Disclaimer:Esta historia está inspirada, en parte, en el universo de Harry Potter de J.K. Rowling. Salvo algún que otro personaje de mi invención, todos los ambientes, personajes, argumentos, hechizos y todo lo reconocible pertenece a la autora. Yo solo los tomo, los mezclo y agrego cosas.

Aclaración: La siguiente es una historia que habla de sufrimiento y violencia de todo tipo hacia la mujer. Sugiero discreción. Aunque este fanfic está basado en el argumento de una novela turca, el siguiente Dramione tomará su propio rumbo dentro del universo de Harry Potter.

Dato: no me gusta deformar las palabras para mostrar que una persona tiene algún acento en particular, así que no lo haré. Sin embargo, siéntete libre de leer algunos diálogos con marcado acento búlgaro.

Capítulo 6: Sacrificio

Vlasina Okruglica, Serbia - 6 de mayo

— ¿Sabes?, cuando finalmente me retire, voy a tener una cabaña en las tierras altas de Escocia. Tendré ovejas y seré un solitario anciano gruñón con los dientes negros por mascar raíz de regaliz.

— Calla de una vez, Blaise. Ambos sabemos que cuando seas viejo, estarás persiguiendo brujas en alguna playa de Calabria o Cerdeña.

— Error, mi querido amigo. Sicilia è il mio amore.

Sentados en el pórtico de la cabaña de los ancianos, Theo y Blaise dejaban que el tiempo transcurriera. Solo había pasado un día desde que enviaron el patronus a Draco y estaban seguros de que, tarde o temprano, su amigo aparecería. De los tres, y debido a sus experiencias en la guerra, Malfoy era el más escurridizo y hábil a la hora de moverse cuando se metía en problemas, así que no les resultaba para nada extraña su demora. Seguramente él estaría dando un enorme rodeo antes de regresar a ellos para volver a casa.

— Tengo hambre. Creo que iré por otro de esos bocadillos que la anciana preparó para nosotros antes de irse.

— Dirás, por otro bocadillo que la querida Iskra preparó bajo el hechizo Imperio antes de que la dejaras marcharse. Habla con propiedad, Nott.

— ¿Es el inicio de una lección de moral lo que oigo? ¿El gran Blaise Zabini siente culpa por haber hecho que una anciana muggle preparara comida para ambos luego de que él mismo hurgara en sus recuerdos como si fuera un enorme bote de basura?

Con los reflejos propios de quien conoce a quien tiene enfrente, Theo esquivó el almohadón que Blaise le lanzó y se rió mientras ingresaba a la cabaña.

— ¡Ponle algo de esa cosa picante al mío!

Gritó Blaise, mientras seguía observando a las ovejas moverse en el campo cercano a la cabaña.

— No soy tu elfo, Zabini.

Mientras los dos magos discutían nimiedades acerca de quién había hecho la cena y quién el desayuno, una escena poco deseada se desarrollaba un poco más allá de donde la vista de Blaise llegaba. Tras el bosquecillo que Malfoy y ellos habían utilizado en días anteriores para mantenerse ocultos, un traidor y un monstruo conspiraban.

— Como le dije, Señor Krum, ellos están allí, esperando a que el señor Malfoy aparezca. Estoy seguro de que cuando lo haga, su esposa e hija vendrán con él…

— Bien hecho, Gaius. Sabía que tu ayuda sería invaluable cuando apareciste en mi casa esta mañana. Serás bien recompensado por ello.

Gaius, la mano derecha de Theo, había vendido a su jefe por unos cuantos cientos de galeones. Durante los últimos cinco años, él se había encargado de realizar todos los trabajos "sucios" que Nott le había encargado. Aunque jamás había sido maltratado y sus honorarios siempre fueron generosos, estaba cansado de ser el mago pobre que trabajaba para un magnate y sus amigos. Quería ser mucho más que el chico de los mandados de las serpientes; quería ser su propio jefe y, para eso, necesitaba galeones, galeones que Nott no le daría jamás, pues una vez que entrabas en su nómina, rara vez te reemplazaba. A Theo no le agradaban los cambios, no realmente.

— ¿Cuándo me dará los galeones, Krum?

— Mmm, veamos… has vendido la ubicación de tu jefe y abandonado tus labores solo para darme indicios de dónde podría encontrar a mi mujer… Eso vale mucho, ¿no?

— Así es…

El mago no previó lo que sucedería a continuación. Cuando Viktor llevó una de sus manos al bolsillo de su pantalón, Gaius pensó que sacaría una pequeña fortuna en galeones, pero se equivocó. Krum hacía mucho tiempo que había perdido la cordura y su sentido del honor, así que lo único que extrajo de su bolsillo fue su varita.

— Avada Kedavra…

Ni Theo ni Blaise alcanzaron a oír el sonido del golpe seco que el cuerpo de Gaius hizo al caer. Tampoco vieron la luz verde, pues el bosquecillo era lo suficientemente frondoso como para ocultar cualquier indicio de lo que realmente ocurría en su interior.

— No eres de fiar, Gaius. No dejaré que vayas directo a ellos y los prevengas. No permitiré que Hermione se escape de mí nuevamente.

Era cerca de mediodía y Viktor no tenía ningún tipo de apuro. Sus hombres se llevaron rápidamente el cuerpo del traidor y otro grupo de guardaespaldas llegó inmediatamente para asegurarse de que su guardia fuera agradable. No sabían cuánto tiempo deberían esperar a que Malfoy volviera con su mujer, así que simplemente tomaría asiento cómodamente en el bosque y aguardaría a su llegada.

-0-

— ¡Lo hice, no puedo creerlo, lo hice!

— Muy bien, Granger. Ahora, por favor, dame un poco. Algunos aquí morimos de hambre.

En vez de entrar en una lucha de palabras hirientes contra Malfoy, Hermione solo sonrió. Luego se sentó junto a Enya y comenzó a repartir el botín que había conseguido luego de vagar durante toda la mañana en busca de comida para los tres.

En una de las apariciones, ella había perdido su bolso con las joyas que había robado de la mansión Krum, así que conseguir comida para los tres había sido una odisea. Sin dinero muggle para comprar alimentos y con Draco habiendo cambiado lo único de valor que había sacado del apartamento, el pan y el queso de los ancianos fueron lo único que habían comido en todo el día anterior y no podían permitirse pasar más hambre si querían regresar a tiempo a la cabaña. Así que, armada de valor o de desesperación, Hermione había tomado la varita de Draco y se había marchado hacia el pueblo con la intención de conseguir comida para Enya a cualquier costo.

— También muero de hambre. ¿Qué trajiste, mami?

Dijo Enya imitando al mago. A su vez, Hermione rápidamente extrajo todo lo que había traído en el pequeño bolso improvisado con el abrigo de Draco. Tres barras de pan esponjoso y crujiente, un pequeño queso de cabra salado, una lata de jamón endiablado y una manzana fue todo lo que obtuvo, pero, dada la escasez de recursos, aquello podría ser considerado un banquete.

— Buen botín, Granger. ¿Cómo lo conseguiste?

— Lo…

La voz de Hermione había sido tan baja y las palabras fueron lanzadas a tanta velocidad, que Draco apenas pudo comprenderlas.

— ¿Qué?

— Que lo robé…

Ante la atenta mirada de reproche de su hija, Hermione se sintió avergonzada. Acababa de admitir que había robado para alimentarla y, debido a todas esas horas que había pasado enseñándole lo bueno y lo malo del mundo, se sentía de lo peor. Siempre le había dicho a Enya que robar era malo y que no había nada que justificara aquella acción pero se había equivocado, y ahora no sabía cómo explicarlo.

— Oh, bueno, eso no está bien, pero creo que más adelante podríamos regresar y dejar una buena propina a sus dueños, ¿no lo crees, Enya?

La niña pareció pensarlo por un instante, y luego decidió que la solución que Draco proponía era una muy buena. Realmente tenía demasiada hambre como para enojarse con su madre por haber hecho algo que siempre dijo que estaba mal.

— Creo que sí, supongo que no se enojarán cuando sepan que solo fue porque teníamos hambre. ¿Puedo comer mi pan ya?

Draco desordenó los cabellos de la niña y se incorporó para permanecer sentado durante el almuerzo. Había pasado en reposo las últimas horas y, aunque se sentía mejor, no había recuperado todo su vigor pero aún así se negaba a comer estando sobre su espalda como si estuviera inválido.

— Anda, pero no comeremos esto como si fuéramos animales. ¿Me devuelves mi varita, Granger?

Hermione, aún procesando la manera en la que Draco la había sacado de aquel aprieto moral en el que Enya, sin palabras, la había puesto, se la entregó sin objeción alguna. En cuanto él tuvo nuevamente la varita en su poder, sintió como parte de su energía volvía, aunque también notó el anhelo de la misma por su anterior portadora.

"Traidora… ¿ahora la quieres a ella?", pensó mientras abría la lata de jamón y, con un hechizo relativamente sencillo e inofensivo, creaba algunos sándwiches que luego calentó para que el queso se derritiera un poco y le diera un toque más gourmet a su plato.

— Bon appétit…

Conscientes de todo el tiempo que llevaban en la intemperie, del gasto de energía que implicaba huir, de la suciedad que se iba acumulando en sus cuerpos y del estrés, los tres comenzaron a comer lo que Hermione había traído y que Draco había preparado, con deleite. Aquella era, quizá, la comida más deliciosa que ninguno de ellos había probado jamás.

— Cuando terminemos de comer, volveremos a la cabaña.

— Pero Malfoy… aún no estás listo, y yo apenas puedo hacer hechizos simples. Tenemos dos días más todavía.

— Justamente por eso debemos volver, Granger. No puedo hacer apariciones conjuntas seguidas sin morir en el intento. Debemos hacerlo lento, unas cuantas millas cada vez y descansar.

El tono que usó esa vez fue lo suficientemente alto como para dar a entender que aquella sería su última palabra y que no habría más discusiones acerca de lo que harían a continuación. Ahora que él no tenía tanta fiebre y que estaba alimentándose, se sentía lo suficientemente fuerte como para emprender el regreso.

Cuando los tres terminaron de comerse el pan, el queso y el jamón, se sentían más reconfortados, pero aún tenían hambre, y la pequeña manzana que Hermione había conseguido parecía ser la última gota de agua en el desierto, pues todos en el refugio la observaron como si fuera preciosa.

— Deberías comerla tú; necesitarás la energía.

— No, cómela tú, tú la trajiste.

— No lo haré, la necesitas más.

— No comeré esa manzana, Granger. No seas testaruda.

— ¡NO LO SEAS TÚ!, la necesitas, Malfoy. Debes llevarnos a la cabaña y tú magia no se repondrá sin comida.

— Por todos los magos del mundo, eres insufrible… Está bien, cómela tú, princesa.

Zanjó Draco ofreciendole la fruta a la niña, viendo que aquella discusión con Granger no iría a ningún sitio y que él no tenía la energía suficiente como para seguir insistiendo toda la tarde.

— Ya, ¿y si la repartimos? Sería un postre para los tres.

Los dos adultos observaron a la niña con asombro. En ningún momento se les había ocurrido la idea de repartir la manzana. Aunque esta fuera pequeña y no saciara el hambre de ninguno, probablemente el repartirla traería mejores sentimientos que discutir hasta el cansancio quién se quedaría con ella.

-o-

Malfoy Manor - Wiltshire - Reino Unido - 6 de mayo

Era la segunda vez en más de tres siglos que una mujer Malfoy descendía a las cocinas de la mansión, pero los tiempos desesperados requieren medidas aún más desesperadas. Era también la segunda vez en poco más de una década que Narcissa visitaba aquella estancia de su casa y se prometía, en vano, hacerlo más seguido y en otras circunstancias. Su único hijo estaba en peligro y Narcissa acudiría a la magia más antigua que conocía: la magia de la tierra, de las mujeres y del hogar; la magia ancestral que toda bruja conoce, por instinto, desde el mismo instante en que da a luz a un niño vivo.

En el fogón, sobre las cenizas de una planta de salvia que ella misma había arrancado del jardín, dibujó las runas en el círculo mágico destinado a la protección de su único hijo, donde sea que este estuviera. Sobre el fuego que crepitaba en el centro del círculo, colocó un caldero de oro al que agregó bayas de muérdago para la protección de su cuerpo, flores de cincoenrama para transmitir su amor de madre y propiciar su regreso, rosas blancas sin espinas para que Draco no tuviera miedo, y capullos de lirios del valle para asegurar la vuelta de la felicidad a su familia.

Los elfos vertieron sus lágrimas en el caldero para asegurarse de que el conjuro de su señora hirviera a fuego lento, sin quemarse, hasta que Narcissa estuvo lista para cortar una parte de su larga melena y dejarla caer dentro de la poción. Toda magia ancestral requería un sacrificio y ella estaba dispuesta a ceder uno de sus grandes orgullos a cambio de traer a Draco sano y salvo.

Blaise Zabini y Theodore Nott se habían marchado en busca de su hijo dos días atrás y el no tener noticias aún hacía que su desesperación creciera con cada campanada que se sumaba a la cuenta en el reloj del salón. Tenía el presentimiento de que su niño estaba en peligro y deseaba traerlo a sus brazos a cualquier costo.

Un simple hechizo de corte separó casi veinte centímetros de su larga trenza de cabellos rubios y un olor dulce inundó la cocina cuando esta cayó en el caldero, transformándose en humo azul que comenzó a rodear el círculo de protección.

Rodeada de los elfos de la mansión, Narcissa repitió una y otra vez las palabras que había dibujado en las cenizas y elevó el humo con su magia hasta que este formó una imagen espectral de Draco que sonreía en dirección a la bruja. Los ductos de ventilación de la cocina estaban abiertos para ella y, en cuanto estuviera lista para dejar ir la imagen sonriente de su hijo, el conjuro viajaría hacia él para formar un escudo mágico en torno a su cuerpo y a todo lo que protegiera.

Narcissa solo había realizado aquel conjuro una vez antes, cuando el Señor Oscuro vivió bajo aquel mismo techo y obligó a su niño a tomar una marca para la que no estaba listo, una marca para la que ninguno de ellos estuvo listo alguna vez. En aquella ocasión, su hechizo solo había viajado un par de habitaciones en medio de la noche, para proteger a su dueño, pero ahora estaba destinado a viajar más allá de los territorios conocidos por la bruja y necesitaba poner en él aún más magia.

La bruja casi rompe el círculo de invocación cuando una figura alta se detuvo junto a ella y arrojó algo al caldero. La melena de Lucius ahora reforzaba la espesura del humo que formaba la figura del hijo de ambos y, cuando el padre arrojó un poco de su sangre, luego de cortarse la palma con el mismo cuchillo que había cortado su cabello, esta creció casi hasta tomar el tamaño completo de su doble real.

—Es mi hijo, y lo quiero aquí conmigo.

Fueron sus únicas palabras antes de que Narcissa finalmente liberara el escudo y se pusiera en pie para verlo convertirse en volutas de humo que salieron disparadas de la habitación, como si un fuerte viento hubiera nacido desde las runas dibujadas en la salvia quemada.

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Algún punto entre Nis y Vlasina Okruglica - Anochecer del 6 de mayo

Estaban casi a mitad de camino de la cabaña de los ancianos pero Hermione había insistido en que Draco debia descansar antes de seguir. Ella habia hecho todos los hechizos sencillos que se necesitaron desde que iniciaron el viaje de regreso, pero aun así pensaba que él estaba haciendo demasiado esfuerzo mágico y que no debía esforzarse tanto, pues aún seguía pálido y con apariencia enfermiza.

En la anterior aparición, ellos habian tomado algunos peces de la canasta de un pescador distraído y acababan de cenarlos luego de que Hermione los asara magistralmente con un hechizo igneo bastante decente, aún dada su poca práctica durante los últimos diez años.

Luego de cenar dentro del refugio que esta vez había sido montado por la bruja, Draco se excusó para tener un tiempo en solitario y atender sus necesidades básicas en privado. Momento durante el cuál, Hermione aprovechó para trenzar el cabello de una reluciente Enya, ya que había sido la primera en recibir un fresco hechizo de limpieza una vez que su madre logró dominarlo nuevamente.

Una vez que la sensación de estar limpia y bien alimentada, le trajo somnolencia a la niña, su madre le contó un corto cuento de fantasía que consiguió hacerla dormir tranquila, por primera vez en varias noches. Ahora que tenían un poco de certeza de que estarían a salvo, ambas se permitían estar tranquilas y eso era uno de los mejores regalos que podrían recibir.

Casi una hora después de que Draco se marchara, Hermione oyó sus pasos fuera de la tienda y cuando lo identificó, decidió unirse a él, luego de hacer el intento de acomodar los cabellos que finalmente habían perdido todo efecto alisador que tenía la poción que Krum la obligaba a usar cuando aún estaban en la mansión.

Afuera, la noche era cálida y las estrellas brillaban con intensidad, puesto que había luna nueva y que las ciudades muggles estaban muy lejos de su refugio. El parque en el que acampaban, estaba libre de otros campistas y los viejos árboles caídos servían de asiento improvisado para un Draco más pensativo de lo normal.

– Es una bonita noche.

– Ciertamente, Granger. ¿La niña cómo está?, ¿Pudo conciliar el sueño rápidamente?

Sin pedir permiso, Hermione se sentó junto al mago y observó las estrellas mientras asentia suavemente para responder a ambas preguntas.

– Es como si esto fuera solo una gran aventura para ella. Es inocente y mientras no tenga hambre, frío o sueño, ella está bien.

Draco negó, incrédulo y luego decidió dar su opinión.

– Deberías darle crédito a la niña. Sabe más de lo que aparenta y no es tan inocente como crees. Puede ser pequeña pero he visto en su mirada incluso más inteligencia de la que había en la tuya cuando estábamos en primer año…

Incrédula, Hermione quitó sus ojos del firmamento y se centró en su acompañante.

– ¿Y cómo sabes eso?

– Simplemente lo sé, no soy estúpido. Solo eso…

– Nunca pensé que lo fueras.

– No mientas, Granger. Tu solías mirar a todo el mundo como si fueran inferiores a tí por no cargar un libro de diez kilos a cada clase que tomaban.

Levantando una ceja, sin creerselo del todo aún, Hermione replicó.

– Y tú creías que todos eran inferiores a tí, sin importar lo que fueran o hicieran.

– Porque lo eran, crecí pensándolo, y aún pienso que algunos lo son.

Draco se encogió de hombros. No estaba dispuesto a fingir ser un hombre reformado, nuevo o incluso menos elitista de lo que solía ser en su juventud. Aunque tuviera casi treinta años, se consideraba el mismo que había ingresado a Hogwarts tanto tiempo atrás, solo que más maduro, menos crédulo y más independiente de los intereses de su padre.

—Malfoy...

Después de casi un minuto de incómodo silencio, Hermione rompió la quietud del lugar para hacer la pregunta que llevaba días queriendo formular.

—¿Qué?

—¿Podrías contarme acerca de Harry y Ron, sobre cómo terminó la guerra o incluso qué se dice que ocurrió conmigo?

—No entiendo. ¿Para qué quieres saberlo? No leí tu obituario, si es eso lo que quieres conocer.

Ella había pensado cientos de veces en su obituario e incluso en su propio funeral, cuando intentaba convencerse a sí misma de que lo mejor era dejar ir a Hermione Granger y asumir plenamente la identidad de Anastasya Krum, la que Viktor había creado para ella.

—Estamos muy cerca de la cabaña. En cuanto logremos salir de aquí, deberé empezar una vida nueva para Enya y para mí. Necesito saber qué creen que sucedió conmigo para comenzar a construir nuestro futuro a partir de ese hito.

Pensar en Potter y en el regreso a la cabaña le hizo caer en la cuenta de lo cerca que estaban de separarse. Aquella extraña sociedad que habían formado estaba a punto de terminar, y tal vez fueran las últimas horas que pasaba con la bruja sentada a su lado y con la niña que se había metido rápidamente bajo su piel.

—Bien, veamos. Déjame pensar, no es como si hubiera seguido la pista al Niño que Vivió dos veces y su séquito.

—Por favor, Draco...

Cuando sintió la mano de Hermione sobre su brazo, se dio cuenta de cuánto necesitaba ella que él fuera completamente honesto y cuánto extrañaría aquellos pequeños gestos de familiaridad que se habían ido acumulando entre ellos desde que descubrió a madre e hija en el maletero de su coche alquilado. Era irónico; parecía como si desde aquella noche hubiera pasado un siglo, pero apenas un par de días habían sido suficientes para que cosas que nunca creyó volver a sentir después de Astoria comenzaran a crecer en su pecho.

—Bien, por lo que sé, ellos recogieron a los muertos y crearon una fosa común cerca del lago. Luego levantaron un gran monumento para los caídos sobre la tierra recién removida y, junto a él, los Weasley y Potter erigieron un cenotafio para ti. Estaban convencidos de que algún hechizo había deshecho tus restos o que un derrumbe había destrozado tu cadáver, evitando que se te encontrara a tiempo.

Un escalofrío recorrió el cuerpo de Hermione, causándole un frío inusitado, dado que la noche era bastante más cálida de lo que podría esperarse. Siempre se había preguntado qué habían hecho sus amigos al no encontrarla entre las ruinas de Hogwarts y siempre se imaginó que la habían buscado durante mucho tiempo antes de darse por vencidos, pero ahora sabía que ellos la habían dejado ir casi de inmediato.

—¿Y luego?

Al verla temblar, Draco realizó el gesto más sencillo de caballerosidad que conocía y se quitó la chaqueta para ponérsela sobre los hombros. No necesitaba ser un genio para saber cuánto la estaba afectando toda aquella inútil conversación.

—No tengo idea de qué fue de ellos después. Por algunos años estuve fuera. Los juicios, Azkaban y mi propio festival de autodesprecio me impidieron seguirle el rastro a Potter.

—Lo siento...

—No lo haces, Granger. Estoy seguro de que incluso te alegrará saber que los dementores no fueron retirados de Azkaban tan rápidamente como se hubiera podido esperar de la Orden del Fénix...

Ella tuvo la decencia de apartar la mirada. Él en realidad no tenía razón acerca de su alegría, pero sí la tenía en cuanto a que, en algún momento de su vida, hubiera sido feliz sabiendo que él estaba pagando sus errores en aquella horrible prisión.

—No me alegra. Quizá, en su tiempo, hubiera creído que era lo correcto, pero ya no. Soy la persona menos indicada para juzgar lo que otros hacen o hicieron alguna vez para seguir vivos o para proteger a los que aman.

Ahora le tocó a Draco estremecerse pensando en lo que ella había vivido en aquella mansión y en todo lo que ahora sabía sobre sus años como cautiva de Krum. Porque, aunque fue un sueño, y eso se repitiera a cada instante, aún no podía olvidar el sufrimiento de Granger mientras daba a luz a ese niño que jamás podría ver crecer.

—Ellos cuidarán de ustedes.

Dijo, asumiendo la cruel realidad. Él las llevaría hasta el Reino Unido y luego las entregaría a Potter y su retahíla de pelirrojos para que las protegieran de Krum. Enya, la princesa de ojos grises, pronto estaría rodeada de niños semisalvajes y correría en los alrededores de aquella casa de aspecto ruinoso que aún conservaban los Weasley en Devon. Y Hermione... no era hora de pensar en ella.

—¿Quiénes?

—Potter y Weasley. Potter ahora es un auror con poder y los Weasley son asquerosamente ricos. No tanto como los Nott, los Parkinson y, por supuesto, jamás como los Malfoy, pero el imperio de bromas que crearon los gemelos ha hecho a esa familia parte de la sociedad mágica en un sentido más sofisticado. Digamos que son los nuevos ricos del Callejón Diagon.

—Aún así, no sé cómo haré para enfrentarlos. Han pasado diez años, nada es igual. Nadie es el mismo... tengo una hija.

Hermione sentía la culpa de ser una víctima. Creía que sus antiguos amigos no la podrían ver a los ojos cuando supieran lo que le había sucedido todos esos años y, lo quisiera o no, solía pensar que si hubiera hecho las cosas de otra manera, o lo hubiera previsto, Krum no la habría secuestrado por tantos años.

—Tú solo debes dejar a Enya hablar por ti. Esa niña podría derretir el corazón de cualquiera, y sobre todo de los dos tontos de tus amigos. Ellos la amarán; incluso yo lo hago.

Draco estaba abriendo, en parte, su corazón a la bruja. Quizá fuera el cansancio, la debilidad o la abundancia de sentimientos que se agolpaban en su pecho, pero no podía evitar hablar con su reciente y más profunda verdad. Al oírlo, Hermione sonrió y una única lágrima, que se había mantenido colgando del borde de su ojo, rodó por su mejilla y brilló en la oscuridad, reflejando la luz de las estrellas.

—Nunca podré pagarte por todo lo que hiciste por ella... por mí...

Cuando Malfoy limpió aquella lágrima solitaria y dejó su mano cálida por más tiempo del necesario sobre su mejilla, Hermione cerró sus ojos y se dejó llevar por la agradable sensación de aquel inocente contacto.

—No me debes nada. Ya lo he dicho, solamente no vuelvas a meterte en mi maletero y estaremos en paz.

Dijo, observando su rostro con la escasa luz proporcionada por las estrellas. A pesar de su delgadez extrema y de todo lo que había vivido, ella se veía hermosa aquella noche. Quizá Hermione no tuviera la belleza aristocrática de Astoria, su cabello era un lío sin orden ni concierto y su cuerpo estuviera maltrecho por batallas que él jamás podría sospechar, pero tenía algo que ninguna otra mujer que conociera había tenido alguna vez y eso la hacía más preciosa que cualquiera. Aquella bruja había caminado por el infierno y se había quemado de mil maneras, pero, entera o no, seguía luchando, seguía avanzando, y eso era algo que Draco solo podía admirar.

—Quizá... deberíamos dormir. Mañana haremos el tramo restante hacia la cabaña.

Dijo finalmente, cuando se dio cuenta de que involuntariamente se había acercado a su rostro y había comenzado a respirar su mismo aire, dulce y cálido. Ella aún tenía los ojos cerrados y la tentación se hacía cada vez más fuerte para él.

—Sí... Enya podría despertar en cualquier instante.

De un salto, se alejó de la mano de Draco y dejó caer el abrigo, intentando alejarse lo más rápido posible de él. Su contacto, sumado a la voz ronca con la que había hablado y a su aliento caliente cerca de su rostro, había hecho que algo nuevo y completamente extraño para ella se removiera en su estómago. Por un instante deseó que él la sostuviera, que la rodeara como había hecho la otra noche, cuando despertó su magia, pero sabía que no era lo correcto. Él era Draco Malfoy y nunca haría aquello en una circunstancia normal.

—Granger...

Como si tuviera un resorte colocado en alguna parte bajo su trasero, Draco se puso de pie tras Hermione y de una zancada recorrió la distancia que ella había hecho a toda velocidad.

—¿Sí?

—¿Sí?

¿Qué sucedería si la besara en aquel instante? ¿Ella correspondería a su impulso o huiría? ¿Pondría en riesgo la unión que ambos habían logrado construir si tan solo probara una vez sus labios?

—Nada... descansa. Iré en un momento.

El impulso de besarla desapareció tan rápido como había venido. Él simplemente no podía forzar una situación así con esa mujer. Durante diez años, alguien le había quitado el poder de elección y había doblegado su cuerpo contra su voluntad una y otra vez. Sucumbir a sus más bajos instintos, por muy correctos que parecieran en ese momento, solo la lastimaría. Por alguna razón, Draco pensaba que podría arrancarse un brazo antes de herirla a propósito. Ya no era el mismo que alguna vez deseó su muerte, y ni siquiera estaba seguro de haberlo deseado alguna vez.

-o-

Vlasina Okruglica - 7 de mayo

Amanecía cuando aparecieron frente al portal de los Ancianos. Draco conocía bien a sus amigos y sabía que habrían hecho de aquella cabaña un fuerte casi inexpugnable, salvo para él. Así que simplemente se apareció en el umbral, sosteniendo firmemente a Hermione y a Enya. De los tres, Theodore era el más paranoico y Blaise el que más talento tenía para los hechizos repelentes y escudos. Por ello, Draco no dudó en aparecer directamente frente a la casa de los Ancianos, ya que seguramente ellos habían dejado una brecha para que él pudiera ingresar.

Dado que Blaise y Theo pretendían dejar que Draco encontrara la casa por sí mismo, el primero había decidido no esconderla bajo un *Fidelio*. Aunque este hechizo es sumamente efectivo para proteger un escondite, resultaba bastante inconveniente en este caso, ya que Draco no podría regresar sin haber visto primero al guardián del secreto. Así que, en lugar de eso, habían creado líneas de salvaguarda y hechizos de alarma en el perímetro que reconocían a Malfoy. Por desgracia, o fortuna, aquellos hechizos no dejarían afuera a quien estuviera en contacto con Draco, por lo que Theo había previsto una guardia mínima para asegurarse de que ningún enemigo siguiera a su amigo hasta el nuevo refugio seguro.

Con la velocidad de un hábil duelista, Malfoy desarmó a sus amigos en cuanto vio cómo apuntaban a Enya y a Hermione. Él se había preparado mentalmente para esa aparición en particular, así que pudo interponerse entre sus maníacos amigos y las dos mujeres que ahora protegía. Si hubiera sido un poco más lento o ellos más precavidos, tanto la madre como la hija habrían salido heridas, ya que Blaise raramente lanzaba hechizos inofensivos cuando se trataba de derribar a un posible enemigo.

—¿Qué carajos?

Fueron las primeras palabras de Theo, no solo por haber sido desarmado en un movimiento demasiado simple y rápido para su gusto, sino también por las dos brujas que acompañaban a su amigo.

—Buenos días a ti también, Nott.

A pesar de haber sido desarmado y de haber golpeado con fuerza el suelo al caer, gracias al hechizo de Draco, Blaise fue mucho más rápido para reponerse de la impresión de la aparición y, sobre todo, para procesar la visión del rostro de la mujer adulta que estaba con su amigo.

—¿Qué significa eso, Malfoy? Habiendo tantas mujeres, ¿ahora eres una especie de nigromante?

La ceja izquierda de Zabini se elevaba con cada segundo que pasaba repasando el rostro de Hermione. Él jamás olvidaba las facciones de una mujer, y mucho menos de una que había sido tan famosa y que había encontrado la muerte mucho antes de florecer realmente.

—Me encuentro perfectamente. Gracias a ambos. ¿Podrían dejarnos entrar y al menos ofrecernos un té antes de las interrogaciones?

Una vez pasada la primera impresión, Draco devolvió las varitas a sus amigos y les exigió nuevamente que le trajeran té para él y Hermione, y un vaso de leche para Enya. Si debía contar la versión corta de su loca aventura con Granger, lo haría bebiendo un reconfortante té, no de otra forma.

—Entonces tu socio, que ahora debe estar muy cabreado, es quien raptó a la chica dorada y esta niña es la hija de ambos.

—Así es, sencillo, Nott.

—Y tú las ayudas a huir... ¿En qué momento caímos en la madriguera del conejo, Theo?

—Blaise...

—Esto va más allá de cualquier entendimiento, Malfoy. Vinimos aquí por ti, creyendo que simplemente estabas huyendo de un esposo celoso después de coquetear con su mujer. No creíamos que habías robado a la esposa y la hija de uno de los tipos más peligrosos de toda Europa.

Salvo Enya, que jugaba con su muñeca en la habitación de al lado, todas las cabezas se giraron hacia Theodore y lo observaron horrorizados.

—Vamos, Granger, no me digas que no lo sabías. Y tú, no te hagas el inocente, Draco. Todos sabemos que la fortuna de Krum no proviene de sus negocios oficiales o siquiera de su carrera en el Quidditch. Estamos hablando de un hombre peligroso. ¿Cómo se te ocurre robarle a él? ¿Precisamente a él?

—No me insultes, Nott.

Draco realmente quería a sus amigos, pero jamás soportaría aquel tono de reproche en el que ambos se dirigían a él.

—No lo hago. ¿Acaso no investigaste antes de hacer negocios con él? Todos y cada uno de sus socios anteriores han muerto en situaciones misteriosas. Las fusiones de Krum siempre han estado manchadas con sangre, pero tiene tanta influencia en la Europa continental que ningún mago o muggle se atreve a enfrentarse a él. Estamos hablando de un asesino, un criminal de guantes blancos, Malfoy.

—Opino que deberíamos dejarla volver con su esposo y marcharnos. Quizá así nuestros traseros aún tengan la oportunidad de regresar sanos y salvos a Londres. Le prometí a tu madre que te llevaría a casa en una pieza.

El golpe en la mesa hizo que Hermione se sobresaltara. Ella había estado mirando las grietas en la madera antigua mientras se hablaba de ella como si no estuviera realmente allí, pero la reacción de Draco la asustó realmente.

—¡JAMÁS, RECUÉRDALO, JAMÁS DIGAS QUE LAS DEJÉ NUEVAMENTE EN MANOS DE ESA BESTIA! ¿Me oíste bien, Zabini?

Quizá su reacción había sido un poco desmedida, pero la ira que surgió en su ser al contemplar la idea de entregar a las mujeres a Viktor Krum fue más de lo que pudo soportar y estalló contra sus amigos, quienes solo pensaban en su bienestar.

—¿Entonces qué pretendes? No podremos volver todos a Londres. No hay suficientes trasladores. Está programado para tres pasajeros. Quizá la niña pueda viajar, pues no creo que sea activa mágicamente y eso podría darnos la oportunidad de trasladarla. Pero al menos uno de nosotros debería quedarse aquí, y quién sabe cuándo podríamos regresar. Mis hombres están regresando ya, ni siquiera tenemos escobas.

Draco tomó asiento luego de golpear nuevamente la mesa con su puño y guardó silencio para poder contemplar la verdad que Theo acababa de hacerle ver. Luego observó a Hermione, quien lloraba en silencio. Él no la conocía completamente, pero podía adivinar que en su cabeza todos los escenarios que la esperaban junto a Krum reavivaban el fuego del infierno que la había consumido antes de que la sacara de aquella mansión.

Estaba a punto de proponer nuevas ideas sobre cómo podrían intentar salir de Serbia sin exponer a las mujeres cuando el primer hechizo golpeó contra la salvaguarda de Blaise.

—Nos atacan. Los malditos nos encontraron.

—Mierda, ¿quién más sabe que vendrían?

—Nadie, Blaise. No hemos visto a nadie desde que huimos del apartamento en Sofía.

—Al diablo, el bastardo nos encontró. —Blaise observó tras una cortina y pudo contar varios magos atacando sus escudos—. Y trajo a la caballería.

Cuando el caos se desató en la cabaña, Enya corrió hacia los brazos de su madre y, por instinto, ambas se acercaron a Draco. En los últimos días, él había representado su esperanza y protección, así que sentían que aquel sitio era el único lugar realmente seguro en el mundo. Sin embargo, Hermione sabía que había un límite en lo que aquellos hombres harían por ellas. Incluso Malfoy tenía un límite, y las salvaguardas jamás resistirían lo suficiente. Ni las varitas de la casa eran tantas como para contrarrestar las fuerzas de Viktor.

—Theodore…

Las primeras palabras que Hermione articuló desde que llegaron no fueron dirigidas a Draco, sino a su amigo más reticente.

—Necesito que seas testigo de un juramento.

Descolocado por las palabras de Granger y la manera en la que se dirigió a él, Theodore decidió acceder a su pedido. No sabía qué pretendía la bruja, pero dada la férrea defensa de su amigo, se veía inclinado a favorecerla.

En un acto desesperado y a toda la velocidad que pudo imprimirle a sus músculos, Theodore tomó el brazo derecho de Draco y lo obligó a mirarla.

—Jura.

—¿Qué pretendes, Granger?

—JURA... Theodore, haz el hechizo, por favor.

—Granger...

—Yo, Hermione Granger, Madre de Enya, te nombro a ti, Draco Malfoy, como padrino y tutor de Enya.

El primer hilo dorado salió de la varita de Theo antes de que Draco pudiera hacer algo para alejarse de Hermione, no al menos sin herirla.

—Jura, maldita sea, jura, por favor.

Draco pudo ver la desesperación en los ojos llorosos de Hermione y claudicó. Tomó la mano libre de la bruja con la propia y se entregó al juramento, aunque podía oír cómo los hechizos atacaban una y otra vez los escudos de Blaise.

—Juro.

—Jura alejarla de la influencia de su padre biológico, protegerla de cualquier mal y esconderla incluso de mí, si eso significa que ella estará segura.

—Juro.

—Jura que la amarás. Que le darás lo que yo no puedo.

—Hermione...

—¡JURA!

—Lo juro. Lo juro.

—Jura que no me seguirás ahora. Que te la llevarás de aquí en ese traslador.

—¡No!

Ambos estaban unidos por las cadenas del hechizo de Theodore y Draco no pudo alejar su mano de la de Hermione, pues ella había clavado firmemente sus uñas en él y podía sentirlas a través del abrigo.

—¡JURA! No hay tiempo.

Enya estaba firmemente agarrada a la pierna de su madre mientras todo aquello sucedía. No entendía qué estaba haciendo su madre, ni qué sucedía afuera, ni por qué el hombre de color hechizaba una cuchara una y otra vez, y se veía profundamente frustrado, mientras que el otro hombre, el que parecía estar siempre enojado, hechizaba a Draco y a su mamá.

—Maldita sea, Granger, lo juro.

—Séllelo, Theodore.

Cuando el mago y la bruja fueron libres del hechizo, Hermione se inclinó hacia su hija y la besó con fuerza. Acarició con poco cuidado su rostro e intentó memorizarla mientras intentaba, infructuosamente, contener sus lágrimas.

—Te amo, Enya. Eres lo más hermoso que alguna vez tuve. Sé buena niña, ¿sí?

—Mami...

Con un último beso en sus cabellos, Hermione se incorporó y se alejó de su hija mientras limpiaba con rudeza las lágrimas que caían de sus ojos.

—Lo tengo. Los escudos están cayendo, el traslador está activo. Debemos irnos.

Al oír el grito de Blaise, Theodore tomó a la niña y la sostuvo con fuerza mientras se acercaba al traslador. Comprendía lo que estaba intentando Granger y quería asegurarse de que su plan se realizara, tal y como lo había concebido.

—Granger...

—Lo juraste...

—No puedo dejarte aquí. Él está ahí afuera.

Con un casto beso en los labios, Hermione dijo todo lo que con palabras jamás podría, y luego lo empujó hacia Blaise, quien lo tomó justo a tiempo para que ambos tocaran la cuchara que los llevó de allí.

—Hola, esposa...

Fueron las últimas palabras que Hermione escuchó antes de sumirse nuevamente en la oscuridad. Pero, al menos esta vez, lo hizo con la certeza de que Enya estaba a salvo.

-o-

N.a: ¡Hola a todos y todas! ¿Cómo están? Finalmente, traigo un nuevo capítulo para ustedes. Como habrán notado, en esta historia he introducido algunos límites y conceptos mágicos que he inventado para el desarrollo de la trama, así como algunos elementos de magia provenientes de otros universos. Siento que la magia del amor es mucho más profunda y compleja de lo que se refleja en nuestra amada saga. En este capítulo, he decidido explorar los primeros indicios de conexión entre nuestros protagonistas, aunque me temo que no será una historia centrada en el amor romántico tradicional, con besos apasionados, bodas inminentes y miel sobre rosas. Creo que, especialmente Hermione, tiene muchas heridas que sanar y lecciones que aprender antes de entregarse a un idilio. No obstante, la semilla está ahí, y espero que podamos verla crecer juntos. Sin más, me despido por ahora. Espero leer sus comentarios. ¡Saludos!