Final, parte 2: "Matrimonio Legal y paternidad"

"El matrimonio igualitario ahora es legal en la República Popular de China".

Esa fue la noticia con la que despertó el mundo un 15 de enero del año 2043.

Los hijos de Wang Yibo y Xiao Zhan no entendían por qué hacían tanto alboroto ese jueves por la mañana, tampoco sabían por qué sus tíos Ayanga y Dalong estaban en casa hablando con sus padres.

Fue hasta que los vieron abrazarse unos a otros cuando entendieron que algo muy bueno había sucedido. Y al entenderlo se enteraron de que en un mes viajarían por primera vez a la patria de sus padres y abuelos.

Xiao Zhan y Wang Yibo se iban a unir en matrimonio legal en China el 14 de febrero, misma fecha de su aniversario.

Todo se sintió muy apresurado, pero no por eso estaban menos emocionados. Wang Yu Jie tenía escasos recuerdos de su vida en China, pues se habían mudado a Estados unidos cuando ella aún no iba siquiera al jardín de niños. Y Sus hermanos menos recordaban todavía, pues eran solo unos bebés.

Solicitaron sus permisos de ausencia en la escuela, prepararon sus maletas, hicieron un itinerario y ambos padres les prohibieron a sus hijos hablar inglés en casa, necesitaban practicar el idioma que ellos les habían enseñado pero que normalmente no utilizaban.

Los tres sabían chino, lo entendían y lo hablaban hasta cierto punto, pero eran incapaces de entender a sus padres cuando discutían en mandarín con velocidad, mucho menos cuando papá Zhan hablaba ese dialecto tan extraño de su ciudad natal, con el mismo tono de la abuela.

Se prepararon tanto en ese mes, que el tiempo se les pasó volando, antes de lo que imaginaron ya estaban abordando el avión, los cinco iban en primera clase, y al llegar al aeropuerto internacional de Beijing los recogería un auto en la pista de aterrizaje para evitar ser reconocidos entre el tumulto de gente que siempre había en las salas.

—¿Crees que nos reconozca alguien? —preguntó Yibo mientras miraba por la ventana del auto tipo van que los recogió. Ver ese aeropuerto le traía muchos recuerdos.

—Lo dudo, han pasado casi trece años. Y en caso de que lo hagan… —sonrió de lado, recordando viejos tiempos—… Nuestro mejor guardaespaldas ya nos espera en la entrada.

Yibo sonrió igual. Su cuñado y querido amigo, Mao.

Afortunadamente lograron pasar por completo desapercibidos. Nadie sabía que viajarían a China, excepto por su familia y amigos.

Cada reencuentro era más emotivo que el anterior. Primero Mao los recibió con un fuerte abrazo a cada uno, sorprendido por lo mucho que habían crecido sus hijos. Después llegaron a casa de los señores Xiao donde ya los esperaban Fei Fei, el hijo de esta y los señores Wang. Los adolescentes corrieron a abrazar a sus abuelos, los adoraban, y ya tenían tiempo extrañándolos.

—¿Cómo se siente volver después de tanto tiempo? —preguntó Fei Fei mientras abrazaba a su primo.

Yibo suspiró.

—Tengo muchos sentimientos encontrados —admitió con una expresión difícil de descifrar. Y es que no dejaba de pensar en cómo hubiesen sido sus vidas de haber decidido quedarse en China. Ese pensamiento lo atormentaba desde que decidieron regresar al país.

—Me imagino —observó cada centímetro de su apuesto rostro—. Sea lo que sea que sientas en este momento, recuerda que todo lo que han hecho ha sido por el bien de su familia —puso una mano en su mejilla y susurró—: así que no te atormentes más.

—¿Cómo sigues leyendo mi mente después de tantos años? —frunció las cejas.

—Porque somos hermanos —rodeó su cuello con un brazo y caminaron juntos a la cocina en donde estaban todos probando las delicias que prepararon las abuelas—. Por cierto, ¿cómo le hace tu esposo para verse tan joven? —murmuró—. No parece que vaya a cumplir cincuenta y dos. Incluso se ve de tu edad.

Yibo frunció más el ceño, acentuando sus cuarenta y cinco años con esa expresión de desagrado.

—Curioso, ¿no lo crees Fei Fei? ¡Tú y él tienen la misma edad! No parece —le dijo Yibo con una sonrisa amplia llena de maldad.

—Idiota —sin dejar de sonreír, porque en verdad lo había extrañado, lo golpeó en el brazo como lo hacía hace mucho tiempo.

Al entrar a la cocina vieron a Xiao Zhan probando toda la comida, el pobre venía hambriento al igual que Yuyu. Los otros dos adolescentes conversaban con su primo en la sala, y Yibo buscaba a alguien con la mirada.

—¿Cómo va todo?

Yibo sintió un brazo pesado encima de sus hombros, acompañado del característico aroma a hierbabuena y tabaco. Supo que se trataba de su padre sin siquiera mirarlo.

Esbozó una sonrisa amplia al mirarlo.

—Bien.

—¿Solo "bien"? Vamos, cuéntame cómo van las cosas en casa —no dejaba de mirar su rostro—. Hijo, tienes más canas.

Yibo soltó una carcajada, sí, últimamente le decían mucho eso.

—Quiero teñirme el cabello —se pasó una mano por sus canas.

—¿Y qué lo impide?

—Mi esposo —rio y contagió a su padre.

—Ven, ¿por qué no vamos al jardín? Ellos parecen muy ocupados —señaló con la cabeza a la familia, todos animados conversando y actualizándose.

Yibo asintió y siguió a su padre hasta sentarse juntos en una banca con vista al jardín trasero. El clima era agradable, faltaba solo un mes para el comienzo de la primavera.

—Ahora sí, dime ¿qué ocurre?

—No te puedo ocultar nada, ¿verdad? —soltó una risa seca.

—No —lo miró con empatía y esperó a que hablara.

Yibo suspiró y dirigió su mirada al frente, no sabía cómo comenzar.

—Hace un par de años Xiao Zhan y yo estuvimos a punto de divorciarnos.

—Lo sé, recuerdo esa época.

—Bueno… nos reconciliamos, fuimos a terapia y las cosas volvieron a ser casi como antes.

—¿"Casi"?

—Lo que pasa es que creí que al escuchar la noticia del matrimonio igualitario me emocionaría más, pensé que sentiría… más. Y no me malentiendas, estoy feliz, pero no tanto como imaginaba.

El señor Wang suspiró.

—¿Ya hablaste de esto con Xiao Zhan?

—No.

—Eso imaginé. Mira, hijo, en un matrimonio existen altos y bajos, existen problemas y momentos felices. Pero también están esas "zonas grises" de las que no muchos hablan.

—¿A qué te refieres?

—Sí, es como ustedes ahora mismo. No están peleados, pero tampoco sientes que estés en el momento más feliz de tu vida.

—Estoy feliz, es solo que también me siento muy cansado.

El señor Wang lo miró con una expresión de haber estado en su lugar muchas veces.

—Sé lo que sientes —apretó su hombro con una mano—. Y estoy seguro de que este viaje te ayudará a entra en perspectiva, quizás recordando los inicios de tu relación te hagan ver y recordar por qué estás enamorado de ese hombre y por qué luchaste con tanta insistencia por su amor desde que tenías… ¿qué edad tenías? ¿Veinte?

—Algo así —sonrió al recordar viejos tiempos.

—Hijo, te voy a contar un secreto.

El menor alzó una ceja y lo miró expectante.

—Tu madre y yo comenzamos a ser los mismos enamorados de siempre cuando te independizaste. No es fácil tener vida de pareja y al mismo tiempo criar un hijo, mucho menos tres. Sinceramente sigo sin entender cómo han hecho funcionar tan bien su matrimonio.

—¿Bien? Pero si hemos pasado por…

—Lo han hecho bien, hijo, créeme que sí. Lo sé al ver lo bien que han criado a los niños, son unos jovencitos admirables, tan educados y cariñosos.

—No los conoces en realidad —murmuró.

El señor Wang soltó una carcajada.

—Sigues siendo el mismo a pesar de que ya eres todo un padre de familia —terminó suspirando y mirándolo con un aire de nostalgia—. ¿Sabes también por qué estoy seguro de que han hecho las cosas bien?

El menor alzó una ceja, esperando la respuesta.

—Porque estás aquí, externando tu preocupación respecto a tu matrimonio —revolvió sus cabellos con sus manos ligeramente huesudas—. Sé que ustedes superarán cualquier obstáculo, estoy seguro.

Yibo tragó en seco, se le formó un nudo en la garganta al ver a su amado padre y ser consciente de que ya era un hombre de la tercera edad.

—Gracias, papá —ahora él pasó un brazo por los hombros de su progenitor y miraron juntos el bonito jardín hasta que una voz conocida los distrajo.

—La cena estará servida en unos momentos —llegó Xiao Zhan con un par de cervezas para ellos.

—Oh gracias —el señor Wang aceptó la bebida enseguida.

—Gracias, amor —se hizo a un lado en la banca para que pudiera sentarse con ellos.

—Que bonito jardín —admiró Xiao Zhan, recargando su cabeza sobre el hombro de su esposo. El señor Wang miró la expresión de amor en su hijo y no pudo hacer más que confirmar lo que recién le había dicho: ellos estarían bien.

La fecha de la boda se acercaba, no iban a hacer más que ir al registro civil a su cita programada y firmar un acta de matrimonio. Nada más que eso. No obstante, mucho de sus amigos y seres queridos estarían presentes en la pequeña sala del registro civil, ¿y cómo no? Si la gran mayoría de ellos fueron parte del proceso que tuvieron que atravesar esos dos para poder al fin estar juntos.

Entre esos amigos estaba el siempre fiel Wang Jackson, quien solía frecuentar a los Wang Xiao varias veces al año, pues en verdad era parte de la familia y los niños lo amaban desde que eran pequeños y llegaba siempre con muchos obsequios y anécdotas de sus padres para contar.

Tan fiel era que separó esa fecha en su agenda, y no solo eso, sino que viajó a la ciudad con una semana de anticipación para ayudarles con la "fiesta".

—No habrá fiesta —insistió Yibo por enésima vez—. Solo será un brindis en casa de mis padres, nada más.

—Bueno, eso. No importa, aquí estaré para apoyar en lo que se necesite. ¿Ya tienes la ropa que vas a utilizar ese día?

—Eh… no.

—¿No? ¡Papá, eso no puede ser! —lo regañó Yuyu, luego miró a su tío Jackson—. Creo que tendremos que ir de compras.

—Papá Zhan tampoco sabe qué se va a poner ese día —soltó Lili de pronto,

—¡¿Qué?! —Yu Jie no lo podía creer.

—No te preocupes, ya hablé con tío Ayanga, él llegará a la ciudad hoy en la tarde y mañana temprano se llevará a papá de compras.

—¿Papá Zhan sabe eso?

Lili esbozó una sonrisa de lado muy similar a la de Yibo.

—No.

Yibo suspiró con cansancio. Él solo quería estar legalmente casado con Xiao Zhan en China, y ya. Solo eso. Después de todo ya eran esposos desde hace muchos años.

Así fue como Wang Yibo, Yu Jie y Wang Jackson fueron juntos de compras a las mejores tiendas de la ciudad. Ninguno se dio cuenta de que habían sido reconocidos y captados en cientos de cámaras de gente que se impresionó al ver a Wang Yibo de nuevo en el país.

Lo mismo le ocurrió a Xiao Zhan cuando salió de compras junto con Ayanga, el hijo de este, y los gemelos.

Xiao Zhan leía un libro en la comodidad de su cama, estaba recién bañado y listo para dormir, pero entonces su esposo entró a la habitación con solo la bata de baño puesta. Despegó la mirada de su libro discretamente, mirándolo por encima de sus anteojos y notando que arrastraba los pies con cada paso hasta que llegó a la cama, le quitó el libro y finalmente se acostó sobre él como si no pesara bastante. Sabía que a su esposo no le molestaba sentirlo encima, al contrario, era consciente de que le agradaba.

Ambos soltaron un largo y pesado suspiro que terminó en risas compartidas.

—Hola, extraño —murmuró Xiao Zhan, dándole palmaditas en el trasero.

—Hola, extraño —respondió con la mejilla aplastada contra su pecho.

—Vaya ajetreo el de estas últimas semanas.

—Totalmente —acariciaba el pecho de su esposo por encima de la tela de su pijama.

Sí, ambos se habían sentido sumamente felices por la noticia del matrimonio igualitario, y sin pensarlo dos veces planearon un viaje a China, pero la carga emocional que eso implicaba les estaba cobrando factura, también había logrado que perdieran un poco de vista el objetivo principal, convirtiendo lo que se suponía sería una hermosa experiencia en algo que ya suplicaban que terminara.

Ellos solo querían volver a casa, estar en su lecho matrimonial y continuar con su rutina agradable.

—Yuyu tiene demasiada energía, y por alguna razón Jackson también —murmuró de pronto Yibo—. Entramos a más de veinte tiendas, me hicieron probarme mucha ropa.

—¿Encontraste algo lindo?

El menor alzó el rostro hasta apoyar el mentón sobre el pecho de su esposo.

—Sí. ¿Y tú?

—También —le acarició una mejilla.

—Zhan Zhan.

—¿Mnh?

—Mañana nos vamos a casar.

Escuchar eso salir de Yibo… simplemente lo conmovió.

—Mañana nos casaremos.

—Ha sido un camino largo, ¿no lo crees, Zhan Zhan?

—Mucho.

—Dime algo…

—¿Mnh?

—¿Eres feliz?

El aludido lo miró con ojos muy abiertos.

—Wang Yibo, Wang Yibo —sonrió—. Me has hecho el hombre más feliz, día tras día. Me has sacado canas verdes como seguramente yo a ti, pero eso no quita el hecho de que soy consciente de lo afortunado que soy al tenerte en mi vida como esposo y padre de mis hijos. Hace veintiséis años cuando te conocí, no tenía idea de lo maravillosa que sería mi vida a tu lado —suspiró como tonto enamorado—. A pesar de todo lo malo y de los días difíciles, te amo, a pesar de nuestras malas decisiones, porque hemos logrado rectificar el camino hasta llegar aquí, y sé que siempre lograremos llegar a este lugar —dijo, refiriéndose a ese abrazo con calor de hogar.

Yibo no fue capaz de emitir palabra alguna, el nudo en su garganta apretaba tanto que tuvo que dejar salir el llanto que tanto esfuerzo le costaba retener. No quería que su esposo lo viese llorar en ese momento, así que ocultó su rostro contra el pecho de su amado y se echó a llorar.

Xiao Zhan sabía desde que salieron de Los Ángeles que su amado no estaba bien, sin embargo, decidió no decirle nada de manera directa. Lo observó en silencio y a la distancia, y gracias a los años de matrimonio casi pudo adivinar lo que pasaba por su mente y su corazón.

Sabía que tenía emociones encontradas, que estaba batallando para retomar el rumbo de su vida, y comenzaba a cuestionarse muchas cosas. A final de cuentas Yibo estaba en sus cuarentas, y no había tenido una verdadera crisis de la edad, quizás hasta ahora.

Lo dejó llorar sin reprocharle nada. Le dio suaves palmadas en su espalda y trasero, reconfortándolo como siempre solía hacerlo.

Yibo lloró sobre su esposo hasta que no quedó lágrima alguna dentro de él.

—¿Mejor? —preguntó con un tono suave al sentir que se calmó.

—Sorprendentemente, sí —respondió con su voz congestionada.

Xiao Zhan intentó verle el rostro, pero Yibo no se dejó.

—No me mires. Debo de tener una cara horrible.

Xiao Zhan rio. Tantos años de matrimonio y aún se preocupaba por eso. Decidió respetar su decisión y mejor continuó acariciando su espalda.

—Zài zài.

—¿Mnh? —sintió mariposas en el estómago al escucharlo decir eso.

—¿Te sentirías mejor si te digo que yo también experimenté esos sentimientos?

Ahora sí lo miró a los ojos, sorprendido.

—Lo hice hace algunos años cuando comencé a cuestionarme si haber migrado de nuestro país fue buena idea, cuando comencé a preguntarme si estaba haciendo bien las cosas. Esas preocupaciones nublaron un poco mi objetivo principal: Tú y nuestros hijos. Y creo que eso influyó un poco para que nos distanciáramos hace un par de años.

Yibo estaba sorprendido. ¿Por eso había logrado identificar su sentir de una forma tan sencilla? ¿Era porque él ya había estado en esa situación?

—Lamento no haber notado eso en su momento —dijo con completa sinceridad. Él se estaba sintiendo mierda ante tantas dudas y sentimientos encontrados, pero ahí estaba el amor de su vida al pie del cañón, siempre listo para salvarlo.

Xiao Zhan negó con la cabeza.

—No te puedo culpar por no notar algo que ni siquiera yo comprendía —le pellizcó una mejilla—. Ahora solo puedo decirte gracias por permanecer a mi lado a pesar de todo. Gracias por decidir quedarte.

—Siempre —le enseñó su anillo de compromiso y el de matrimonio—. Hicimos una promesa.

—Y mañana la vamos a renovar —suspiró como tonto enamorado. Comenzaba a disfrutar al fin la emoción de lo que sucedería al día siguiente—. Por cierto… ¿esto no te trae recuerdos?

—Estamos en casa de mis padres, a solas en una habitación, de noche.

Yibo soltó una risa bastante espontánea.

—Amor, no tenemos veintitantos años. Ya pasó mucho desde eso —silenció cuando Xiao Zhan lo tomó de las caderas y lo apretó contra su cuerpo antes de girar en el colchón hasta ser él quien estaba ahora sobre Yibo, como un león sobre su presa.

—¿Y solo porque ya no tenemos veinte años no podemos hacer esto? —murmuró contra sus labios, acariciando la piel tibia de Yibo por debajo de la bata de baño.

El menor tragó en seco.

—Nuestros hijos duermen en la habitación de al lado.

—Y nuestros padres en la del otro lado y cruzando el pasillo, sí, lo sé.

—¿Y ni eso te va a detener? —sonrió de lado, expectante y excitado por el simple hecho de escucharlo decir todo eso.

—No —besó su cuello—. Seremos silenciosos.

—No te creo —suspiró al sentir la lengua experta de su amado recorrerle el cuello.

—Prometo que lo haré —ancló una pierna de Yibo a su cadera, logrando un contacto directo con su entrepierna completamente desnuda.

—Quítate la ropa —jadeó en un susurro, necesitado de acción mientras le quitaba los anteojos y los lanzaba lejos.

Esa noche lograron hacer el amor de la manera más silenciosa posible. Yibo tuvo que cubrir la boca de su amado y morderse la lengua a sí mismo, pero lo consiguieron.

A la mañana siguiente su despertador los hizo abrir los ojos a las siete de la mañana, listos para un nuevo día.

—No me quiero levantar —murmuró Yibo con la voz más ronca de lo normal, estaba aplastando a su esposo.

—Yo tampoco —gruñó—. Yibo, quítate.

—No… —carraspeó—. ¿No decías que amabas mis "patadas"?

Xiao Zhan tardó en procesar la información, pero cuando lo hizo no pudo contener una carcajada ante esa referencia tan antigua.

—Eres un tonto, Wang Yibo —lo empujó para que dejara de aplastarlo, pero de inmediato lo atrapó en un abrazo.

—¿A penas te vas dando cuenta? ¿Hasta nuestra tercera boda?

—¡Es verdad! —se levantó como resorte de la cama—. Es hoy —se pasó ambas manos por el rostro—. Hoy nos vamos a…a… ¿estás bien?

Yibo se arrastraba con cuidado para salir de la cama.

—¿En serio te atreves a preguntar eso, idiota? —rio mientras se levantaba con dificultad y cubría su desnudez con la bata—. Aunque no me puedo quejar —bostezó y lo miró con sonrisa soñadora de pies a cabeza, Xiao Zhan estaba por completo desnudo ante él. Habían pasado una muy buena noche, sus expresiones llenas de felicidad y esos peinados matutinos los delataban.

—Lo siento, hice lo mejor que pude, no trajimos ningún lubricante —sin cubrir su desnudez fue hacia él y le rodeó la cintura con ambos brazos—. ¿Duele mucho? —preguntó con un tono suave e irresistible mientras le sobaba los costados.

—No, en realidad me duelen las caderas.

Xiao Zhan de inmediato lo acarició con cariño.

—Demonios, ya estamos ancianos —rio Yibo.

—Quizás si haces estiramientos te sientas mejor.

—Quizás… —bostezó.

No pasaron ni dos minutos y ya alguien estaba llamando a su puerta.

—¡¿Listos para el gran día?! —era la voz entusiasmada de Yuyu.

—Sí, enana, sí. Pero no te atrevas a entrar a esta habitación si no quieres arrepentirte de lo que verás —le advirtió Yibo.

—¡Papá! No hay necesidad de que me digas eso —se enojó.

Xiao Zhan de inmediato se puso una bata y abrió la puerta.

—No le hagas caso, ya conoces a tu padre.

La joven de quince años miró a sus progenitores con cara de no creerlo.

—Se ven terrible —fue lo primero que pudo decir al mirarlos—. Que bueno que la tía Fei Fei les consiguió reservación en su Spa favorito —se cruzó de brazos y los miró de pies a cabeza.

Los dos se miraron mutuamente y se echaron a reír, sí se veían terrible.

—Dúchense y bajen a desayunar, la abuela Wang está cocinando bollos al vapor.

El estómago de ambos gruñó de hambre.

—Y despídanse, porque tendrán sesiones de Spa por separado y no se verán hasta la ceremonia en el registro civil. ¿Entendido?

—Sí, señora —murmuró Yibo.

—Bien —sin decir más se dio media vuelta y se fue.

—Que mandona —se quejó Yibo.

Xiao Zhan solo rio, sí, no había duda de que era hija suya.

Durante ese día toda la familia se encargó de los preparativos, dejando la menor carga posible en los "novios". Los llevaron hasta el Spa, donde se relajaron varias horas y también les hicieron un pequeño cambio de look. Ahí mismo Ayanga hizo función de padrino de Xiao Zhan y le llevó la ropa que se pondría, Jackson hizo lo mismo con su mejor amigo y finalmente la hora esperada llegó.

Xiao Zhan fue el primero en llegar al registro civil, sorprendiéndose al entrar a la sala que les correspondía y notar que había más gente de la que imaginaba. Entre ellos estaban Wen Pei, Na Ying Jie, Lay, todo el bando UNIQ, Liu Hai Kuan, Zhu Zan Jin, Xuan Lu y Wang Zhuo Cheng.

Su corazón se llenó de dicha. Quería ir y abrazar a cada uno de ellos, pero el juez ya esperaba al fondo de la sala tras un gran escritorio. Miró con detenimiento el lugar y se dio cuenta de que había discretos adornos florales alrededor, peonías blancas en su mayoría. En las primeras filas de sillas estaban sus amados hijos, sus padres, suegros y amigos más cercanos.

—Oh se ven preciosos —no pudo evitar exclamar al ver a sus hijos tan elegantes y guapos. No había duda que eran hijos e Wang Yibo y Xiao Zhan, tenían el mismo porte y elegancia. En la sala se escucharon risas por el comentario. Lo que él no sabía era que todos estaban maravillados por su apariencia actual. Yibo se llevaría una enorme sorpresa.

—¿Qué les hicieron en ese Spa? —susurró Jackson al oído de la prima de Yibo. Ella rio.

—Se ven más jóvenes, ¿verdad?

Jackson iba a responder, pero en ese momento se escucharon los pasos apresurados de alguien acercándose a la sala, la puerta se abrió y todos se quedaron sin palabras al mirarlo. ¿Ese era Wang Yibo?

—¿Por qué se demoró tanto? —le preguntó ahora Fei Fei.

Jackson contuvo su risa.

—Por un dije.

—¿Eh?

—Sí. No encontraba el dije que ha traído colgado en el cuello desde que lo conozco.

—Oh por Dios —se llevó una mano al rostro, su primo era un caso perdido.

—¿Por qué es tan importante?

—Fue el primer obsequio que le dio Xiao Zhan.

—Oh…

Ambos miraron cómo Yibo entraba a paso seguro, vestido de traje negro, camisa blanca, corbata de moño y zapatos Louboutin, obviamente estaba portando también su Rolex favorito. Su caminar derrochaba seguridad, pero esa sonrisilla y sus ojos felices demostraban cuan emocionado estaba por ese momento.

Sus ojos estaban fijos en los del hombre que lo esperaba al final de la sala, parado junto al juez. Xiao Zhan sintió que se le olvidaba cómo respirar al verlo caminar a paso firme hacia él. ¿Así se habría sentido Yibo el día de su boda anterior?

Lo miró de pies a cabeza y sonrió como idiota. Parecía que se habían puesto de acuerdo en la vestimenta, pues iban exactamente igual, incluso portaban los mismos zapatos.

—Wow… —dijo Yibo cuando al fin estuvo frente a su amado—. Te cortaste el cabello después de tantos años.

—Es un día especial —murmuró mientras el juez preparaba los formatos necesarios para dar inicio—. Por Dios… te teñiste las canas.

—¿Se nota mucho? —rio.

—¡Lo vi desde que entraste! Te ves tan guapo —contenía sus ganas de robarle un beso.

—Tú me superas —le acomodó la corbata de moño y miró cada centímetro de ese bonito rostro y ese cabello tan bien peinado. Sentían que estaban viendo a sus versiones jóvenes, de aquel tiempo cuando se casaron por primera vez.

Los que estaban más cerca de ambos lograron escuchar su pequeña charla y no pudieron evitar reírse al verlos tan sorprendidos el uno con el otro.

—¿Están listos para dar inicio? —preguntó el juez.

Ambos asintieron y se pararon hombro a hombro frente al escritorio. El juez dio un pequeño speech sobre la importancia y significado del matrimonio, fue meramente protocolo solo para pasar a lo más importante: la firma del acta.

Les pidieron sus identificaciones, un par de firmas en ciertos documentos y copias de esos mismos, y al final les extendieron la única y original acta de matrimonio. Era un papel oficial, con sellos que certificaban la unión mancomunal.

Xiao Zhan fue el primero en firmar, su puño tembló ligeramente por la emoción.

—¿Te estás arrepintiendo? —murmuró Yibo, logrando hacer reír a más de uno.

—De hecho, sí. ¿Puedo retractarme? —bromeó al terminar su hermosa firma.

—No, muy tarde —le retiró el bolígrafo para poner su firma junto a la suya.

—¿Siempre han sido así? —murmuró Wei Yi junto a su tío Mao.

—Desde que los conocí, y mira que eso fue hace muchos años.

—Yo también quiero casarme con alguien que me quiera tanto como se quieren ellos —susurró de pronto Xiao Yun Li, desconcertando a sus hermanos porque ella jamás era así.

Yuyu miró a sus padres, orgullosa y deseando lo mismo que su hermana menor.

—Ahora necesitamos que pasen los primeros testigos a firmar —anunció el juez cuando Yibo terminó su firma. Los esposos giraron sobre sus talones y les hicieron un gesto con la cabeza a sus tres hijos, estos se miraron entre ellos sin entender.

—Vengan a firmar, enanos —les dijo Yibo.

La familia y amigos soltaron exclamaciones de sorpresa y enternecimiento al ver esa linda escena tan adorable. Los tres jóvenes colocaron sus nombres como testigos informales en el acta de matrimonio de sus padres y regresaron a sus asientos.

—Para finalizar, necesitamos a los testigos oficiales de ambas partes.

Fue ahí cuando Mao y Fei Fei se pusieron de pie del lado de Yibo, y Ayanga y Dalong hicieron lo mismo del lado de Xiao Zhan.

—Por el poder que me concede la República Popular de China, yo los declaro oficialmente esposos —juntó todos los documentos en una carpeta para procesarlos y hacerlos oficiales.

No hizo falta que el juez lo dijera, Wang Yibo y Xiao Zhan se unieron en un dulce y esperado beso, el beso que sellaba al fin su unión oficial en el país que los vio nacer.

Todos los invitados se pusieron de pie y no dejaron de aplaudir por más de un minuto. Entre lágrimas de felicidad, vítores y aplausos, fueron felicitados por cada uno de sus amigos.

Era un suceso digno de celebrar. Por lo que tanto habían luchado al fin se hacía realidad.

Salieron del registro civil tomados de la mano, listos para recibir la sorpresa que les tenían en casa de los señores Wang.

Cuando llegaron a la residencia se encontraron con una bonita e íntima recepción para todos los que asistieron a la boda. Había servicio de banquete en el jardín, muy similar a la boda que celebraron en la residencia Wang en Luoyang hace tantos años. Comida y champagne por todos lados, peonías blancas en cada rincón y música agradable de fondo.

Los recién casados pudieron saludar y abrazar a todos sus invitados con mucho cariño, perdiéndose en conversaciones interesantes sobre lo que habían sido sus vidas en los últimos años.

No hubo un solo invitado que no quedara maravillado con los encantos de los hijos de Xiao Zhan y Wang Yibo. Ya que, como mantenían su vida tan privada, no tenían idea de cómo se veían o cómo eran realmente, hasta ese día.

—¿Quién estuvo detrás de toda esta organización? —se animó a preguntar Xiao Zhan, pues todo era tal cual el gusto de ambos, y si bien ya habían tenido una boda formal, esto no se quedaba atrás.

Los cuatro abuelos se miraron entre sí.

—La verdad es que nosotros solo ayudamos con algunos detalles —confesó la señora Xiao.

—Y nosotros pusimos la casa —dijo la señora Wang.

—Pero la mente maestra detrás de todo esto fue… —el señor Wang señaló con los ojos a la hermosa y elegante mujercita que justo ahora conversaba animadamente con el hijo de Ayanga y Dalong.

—Ella eligió la comida, música, flores. Y me buscó para que le ayudara a contactar a los amigos más cercanos de ustedes —añadió Jackson.

Ninguno de los dos podía creer que la de todas las ideas fuera esa "enana".

—Fuimos todo un equipo, pero ella supo dirigirnos muy bien —rio el abuelo Xiao—. Es una niña muy lista.

Pero claro, ella era el orgullo de sus padres, junto con los dos gemelos.

En esa tarde comieron, bebieron y bailaron para festejar el gran acontecimiento. Hasta que la mejor D.J. de todas cambió la música y puso una canción que los "nuevos" esposos conocían muy bien.

—¡Que vivan los novios! —exclamó Lili mientras la canción comenzaba.

Xiao Zhan reconoció la canción y no lo pensó dos veces antes de sacar a bailar a su esposo entre los aplausos de sus amigos y familia.

"How Deep is your love" sonaba en el equipo de sonido, mientras Wang Yibo y Xiao Zhan se abrazaban en medio del jardín, meciéndose de un lado a otro al ritmo tranquilo de la música.

—Feliz aniversario, amor —acarició el rostro apuesto de Yibo.

—Feliz San Valentín —respondió con la misma sonrisa resplandeciente.

Se abrazaron y sintieron la letra de la canción. Sí, vivían en un mundo de tontos que por mucho tiempo los quisieron mantener lejos uno del otro en vez de dejarlos ser. Sin entender que siempre se pertenecieron mutuamente.

—"You're the light in my deepest, darkest hour" —le cantaba Xiao Zhan al oído—. "You're my savior when I fall".

—"And you may not think I care for you, when you know down inside that I really do. And it's me you need to show…" —continuó Wang Yibo.

—"How Deep is your love!" —cantaron al unísono.

—Te amo —le dijo Xiao Zhan al oído. Yibo lo apretó más contra su cuerpo y besó su cuello.

—Te adoro Xiao Zhan, te adoro —suspiró extasiado de felicidad.

Entre risas y una felicidad de película, disfrutaron de su tercera boda como si fuese la primera y única, acompañados de las personas que más querían y que tenían importancia dentro de su relación.

Esa noche, luego de que los invitados se fueran y solo quedara la familia cercana, les entregaron una llave electrónica de hotel.

—No queremos que traumaticen más a estos pobres niños —dijo Fei Fei mientras le acariciaba el cabello a su sobrina menor—. Así que vayan y tómense el día de mañana. Nosotros nos encargaremos del resto.

—No pueden traumatizarnos más, ya no —dramatizó Lili.

—Sí, ya váyanse, queremos dormir tranquilos —bostezó Wei Yi.

Yuyu solo los miraba con una sonrisa soñadora. No dejaba de admirar lo guapos y felices que se veían sus padres. Ella había encontrado muchas cosas en internet cuando tecleaba los nombres de sus progenitores, desde el inicio de sus carreras, sus tropiezos, éxitos y cada rumor y escándalo que tuvieron que soportar por haber decidido amar diferente.

Conocía más de lo que ellos imaginaban, y era por eso que sentía que podía entenderlos un poco mejor, y admirarlos mucho más al comprender que no eran súper héroes, eran hombres comunes, soportando cargas que no cualquiera lograría aguantar.

Así que estaba muy consciente de lo que implicaba para ellos volver a pisar su patria. Los recuerdos, la tristeza, el dolor. No podía evitar mirarlos diferente.

—Disfruten su tiempo a solas y no se preocupen por nosotros —Yuyu fue y le dio un abrazo a cada uno—. Los quiero.

Conmovidos, abrazaron a su hija al mismo tiempo con mucho amor.

—Gracias por todo, Yuyu —susurraron en su oído para que solo ella escuchara.

Yu Jie, con una sonrisa tímida y lágrimas pequeñas en sus ojos, asintió.

—Papá, deberías teñirte el cabello más seguido —se alzó de puntas para alcanzar uno de sus mechones.

—A mí me gustan sus canas —refutó Xiao Zhan.

—Ay Zhan Zhan, solo a ti te gusta eso —rio Fei Fei.

Cuando llegaron al hotel ya estaban algo cansados por el largo día, pero no se detuvieron a pensar en eso cuando su principal objetivo era desvestirse mutuamente.

—¿Ya puedo estrenar a mi flamante esposo? —Yibo le quitó la corbata de moño que ya traía solo colgando del cuello. Xiao Zhan soltó una carcajada, ¿en serio aún lo veía así?

—Es nuestra tercera noche de bodas, claro que sí —lo tomó del cuello de la camisa blanca y lo estiró sin miramientos para robarle un beso nada delicado. Yibo suspiró de satisfacción y excitación al sentir esa brusquedad.

Las manos de ambos, hábiles y llenas de experiencia, comenzaron a retirar cada prenda casi con prisa, hasta que Wang Yibo quedó solo en ropa interior y Xiao Zhan se quedó sin palabras.

—Oh Wang Yibo, Wang Yibo —se llevó una mano a la boca sin dejar de sonreír ampliamente.

—Obviamente no es el mismo que te regalé hace años, pero es similar.

—Date una vuelta.

Yibo obedeció al instante, orgulloso de poder modelar esa ropa interior de Versace.

—No voy a querer que te lo quites —rio y puso ambas manos sobre el trasero de su esposo, acariciando y amasando a su gusto. El tacto sobre la tela de encaje era sublime.

—Puedes romperlo si quieres.

—¡No! —rio.

—¿Entonces cómo te voy a coger?

Xiao Zhan rodó los ojos y mejor lo aventó a la cama. Esa noche sí podrían hacer todo el ruido que les diera la gana.

—¿Sabes? —dijo el mayor al estar ya medio desnudo sobre el cuerpo de su esposo—. Me siento algo incómodo, sudé mucho y…

—Yo también, ¿y si nos duchamos?

—Por favor —rio. A esas alturas ya les importaba más la comodidad antes de empezar cualquier cosa—. ¿Quieres acompañarme? —propuso, seductor.

—Recuerda tengo que estrenar a mi esposo, claro que sí. Pero dame unos minutos, adelántate mientras tanto.

Xiao Zhan alzó una ceja.

—¿Qué planeas?

—Nada —rio—. Anda, ve.

Xiao Zhan obedeció y Yibo de inmediato hizo un pedido a servicio a la habitación.

—¡Tiene jacuzzi! —exclamó Xiao Zhan desde el interior del baño.

Yibo solo rio mientras acomodaba algunas cosas.

Cuando terminaron su ducha rápida, Yibo sacó algo más de su pequeña maleta.

—¿Cuál quieres que me ponga? —en una mano traía un bóxer blanco y en la otra uno negro similar al que portaba durante la boda, ambos Versace.

—Blanco —se mordió el labio inferior y le quitó el negro para ponérselo él. Entonces miró por encima del hombro de su esposo y descubrió que había algo en la cama—. ¿Qué es esto? —sonrió de oreja a oreja al ver una botella de Dom Perignon en hielo y una caja de chocolates suizos muy familiar.

—Para no perder la costumbre —lo atrapó por la cintura y acarició su rostro con devoción—. Chocolates suizos y el mejor champagne para mi esposo.

—Y los mejores calzones —le dio una nalgada por encima de la bata blanca de baño.

Yibo sonrió, travieso.

—¿Qué ocurre? —inquirió el mayor al notar que no dejaba de mirarlo.

—Te ves tan guapo —dijo muy en serio—. Eres mi Zhan Zhan de treinta y tres años —acarició su corto cabello.

Xiao Zhan echó su cabeza hacia atrás, riendo abiertamente.

—Me acabas de restar casi veinte años.

—Dieciocho —corrigió—. No te añadas más.

—Sí, sí —rodó los ojos.

—¿Cuándo vas a aprender a aceptar un cumplido? —lo regañó.

—Pues… la verdad es que…

—¿Qué?

—Te vas a burlar si te lo digo.

—No prometo que no.

—¿Ves? —suspiró y rodó los ojos—. Lo cierto es que aún me pones algo nervioso.

Los ojos de Yibo se abrieron a más no poder.

—¿¡Qué!?

—Deja de reír, no bromeo.

—Tonto —su sonrisa se ensanchó y sus ojos brillaron. Yibo rio más y lo atrapó entre sus brazos sin dejar de acariciarle de vez en cuando el trasero por debajo de la bata—. Quítate esto, quiero verte.

Le quitó la bata blanca y él hizo lo mismo con la suya. Yibo suspiró. Su esposo era todo un manjar visual. Este miró hacia la cama y sonrió.

Sí, cada San Valentín Wang Yibo le regalaba una caja de chocolates suizos que comían juntos en la cama, desnudos.

Esa noche no fue la excepción, bebieron y comieron uno a uno los chocolates, despreocupados de la vida. Hasta que les apeteció dejar de comer chocolates para comerse el uno al otro sin restricciones hasta terminar agotados sobre el colchón.

No hubo luna de miel como tal. Decidieron pasear con sus hijos por la ciudad y llevarlos a conocer los lugares en donde ambos vivieron, propiedades que algún día pasarían a manos de esos tres jóvenes.

Visitaron el dúplex de Xiao Zhan, ese hermoso lugar que les brindó un espacio seguro por mucho tiempo, lugar en donde inició su relación oficialmente. Visitaron la casa de Yibo a un par de cuadras del departamento, esta también se encontraba amueblada y con plástico cubierta sobre todos los muebles para protegerlos del polvo, lo que sorprendentemente no estaba protegido… eran las repisas y repisas llenas de LEGO. Wei Yi, fanático de estos juegos, casi se desmayó al ver la gran colección.

—Todo esto, hijo, algún día será tuyo —dijo Yibo en tono "solemne".

—¿No me puedes adelantar la herencia? —fue directo hacia los autos a escala que Yibo armó hace tanto años.

—¡Yo quiero esta herencia! ¡Esta es mía! —exclamó Yun Li al ver la colección de patinetas—. ¡Papá Bo! No sabía que patinabas.

—Era excelente haciéndolo —intervino Xiao Zhan—. ¿De quién crees que heredaste ese gusto?

—De ti no, definitivamente —se burló Yibo.

—Como su gusto por la cocina, tampoco lo sacó de ti, querido —entornó los ojos hacia Yibo. Pues últimamente a ella le interesaba mucho aprender a cocinar.

—¿Acaso dejaron Legos sin armar?

Yuyu se acercó a una gran bolsa amarilla de papel con el logo rojo de la marca. Estaba igualmente llena de polvo, pero parecía tener algo adentro.

La levantó y comenzó a hurgar en su interior con curiosidad sin saber que terminaría lanzándola lejos.

—¿¡Por qué siempre me tienen que generar traumas nuevos!? —salió a paso apresurado de esa habitación.

Los esposos se miraron mutuamente sin entender hasta que recordaron ESA bolsa de Lego.

—¡No la toquen! —exclamó Xiao Zhan cuando sus otros dos hijos se aproximaron a ver qué fue lo que traumatizó a su hermana mayor.

Yibo de inmediato la tomó, echó un vistazo adentro y una sonrisa tremendamente traviesa y divertida se formó en su expresión.

—Sí es, Zhan Zhan —rio—. Ni si quiera la recordaba —la abrazó fuerte para que la traviesa de su hija menor no pudiera arrebatársela—. Nos la llevamos a casa.

—¡No! —acalorado, Xiao Zhan se la quitó y la dejó en la repisa mas alta que tuvo al alcance.

—Bueno, compraremos más en casa.

—Wang Yibo —dijo en tono de advertencia, señalando a sus hijos.

—No estoy entendiendo nada —dijo Yiyi.

—Yo tampoco.

—¡Créanme que no quieren saber! —gritó Yuyu desde afuera.

En esa bolsa había juguetes, sí, pero no los que esos niños imaginaban.

Más tarde, y como última parada del recorrido de la nostalgia, visitaron finalmente la casa que Yuyu recordaba muy vagamente, donde ella pasó los primeros años de su vida. Era una casa preciosa y un poco similar a la que ahora habitaban.

Mientras los niños merodeaban por la residencia, Xiao Zhan y Wang Yibo veían qué cosas habían olvidado llevarse la última vez que estuvieron ahí. Xiao Zhan encontró un suéter amarillo en el closet.

—¡Mi suéter! —Yibo se lo arrebató.

—Ya tira esa cosa a la basura.

—¿Estás estúpido? No —lo abrazó contra su pecho—. ¿Ya olvidaste su importancia?

Entonces Xiao Zhan lo miró, esbozó una sonrisa de lado y lo miró de pies a cabeza.

—Imposible olvidarlo —susurró—. Imposible olvidar que no traías nada puesto debajo de él.

Yibo sintió que su corazón se le aceleró con esa mirada.

—Pero… ¿En verdad te lo quieres llevar a casa? Ya ni siquiera te queda.

Yibo lo tomó como un reto personal. ¡Claro que aún le quedaba! Comenzó a colocárselo, y lo logró, pero…

—¿Puedes siquiera respirar? —se burló Xiao Zhan.

—…sí…

Xiao Zhan soltó una carcajada.

—Amor, seamos realistas, ya no tenemos la misma talla que a los veintes.

Y tenía toda la razón. Ambos estaban en excelente forma, mucho más maduros físicamente, pero no por eso menos atractivos, al contrario.

—Tienes razón —suspiró resignado y se lo quitó.

Le había quedado apretado porque su espalda era más ancha al igual que sus hombros y brazos.

—¡Que bonito! —Yuyu entró a la habitación de esos dos y vio el suéter en manos de su padre.

—Ten, te lo regalo —Yibo se lo lanzó a la cabeza. Ella de inmediato se lo puso y quedó encantada.

—Gracias, papi.

—¿Sabes la historia de ese suéter? —preguntó Xiao Zhan.

—No, pero vi a papá Bo con él en muchas fotos de su juventud.

—Bien, te contaré…

Yibo rodó los ojos y entre risas traviesas se metió de nuevo al armario para seguir buscando cosas mientras su esposo e hija se enfrascaban en esa conversación.

Fue entonces cuando Yibo encontró un sobre atorado entre unas de las tantas cajas del armario. Llamó su atención porque desentonaba con lo demás. Lo tomó y se desconcertó al ver su contenido.

¿"Paciente masculino de 29 años, 184 cm de altura y 62 kg de peso"? —leyó con inquietud. No tenía nombre, pero la fecha era congruente con la edad de…

Miró a su esposo y lo feliz que estaba explicándole la historia del suéter amarillo a su hija.

¿Qué es esto? —pensaba con inquietud. Decidió guardar el sobre entre las cosas que se llevarían con ellos a Estados Unidos.

Su luna de miel familiar terminó antes de lo que les hubiera gustado. Con tristeza se despidieron de sus seres queridos, prometiendo ir a visitar a los abuelos más seguido para evitarles tener que viajar tanto a su edad.

Su estadía en el país fue tan tranquila que sentían la confianza de estar en una sala concurrida del aeropuerto, esperando para abordar su vuelo. Tal parecía que nadie los reconocía y pasaban desapercibidos.

O eso creyeron, pues luego de su cambio de look para la boda, las miradas comenzaban a ponerse sobre ellos. ¿Y cómo no? Habían rejuvenecido tanto que hasta sus seres queridos se sorprendieron.

—Ten, te traje un Caramel Macchiato —se sentó al lado de Yibo luego de haber ido a comprarles un Starbucks a sus hijos.

—Eww, ¿quién toma esa bomba de azúcar hoy en día?

—Tus hijos —sorbió de su propio vaso—. Y yo —rio.

Yibo aceptó la bebida.

—¿Qué haces? —inquirió al verlo tan concentrado en su teléfono—. Oh no, Yibo, no abras de nuevo tu cuenta de Weibo.

—La gente ya sabe que estamos en el país, estoy seguro. Además, ya nos vamos —se encogió de hombros—. ¿No tienes curiosidad?

—No.

—¿Ni un poco?

—¿Qué ganamos con esto?

—No nos han molestado en todo nuestro viaje. Quiero saber si es porque no nos notan, o porque la gente cambió en estos trece años.

Xiao Zhan suspiró y asintió.

Yibo abrió de nuevo su cuenta de Weibo, esta actualizó su última entrada con todo y ubicación, informando a sus seguidores.

Entró a los trending topics y notó, no sin sorpresa, que ellos abarcaban los primeros tres lugares.

Su boda era tendencia. Había decenas de fotos filtradas de ellos llegando al registro civil, de sus amigos, y de cuando salieron felices y tomados de las manos.

Lejos de ver malos comentarios al respecto, se encontraron con muchos buenos deseos hacia sus vidas y ese "nuevo" matrimonio. Entre todos esos comentarios también había gente que aún se disculpaba con ellos por haberlos orillado a huir del país.

—Vaya…

Ambos tenían sentimientos encontrados.

Pero no todo podía ser miel sobre hojuelas.

Muy pronto leyeron otro de los trending topics que estaba más abajo, ese había comenzado cuando recién llegaron al país.

"Wang Yibo es visto en las calles de Beijing después de más de diez años de ausencia".

"¿Quién es la hermosa mujer que va de la mano de Wang Yibo?".

"¿Se cansó de su relación con el actor Xiao Zhan y ahora le gustan mujeres menores?".

—No puede ser…

—¿Qué demonios es todo esto? —Yibo seguía leyendo viejas publicaciones de la semana pasada.

Tal parecía que cuando lo captaron en las calles de la ciudad fue cuando iba con Yuyu de la mano, yendo de tienda en tienda. Al principio pensaron que era su nueva novia, decían que era una hermosa y alta mujer de cuerpo espectacular que casualmente se parecía mucho a su "antiguo" amor Xiao Zhan. Empezaron a especular que lo había abandonado por una mujer más joven y hermosa.

Sin embargo, el chisme evolucionó cuando la noticia de su boda se hizo viral y todo mundo se dio cuenta de que esa hermosa mujer era nada más y nada menos que su hija de solo quince años.

Fue ahí cuando los internautas comenzaron a decir que se veía terriblemente mal que anduvieran tomados de las manos, pues Yibo era un hombre en sus cuarenta y no era aceptable que abrazara tanto a una joven mujer que evidentemente no compartía su sangre.

Ahí empezó otro tema delicado: la paternidad.

No tenían que observar mucho para deducir que por las venas de esa chica corría la misma sangre de Xiao Zhan.

Yibo comenzó a sentirse enfermo al leer abominación tras abominación.

"La abraza de esa forma porque se parece a su esposo".

"No es su hija".

"Xiao Zhan no debería permitir que alguien toque de esa forma a SU hija".

"La chica mostrando más piel de la necesaria y su supuesto padre poniéndole la mano en la cintura".

—Dios, no… —Xiao Zhan le quitó el teléfono.

—¿Me están acusando de ser un pervertido con mi propia hija? —masculló entre dientes y con voz muy baja para que solo su esposo lo escuchara.

Yibo estaba temblando del coraje.

¿Cómo se atrevían a ensuciar la relación más pura y hermosa que tenía en su vida?

—La gente sigue estando igual de enferma —se le revolvió el estómago.

—Tranquilo amor, ya nos vamos de aquí —miró a sus tres hijos sentados a unos metros de ellos, con las maletas y bebiendo sus cafés.

—¿Cómo se atreven? —apretó puños y dientes, se estaba poniendo pálido del coraje.

—Cariño, trata de calmarte.

—No puedo, lo siento —se alejó de inmediato rumbo al baño, ahí devolvió todo su estómago.

Cuando regresó, se encontró a sus hijos muy angustiados.

—¿Mejor? —preguntó Xiao Zhan, consolándolo mientras le acariciaba la espalda y le extendía una botella con agua.

—Sí…

—Papi, ¿qué te pasó? —Yuyu fue directo a abrazarlo, preocupada.

—Me cayó mal el almuerzo — aceptó el abrazo y sintió un nudo en la garganta. Estaba enojado, muy enojado y triste al ver que la farándula seguía haciendo de las suyas.

Sabía que eso existía en todo el mundo, pero al menos en Los Ángeles los trataban con más respeto, eran más liberales y no crucificaban a un padre por abrazar a su hija.

No obstante, al llegar a casa se dieron cuenta de que las noticias dieron la vuelta al mundo. Y lo que nunca pareció importarle al internet, ahora era de domino público, pues eran tendencia en las redes sociales de este lado del mundo también.

Para todos era notable que la primogénita de Wang Yibo y Xiao Zhan era hija solamente de este último. Tenía sus ojos, nariz, labios, incluso sus dientes y su miopía. Era una chica adorable y preciosa que encantaba a cualquiera que tuviera la dicha de convivir con ella.

Sin embargo, el público siempre encontraba algo qué criticar. Y ahora que el fandom estadounidense se veía influenciado por el chino, la situación les explotó en la cara. Notas amarillistas y páginas de chismes se dedicaron a arremeter en contra del amor que Wang Yibo le demostraba a su hija mayor, a la única que no llevaba sus genes.

Se decía que había algo turbio en la manera en que Yibo la abrazaba, en cómo la tomaba de la mano y la besaba en la mejilla. Insistían en que no era bien visto que un hombre que no era su padre biológico tuviera esos gestos hacia ella, después de todo cada día iba dejando atrás su apariencia adolescente y se convertía en una hermosa mujer joven.

Comenzaron a exhibir fotos de padre e hija caminando por las calles de Los Ángeles tomados de la mano, cenando en un restaurante, incluso captaron el momento en el que Yibo y su hija se encontraron a medio camino y él la esperaba con un ramo de flores coloridas.

Todas eran fotografías de meses atrás. En su momento fueron publicadas en internet pero no causaron ningún revuelo, pues no eran más que un padre y su hija compartiendo tiempo de calidad. Y lo que toda esa gente no sabía era que Wang Yibo y Xiao Zhan solían tener la costumbre de tratar a sus niñas como princesas, y podrían tener problemas maritales por no tener tiempo para ellos, pero jamás podrían acusarlos de no tener espacio para sus hijos.

Lo peor fue cuando salieron a la luz videos de la familia entera yendo a la playa. Sacaron por completo de contexto la situación y mucha gente se alarmó al ver a la adolescente en traje de baño tumbada sobre Yibo en a arena.

—¡¿Por qué hacen eso?! —exclamó Yibo enojado, su esposo se sentía igual pero mantenía la cordura para calmarlo—. Recortaron el video justo antes de que tú y los niños se echaran encima de mí también. Eso no tiene nada de malo, ¡por Dios! —caminaba como león enjaulado.

—Así es, no tiene nada de malo —detuvo su andar.

—Esto no puede seguir así, me siento como… como cuando nuestras fotos y videos salieron a la luz.

A Xiao Zhan se le puso la piel de gallina con el simple recuerdo.

—Ella es mi hija, Zhan Zhan, mía —soltó un par de lágrimas rebeldes.

—Ven aquí —lo arrastró a un fuerte abrazo.

Lo que la gente no sabía ni entendía, era que Wang Yu Jie y Wang Yibo tenían una excelente relación padre-hija, tanto así que más bien parecía una simbiosis entre ambos. Yuyu tenía tantos gustos en común y un carácter tan similar a Yibo, que parecía más hija de él que de Xiao Zhan.

Pero el corazón de Yibo se terminó de romper cuando descubrió publicaciones y tweets expresando sin rodeos que él tenía un interés romántico por Wang Yu Jie.

—Tranquilo —acarició su espalda aún dentro del abrazo—. No hagamos caso de esas notas y chismes.

—No me importa lo que digan de mí, sabes que eso ya no me afecta, pero Yuyu… —sus ojos estaban llenos de coraje—…si se atreven a lastimarla, yo… —sollozó—. Amor, ¿qué sentirá ella cuando vea todas esas noticias? ¿Crees que ya las haya leído? También están exponiendo el hecho de que no soy… no soy su padre biológico.

Xiao Zhan suspiró.

—Creo que es hora de hablar con los niños —apretó los hombros de Yibo de manera reconfortante.

—Tienes razón —suspiró.

—¿Cómo crees que lo tomen?

—Espero que no tan mal —estaba algo ansioso. Sabían que ese día llegaría, pero vaya que llegó muy pronto—. Me preocupa eso y que Yuyu se vea afectada por todos los chismes y prejuicios.

—Wang Jie, creo que subestimas a nuestra hija.

El aludido tragó en seco y trató de calmarse.

Reunieron a sus pequeños en la sala de la casa, se sentaron frente a ellos y no supieron cómo comenzar esa conversación.

—¿Por qué tanto misterio? —inquirió Wei Yi.

—¿Nos van a dar un hermanito? —preguntó Lili.

—¿Qué?

—¡Por supuesto que no!

Fueron las respuestas de Xiao Zhan y Wang Yibo respectivamente.

—Niños, queremos hablar sobre un tema muy importante —empezó Xiao Zhan.

—Hoy hablaremos de cómo se hacen los bebés —dijo de pronto Yibo, con una sonrisa al ver las muecas de pánico de sus hijos. De alguna u otra forma bromear así le ayudaba a sobrellevar los nervios por abordar ese tema.

—¡Eww, no!

—Esa charla ya la tuvimos, ¿podemos cambiar de canal?

Yiyi y Lili hacían un escándalo en conjunto, mientras que Yuyu se mantenía en silencio, mirando todo con una suave sonrisa, Xiao Zhan se encontró con su mirada y ambos compartieron una sonrisa de entendimiento mutuo. Ahí él supo que su hija ya entendía para qué era esa charla en realidad.

—Tenemos que hablar sobre cómo llegaron a nuestras vidas, y no, no me refiero al sexo —aclaró Xiao Zhan.

Todos se mantuvieron en silencio.

—Como bien saben, es imposible que dos hombres conciban una vida. Se necesita de una mujer.

—Obviamente —dijo Yun Li.

—Lo que su padre quiere decir es que… —intervino Xiao Zhan, pero fue interrumpido por su hija mayor.

—Alquilaron un vientre para poder tenernos.

Ambos padres se quedaron congelados.

—¿Eso es lo que nos querían decir? —preguntó Yiyi.

—Ya lo sabíamos.

—Lili tiene razón —dijo Yuyu—. Tranquilos, estamos al tanto de eso. Sabemos que… —vio las expresiones tristes de sus padres, así que tuvo más tacto al hablar—…sabemos que ellos son hijos de papá Bo, y por eso llevan el apellido de papá Zhan. Y yo… soy hija de papá Zhan y por ello llevo el apellido Wang —sonrió con una calidez muy característica de su padre biológico.

Los ojos de los dos mayores ahí se pusieron acuosos.

—¿No tienen algún problema con eso? —inquirió Yibo, temeroso de que algún día les reclamaran por ser tan crueles como para separarlos de su madre biológica.

—No.

—Ninguno.

—No, porque gracias a eso los tenemos a ustedes como padres.

Respondieron de menor a mayor.

Wang Yibo y Xiao Zhan suspiraron con un inmenso alivio.

—Solo tengo una pregunta, ¿somos hijos de la misma madre?

—Sí, Yuyu, lo son.

Ahora los que suspiraron aliviados fueron ellos tres al confirmar que sí compartían sangre después de todo.

—¿Ves? Sí somos hermanos —Wei Yi le enseñó la lengua a su hermana mayor. Yuyu solo rio y rodó los ojos.

—¿Por qué decidieron contarnos esto tan de pronto? —inquirió Yuyu, intuyendo la respuesta.

—Porque en redes sociales se han esparcido rumores, especulaciones y muchas acusaciones. La gente ha notado cosas y… —el discurso nervioso de Yibo fue interrumpido por su primogénita.

—¿Y? es gente estúpida que asume ideas estúpidas —se encogió de hombros—. Tú eres mi padre —miró a Yibo—. Y tú también —señaló a Xiao Zhan—. ¿Qué más da que solo tenga la sangre de uno de ustedes?

Se asombraron mucho con la madurez de esa joven de casi dieciséis años. Xiao Zhan sintió que era como mirar a su esposo de joven: misma expresión decidida, un tono de voz tajante, y esa convicción de envidia.

Sí, definitivamente la habían subestimado.

—Y sobre las cosas horribles que dicen… —miró a su papá Bo—…yo no les creo nada, y tampoco voy a dejar que me afecten. Tú eres mi padre, y no voy a dejar de abrazarte y de demostrarte mi cariño solo porque hay gente enferma que asume otras ideas.

Para este punto los ojos de Yibo escocían por las lágrimas.

—Ven aquí —se le quebró la voz y abrió sus brazos para recibir a Yuyu entre ellos.

Muy pronto a ese abrazo se les unieron los gemelos y finalmente Xiao Zhan abrazando a toda su familia.

—Gracias —murmuró Yibo con un hilo de voz.

Lo más curioso de todo, era que Yibo trataba de la misma forma amorosa a sus otros dos hijos, pero ahí nadie decía nada. También estaba el hecho de que Xiao Zhan no era padre biológico de Lili ni Yiyi, pero no mencionaban nada al respecto.

La gente solo quería joder.

A partir de ese día decidieron que no ocultarían más sus vidas privadas. Si la gente iba a hablar de ellos de todas formas, mínimo trataría de disfrutar de la manera más normal posible. Lo único que les importaba era estar bien como familia, todos en un frente unido. Si ese frente era resistente, podría atravesar cualquier situación y salir victorioso.

Aunque era más fácil decirlo que conseguirlo, pues esos tres adolescentes eran hijos de personas muy importantes en el medio artístico de Hollywood, y eso bastaba para que estuvieran bajo la lupa del público, más ahora que habían llamado la atención con esa controversia.

Pero Yuyu era bastante lista, y usó los medios a su favor, compartiendo un vlog semanal sobre su vida cotidiana, sus padres, hermanos y mascota.

Fue imposible que el público no se enamorara de una familia como la suya.

Los años pasaron como páginas al aire. Cada navidad, cumpleaños, graduación y momento importante en sus vidas era vivido al máximo, sin arrepentimientos.

Wang Yibo y Xiao Zhan se encargaron de educar a sus hijos lo suficientemente bien para que pudieran trazar su propio camino, a su manera, y a su gusto.

Los jóvenes adolescentes crecieron, se fueron a la universidad dejando al matrimonio nuevamente como empezaron: solo ellos dos.

Yibo comprobó que su padre tenía razón. La vida marital luego de que los hijos abandonaban el nido era tremendamente placentera.

Él y Xiao Zhan ya se habían retirado oficialmente de sus carreras exitosas, y se sustentaban económicamente con todas las inversiones que habían hecho a lo largo de sus vidas. Al fin disfrutaban de los frutos de su arduo trabajo, dedicándose a viajar por el mundo como dos tontos enamorados, tal como en su juventud.

Muy pronto los nietos llegaron, siendo Xiao Wei Yi el primero en casarse y traer al mundo junto con su esposa a dos hermosos gemelos idénticos.

La genética Wang era imponente, pues a pesar de tener una madre nativa de Nueva York con ascendencia irlandesa, cabello castaño y ojos verdes, los pequeños nacieron idénticos a su padre.

Pero así como llegaban nuevos integrantes a la familia, otros se iban.

La muerte de un padre o una madre, sin importar la edad de los hijos, siempre sería terriblemente devastadora.

Xiao Zhan fue el primero en experimentar el fallecimiento de su padre.

Después de todo era el mayor de los cuatro abuelos.

El vacío que dejó en los corazones de la familia jamás sería llenado de nuevo. Xiao Wei había sido el padre más amoroso, el abuelo más consentidor, un excelente esposo y amigo. Y el mejor suegro que Wang Yibo pudo tener.

Xiao Zhan no pudo evitar caer en depresión ante la falta de su amado padre, y Yibo se sentía igual de devastado, sin embargo, estuvo ahí como pilar para su esposo y sus hijos.

—¿Cómo te sientes? —Yibo lo abrazó por la cintura al verlo recargarse en la mesa con ambas manos luego de levantarse de la silla, se veía adolorido.

—Estoy bien.

—¿De nuevo tu espalda?

—Es esa vieja cirugía la que no me deja en paz —gruñó mientras se masajeaba la espalda baja.

—Vamos a la cama y durmamos un poco, yo también estoy cansado —besó su mejilla y con cariño lo condujo hasta su habitación en la planta baja de su casa.

Se metieron a la cama y a Yibo se le partió el corazón al sentirlo llorar en silencio.

—Lo sé, amor, lo sé —lo atrapó entre sus brazos y peinó sus hebras plateadas con amor hasta que cayó rendido al sueño.

Miró su reloj, aún era temprano pero ya tenía mucho sueño. Decidió dormir para poder levantarse temprano al día siguiente y recibir a toda la familia en casa. Ya había pasado un mes de la muerte del papá de Xiao Zhan, y este no parecía mejorar.

Peor se sintió cuando, al par de meses, la señora Xiao también partió. La ausencia de su esposo había sido tan traumática emocionalmente que no resistió más su pobre corazón.

Tuvieron que pasar meses para que Xiao Zhan asumiera su pérdida y aceptara que ese era el ciclo de la vida, todos iban hacia el mismo camino.

Ese golpe de la vida lo hizo madurar aún más y aprendió a disfrutar mucho más de los pequeños detalles del día a día.

No perdía la oportunidad para decirle a su esposo cuánto lo amaba, llamaba a sus hijos todos los días y en ocasiones charlaban largo y tendido.

Yuyu era quien pasaba más tiempo de visita en casa, pues era la única que vivía en Los Ángeles y que además tenía a sus suegros viviendo en la casa de al lado de sus padres. Sí, porque terminó casándose con "su primo", hijo de Ayanga y Dalong.

Esos dos se habían enamorado desde su adolescencia, pero ninguno de los dos lo admitía, quizás por miedo a arruinarlo ya que sus familias eran muy unidas.

Su relación causaba muchos chistes entre sus padres, pues decían que era como ver a Ayanga y a Xiao Zhan heterosexuales. Esa broma divertía mucho a los involucrados, excepto a los esposo de estos.

Se morían por ver los hermosos nietos que les darían. Pero ellos parecían renuentes a tener hijos, no cuando les iba tan bien en sus carreras como artistas. Fueron los únicos que siguieron los pasos de sus padres, pues Yiyi era un excelente abogado en Nueva York, y Lili tenía un exitoso restaurante en Hell's Kitchen en Nueva York también.

Lili era un caso intrigante, pues tenía más similitudes con Yibo de lo que aparentaba. Vivía con su novia y ambas disfrutaban de los deportes extremos en sus tiempos libres. O al menos así lo fue hasta que decidieron tener familia, haciendo abuelos a Xiao Zhan y a Wang Yibo una vez más.

Ellos sintieron que la vida les volvía al cuerpo cuando Lili decidió mudarse a Los Ángeles durante su embarazo. Tiempo que aprovechó para convivir más con su hermana mayor quien terminó decidiendo junto con su esposo que también buscarían familia.

La llegada de esos nuevos integrantes fue un bálsamo curativo para las pérdidas que Yibo sufrió, mismas que Xiao Zhan aún no superaba del todo.

Pero la vida era así, y tenían que aceptarlo.

Llegó el día en el que ambos comenzaron a reflexionar sobre la vida y la muerte.

Y ocurrió en una mañana cualquiera, estaban en su cama bajo ese edredón esponjoso que tanto amaban. Yibo se acurrucó a su lado y observó su perfil, estaba mirando al techo, pensativo. Aprovechó eso para mirar su apuesto rostro que seguía siendo tan atractivo sin importar el paso de los años. Tenía arrugas que solo lo hacían ver más interesante y lindo. Él también las tenía, lo mismo ocurría con el cabello de ambos que ahora era más blanco que negro.

—¿En qué tanto piensas? —acarició su mejilla.

Xiao Zhan recargó el rostro hacia esa mano cálida, la tomó y besó sus nudillos.

—¿Te has detenido a preguntarte… quién de los dos morirá primero?

Yibo se estremeció, todo ápice de sueño se le escapó ante esa pregunta tan cruda.

—Sí —respondió luego de un rato.

—¿Y a qué conclusión has llegado? —su voz era grave y pausada.

—Espero ser yo el primero.

Xiao Zhan giró su rostro hacia él, no se esperaba esa respuesta.

—¿Por qué?

—Porque tú eres fuerte, cariño, sé que lograrías sobreponerte a mi partida. En cambio yo… yo te seguiría en el momento justo que dejes de respirar.

—Pero soy más anciano.

—¿Y?

—Amor, ya tengo ochenta y dos años —se escuchaba cansado.

—¿Y?

De un tiempo para acá Yibo odiaba escuchar la edad de Xiao Zhan, lo odiaba porque eso significaba estar consciente de que tenían el tiempo contado.

Todos sus amigos y familia los admiraban por tener un matrimonio tan largo y fructífero, les decían que eran una pareja digna de respetarse. Pero Yibo se desesperaba. ¿Cómo demonios les explicaba que no era suficiente? Él no quería unos cuantos años más con su esposo, él quería una eternidad a su lado. ¿Por qué tenía que terminar? ¿Por qué no podían ser felices por siempre? ¿Por qué sus cuerpos tenían que envejecer?

Un nudo se le formó en la garganta ante la sola idea de perderlo.

—¿Por qué me preguntas todo esto? ¿Acaso planeas dejarme viudo tan pronto?

Xiao Zhan soltó una risa corta y exhausta.

—No te atrevas —no hubo rastro de broma esta vez, Yibo tomó el rostro de su esposo con ambas manos y lo obligó a mirarlo a los ojos.

—Tranquilo, no es eso. Solo son ideas que se me vienen a la mente. Estoy divagando, no me hagas caso.

Yibo recostó su cabeza sobre el pecho de Xiao Zhan y escuchó el pausado latir de su corazón.

—Zhan Zhan.

—¿Mnh? —acariciaba su costado gentilmente.

—Cuando muera quiero ser cremado, y quiero que esparzan mis cenizas.

—¿Dónde?

—Aspen.

Xiao Zhan lo apretó contra su cuerpo.

—No se por qué me dices eso, si aún te queda mucho tiempo de vida.

—Tengo otra petición —ignoró su comentario.

—Dime.

—En mi funeral… ¿Podrías cantar para mí?

—Estás loco.

—Hablo en serio.

—No. Cambiemos de tema.

—Xiao Zhan.

El mayor suspiró derrotado.

—En ese caso… te hago la misma petición. Mis cenizas en Aspen, y… no, no te puedo pedir que cantes, pero sí te puedo pedir que el funeral no dure más de un día. No es necesario alargar tanto eso.

—Bien —besó su mejilla—. Pero se lo dices a la persona equivocada. Recuerda que me iré tras de ti apenas dejes de respirar.

—No digas tonterías.

Xiao Zhan no entendía que su esposo hablaba con nada más que la verdad.

—Tendremos que dejar nuestras peticiones por escrito, por si acaso —continuó Xiao Zhan.

—Por lo pronto cántame algo.

—¿Te duele la cabeza?

—Me está taladrando —rio un poco—. Canta para mí, Zhan Zhan.

—¿Qué quieres que te cante?

Yibo tarareó la melodía de esa canción que Xiao Zhan se sabía tan bien. Era la misma que le cantaba a sus hijos cuando no podían dormir, y esa que cantó en la boda de Yu Jie por petición de ella y su esposo.

—"Me preguntas cuánto te amo, qué tan grande es mi amor por ti. Mis sentimientos son sinceros, mi amor también lo es… la luna es el reflejo de mi corazón".

Wang Yibo soltó un suspiro de plena satisfacción. Escuchar la voz de su esposo cantándole siempre había sido un gusto difícil de explicar.

Continuará…

Solo diré que hay parte 3, la subo más tarde.

Bye bye!

05/10/24

5:30 pm