Disclaimer: El universo y los personajes que reconozcáis pertenecen a Stephenie Meyer. Solo la trama es mía. No obtengo beneficios económicos ni lucrativos al escribir la historia.
Aviso: "Esta historia participa en la actividad multifandom del foro Alas Negras, Palabras Negras.
La tabla escogida es tropos y el elemento sorteado fue Enamorarse de su enemigo.
No cumple con la temática del mes.
Fandom: Crepúsculo.
Oh, mierda. Ha imprimado.
A Seth no le gustó enterarse de que venía un vampiro desconocido. Uno de esos Vulturis, cuyos palos en sus culos estaban tan profundamente metidos que necesitarían una retroescavadora para encontrarlos.
¿Qué derecho tenían? Le importaba un bledo si eran los gobernantes vampíricos. Se lo tenían demasiado creído. Sus culos pálidos podían arder, por lo que a él respectaba.
Estaba tumbado frente a la casa de los Cullen. Quería estar allí en apoyo a Jake y Edward. Tal vez si tenía suerte, Esme prepararía comida. Ella siempre cocinaba algo rico.
Una mosca se le posó en el hocico y él se la comió. Esperaba que nadie le hubiera visto.
Escuchó un coche desconocido entrar por el camino y dio un ladrido corto.
Seguramente los demás lo habían oído también, pero él avisó de todos modos.
-¡Seth, entra! -Jake ordenó.
Él obedeció, aunque no cambió de forma. Se mantuvo alerta, con el pelaje erizado y las orejas levantadas.
Un gruñido bajo reverberó en su pecho hasta que su alfa le puso una mano en el lomo.
Si se lo ordenaban, él mataría al vampiro sin remordimiento. Estaría cubierto por el escudo de Bella, así que ese MacFather o como se llamara no podría persuadirle para que le dejara ir.
Carlisle y Esme salieron a saludar. Esperaba que Bella les cubriera con su escudo. Seguramente sí. Ella no había dejado de trabajar en él incluso habiendo pasado tanto tiempo.
En su mente, Seth podía imaginar al vampiro. Pretencioso, muy elegante, con voz de pijo... Seguro que llevaba zapatos carísimos y no pisaría el bosque ni... Muerto.
Le imaginó pisando mierda de ciervo y horrorizándose, gritando como una niñita.
Escuchó a Edward reírse, seguramente había leído sus pensamientos.
-Qué grosero. -Le envió. Y después la imagen tipo dibujo animado de un vampiro cayendo al estiércol de ciervo y manchándose su ropa elegantosa.
Escuchó a los tres vampiros entrar. Esme estaba siendo muy agradable con el intruso espía.
"¿Una copita de sangre de oso? Es lo mejor que tenemos actualmente. ¿O prefiere usted morder un cuellecito de ciervo?"
Edward le dio con un dedo en el hocico por tener pensamientos absurdos.
En realidad Esme no le estaba ofreciendo nada de eso. Ella le hablaba del pueblo, de su familia... Cosas así.
Seth tenía
razón. El vampiro estaba vestido con elegancia. Traje a medida, zapatos caros... Aunque no era el tipo flacucho con uñas cuidadas que había imaginado. Era alto, con músculos, cabello rubio y ojos... Ojos...
Entonces para él no había nadie más en el mundo.
Seth se sintió atraído por esos ojos rojos. Se asustó al principio, pues creyó que el vampiro le estaba ipnotizando, pero no. Era algo mejor y peor a la vez. Había imprimado.
Todo su mundo era él. Los cordeles que le unían a su familia, sus amigos, a quien era, se cortaron. Después, un cable de acero, hecho de miles de hilos irrompibles le unió al vampiro.
-Mierda. -Escuchó a Edward decir.
"¿Mierda por qué?" -Se preguntó Seth.- "Si es la mejor sensación del mundo."
-¿Qué pasa, Edward? -Bella quiso saber.
El lobo gruñó con advertencia. Quería ser él quien le dijera a su vampiro lo que había ocurrido. No debía escucharlo de los labios de otra persona.
Hubo silencio por un momento.
-Sí, Jake. Eso es. -Edward debió haber respondido a un pensamiento de su alfa.
Seth quería estar más cerca de su vampiro. Quería protegerlo.
-Hola. Mi nombre es Aidan Mayfair. He venido aquí por orden de los Vulturi.
-Lo sabemos. -Emmett resopló. -Un aviso con tiempo habría estado bien.
-Bueno, ya tenéis a alguien que se ocupa de eso, ¿no?
-Ya nos has visto. Ahí está la puerta.
Seth le gruñó a Emmett. ¿Cómo se atrevía a hablarle así a su vampiro?
Rosalie le gruñó a él.
-¡Basta! -Carlisle y Jake ordenaron a la vez. -Será mejor que quitemos ciertas explicaciones del camino. Seth, es mejor que cambies.
No quería hacerlo. Podía proteger mejor a Aidan en su forma de lobo.
-¿Es salvaje? Porque si lo es, me pregunto qué tipo de cosas raras hacéis por aquí. ¿Tenéis mascotas para que se encariñen con vosotros y luego coméroslas?
-No es una mascota. -Jacob espetó.
Clearwater sabía que si no había atacado, era por su situación.
-Ah, un metamorfo. He oído hablar de ellos.
Seth no pudo evitar mover la cola. Su vampiro había oído hablar de ellos. Era emocionante.
Ojalá le acariciara. ¿Cómo se sentirían sus manos en su pelaje? Seguro que maravillosamente.
Se acercó un paso. Aidan no se movió, y se acercó otro paso.
-Si me muerde, me defenderé. -Advirtió.
Seth agachó la cola y las orejas, tratando de hacerse menos amenazante.
-Puede entenderte. Edward comentó. -Y no te hará daño.
Por supuesto que Seth no le haría daño. Aidan era su amor para siempre.
