Recomendación para escuchar con la lectura "Lover-Taylor Swift"

Capítulo 2: El comienzo.

Solo había pasado una hora desde que llegó a casa, Izumi se dio una ducha rápida, se puso el pijama y se recostó en su cama. No podía dejar de sonreír. Yutaka se había adueñado de sus pensamientos, y por más que intentaba concentrarse en otra cosa, su mente volvía una y otra vez a ese momento. Sabía que algo especial había surgido entre ellos.

Izumi tomó su celular y miró la hora: las 4 a.m. No podía dormir, perdida en sus preguntas. ¿Habrá sentido lo mismo que yo? pensaba. ¿O tendrá a alguien más? La última idea le hacía sentir un nudo en el estómago. Finalmente, cuando decidió apagar el celular y obligarse a dormir, vibró con una notificación de un número desconocido. Pero ella supo enseguida de quién podía ser.

"Buenas noches, Izumi. Seguramente estarás durmiendo y leerás esto mañana temprano. Desde que te fuiste, pensé en escribirte, pero no tuve la valentía hasta ahora. Bonita, fue encantador conocerte. Espero que podamos reencontrarnos pronto."

Izumi decidió no responderle en ese momento; sabía que si lo hacía, no dormiría nada esa noche. Así que dejó el teléfono a un lado, pero aún con una sonrisa que no desaparecía de su rostro.

Los días pasaron sin que volvieran a verse. Yutaka, ocupado con las constantes peleas con su padre, y ella con las exigencias de su trabajo como modelo, tenían poco tiempo libre. Sin embargo, eso no fue obstáculo para que sus mensajes y llamadas se volvieran cada vez más frecuentes.

Al principio, las conversaciones eran casuales y breves: intercambiaban detalles sobre su día, sus rutinas, o pequeños comentarios sobre el clima. Pero conforme pasaban los días, esos mensajes iban tomando un tono más íntimo, más personal, como si cada palabra los acercara un poco más. Yutaka, con su estilo despreocupado, le contaba anécdotas de su vida en la banda y de sus sueños por la música, mientras que Izumi le compartía algunos de sus propios miedos y aspiraciones, cosas que rara vez contaba a alguien más.

Izumi se quedó mirando la pantalla, sorprendida. Era como si él hubiera puesto en palabras un sentimiento que ella misma llevaba tiempo guardando.

Con cada mensaje y con cada llamada, sus conversaciones se volvían más largas y sinceras, hasta el punto en que ambos esperaban con ansias el siguiente. No se trataba solo de palabras; había una conexión creciendo, una que los envolvía y parecía borrar la distancia física entre ellos. Cada noche, mientras leía sus mensajes, Izumi sentía que, aunque no se hubieran vuelto a ver, él ya empezaba a ocupar un lugar especial en su vida y en su corazón.

La tarde estaba en su punto justo, con una brisa suave que jugaba con el cabello dorado de Izumi, haciéndolo volar delicadamente a su alrededor. El cielo, de un azul claro y limpio, era el telón perfecto para su reencuentro con Yutaka. Ella iba vestida con el uniforme escolar de verano, una falda plisada en tonos oscuros y una camisa blanca que resaltaba su figura, dándole un aire inocente y encantador. A su lado, Yutaka contrastaba con una chaqueta de cuero desgastada y unos jeans oscuros, que le daban esa apariencia de chico malo que tanto lo caracterizaba. A pesar de las diferencias en sus estilos, caminaban juntos con una naturalidad que ambos sentían profundamente.

Después de semanas de mensajes y llamadas, al fin estaban uno al lado del otro. Izumi lo observó de reojo mientras él la guiaba con paso confiado hacia una pequeña cafetería escondida entre las callejuelas del centro de la ciudad.

—¿El mejor pastel de chocolate del mundo? —dijo ella, con una sonrisa incrédula—. Me suena a una exageración.

Yutaka soltó una risa suave, y sus ojos se achinaron en esa expresión adorable que ella tanto había comenzado a apreciar.

—Tienes que confiar en mí —respondió con un toque de picardía en la voz—. Soy muy exigente, y este pastel… merece la fama que tiene.

Izumi rió, contagiada por su entusiasmo, y le siguió el juego, disfrutando de la espontaneidad que él traía a su vida. Finalmente, llegaron a la cafetería, donde las luces cálidas y una decoración acogedora los envolvieron en un ambiente íntimo. Eligieron una mesa junto a la ventana, donde la luz suave de la tarde resaltaba los matices de sus rostros.

Mientras esperaban su pedido, el ambiente entre ellos se tornó más íntimo. Izumi notó que Yutaka estaba más serio de lo habitual, su expresión reflejaba algo de preocupación. Decidió romper el silencio.

—Yutaka, ¿cómo están las cosas en casa? —preguntó suavemente, mirando cómo él evitaba su mirada por un momento antes de suspirar.

—No tan bien —admitió él, con una sonrisa algo amarga—. Las peleas con mi padre se han vuelto más frecuentes. A veces, incluso pienso en irme de casa, pero tanto mi madre como Tomoki siempre insisten en que me quede… así que, aquí sigo.

Izumi le dio un apretón en la mano y lo miró con genuina preocupación.

—¿Has intentado hablar con él? Quiero decir… de verdad, sin discusiones. Quizás si supiera lo importante que es para ti la música, y que quieres dedicarte a eso, podría entenderlo.

Yutaka esbozó una sonrisa triste y negó con la cabeza.

—Mi padre no lo ve así. Para él, he tirado mi futuro a la basura. Siento que, de alguna manera, le fallé. Todo lo que él quiere es que termine la universidad y que me vuelva alguien "con un buen trabajo, un buen sueldo". Nada más. Y... aunque intento, me resulta imposible hacerle ver que este soy yo, y que quiero ser feliz con lo que hago.

Izumi lo miró en silencio por unos momentos, buscando las palabras adecuadas para consolarlo.

—Entiendo lo complicado que es, Yutaka. Pero quizás puedas intentar decirle lo que me has dicho a mí. Que esto es lo que realmente amas, y que seguir un camino diferente a lo que él esperaba no significa que le estás fallando… Al contrario, podrías mostrarle cuánto estás dispuesto a luchar por lo que te apasiona. Quizás, si ve lo importante que es esto para ti, termine aceptándolo con el tiempo.

Yutaka asintió, como si sus palabras le dieran algo de esperanza. Sonrió suavemente y le acarició la mano.

—Gracias, Izumi. Eres... increíble. No mucha gente se detendría a escucharme así.

Antes de que Izumi pudiera responder, su pastel llegó, y Yutaka, decidido a cambiar el tono de la conversación, tomó un trozo y le hizo una señal para que lo probara también.

—Entonces, ¿qué opinas? —preguntó, mirándola con expectación mientras ella tomaba un bocado y hacía una pausa teatral.

—No está mal... —dijo, haciendo un leve puchero fingido—, pero creo que he probado mejores.

Él se rió, negando con la cabeza, y luego tomó otro bocado, sin apartar su mirada de la suya.

—Muy bien, admitiré la derrota... por ahora. Pero... —Yutaka cambió su tono a uno más curioso—, hablando de amigos, ¿cómo están las cosas con Takuya? Me imagino que no debe ser fácil.

Izumi bajó la mirada un momento, dudando en qué decir, pero luego decidió abrirse con él.

—Es complicado, sí. A veces es incómodo, especialmente por Tomoki y los demás. Sé que prefieren estar con Takuya, y lo entiendo… después de todo, son chicos, y a veces siento que encajan mejor con él. Pero... algo cambió en mí. Ya no me siento enojada como antes, no sé cómo explicarlo.

Yutaka la miró con atención, con una expresión de curiosidad genuina.

—¿Y sabes desde cuándo te sientes así?

Izumi levantó la vista, con una sonrisa tímida.

—Creo que fue desde esa noche… cuando te conocí.

Yutaka escuchó cada palabra de Izumi con una atención casi hipnótica, sus ojos reflejando interés y ternura. Izumi respiró hondo antes de continuar, queriendo ser honesta y abrirse como nunca lo había hecho antes.

—Desde que empezamos a hablar… —comenzó Izumi, jugando nerviosamente con la cucharita del pastel—. Me di cuenta de que algo en mí estaba cambiando. Ya no siento lo mismo por Takuya, no de esa forma intensa y frustrante como antes. Es como si, de a poco, el enojo, la molestia, incluso el dolor… todo hubiera disminuido. Y creo que es porque... contigo me siento diferente.

Yutaka la miró en silencio, sin interrumpirla. Izumi notó el ligero temblor en sus propias manos y se obligó a soltar la cucharita, tomando un poco de aire para calmarse.

—No sé, Yutaka… simplemente contigo es distinto. Aunque solo sea por mensajes, me has hecho sentir acompañada de una manera que nadie más ha logrado —confesó, dejando salir una sonrisa pequeña pero sincera.

Él le devolvió la sonrisa, una que parecía iluminar todo su rostro.

—Me alegra escuchar eso, Izumi. De verdad. Quizá nunca fue el momento adecuado para Takuya… pero tal vez... —Yutaka dudó un segundo, como si no quisiera decir demasiado—. Tal vez sí lo sea para nosotros.

Ambos se quedaron en silencio, y el ambiente se llenó de esa conexión tan profunda que no necesitaba palabras. Yutaka entrelazó suavemente sus dedos con los de ella sobre la mesa, sus ojos manteniéndose fijos en los de Izumi. En ese momento, el ruido de la cafetería parecía haberse desvanecido.

Yutaka se inclinó un poco hacia ella, sin perder el contacto visual, y habló en un susurro.

—Gracias, Izumi. Gracias por dejarme acompañarte, aunque sea un poco.

Izumi sonrió, sintiendo cómo el corazón le latía con fuerza.

—Gracias a ti, Yutaka, por aparecer cuando más lo necesitaba.

Él solo asintió, acercándose un poco más, sin apartar sus ojos de los de ella. Ambos sabían que no habían planeado nada de esto, que no habían buscado que el momento se volviera tan íntimo. Pero ahí estaban, cada uno cautivado por el otro.

Finalmente, Yutaka se inclinó suavemente, dándole tiempo a Izumi para detenerse si lo deseaba. Pero ella no se apartó, y cuando sus labios finalmente se encontraron, fue un beso lento y dulce, lleno de significado. Un beso que decía todo lo que aún no se atrevían a expresar en palabras, y que marcaba el inicio de algo que ambos sabían, sería especial.

Se separaron solo unos centímetros, sin dejar de sonreír, ambos con la sensación de que acababan de dar un paso hacia algo importante, algo que no habían buscado pero que, sin embargo, los hacía sentir completos.

Yutaka la miró con una mezcla de ternura y algo de nerviosismo en su sonrisa. Apretó suavemente la mano de Izumi, como si buscara la seguridad que necesitaba para lo que iba a decir.

—Izumi, siento que debería ser honesto contigo —comenzó, sin apartar sus ojos de los de ella—. La verdad es que me gustas. No pensé que podría sentir algo tan fuerte, tan rápido… pero aquí estoy. Me encantaría conocerte más, salir contigo en ese sentido.

Izumi sintió un cosquilleo en el estómago al escuchar sus palabras y, sin dudarlo, le dedicó una sonrisa brillante.

—Me siento igual, Yutaka. —Sus mejillas se sonrojaron levemente, pero no se apartó—. Me encantaría empezar a salir contigo, ver adónde nos lleva todo esto.

Yutaka suspiró con alivio, aunque en sus ojos había una pizca de preocupación.

—Pero… —vaciló, bajando la mirada por un segundo—. No puedo negar que me preocupa la diferencia de edad, por pequeña que sea. Ya soy mayor de edad y tú aún no… no quiero que eso te traiga problemas, o que alguien lo malinterprete.

Izumi entrelazó sus dedos con los de él, apretando su mano en un gesto de comprensión.

—No tienes por qué preocuparte por eso, Yutaka. Podemos intentarlo sin que nadie más lo sepa. —Sus ojos brillaban con determinación—. Podemos mantenerlo entre nosotros, solo para asegurarnos de que esto es real. Si no funciona, no habremos complicado nada. Y si funciona… —le sonrió suavemente—, ya encontraremos una forma de manejarlo.

Yutaka la miró, sus dudas disipándose poco a poco mientras la escuchaba hablar con tanta seguridad. La cercanía de Izumi, su comprensión y la sinceridad en sus ojos le daban la certeza de que estaba tomando la decisión correcta.

—Entonces… —murmuró Yutaka, acercándose un poco más y sin perder la sonrisa—. Solo nosotros.

Izumi asintió, sus ojos brillando de emoción.

—Solo nosotros.

Y, sellando ese acuerdo, ambos se dejaron llevar por un segundo beso, más profundo y cálido, como la promesa de que lo que estaban comenzando a construir era solo el inicio de algo que podría cambiar sus vidas.

Pasaron las semanas, y cada encuentro entre Yutaka e Izumi era como un nuevo capítulo en su propia historia. Las salidas se hicieron parte de su rutina; eran tardes enteras en las que compartían secretos. Los mensajes y llamadas se volvieron constantes, y con cada conversación, parecía que se entendían aún más. Era evidente que estaban enamorándose poco a poco.

Una tarde, al final de un día de clases, Yutaka apareció en la puerta de la preparatoria en su motocicleta. Su figura destacaba, vestido con su chaqueta de cuero y el casco colgando del manillar, llamando la atención de todos los que pasaban. A lo lejos, Kouji, Kouichi, Tomoki y Takuya notaron su presencia.

—¿Qué hace Yutaka aquí? —preguntó Takuya, frunciendo el ceño, con una mezcla de sorpresa y curiosidad.

Tomoki, inquieto, intentó justificar la presencia de su hermano mayor. —Tal vez vino a buscarme… A lo mejor pasó algo en casa.

Justo en ese momento, vieron a Izumi salir rápidamente del edificio, avanzando en dirección a Yutaka con una sonrisa radiante. Los ojos de Yutaka se iluminaron al verla, y cuando ella llegó hasta él, intercambiaron unas palabras en voz baja, riendo por lo bajo. Luego, Yutaka le tendió el casco, ayudándola a colocárselo con cuidado antes de que ella subiera a la motocicleta detrás de él.

Takuya miraba la escena en silencio, sintiendo un nudo en el estómago. Al ver a Izumi reír y tomarse con tanta naturalidad de la cintura de Yutaka, entendió que algo profundo estaba sucediendo entre ellos. Sus amigos también observaban en silencio, pero ninguno decía nada.

Finalmente, Takuya suspiró y murmuró en voz baja, con una amargura que no pudo ocultar.

—Si aún quedaba alguna esperanza de arreglar las cosas con Izumi… ya no existe. —Forzó una sonrisa que apenas - Al parecer tuve una idea equivocada cuando las cosas empezaron a mejorar entre nosotros, que ella ya no estaba tan tensa conmigo. Pero veo que solo es porque… se está enamorada de alguien más.

Los demás se miraron entre sí, queriendo ofrecerle alguna palabra de apoyo, pero sin saber bien qué decir. En ese instante, la motocicleta se alejó con Yutaka e Izumi juntos, dejando a Takuya con el pecho apretado y la certeza de que, tal vez, había perdido su oportunidad.

Los meses pasaron rápidamente, lo comenzó como una simple atracción se convierto en amor. Ya no había dudas, Yutaka e Izumi están perdidamente enamorados.

La noche del 25 de diciembre, Izumi y Yutaka estaban sentados en la misma pequeña cafetería donde se habían dado su primer beso. A pesar de la festividad y las decoraciones navideñas en las calles, la cafetería estaba tranquila y acogedora, como si les estuviera esperando solo a ellos. Las luces cálidas reflejaban en los ojos de ambos mientras sostenían sus manos sobre la mesa, compartiendo una paz profunda que ambos sabían que iba mucho más allá de la atmósfera del lugar.

Yutaka no podía apartar la mirada de ella. Izumi, envuelta en un suéter rojo y una bufanda que él mismo le había regalado, tenía la expresión serena, como si estuviera en el único sitio donde realmente quería estar esa noche. Él, con una chaqueta negra, apenas podía disimular la emoción que sentía.

—¿Sabes? —comenzó Yutaka, sonriendo con un toque de nerviosismo—. Siento que encontrarte fue como un regalo inesperado. Apareciste cuando estaba en un momento muy difícil, y aunque nunca te lo dije, no tenía un rumbo claro. Dejar la universidad, pelear con mi padre… fue duro.

Izumi lo miró, sintiendo la sinceridad en sus palabras. Su mirada lo invitaba a seguir, como si quisiera conocer cada rincón de su vida.

—A veces sentía que había decepcionado a mi familia por no seguir el camino que ellos querían para mí —continuó Yutaka—. Pero luego llegaste tú, y de alguna forma todo comenzó a tener sentido de nuevo. Como si pudiera redescubrir lo que realmente quiero sin tener que cumplir expectativas que no son mías.

Izumi le apretó la mano, comprendiendo el peso de lo que él le confiaba. Ella sabía lo que era perder la dirección y sentir que todo aquello que antes tenía sentido ya no lo tenía.

—Yutaka… —susurró, emocionada—. Yo también estaba perdida. Me decepcioné mucho cuando las cosas con Takuya no resultaron. Pensé que eso era lo que quería, pero conocer a alguien que realmente me mira, me escucha… eres tú quien me hace sentir que pertenezco a algo real, que estoy donde debo estar.

Yutaka la observó con ternura, sus ojos reflejando la comprensión que solo dos personas que se han sentido solas podrían compartir.

—Entonces, llegamos el uno al otro justo en el momento indicado —murmuró él, su voz suave y llena de emoción—. Quizá, después de todo, tenía que pasar por eso para darme cuenta de lo que realmente quería en la vida.

—Y yo también, Yutaka. —Izumi bajó un poco la voz, sin dejar de sonreír—. No sé qué habría sido de mí si no hubieras aparecido. En cada mensaje, en cada conversación, tú me ayudaste a sanar.

Yutaka sintió cómo se le aceleraba el corazón. En ese instante, las palabras parecieron fluir con la misma facilidad con la que le latía el pecho.

—Izumi… te amo —dijo, sintiendo que finalmente todo encajaba en su lugar—. Te amo más de lo que imaginé que podía amar a alguien.

Izumi lo miró con una emoción que no pudo ocultar. Ella también había estado esperando ese momento, esa certeza. Le devolvió la mirada y, con una sonrisa llena de ternura, le respondió:

—Yo también te amo, Yutaka. Me has dado tanto sin pedir nada a cambio… No podría imaginar una Navidad mejor que esta, contigo.

Ambos sonrieron, y Yutaka se inclinó hacia ella. En un gesto que sellaba sus sentimientos, la besó suavemente, sus labios encontrándose en un beso que era todo lo que habían construido juntos. En medio de las luces cálidas de la cafetería y el murmullo de la gente a su alrededor, supieron que estaban exactamente donde debían estar: juntos, y en el momento indicado para amarse sin reservas.