en seco y despistó su interés en él. Entonces recordó las palabras que dijo y se molestó, arrugando de nuevo su nariz en completo disgusto.

—Sí, al menos no arruinemos esto —fingió una sonrisa al percatarse de que sus hijos los observaban desde adentro y fue a sentarse.

En ese momento Xiao Zhan aprovechó para mirarlo de pies a cabeza sin que se diera cuenta. Jamás lo había visto en mejor forma que en esos últimos meses que pasaba tanto tiempo en el gimnasio.

Su pantalón de vestir negro y esa camisa blanca de botones arremangada hasta los codos lo hacían ver muy atractivo.

—Nos están espiando —suspiró Xiao Zhan, tomando asiento frente a él en la pequeña mesa circular.

—Lo sé —miró la botella de vino, la misteriosa cena cubierta y el par de velas tan bonitas—. Se esforzaron mucho.

—¿La música de dónde viene? —miraba hacia todos lados. "Hoplesly devoted to you" sonaba suavemente y él no sabía cómo sentirse al escuchar ese tema.

—Atrás de la buganvilia. ¿Quieres que lo apague? —sugirió al verlo tan inquieto.

Yibo suspiró pesadamente y se quedó quieto al fin.

—No.

Después de todo era el esfuerzo de sus retoños.

—Creo que se dieron cuenta de que algo no anda bien.

—¿Tú crees? —rio con sarcasmo Yibo mientras abría la botella y se servía una copa. Si iba a soportar eso, mínimo lo haría con un poco de alcohol en su sistema.

Xiao Zhan también se sirvió una copa, y al probarlo entendió la cara de tremenda decepción de su esposo.

Por poco se echó a reír.

Él lo miraba fijamente, cada expresión, cada movimiento. Podía notar lo incómodo que Yibo estaba ahí con él. Si no fuese por sus hijos, ya le habría dicho que terminaran con esa tortura.

Pero Wang Yibo no levantaba la mirada por nada del mundo. Se concentraba en cualquier cosa que no fuera Xiao Zhan.

Mientras tanto, los tres traviesos estaban "escondidos" en el interior de la casa, mirando todo a la distancia.

—No funcionó, ¡la canción no funcionó! —exclamó Yiyi, angustiado. Y es que siempre que por alguna razón sus padres escuchaban "Hoplesly devoted to you", se ponían a bailar como dos enamorados.

Y aunque no estaban lo suficientemente cerca como para escuchar lo que decían, sí lograban notar que Yibo estaba más serio de lo normal, y Xiao Zhan… bueno, tenía la sonrisa más falsa que podía expresar.

—Esto no está funcionando —algo triste, Yuyu se fue a sentar a la sala—. Quizás sí tengamos que elegir con quién quedarnos.

Resignado, Yiyi siguió a su hermana mayor y recostó su cabeza en el regazo de ella, buscando consuelo.

Pero Lili… Lili estaba plantada en su lugar, mirando a esos dos que día tras día desde que ella tenía uso de razón se andaban besando, abrazando y hostigando. Ella era la más fiel creyente de la relación de sus padres. Sabía que algo tan bonito no podía terminar así.

—Macarrones con queso, vaya…

—La comida favorita de nuestros hijos —rio Xiao Zhan.

Por primera vez en la noche Wang Yibo también sonrió, sincero.

La música era suave, al igual que el viento de otoño. Las palmeras de su jardín hacían un agradable ruido con el viento, meciendo sus palmas de un lado a otro.

La atmósfera era en verdad muy romántica, perfecta para dos enamorados, pero no para ellos que se dedicaban a solo masticar y tragar en silencio.

Xiao Zhan lo miraba de vez en cuando, con discreción. Era imposible ignorarlo por completo cuando al anochecer su belleza aumentaba con la luz cálida de las velas reflejándose en su rostro. Además tenía un estilo de cabello muy similar al que usaba cuando se hicieron novios. Por poco suspiraba al mirarlo.

Al parecer Xiao Zhan no era el único que no quería perderse una vista así, pues descubrió a Yibo observándolo con disimulo. Inevitablemente sus miradas se cruzaron, y ya no lograron separarse.

Compartieron una sonrisa suave y titubeante.

Luego de ver que esos simples gestos eran correspondidos, llegaron a un implícito acuerdo de bajar un poco la guardia y dejar de lado el modo defensivo.

—La cena está muy rica —dijo Xiao Zhan para romper el silencio.

—Y el vino…

—Es jugo de uva.

—Sí, lo noté —rio y negó con la cabeza.

—Nuestros hijos son muy creativos.

Yibo asintió, lo eran. Miró por encima del hombro de Xiao Zhan, notando que tres cabezas se escondían de inmediato.

—Nos están observando de nuevo, ¿no es así?

—Sí.

—Que incómodo… —murmuró el mayor.

—No tienes que hacer esto. Terminemos la cena y vayamos a dormir.

—No me malentiendas, es solo que no hemos tenido mucho tiempo para hablar últimamente.

—Lo sé, ya no hay tiempo para nada. Has estado muy ocupado.

—Ni tú ni yo, Yibo, ambos.

—Nunca dije lo contrario.

Y ahí iban de nuevo con la misma discusión de siempre. Entonces notaron que la música subía de volumen.

Y así comenzó a ocurrir cada vez que empezaban a pelear. No les quedó de otra más que hablar civilizadamente. Pues bastaba con que sus hijos vieran sus rostros y ademanes para pronosticar una pelea.

—Creo que tomaré tu oferta de irnos a dormir temprano —aseveró Xiao Zhan, tomando su plato y copa para llevarlos a la cocina.

Pero al levantar su plato un trozo de papel cayó sobre el mantel.

—¿Qué es eso? —Yibo lo alcanzó y leyó su contenido—. "Reto: dile a papá 5 cosas que ames de él".

—¿Eh? —se desconcertó y reconoció la horrible caligrafía de Lili.

Yibo alzó su propio plato y encontró una nota idéntica.

—Tiene algo escrito por detrás —señaló Xiao Zhan—. "Prohibido entrar a la casa a menos que se cumpla el reto. La puerta ya tiene llave".

—¿¡Qué!? —se levantó, agitado —. Malditos mocosos.

Xiao Zhan se echó a reír con ganas. Había pasado mucho desde la última vez que rio así. Yibo se le quedó mirando como si estuviera loco.

—Lo siento, lo siento. No me estoy burlando, no sé qué me sucede —se limpió pequeñas lágrimas que se asomaron sin permiso.

Yibo se volvió a sentar, ahora cruzado de brazos y con la mirada fija en la piscina.

Ninguno dijo nada.

Xiao Zhan observaba el perfil de su esposo y repiqueteaba sus dedos sobre la mesa, impaciente.

Se perdieron en sus pensamientos tratando de encontrar la raíz del problema, no, tratando de recordar desde cuándo estaban tan distanciados.

Sus hijos lo notaron apenas hace poco, pero eso ocurrió porque se cansaron de fingir tan bien. Pues en realidad ya tenían más de un año sin tocarse, sin dormir en la misma cama, sin cruzar más palabras de las necesarias. La relación jamás había estado tan seca y marchita.

Ni siquiera se atrevieron a buscar consejo en sus vecinos y amigos, pues ya sabían la solución a sus problemas, pero ninguno quería dar su brazo a torcer, ambos tenían la culpa.

Y así poco a poco se fueron distanciando hasta el grado de ya no mirarse.

Ya no eran tan impulsivos como en su juventud, quizás por eso habían controlado el impulso de divorciarse, manteniéndose "unidos" en matrimonio durante ese último año. Pero ya estaban cansados de esa situación.

—Desearía que este jugo fuese vino —suspiró Xiao Zhan, mirando el contenido dulce.

—Quizás si no te acabaras la reserva semana tras semana, tu deseo se haría realidad —rodó los ojos, aún cruzado de brazos y mirando a otra parte.

No fue testigo del dolor que se reflejó en los ojos de Xiao Zhan al escuchar ese ataque. ¿Por qué tenía que ser tan áspero con él?

—El hecho de que tengas esa información es porque tú también has ido en busca de vino —respondió, mordaz y directo a la yugular. Ocultó a la perfección la tristeza que sentía.

Yibo solo bufó y se removió en su asiento.

—Odio que hagas eso —murmuró Xiao Zhan.

—¿Ah? —lo encaró con enojo—. ¿Qué es "eso" con exactitud?

—Odio que te comportas como un niño a pesar de tu edad.

Eso fue un golpe bajo para Yibo.

—Detesto que sigas usando ese viejo argumento. Ya cámbialo. Además, no es como que seas perfecto, Xiao Zhan.

—Ja, ¿en qué te molesto?

—Eso —señaló su sonrisa—. No soporto mirarte desde que finges que todo está bien, eres tan condescendiente, tan… pasivo agresivo que simplemente no lo soporto —giró su rostro hacia otro lado—. En verdad no lo soporto —murmuró eso último.

La sonrisa que inconscientemente tenía, se borró de inmediato. Apretó los puños sobre sus rodillas y también miró hacia otro lado.

—¿Por qué estás tan a la defensiva todo el tiempo? —inquirió Xiao Zhan luego de un largo silencio, sin mirarlo—. Necesitabas espacio, y te lo di. Necesitabas tiempo, y te lo di también —su tono era sereno—. Dime entonces qué es lo que tanto te molesta. Porque te he dado todo el espacio que necesitas, pero solo me ignoras y…

—¡Es precisamente eso lo que más odio! —azotó la palma de la mano sobre la mesa. Fue tan repentino que Xiao Zhan pegó un salto.

La música no subió de volumen, simplemente fluyó de la misma forma que al principio. Los tres pequeños que la controlaban estaban atónitos. El que usualmente explotaba de esa forma era su papá Zhan, y solo lo habían visto así un par de veces, jamás hacia ellos o hacia Yibo. Pero ahora veían a papá Bo tan alterado que por un momento no lo reconocieron.

Sostuvieron sus miradas por unos segundos que parecían eternos. La mandíbula de Yibo temblaba del coraje, mientras Xiao Zhan se mantenía congelado en su lugar, con la mirada fija en él y sintiendo un odiado escozor en sus ojos que poco a poco se le fueron nublando.

—Odio que no me miras —masculló cada palabra, aún de pie y encarándolo con tanto enojo reprimido—. Odio que te ves tan entero y feliz sin mí en tu vida. No me necesitas en lo absoluto, no mientras tengas tu trabajo y el amor incondicional de nuestros hijos. Lo tienes todo aunque no me tengas a mí.

—Eres tú el que no me mira, Wang Yibo —fue lo único que pudo articular para que el temblor en su voz no se notara.

—¡Si ya no te miro es porque no puedo! ¡Es una tortura observarte y ver que a pesar de nuestra situación tú estás muy bien y puedes seguir adelante! No lo soporto, por eso evito mirarte. Me dueles, Xiao Zhan, me dueles mucho.

—Tú… —se le quebró por completo la voz, tanto, que tuvo que tomar un sorbo de su copa—. ¿Tú en verdad crees eso? ¿En verdad crees que estoy muy bien? —se llevó una mano al pecho, impotente. Sentía que esa situación ya la habían vivido hace muchos años.

—Sin duda alguna.

Ahora Xiao Zhan se puso de pie y apoyó ambas manos sobre la mesa comenzando a reír cada vez más fuerte.

Yibo alzó una ceja.

—¿Qué? ¿Ya perdiste la cordura?

Xiao Zhan dejó de reír al instante y alzó la mirada para observarlo fijamente a los ojos antes de decirle con una terrible seriedad:

—Eres un verdadero idiota, Wang Yibo. Es eso, o yo soy mejor actor de lo que creí —rio de nuevo.

—No te burles —dijo al escuchar una última risa—. Lo sé, sé que es patético de mi parte que no pueda hacer como que no pasa nada. Debería de lograrlo, después de todo también soy actor, pero no puedo.

Xiao Zhan se sentó de nuevo en la silla, sin ganas de seguir con esa interminable discusión. Se llevó una mano al puente de la nariz y cerró los ojos con fuerza. Estaba conteniendo tantas emociones reprimidas que le temblaba el cuerpo.

—Wang Yibo, Wang Yibo… —suspiró y lo miró con… ¿tristeza?

Yibo estaba confundido.

—Si te hubieras tomado el tiempo de mirarme, de despegar tus ojos del suelo, habrías notado que mi mirada no se podía apartar de ti. Eso sí, con el paso de los meses preferí evitarlo porque sinceramente también me dolía. Pero debo admitir que hay momentos en los que no puedo contenerme, y te observo. Yibo, llevo toda la noche mirándote y tú no te has dado cuenta.

El menor parpadeó, confundido. Entonces sus ojos se fueron llenando de lágrimas ante la triste mirada de Xiao Zhan.

Yibo se llevó ambas manos al rostro y sollozó. De pronto recordaba que sus hijos los estaban viendo y eso lo limitaba un poco. Quería decir y hacer tantas cosas. Al fin luego de meses logró decir lo que tenía tan atorado en su pecho, pero sentía que no encontraba el rumbo.

Su mente era un enjambre de pensamientos que se apaciguó cuando unos brazos que extrañaba tanto se envolvieron alrededor de su cuerpo, rodeándolo de una calidez que hace mucho no experimentaba.

Su mente se calmó, pero su corazón se desbordó y comenzó a llorar, aferrado a ese abrazo.

—Nos hemos hecho mucho daño, ¿no es así? —susurró Xiao Zhan con voz conciliadora, pero con lágrimas corriendo por sus mejillas.

Yibo asintió.

—Perdóname, Yibo, no era mi intención hacerte sentir así ni llegar a estos extremos.

—Perdóname tú a mí —su voz sonaba amortiguada por el hombro de Xiao Zhan—. Sé que he hecho mal.

—Ambos hemos hecho las cosas mal de un tiempo para acá.

—Ya no quiero pelear.

—Yo tampoco —suspiró.

—Pero tampoco quiero que estemos juntos solo por los niños, yo… yo nunca imaginé algo así para nosotros, yo… —sollozó. Había guardado sus emociones tanto tiempo que ahora lo arrollaban como un alud de nieve que solo fue creciendo y creciendo.

—Lo sé, yo tampoco quiero eso. Pero siempre terminamos peleando.

—Necesitamos ayuda.

—¿Y si tomamos terapia de parejas?

Asombrado, Wang Yibo se separó del abrazo. Ahí Xiao Zhan pudo ver ese rostro enrojecido y sus ojos tristes. Fue como ver al Yibo de 21 años otra vez.

—Sí —aceptó de inmediato—. Hagámoslo.

Xiao Zhan se sorprendió por la rapidez con la que accedió.

—Hagámoslo —suspiró aliviado.

Ambos estaban conscientes de que tenían problemas que no se podían solucionar solo con el "poder del amor". Les había funcionado a lo largo de sus veinte años de relación, pero ahora no tenían la misma comunicación que antes, ni la misma energía. Necesitaban volver a ello, y para eso necesitarían un empujoncito.

Sus padres habían intentado intervenir y ayudarlos, pues cada vez que iban a visitarlos a Estados Unidos se daban cuenta de que algo no andaba bien, y tras cada visita confirmaban sus sospechas, hasta que en la última visita les anunciaron que se divorciarían. Sus padres hicieron todo lo posible por ayudar, pero ninguno de los dos permitió que intervinieran. Así se regresaron a China, con el corazón angustiado y una gran tristeza.

Xiao Zhan acarició la mejilla de Yibo y miró cada centímetro de su rostro. Habían pasado años desde la última vez que lo vio llorar. Eso le partía el corazón.

—Ven —tomó la mano de Xiao Zhan y aún con sus ojos llorosos lo alejó un poco de la mesa solo para tomarlo de la cintura y comenzar a mecerse de un lado a otro.

Aún desconcertado, la memoria muscular de Xiao Zhan no falló, posó su mano libre en el hombro de su esposo y bailó suavemente al son de la canción, de SU canción.

"The way you look tonight" de Tony Bennett sonaba suavemente al fondo, tal como el día de su boda.

—Dejemos las discusiones de lado —propuso Yibo, con su voz un poco ronca por el llanto y algo temeroso de recibir un rechazo.

—¿Al menos por hoy? —en verdad era una oferta tentadora. Poner pausa al conflicto sería reconfortante. Sabían que no se arreglarían sus problemas solo con una charla y sexo, no, ya nada era como antes.

—Sí, ya mañana comenzaremos a buscar terapeuta.

—Entonces esto es como una tregua —suspiró.

—Lo es —Yibo sonrió de lado.

De pronto los dos sintieron cómo un peso inmenso se les quitaba de encima.

Bailaron en silencio la canción completa, mirándose uno al otro, olvidando al resto del mundo. En ese momento solo importaban ellos dos, sus manos entrelazadas, y sus cuerpos muy juntos.

Apenas terminó la canción, volvió a sonar "Hoplessly devoted to you", haciéndoles recordar que tenían D.J. personal, pues sin duda alguna estaban poniendo las canciones con toda la intención de conseguir una reconciliación entre ellos.

Xiao Zhan se relajó un poco y descansó sus manos en la nuca de Yibo, acariciando su cabello, miró las canas que se asomaban en los costados, su apuesto rostro, su hermosa piel, y esos ojos oscuros que lo miraban tan intensamente.

—Tus ojos —murmuró de pronto Xiao Zhan.

—¿Disculpa?

—Nos pidieron cinco cosas que amáramos el uno del otro, pero solo dijimos lo que odiamos.

—Tienes razón —suspiró. Pobres de sus hijos.

—Amo tus ojos y cómo se te arruga la frente cada vez que estás preocupado o ansioso —acaricio precisamente eso que tanto amaba—. ¿Estás ansioso?

—Nervioso, más bien. Hace mucho que no hacíamos esto.

Tenía razón, era emocionante y extraño volver a tenerse tan cerca.

—Pero siendo sincero… lo estoy disfrutando mucho —Yibo acortó la distancia para volver a atraparlo entre sus brazos sin dejar de mecerse de un lado a otro con suavidad.

—Yo también.

—Amo esto —dijo de pronto Yibo, acariciando la cintura de Xiao Zhan y ciñéndolo más hacia sí mismo.

—¿Mi espalda?

—Tu calidez, tonto —rio—. Amo tu aroma.

—Hace tiempo que no uso perfume —admitió.

—No me refiero a eso —deslizó su nariz por el cuello de su esposo, apenas tocándolo mientras inhalaba profundamente, tal como hacía desde que empezaron a salir en el 2020.

Xiao Zhan sonrió de lado, sintiendo cómo su cuerpo reaccionaba naturalmente ante esos pequeños detalles que le brindaba su esposo.

—Amo tu voz —susurró Xiao Zhan con un tono íntimo, continuando con el "juego"—. Es suave, pero grave al mismo tiempo.

No pudo ver su expresión debido al abrazo que aún mantenían, pero sintió que sonreía al tener su mejilla prácticamente junto a la suya.

—Extraño tu cuerpo junto al mío por los mañanas —se separó un poco para ver el rostro de Xiao Zhan, le acomodó un mechón de cabello detrás de la oreja, pues desde hace poco más de un año que había decidido dejárselo crecer, llegando al grado de tener que atarlo en una coleta baja. Wang Yibo lo envidiaba, pues no tenía canas a la vista.

—¿Aunque te daba calor algunas veces y además te despertaba con mis ronquidos? —sonrió.

—A pesar de eso. Extraño poder abrazarte, extraño… —rio un poco—…tus ronquidos.

—Eso sí que no te lo creo.

—Amor, veinte años juntos hace que uno se acostumbre a muchas cosas, y tus ronquidos son una de ellas —rio con una libertad que no sentía hace mucho—. ¿Qué? —inquirió al ver que Xiao Zhan se quedaba sin palabras.

—Nada —su sonrisa se ensanchó. Yibo no se había dado cuenta de que le dijo "Amor" luego de tanto tiempo de no hacerlo—. Mejor sigue diciéndome qué más amas de mí.

—Ya dije cinco, ¿no?

—No sé y no me importa —rio. Estaba muy feliz con sus brazos colgados de los hombros de Yibo y con los brazos de este alrededor de su cintura, casi en sus caderas.

—En ese caso, sigues tú.

Xiao Zhan lo pensó unos momentos, inseguro ante la idea de decirle aquello. Quizás no era momento, ¿o quizás sí?

—Amo que… —bajó la mirada—. Que sin importar nuestra situación, tú siempre has estado al pendiente de mí y mi seguridad.

Yibo se tensó. ¿Cómo sabía eso?

—Lo sé porque descubrí a mi guardaespaldas respondiendo mensajes a un tal "Boss 2.0". Sé que así te guardó entre sus contactos. Y sé que no hay día que no le preguntes si estoy bien.

—Pensé que no te darías cuenta.

—Seguramente igual que yo cuando creí que no me descubrirías.

—¿A qué te… ¡Oh! Claro que me iba a dar cuenta de que resurtes siempre mis medicamentos. Solo tú los ordenas según el horario y la dosis. Y no has dejado de hacerlo a pesar de todo.

Sí, a pesar de las discusiones, los gritos y la histeria que experimentaban cuando sus hijos no estaban cerca para escucharlos.

—Otra cosa que amo es… —sonrió y miró los ojos de Yibo con mucho amor—… es tu habilidad para tomarme y empezar a bailar conmigo en cualquier lugar, situación o momento. Amo que hagas eso, justo como ahora.

Yibo sonrió de oreja a oreja al escucharlo decir eso en particular, pues Xiao Zhan era el único en su vida que le inspiraba a hacerlo.

—¿Sabes qué más amo y extraño? —dijo de pronto Yibo, acariciando una mejilla de su amado, quien negó suavemente con la cabeza—. Hacer el amor contigo.

A pesar de los años, de las experiencias vividas y de la intimidad tan grande que llegaron a tener, Xiao Zhan sintió su rostro calentarse ante esa confesión tan repentina.

—Yo también lo extraño —desvió la mirada, recordando aquel encuentro que tuvieron hace poco más de seis meses cuando las cosas ya iban muy mal. No pudo evitar fruncir el ceño.

—Y no me refiero a algo como la última vez, eso… eso no…

—Eso no se repetirá —lo interrumpió Xiao Zhan, serio.

—Jamás.

Se quedaron en silencio unos momentos. Luego de aquel encuentro habían hecho un acuerdo mutuo. Prefirieron no volver a tener intimidad, no de esa manera. Y así fue como ambos terminaron en una larga y dolorosa abstinencia que los llevó a dormir en diferentes habitaciones. Ninguno de los dos dormía en la recámara principal.

Xiao Zhan se recargó contra el hombro de Yibo y dejó que este lo abrazara más.

Xiao Zhan, en verdad lo lamento. Sé que ya me disculpé por eso, pero…

—Lo lamento… —susurró Yibo—… sé que ya me disculpé por eso antes, pero aun así, ¿puedes perdonarme?

Xiao Zhan se mantuvo en silencio unos momentos antes de responder:

—Te perdono.

—No debí beber tanto esa noche.

—Yo tampoco, Yibo, yo tampoco.

—Lo siento.

Xiao Zhan no lo sabía, pero ese suceso era otro motivo más por el cual Yibo no lograba mirarlo a la cara.

—Wang Yibo —lo tomó de los brazos y lo miró fijamente a los ojos—. Basta, ya pasó y no volverá a ocurrir. That's it.

Con un nudo en su garganta, Yibo asintió y besó su frente.

—Oye, Zhan Zhan —susurró sobre su piel, aún con sus labios rozándole.

—¿Mnh? —se enderezó solo para sentir cómo lo tomaban del rostro mientras lo sujetaban firmemente de la cintura para robarle un beso que lo dejó sin aliento.

Ese beso era tan característico de Wang Yibo desde aquella vez que Xiao Zhan lo besó así en Aspen, el primer beso que le dio Zhan Zhan a él hace más de veinte años.

Cuando fue capaz de reaccionar, el mayor correspondió con el mismo arrebato, tomándolo por la nuca con ambas manos. No quería separarse de él.

Esos momentos bastaron para derrumbar un año de peleas y dolor. Necesitaban sentir de nuevo el amor sincero, sin reproches ni enojo. Esa reconfortante intimidad bastó para recordarles aquellos tiempos en los que uno no podía ni respirar bien si no estaba cerca del otro.

—Quizás es pronto para esto, pero… —susurró Xiao Zhan sobre los labios de Yibo—. ¿Te gustaría ir a nuestra recámara? —acarició su nuca.

—No por favor, sí. Es decir, sí quiero, sí.

Xiao Zhan soltó una risa fresca y espontánea.

—¿Crees que sea buena idea? —preguntó el mayor.

—Si te sientes listo y cómodo con esto… —besó el dorso de su mano—…intentémoslo.

—Intentémoslo —sonrió antes de besarlo.

—Vámonos de aquí antes de que estos niños quieran que baile esa canción —se apresuró Yibo al escuchar "pick me, pick me" en la bocina.

Xiao Zhan volvió a reír, ajeno a que el corazón de Yibo se regocijaba al escuchar de nuevo esa risa que tanto amaba, esa risa de verdad.

Mientras tanto, desde cierto punto de la casa estaban los tres jóvenes mirando a sus padres escabullirse por un pasillo lateral del jardín, para entrar probablemente por la puerta de servicio sin ser vistos.

—No funcionó… no funcionó —murmuraba el gemelo con tristeza—. Se van a divorciar.

—¡Yo pido los fines de semana con papá Bo y el resto de la semana con papá Zhan! ¡He dicho!—bromeó Lili, recibiendo un codazo nada sutil de su hermana mayor.

—Claro que funcionó, y bien lo sabes. Deja de asustar a Wei Yi —dijo Yuyu.

—¿Por qué lo dices? —inquirió el pequeño—. Ni siquiera se dieron un beso. Solo se fueron sin hacer nada ni decir nada. Por eso yo les dije que debíamos poner vino de verdad y… ¿Qué? ¿De qué se ríen, tontas?

—Wei Yi, Wei Yi. A veces eres tan ingenuo —se burló su gemela—. ¿Acaso no viste el beso que se dieron? Casi se comen uno al otro, que asco.

—¿¡En serio!? Oh… es que no alcancé a ver bien —entristeció, pero enseguida se emocionó al entender que quizás ya se habían reconciliado.

—No se preocupen más, ellos ya van a estar bien —aseguró Yuyu con una sonrisa tranquila.

Y es que tenía toda la razón. Se habían ido a su cuarto directo a tener sexo por primera vez en un largo tiempo. Esa noche Yuyu se encargaría de poner ruido blanco en las Alexas de sus hermanos y en la suya también.

Le hacía feliz saber que sus padres se reconciliaran, pero no quería tener ni una idea de lo que pasaría esa noche detrás de su puerta.

Yu Jie tomó su teléfono y llamó a su tío Ayanga.

—¿Yu Jie? ¿Cómo salió todo? —la voz del joven sonaba inquieta.

—¡Todo salió bien! Comunícame con tío Ayanga.

—¿Qué? ¿No quieres charlar conmigo? —se hizo el ofendido.

—No seas ridículo y dale el teléfono a tu papá.

Entre risas, el joven le llevó el teléfono al susodicho.

—¿Yuyu?

—Funcionó, tío, funcionó —soltó un tremendo suspiro que hizo sonreír al mayor—. Cociné macarrones con queso, quedaron terribles —rio.

—Pero los unió de nuevo.

—Parece ser que sí.

—Si necesitan algo no dudes en pedírmelo. Tu tío y yo pudimos ser más de ayuda en esto.

—No te preocupes —sonrió—. Mis hermanos y yo queríamos encargarnos de esto. Además, fueron de mucha ayuda con la agenda de mis papás.

Ayanga rio.

—Tengo que darle el crédito a Dalong, de manera discreta habló con los asistentes de ambos y liberaron sus agendas para hoy.

—Sin eso no habríamos logrado nada —suspiró aliviada.

—¿Cómo están tus hermanos?

—Bien. Aunque… —lo pensó unos segundos—… Lili me sorprendió.

—¿Por qué?

—Ella estaba demasiado segura de que mis padres se reconciliarían.

—Es bastante optimista, sin duda.

—Por otra parte Wei Yi…

—Oh el pobre Yiyi ha de haberse sentido muy triste.

—¡Estaba devastado! Lo hubieras visto, tío —suspiró—. Es demasiado sensible.

—Es un niño adorable. Se parece demasiado a Xiao Zhan, es capaz de sentir una empatía increíble.

—Todo lo contrario a Lili —rodó los ojos.

—Yu Jie, tu hermana es todo un caso.

—Igual que papá Bo.

—Sí —rio y terminó suspirando de nuevo, estaba aliviado—. Me alegra mucho escuchar que todo va bien, imagino que tus padres al fin se sentaron a hablar.

—Eh… no.

—¿No?

—Se fueron directo a su habitación. Tenían meses de no entrar ahí.

—Oh, entiendo. ¿Sabes qué? No los vayan a molestar esta noche.

—¡Ni loca!

Ayanga soltó una risa incómoda antes de finalmente despedirse de su sobrina.

La verdad era que Ayanga y Dalong ya habían intentado hablar con ellos para ayudarlos con su matrimonio, pero a diferencia de otras ocasiones ahora se mantuvieron muy herméticos.

Y así fue como a la mañana siguiente los esposos recién reconciliados despertaron con unas tremendas ojeras haciendo juego con sonrisas que hace mucho no se les veía. Se habían levantado temprano para prepararles el desayuno a sus criaturas, juntos, como en los viejos tiempos.

Lo más hermoso para los pequeños fue ver que durante el desayuno volvían a decirse "Amor", incluso vieron cómo Yibo le manoseaba el trasero a Xiao Zhan, supuestamente a escondidas.

—Se los dije —les murmuró Yuyu, riendo.

Fue gracias a la intervención de esos "Pequeños monstruos" que el matrimonio logró redireccionar su camino. Bastó con obligarlos a enfrentarse para que hablaran con la verdad y recordaran cuánto se amaban.

Eso, más la terapia en pareja, habían sido suficientes para que su matrimonio no se fuese por la borda. Gracias a ello era que podían estar ahí en la piscina de su casa a media noche, dos años después de su gran reconciliación de macarrones con queso y "vino" de uva, felices luego de aprender en terapia cómo debían solucionar sus problemas maritales, los cuales seguían apareciendo día tras día, pero al menos ahora tenían las herramientas necesarias para solucionar los conflictos. Era eso o la amenaza de Yuyu de cocinarles de nuevo esos macarrones que en realidad estaban terribles.

—¿Saldrás de viaje a Nueva York? —trató de ocultar la alarma en su voz.

Xiao Zhan asintió, estiró sus músculos cansados y se tumbó en el sillón donde Yibo estaba sentado, usando su regazo como almohada.

—Será solo una semana, ni siquiera notarán mi ausencia.

—Estás loco, este lugar es un caos cuando no estás.

—Lo sé, y esto les ayudará a salir adelante aunque yo no esté.

—No digas eso.

Xiao Zhan rio.

—Lo digo porque quizás sea necesario que viaje unos días cada mes, durante una temporada larga.

Yibo frunció los labios.

—Nuestros hijos ya son adolescentes, les importa más tener su teléfono en la mano que pasar tiempo con nosotros —bostezó. Y Yibo no pudo hacer más que darle la razón.

—¿Y yo? —hizo un tierno gesto que hizo reír a su esposo.

—Y tú podrás sobrevivir sin mí unos cuantos días, no seas dramático —acarició su mejilla.

Yibo respondió inclinándose sobre él para besarlo en los labios, iba a ser un beso corto, pero Zhan Zhan lo retuvo un poco más, besándolo suave y largamente.

El beso se prolongó hasta que la espalda de Yibo reclamó esa posición incomoda y tuvo que separarse. Xiao Zhan lo notó y mejor se levantó de su regazo para sentarse a horcajadas sobre él y continuar con la agradable sesión de besos.

Muy pronto sus manos traviesas comenzaron a recorrer esos lugares que ya se sabían de memoria gracias a los años de experiencia acariciándose mutuamente.

—¡Consíganse un cuarto! —exclamó Wang Yu Jie al pasar por la sala y verlos en "plena acción" como solía decir.

Yibo se separó de la boca de su esposo solo para responderle con el mismo tono:

—¡Y tú vete a tu cuarto! —al final rio y volvió a sus asuntos. Xiao Zhan solo reía y negaba con la cabeza—. ¿Por qué está tan malhumorada? Hace rato la vi terminarse un litro de helado, ¿quién puede tener mal humor después de…? Oh… espera ¿cuándo te irás de viaje?

—Pasado mañana.

—No, no te atrevas a hacerme esto.

—¿Por qué? —no entendía.

—Hoy vi a Yu Jie comerse un litro de helado ella sola —repitió.

—¿Y?

—Xiao Zhan, tú sabes bien que cuando hace eso es porque su periodo se acerca, y casi siempre se sincroniza con el de Lili.

—No tiene nada de malo.

—¡Claro que sí! —puso ambas manos sobre sus hombros y lo zarandeó—. Son dos contra dos, pero cuando ellas están tan hormonales se siente como un ejército contra dos. No nos puedes dejar a Wei Yi y a mí solos.

Xiao Zhan rio y besó su frente.

—Estoy seguro de que sabrán qué hacer en mi ausencia. Simplemente no las molesten y sean amables.

—Te parece sencillo porque a ti te respetan incluso en esos días. Zhan Zhan, no me dejes solo.

El mayor rio, era gracioso ver a un hombre de cuarenta y cinco años recién cumplidos tan angustiado por algo así.

Su charla se vio interrumpida por una pelea entre sus dos hijas a lo lejos. Ambos suspiraron al escucharlas.

—Trataré de estar en casa lo antes posible, lo prometo.

Yibo suspiró.

—Está bien, pero tendrás que compensármelo.

—Creo saber cómo.

Yibo solo jadeó, pues Xiao Zhan dejó caer su peso completo sobre su entrepierna.

No tardaron mucho en ir y encerrarse bajo llave en su habitación.

—¿Te vas a ir de viaje mañana? —inquirió Wei Yi al ver que su padre armaba una maleta sobre la cama.

—Será solo una semana —sonrió—. Estaré aquí antes de lo que imaginas.

—Y cuando regreses… ¿volverás a viajar pronto?

—No lo creo cariño, ¿por qué? —dejó de hacer su maleta y lo miro, curioso.

—No me digas así —frunció el ceño y desvió la mirada—. Ya no soy un niño.

—Xiao Wei Yi, el gran hombre de la casa con tan solo doce años.

—¡Papá Bo! No empieces —se quejó al verlo entrar a la habitación, mofándose de él.

Yibo se echó a reír al mismo tiempo que llegaba a su lado y le revolvía los cabellos con más rudeza de la necesaria.

—No importa la edad que tengas, siempre te vamos a ver como nuestro pequeño Yiyi —le dijo sin intenciones de molestar, rodeándolo ahora con un brazo de forma cariñosa.

—Tu padre tiene razón —le dijo Zhan Zhan sin dejar de meter ropa a su maleta—. Pero dime, ¿por qué necesitas que esté aquí la próxima semana?

—Es que… —se rascó la mejilla y se sentó en el borde del colchón—. Por favor no vayan a hacer un alboroto de esto —suspiró, obteniendo toda la atención de sus padres—. Tengo novia, y quisiera traerla a casa.

—¿¡Ehh!? —se escandalizó Xiao Zhan—. Pero si apenas vas a cumplir trece, Yiyi, estás muy joven.

Yibo solo se echó a reír.

—Parece que fue ayer cuando te aferrabas a la pierna de Zhan Zhan y no dejabas que me acercara a él. Te enojabas si lo besaba, incluso cuando le daba un abrazo —rio más—. ¡Hijo, me querías quitar a mi esposo! Tú eras el que decía que se casaría con Zhan Zhan cuando creciera, ¿y ahora traerás una novia a la casa?

—¡Era un bebé cuando decía eso! —se sonrojó, sí, recordaba a la perfección esos momentos.

Xiao Zhan solo los miró con una inmensa ternura reflejada en su rostro.

—Tráela a casa cuando vuelva de mi viaje, nos encantará conocerla.

Yiyi suspiró con alivio.

—Gracias papá.

—¿Cuál "gracias"? No te hemos dado permiso de tener novia —añadió Yibo, cruzado de brazos—. La tendrás cuando seas mayor de edad.

Entonces el adolescente lo miró con esa expresión seria tan idéntica a Xiao Zhan y dijo:

—Yu Jie tiene quince.

—Sí, ¿y?

El adolescente se cruzó de brazos y alzó ambas cejas al mismo tiempo en una mueca que Yibo entendió a la perfección.

—Oh no —comenzó a caminar hacia la salida—. ¡WANG YU JIE! ¡Ven aquí en este mismo instante, necesito hablar contigo! —salió de la habitación con prisa.

—No tenías que delatar a tu hermana —lo regañó Xiao Zhan.

—¿¡Ya lo sabías!?

—Claro que sí.

—¿Ella sabe que lo sabes?

—No —con una sonrisa continuó haciendo su maleta.

A veces papá Zhan da miedo —pensó el pequeño, admirado con lo maravilloso que era su papá.

—Estaremos solos esta semana con tus hermanas, ¿sabes lo que eso significa, hijo?

—Que estamos en peligro.

—Exactamente —puso ambas manos sobre sus hombros—. Trata de no pelear con ellas durante estos días, no hasta que vuelva papá del viaje.

—Tú también, papá —lo miró con cara de pocos amigos.

—Tienes razón.

Y es que el mediador en esa familia era Xiao Zhan a pesar de que tenía un carácter bastante explosivo. Y es que tenía que contenerse y poner orden porque Yibo y Yu Jie peleaban muy seguido. Su unión padre-hija era inquebrantable, pero tenían personalidades tan similares que chocaban una con otra.

Conforme Yuyu iba creciendo y atravesaba la adolescencia, Wang Yibo comenzaba a sufrir episodios de migraña tras cada pelea que tenía con ella. Eso orillaba a Xiao Zhan a contener su propio carácter y ser el mediador. Pero a veces estaba tan cansado que solo era capaz de pedirle a Yuyu que tuviera compasión de su padre y de él también.

Ahí no tenía otra opción más que obedecer porque, si Yibo tenía un carácter fuerte, Xiao Zhan se lo llevaba de encuentro cuando de enojarse se trataba. Nadie en la casa se atrevía a replicar cuando Xiao Zhan estaba molesto de verdad. Era en esas ocasiones cuando el silencio reinaba en casa porque temían que ante la más mínima situación Xiao Zhan desbordara su furia sobre el primero que se le atravesara.

Pero ahora que estaría fuera de casa se quedarían sin su mediador. Y el caos no tardó en aparecer cuando Yuyu gritó desde la segunda planta:

—¿¡QUIÉN SE COMIÓ MIS CHOCOLATES!? —fue un grito exagerado, pero le puso los pelos de punta a los dos hombres de la casa, incluso la mascota se asustó—. ¡Xiao Yun Li! —se escucharon fuertes pisadas en la planta de arriba.

Entonces empezó una discusión entre ambas.

—Yo no voy a intervenir —se adelantó a advertir el hijo.

—Yo tampoco —se dio media vuelta y fue directo a la sala a descansar un poco, su cabeza comenzaba a doler—. ¿Qué voy a hacer sin ti una semana entera? —pensaba con verdadero pesar, atento a la discusión entre sus hijas, pues si subía de tono tendría que intervenir. Miró al perrito que subió a su regazo y sonrió. ¿Y si les lanzaba a Xiao Xiao y las encerraba en la habitación hasta que se reconciliaran?

Suspiró, no, no era buena idea.

Esa mañana habían ido a dejar a Xiao Zhan al aeropuerto. Ese tipo de despedidas siempre eran emotivas, pero justo ese día lo fue más, ambas chicas no querían que su papá viajara, lo querían cerca, querían su cariño y calidez, y toda la comida deliciosa que siempre les preparaba.

Eso ocasionó que las dos mujeres de la casa tuvieran un pésimo humor durante los primeros dos días de ausencia de su papá Zhan. No querían estar con nadie, se la pasaban encerradas en sus respectivos cuartos y parecían enojadas con Yibo por el simple hecho de que respirara.

En una ocasión Yuyu estaba tan molesta por alguna razón que incluso ella desconocía, que cuando Yiyi tropezó cerca de ella, se enojó.

—Oye, ya cálmate —le advirtió Yibo con seriedad, pues el pobre de Yiyi se mantenía callado y con ojos muy abiertos ante los reclamos de su hermana mayor.

Vaya error…

Yuyu abrió mucho los ojos, Yibo se mordió la lengua, arrepintiéndose de haberle dicho aquello.

Pero lo que le dio más miedo de Yu Jie, fue ver que estaba haciendo la misma cara de furia que hacía su esposo, parecía una copia de Xiao Zhan enojado, incluso se parecían en los anteojos.

Sin embargo, la situación tomó un rumbo inesperado. Wang Yu Jie se echó a llorar y corrió a su habitación.

—Excelente, papá. Lo arruinaste de nuevo —suspiró su hija menor, rodando los ojos y yéndose también.

—¿Y ahora qué hice? —inquirió Yibo, totalmente desconcertado.

—No tengo idea… —respondió su hijo menor, igual de sorprendido.

Cuando la situación se calmó, Wang Yibo decidió que haría lo mismo que Xiao Zhan hacía cuando sus hijas atravesaban su periodo. Les preparó un té caliente a cada una y les llevó un par de analgésicos junto con una compresa tibia para el vientre.

Simplemente fue a sus habitaciones, se las dejó en el buró como ofrenda de paz, y regresó en silencio a la sala para ver televisión junto con su hijo.

No iba a negar que se preocupaba por sus hijas, le dolía verlas sufrir tanto durante esos días difíciles, y a veces se sentía impotente por no poder ser más de ayuda.

Pero entonces ocurrió algo inesperado. Una hermosa Yuyu de quince años apareció en la sala vistiendo su pijama de conejitos. No dijo nada, solo caminó hacia su padre, se sentó de lado sobre su regazo y se recostó contra su pecho, tal como hacía cuando era una niña.

Yibo tuvo tanto miedo de arruinar el momento, que solo se atrevió a guardar silencio y rodearla con sus brazos como si fuese una bebé, dándole palmaditas en el trasero como cuando tenía solo dos años y aún usaba pañales.

—Lo siento —murmuró ella en voz baja, consciente de que se había estado comprando grosera últimamente. Incluso le hablaba de mala manera a su padre.

—Disculpa aceptada —apoyó el mentón sobre la cabeza de su hija y suspiró.

—Extraño a papá Zhan.

—Yo también.

—¿Puedo dormir hoy contigo?

—Siempre que quieras —besó su frente, haciéndola sonreír.

—Ya no tienes cinco años —bufó Wei Yi.

—Envidioso —ella le sacó la lengua.

—También puedes unirte, la cama es muy grande —rio Yibo.

—¡Claro que no!

Siguió riendo hasta que vio cómo su hija se encogía sobre sí misma. Tenía una clara expresión de dolor.

—Cariño, ¿te sientes muy mal?

Ella se conmovió, había pasado mucho desde la última vez que la llamó así. Siempre le decía "enana" o "pequeña mocosa".

Yuyu negó con la cabeza.

—Solo un poco, pero estoy bien.

—¿Quieres una compresa caliente?

Ella asintió.

Yibo besó su frente una vez más y la movió de su regazo para ir a la cocina.

—¡También chocolate caliente! —le gritó desde la sala.

—Bien, bien —sonrió y rodó los ojos. Sí, no lo diría en voz alta, pero él era el esclavo de sus hijas. Haría lo que fuese por ellas, incluso cuidarlas en esos días difíciles, consintiéndolas en todo lo que se les ocurriera.

Cuando volvió a la sala se encontró a su otra hija también, ya se lo esperaba, así que iba preparado con chocolate para ella también. Los tres retoños miraban la televisión, cada uno en un sillón. Era extraño verlos tan calmados.

Luego de beber sus chocolates calientes, ambas adolecentes se pelearon por ver quién sería abrazada por su padre. Era como volver a cuando tenían seis y cuatro años respectivamente.

—Ya, no peleen —Yibo se sentó en medio del sillón más amplio y extendió sus brazos a los lados para darle espacio a cada una. Pero no, ellas querían exclusividad y continuaron peleando hasta que la mayor se salió con la suya y volvió a acurrucarse sobre el regazo de Yibo mientras Lili se recostaba contra el hombro de su padre.

Wei Yi no dijo nada, pero luego de ver que su padre y hermanas se quedaron dormidos viendo la televisión, fue y se acurrucó a su lado también.

Horas más tarde la puerta principal se abrió… dejando entrar a alguien que guardó completo silencio al entrar a si hogar y toparse con esa increíblemente dulce escena.

Estaba sorprendido al ver que su esposo parecía tener todo bajo control. Tan sorprendido estaba que con el mayor sigilo posible tomó una fotografía para la posteridad.

En silencio caminó hacia él y apenas tocándolo le dio un suave beso en los labios. Yibo abrió los ojos con pereza y sonrió.

—Llegaste antes —murmuró con voz ronca y una sonrisa.

—Prometí que me apresuraría.

—Nos extrañaste —sonrió de lado, travieso.

—Como no tienes idea —suspiró y se inclinó de nuevo hacia él para besarlo.

Yuyu, aún en el regazo de su padre, abrió solo un ojo y sonrió medio adormilada al darse cuenta de que su papá Zhan estaba ya en casa.

Ella y sus hermanos siempre se "asqueaban" al verlos darse muestras de amor, pero la verdad era que los hacía muy felices ver lo mucho que sus padres se adoraban.

A diferencia de sus dos hermanos que tenían el sueño sumamente profundo, Yuyu se hizo pasar por dormida para que su papá Zhan la tomara en brazos y la llevara hasta su cama. Por poco no aguantó la risa cuando lo escuchó decir:

—Esta niña está verdaderamente pesada.

Y cuando la dejó sobre su cama ella sonrió al sentir que le quitaba los anteojos y acariciaba su cabello.

—Sé que estás despierta, cariño —besó su frente y rio—. Descansa, te quiero, Yuyu.

—Yo también te quiero, papi —dijo en voz baja antes de que saliera de su habitación.

Continuará…

¡Hola, pastelitos!

Estoy sentimental, no sé qué decir.

Dije que publicaría esto el 5 de octubre por el cumpleaños de Xiao Zhan, pero aquí aún es 4, así que… esperen la siguiente parte el día de mañana.

Las quiero, gracias por acompañarme a lo largo de esta historia.

Disculpen si se me escaparon algunos errores o incoherencias. Casi se puede decir que lo subí sin darle una segunda leía a conciencia. Si hay errores más adelante los arreglaré en la edición.

¡Gracias!

4/10/24

5:25 pm

(Ya es 5 en China jaja)

Por cierto, ¿tienen dudas? Sé que sí. A lo largo de este parte y la siguiente he dejado algunos cabos sueltos con toda la intención. Esas dudas se resolverán más adelante en algunos extra que tengo planeados. Pero por lo pronto enfoquémonos en el final.

Una cosa más, y para no perder la costumbre: ¿Cuál fue su parte favorita?