Disclaimer:Esta historia está inspirada, en parte, en el universo de Harry Potter de J.K. Rowling. Salvo algún que otro personaje de mi invención, todos los ambientes, personajes, argumentos, hechizos y todo lo reconocible pertenece a la autora. Yo solo los tomo, los mezclo y agrego cosas.
Aclaración: La siguiente es una historia que habla de sufrimiento y violencia de todo tipo hacia la mujer. Sugiero discreción. Aunque este fanfic está basado en el argumento de una novela turca, el siguiente Dramione tomará su propio rumbo dentro del universo de Harry Potter.
Dato: no me gusta deformar las palabras para mostrar que una persona tiene algún acento en particular, así que no lo haré. Sin embargo, siéntete libre de leer algunos diálogos con marcado acento búlgaro.
Capítulo 5: Expecto Patronum
Vlasina Okruglica, Serbia - 4 de mayo
Cuando sus hombres finalmente consiguieron el traslador, ya estaba amaneciendo. Su contacto en el ministerio serbio había demorado aproximadamente dos horas en fraguar el papeleo necesario para expedir los trasladores de emergencia y aproximadamente una hora más para sacarlos del edificio sin que ninguna autoridad se diera cuenta de su visita en medio de la noche.
En concreto, su contacto había conseguido cuatro trasladores: uno internacional y tres para que se movieran en la búsqueda de Draco. Con la intención de pasar lo más desapercibidos posible, Theodore tenía en mente que solo Blaise y él se movieran con los trasladores locales, mientras que el internacional solo estaba destinado a tres pasajeros. Gaius y sus hombres se moverían por tierra, en escobas.
Cuando llegaron a las afueras de la casa de los ancianos que habían ayudado a Draco, Blaise se lanzó a la carrera para despertar a los viejos y pedirles indicaciones de dónde estaba su amigo, pero Theodore reaccionó a tiempo para impedirlo. Si Draco estaba en peligro, exponerlo por un mal movimiento sería más peligroso que dejarlo solo. Si algo sabía Theo de su amigo, era que sabía mantenerse oculto, como toda serpiente.
Solo cuando notaron movimientos en la casa se acercaron a ella, tratando de lucir lo más inocentes posible. Aunque, pensándolo bien, dos hombres con impolutos trajes negros hechos a medida parecían todo menos inocentes.
Solo después de un imperio susurrado, Theo consiguió que el anciano bajara la escopeta de doble caño con la que los había apuntado nada más verlos. La anciana, por otra parte, fue bastante menos hostil que su esposo, pero por alguna razón se negó sistemáticamente a decirles algo de Draco y las mujeres que lo acompañaban. Ella parecía estar aferrada a la idea de que ellos intentarían dañarlas de alguna manera.
Mientras el anciano se retiraba de la casa para alimentar el ganado, su esposa se decidió a sacar a los extraños de su casa lo más pronto posible, pues ellos habían asustado tanto a su Goran, que ahora actuaba de forma errática. Por cortesía, y luego de que el moreno se lo solicitara amablemente, les sirvió un poco de kafa para que lo bebieran junto a algunas galletas y se fueran lo más rápido posible. Ella sabía que haber recibido a ese matrimonio extraño les traería problemas y no se había equivocado ni un poco.
– Iskra, querida. He probado el café de los mejores lugares del mundo, pero tu kafa es la mejor.
Haciendo alardes de sus dotes para convencer al sexo femenino, Blaise se puso de pie y caminó hacia la anciana, que era cerca de treinta centímetros más baja que él, y tomó sus manos para agradecerle su hospitalidad, a la vez que la forzaba a mirarlo a los ojos.
– Definitivamente debería practicar más seguido mi legeremancia. La vieja apenas posee defensas en su mente y aun así solo me permite ver sus recuerdos de forma difusa.
– Quizá solo esté comenzando a experimentar demencia. No aceleres su enfermedad, Zabini. Obtén lo que necesitas y vámonos de aquí antes de que alguien más nos note.
Blaise se concentró rápidamente y buscó en la mente de la anciana hasta dar con una cabellera rubia platino. Los recuerdos sobre él y la mujer que lo acompañaba eran tan turbios que pensó que estaba viendo a través del agua. Solo al momento de partir notaría que no se debía a la demencia en la anciana, sino a su escasa visión.
– Bien, ellos van a Belgrado. El viejo les dio su mapa de la antigua Yugoslavia. Realmente no son dos mujeres quienes lo acompañan. Es una morena de curvas generosas y una niña pequeña.
– ¿Podrías dejar de babear por cualquier mujer que ves? —dijo Theodore mientras hacía desaparecer las pruebas de su presencia allí. Hizo regresar al anciano y lo obligó a recostarse en su cama junto a su esposa inconsciente. Ellos obliviarían a la pareja y cuando despertaran, el día reiniciaría para los ancianos sin ningún tipo de suceso mágico en él.
– Me ofendes, Theo. Mi querida Iskra apenas ha movido mis marcadores de libido, a pesar de que sus enaguas resultan bastante sugerentes. Goran es un tipo con suerte…
– Por Merlín, ¿cuántos años tienen? ¿Noventa?
– Ya sabes lo que dicen, cuanto más arrugada la pasa, más dulce la fruta…
– Eres un cerdo… ¡Accio sello de la casa Malfoy!
El anillo de Draco voló desde un cajón hacia la mano de Theo y este lo guardó con celo en su bolsillo. Él era, quizá, el más antiguo y entrañable amigo de Draco y sabía cuánto quería aquella joya, no solo por su valor monetario, sino por lo que representaba para su familia.
– Oye, Theo, ¿a qué distancia puede viajar un patronus?
Mientras estudiaban en Ilvermorny, había sido Theo quien destacó en sus clases de encantamientos, mientras que Blaise había refinado sus artes de seducción con las jóvenes brujas norteamericanas. Sin embargo, Blaise siempre había tenido un talento especial para resolver problemas que en ningún pergamino ni libro antiguo se podía estudiar.
– Según algunos autores puede llegar a recorrer unos buenos quinientos kilómetros. ¿Por qué?
– Hace poco oí que en el libro sobre la segunda guerra mágica se menciona que la Orden del Fénix se comunicaba mediante patronus. ¿No crees que sería más sencillo enviar un patronus a Draco y esperarlo aquí hasta que regrese?
– Lo sería, pero, ¿qué haremos con nuestros anfitriones?
Blaise dio una vuelta por la pequeña cabaña y observó los retratos de la sala hasta que dio con uno que parecía interesante. Allí se podía ver a Goran e Iskra sentados en sillones junto a seis parejas de al menos cincuenta años, rodeados de jóvenes y niños. Seguramente aquellos eran sus hijos y nietos, y al menos uno de ellos podría estar disponible para recibirlos mientras él y Theo usaran la cabaña como base para esperar a Draco.
– Les daremos la idea de ir a visitar a sus hijos por un par de días. Eso los mantendrá alejados de la cabaña y no tendremos que estar friendo sus mentes cada vez que decidamos que saben más de lo necesario.
A pesar de que el plan no era tan sencillo de ejecutar como Blaise proponía, Theodore accedió a implantar la idea del viaje en los ancianos. Luego ellos deberían desilusionarse en la habitación y esperar a que los muggles se fueran del lugar para poder continuar con la segunda parte de su no tan perfecto plan.
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Niš, Serbia - 4 de mayo
Luego de seis apariciones, apenas habían avanzado ciento veinte de los trescientos cincuenta kilómetros que deberían recorrer hasta la ciudad capital de Serbia, pero Draco necesitaba descansar antes de seguir usando su magia para las apariciones conjuntas. Quizá, si él estuviera solo, podría ir más lejos cada vez, pero cargándolas a ella y a Enya se le hacía más difícil cada vez que intentaba ir más allá.
Luego del almuerzo tardío en casa de los ancianos, los tres habían recorrido nuevamente el camino hacia los bosques que rodeaban el lago en el que habían caído durante la madrugada. Draco intentaría hacer apariciones seguras y quería un tiempo para trazar un plan antes de comenzar el peligroso viaje.
Una vez dentro del bosque, Draco montó nuevamente el campamento y se tomó cerca de dos horas antes de decidir cuáles eran los sitios que tenían más probabilidades de seguir siendo aislados y tranquilos pueblos muggles. Él insistía en evitar aquellos que ya fueran ciudades para la época en la que existía Yugoslavia, porque allí habría más posibilidades de encontrar personas demasiado atentas a la aparición repentina de dos hechiceros adultos y una niña.
Según sus cálculos, debía ser un poco más de las diez de la noche cuando Draco anunció que necesitaba un tiempo fuera. Él jamás había hecho tanto esfuerzo mágico y debía tener precaución si no quería agotarse.
Si bien la magia era un don que los acompañaba desde el nacimiento, esta debía ejercitarse asiduamente para lograr hazañas mayores a las que realizaban los magos comunes en su día a día. De la misma manera que un muggle promedio no podía levantarse un día y decidir que participaría del Tour de France sin saber siquiera andar en bicicleta, un mago civil no podía proponerse cruzar Europa a base de apariciones sin una preparación adecuada.
Recordaba haber leído alguna vez, en otra vida, que no era común que un mago o bruja esforzara su cuerpo al punto de perder el control de su magia, pero que existían casos documentados. Incluso durante una guerra, solo el empuje extra de la adrenalina y el instinto de supervivencia solía ser la diferencia entre la vida y la muerte de un mago durante un duelo largo. Aunque lo más probable era que un mago no experimentado o entrenado cayera durante una batalla antes de sentir los primeros síntomas de agotamiento, no eran poco habituales las bajas por colapso.
Sin embargo, era un hecho que cuando los hechiceros ordinarios se encontraban sometidos a grandes niveles de estrés y debían realizar más encantamientos de los que realizaban en su vida cotidiana, estos caerían en cama mucho antes de agotarse completamente.
Fiebre alta, dolor generalizado en el cuerpo y pérdida de efectividad en la ejecución de hechizos eran los primeros signos de cansancio, y Hermione no tenía que ser una medimaga experta para darse cuenta de que Draco se encontraba peligrosamente cerca de contraer esos síntomas.
Salvo por aquella aparición en la que cayeron al lago por error, Draco solía realizar perfectos aterrizajes que los depositaban a los tres de manera suave y cómoda en el destino elegido. Sin embargo, en el último tramo, él había trastabillado al final y habían acabado todos dándose un fuerte golpe que les había quitado el aire por un largo instante.
Luego de que el dolor por el golpe remitió lo suficiente, Draco se había disculpado y comenzado a montar nuevamente el campamento en un parque muggle cercano al centro del pueblo. Ellos habían llegado a ese sitio porque no habían encontrado más lugares con denso follaje que les permitiera aparecer sin ser vistos y porque, claramente, él estaba pensando en encontrar un lugar adecuado para descansar.
Luego de transformar su pañuelo nuevamente en una tienda, Draco había invocado una pequeña esfera de luz para que los habitantes del refugio pudieran ver mientras cenaban el pan y el queso que la anciana les había regalado más temprano ese día.
– Mami, tengo sed…
Hermione también tenía sed, pues el queso y el pan tenían algo más de sal que lo adecuado, pero sin magia o provisiones adecuadas le era imposible acceder al pedido de su hija. Ella hubiera querido encargarse por sí sola, pero era evidente que no tenía armas suficientes para cubrir las necesidades de la niña.
Aunque Enya había hecho lo posible para ser la menor carga posible, aun planteaba grandes desafíos a su madre y a Draco. Ella seguía siendo una niña pequeña que salía por primera vez de los confines de la mansión de su padre y no estaba acostumbrada a la sed, el hambre o siquiera el sol del mediodía.
– Creo haber visto bellotas fuera de la tienda. Yo podría transfigurar sus capuchones en vasos… –ante la aparente pasividad de la bruja, Draco agregó–: Puedes buscarlas, Granger, espabila, luego un Aguamenti será suficiente… No dejaré que la niña muera de sed, ni la mandaré allí afuera a que busque las bellotas. Y por supuesto que yo no iré, no soy tu elfo.
La bruja salió de su estupefacción en cuanto oyó la orden de Malfoy. Su mente parecía haber perdido toda su agudeza de antaño y con cada desafío del camino creía estar a punto de colapsar. Afortunadamente, el miedo y su entumecimiento aún podían ceder frente al desdén en las palabras de Draco, y por momentos volvía a ser un poco ella misma.
A cuatro patas, se deslizó por la pequeña entrada de la tienda, sin decir nada, pues era obvio que Malfoy tenía razón, aunque le hirviera la sangre cada vez que él usaba un tono displicente con ella.
Desde que salieron de Sofía, él había visto muchas versiones de aquella mujer y ninguna de ellas terminaba de gustarle. No lo admitiría ni bajo veritaserum, pero para ese momento él comenzaba a echar de menos a la idea que tuvo alguna vez de lo que Granger era. No sentía fuego en ella, salvo por algunos chispazos de ingenio que solían verse en sus ojos cada cierto tiempo; tampoco respondía a sus pullas, ni le plantaba cara para discutir cualquier decisión que ellos debieran tomar.
Antes de enviarla a buscar las bellotas, sus ojos parecían muertos y su halo de temor y tristeza incluso lo estaba afectando. ¿Sería posible que Krum hubiera destruido completamente a la brillante leona de Gryffindor? ¿Volvería alguna vez o estaba presa bajo tantas capas de cicatrices que nunca volvería a aflorar?
Estaba siendo un completo hipócrita. Cuando era un crío se rió de que fuera petrificada, la insultó de tantas formas por ser quien era que ella terminó golpeándolo cuando tuvo suficiente de su idiotez. Irónicamente, él despreció alguna vez a la bruja que ahora deseaba volver a ver con desesperación. Supo gritar a viva voz que alguien como Granger no merecía existir y sin embargo ahora tenía miedo de que Krum hubiera cumplido sus antiguos deseos.
– Princesa, ayudaré a tu madre a buscar las bellotas. No salgas de la tienda, ¿sí? Debes cuidar el fuerte y a Rowena mientras nosotros traemos algo para poder beber.
– ¿Estás enojado?
– No, princesa. Solo le ofreceré ayuda, tú debes quedarte aquí…
Aunque el señor Draco había usado un tono dulce para hablarle, él había salido de la tienda con la misma seriedad que su padre solía tener cada vez que su madre lo desobedecía. Enya deseó salir tras ellos e intentar proteger a su madre, pero no lo hizo. Su mamá probablemente se enojaría con ella si no obedecía las órdenes del señor Malfoy. Así que se recostó entre las mantas junto a Rowena y deseó que todo estuviera bien hasta quedarse dormida, aún sin haber cenado.
– Granger…
– ¡Por Merlín!
Ella no había estado atenta mientras buscaba bellotas cuyos capuchones no tuvieran grietas y la voz de Malfoy la sobresaltó, sacándola de sus profundos pensamientos pesimistas.
– Muffliato.
Consciente de que tanto muggles como Enya podrían oírlos, Draco lanzó un hechizo entorno a ambos con la intención de ocultar sus voces de oídos no indicados.
– ¿Qué carajos te pasa? ¿Acaso planeas ser declarada la madre más negligente de toda Europa?
– Malfoy…
– Maalfooy… –Replicó en una burlesca imitación de la voz temerosa de Granger–. Ya deja de ser una completa inútil, Granger. Me das asco, me arrastraste a tu juego del gato y el ratón, y no haces otra cosa que no sea lloriquear. ¿Por qué sacaste a tu hija de su hogar si no tienes lo que se necesita para cuidarla? ¿En qué pensabas? Maldita sea.
Mientras oía las palabras de Draco, las lágrimas volvieron a picar en sus ojos. La impotencia y la rabia contenida luchaban en su pecho y no sabía cómo actuar. Quería decirle que no era cierto, pero en su interior sabía que Malfoy no se equivocaba.
– No digas eso, no sabes lo que sucedía allí, Krum…
Le gritó cuando finalmente encontró su voz.
– Por Merlín, Granger, deja de poner como excusa lo que sea que te haya pasado. Dé
jalo atrás mientras huyes. Decidiste escapar, pero solo lloras desde que saliste. Has pintado una diana en mi frente y estás exponiendo a la niña con tu pasividad. Si extrañas tanto a Krum, vuelve con él arrastrándote como una ramera y ahórrame todo este suplicio...
La bofetada hubiera hecho eco en el parque si no fuera por la previsión de Draco de haber lanzado el Muffliato antes de provocar a Hermione.
– ¿Quién crees que eres?
– Soy el maldito idiota que está arriesgando su pellejo desde que subiste a su automóvil. Soy quien está salvando tu trasero a cada paso, mientras tú pareces empeñada en morir. ¿Qué te pasa? ¿Extrañas a tu maridito o solo funcionas a base de golpes? ¿Necesitas una tunda para no ponernos a todos en peligro o quieres algo más? No es mi estilo, pero yo podría llevarte por la fuerza tras aquellos árboles y mostrarte lo que es un hombre; capaz necesitas algo de esto…
A pesar de que había sido educado por su madre para respetar a las mujeres, Draco estaba siendo un completo bastardo con Hermione y olvidándose de todos los modales puso una de sus manos sobre su entrepierna para hacer un gesto obsceno tocando su miembro por sobre los pantalones. Aparentemente, comportarse como un idiota le era mucho más sencillo de lo que pensaba.
– ¿Es esto lo que necesitas?
Como si fuera una presa que acababa de romperse, todos los años de ira y horror comenzaron a salir del corazón de Hermione, haciendo que saltara hacia Draco para golpearlo con todas sus fuerzas, aunque su mano aún estuviera herida.
– Maldito, maldito, maldito seas.
Si bien él no era tan atlético o grande, su tamaño fue suficiente para rodear con sus brazos a Hermione e inmovilizarla para evitar la mayor cantidad de golpes. Aunque podría jurar que ella le había aflojado un par de sus dientes cuando le golpeó la mandíbula con su cabeza.
– Sácalo, sácalo y vuelve, Enya te necesita.
Susurró en su oído mientras ella gritaba a todo pulmón y golpeaba con furia su pecho, intentando soltarse de su agarre. Él seguramente tendría más de un moretón cuando ella se rindiera, pero si los tres iban a sobrevivir a aquella travesía, Granger debía soltar su miedo antes de seguir.
– Suéltame, te odio, suéltame. ¡Arruinaste mi vida! ¡Destruiste todo lo que amaba!
– Eso es. ¿Quieres hacerme daño? No puedes, no puedes. Eres una sangresucia inmunda, eres mía... Tu hija es mía, me pertenecen, haré lo que quiera con ambas… Tomaré de ti lo que desee, no puedes hacer nada para evitarlo…
Por un momento Hermione había olvidado que se enfrentaba a Draco y había comenzado a devolver golpe por golpe al hombre que la había lastimado, aunque este no estuviera realmente allí, y él comenzó a alentarla usando palabras que su verdadero victimario debió usar alguna vez.
Ninguno lo notó, pero las explosiones de magia involuntaria de la bruja habían comenzado a llenar de estática el aire alrededor de ambos y algunas farolas muggles del parque habían estallado en mil pedazos que cayeron sobre ellos como copos de nieve. La magia de Hermione, antes dormida, parecía estar despertando al fin en su sangre y era a causa de su ira que comenzaba a manifestarse.
Cuando finalmente las fuerzas de ella cedieron, ambos habían caído al suelo, de rodillas, y Hermione había dejado de golpearlo, aunque seguía llorando y gritando entre los brazos de Draco, con todo el dolor que aún guardaba y Viktor Krum le había provocado.
– Eso es, déjalo ir.
– Mi bebé…
Esa fue la primera palabra coherente que Draco pudo oír de Granger luego de más de media hora de insultos y golpes gratuitos destinados a él ya que el verdadero receptor afortunadamente no estaba allí.
– Está esperándonos en la tienda. Debes recuperarte, te necesita. No puedes abandonarla.
El susurro de Draco se coló en la nube de angustia que estaba experimentando y la gran tormenta de su pecho de a poco comenzó a ceder, como si lo peor del huracán de emociones hubiera pasado y ahora solo quedara la destrucción; el momento de reconstruirse estaba llegando.
– Enya…
Creyendo que ella hablaba de la niña, Draco la obligó a ponerse de pie y volvió a vendar su mano herida mientras ella terminaba de calmarse entre sollozos.
– Sí, Enya. Ella debe estar preocupada. ¿Crees que puedas volver?
Temblando como si fuera una pequeña hoja en el más violento viento, Hermione tomó varias respiraciones hondas antes de mirar a Draco a los ojos y agradecerle lo que acababa de hacer por ella.
– Gracias.
– No sé si decir de nada sea lo más indicado.
– Me ayudaste.
– Lo hago por la niña. Ella tiene un padre horrible, no puede tener una madre débil también. Necesita alguien que la proteja.
Luego de todos aquellos golpes, lágrimas, gritos e insultos, el abrazo que Hermione le dio lo tomó verdaderamente por sorpresa. Tanto que ella casi estaba por soltarlo cuando finalmente él le correspondió apoyando sus manos en su espalda. Jamás hubiera esperado que algo así sucediera, y aun cuando sentía cierta culpa por las cosas que le había dicho hace un momento, pudo comprender que sus acciones no habían sido en vano.
Los brazos de Hermione le habían rodeado el cuello de un momento a otro y el rostro de ella encajó perfectamente contra su mejilla. Incluso sus manos habían encontrado el punto exacto donde debían descansar para no ser indecoroso con la mujer. Aquel abrazo pareció durar mil años aunque solo fueron unos instantes.
Para cuando ambos regresaron a la tienda, Enya estaba profundamente dormida y decidieron que no la despertarían. Hermione sentía que sus ojos se cerraban debido a la tormenta de emociones que había atravesado y Draco necesitaba un momento con su mente para analizar lo que había sentido cuando Granger lo abrazó como si fuera realmente alguien preciado para ella.
De los tres habitantes del refugio, solo la niña durmió bien. Ella había caído en la inconsciencia sabiendo en su corazón que Draco no buscaba dañar a su madre y que pronto, muy pronto, las dos estarían a salvo. Durmió el sueño de los niños inocentes, sin pesadillas, sabiéndose protegida por un príncipe dragón y amada por la leona que él acababa de hacer volver a la vida.
En cambio, el sueño de los adultos fue intranquilo, plagado de pesadillas que a más de uno le helarían la sangre en las venas. El monstruo que los perseguía en la vigilia había alcanzado sus sueños, y ahora ninguno sabía si estaban en la pesadilla de uno o en el recuerdo de la otra.
La habitación era blanca, aséptica, como si fuera una de las antiguas salas de San Mungo. La joven embarazada dormía un sueño intranquilo, el sudor cubría su frente, pegando sus cabellos a las mejillas hundidas por la pérdida de peso. Brazos y piernas finas estaban atados a los barrotes de la cama, y su abdomen hinchado dominaba un cuerpo quizá demasiado roto para cargar una nueva vida.
Una contracción despertó a la mujer durmiente, y Draco sintió la necesidad de ir hacia ella para socorrerla, pero parecía estar pegado al suelo con celo mágico.
No importó cuánto intentó llegar hasta ella, no pudo hacerlo. La oyó gritar y removerse por horas en aquella cama, mientras él observaba, inútil, cómo la blanca sábana bajo ella y el fino camisón se teñían de rojo.
Nadie vino en su ayuda, y la sangrienta rosa bajo su cuerpo creció y creció ante sus ojos, mientras él no podía hacer nada. Ella no lo veía, él no podía hablar y mucho menos moverse. Parecía estar tan atado como ella lo estaba, aunque él sí parecía estar ileso.
El crujido de su muñeca se oyó en toda la habitación, pero ella no emitió ningún quejido a causa de ese dolor. Draco había sido herido alguna vez y solo podía imaginar cuánto estaba sufriendo ella como para ignorar su muñeca dislocada para luchar contra la atadura y liberar una mano a tiempo para ayudarse a recoger al niño que salía en ese instante de su interior.
Draco jamás había visto un nacimiento, ni siquiera en libros, pues aquellos misterios solo estaban reservados para la mujer; sin embargo, estaba seguro de que bajo ninguna circunstancia aquel acontecimiento podría ser tan triste como el que estaba presenciando.
Sus piernas aún estaban atadas, igual que una de sus manos, pero con la mano libre le bastó. Aunque sus dedos se miraban en direcciones extrañas, ella se las arregló para atraer a su niño hacia su pecho, esperando verlo y oírlo llorar, pero algo estaba mal, terriblemente mal…
– ¿Mami?
Las palabras dulces de Enya despertaron a ambos durmientes casi al unísono. Como si la voz de la niña los hubiera sacado a ambos de aquella pesadilla, de la misma forma que un patronus aleja el peligro inminente de un ataque de dementor.
Cuando las nieblas del sueño se disiparon, Draco se arrastró con urgencia hacia el exterior de la tienda y vomitó la bilis que subió a su garganta al recordar aquella extraña pesadilla que lo había acosado durante la noche.
Las arcadas no cesaban y solo parecían aumentar cada vez que recordaba a Granger dando a luz en su sueño, demacrada y atada como si fuera un animal salvaje.
– Draco, Draco, ¿qué sucede?
– Señor Draco, ¿está bien?
Madre e hija lo siguieron hacia el exterior, donde él no había notado que hacía rato había amanecido.
– Agua…
Dijo cuando pudo controlarse lo suficiente como para ponerse en pie y sostenerse de un árbol cercano, ante la mirada de las dos brujas.
Hermione corrió a la tienda, tomó la varita de Draco de debajo de las mantas y la llevó hasta él para que pudiera realizar el hechizo necesario para conseguir agua, pues allí, donde estaban, no había ríos ni lagos que les permitieran beber sin magia.
– Hazlo, no puedo. Agua…
El pánico se apoderó de ella al confirmar lo que más había temido el día anterior. Draco estaba enfermo y, a juzgar por una nueva ronda de espasmos, no parecía estar cerca de recuperarse.
– Hazlo, Granger…
Draco cayó de rodillas, exhausto por el esfuerzo de las repentinas náuseas, y Hermione logró encontrar el valor. Empuñó la varita y falló miserablemente en producir agua las dos primeras veces que lanzó el hechizo; sin embargo, luego de ver el miedo en los ojos de Enya, volvió a intentarlo y produjo un hilo decente de líquido que le permitió a Draco enjuagar su boca, beber un poco y limpiar su rostro. Finalmente, y luego de diez años, ella había realizado un hechizo. Su magia por fin había vuelto.
Una vez que Draco se dio por satisfecho en el aseo de su rostro y que los resabios de la pesadilla remitieron, se puso en pie tambaleante, solo para tener que ser sostenido por Granger y la niña.
– Ven a la tienda, Malfoy. Debes volver a recostarte y descansar.
– ¿Mami, el señor Draco está enfermo?
– Se siente mal, cariño.
– Estaré bien, princesa. Solo creo que el almuerzo de ayer me cayó mal.
Declaró él cuando se sintió lo suficientemente fuerte como para responderle a la niña sin asustarla.
– Tienes fiebre.
Agregó Hermione al tocar su frente, una vez que consiguió que él se metiera en el refugio.
– Es oficial, Granger. Estamos jodidos. Deberás practicar tus hechizos o nos quedaremos aquí eternamente.
– Pero no tengo una varita. Hace casi una vida que no hago ningún hechizo, mucho menos una maldición.
– La varita no es tan temperamental como su dueño. Ha permitido que la uses para conjurar el agua. Dormiré un poco más; tú solo procura no matarme mientras duermo y practica con ella.
No queriendo admitir lo mal que se sentía, Draco ocultó su rostro entre las mantas y se abrazó a sí mismo en posición fetal. Aquella especie de pesadilla o memoria compartida con Granger había removido todos los oscuros y antiguos recuerdos que tenía encerrados en lo más profundo de su mente. En su vida, él había visto dos veces a esa mujer sufriendo las peores torturas y, aunque de una de ellas no estaba seguro de que fuera real, lo habían marcado a fuego. No estaba seguro de poder volver a verla a los ojos sin pensar en la expresión de su rostro cuando comprendió que el niño en sus brazos no lloraría jamás.
Por otro lado, Hermione, acostumbrada a despertar de las más horribles pesadillas, se levantó más animada que de costumbre. Le dolía el cuerpo, la garganta y sobre todo las manos, pero todo eso se veía opacado por la sensación de su magia volviendo a cantar en sus venas. Por primera vez en años volvía a sentir el cosquilleo en la punta de sus dedos y el tibio calor que emanaba la varita de Draco.
Una vez que Enya comió el pan y el queso que no cenó la noche anterior, Hermione se aseguró de colocar un paño húmedo sobre la frente de Draco, que se había quedado dormido, y batalló con los capuchones de las bellotas hasta que consiguió un vaso de madera lo suficientemente decente como para dejárselo a mano, lleno con agua fresca para beber.
Luego de eso, delimitó con ramitas el espacio que Enya podría alejarse de la tienda sin salir de las protecciones que Malfoy lanzó la noche anterior y la dejó jugar con su muñeca en el exterior, mientras ella se sentaba cerca del refugio para estar atenta a las necesidades de Draco y practicar hechizos con su magia recientemente recuperada.
Practicó una buena media hora con todos los conjuros que recordaba. Lanzó chispas de colores que entretuvieron a Enya, aumentó y disminuyó el tamaño de las pequeñas rocas que encontró cerca de la tienda, cambió el color de su ropa y, finalmente, cuando se sintió lo suficientemente segura, se lanzó a sí misma un fregotego que la hizo sentirse mucho más limpia de lo que alguna vez se sintió.
La varita de espino y corazón de pluma de fénix era de una belleza inusitada para Hermione. La pieza, elegantemente labrada y con empuñadura de plata, era flexible, resultando realmente amistosa cuando necesitaba forzarla a realizar hechizos más complejos. Ella no era una experta en todo aquello, pero podría jurar, sin miedo a equivocarse, que aquella hermosa varita no era una creación de Ollivander, sino algo más exclusivo, hecha a pedido, como casi todo lo que un Malfoy lucía.
Para cuando el cielo estuvo claro por completo y el sol se acercaba hacia el cenit, Draco se despertó sintiéndose como si un erumpent hubiera usado su cuerpo como plataforma para tap. No solo le dolía allí donde Hermione lo había pateado o golpeado con sus puños y cabeza, también le dolía el pecho al pensar que allí afuera hubiera seres que eran mucho más crueles que los mismísimos mortífagos. Porque si de algo él estaba seguro, era de que aquella pesadilla no podía ser un simple producto de su imaginación alterada por la forma de actuar de Granger. Algo en aquel sueño le hizo saber que aquello fue, en algún momento, una situación completamente real.
– Granger…
Hermione se incorporó de inmediato e ingresó a la tienda, pero sin cerrar la entrada para poder ver a Enya jugando en el pequeño prado seguro.
– ¿Qué sucede? ¿Estás bien? ¿Necesitas algo?
Draco solo negó y, sin incorporarse, temiendo no poder hacer aquella pregunta si la miraba a los ojos, habló.
– ¿Dónde está el niño?
Absolutamente sorprendida por su pregunta, Hermione se alejó lo más posible de él.
– No sé de qué hablas.
– Del niño, tu niño. Te vi, los vi…
No sabiendo cómo responder a aquella acusación, decidió tratarlo como si él solo estuviera alucinando por la fiebre. Quizá fuera una casualidad que él estuviera ideando lo mismo que ella soñó la noche anterior.
– Tu fiebre debe ser demasiado alta, Malfoy. Déjame cambiar el paño húmedo.
Con más fuerza de la necesaria, Draco atrapó la mano de Hermione en cuanto ella se acercó a su rostro.
– Estabas en esa habitación de hospital, te vi darlo a luz. ¿Dónde está? No me digas que no es real, no me mientas, Hermione, por favor.
Esa era la primera vez que él la llamaba por su nombre y, si bien ya habían pasado el punto en el que eran dos desconocidos, que se refiriera a ella de esa forma se sintió mucho más íntimo de lo que debía ser.
– No lo sé.
Confesó evitando, por poco, llorar ante el recuerdo y al asumir que, de alguna forma, sus pesadillas se habían mezclado durante la noche. No tenía idea de por qué, pero seguramente el resurgimiento de su magia había hecho algo en ambos como para que ahora Draco supiera su más terrible secreto.
– ¿Cómo que no sabes? Yo lo vi, maldita sea, lo vi salir de ti. Era un niño, no fue Enya, era un varón. Fue una pesadilla, pero sé que fue real. ¿Dónde está?
Respirando profundo, decidió que en su estado él necesitaba saber aquello. Quizá así dejase de estar tan agitado y pudiera recuperarse al fin.
– No lo sé. No logré hacer que respirara, estaba dormido, jamás lloró. Viktor se lo llevó en cuanto regresó a la casa. Dijo que había nacido muerto por mi culpa.
– ¿Cómo lo haces? ¿Cómo seguiste respirando aún después de eso?
– No lo sé. Viktor simplemente no me permitió morir, me mantuvo bajo pociones hasta que Enya estuvo en camino y esa vez decidí no seguir oponiéndome a él. No podía pasar por aquel tormento otra vez, así que me rendí. Dejé de intentar hacer magia, dejé de intentar escapar, dejé de luchar por mí, no podía, simplemente no podía perderla.
– Voy a matarlo. Mataré a ese bastardo de forma lenta y dolorosa. Nadie, absolutamente nadie merece lo que él les hizo.
Las paredes de la tienda comenzaron a temblar cuando la rabia de Draco se hizo tan física que su magia se descontroló.
– Ahora no. Necesitas descansar. Estás enfermo, exhausto mágicamente y, si tú no te recuperas… Enya te necesita… y jamás pensé que lo diría, pero yo también te necesito.
Aquella declaración no tenía nada que ver con el romance o cualquier otro sentimiento que pudiera unirlos, más allá de los instintos de supervivencia haciéndolos aliados contra un depredador en común. Sin embargo, luego de lo que Draco había hecho por ella y lo que él había sentido al comprender cuán real fue aquella pesadilla, ellos estaban mucho más unidos de lo que alguna vez imaginaron que fuera posible.
Las palabras de Hermione habían iniciado en él una reacción indescriptible que, como todo lo demás, se dedicaría a analizar cuando aquella travesía terminara. Pero por el momento, Malfoy buscó en su mente la forma de responder algo mordaz para quitarle seriedad e intimidad a lo que acababan de hablar. Sin embargo, su plan para arruinar aquel momento jamás llegó, pues un brillante patronus con forma de galgo inglés interrumpió su intento al abrir sus fauces y dejar oír la voz de Blaise Zabini.
– Hey, Malfoy. Theo y yo sabemos que estás en problemas. Trae de vuelta tu trasero a la cabaña de los ancianos a los que les vendiste tu sello para que podamos irnos a casa. Estaremos esperando durante tres días, luego estarás solo.
De la misma forma en la que llegó, el galgo fantasmal se desvaneció, dejando a sus espectadores petrificados en su sitio.
– Creo que eso es un cambio de planes, Granger. Regresarnos a Vlasina Okruglica y de ahí directamente a Inglaterra.
Dijo Draco en cuanto pudo volver a encontrar su voz. Sin embargo, su nuevo plan tenía inconsistencias, pues su fiebre aún era demasiado alta y Hermione apenas había logrado dominar nuevamente los hechizos de levitación.
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N/a: Hola a todos y todas. Un nuevo capítulo cargado de emociones que fueron bastante difíciles de describir pero que son fundamentales para que esta historia avance. Gracias por la paciencia, por sus hermosos mensajes y por estar pendiente de esta historia que hace tanto quería escribir y que tanto me gusta a pesar del poco tiempo que me queda para ellos. Sin más, hasta la próxima!
