Disclaimer**:Esta historia está inspirada, en parte, en el universo de Harry Potter de J.K. Rowling. Salvo algún que otro personaje de mi invención, todos los ambientes, personajes, argumentos, hechizos y todo lo reconocible pertenece a la autora. Yo solo los tomo, los mezclo y agrego cosas.
**Aclaración**: La siguiente es una historia que habla de sufrimiento y violencia de todo tipo hacia la mujer. Sugiero discreción. Aunque este fanfic está basado en el argumento de una novela turca, el siguiente Dramione tomará su propio rumbo dentro del universo de Harry Potter.
Dato: no me gusta deformar las palabras para mostrar que una persona tiene algún acento en particular, así que no lo haré. Sin embargo, siéntete libre de leer algunos diálogos con marcado acento búlgaro.
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Incarcerous
Capítulo 3: Amortentia
Con el paso de los años, los servicios internacionales de mensajería mágica habían dado un salto importante en la velocidad de entrega. Cada mensaje sellado era trasladado ya no por una, sino por varias lechuzas que volaban de un centro de distribución a otro, haciendo que una entrega que demoraría días solo tardara un par de horas en llegar a su destino, al eliminar el tiempo de descanso de una sola ave. Y eso es lo que había sucedido con la nota que Draco había enviado a su madre desde Sofía. Tan solo 24 horas después de haberla enviado, ya se encontraba en manos de su destinataria en Wiltshire.
–Draco envía sus saludos y nos avisa que aprovechará su estadía en Sofía para hacer algo de turismo.
–Hmmm...
Fue la única respuesta que ella recibió, pues su interlocutor no estaba dispuesto a sacar sus ojos de la línea que acababa de comenzar a leer en el libro que había elegido para pasar esa tarde lluviosa en los terrenos de Malfoy Manor.
–¿Qué estás queriendo decir, Lucius?
A sus 53 años, Narcissa Malfoy aún guardaba la línea de soberbia belleza clásica que un día supo hechizar a su esposo y todavía poseía el don de leer a Lucius como si de un libro se tratase.
–Nada. Solo espero que tu hijo no llame turismo a estar siendo engatusado por alguna modelo búlgara de moral floja y cuerpo transfigurado.
Dijo finalmente, cerrando el ejemplar que minutos antes había estado disfrutando. Dickens tendría que esperar, pues su esposa lo estaba mirando con la promesa de una conversación que no sería nada corta si él no lograba evitar una discusión a tiempo.
–Sabes que no me gusta que digas eso de Draco. Él es joven y apuesto, es normal que busque divertirse. Además, hablar de la moral de una mujer no es algo digno de tu parte, Lucius.
Suspirando, Lucius se quitó las gafas de lectura y se dispuso a explicarle a su esposa cuáles eran los motivos para hablar de aquella manera sobre su hijo. Luego de la guerra, Narcissa había tomado las riendas del hogar ancestral y luchaba para que su esposo e hijo entablaran una relación más o menos normal. Ya que lo más probable es que sin ella, Draco y su padre jamás se hubieran vuelto a hablar.
–Tu hijo lleva tres años divorciado, Narcissa. En vez de buscar una nueva esposa, más adecuada que la primera, él solo va de cama en cama y sale en revistas del corazón con arribistas de falda corta y gran escote, colgadas de su brazo como si fueran puffskeins.
Con delicadeza, la esposa de Lucius masajeó su sien. Cada vez que ambos se embarcaban en una discusión acerca del estatus marital de su hijo, una fuerte jaqueca le atacaba. Ella también deseaba una nueva nuera y nietos, pero estaba más inclinada a esperar que su marido.
–¿Alguna vez vas a perdonarlo por haberse casado y luego divorciado de Astoria Greengrass? Él solo tenía veinte años cuando se unió a ella, Lucius, estaba desesperado por demostrar que podía tomar sus propias decisiones y alejarse diametralmente de cualquier elección que tú hayas podido tomar por él y esta familia. Deberías olvidarlo ya.
La úlcera de Lucius parecía estar tomando nueva intensidad ahora que su esposa volvía a traer a colación el tema de su ex nuera y las decisiones erróneas de su hijo luego de la guerra.
–Nunca estuve enojado con él, Cissy. Sabes bien que no es así. Simplemente ella no era la indicada para nuestro hijo y cuando se lo dije, él solo corrió más rápido hacia la oficina de registros matrimoniales para ponerse solo el cepo.
–Él estaba muy enamorado de esa joven, pensó que realmente era la indicada. En el fondo, sabes que nuestro hijo es igual a ti. Tú también desobedeciste a Abraxas y te casaste conmigo, a pesar de que él no me quería de nuera. No puedes reprocharle por haberse casado con ella. Más bien deberías ser empático con tu hijo, él sufrió una gran desilusión.
Contrario a la costumbre y educación de los sangre pura, Lucius chasqueó la lengua.
–Patrañas, no es lo mismo. Tú sí tenías madera para ser una señora Malfoy y no has flaqueado un solo día desde que te traje a esta casa. Incluso cuando mi padre quiso obligarte a dejarme, no lo hiciste. Ni siquiera me abandonaste en mi peor época, cuando fui un verdadero idiota y me uní a las filas del Señor Oscuro.
El brillo especial en los ojos grises de su esposo la hizo sonreír, y en un arrebato de amor juvenil, se sentó en su regazo para luego envolverlo con sus brazos, aunque no estaba dispuesta a dejar aquella charla inconclusa. Ella sabía cuánto le había dolido a Lucius el sufrimiento de Draco durante su escandaloso divorcio y cuán testarudos habían sido ambos en aquel momento, y todo por no querer mostrarse débiles el uno con el otro.
–Tú tampoco me abandonaste, incluso cuando tuve tantas dificultades para darte un heredero. Después de perder al cuarto bebé, antes de Draco… yo pensé que finalmente me dejarías, tal y como Abraxas quería que hicieras. Llegué a pensar que te divorciarías de mí para buscar una esposa que sí fuera fértil.
La voz de Narcissa se quebró al hablar de sus pérdidas y las dificultades que tuvo que atravesar para poder tener a Draco en sus brazos.
–¿Cómo lo haría? Estabas poniendo en riesgo tu vida y tu cuerpo para traer al mundo a un niño. Además, a pesar del dolor, lo seguiste intentando y me diste a Draco. A pesar de mis errores, siempre diste todo por mí, Cissy. Eso es lo que quiero para nuestro hijo. Una mujer real, no una modelo sin cerebro. Deseo una nuera que sea capaz de darle su apoyo y su consejo a Draco, que intente hacerlo un mejor hombre cada día y que no lo abandone cuando cometa errores.
Aquel momento en la biblioteca era uno de los escasos momentos en los que Lucius dejaba caer su máscara de estoicismo y abría su corazón a su esposa. Lucius Malfoy solía ser un hombre duro y carente de sentimientos frente a los demás, incluso de su propio hijo, pero en brazos de Narcissa se volvía un compañero cariñoso y bastante más romántico de lo que muchos podrían esperar.
–¿Y si la mujer indicada para Draco no fuera una sangre pura? Quizá la mujer que nuestro hijo necesita no está dentro de los cánones de la antigua y pura familia Malfoy, ¿te opondrías a cualquier mujer que no fuera lo que tú esperas?
Su úlcera parecía haber tenido crías y estas parecían estar hambrientas.
–Dejaría que se case con una elfina doméstica si ella me demuestra que ama a nuestro Draco. Luego de verlo perderse a sí mismo con esa… Greengrass, que solo deseaba acceso a su cámara de Gringotts, yo mismo lo llevaría al altar para casarse con cualquier muchacha que lo haga ser un mejor hombre de lo que yo soy o seré alguna vez…
Antes de continuar con su discurso, Lucius besó la sien de su esposa y luego tomó una de sus manos para sostenerla cerca de su corazón.
–Eres un buen hombre, Lucius. Solo que no eres perfecto, nadie es perfecto en realidad, cometiste errores, sí, pero no puedo juzgarte por ellos. Sobre todo porque ahora estás pagando por cada uno de ellos, tal y como debe ser.
Narcissa rara vez interrumpía a su marido, pero ahora que ambos estaban siendo sinceros, se vio en la necesidad de decirle lo que pensaba.
–Mi propia estupidez me dejó donde estoy hoy, Cissy. Y tarde o temprano cada pecado debe ser pagado… por eso quiero para él alguien que lo lleve por buen camino o que sea lo suficientemente fuerte para acompañarlo durante las tormentas.
No sabía cómo habían terminado hablando de aquello, pero no tenía razón para interrumpirlo y volver al tema de la nota de Draco.
–Cada día que despierto en mi cama contigo allí, a mi lado, debo agradecer el aún poder tenerte conmigo. Si no fuera por ti, en vez de pasar mis últimos años en la mansión con mi familia, los hubiera pasado en Azkaban, siendo torturado por dementores día y noche.
Un escalofrío recorrió la espalda de Narcissa, haciendo que se pegara aún más a su esposo. Luego de la guerra, ella había hecho todo lo que estuvo a su alcance para evitar que su familia fuera vilmente desmembrada para ser arrojada a la prisión.
Debía admitir que no había sido del todo ética, pero los tiempos desesperados habían requerido medidas más desesperadas aún. La necesidad de salvar a su hijo de Azkaban y a su esposo del beso del dementor la habían orillado a manipular mágica y sentimentalmente al frágil héroe de guerra, Harry Potter, hasta convencerlo de interceder por Draco y Lucius en los juicios a los mortífagos.
Algunos podrían decir que sus valores morales se habían visto comprometidos, pero ella incluso hubiera vendido su alma con tal de salvar la de su marido. Manipular a un jovencito traumatizado era el menor de los crímenes posibles.
Como resultado de su intervención, el juicio a los Malfoy había sido el más corto de todos. Y tanto Draco como Lucius apenas habían recibido un castigo por sus crímenes. Draco fue sentenciado a dos años de libertad condicional, tiempo durante el cual no debería realizar ningún conjuro oscuro y Lucius había recibido una pena de prisión domiciliaria perpetua, a diferencia de otros mortífagos del círculo íntimo que fueron condenados al beso del dementor. Si bien todavía podía realizar magia, las nuevas autoridades mágicas habían encontrado la forma de confinar a Lucius a los terrenos de Malfoy Manor, haciéndolo un recluso de por vida, pero con mejores condiciones.
Aunque hubiera preferido ir y venir a sus anchas, el patriarca Malfoy aceptó aquella sentencia que lo mantendría dentro de los 300 acres que ocupaban los terrenos ancestrales de la familia. Después de todo, la prisión domiciliaria no era tan mala como Azkaban.
–Cuando caigo en la cuenta de que yo te tengo a ti para sostenerme y amarme, aunque no sea un buen marido o siquiera un buen padre, pienso en que Draco necesita a alguien así, como tú, para él...
–Me das demasiado crédito, Lucius…
–No, yo no pude verlo hasta hace poco tiempo, pero es así. No quiero que nuestro hijo salte de una Astoria a otra…
Narcissa suspiró y, aún sentada en el regazo de su esposo, releyó la nota de su hijo por última vez antes de seguir hablando.
–Draco encontrará una mujer que lo ame con la misma intensidad que él puede hacerlo. Nuestro hijo ha vivido momentos oscuros que lo han marcado y esa muchacha lo hirió aún más, Lucius. Él solo necesita tiempo para sanar y, cuando esté listo, se embarcará nuevamente en la misión de formar su propia familia.
–Cómo la odio…
La voz se notaba pastosa debido a la cantidad excesiva de alcohol que su jefe había bebido.
–La saqué del fango, la traje a un palacio construido solo para ella y ¿qué hace? Me abandona con el primero que aparece. Sirve…
Bladimir, mano derecha de Viktor Krum, abrió la botella de Whisky de Fuego y rellenó la copa de su jefe. Él realmente no se compadecía de aquel hombre, pero no se le pagaba por opinar. Su trabajo era cumplir con las órdenes del hombre que lloraba su borrachera, quejándose en voz alta de la supuesta traición de su mujer.
–¿Sabes? Yo conocí a mi Hermione cuando ella era apenas una niña. Siempre fue muy madura para su edad y muy hermosa, pero sabía que no podría tenerla hasta que no se convirtiera en mujer. Además, su condición de sangre sucia me impedía realizar cualquier acuerdo nupcial con sus padres por adelantado. Así que tuve que esperar. Fueron años duros, pero siempre mantuve correspondencia con ella para evitar que se olvidara de mí.
Viktor vació la copa de un trago, limpió su nariz con la manga de su camisa y siguió relatando lo que él pensaba que era la mayor historia de amor del mundo mágico.
–Cuando la vi en la boda del mayor de los Weasley, supe que ella estaba lista para mí. Aquel sería su último año en Hogwarts y, al terminar, podríamos casarnos. Esa noche, bailé con ella y me preparé para comenzar a cortejarla. Sin embargo, Potter y el otro niño Weasley se la llevaron. Desaparecieron ante mis ojos.
Bladimir volvió a servir whisky para su jefe. No le interesaba particularmente su historia, pero luego de la muerte de Stefan, no se atrevería a marcharse sin el permiso explícito de Krum.
– Por todo un año la busqué. Había una guerra en Reino Unido, pero no me importó. Hermione me pertenecía y no escatimaría esfuerzos en buscarla. El Quidditch se había suspendido, así que usé aquel tiempo libre para seguir cualquier pista que pudiera acercarme a ella. Gasté casi la mitad de mi fortuna en informantes.
En su mente, Krum podía ver claramente aquel tiempo en el que su obsesión por Hermione pasaba de un amor juvenil a una peligrosa fijación. Él nunca pensaría que su acoso hacia la mujer que decía amar no era otra cosa más que un amor profundo.
– Seguí sus pasos por todo el país hasta que un informante me dijo que estaba en Hogwarts nuevamente… aproveché el caos del ataque mortífago y la rescaté en cuanto Potter y Weasley estuvieron distraídos. No permitiría que ellos volvieran a llevarse a mi Hermione.
Krum llevó a su nariz el vestido que ella había dejado abandonado sobre la cama antes de huir con Malfoy, y aspiró su olor.
– Ella estaba sucia, delgada, demacrada. Esos dos la habían mantenido viviendo a la intemperie durante todo un año y sabía que en cuanto la batalla terminara, ellos volverían a alejarla de mí. Mi pobre e ingenua Hermione iría con ellos si se lo pedían, así que tomé la decisión por ella…
Bladimir escuchaba la historia y, con cada palabra, se acercaba más a la conclusión de que su jefe había perdido la cabeza mucho antes de aquel día.
– La aturdí para que no se asustara y le di pociones para hacerla feliz mientras olvidaba toda su vida en Inglaterra. Fuimos felices, ¿sabes? Luego, los médicos dijeron que el bebé podría ser defectuoso si ella seguía tomando aquel elixir y debí suspenderlo. La abstinencia hizo que creyera cosas horribles, comenzó a comportarse de forma extraña y… se volvió loca, perdió la cordura, ahora dice no amarme. Yo la amo tanto… la perdono por no portarse bien durante los últimos años, solo quiero que vuelva, Bladimir.
Al parecer, tres botellas de Whisky de Fuego era el número correcto para desmayar la mole que era Krum. Cuando bebió el último trago, él simplemente se desplomó sobre la mesa, dejando la historia incompleta y a Bladimir solo para terminar de procesar lo que su jefe acababa de contarle.
Lago Vlasina - Serbia
El agua helada los tragó como si fuera un monstruo hambriento. La aparición conjunta había salido mal y los había arrojado directamente sobre la superficie negra en un lugar donde nadie hubiera podido verlos u oírlos caer. Los tres estaban en peligro.
Había caído en aguas profundas y heladas. Por acto reflejo, se impulsó hacia la dirección de la que había venido y, al salir a la superficie por una fracción de segundo, llenó sus pulmones de aire antes de siquiera pensar en lo que estaba sucediendo. El peso extra rodeado a su torso era un lastre del que rápidamente debía deshacerse si no quería volver a hundirse, pero algo en su mente le decía que debía sostenerlo o se lamentaría luego. Todo estaba pasando demasiado rápido.
Algo que sostenía su mano hizo que el agua volviera a succionar su cuerpo y, en el breve instante que estuvo bajo la superficie, recordó aquella vez en la que, cuando tenía cinco años, caminaba alrededor de un lago congelado y cayó al agua en una parte donde el hielo era demasiado frágil como para sostener su peso.
Cuando estaba bajo el agua, una sensación de absoluto silencio y claustrofóbico vacío se apoderó de su cuerpo antes de que el instinto de supervivencia se hiciera cargo de la situación. Debía subir, tenía que salir de allí, pero algo insistía en arrastrarlo hacia la profundidad.
El frío era muy similar al de aquella vez en el lago helado. Sin embargo, su mente le dijo que esta vez no vería las burbujas que produciría su padre al sumergirse en el agua para salvarle la vida. Esta vez estaba por su cuenta, debía subir, no había nadie más allí para ayudar.
Así que se deshizo de aquello que apresaba su mano y, al verse libre, hizo lo necesario para salir a la superficie otra vez, aunque el peso extra en su pecho seguía estorbando. Brazada, patada, el aire esperando en la superficie, su instinto de supervivencia como motivación para seguir. La esperanza de que aquel vacío desapareciera si lograba salir del agua.
Un grito rompió la quietud del bosque que rodeaba el lago, pero nadie más estaba allí para oírlo. No sabría decir si fue suyo o de ella, pero sirvió para recordarle cuál era la verdadera razón por la que estaban allí. Luchó por mantenerse a flote y la escasa luz de la luna le permitió verla. Enya aún seguía firmemente colgada de su cuello, consciente y respirando a pesar de que habían caído al agua sin previo aviso.
– ¡Mami!
Granger. Eso era, el peso que había luchado por sostenerse de su mano no era otra cosa que la madre de la pequeña bruja que con su grito le había devuelto la plena conciencia de quién era y qué sucedía.
– ¡MAMI, MAMI!
La desesperación de la niña se hizo carne en él y un instante de lucidez le hizo comprender que si no hacía algo, aquellos gritos se unirían, en sus pesadillas, a los de Granger siendo torturada por Bellatrix en Malfoy Manor.
– Enya, Enya, escúchame, necesito que te calmes. ¿Sabes nadar?
Ella solo negó, demasiado asustada como para hacer otra cosa que no fuera sostenerse o llamar a su madre. La ropa mojada de ambos y el frío hacía casi imposible el sostenerse a flote. Debían salir de allí antes de que ambos colapsaran.
Como pudo, Draco montó a la niña en su espalda y, luego de tomarse una fracción de segundo para mirar a su alrededor, braceó hasta la costa más cercana. Cargó con la niña hasta que pudo hacer pie en el fondo y la dejó en la orilla antes de invocar un casco burbuja para regresar a la profundidad del lago. Afortunadamente, la caída no había roto su varita y no la había soltado, aunque sí lo había hecho con Granger.
– Vamos, Granger, sal a la superficie de una maldita vez.
Con una última mirada hacia la superficie oscura y brillante del lago, Draco volvió a sumergirse, pero esta vez en busca de Hermione.
El impacto con el agua la tomó por sorpresa. El frío penetró en su piel como si fueran cientos de agujas inyectando hielo en sus venas y rápidamente sus pulmones comenzaron a protestar por la falta de aire. La ropa mojada, su mano rota y la conmoción por la caída la arrastraban hacia el fondo del lago. La falta de aire comenzaba a desorientarla y solo fue consciente del peligro cuando sintió cómo se soltaba de la mano de Draco.
No había aire extra en sus pulmones. No había tomado una respiración profunda antes de caer y no tenía fuerzas para subir antes de que la inconsciencia se la llevara, pero por extraño que fuera, no sentía aquel pánico que solía pensar que sentiría en aquella situación. Quizá así se sintiera morir, quizá no estaba tan mal después de todo.
Sus brazos y piernas dejaron de agitarse rápidamente. No tenía sentido entrar en pánico, se estaba resignando a la inevitable certeza de la muerte. Ella no tenía la fuerza necesaria para impulsarse hacia la superficie, pero realmente no importaba. El dolor en el pecho se iría pronto, cuando el aire en sus pulmones fuera suficientemente bajo, simplemente dejaría de sufrir. Quizá así el tormento terminaría, no recordaba el porqué, pero sabía que afuera habría más dolor que el que podía llegar a experimentar en ese instante.
Podía sentir cómo caía y, si ignoraba la necesidad de respirar, incluso podría jurar que aquella sensación era agradable. El frío no era tan malo después de todo, después de un tiempo incluso parecía volverse más cálido todo a su alrededor. El aire se estaba acabando y las burbujas ya no salían de su boca. El hielo parecía haber llegado a su corazón y ya nada dolía. Se sentía tan bien. Era como sumergirse en un sueño tranquilo, luego de beber una poción tranquilizadora. Se sentía ingrávida.
Sabía que se estaba ahogando y que no estaba haciendo demasiados esfuerzos por volver a la superficie, pero ya no tenía fuerzas. Estaba cansada, quizá fuera hora de rendirse, no tenía sentido seguir aferrada a una vida que solo consistía en tristeza y dolor. No, definitivamente morir no estaría tan mal, allí a donde fuera nadie volvería a molestarla… solo desearía haberse despedido de su bebé. Ese fue su último pensamiento antes de que la oscuridad la tragara por completo.
Su bebé. Una niña de rizos oscuros y ojos grises, capricho de la genética, le sonrió en una imagen muy realista tras sus párpados cerrados. Enya, lo único bueno que tenía en ese mundo y que Krum le permitió conservar. Su hija, una parte de su ser y su vida…
Nunca había sido bueno conjurando el casco burbuja, pero podría felicitarse a sí mismo por el trabajo tan decente que había realizado en esa ocasión. Dentro del lago, su casco le permitió respirar y ver el fondo con la misma claridad que se vería en la superficie durante una tarde soleada, y la tranquilidad del fondo le dejó encontrar a Granger justo cuando ella dejaba de luchar y dejaba caer como si estuviera quedándose dormida en un lecho de algas.
Nadar hacia ella fue más sencillo de planear que de hacer. Él llevaba muchos años sin ser un atleta y, aunque estaba en forma, haber nadado con Enya a cuestas le había quitado gran parte de su energía. Sin embargo, tenía que devolverla a la superficie. Se dijo a sí mismo que si lograba salvarla esta vez, su deuda quedaría saldada y podría olvidar el hecho de no haberla ayudado cuando su tía la torturó en su casa.
El brillo mágico que el casco burbuja le confería a cada elemento del fondo del lago, le daba a Granger un aura angelical. A pesar de que ella estaba muriendo, Draco jamás había visto una imagen más hermosa y triste a la vez. Ella no merecía acabar así, se dijo mientras redoblaba esfuerzos para alcanzarla.
Sus rizos se agitaban y estiraban a su alrededor con la corriente del lago mientras generaban un halo que resaltaba su piel marmórea. Cuando llegó hacia ella, la tomó con uno de sus brazos y sintió cómo su cuerpo se movía sin poner ningún tipo de resistencia. Parecía como si estuviera llevándose la estatua de una ninfa del agua, puesta en el fondo como tributo para los dioses antiguos.
Cuando ambos llegaron a la superficie, Draco notó con profundo terror cómo Granger no ejercía ningún tipo de esfuerzo para ayudarse a salir del lago. Ella no estaba respirando y posiblemente ni siquiera estaba viva.
Tratando de no dejarse arrastrar por el pánico, deshizo el casco burbuja y usó el aire real para respirar mientras cubría la distancia que lo separaba de la costa con Granger a cuestas.
En la orilla, Enya experimentaba el momento más tenso de su corta vida. Había visto desaparecer al señor Draco en el agua y su mamá no había vuelto a salir desde que ella misma llegó al borde con el mago que las acompañaba. Tenía frío, mucho frío, pero su miedo era aún mayor. No sabía cómo hacer magia y no tenía idea de qué haría si ninguno de los adultos volvía para ayudarla.
– ¡Mami!
Fue la primera palabra que oyó Draco de Enya cuando logró verlo arrastrando a su madre hacia una superficie plana y seca. Granger estaba inconsciente y necesitaba dejarla en un sitio seguro antes de poder comprobar si seguía con vida.
Afortunadamente, aquella madrugada era fría pero estaba completamente despejada, haciendo que la luna llena alumbrara todo con fuerza, a pesar de que a lo lejos, en el horizonte, el cielo comenzaba a aclararse.
– ¡Anapneo!
A pesar de que había ejecutado el hechizo a la perfección, nada parecía estar sucediendo.
– Vamos, Granger, no puedes haber luchado para escapar de aquel infierno solo para morir en el primer obstáculo.
– ¿Mami?
– ¡Enervate!… ¡Anapneo!… maldición, vamos, bruja, despierta… no dejes a tu hija sola. ¡Anapneo!
La desesperación comenzaba a sentirse en la voz de Draco con cada hechizo que lanzaba sin producir efectos en Hermione.
– Vamos, la Leona que conocí en Hogwarts no se dejaría vencer por un poco de agua helada. ¡Enervate!…
Esta vez, el rayo de luz roja sí pareció hacer efecto y una tos ahogada le indicó que acababa de revivir a la mujer que tenía frente a él. Un último Anapneo fue necesario para ayudarla a respirar con normalidad, antes de que un arrebato de energía involuntaria lo empujara a envolverla en sus brazos con fuerza…
– Eso es, estás viva… estás viva…
Sin saber por qué, Draco unió a la niña a ese abrazo y no las soltó hasta que el llanto de Enya lo devolvió a la realidad. Él era un intruso allí y lo mejor era alejarse mientras la confusión durara. Madre e hija necesitaban un momento a solas, así que él simplemente se puso de pie y se alejó un poco para crear un refugio entre los árboles.
Luego de secar su ropa y lanzarse un hechizo cálido, realizó un sencillo Accio para recuperar el bolso de Granger del fondo del lago. Necesitaba urgentemente descargar aquel exceso de energía que había en su sistema, así que se puso manos a la obra, transfigurando un pañuelo en la tienda más grande que pudo lograr.
También transfiguró su corbata en un mullido edredón y recuperó una lata olvidada en la orilla para crear en ella un fuego seguro que iluminara el interior de la tienda y la mantuviera cálida.
– Ejemmm, siento interrumpir, pero lo mejor es que dejen que seque sus ropas y se metan en la tienda. No tengo idea de dónde estamos y aún existe la posibilidad de que Krum dé con ustedes de un momento a otro.
Mientras él había estado ocupado creando un refugio, Hermione había atravesado un momento de extrema confusión. Al despertar, solo podía sentir el dolor en su pecho y garganta, debido a toda esa agua que había ingerido, y la culpa de no haber recordado a su hija mientras caía en la inconsciencia. Ella jamás podría perdonarse el haber pensado que morir sería sencillo, pues Enya era aún una niña y no había otro ser en el mundo que la necesitara tanto como ella lo hacía.
– Mami, tengo frío.
Eso alertó a los adultos y recordó a Draco que solo él había secado sus ropas, a la vez que disfrutaba de la calidez de un hechizo extra de calefacción.
– Ven, Enya. Deja que yo te ayude con eso.
Para ese instante, el cielo comenzaba a tornarse más claro y Draco pudo ver claramente cómo la niña se puso de pie para alejarse de su madre y corrió hacia él, no para dejarlo secar su ropa, sino para darle un beso en la mejilla acompañado de un abrazo que le robó el corazón y mojo nuevamente su ropa.
– Gracias, señor Draco. Salvaste a mi mamá. Eres mi héroe.
Dijo finalmente cuando soltó su presa y permitió que el hombre la hechizara sin palabras para quitarle el frío.
– Solo hice lo que debía hacer.
La voz de Draco se quebró al hablar, luego de juzgar a la niña lo suficientemente seca y cálida. Pues aquel sentimiento en su pecho era mucho más difícil de soportar que la falta de aire por estar sumergido en el lago.
– Ahora ve a la tienda. Ayudaré a tu madre.
– Perdí mi muñeca…
Fue la única respuesta que recibió. Pues, si bien la niña lo había oído, recordó en ese instante a su muñeca. Cabizbaja, Enya caminó al refugio y desde allí observó a su madre y al señor Draco, mientras intentaba no llorar la pérdida de su única amiga.
– Granger, deja que seque tu ropa.
– Gracias por salvarnos…
– No tienes que agradecer. Fue mi culpa el haber caído aquí, en primer lugar. Supongo que el cuadro de la sala del departamento era bastante más viejo de lo que pensaba y este lago no estaba aquí cuando fue pintado.
Draco había usado una pintura como imagen mental para intentar la aparición conjunta que los alejó de Krum, pero no había tenido en cuenta que los muggles, con sus maquinarias, podían modificar los paisajes a su gusto y sin previo aviso.
– Salvaste mi vida. Yo debí nadar, debí salir del agua…
Mientras lanzaba un hechizo no verbal de secado tras otro, Draco pensó en confesar que había soltado su mano en el agua, pero se dio cuenta de que Granger necesitaba más la oportunidad de hablar que él.
– Pensé que morir sería más sencillo, olvidé por completo a Enya. Casi dejé que mi bebé muriera. Ella me dijo que tú la trajiste a la orilla antes de regresar para buscarme. Nunca voy a poder pagar esa deuda.
– Solo hice lo que debía hacer, Granger. Tú también deberías ir al refugio. Está amaneciendo…
– Gracias de nuevo.
Él quería decirle que ambos estarían a mano si ella podía perdonarlo por no haberla ayudado mientras Bellatrix la torturaba en el piso de la mansión, pero se contuvo. Había tenido demasiadas emociones por esa noche y amanecer, lo mejor para él era guardar silencio.
– Ve a la tienda, buscaré la muñeca de Enya.
En silencio, Hermione caminó hacia donde podía ver sentada a su hija y se inclinó para entrar en el refugio que Malfoy había creado. La tienda era blanca, apenas tenía un metro y medio de ancho y alto, pero le pareció el sitio más acogedor del mundo, pues un fuego azulino caldeaba el ambiente.
En silencio y con gratitud por el hecho de estar vivas gracias a Malfoy, madre e hija se abrazaron bajo la caliente manta negra que su salvador había creado y se quedaron profundamente dormidas.
Ya había amanecido por completo cuando una pequeña muñeca de tela salió del lago y cayó a sus pies hecha un lío de rizos de lana, tela de colores y lodo. Estaba exhausto, pero ver el juguete hizo que un nuevo sentimiento de orgullo creciera en su pecho.
Un Malfoy jamás era considerado como un héroe; generalmente, ellos eran villanos o sus lacayos. Jamás salvaban el día y nunca serían considerados buenos hombres por nadie, pero Enya, la dueña de aquella muñeca, lo había llamado héroe y eso hizo que él se sintiera realmente bien. Algo en él estaba cambiando y, aunque no supo realmente qué era, decidió que en general la sensación le gustaba.
Luego de lanzar unos cuantos hechizos de protección, repelentes de muggles y antiaparición en el perímetro de la tienda, Draco agregó un par de hechizos oscuros de su propia cosecha que lo mantendrían a salvo hasta que pudieran ponerse en marcha nuevamente. Se tomaría un tiempo fuera descansando en la tienda y luego averiguaría dónde estaban y cómo salir de aquel lugar.
Después de huir de Krum y la tensión de haber tenido que evitar morir ahogado, necesitaba con urgencia un cuartel para descansar. Había realizado magia demasiado potente para su gusto y sabía que no podía agotarse si quería seguir con vida.
Con cuidado de no despertar a la niña y a su madre, se arrastró en el espacio libre de la tienda y se cubrió con una porción de corbata transfigurada en manta. Necesitaba dormir para recuperarse, pero más que nada, necesitaba tomarse un momento para procesar todo aquello que estaba viviendo. Pues hasta ese instante, una sola certeza lo acompañaba: el padre de Enya iría tras él y lo mataría en cuanto estuviera a su alcance.
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N.a: Hola a todos/as, perdón por la demora. Estoy realmente apenada por haberlos hecho esperar tanto por este capítulo, pero el trabajo y la vida real me mantuvieron alejada de la computadora por más tiempo del que esperé y no pude publicar a tiempo. Espero que les hayan gustado estas tres escenas y que de a poco vayan viendo cómo algunas piezas de la historia van tomando su lugar. Sin más, me despido por ahora. ¡HASTA LA PRÓXIMA!
