Capítulo 3:Distancia Inesperada
Ya había caído la noche cuando Yutaka regresó a casa tras una agotadora jornada de ensayos con su banda. Mientras deslizaba la llave en la cerradura y abría la puerta, su teléfono seguía pegado a su oído, con la voz suave de Izumi al otro lado de la línea. Pero, al entrar a la sala, se detuvo en seco al ver a su padre sentado en el sofá, con una expresión severa que Yutaka conocía demasiado bien.
Sin pensarlo, se despidió rápidamente de Izumi, su voz algo apresurada, y cortó la llamada sin esperar respuesta. Sabía que el silencio que reinaba en la casa no auguraba nada bueno. Era el tipo de silencio que precedía a una conversación que, con suerte, no terminaría en una discusión, pero que, muy probablemente, lo haría.
— ¿Otra vez llegas tarde? —dijo su padre sin siquiera saludarlo—. Han pasado meses y todavía no veo ningún avance. ¿Qué pasó con ese supuesto contrato con la discográfica? Porque aquí en casa, no pienso seguir manteniendo vagos..
Yutaka, que ya se había acostumbrado a las críticas, se armó de paciencia, aunque el comentario le dolía. La mención del contrato frustrado era aún una espina para él.
El castaño suspiró, tratando de mantener la calma. Se acercó y dejó su mochila en el suelo, preparándose para lo que sabía que sería una conversación difícil. —Estamos trabajando en ello, padre. Estas cosas llevan tiempo. Hemos hablado con la discográfica, y…
—¿Tiempo? ¿Cuánto tiempo? —lo interrumpió su padre, su tono cargado de escepticismo—. Hace meses que dejaste la universidad para seguir con esta "banda", y hasta ahora, ¿qué resultados tienes? No veo contratos ni conciertos importantes. Solo veo a un hijo que se escapa en lugar de asumir sus responsabilidades.
Yutaka sintió cómo sus manos se tensaban. Estaba harto de que su padre lo tratara como si no estuviera intentando avanzar.
— ¿De verdad crees que no estoy trabajando en esto? —dijo Yutaka, alzando ligeramente la voz—. Solo porque no ves el esfuerzo, no significa que no lo esté dando todo. Lo que estoy haciendo no es algo que se construye de la noche a la mañana. Estoy persiguiendo algo que realmente amo.
Su padre negó con la cabeza, cruzando los brazos.
—¿Amor? ¿Y el amor te va a mantener? Porque te recuerdo que mientras tú sigues jugando a ser músico, yo soy el que paga las cuentas en esta casa. ¿Qué pasó con la estabilidad, con la carrera que estabas construyendo? Ya no sé qué hacer para hacerte entender que la vida no se basa en sueños idealistas. Necesitas una dirección real.
Yutaka sintió una mezcla de rabia y desesperación al escuchar esas palabras. Hacía meses que lidiaba con esa presión constante de ser el hijo "exitoso" que su padre quería, pero él no estaba dispuesto a renunciar a lo que le hacía feliz. Trató de mantener la voz baja, consciente de que Tomoki y su madre podían escuchar desde las habitaciones.
—Sé que estás molesto, pero estoy trabajando. La banda necesita tiempo para crecer y, aunque tú no lo creas, las cosas están avanzando. Solo porque no ves resultados ahora, no significa que no los habrá.
Pero su padre soltó una risa irónica.
—¿Trabajando? ¿Así le llamas? Porque hasta ahora lo único que veo es a un vago. Un hijo que le da la espalda a sus responsabilidades, que pone sus ilusiones por encima de la realidad. Si realmente te importa esta familia, ya habrías aceptado la responsabilidad que implica ser un adulto. Tu hermano, en cambio, es un ejemplo. Con su primer año de preparatoria y ya está postulándose para ser presidente del centro estudiantil. Tomoki es alguien en quien puedo confiar, que se esfuerza y entiende el valor de las oportunidades que tiene, no como tú.
Esas últimas palabras tocaron algo profundo en Yutaka, y la frustración estalló en sus ojos. La comparación cayó como una daga en su pecho.
—¿Sabes qué? Yo no necesito que entiendas mis sueños, pero lo que me duele es que no confíes en mí ni un poco. Siempre me has visto como una decepción, incluso cuando intenté cumplir tus expectativas. Y ahora que por primera vez hago algo que me llena, sigues sin darme tu apoyo. Yo no soy Tomoki, pero eso no significa que no esté tratando de hacer algo importante.
Su padre lo miró fijamente, con una expresión de reproche que parecía imposible de quebrantar.
—¿Apoyar? ¿Y a qué costo? No voy a permitir que conviertas mi casa en un refugio para un hijo que no sabe lo que quiere. Y además que desperdicié dinero manteniéndote en ese departamento en Odaiba y pagando una carrera que abandonaste sin más. Deberías dar gracias por todo lo que te dimos, en lugar de hacerme pasar vergüenza con esta "banda".Si de verdad quieres seguir con esta idea absurda, hazlo fuera de aquí. No pienso mantenerme vagos.
Yutaka sintió que algo se rompía en su interior. La rabia y el dolor se apoderaron de él. Tenía tantas palabras en la punta de la lengua, pero sabía que nada de lo que dijera cambiaría la percepción de su padre. Para no caer en una discusión que solo empeoraría las cosas, agarró su mochila sin decir una palabra más y salió de la casa.
Sabía exactamente a dónde quería ir, a la única persona que lo hacía sentir comprendido: Izumi…
—
Esa noche, Izumi estaba en su habitación, mirando el teléfono con una ansiedad creciente. Desde que había hablado con Yutaka por última vez, una llamada corta en la que él se despidió apresuradamente antes de cortar sin darle oportunidad de responder, sintió que algo andaba mal. Sus mensajes seguían sin respuesta, y cada segundo que pasaba sin saber de él solo aumentaba su preocupación. Intentaba tranquilizarse, decirse a sí misma que tal vez estaba ocupado o que simplemente necesitaba tiempo, pero la duda comenzaba a carcomerla. "¿Y si algo grave pasó en su casa?
Finalmente, después de varios intentos fallidos de contactar a Yutaka, decidió que lo mejor sería llamar a Tomoki. Quizás él podría decirle dónde estaba su hermano o si había ocurrido algo en casa. A medida que buscaba su contacto en el teléfono, sentía un nudo en el estómago, como si al hablar con Tomoki pudiera confirmar sus peores temores. Solo quería que Yutaka le respondiera, escuchara su voz y supiera que estaba bien.
Justo cuando Izumi tomó el teléfono para marcar, un leve golpe en la ventana de su habitación la sobresaltó. Se levantó rápidamente, y al correr las cortinas, encontró a Yutaka del otro lado. En cuanto lo vio, su preocupación se transformó en algo mucho más profundo.
Estaba allí, con el cabello despeinado y el rostro pálido, como si hubiera pasado horas deambulando sin rumbo. Sus ojos estaban enrojecidos y parecía agotado, con ojeras que acentuaban su expresión de tristeza. Una mezcla de desesperación y alivio se reflejaba en su rostro, como si haber llegado hasta ella fuera su último recurso. Sin pensarlo dos veces, Izumi abrió la ventana, y él no dudó ni un segundo en entrar.
Tan pronto estuvo dentro, Yutaka la rodeó con sus brazos, aferrándose a ella como si temiera desmoronarse en cualquier momento. Izumi sintió su corazón latir con fuerza, pero pronto notó algo más: el leve temblor en su cuerpo y su respiración entrecortada. Él parecía tan vulnerable y frágil como nunca antes lo había visto, y, en ese instante, todo su miedo se transformó en una profunda necesidad de protegerlo.
Al apartarse apenas para mirarlo, vio el rastro de lágrimas que empezaban a brotar de sus ojos. Era la primera vez que lo veía así, y la vulnerabilidad en su expresión le rompió el corazón.
—Yutaka… —susurró, mientras le acariciaba suavemente el cabello—. ¿Qué te pasó?
Él intentó responder, pero solo logró aferrarse más a ella, como si en ese abrazo encontrará el consuelo que tanto necesitaba. Izumi sintió sus propias emociones desbordarse, y sin decir nada más, dejó que él desahogara su tristeza, sosteniéndolo con firmeza y ternura.
Con el tiempo, Yutaka empezó a calmarse, su respiración se volvió más estable y el temblor en su cuerpo disminuyó. Sin apartarse de su abrazo, finalmente encontré las palabras.
—Perdona por aparecer así… No sabía dónde más ir —murmuró, su voz apenas audible.
Izumi le dio un apretón suave, transmitiendo todo el cariño y la tranquilidad que podía ofrecerle en ese momento.
—No tienes que disculparte. Estoy aquí para ti, Yutaka… siempre.
Yutaka suspiró, apoyando la frente en el hombro de Izumi, y después de un largo silencio, comenzó a hablar, su voz aún temblorosa.
—Mi padre… —hizo una pausa, como si le costara encontrar las palabras—. Hoy explotó de nuevo. Me dijo que ya pasó suficiente tiempo y que no ve ningún avance, que mi banda no es más que una pérdida de tiempo. Y lo peor… —se interrumpió, bajando la mirada—, lo peor fue que me comparó con Tomoki. Me dijo que él es un hijo ejemplar, que está enfocado en sus estudios, que quiere ser presidente del centro estudiantil. Y luego me miró y me dijo que yo solo le he hecho desperdiciar dinero, pagando un departamento que abandoné, una carrera que dejó… Es como si yo fuera un fracaso para él.
Izumi escuchaba atentamente, sus manos acariciando su espalda en un intento de consolarlo.
—Yutaka, eso no es verdad. No eres un fracaso, y mucho menos para las personas que realmente te quieren. —Su tono era firme pero lleno de calidez—. No tienes que cumplir con los estándares de nadie. Lo que estás haciendo, el esfuerzo que pones en la música, tiene mucho valor. Lo que pasa es que tu padre no lo entiende.
Yutaka negó con la cabeza, con los ojos clavados en el suelo.
—Es que… no quiero ser una carga para él, Izumi. Me siento… como si estuviera fallando en todo. Estaba pensando en un trabajo de medio tiempo para ayudar con los gastos, para buscarle que no solo estoy aquí "vagueando" como él dice. No quiero que siga viendo a su propio hijo como un inútil.
Izumi le tomó las manos, haciendo que la mirara a los ojos.
—Si crees que eso te hará sentir mejor, entonces hazlo. Pero hazlo solo por ti, no por el peso de las palabras de tu padre. —Su mirada era profunda, llena de comprensión y apoyo—. Tienes el derecho de perseguir tus sueños, de equivocarte y de volver a intentarlo. Yo estoy aquí para ti, Yutaka. Siempre voy a estar aquí, y no tienes que llevar toda esta carga solo.
Yutaka la miró con una mezcla de agradecimiento y sorpresa. Era como si no supiera que alguien pudiera entenderlo de esa manera.
—Gracias, Izumi… no sé qué haría sin ti —murmuró, apretando suavemente sus manos—. Me haces sentir que... que no estoy solo en esto.
Ella sonó y acarició su rostro con ternura, quitándole una lágrima que había quedado en su mejilla.
—Porque no lo estás, Yutaka. Si alguna vez sientes que necesitas un respiro, o simplemente a alguien que te escuche, aquí estoy. —Izumi le ofreció una sonrisa.
Izumi sintió el corazón acelerarse un poco mientras pensaba en cómo ofrecerle a Yutaka que se quedara esa noche. La idea de pasar la noche con él en su habitación le provocaba cierto nerviosismo, una mezcla de emoción y timidez que no había anticipado. Respiró hondo, dándose valor, y le dijo suavemente:
—Si quieres, puedes quedarte a dormir aquí. Creo que te vendría bien descansar un poco y alejarte de todo, aunque… —Hizo una pausa, sintiendo el rubor en sus mejillas—. Lo único que tendríamos que evitar es hacer ruido, si mis padres se enteran de que un chico se queda a dormir… se armaría un buen escándalo.
Yutaka la miró con sorpresa, y después con una mezcla de ternura y nerviosismo en su rostro. Se pasó una mano por el cabello, casi como si buscara calmarse a sí mismo antes de responder.
—Izumi, no quiero causarte problemas… ni hacer que te sientas incómoda. —Levantó una mano y suavemente le acarició el rostro, su expresión llena de sinceridad—. Y si me quedo, te prometo que no haré nada que tú no quieras. Puedo mantener mi distancia, solo quiero que te sientas tranquila.
Izumi asintió, sintiéndose más aliviada y a la vez con el corazón latiendo más fuerte al saber que él comprendía su nerviosismo. Aun así, deseaba que se quedara.
—Gracias, Yutaka. Pero… realmente quiero que te quedes esta noche. —Lo miró a los ojos, sonriendo con timidez—. Es solo que… es la primera vez que invito a un chico a quedarse.
Yutaka esbozó una pequeña sonrisa, compartiendo su timidez.
—Entonces ambos estamos en la misma situación. —Se quedó en silencio unos segundos, y después añadió con suavidad—: Prometo que seré un buen huésped y respetaré cada centímetro de tu espacio… a menos que me invites a quedarme cerca.
Izumi le dio un leve golpe en el brazo, riéndose, mientras el ambiente se llenaba de una calidez especial.—Y bueno, si vas a quedarte, espero que no te robes toda la cama —dijo, dándole un empujoncito juguetón en el hombro.
Yutaka esbozó una sonrisa y arqueó una ceja, divertido.
—Ah, ¿sí? Pues ten cuidado, porque puedo ocupar más espacio de lo que piensas. —Él la miró con una chispa de picardía, y luego, fingiendo ponerse serio, añadió—: Claro, a menos que me invita a quedarme muy cerca de ti… Entonces prometo no invadir tu lado.
Izumi le dio un leve golpe en el brazo, aunque no pudo evitar reírse.
—¿Así que ahora te aprovechas del momento? Muy bien, pero te advierto que ronco… o eso dicen.
Yutaka soltó una carcajada, y luego, en tono juguetón, respondió:
—Me arriego. A estas alturas, creo que sobreviviré a tus ronquidos.
Con una sonrisa, ambos se acomodaron en la cama, dejándose envolver por la calidez de la noche. Al principio hablaron de cosas triviales: recuerdos divertidos, sueños que aún no habían compartido, pequeñas historias que lograban arrancarles sonrisas y risas suaves en la oscuridad. La voz de Izumi, tranquila y cálida, fue poco a poco calmando a Yutaka, quien sentía cómo el peso de la discusión con su padre se iba disipando en cada palabra que compartían.
En algunos momentos, caían en un silencio cómodo, en el que solo el sonido de sus respiraciones se entrelazaba. Yutaka miraba a Izumi de reojo, notando cómo su expresión iluminada por la tenue luz de la lámpara le transmitía una paz que casi parecía irreal. En esas pausas, él sentía que todo el dolor, toda la incertidumbre, podían desvanecerse si ella estaba a su lado.
Finalmente, ambos fueron cayendo en un sueño tranquilo, como si la presencia del otro fuera todo lo que necesitaban para encontrar reposo.
Cuando los primeros rayos de la mañana comenzaron a filtrarse por la ventana, Yutaka fue el primero en despertarse. Se quedó observando a Izumi, quien aún dormía plácidamente a su lado. En ese instante, sintió una profunda gratitud por haber podido compartir con ella una noche tan difícil. Verla dormir con serenidad, sin preocuparse por nada, le recordó lo especial que era para él, la paz que le daba incluso en sus momentos más oscuros.
Los recuerdos de la noche anterior aún estaban frescos en su mente: cómo lo había escuchado, cómo le había ofrecido consuelo sin pedir nada a cambio. Yutaka sintió una calidez en el pecho al darse cuenta de lo mucho que significaba ella en su vida. En silencio, se acercó un poco más, deseando que el momento se quedara grabado en su memoria.
Con un cuidado infinito, se inclinó sobre ella y dejó que sus labios rozaran suavemente los de Izumi en un beso tierno, apenas un susurro, como si temiera despertarla. Era un gesto que para él significaba más de lo que cualquier palabra podría expresar; un intento de sellar todo lo que sentía en un instante delicado, una promesa silenciosa de amor.
Mientras se retiraba ligeramente, le susurró con voz suave, apenas un murmullo en el silencio de la mañana:
—Eres el amor de mi vida, Izumi… Gracias por estar conmigo.
Izumi se movió ligeramente en su sueño, como si su corazón hubiera oído las palabras, pero siguió dormida. Yutaka, sonriendo con ternura, se quedó a su lado unos minutos más, sabiendo que, en ese momento, no había lugar donde preferiría estar que allí, junto a ella.
— — – — —
Unos minutos después de que Izumi despertara al escuchar el golpe suave en la puerta de su madre recordando que era hora de alistarse para ir a la escuela.
Yutaka también se movió, desperezándose lentamente. Su mirada adormilada la encontró, y en sus ojos había una gratitud tan genuina que hizo que Izumi sintiera un leve temblor en el pecho. Sin decir una palabra, él se inclinó hacia ella y, con un beso suave, le agradeció por haber estado a su lado en la noche difícil que había pasado.
—Gracias, Izumi… —susurró Yutaka, con una sinceridad que llenaba el espacio entre ellos—. No sé qué haría sin ti.
Izumi sintió una calidez en su pecho al escucharlo. En el abrazo de Yutaka, la carga emocional de la noche anterior parecía haberse disipado, dejándole solo esa paz suave y la sensación de haber hecho algo que realmente importaba. Mientras él la miraba con ojos sinceros, Izumi tuvo un instante de certeza, como si en ese momento todos los sacrificios valieran la pena solo por verlo sonreír de nuevo.
Más tarde, ya en la preparatoria, Izumi se encontró con Tomoki en su salón. Estaba rodeado de papeles y anotaciones, su rostro concentrado en organizar todo para su campaña estudiantil. Ella sonrió al verlo tan entregado a su proyecto y decidió acercarse.
—Vaya, Tomoki. Veo que estás totalmente en modo presidente del centro estudiantil —dijo Izumi, acomodándose a su lado.
Tomoki levantó la vista, soltando un suspiro, algo cansado pero con una sonrisa de satisfacción en el rostro.
—Es más trabajo del que pensé. Pero bueno, tengo que esforzarme si quiero ganar.
La expresión de Izumi cambió a una más seria, y decidió abordar lo que realmente le preocupaba.
—Tomoki… quiero hablar contigo sobre Yutaka y tu padre. No puedo soportar ver a Yutaka así, está realmente mal —confesó, mirándolo con una mezcla de preocupación y determinación.
Tomoki dejó sus papeles a un lado y la miró, su rostro también reflejando el peso de la situación.
—Te entiendo, Izumi. Desde que Yutaka regresó, todo está muy tenso en casa. Casi todos los días hay peleas, y ya no sabemos cómo calmarlos.
Izumi lo escuchó con atención y sintió una ola de empatía. No solo quería ayudar a Yutaka, sino también a Tomoki, quien también estaba atrapado en el conflicto.
—Quiero hablar con tu papá —dijo Izumi, con una firmeza que Tomoki no había visto antes en ella—. Intentar hacerle entender cómo se siente Yutaka… Quizás si escuchara a alguien más, podría ayudar.
Tomoki dudó un momento. Sabía que su padre era un hombre complicado y rígido en sus pensamientos, pero también veía en Izumi una determinación que pocas veces había notado en alguien más.
—Si crees que puedes hacer algo, yo te ayudaré —aceptó finalmente, asintiendo con una sonrisa comprensiva—. Pero mi papá es complicado, ya sabes…
Izumi le sonrió, agradecida, y por un momento sintió que no estaba sola en su intento de ayudar a Yutaka. Tomoki era alguien en quien podía confiar.
—Gracias, Tomoki. No sé qué va a pasar, pero tengo que intentarlo. Y, bueno, ya tienes asegurado al menos un voto en tu campaña —bromeó, intentando aligerar la conversación.
Tomoki rió y le guiñó un ojo, devolviéndole la broma.
—Obvio, ¿qué clase de cuñada serías si no me apoyaras?
Izumi rodó los ojos, divertida, pero no pudo evitar que un leve sonrojo se asomara en sus mejillas. A pesar de todo, la palabra "cuñada" le generó un calorcito inesperado en el pecho.
—Cuñada, ¿eh? Ni te emociones tanto, Tomoki —dijo, tratando de ocultar la sonrisa que se asomaba en su rostro.
—Lo siento, lo siento —se rió él—. Pero cuando gane, diré que todo fue gracias a mi cuñada.
Ambos rieron juntos, y en ese momento, Izumi sintió que, a pesar de las dificultades, tenía un aliado en Tomoki. No solo compartían el deseo de ver a Yutaka feliz, sino que también habían construido una amistad sincera y un apoyo mutuo.
Al día siguiente, un viernes por la tarde, Tomoki e Izumi llegaron al edificio donde trabajaba el Sr. Himi. La primavera comenzaba a asomarse en la ciudad, trayendo consigo la promesa de nuevos comienzos. Sin embargo, Izumi no podía evitar sentir que ese aire fresco chocaba con la tensión que se acumulaba en su pecho mientras se preparaba para hablar con el Sr. Himi. Las flores y los brotes nuevos parecían simbolizar la esperanza, pero para ella, ese momento era incierto.
— ¿Estás segura de que quieres ir sola? Te puedo acompañar si quieres —dijo Tomoki, notando el nerviosismo en su voz. Sabía que el tema de Yutaka con su padre no era fácil de abordar. Aún el simple nombre de su hermano podía provocar una reacción furiosa en su padre.
Izumi lo miró y le dio una sonrisa tranquila, intentando calmarlo, aunque por dentro sentía lo contrario.
— Sí, puedo hacerlo sola. Quiero ver si puedo hacer algo para ayudar a tu familia, especialmente a Yutaka —respondió con determinación, a pesar de la ligera inquietud que sentía.
Tomoki guardó silencio por un momento, observando el brillo de sus ojos cuando mencionó a su hermano. En ese instante, sin pensarlo, sonrió con una mezcla de gratitud y una profunda melancolía. Supo, en ese mismo instante, que Yutaka había encontrado a una persona que realmente lo entendía, que lo amaba y lo cuidaba.
— Gracias por querer a mi hermano.
Izumi sonrió, más sincera que nunca.
— No debes agradecerme nada, Tomoki. Amo a Yutaka y haré lo que sea por su felicidad —respondió con firmeza. — Ahora vete, tienes una reunión con tu equipo para la campaña. Luego de aquí, me voy a encontrar con Yutaka en una cafetería cercana.
Tomoki la abrazó rápidamente, luego se separó y se despidió con una sonrisa más relajada, aunque un pequeño nudo permanecía en su estómago.
— Buena suerte, Izumi. Espero que mi padre no se vuelva loco —pensó, mientras veía cómo su amiga entraba al edificio.
Al entrar a la recepción y explicar que estaba allí para ver al Sr. Himi, la secretaria la condujo hasta una pequeña sala de espera, donde el Sr. Himi la recibió al poco tiempo con una expresión de sorpresa.
— Izumi, ¡qué inesperado verte por aquí! ¿Ha pasado algo con Tomoki? —preguntó, claramente preocupado.
Izumi negó con la cabeza, esbozando una sonrisa tranquila, aunque por dentro sabía lo difícil que iba a ser la conversación.
— No, no, Tomoki está bien. En realidad, vine para hablar sobre… Yutaka —respondió con voz suave.
El Sr. Himi la miró con extrañeza, sin disimular su sorpresa.
— ¿Yutaka? No sabía que estabas en contacto con él.
— Es que… estamos saliendo desde hace unos meses —admitió Izumi, sonrojándose levemente. Al ver la reacción del Sr. Himi, continuó rápidamente—. Lo mantuvimos en privado, y por eso quería hablar con usted. Estoy muy preocupada por él, por todo lo que está pasando entre ustedes.
El Sr. Himi suspiró y frunció el ceño, su rostro endurecido por los años de tomar decisiones difíciles.
— Ya veo. Supongo que no debería sorprenderme, pero… no sabía nada de esto. Yutaka siempre ha sido reservado —comentó, antes de tomar asiento frente a ella—. Dime, Izumi, ¿por qué te preocupa tanto?
Izumi bajó la mirada por un momento, eligiendo sus palabras con cuidado. Había algo en la expresión del Sr. Himi que le decía que este no sería un camino fácil.
— Sé que no es fácil para usted entenderlo. Pero, desde que Yutaka dejó la universidad, siente que ha perdido su apoyo… que se ha convertido en una decepción para usted. — Izumi levantó la mirada, fijándose en los ojos del Sr. Himi. — Necesita su apoyo más que nunca.
El Sr. Himi se acercó ligeramente, con una expresión de evidente descontento.
— No es solo un sentimiento, Izumi. Yutaka tenía todo un futuro asegurado y eligió tirarlo por la borda. Se suponía que era el ejemplo, el mayor. Y mira dónde estamos ahora, con peleas constantes… —se interrumpió, conteniendo la frustración que asomaba en su tono—. Siento que solo ha desperdiciado las oportunidades que le dimos.
Izumi lo escuchó con paciencia, asintiendo suavemente antes de responder. Su corazón latía con fuerza, pero no podía rendirse. No por Yutaka.
— Entiendo su dolor. Sé que Yutaka tomó una decisión que no esperaba… pero, ¿y si ese cambio es lo que necesita para ser feliz? Estás intentando encontrar su camino, aunque no sea el que usted había imaginado. Él todavía lo necesita, Sr. Himi, necesita su apoyo más que nunca.
El Sr. Himi la miró, dudando, sus ojos llenos de incertidumbre.
— Es difícil verlo así, Izumi. Lo comparo con Tomoki, quien desde joven ha sido responsable, con objetivos claros… Yutaka no se parece en nada a él.
Izumi se inclinó hacia adelante, con una convicción palpable en su voz.
— Pero Yutaka no es Tomoki. Cada uno tiene su propio camino, sus propios sueños. Sé que quizás no es fácil verlo, pero él está luchando para demostrar su valía. Y creo que si ustedes encontraran una manera de comunicarse… podría ayudarlo a cambiar el rumbo, a dar lo mejor de sí.
El Sr. Himi permaneció en silencio, pensativo, y algo de amargura se reflejó en su expresión. Parecía luchar contra sus propios pensamientos, como si las palabras de Izumi estuvieran empezando a abrir una grieta en su resistencia.
— ¿De verdad cree que aún hay una posibilidad? ¿Que puede demostrar que no he perdido mi tiempo y mi esfuerzo en él?
Izumi asintió, su mirada llena de esperanza y determinación.
— Estoy segura de que puede, si tiene el apoyo de usted. Y yo también estaré allí, apoyándolo.
El Sr. Himi suspiró, como si por fin estuviera dispuesto a considerar sus palabras. Algo en su actitud había cambiado, aunque aún quedaba una capa de desconfianza.
— Aprecio que hayas venido, Izumi. Supongo que… puedo intentar ver las cosas desde otra perspectiva, al menos por él.
Izumi se quedó en silencio un momento, observando al Sr. Himi con una mirada suave y reflexiva. Luego, como si se le hubiera ocurrido una idea en ese instante, le hizo una pregunta casual.
— Sr. Himi, ¿siempre soñó con ser abogado?
Él la miró, ligeramente sorprendido por la pregunta, pero asintió.
— Sí, desde que era joven. Siempre me imaginé en una sala de audiencias, defendiendo casos importantes, ayudando a las personas a hacer justicia. Fue un sueño que persiguió durante años.
Izumi, interesada y con una curiosidad genuina, le preguntó:
— ¿Cómo se sintió cuando recibió su título? ¿Recuerda ese momento?
El Sr. Himi dejó escapar un suspiro, evocando recuerdos de aquella época.
— Fue uno de los días más felices de mi vida. Sentí una satisfacción inmensa, un orgullo difícil de describir. Todo el esfuerzo, las largas noches de estudio, los sacrificios… todo había valido la pena. Había alcanzado el sueño que me propuse desde joven.
Izumi sonrió suavemente, y sus palabras resonaron con una calidez inesperada.
— Eso mismo es lo que siente Yutaka cuando está con su banda, cuando compone o toca su guitarra. Para usted, su sueño fue ser un abogado, y para él, su gran sueño es ser un músico profesional.
El Sr. Himi se quedó en silencio, como si esas palabras hubieran tocado una fibra interna. Miró a Izumi con una mezcla de desconcierto y algo más. Quizás, por primera vez, veía a su hijo con otros ojos.
— ¿Alguna vez lo ha visto tocar? ¿Estuvo presente en alguna de sus presentaciones?
Él negó con la cabeza, evitando su mirada.
— No, nunca he estado allí. No he visto ninguna de sus presentaciones —admitió, con una leve vergüenza.
Izumi lo miró con ternura y convicción.
— Tal vez debería ir a verlo, Sr. Himi. Solo una vez, solo para que pueda ver cómo es Yutaka en ese momento, lo que lo apasiona. Quizás así logre entender que ese es el sueño de él… y que está tan decidido a alcanzarlo como usted lo estuvo en su momento.
El Sr. Himi avanzó lentamente, como si esas palabras empezaran a calar en su interior. Izumi miró al Sr. Himi con una sonrisa suave, con una ligera esperanza en sus ojos.
— Si alguna vez decide ir a ver a Yutaka tocar, estaré más que feliz de acompañarlo. Solo para que pueda verlo, para que vea lo feliz que se siente en ese escenario, tocando su guitarra con su banda. Creo que lo entendería mejor si
Después de su conversación, ambos salieron del edificio donde él trabajaba. Izumi se despidió con una cálida sonrisa, y mientras caminaba hacia la calle, sacó su teléfono para contestar un mensaje de Yutaka.
"No sé por qué no quisiste que te recogiera, pero bueno, ya estoy yendo. En unos minutos nos vemos en nuestro lugar," leyó el mensaje, sonriendo al ver las palabras de Yutaka. Un sentimiento cálido se instaló en su pecho.
Al levantar la cabeza y mirar hacia adelante, Izumi giró la esquina y, sin querer, chocó suavemente con alguien. Miró hacia arriba y se encontró con el rostro familiar de Takuya.
—¡Takuya! —exclamó con sorpresa, apartándose rápidamente.
—Lo siento, Izumi —dijo Takuya, con un tono más serio de lo habitual. La miró fijamente, como si quisiera entender lo que sucedía entre ellos. Finalmente, dio un paso hacia ella, sus ojos llenos de una curiosidad ansiosa. — ¿Te puedo hacer una pregunta? Quiero que seas sincera conmigo, por favor.
Izumi lo miró por unos segundos, suspiró, luego le contestó:
—Voy a ser sincera contigo.
Takuya dio un pequeño paso hacia ella, tomando aire antes de hablar.
—¿Qué es lo que está pasando entre vos y el hermano de Tomoki? Últimamente te ha estado recogiendo de la preparatoria casi todos los días, y te vi más cercana a él. —preguntó Takuya de forma directa, sin rodeos.
Izumi suspiró, sabía que este momento llegaría tarde o temprano.
—Estoy saliendo con él —dijo con una mirada tranquila—. Hace como siete meses, fue después del cumpleaños de Tomoki.
Takuya cerró los ojos por un momento, pensando para sí mismo: "Es lo que me imaginaba." Un leve dolor se instaló en su pecho, pero lo mantuvo en silencio.
—¿Lo amas? ¿Te enamoraste de él? —preguntó, con un leve atisbo de esperanza de que la respuesta fuera un no, aunque sabía en su corazón cuál sería la respuesta.
Izumi lo miró con suavidad, sin ocultar lo que sentía.
—Sí. Me enamoré de él, Takuya. Perdí la cabeza por Yutaka. Desde que lo conocí, no pude evitarlo. Lo que siento por él es real —dijo Izumi con una sonrisa sincera, un brillo en sus ojos que Takuya nunca había visto, ni siquiera cuando ellos salían.
El rostro de Takuya se desmoronó un poco. Se quedó en silencio por un momento, como si las palabras de Izumi le hubieran atravesado el corazón. Luego, forzó una sonrisa, pero sus ojos estaban llenos de dolor sutil.
—Te deseo lo mejor, Izumi. Quiero que seas feliz, y espero que él te haga feliz como te lo mereces. Eso es lo único que importa —dijo, aunque su voz se quebró al final.
Izumi lo miró con tristeza, y suspiró suavemente antes de responder:
—Takuya, tú también mereces ser feliz. Deberías buscar a alguien que te haga feliz, alguien que te quiera como tú lo mereces. Eres un buen chico, no te olvides de eso.
Takuya la miró fijamente, como si sus palabras le dieran un poco de esperanza, aunque aún quedaba una sombra de duda en su mirada.
—Lo intentaré —respondió con un leve asentimiento. Luego, antes de despedirse, hizo una pausa, y con un tono más bajo, le dijo—: Izumi… quiero disculparme por lo que pasó aquella noche, por el beso que me di con Ichigo. Sé que fue un error, y estaba borracho, pero eso no es excusa. Me duele haberte herido.
Izumi, al escuchar sus palabras, lo envolvió en sus brazos sin pensarlo. Takuya se quedó sorprendido, sin saber cómo reaccionar, pero unos segundos después le devolvió el abrazo.
—Ya está en el pasado, Takuya. Lo que pasó no importa ahora. Lo único que importa es que podemos seguir siendo amigos otra vez. Como antes, pero ahora sin resentimientos.
Izumi se separó lentamente y le sonrió, y aunque el corazón de Takuya seguía algo roto, sintió una ligera paz en su interior. Podía seguir adelante, aunque esa sensación de arrepentimiento nunca desapareciera.
—Ahora debo irme, tengo unos asuntos que atender. Nos vemos otro día, Takuya. Que tengas una linda tarde —le dijo mientras se alejaba lentamente, sin esperar respuesta.
Takuya se quedó allí, quieto, observándola alejarse. En su mente, una idea persistente le rondaba:
"Voy a intentar conocer a alguien más, pero sé que no voy a encontrar a nadie como Izumi. Ella es el amor de mi vida, aunque yo no sea el de ella."
Yutaka ya se encontraba sentado en la cafetería. En el respaldo de su silla colgaba su clásica chaqueta de cuero, que siempre había sido su favorita. Había llegado hacía unos 10 minutos y ahora, mientras se sentaba con los codos apoyados sobre la mesa, su mirada fija en la taza de café frente a él, no podía despejar su mente. La mandíbula tensa y los músculos rígidos lo delataban; algo lo estaba carcomiendo por dentro. Los pensamientos en su cabeza daban vueltas sin cesar, y ninguno de ellos lograba calmarlo.
La inseguridad lo había invadido desde el momento en que vio a Izumi abrazada con Takuya, su ex, con quien ella había tenido una relación en el pasado. Recordaba claramente lo que Izumi le había contado en sus primeros días juntos: que Takuya había sido su primera ilusión, el primer amor que había tenido. Esa idea, esa imagen, hacía que una furia inexplicable creciera en su pecho. ¿Por qué no le había dicho que se vería con él? Esa escena lo había golpeado con más fuerza de la que había imaginado, y los celos comenzaron a apoderarse de él con cada segundo que pasaba.
Yutaka cerró los ojos un momento, intentando calmarse. El silencio de la cafetería lo rodeaba, pero dentro de él solo había caos. No podía entender por qué los celos lo dominaban de esta manera, por qué no podía ser más seguro de sí mismo y confiar en Izumi. Sin embargo, la imagen de ella abrazada a Takuya seguía apareciendo en su mente, y eso lo mantenía fuera de sí.
El sonido de la puerta al abrirse lo sacó de su trance. Izumi entró, y por un momento, su presencia le dio un respiro. Pero al verla sonreír, esa misma sonrisa que él había llegado a amar, algo en él se quebró. No pudo evitar pensar que esa sonrisa podía ser también para Takuya, el hombre de su pasado que parecía no querer dejarla ir.
Izumi se aproxima a la mesa con una sonrisa, esperando el saludo habitual de Yutaka, pero algo en él está diferente. Su expresión no refleja la calidez a la que está acostumbrada. Está serio, incluso distante. En lugar de levantarse para saludarla con el entusiasmo de siempre y ese pequeño beso en la mejilla que siempre la hacía sentir especial, permanece sentado, sus ojos fijos en el café frente a él, como si estuviera luchando con sus pensamientos. El cambio es evidente, y un nudo se forma en el estómago de Izumi.
—Hola, Yutaka —saluda, forzando un tono alegre, pero la ligera inquietud en su voz es inevitable.
Él la mira de reojo, sin hacer el menor intento por levantarse. La incomodidad crece en el aire, denso y palpable. Izumi frunce el ceño, confundida, preguntándose qué está pasando.
—¿Todo bien? —pregunta con cautela, su mirada fija en él, tratando de leer sus ojos, pero no encuentra nada que le ofrezca respuesta.
Yutaka la observa como si estuviera procesando algo en su mente, sin dejar de evitar el contacto visual. Después de unos segundos, su voz, normalmente cálida, suena cortante, casi áspera.
—Vi algo hoy... algo que me hizo pensar —dice, sus palabras flotando en el aire, cargadas de un tono que Izumi no logra identificar. Los ojos de ella se abren ligeramente, el corazón dándole un vuelco.
—¿De qué hablas? —pregunta, ahora alerta, con un nudo creciente en su garganta.
Yutaka da un sorbo de su café, casi como si no estuviera completamente presente en el momento, y cuando finalmente levanta la vista, su sonrisa es irónica, un destello de amargura.
—Que al parecer hoy en día, encontrarse y abrazarse con un ex es lo más normal del mundo. —Su tono se hace más cortante con cada palabra—. ¿Qué opinas tú sobre eso?
El corazón de Izumi se detiene por un momento. Sus ojos se agrandan al comprender a qué se refiere. Yutaka había visto el abrazo entre ella y Takuya, ese gesto que, aunque inocente, para él debe haber significado mucho más. Los celos comienzan a nublar su juicio.
—Yutaka, no es lo que piensas —responde rápidamente, tratando de calmarlo, pero su voz tiembla ligeramente, una mezcla de sorpresa y ansiedad que no puede esconder.
Yutaka la interrumpe antes de que pueda continuar, su frustración y celos que ahora son completamente visibles.
—No necesito que me expliques nada, Izumi. No soy tonto —responde, su voz más dura, cargada de una furia silenciosa que Izumi nunca había visto en él.
Izumi se queda paralizada por un momento, la frustración comenzando a apoderarse de ella. ¿Por qué no puede ver lo que ella ve? ¿Por qué no puede entender que lo de Takuya fue parte del pasado, algo que ya no tiene cabida en su vida? A pesar de la rabia que la consume, intenta explicar, pero las palabras parecen escapar sin fuerza.
—No es lo que parece, Yutaka. Ese abrazo... fue solo eso, un abrazo. No tienes nada que temer —dice, aunque sabe que su tono no es tan firme como desearía. La tristeza comienza a colarse en su voz.
Yutaka la mira con desconfianza, su expresión empeorando con cada palabra que ella dice.
—¿No tengo nada que temer? —su tono se hace más acerado—. ¿Entonces por qué sigues encontrándote con él? Ahora comprendo por qué no quisiste que te pasara a recoger. Tenías todo planeado para verte con él.
Las palabras lo golpean como un jarro de agua fría. Izumi da un paso atrás, atónita. Su respiración se acelera, y el nudo en su pecho se hace más fuerte.
—¿Me estás diciendo que no confías en mí? —su voz se eleva, un grito lleno de indignación, pero también de desesperación. ¿Cómo pudo llegar a pensar eso?—. ¡Eso no tiene sentido, Yutaka! ¡Es solo un abrazo! ¿Acaso ahora tengo que pedir permiso para ser amable con un amigo?
Yutaka la mira con una furia que parece desafiar todo lo que han construido. Los celos lo están cegando, y su voz, cargada de resentimiento, la atraviesa como una daga.
—¡Un amigo con quien tienes un pasado! ¡Un amigo que te ve como una mujer! ¡Un amigo que está enamorado de ti! —grita, los ojos llameando con rabia. Las palabras le salen sin filtro, sin pensar en el daño que pueden causar.
Izumi retrocede, su pecho se aprieta, pero no puede evitar la oleada de incredulidad que la invade. Ese no es el Yutaka que conocía, no es la persona con la que había compartido tantas risas, tantos momentos. Esta versión de él la hiere, y lo peor es que parece ser incapaz de escucharla.
La tensión en la cafetería es insoportable. Lo que antes era un lugar cálido, familiar, ahora se siente asfixiante, como si el aire mismo estuviera colapsando sobre ellos.
—No lo entiendes —dice Yutaka, su voz helada, antes de levantarse abruptamente de su silla. El movimiento es brusco, definitivo. —Tal vez ya no debería estar aquí. Parece que todo esto fue un error.
El golpe de esas palabras le quita el aliento a Izumi. Su corazón late con fuerza, pero su orgullo y su frustración la impulsan a levantarse también, el nudo en su garganta demasiado grande para ignorarlo. Su rostro se endurece, la rabia y la desilusión invadiéndola por completo.
—Sí, tal vez fue un error —responde, sin poder evitar que la rabia se filtre en su voz, como un veneno amargo que no puede tragarse. —¿Sabes qué? Mejor me voy.
Yutaka al mirarla a los ojos, vio como sus ojos se llenaban de lágrimas y por un instante quiso detenerla, pedirle disculpas. Pero su orgullo y sus celos fueron más fuertes; no hizo nada y la dejó ir. Izumi salió de la cafetería a paso rápido, intentando contener las lágrimas antes de que él pudiera verlas, con el corazón hecho pedazos y la furia ardiendo en su pecho. El aire frío de la noche la golpea al instante, pero no la detiene. Sabe que se va por el bien de ambos, que necesita espacio, pero algo en su interior se quiebra mientras camina por la calle.
