Final, parte 3 "Nosotros"
Navidad era la excusa perfecta para tener a la familia completa reunida en un mismo lugar. El punto de reunión para ese año fue la residencia Wang Xiao. Hijos, nueras, yerno, nietos, y un pequeño bisnieto estaban alegrando la existencia de los cuatro ancianos ahí presentes.
Dalong, Ayanga, Wang Yibo y Xiao Zhan estaban en la sala mirando a sus nietos y bisnieto con alegría.
—¿Quién diría que terminaríamos emparentando? —rio Ayanga antes de beber de su copa.
—La vida da muchas sorpresas —murmuró Yibo—. Hace décadas querías quitarme a mi esposo, y al no lograrlo mandaste a tu hijo a quitarme a mi princesa.
—Wang Yibo, no empieces —advirtió su esposo.
—Fue mi plan desde un inicio —respondió Ayanga.
—Por eso los convencimos de venirse a vivir a la ciudad —añadió Dalong, siguiéndole la corriente—. Queríamos que Yuyu fuese nuestra hija también.
Ayanga suspiró con completa satisfacción.
—Hablando en serio, nuestro hijo no pudo elegir mejor esposa —los miraba a la distancia, tan enamorados y cariñosos con sus propios hijos.
La vida era buena.
—¿En qué momento pasó nuestra vida? —suspiró Xiao Zhan.
Yibo lo miró de reojo, preocupado. Llevaba varios días hablando de eso, lo notaba tan nostálgico y sentimental que inevitablemente un mal presentimiento se instaló en su corazón.
—Todavía somos jóvenes, Zhan Zhan, no hay nada que no podamos hacer —lo animó Yibo.
—Extraño el sexo —murmuró Ayanga de pronto.
Los otros tres soltaron una carcajada por la repentina confesión antes de responder un "Yo también".
—¿No han usado medicamentos para… ya sabes, conseguir una erección? —inquirió Dalong.
—Por mi salud cardíaca tengo prohibido usarlos —dijo Yibo—. Y a Xiao Zhan también le negaron el uso hace no mucho.
—Vaya…
—¿Y ustedes que pretexto tienen? —inquirió Xiao Zhan.
—El mismo que ustedes.
—A parte de ancianos, impotentes… —respondió Yibo con total decepción.
Sin embargo no pasaron ni dos segundos antes de que los cuatro se echaran a reír como locos, ahogándose un poco en el proceso.
Esa noche se fueron a dormir con el estómago lleno y los corazones contentos. Nada mejor que una navidad en familia para recargar los ánimos.
Y lo más lindo de todo fue despertar al día siguiente y ver a la familia abrir sus regalos de navidad.
Yibo tenía en su regazo al integrante más joven de toda la familia, su querido bisnieto. Y en el otro extremo de la habitación estaba Xiao Zhan, observándolo con un brillo especial en sus ojos. Miró la felicidad en la expresión de Yibo, en cómo sus arrugas se acentuaban con esa gran sonrisa, y cómo a pesar de todo seguía viéndose tan guapo, con su ugly sweater que le tejió la navidad pasada, con esos anteojos tan gruesos que jamás creyó llegar a necesitar, y con ese pequeñín que intentaba arrancarle los anteojos. De pronto se sintió sumamente conmovido y lágrimas comenzaron a correr por sus mejillas.
—Hola papá.
—Yuyu —sonrió y secó sus lágrimas de inmediato—. Hola cariño.
—¿Quieres salir al jardín a tomar un poco de aire fresco?
—Me encantaría —suspiró aliviado y se levantó tembloroso y con cuidado de su silla de ruedas.
—Oh no, no es necesario que te levantes.
—Puedo caminar un poco, lo necesito —se enderezó lo suficiente para poder dar un paso, pero trastabilló al hacerlo.
—Zhan Zhan —a pesar de estar hasta el otro extremo de la sala, Wang Yibo lo miraba con preocupación mientras negaba con la cabeza.
—Estoy bien —sonrió—. Solo quiero caminar un poco.
—Pero papá, tu espalda… —fue interrumpida.
—Dame tu brazo, me sostendré de él.
No muy conforme, Yuyu aceptó y caminaron juntos bajo la atenta mirada de Yibo hasta que se perdieron por los pasillos de la casa y se sentaron en unas cómodas sillas del jardín trasero.
Xiao Zhan soltó un gran suspiro al sentir la brisa matutina acariciándole el rostro.
—¿Cómo te sientes? —se veía preocupada.
—Ya, ya, tranquila. Se preocupan demasiado por mí —sonrió con suavidad.
—Es porque te amamos y queremos tu bienestar —tomó su mano y la apretó con cariño—. Noté cómo mirabas a papá, ¿sucede algo entre ustedes?
Xiao Zhan rio.
—Oh cariño, ¿qué no ha ocurrido entre nosotros? —unas adorables arrugas se marcaban en las comisuras externas de sus ojos cada vez que sonreía.
—Lo sé —suspiró con una sonrisa—. Pero sabes a lo que me refiero. ¿Sucede algo?
—Sucede que la vida se nos escapa entre los dedos, cariño. Y no me malentiendas, tengo mucha vida por dentro, pero este cuerpo parece rehusarse a obedecerme.
Yu Jie lo miró con angustia.
—Estás cansado.
—Mucho… —admitió en un suspiro—… jamás pensé que a estas alturas sería tan notable la diferencia de edades entre tu padre y yo, pero vaya que se siente. Solo seis años nos separan, pero yo me siento de noventa mientras él todavía tiene energía y vitalidad de alguien de setenta.
Yuyu sonrió.
—¿Eso crees? Porque he escuchado a papá Bo decir lo mismo.
—¿Qué es lo que dice? —alzó una ceja.
—Que se siente de noventa años —rio.
—Patrañas. Él todavía puede levantarse de la cama sin sentir dolor.
—Papá… —acarició su cabello—…¿tus medicinas para el dolor no están funcionando?
—Hacen lo suficiente.
Debía admitir que llevaba tiempo estando de mal humor, pero en gran parte era por el dolor en su espalda que jamás se iba. Solo Yibo sabía eso, y era él quien lo cuidaba con infinito cariño y dedicación. Lo ayudaba a levantarse por las mañanas, cuidaba su andar, y le acercaba la silla sin que él se lo pidiera, pues le bastaba con ver el dolor en su rostro para saber que necesitaba sentarse.
—A veces siento que soy una carga para él —admitió de pronto.
—No digas eso, él te cuida con mucho cariño.
—Exactamente, él me cuida. Y es mi esposo, no mi enfermero. Le he dicho infinidad de veces que podríamos contratar a alguien que nos ayude y…
—Pero quiere ser él quien te cuida, ¿no es así?
—Ya sabes cómo es.
—Me parece adorable.
—No, testarudo es lo que es.
—Papá… eso es parte de un matrimonio, ¿lo recuerdas? En las buenas y en las malas, en la juventud y en la vejez.
Xiao Zhan lo pensó unos segundos y terminó aceptando que tenía razón.
—Es solo que me siento impotente por no poder cuidar yo de él.
—Tú lo has dicho, él está muy fuerte aún.
—Sí, es verdad —suspiró.
—Además, el lazo entre ustedes es tan fuerte que no puede estar apartado de ti ni cinco minutos. He notado que siempre te busca con la mirada, y si no te encuentra va hasta donde estés solo para sentirte cerca. Eso… eso es algo extraño de ver en parejas que tienen literalmente toda una vida casados. Ustedes en verdad me inspiran.
—Oh Yuyu —se conmovió, entonces escucharon la voz del susodicho acerándoseles.
—¿Ves? Te lo dije, ni cinco minutos —rio al ver a su padre acercándose con su característico andar y esa expresión llena de alegría por lo que tenía entre sus manos.
—Amor, mira lo que hicieron nuestros nietos para nosotros —con una sonrisa de oreja a oreja llegó con un par de bufandas y gorros tejidos a mano—. Son adorablemente horribles, ¿no lo crees?
Xiao Zhan y Yuyu se echaron a reír.
—Eso tiene el nombre de los hijos de Wei Yi por todas partes —rio Yuyu—. ¿Esos chicos se metieron a clases de tejido?
—Creo que sí.
—Pues diles que son pésimos, que busquen otro hobbie.
—Díselos tú, enana, de todas formas ya saben que eres la tía amargada.
—¡Claro que no!
—Por supuesto que sí.
Xiao Zhan miró la interminable discusión entre su esposo y su hija y no pudo hacer más que sonreír en paz.
—Iré un momento adentro, ¿necesitas algo?
—No, hija, estoy bien. Gracias —sonrió.
—Bien, ya vuelvo. Te quiero —besó su mejilla y se fue, dejándolo a solas con Yibo. Este se sentó junto a su esposo y entrelazó sus manos con el mismo interminable amor de toda la vida luego de ponerle el gorro y la bufanda para ir a juego.
—Zhan Zhan, creo que comí de más —se llevó una mano al estómago.
—Te dije que te alejaras de los condimentos.
—No me pude resistir.
—Y ahora sientes acidez.
—Sí…
Xiao Zhan sacó algo del bolsillo de su chamarra.
—Oh te adoro, gracias amor —tomó un par de Tums y las masticó para calmar su acidez estomacal. Xiao Zhan no padecía ningún problema del estómago, pero solía cargar con una caja de antiácidos a todas partes, pues su esposo era desobediente y siempre terminaba comiendo cosas que no debía.
—Bo Di.
El aludido lo miró con enorme sorpresa.
—Hace años que no me llamabas así, Zhan Ge —soltó una risa nerviosa.
—Te ves muy guapo hoy —sin dejar de sonreír, le acomodó el cabello detrás de una oreja.
—Lo sé, tú también cariño, pero… te noto algo triste.
—Solo es nostalgia —sonrió de lado—. ¿Me puedes dar un abrazo?
Parpadeando con más sorpresa que antes, Yibo lo atrapó entre sus brazos y le dio un cálido apretón.
—Claro que sí, amor, no tienes siquiera que pedirlo —frotó su espalda y brazo con mucho cariño.
—Estoy cansado, ¿y si vamos a dormir una siesta?
—Me parece una excelente idea, creo que necesito recostarme un rato —se frotó el estómago, su acidez incrementaba—. Ven, te ayudo —se puso de pie frente a su esposo y le sostuvo los codos para que pudiera impulsarse lo suficiente para ponerse de pie.
—Gracias —suspiró y su rostro se contrajo en una mueca de dolor.
—No, ¿sabes qué? Quédate aquí, iré por la silla.
—No.
—Pero…
—No quiero.
—Xiao Zhan, no seas necio.
—Por favor —lo miró a los ojos, suplicante. Él odiaba esa silla, odiaba cómo lo hacía sentir con siquiera verla.
—Bien —le extendió su brazo para que se sostuviera de él al caminar. A simple vista no parecían más que un par de ancianos caminando del brazo. Pocos sabían que el mayor lo que hacía era sostenerse por completo del brazo firme de su esposo.
Entraron a la casa y fueron directo a despedirse de su familia.
—Nos sentimos un poco cansados, así que tomaremos una siesta —informó Wang Yibo, un tanto apresurado por ya llevar a su esposo a la cama a descansar.
—Pero agradecemos y estamos felices de que pasaran una navidad más con nosotros. En verdad, muchas gracias —añadió Xiao Zhan.
—¡¿Les gustó nuestro obsequio?! —preguntó uno de los gemelos, hijos de Yiyi, tenían la misma edad de Yibo cuando conoció a Xiao Zhan, uno de ellos ya era papá de un recién nacido, y a pesar de ello seguían siendo un par de chicos hiperactivos y traviesos.
—Están hermosos, muchas gracias —respondió Xiao Zhan con una sonrisa amable y llena de cariño.
Yibo notó que ya necesitaba sentarse, así que comenzó a caminar lentamente hacia su habitación, pero no desaprovechó la oportunidad para hacer una seña a sus nietos con el pulgar abajo.
—Cambien de hobbie —susurró Yibo con toda la intención de que la familia entera lo escuchara. Las carcajadas no se hicieron esperar, incluso los gemelos rieron, pues ya conocían el humor de su abuelo Bo.
Al entrar a la habitación fueron directamente a la cama, Xiao Zhan soltó un quejido de dolor cuando su trasero tocó el colchón.
—Toma —de pronto Yibo ya estaba de nuevo frente a él con vaso en mano y una píldora en la otra—. Sé que no te gusta tomar esta porque te adormece, pero lo necesitas.
No se negó, necesitaba alivio urgente.
—Gracias, amor —suspiró luego de tomar el medicamento y recibir ayuda de su esposo para subir las piernas a la cama—. Me siento tan inútil —murmuró cuando Yibo lo arropaba con cariño.
—No digas tonterías —se inclinó sobre él y besó su frente—. ¿Ya olvidaste todas las veces que has cuidado de mí desde que éramos jóvenes? ¿Quieres que haga el recuento? Porque si es así te darás cuenta de que has cuidado de mí más veces de las que crees.
Xiao Zhan sonrió.
—Siempre sabes qué decir para hacerme sentir mejor —murmuró cuando Yibo se metió a la cama junto a él.
—Lo aprendí del mejor —besó sus labios y pegó su frente a la de él—. Estás helado, ¿no tienes frío?
—No, pero ven —lo buscó bajo las mantas para abrazarlo. Yibo se dejó hacer.
—Adoro que hagas eso —suspiró con satisfacción cuando sintió cómo Xiao Zhan deslizaba sus dedos por su cuero cabelludo, trazando caminos de ida y vuelta entre sus hebras platinadas.
—Lo sé…
No pasó mucho antes de que Xiao Zhan cayera rendido al sueño. Yibo se mantuvo a su lado, dándole calor y abrazándolo, hasta que alguien abrió la puerta con discreción.
—Oh, sí estás despierto —susurró Yuyu al ver a su padre aún con sus anteojos leyendo un libro mientras velaba el sueño de su esposo que permanecía abrazado a él.
—Hola, enana. ¿Todo en orden?
—Sí. Solo vengo a despedirme. Mis hermanos y yo ya nos vamos.
—¿No se quieren quedar esta noche?
—No queremos molestarlos más. Iremos todos a mi casa.
—¿Vendrán a vernos mañana?
—Por supuesto que sí —se acercó a la cama de sus padres—. ¿Cómo está él? —señaló al bello durmiente.
Yibo no pudo mantener su sonrisa. Si con alguien podía ser totalmente sincero respecto a todo además de su esposo, era Wang Yu Jie.
—Se hace el fuerte, pero su dolor ha ido en aumento. Me preocupa.
—¿Crees que sea buena idea buscar alternativas?
—¿Como el cannabis? No, tu padre se niega.
—Eso pensé —con suma delicadeza se inclinó sobre el colchón y extendió su brazo para acariciar el cabello de su padre, este estaba tan profundamente dormido que no se dio cuenta de nada—. Ya se nos ocurrirá algo.
—Estuve investigando sobre una clínica para el dolor —murmuró—. Pero ya te lo contaré mañana, vayan a casa y descansen. Gracias por estar presentes en cada navidad, es algo que nos inyecta vida a tu padre y a mí.
Yuyu se conmovió.
—Lo sé, papi.
Ambos sonrieron, en especial Yibo, pues tenía mucho de no llamarlo así. Se quitó los anteojos y dejó que su amada hija le besara la mejilla un par de veces.
—Te quiero.
—Yo también te quiero, enana.
No importaba que su hija estuviera cerca de los cincuenta años de edad, él siempre le diría "enana".
Entonces Yuyu se inclinó sobre su papá Zhan y besó su mejilla también, deseándole dulces sueños.
Luego de que Yuyu salió, comenzaron a desfilar uno a uno los integrantes de esa gran familia para despedirse de los abuelos, sin importar que uno de ellos estuviese prácticamente noqueado.
—Tenemos una hermosa familia —murmuró Yibo hacia su esposo a pesar de que este no podía escucharlo.
La madrugada llegó, Yibo terminó su libro, y cuando se dispuso a dormir, Xiao Zhan despertó.
—¿Qué hora es? —su voz salió ronca y adormilada.
—Las dos de la mañana —besó su cuello y mejilla antes de llegar a sus labios. Xiao Zhan sonrió—. ¿Cómo te sientes?
—Mucho mejor. Gracias por cuidar de mí —restregó su rostro contra él. Yibo adoraba eso—. Nuestros hijos…
—Ya se fueron a casa de Yuyu.
—Así que tenemos casa sola otra vez.
—¿Qué tienes en mente? —alzó una ceja, travieso.
—Ven aquí —lo atrajo a sus brazos y besó sus labios de una forma tan dulce y amorosa que logró causarle mariposas en el estómago a Wang Yibo.
—¿Recuerdas nuestro primer beso? —murmuró de pronto.
—¿Cuál de todos? —Xiao Zhan se echó a reír.
—Tuvimos muchos primeros besos, muchos aniversarios, varias bodas y lunas de miel —suspiro con satisfacción.
—Hemos sido muy afortunados, ¿no crees?
—Estoy seguro de ello —lo abrazó, recostándose sobre su pecho como tenía por costumbre—. Zhan Zhan.
—¿Mnh?
—Sigues siendo el amor de mi vida.
—Más te vale.
—Gracias por decidir compartir tu vida conmigo —alzó la mirada. Sus ojos se encontraron y solo pudieron sonreír. Las líneas de expresión en sus rostros podían contar tantas historias… tantas experiencias y emociones vividas desde que comenzaron hasta donde estaban hoy en día.
Pero todas esas historias no significarían nada si no se hubiesen tenido el uno al otro en ese proceso llamado vida.
Fueron hechos el uno para el otro, de eso no había duda.
—¿Por qué te pusiste sentimental tan de repente? —acarició el bonito rostro de Yibo. Ambos tenían sus ojos llorosos.
—Creo que son las fechas navideñas, me ponen sensible —rio un poco y se sorbió la nariz—. Pero… esto lo digo muy en serio, Xiao Zhan —se incorporó lo suficiente para tomarle el rostro con ambas manos y mirarlo a los ojos—. Nadie en el mundo ha llegado a conocerme como tú lo haces, nadie sabe lo que he atravesado ni lo que he sentido, nadie, excepto tú. Gracias por volver a mí, por no rendirte a pesar de que teníamos todo en contra. Gracias.
—Fuimos hechos el uno para el otro, Di Di. Ahora, después de tantos años, podemos jactarnos de que en verdad estábamos destinados a ser uno solo.
Entre lágrimas que no pudo contener, Yibo soltó una risa llena de emociones seguida de un pesado suspiro.
—Zhan Ge.
—¿Mnh? —frotó la punta de su nariz con la de Yibo.
—Di di ai ni.
Esperaba la acostumbrada respuesta en la que le sacaba la lengua, pero esa nunca llegó. En su lugar sintió un beso profundo y cargado de amor, de esos que le dejaban un hormigueo cálido en la piel y una dosis grande de serotonina.
—Yo también te amo, Wang Jie.
Se miraron mutuamente por eternos segundos, como si no hubiesen memorizado ya sus rostros a la perfección.
Yibo finalmente cerró los ojos y pegó su frente a la de Xiao Zhan.
—Por muchas navidades más a tu lado —murmuró, casi como si estuviera lanzando una plegaria al cielo.
—Por muchas vidas más a tu lado —añadió Xiao Zhan.
—Eso me gustó más —sonrió de lado y continuó dándole tiernos cariños a su esposo hasta que comenzó a caer rendido al sueño al sentir que ahora él lo rodeaba con su brazo y le acariciaba el cabello con su mano libre.
Nunca tendrían suficiente uno del otro, pasarían mil y una vidas más y siempre se buscarían en cada una de ellas.
—Buenas noches, Di Di.
—Buenas noches… Ge Ge.
Estando en el límite de la consciencia y el sueño ligero, Xiao Zhan alcanzó a escuchar que su esposo mencionaba algo. Sonrió entre sueños cuando reconoció un "Wei Ying" saliendo de sus labios. Hacía mucho que no lo llamaba así. Ese nombre era sagrado, pues de no haber sido por Lan Wangji y Wei Wuxian, ellos nunca hubiesen tenido una relación. No habrían vivido la vida que tanto habían disfrutado hasta ahora.
A la mañana siguiente Xiao Zhan despertó a la misma hora como de costumbre, sin despertador. Se estiró con pereza, sintiendo sus huesos crujir y sus músculos cansados, pero siendo abrazado aún por su amado. Correspondió el abrazo y le dio los buenos días con un beso en los labios, pero notó algo extraño.
Estaba frío.
Su cuerpo estaba rígido.
—¿Yibo? —lo movió con cuidado—. Yibo… deja de bromear y despierta ya —le tembló la voz y soltó una risa nerviosa—. Yibo… ¡Wang Yibo!
Era inútil, y él lo sabía pero no quería enfrentar la realidad.
Luego de unos minutos infructíferos, y aún dentro del shock de despertar con su esposo abrazado a él de esa forma… Xiao Zhan lo zarandeó, lo movió y le gritó hasta que la verdad lo abofeteó en la cara.
Wang Yibo había muerto.
Xiao Zhan gritó y lloró a todo pulmón. Se sentó en la cama con el cuerpo del amor de su vida entre sus brazos, aferrándose a él con desesperación.
—¡¿Por qué me abandonas?! ¡¿POR QUÉ?! —su garganta dolía, pero eso no tenía importancia cuando su corazón estaba hecho pedazos.
Quería irse con él, suplicaba al cielo que se lo llevara a él también.
—¿Por qué…? Yo soy mayor que tú… yo… tú estabas tan bien, ¿qué sucedió? —sollozó mientras se mecía con Yibo entre sus brazos—. Debí de haberme ido primero… Yibo… ¿por qué? —no lograba controlar su llanto ni su respiración.
Un par de horas más tarde llegó la familia a la residencia Wang Xiao para visitar a los abuelos una vez más y desayunar con ellos. Pero lo único que los recibió fue un extraño y frío silencio.
Su hogar podría ser muchas cosas, pero nunca silencioso teniendo como padres a Wang Yibo y Xiao Zhan que se la pasaban cantando, escuchando música o simplemente discutiendo por cualquier tontería.
Tuvieron un extraño presentimiento. Nadie los preparó para lo que estaban por ver.
Yuyu fue la primera en ir a buscar a sus padres, pues le pareció sumamente extraño no verlos tomando té en el jardín como todos los días a esa hora.
Pero cuando entró a la habitación se encontró a su papá Zhan abrazando desesperadamente a papá Bo. Supo de inmediato a lo que se estaba enfrentando desde que notó la palidez extrema en Wang Yibo y los ojos rojos e hinchados de Xiao Zhan. Este ni siquiera reparó en su presencia, estaba en un shock muy profundo. Ríos de lágrimas corrían por sus mejillas mientras miraba un punto fijo de la pared.
Con el corazón destrozado y el cuerpo tembloroso, Wang Yu Jie caminó con sigilo hasta llegar a la cama.
—Papá —puso una mano sobre el hombro de Xiao Zhan, este pegó un salto y se aferró más a su esposo—. Papi… —se llenaron los ojos de lágrimas al ver el dolor tan intenso que expresaban los ojos de su padre. No fue necesario que le dijera nada, Wang Yu Jie cayó de rodillas al suelo y soltó el grito más desgarrador que jamás nadie le había escuchado.
En cuestión de segundos los otros dos hijos ya estaban en la habitación, llorando y gritando con el mismo dolor.
¿Qué había sucedido? Si hasta hace apenas unas horas Wang Yibo estaba en perfecto estado.
Los nietos se quedaron en la sala, escuchando lo que ocurría y entendiendo que hubo una pérdida muy grande. No fue necesario acercarse a mirar, bastó con escuchar los gritos de sus padres llorando por "papá Bo".
Fue muy difícil lograr que Xiao Zhan soltara a Yibo, no permitía que nadie se le acercara.
—Papá, por favor.
—No —era apenas audible, se había quedado sin voz.
—Ya llamé al 911, vienen en camino con una ambulancia —avisó Wei Yi.
—No… no se lo llevarán.
—Papá, papi ya no está, él… ya no es él.
—¡NO!
Después de mucho trabajo de convencimiento, lograron que Xiao Zhan soltara el cuerpo de Wang Yibo para cuando los paramédicos llegaran. Cuando eso ocurrió, se lo llevaron con cuidado y gentileza en una camilla.
Xiao Zhan se quedó desolado en la misma posición, sintiendo el vacío que le dejó la ausencia de Yibo entre sus brazos. ¿Qué se suponía que haría de ahora en adelante?
A partir de ahí todo ocurría en cámara lenta para Xiao Zhan, el mundo había perdido su color, su alegría. No tenía siquiera la energía para alzar la mirada e intercambiar palabras con alguien. Él simplemente existía, y nada más.
Ese mismo día se llevó a cabo el funeral. Xiao Zhan recordó las peticiones de su esposo, así que no permitió que durara más de un día. Pero tampoco se atrevió a ir y mirar el ataúd, al menos no hasta que estuvieron a punto de llevárselo.
—Yuyu… —murmuró, señalando con la cabeza hacia cierto lugar en específico. No fue necesario explicar más. Ella empujó la silla de ruedas de su padre hasta un costado del ataúd abierto.
Con todas las fuerzas que logró reunir en ese momento, Xiao Zhan se levantó para mirar al amor de su vida una última vez. Tenía miedo de hacerlo, pensó que sería un impacto tremendo, pero al final no fue tan terrible como imaginó.
—Parece que está durmiendo —le dijo Yuyu, tratando de calmar un poco el dolor de su alma.
Xiao Zhan asintió y se recargó un poco contra la madera. Miró fijamente a su amado y extendió una mano para acariciar su mejilla.
—Nos veremos muy pronto, Wang Jie —murmuró con el dolor más grande que había sentido en su vida.
Al día siguiente les entregaron las cenizas en una bonita urna a la que Xiao Zhan se aferró con fuerza. Estaba en el jardín de su casa, sus hijos lo habían convencido de salir a tomar un poco de sol, pero no lograron que lo hiciera sin la urna, la tenía en su regazo todo el tiempo.
—Lo siento —murmuró al viento—. Sé que te prometí cantar en tu funeral, pero… no pude —casi no le salía la voz, sus cuerdas vocales seguían inflamadas—. Que cruel fuiste al pedirme eso —suspiró, pero una minúscula sonrisa apareció en su rostro al pensar que eso era algo muy típico de Yibo.
Entonces, y sorprendiendo a la familia que lo miraba de lejos aferrándose a las cenizas, Xiao Zhan comenzó a cantar con su voz rasposa y adolorida.
"The moon represents my heart" se escuchaba como un triste lamento en el jardín de esa casa.
A partir de entonces Xiao Zhan jamás volvió a ser el mismo, no consiguió sonreír de nuevo, al menos no sinceramente. Había perdido a su alma gemela, al amor de su vida.
Siempre pensó que él sería el primero en irse, pero el corazón de Yibo había decidido hacerles una última mala jugada. El médico que realizó la autopsia determinó que la muerte fue por un problema cardiaco.
—¿No saben si el paciente experimentó "acidez" antes de irse a dormir? —les había preguntado el doctor, Xiao Zhan solo fue capaz de asentir.
Resultó que ese dolor de "acidez" no era precisamente su estómago, sino su corazón avisando que en cualquier momento dejaría de funcionar. Xiao Zhan se culpó una y mil veces por no haberlo notado, de haberlo hecho todavía tendría a su esposo.
Sus hijos y nietos permanecieron más tiempo en la ciudad. Se turnaban para cuidarlo y hacerle compañía. Pero Xiao Zhan ya no tenía energía para nada, solo quería permanecer en cama. No comía, a veces no lograba conciliar el sueño, y tampoco le importaba tomar sus medicamentos.
Se estaba dejando morir.
Hasta que recordó que aún tenía una misión por cumplir: esparcir las cenizas de su esposo en Aspen. Esa había sido otra de sus peticiones. Pero sus hijos se veían renuentes, sentían que no resistiría un viaje en las condiciones en las que estaba.
Entonces comenzaron roces entre Xiao Zhan y su familia.
—No quiere comer, ya lo intenté por todos los medios pero se comporta como un niño pequeño —Lili estaba desesperada.
—Debemos tener paciencia, hermana, todos estamos sufriendo.
—Lo sé, ¡claro que lo sé! —se llenaron los ojos de lágrimas—. Si papá Bo estuviera aquí él sabría qué hacer.
Desafortunadamente no había cura para lo que Xiao Zhan tenía, la agonía de su alma solo se curaría teniendo a Yibo de nuevo con él.
—Sé que está deprimido, pero… —se pasó una mano por el cabello—…¡me lanzó la comida!
La mayor suspiró y pasó de largo. Entró a la habitación de su padre, encontrándolo sentado en su cama y mirando hacia la ventana.
—Hola, papá.
El aludido no respondió, solo su ceño se frunció más.
—Lili me dijo que no quieres comer.
No hubo respuesta.
—Estás en los huesos, papá, nos preocupas —se sentó en el borde del colchón, buscando su mirada.
—Regresen a sus casas.
—No.
—¿Sus familias no los necesitan de regreso? Ya llevan mucho tiempo aquí, váyanse.
Yuyu se desesperó.
—¿Para qué? ¿Para que te dejes morir?
Xiao Zhan no respondió.
Ante eso, ella fue por la bandeja de comida que estaba sobre una mesa y la puso en el regazo de su padre. Lo iba a hacer comer, sí o sí.
—No tiene caso —mantenía sus ojos hacia la ventana.
—Entiende, papá. No podemos llevarte a Aspen, está haciendo un frío terrible y no lo soportarías.
Xiao Zhan frunció más el ceño. Si el pudiera se iría solo, tenía una promesa por cumplir.
—Te llevaremos en primavera —le acercó el tenedor con su comida favorita con la intención de hacerlo voltear, pero para su gran sorpresa Xiao Zhan le dio un manotazo, tirando la comida al suelo.
Wang Yu Jie no podía creerlo. Su papá jamás se había comportado así. Ahora entendía la desesperación de su hermana.
—Papá, no seas tan duro con nosotros. También estamos sufriendo la perdida de papá Bo, y… —silenció cuando él al fin reunió la fuerza para mirarla.
Sintió una punzada en el pecho.
Enfrentar una mirada como la que tenía su padre en ese momento no era nada fácil. Tenía unas interminables bolsas bajo sus ojos, sus párpados estaban cansados de tanto llorar, y sus ojos… sus ojos tenían una expresión que no sabía cómo describir.
Estaban vacíos de cualquier emoción.
—Entiendo —murmuró—. Lo siento, hija —devolvió su mirada hacia la ventana una vez más.
Yu Jie recogió la comida y salió en silencio de ahí.
—Papá está peor de lo que imaginé —se reunió con sus hermanos en la cocina. Lili tomaba una taza de té y Wei Yi hacia algo en su laptop.
—Te lo dije.
—Quizás no todo está perdido —les mostró la pantalla de su portátil—. Tenemos oportunidad si nos apresuramos.
Las hermanas se miraron mutuamente y pusieron manos a la obra.
Un par de días después, cuando los hijos lograron concretar sus planes, fueron juntos a la habitación de su padre. Este pasaba la mayor parte del día durmiendo aferrado a la ropa de Yibo que aún conservaba su olor. No dejaba que nadie la tocara y mucho menos que se la llevaran.
—¿Papá? —Wei Yi le puso una mano en el hombro con gentileza para despertarlo.
El aludido abrió los ojos de inmediato.
—¿Qué sucede? —preguntó desconcertado al verlos a los tres ahí reunidos. Luego miró la bandeja que tenía Lili en sus manos y frunció totalmente el ceño—. Ya les dije que no quiero comer, no tengo hambre.
—Quizás cambies de opinión luego de ver lo que tenemos para ti.
Miró a su hijo sin ninguna emoción, ya nada lograba sorprenderlo. A menos que le dijeran que todo había sido un sueño.
Yuyu corrió las cortinas de la oscura habitación y abrió las ventanas para que se ventilara un poco.
—Conseguimos esto —Lili puso sobre su regazo un boleto de avión.
—¿Qué es? —se colocó sus anteojos y el aire se le fue de los pulmones al ver el destino. Inmediatamente lo apretó contra su pecho—. ¿Es de verdad?
—Lo es, papá —Yiyi apretó sus manos con cariño—. Pero tienes que juntar todas las energías que puedas, nos vamos mañana.
—¿Vas a comer? —inquirió Yuyu parada detrás de su hermano.
Los ojos de Xiao Zhan se abrieron enormemente y asintió.
—Gracias, muchas gracias.
La hija mayor miró la mesita de noche de su padre, ahí estaba la elegante urna con las cenizas de su papá. Quiso llorar.
—¿Estaremos haciendo lo correcto, papi? —pensó con verdadera congoja.
Xiao Zhan comió como no lo hacía desde hace semanas. Iba a hacer un muy buen clima en Aspen durante esos días, así que era la oportunidad perfecta para viajar con él sin que sufriera tanto por el frío. Temían que no soportara el viaje a pesar de estar relativamente cerca y solo harían cuatro horas de vuelo. Ellos tres y sus padres, nadie más.
—¿Estás cómodo? —le puso una manta sobre los hombros.
—Sí, estoy bien —le dedicó una suave sonrisa a su hija mayor.
—Deberíamos colocarlo en el compartimento superior —Yiyi señaló la caja de cartón bien empaquetada que traía Xiao Zhan sobre su regazo.
—No —la apretó contra su cuerpo.
—Será solo durante el despegue, papá, te la regresaré después de eso.
Solo así aceptó entregarle las cenizas de su esposo.
Nunca imaginaron que sería todo un proceso burocrático transportar en avión una urna con cenizas. Tuvieron que solicitar un permiso y acatar ciertas indicaciones, una de ellas era conseguir un buen embalaje.
Pero luego de un gran esfuerzo en conjunto, padres e hijos lograron llegar a Aspen sanos y salvos.
Las montañas tenían un manto blanco cubriéndolas, pero el frío era soportable.
Cuando al fin llegaron a la cabaña y respiraron su característico aroma, todos y cada uno se vieron azotados por una cascada de recuerdos, uno tras otro como oleadas.
Ese mismo día esparcieron las cenizas detrás de la cabaña, justo frente a la terraza desde donde se lograba apreciar el hermoso amanecer entre las montañas.
Xiao Zhan sintió una especie de liberación al hacerlo. Había cumplido su promesa y su corazón se encontraba tranquilo.
Al atardecer todos entraron a la cabaña para refugiarse del frío, encendieron la chimenea, pusieron suave música de fondo y cocinaron los tres juntos mientras su padre permanecía en la sala cerca del fuego.
Ninguno se dio cuenta del momento en el que se paró de su silla y tomó un par de grandes álbumes de fotos que tenían en uno de los libreros.
Yibo y él se habían encargado de documentar sus propias vidas desde que se conocieron, y hace muchos años él se dio la tarea de llenar esos gruesos álbumes con las imágenes en físico.
En esos álbumes había fotografías en modo cronológico desde que se cruzaron por primera vez en sus vidas. Eran fotos que imprimieron desde internet, de aquel día en el programa de Day Day Up.
—Eso se ve tan antiguo… —murmuró Yiyi asomándose desde atrás del sofá.
Xiao Zhan lo miró y sonrió.
—Lo es, hijo, lo es —palmeó el espacio libre junto a él—. Ven y mira las fotos conmigo.
El hombre rodeo el sofá y se sentó junto a su padre. Muy pronto se le unieron las otras dos. Terminaron viendo la vida de sus padres en modo cronológico desde que se conocieron. Había fotos de todo, de sus aniversarios, de sus viajes, bodas, de cuando fueron padres por primera y segunda vez.
Esos libros eran invaluables, estaban cargados de recuerdos y memorias muy hermosas.
—Estas las tomaron aquí —señaló Yuyu al reconocer el lugar. Era una selfie de sus padres en lo más alto de la montaña.
—Es de la primera vez que vinimos —sonrió con nostalgia—. Ese día obligué a tu padre a hacer senderismo sin saber que odiaba eso —rio un poco.
—¿Y estas fotos? —Yiyi señaló otras que no estaban en orden cronológico.
—Son de la segunda vez que vinimos a Aspen.
Observaron una preciosa secuencia de fotografías. En la primera estaba Yibo envuelto en una manta con Jianguo en sus brazos mirando el amanecer desde la terraza. Su perfil se veía majestuoso, serio, elegante con la mirada en el horizonte. En la segunda foto miraba hacia la cámara con la misma seriedad, y en la tercera ya caminaba hacia el fotógrafo con una amplia y hermosa sonrisa.
Xiao Zhan recordó ese momento como si hubiese sucedido ayer. Wang Yibo sonrió de esa forma porque él le había gritado un "Te amo".
—¿Ya eran novios en ese momento? —inquirió la menor, sacando a su padre de esos bellos recuerdos. Iba a responderle, pero cuando giraron la página los recibió una foto de Xiao Zhan a blanco y negro. Alguien lo había fotografiado desde arriba en la cama mientras él dormía plácidamente bocabajo y sin camisa. Su espalda tenía marcas al igual que su nuca. Era más que evidente lo que había sucedido antes de esa captura. Entonces miraron con más atención y en el margen salía el pie del fotógrafo.
Sin duda alguna era el pie de Wang Yibo.
—Creo que ya tienes tu respuesta —murmuró Yiyi.
—Por Dios —Lili se abanicó un poco porque su imaginación dio rienda suelta.
Xiao Zhan acarició esa fotografía, recordando y reviviendo.
—Papá, que guapos eran tú y papi.
El aludido le sonrió a su hija mayor y recargó la cabeza sobre su hombro.
—Afortunadamente ustedes heredaron lo mejor de los dos —extendió su mano para acariciar el rostro de Lili, tan parecido a Yibo, pero ninguno tan idéntico como Wei Yi. Este sintió la mirada de su padre sobre él y se le llenaron los ojos de lágrimas.
—Lo sé, me parezco mucho a él.
—Demasiado, cariño —ahora acarició su rostro.
—¡Qué buenas fotos! —exclamó Yuyu al darle vuelta a la página y encontrar varias fotografías profesionales de Yibo bajando por la montaña haciendo snowboarding.
—Se las tomé a su padre en ese mismo viaje.
Los hijos estaban maravillados, hasta que se toparon con un montón de Polaroids que resistían muy apenas el paso del tiempo sobre ellas. Eran de Wang Yibo y Xiao Zhan haciendo muecas y tonterías.
—Eran un par de tontos —rio Yuyu, sorbiéndose la nariz.
Xiao Zhan asintió sin borrar su sonrisa.
Tenían montañas de álbumes fotográficos en su casa de Los Ángeles gracias a que Xiao Zhan era amante de lo vintage y prefería tener todo en físico. Ahora agradecía haber sido tan necio con eso, así podía palpar con sus manos esos bellos recuerdos. Pero justamente esos álbumes de Aspen nunca antes habían sido observados por sus hijos, quizás porque en ellos había demasiado de él y Yibo como pareja. Toda su historia estaba ahí.
Terminaron de ver las fotografías, Xiao Zhan cerró el último álbum y se lo entregó a su hija mayor.
—¿Quieres cenar? Preparamos spaghetti a la boloñesa.
La sonrisa de su padre aumentó.
—Me encantaría.
Cenaron en familia una vez más, y con ánimos un poco renovados Xiao Zhan le pidió a su hijo que lo ayudara a preparar la tina, tenía ganas de un baño caliente.
—Estaré afuera con mis hermanas, llámame cuando quieras que te ayude a salir.
—Puedo salir por mi cuenta, hijo —sonrió—. Gracias —cerró los ojos y se relajó.
Mientras tanto, los tres hijos se fueron a la sala a beber una copa de vino frente a la chimenea. El último mes y medio había sido una montaña rusa de emociones muy fuertes.
—Pasado mañana es su aniversario de bodas —murmuró Lili de pronto.
—Y de noviazgo también —añadió Yuyu.
—Y San Valentín —suspiró Wei Yi—. Lo veo un poco mejor, pero me preocupa. Se desnutrió demasiado rápido en este corto tiempo.
—Lo sé.
—Y no podemos decirle "Hey, anímate. Todo va a estar bien".
—No, Yun Li, ni se te ocurra —la reprendió su hermana mayor.
Ellos fueron testigos de primera mano del gran amor que existió entre sus padres. Pero luego de ver todas esas fotografías y de escuchar las anécdotas que Xiao Zhan jamás les había contado… fueron conscientes de que el amor que ellos presenciaron era solo la punta del iceberg del verdadero romance que existió entre Wang Yibo y Xiao Zhan.
¿Cómo se atreverían a pedirle a Xiao Zhan que superara la pérdida de Wang Yibo?
Era imposible.
—Iré a ver si necesita ayuda —dijo de pronto Yiyi al ver que ya había pasado mucho tiempo y su padre aún no salía del baño.
Al entrar se asustó al no encontrarlo en la tina, pero cuando puso más atención lo halló de pie frente al espejo, peinando su cabello. Ya traía su pijama y estaba listo para ir a la cama.
—¿Cómo te sientes? ¿Quieres que traiga tu silla? —puso una mano en su espalda, sintiéndolo terriblemente delgado.
—No, en realidad estoy bien. Gracias Yiyi.
Esa noche Yuyu se escabulló a la habitación de su padre, y al ver que seguía despierto, se animó a preguntar:
—Papá.
—¿Qué pasó, cariño?
—¿Puedo dormir contigo esta noche?
La amplia sonrisa de Xiao Zhan dejó ver unos impecables dientes blancos. Su expresión no tenía precio.
—Ven —levantó el edredón a su lado. Yuyu fue y se acurrucó junto a él—. Hija, eres como un calentador —rio, pues tuvo frío hasta que ella lo abrazó. Ahora entendía cuando Yibo le decía que él era su calentador personal.
Ella solo rio y lo abrazó con cariño.
Minutos más tarde los gemelos se asomaron a la habitación principal.
—¿Hay espacio para nosotros?
—La cama es muy amplia —Xiao Zhan se sentía dichoso. No hacían eso desde que ellos eran solo unos niños.
De pequeños se amontonaban los cinco en esa cama king size, y despertaban a la mañana siguiente por el olor de los famosos french toast de Xiao Zhan y el delicioso café recién hecho de Wang Yibo.
Nuevamente amontonados en esa cama, rieron al recordar los buenos tiempos.
—Gracias por estar aquí conmigo —dijo de pronto Xiao Zhan, tratando de abrazar a sus tres hijos al mismo tiempo, lo cual era una tarea casi imposible de lograr—. Los amo mucho a los tres.
—Y nosotros a ti —Yuyu besó su mejilla y miró su expresión llena de nostalgia. Notó que volvía a ponerse triste.
—Papá —dijo de pronto Yiyi—. Sé que no hay palabras que logren aliviar el dolor de tu pérdida, tampoco te voy a decir un simple "supéralo", pero lo que sí puedo decirte con seguridad, es que papá Bo se fue de este mundo de la mejor forma posible.
Sus hermanas contenían la respiración, asombradas por las palabras sensatas de su hermano. Xiao Zhan lo miraba fijamente sin rastros de su sonrisa inicial.
—Se fue mientras dormía —continuó—. Abrazando al amor de su vida. ¿No crees que esa es la mejor forma de partir de este mundo?
Los ojos de Xiao Zhan se llenaron de lágrimas.
—Tienes razón… tienes toda la razón —por primera vez pudo ver la situación desde otra perspectiva. Soltó un suspiro tan pesado como quien resuelve el misterio más grande.
¡Pero claro que fue lo mejor! Ante el inminente hecho de la muerte, no había persona en el mundo que no deseara una muerte tan pacífica como esa.
Xiao Zhan de pronto sintió que volvía a respirar sin ese peso extra oprimiendo su pecho.
—Gracias —fue lo único que logró decir antes de caer rendido al sueño. Fue la primera vez en mucho tiempo que logró conciliar el sueño tan rápido.
A la mañana siguiente Yuyu fue la primera en despertar. Su instinto inicial al abrir los ojos fue mirar a su padre y cerciorarse de que estaba bien.
Pero entonces tuvo pánico.
Estaba tremendamente pálido, y no escuchaba su respiración.
Oh no, oh no.
Tocó su mejilla y sintió su piel fría.
—¡Papá! —lo movió con brusquedad. Sus hermanos despertaron ante el grito. Y Xiao Zhan… él abrió los ojos igualmente asustado—. Oh… gracias al cielo, gracias —se abalanzó sobre su padre—. Pensé que… —no pudo continuar.
Xiao Zhan no sabía qué sucedía, aún estaba adormilado así que solo atinó a abrazarla mientras bostezaba.
Durante el desayuno sus hermanos la reprendieron por el tremendo susto que les dio, ella se disculpó muy avergonzada y prometió tranquilizarse un poco. Después de todo veían mejoría en el estado físico y anímico de su padre.
—Mañana es nuestro último día aquí —dijo de pronto Xiao Zhan mientras bebía su té.
—¿Te gustaría quedarte un poco más?
El mayor negó.
—Pero me gustaría ver el amanecer antes de irnos —sonrió.
Y así fue.
Al día siguiente se levantó muy temprano y salió a la terraza en su silla de ruedas para recibir los primeros rayos de Sol mientras sus hijos preparaban té y café.
Xiao Zhan sacó de su bolsillo un par de audífonos inalámbricos, su teléfono celular, y reprodujo aquella canción que lo hizo compartir un momento inolvidable con su esposo.
"Saturn" de Sleeping at Last sonaba en sus audífonos cuando los primeros rayos de Sol le dieron en la cara.
Cerró sus ojos, respiró profundo y se dejó invadir por los sentimientos que el momento le producía.
No podía evitar pensar en su esposo cada segundo del día.
—Donde sea que estés, Wang Yibo, ¿me estarás esperando? —murmuró al viento.
Disfrutó de la canción hasta que esta terminó, guardó sus audífonos y observó los tonos anaranjados del amanecer reflejándose en las montañas, escuchó el trinar de las aves y sintió la brisa del amanecer acariciando su piel.
Cerró los ojos de nuevo y sonrió.
"Zhan Ge Ge"
Lo escuchó como un susurro al viento.
Sonrió más. Ya se estaba volviendo loco.
"Zhan Ge, Di Di ai ni".
Soltó una risa al viento. ¿Acaso venía a visitarlo desde el más allá en ese día tan especial para ambos?
Sacó un dije que colgaba de una fina cadena en su cuello, junto a él se encontraban dos anillos de oro blanco muy similares a los que él mismo portaba en su dedo anular izquierdo.
¡Cómo le dolía su partida!
Xiao Zhan.
Las personas suelen decir que uno no valora lo que tiene hasta que lo ve perdido. Pero… ¿Qué ocurre cuando pierdes algo aun estando totalmente consciente del infinito valor que tiene?
Yo sabía lo afortunado que era. Lo sabía cada mañana al despertar a su lado, al compartir mis mejores días con él, y mis momentos más tristes también. Yo estaba consciente de que había una en un millón de posibilidades de encontrar un amor como el que compartíamos Wang Yibo y yo. Valoraba y apreciaba incluso los momentos más inverosímiles del día a día.
Yo sabía lo que tenía, y lo perdí.
¿Acaso no era eso aún más doloroso?
Wang Yibo, Wang Yibo. Mi amor…
Siempre pensé que yo sería el primero en morir, pero te adelantaste y me dejaste atrás. Siempre tan competitivo.
Siento tu partida en cada célula de mi ser, lo siento día tras día, y duele.
Duele tanto sentir.
Quizás sea el precio por un amor tan maravilloso. Si es así, estoy dispuesto a pagarlo.
¿En verdad te volveré a ver?
Tus camisas comienzan a perder tu aroma, tu voz llamándome sigue haciendo eco en mi mente, arrastrándome a la necesidad de verte de nuevo a costa de lo que sea, incluso de mi propia vida.
Es tan difícil seguir adelante. Cada aroma me recuerda a ti, cada sonido, sensación. Cada vez que observo a nuestros hijos, a nuestros nietos… te veo en ellos y duele.
Sufro al no estar contigo, sin embargo, sabíamos que este tiempo llegaría tarde o temprano. No por nada estuvimos juntos más de cincuenta años. Cumplimos la promesa de estar juntos hasta que la muerte nos separe, pero nadie me preparó para lo que vendría después de eso.
Wang Yibo, Bo Di, Wang Jie… Zài Zài.
Te extraño.
Alzó su rostro para sentir mejor los rayos del sol sobre su pálida piel y se abrazó a sí mismo deseando que esos brazos fuesen los de su esposo.
—Feliz aniversario, mi vida —susurró antes de dar su último aliento y partir de ese mundo con una sonrisa.
Cuando volvió a abrir sus ojos se encontró a sí mismo en Aspen, en medio del bosque nevado. Sin embargo, notó que no sentía frío, su dolor físico también había desaparecido.
A unos metros de él, en la lejanía, había alguien de pie dándole la espalda y mirando el horizonte.
Lo miró de pies a cabeza hasta que reconoció esa espalda que tanto amaba, su nuca, sus brazos, su cabello.
—Yibo… —murmuró en un hilo de voz.
Se le fue el aliento cuando esa persona giró sobre sus talones y dejó ver ese porte tan elegante, hermoso e inalcanzable como siempre. Se veía tan joven, guapo y lleno de vida, que era como verlo en sus veintes una vez más.
¿Estaba soñando? ¿Se había quedado dormido en la terraza?
Entonces la voz de Yibo llamándolo se volvió más real. ¿Acaso no había sido una alucinación de su estado más senil?
—¡ZHAN GE! —agitaba sus brazos en el aire, con la sonrisa más grande que podía tener, dando saltitos para que fuera hacia él.
Xiao Zhan se congeló en su sitio un par de segundos antes de comenzar a dar largas zancadas que se convirtieron en carrera olímpica hasta estamparse contra el cuerpo de su amado, quien lo recibió con los brazos abiertos.
—¡Wang Yibo, oh Wang Yibo! —temblaba y palpaba todo el cuerpo de su amado para asegurarse de que era real.
—Aquí estoy, amor, aquí estoy —correspondió el abrazo con la misma intensidad, fundiéndose uno en el otro.
—¡Oh Yibo! —suspiró, extasiado en felicidad por verlo una vez más.
—Un mes, Zhan Zhan —rio y se separó del abrazo para mirarlo a los ojos—. Solo duraste poco más de un mes después de mi muerte.
Así que eso era: ambos estaban muertos.
—Debiste vivir más —tomó su rostro con ambas manos, apretándole las mejillas. No podía dejar de mirarlo.
—¿Para qué? Ya había vivido demasiado. ¡Y un solo mes sin ti fue insoportable! —también tomó su rostro con ambas manos. Los dos tenían la respiración acelerada.
—Por Dios, te ves tan joven —dijo Yibo antes de arrastrarlo a un beso profundo, cálido y entrañable.
Xiao Zhan sonrió en medio del beso. No podía estar más feliz.
—¿Me esperaste aquí todo este tiempo? —jadeante, Xiao Zhan pegó su frente a la de Yibo.
—No me iría sin ti —lo apretó más fuerte contra su cuerpo hasta enterrar el rostro en su cuello—. Seguramente te llevaste un gran susto al despertar —murmuró, el mayor entendió de inmediato a lo que se refería.
—Fue horrible —seguía aferrado a él, respirado su aroma.
—Lo lamento —susurró—. Mi corazón finalmente me traicionó.
Xiao Zhan asintió con su cabeza. Ya nada de eso le importaba, no si ahora podía pasar una eternidad junto a él.
—Siempre pensé que me iría yo primero.
—Yo también, eras mucho más viejo que yo —se separó del abrazo para seguir mirando ese espectacular rostro.
—Idiota —rio, secando inútilmente sus lágrimas que no dejaban de salir.
—Pero aquí estamos.
—Aquí estamos.
—¿A dónde iremos ahora? —Yibo miró a su alrededor.
—¿Eso importa? —rio—. Mientras estemos juntos qué más da —entrelazó sus dedos con los de él y lo apretó cálidamente.
Yibo asintió con una sonrisa.
—¿Crees que reencarnemos? —comenzaron a caminar por el bosque nevado, tomados de la mano.
—Quizás.
—Y si es así… —sintió miedo—. ¿Nos volveremos a encontrar en la siguiente vida?
Xiao Zhan giró su rostro para verlo a los ojos, tomó sus mejillas entre sus manos y susurró:
—En todas las que vengan —besó sus labios y se perdieron en la espesura del bosque.
"Nosotros" es lo único que queda cuando apagamos las luces antes de ir a la cama, lo que tocamos al acostarnos uno junto al otro, y lo que sentimos al escuchar el latir de nuestros corazones. Es lo que nadie puede destruir, ni las críticas, ni los perjuicios. No hay nada por lo que no podamos pasar, incluso si el cielo se cae, nuestro amor persistirá
FIN.
¡Hola, pastelitos!
Y esta historia ha llegado a su fin. Casi cinco años desde el primer capítulo hasta el punto final.
Más agradecida no puedo estar porque además de ser una excelente terapia, esta historia me hizo encontrar bellas amistades que me llevo para siempre en el corazón. Gracias infinitas por acompañarme a lo largo de estos cinco años, por estar conmigo en cada letra y cada párrafo.
Espero reencontrarnos más adelante con nuevas aventuras de estos dos mensos que tanto nos gustan. Porque esto no ha terminado por completo. Si bien no habrá una continuación, sí existirá un recopilado con pequeños (y no tan pequeños) extras del fan fic.
¡Nos seguiremos leyendo, hasta la próxima!
5 de Octubre del 2024
8:00 p.m.
