Disclaimer: El universo y los personajes que reconozcáis pertenecen a Stephenie Meyer. Solo la trama es mía. No obtengo beneficios económicos ni lucrativos al escribir la historia.
Aviso: "Esta historia participa en la actividad multifandom del foro Alas Negras, Palabras Negras.
La tabla escogida es Emoción y el elemento sorteado fue Culpa.
No cumple con la temática del mes.
Fandom: Crepúsculo.
Sin propósito.
Seth estaba comportándose como un perro gigante. Se tumbaba con las patas hacia arriba y cuando estaba muy aburrido, se revolcaba en el césped.
Desde que Jake se había casado con Renesme y Leah con una chica de la reserva llamada Ava y los cuatro habían tenido hijos, no hacía más que ser un niñero cuando las parejas querían un rato a solas.
No es que quisiera dejar de cuidar de sus sobrinos, pero si pudiera hacer algo más... ¿El qué? No lo sabía. Simplemente... Algo más.
Estaba harto de estar patrullando la zona, de informar de cero amenazas.
No quería que hubiera ninguna, por supuesto, y se sentía culpable cada vez que pensaba así... Pero a veces deseaba haberse establecido con alguien... ¿Pero con quién? Aún no había dejado de cambiar para comenzar a envejecer como sí lo habían hecho Sam, Leah y Quill.
No estaba listo para dejar de cambiar. Le gustaba su forma de lobo y correr por todo Forks. Sin embargo, la idea de ver a su hermana envejecer y morir cuando él todavía parecía joven...
Volvió a rodar en la hierba. Necesitaba algo que hacer o perdería el juicio.
Y eso era otra cosa. No había encontrado algo que quisiera hacer. No le gustaba tanto ayudar a Jake en su taller, no quería diseñar casas con Esme, no era fan de la moda como Alice... Y ya tenía suficiente con sus sobrinos y sobrinas como para trabajar en una guardería.
Gruñó disgustado con su mente y fue a correr. Quizá encontraría la inspiración mientras el viento movía su pelaje y el suelo apenas tocaba sus patas.
Si al menos hubiera imprimado... Jake lo había hecho. Y Sam, y Quill, y Embri... Incluso Colin y Brady, por amor a los dioses!
Y vale, Leah no imprimó, pero cualquiera lo diría, viendo cómo amaba a Ava.
Él no quería conformarse y encontrar a alguien. Él quería imprimar, no la versión más tenue del simple amor.
Se sintió mal otra vez. Que Leah no hubiera imprimado no quería decir que su amor fuera menos válido.
"Suerte que ningún lobo puede leer mis pensamientos."
Estaba Edward, pero él era un vampiro y un amigo y no le diría a nadie las cosas tontas que se le venían a la cabeza. Y lo que estaba pasando por su mente sin duda era tonto.
Y es que, sentir pena por sí mismo simplemente porque no tenía lo que su familia sí, le avergonzaba y cuando deseaba ser ellos... Se sentía peor.
"Soy un desagradecido." -Se dijo.- "No me conformo con nada..."
"Pero no tengo nada. Ni amor, ni propósito... Nada." -Una voz insistente no dejaba de decir.-
