Capítulo 8
El Plan.
Echidna tiene más conocimiento de este mundo que yo, sabe cómo funciona la magia y necesito aprender de ella si quiero hacerme más fuerte. Lastimosamente necesitamos salir mañana, así que tendré que posponer todo eso.
Me siento en mi oficina, leyendo el informe de Erick.
Las horas pasan, pero yo sigo leyendo; organizando mis notas y los informes oficiales. La situación es compleja, pero ciertamente hay una ruta por donde podemos escapar.
Hay notas de transacciones hechas entre Harald y el Bordeaux. El problema es que para obtenerlas necesitamos infiltrarnos en el castillo y obtenerlas. Bordeaux debe tenerlas también, pero ciertamente es más complejo, deben estar bien resguardadas en su casa.
Erick propone el método de infiltración, pero en mi grupo no hay nadie que sea hábil en ese elemento. Aunque Echidna quizás puede usar magia de teletransportación.
Rasco mi cabeza, pensando si es buena idea enviarla a la boca del tigre. Más que su seguridad, me gustaría mantenerla en secreto. No quiero que nadie se entere de que una de las brujas del pasado esta rondando libremente por ahora.
En especial alguien como Echidna.
«De todas formas, hay una mejor manera, algo que permitirá darle visibilidad y crédito a alguien aparte».
Los fondos de los impuestos fueron malversados para la investigación, pero sin su libro de cuentas no puedo afirmarlo. Erick llegó a la misma conclusión, por lo que no hay una forma real de obtenerlos sin luchar.
Los libros de cuentas son algo que debe tener cada ciudad, sin importar lo pequeña que sea es importante y es obligatorio por ley. Si Harald hizo eso debe tener dos libros de estos, uno para el llevar sus cuentas ante Lugunica y otro para mostrar al reino.
Las auditorias actuales no son perfectas, los sistemas fiscales tampoco lo son, por lo cual realmente es fácil hacer ese tipo de cosas.
«Si lo hacían en mi mundo donde era difícil esconder tus acciones, que les impide hacerlo en este».
Además, para que no sospeche tendríamos que crear una copia igual. Sin duda no es una opción viable a menos que lleve su libro real consigo todo este tiempo, mientras que el falso lo mantenga resguardado en una lugar que nadie espera.
«La casa de Bordeaux».
No importa cuando siga pensado, es la única opción que soy capaz de ver.
La información que tengo sobre el Bordeaux real es compleja, pues las investigaciones de Erick no fueron muy grandes. Pero hay una cosa, y es el hecho de que Harald suele ir a visitar la mansión de Bordeaux en secreto.
«En ese caso, Harald no es más que la marioneta de Bordeaux, o eso quiere hacerle creer».
Tendré que usar mis mejores cartas para poder actuar como lo necesito, pero para eso debo actuar.
Tenemos miasma liquido de los cadáveres, estoy seguro Bordeaux y Harald lo han visto antes. Ahora, ambos tienen grandes poderes, por lo que será difícil inculparlos sin levantar sospechas. No puedo simplemente demostrar su culpabilidad, podría ocasionar una guerra interna y entonces todo el comercio y la gente se vería afectada.
Agarro mi cabeza, pensando en que debería hacer.
No tiene caso, no basta conmigo para resolver esta situación. Echidna de momento no sabe sobre la actualidad, pero hay alguien que está más que preparada para esto, pues ha estudiado durante toda su vida.
Tras llamarla llega, y le entrego los documentos con mi plan en boceto.
—Si estuviese en mi familia esto habría sido sencillo. —Crusch me mira, dejando los papeles en la mesa para sorber un poco de té—. Desde que vi la situación supuse lo que iban a hacer, el problema es como arreglarlo. Podemos demostrar la culpabilidad, pero estoy segura de que el consejo no lo va a permitir, incluso si son culpables.
—¿Y si hacemos que el ducado Karsten se ponga de nuestro lado?
Crush me mira, pero en sus ojos no hay esa típica resolución que ella tiene. Hay temor, como si algo malo viniese de asumir esto. Al ver sus ojos solo puedo pensar en una persona, aquella persona que reemplazo su existencia.
—Frey Karsten no nos va a ayudar más de lo necesario —admito, y ella mira hacia otro lado—. Lo siento por mencionarlo.
Crusch y yo ya nos dimos cuenta, su aparición fue demasiado calculada. No parece preocupado de que sospechemos de él, o de que podamos hacer algo. Ciertamente no tenemos prueba alguna pero si todo el derecho de sospechar.
Para nosotros el solo hecho de su existencia ya es una prueba.
—Esto es diferente a tu mundo, Marco. Sé que ya lo sabes, pero debo recordarte que en este mundo no hay leyes tan profundas como las de tu mundo. —Crusch sostiene los papeles, mirando hacia ellos con el labio medio mordido—. Las pruebas que tenemos pueden ser desestimadas por el consejo, y debes considerar que no se puede usar magia o bendiciones divinas.
—Las leyes no importan si la gente es corrupta, sin importar el mundo en el que se esté.
Solo tenemos Miklotov y a Tristán como aliados, ciertamente el resto puede ser comprado por el enemigo. Nosotros no podemos hacer compra de ellos porque Roswaal nos dejó sin su dinero, y el nuestro de momento no es suficiente por las preparaciones para los nuevos proyectos y el invierno.
«Además, comprarlos no sería de ayuda para acabar con la corrupción».
Solo se me ocurre una cosa.
—¿Y si ponemos las tierras de Roswaal en el papel? —pregunto, y ella lo piensa, recostándose sobre el sofá.
Regalar nuestras tierras no asegura que nos vayan a apoyar, pero al menos podremos usarlas como una prueba, podríamos hacerlo ver como una extorsión de nuestra parte por la situación.
—El marques desaparece y los sabios quieren las tierras para perpetuar su poder. —La miro, pero veo que no parece convencida del todo
No soy bueno con estas estrategias, ya que no soy bueno con la política.
Puedo entregar resultados si me propongo a hacer algo especifico. La política y este tipo de cuentos legales son solo cosas que puedo suponer con lógica o por cosas que he visto. Sin embargo sé que es más profundo de lo que he investigado.
Por eso me alegro de tenerla.
—Abogada Crusch, la veo pensar mucho, ¿llegó a algo? —Aunque uso un tono burlón para decirlo ella fija su mirada con la mía.
—Marco, ¿qué tal si usamos esa carta de inmediato? —La mirada de Crusch es de molestia, puesto que sabe que debíamos guardarla.
—Reinhard Van Astrea, él es la persona que nos puede ayudar, puesto que puede ver a través de las intenciones de las personas con su bendición divina. —Las manos de Crusch se aprietan con fuerza, mientras que sus palabras salen con dificultad—. Si bien es ilegal usar bendiciones divinas durante el juicio, no debemos subestimar que el enemigo usé mejores cartas.
—Ciertamente, teniéndote a ti y a Reinhard podríamos tener una ventaja clara en términos de información. Con respecto a usarlo, pues ya envié la carta a Miklotov, el debe encargarse de eso.
Hacer que descubran que Felt es una superviviente de la sangre real les dará más oportunidades durante la selección. Por eso fue necesario que Miklotov enviase la carta. El problema es que no quería hacerlo para eso.
Quería usar esa información para obtener algo diferente.
—Si, es lo mejor. Si bien puedo retrasarlo con retorica, su poder político es superior al nuestro. —afirma Crusch con desagrado, mirando hacia otro lado—. Lastimosamente el mundo estaba más corrupto de lo que creía.
Un suspiro largo sale de su boca, uno cargado de arrepentimiento.
—Si me hubiese dado cuenta antes habría acabado con todos ellos, incluso si me criaron en su tiempo.
—Asi es la vida, yo mismo he estado en ambos bandos. —Miro hacía otro lado, intentando no mirar sus ojos.
A mi mente llegan los recuerdos, imágenes de la gente que he asesinado, de las vidas que he acabado.
Persiguiéndome como fantasmas de mi propio arrepentimiento.
—El problema es con los cadáveres también. —Suspiro, intentando aclarar mi mente en lo que importa.
La mejor fuente de información parece que es imposible de analizar.
Los grupos de avanzada siguen investigando los cadáveres, pero no han encontrado un solo cristal. Aun cuando murieron antes de consumirlos, estos parecen haber mutado los cuerpos para luego volverlos esa masa violeta asquerosa.
La mayor prueba que teníamos era esa.
Encontrar uno tirado por el suelo, pero con tal cantidad de gente y miasma repartido no puedo arriesgar a mis soldados. Hemos tenido que usar tiempos rotativos y con magos experimentados en magia yang; que ya de por si son pocos.
Incluso Petra está ayudando a purificar a los soldados que se ven afectados durante la limpieza, lo que me hace arder la sangre por necesitar de niños para ello.
Además de que, debido a la cantidad de cadáveres, tenemos que luchar con las mabestias que salen del bosque. Realmente ha sido complejo, tenemos que entregar los cadáveres llenos de miasma al bosque para que las mabestias lo consuman, lo que ha aumentado la fuerza de estas, haciendo que muten rápidamente.
«A este paso puede haber una ruptura del ecosistema, haciendo que sean más fuertes que nuestros cristales que los repelen».
Eso sería una catástrofe.
Crusch abre sus ojos, mirándome fijamente.
—Hay una forma de darle vuelta a las tornas, pero implica dejar atrás muchas cosas. —Crusch me mira un poco decepcionada, reacia a la idea—. Tendremos que ofrecer tierras y apoyo a los nobles aliados, con la intención de formar una red de apoyo político seguro ofreciendo contratos a precios absurdos. No compraremos a los jueces si no a aliados políticos que nos puedan otorgar información y seguridad viable de hechos que nos puedan servir para el juicio.
Crusch toma un sorbo de té, mirando hacía el techo mientras el humo sale de su boca.
Cada vez hace más frío, pronto vendrá el invierno, o como aquí le llaman «Sol Azul».
—Entrar a la mansión de Bordeaux no sería imposible, sin embargo, tendríamos que conseguir información directa de su mansión. —Crusch toca sus labios unos segundos—. Frey podría hacerlo, o incluso Anastasia, ella tiene una de las mejores redes de información que existen.
El plan puede funcionar, pero, aun así, sin el libro de cuentas realmente no podemos demostrarlo… A menos que.
—Crusch, ¿crees que es posible sí? —me acerco a ella, susurrándole al oído.
Discutimos el plan un tiempo, tanto que vemos que ya se está haciendo de noche. Las personas necesarias para este plan ya fueron contactadas y mañana estarán listos para partir, por lo que nos separamos al llegar al centro de Irlam.
Llego a la plaza, ahora que es de noche todas las lámparas se están encendiendo. El ambiente se siente como en la tierra, solo que aquí hay diferentes razas; cada una con su propia vida.
Quien diría que acabaría de esta forma, la verdad ni yo lo esperaba.
«Al final espero que la tierra esté en buen estado, que mi invento haya servido de algo».
El sonido del metal siendo golpeado toma mi atención.
Es un vendedor ambulante con un pequeño puesto. La gente se aproxima a su alrededor, y el hombre sigue vendiendo a la vez que se promociona.
—¡Pruebe estas deliciosas papas, directas de Kararagi! —exclama el hombre, golpeando su puesto nuevamente.
Camino con curiosidad, pero hay tanta gente que sería incomodo meterme entre ellos. Es un puesto simple: un carrito de madera con una olla de metal; un lamicta de fuego posa ardiente sobre unas placas de acero, calentando la olla donde frita las papas.
Me quedo viendo como el hombre va atendiendo a todos a una velocidad típica de un buen trabajador.
Una vez la gente se aleja, me acerco.
—¿Quiere unas papas? —pregunta, mirándome a través de la capucha, sin poder reconocerme—. ¡Son deliciosas!
Mis ojos se abren en sorpresa al ver que se trata de papas fritas en mantequilla.
«No puede ser…»
Miro con asombro, puesto que no había visto papas en este mundo como las conocía. Las patatas de aquí son grandes, pero no prácticas para hacer papas fritas ya que se asimilan más a las papas dulces.
Estas son más pequeñas, redondas y amarillas, justo como las recuerdo.
«Papa criolla, que delicia…»
—¿Cuánto es? —pregunto, entregando una moneda santa al hombre.
El hombre, sorprendido, mira con prisa su monedero.
Yo lo detengo con lágrimas en los ojos, puesto que me ha dado más de lo que vale una simple moneda santa. Es un humano de más o menos metro y medio; es alguien bastante pequeño.
Sin embargo, su apariencia es impecable.
No tiene un traje negro como es la moda actual, pero viste un kimono negro, adaptándose al luto de la ciudad. Su rostro es un poco asiático y su cabello morado me recuerda a Anastasia.
—Señor, quédese con el cambio. —Siento el viento frío entrar por mi nuca cuando me quito la capucha.
—¡Usted…!
Tras mi seña, simplemente me sirve con una sonrisa. Huelo el delicioso aroma de las papas, disfrutando cada segundo de este momento.
—Señor, por favor, si está interesado, envíe una carta en la oficina del ministerio a la ministra Pearl. —Saco de un bolsillo un sello, en una hoja escribo una aprobación con mi nombre—. Con esto le van a otorgar un sustento para llevar este negocio más allá. Si conoce distribuidores nosotros podemos ser un medio mucho más económico, además de poder instalar un local fisico.
Él me mira con una alegría desbordante, mirando la carta por un segundo. Su emoción es palpable, sus ojos se ablandan rápidamente y sus manos tiemblan de emoción.
—Señor alcalde, yo… —Suelta unas lágrimas, mirándome fijamente—. No pude traer a mi familia cuando tuve la oportunidad. Luego del bloqueo por la guerra el negocio tuvo problemas, mis contactos cerraron negocios tras los resultados de la guerra y no he tenido la oportunidad de reponer inventario; este es mi último costal de papas.
Aprieto los dientes, conteniendo mi molestia interna. Ciertamente, mi decisión fue apresurada; debí ser un buen líder, pero no consideré en mayor escala los daños a los pequeños negocios.
—Soy de Kararagi, pero viajé hasta aquí con las esperanza de tener un nuevo comienzo. —El hombre se inclina como lo haría un japones, firme y lleno de emociones.
Hace tiempo que no lo veía. Su acento también es bastante marcado, similar a una persona de Kansai; al menos un poco.
—Me disculpo. —Me inclino del a misma forma, haciendo que se sorprenda e intente detenerme—. Como alcalde, debí contemplar la situación de mi gente. Mi deber es estar para ustedes y les he fallado, por eso, me disculpo.
Él levanta sus manos, tomándome de los hombros y deteniéndome.
—No, no tiene que disculparse. Usted lo hizo para proteger a la gente de Irlam. Vi a los soldados haciendo guardias hasta altas horas de la noche, incluso logré verle a usted vigilando mientras sobrevolaba por Irlam. —Él sonríe, tomando mis manos—. Tengo mucho de que agradecerle, y, aunque no haya nacido acá, este es el lugar al que perteneceré cuando mi familia venga.
Abro los ojos, con el corazón latiendo con fuerza. Siento una determinación férrea, incluso más grande que antes. El miedo en mi se ha desvanecido, dejándome con la fuerza de sus palabras.
Es como dice: tengo el apoyo de Irlam y el orgullo de mi gente.
—No se preocupe, Irlam solo va hacia adelante. —Le sonrío, y este hace lo mismo—. Si habla con la ministra Pearl ella le dará la posibilidad de traer a su familia, coméntele que yo le pedí el favor. ¿Cuál es su nombre?
—Takeshi, señor.
—Bueno, señor Takeshi, disfrutaré de estas papas antes que se enfríen. —Intento irme, pero este me detiene.
Saca un frasco, agitándolo sobre las papas y haciendo que caiga un polvo rojo. El olor viene rápidamente a mi mente, y la alegría termina por desbordar mi cuerpo.
«Paprika». Las lágrimas se acumulan, y yo solo puedo sonreír.
—Este es un ingrediente común en Azamiki, mi ciudad natal. No es muy popular en el resto de Kararagi, pero es el orgullo de mis tierras. —Asiento, dejándolo y sentándome en un banco.
Suspiro, viendo mi aliento disiparse en el viento.
Sonrío, mirando la cascara dorada que queda de fritarlo. Mi boca se hace agua y mi estomago ruge deseoso. Rápidamente tomo una rebanada y la meto a mi boca.
«No pensé que comer papas, algún día, me daría ganas de llorar». Aún puedo recordar cuando mis padres hacían esta misma receta; solo unas salchichas, con un buen vaso de leche con milo, o una gaseosa. «Es curioso como los placeres cambian con el tiempo».
El calor me reconforta, y, cuando mastico, esta cruje y se desmorona en mi boca. El sabor de la paprika se mezcla con el delicioso sabor de la mantequilla. Cierro mis ojos, conteniendo mis ganas de gritar.
Antes de darme cuenta, mis ojos son tapados por unas frías y delicadas manos.
—Adiv… —Tomo una rebanada y apunto directo a la boca de Emilia. Aún sin verla, estoy completamente seguro de que no fallaré.
Ella toma la rebanada, quitando sus manos y dejándome ver. Sus ojos se abren, ella sonríe y mira hacía las papas en mis manos, pero yo le señalo el puesto de Takeshi.
—¡Ya vuelvo! —exclama Emilia, sorprendiéndolo con su emoción y hablando unos minutos con él.
Cuando vuelve, se sienta a mi lado y toma una rebanada, apuntándola hacía mí.
—Toma, está recién salida. —Tras masticarla sonrío, y ambos empezamos a comer.
—¿Sabías que el condimento es pezuña de Grozznear? —Emilia me mira con una sonrisa, y yo solo puedo mirarla sin saber de qué está hablando. Al ver mi rostro, se echa a reír—. Jeje, es un jabalí, o así le dirían en tu mundo. Aquí, ese jabalí tiene una cola con púas.
La vez que vi al jabalí, que debo hacer mascota de Irlam, no tenía esas características.
Eso me hace dar cuenta de algo: Todavía no sé los nombres de las especies de animales, ni los nombres de todas las flores y alimentos.
«Hay tantas cosas que debí aprender, cosas de mi antiguo mundo que están también en este».
Como le cambian la forma de decirlo es un poco complicado adaptarse.
Incluso hay una variación del café, pero para mí no es nada igual, asi que simplemente lo ignoro. El "Coff", es un grano amarillo que muelen para obtener una infusión similar al café, pero su sabor no es igual, además de que no dá energía como este.
A mucha gente le gusta, pero a mí no me termina de convencer.
«Solo Emilia me comprende». La miro orgulloso, esperando el día que encuentre una buena variación del café. Seguro que es en Vollachia donde podría conseguirlo, pero no sé mucho sobre ese reino.
«Ahora que lo pienso, Otto dijo que su hermano trataba bastante con ellos, quizás haya una versión de "Coff" que se asemeje al café».
—¿El Grozznear es común? —pregunto. Emilia ladea su cabeza ante mi pregunta, mirando hacia el cielo.
—Es una especie común en Kararagi. El señor dijo que sus pezuñas, junto con un poco de peppir y kurenai seco, hacen la mezcla. —Levanta su dedo—. ¡Ah! Kurenai es el nombre de la flor roja en el jardín de la mansión.
Ya veo, por algún motivo para desarrollar ese sabor idéntico tuvieron que hacer procesos tan extraños. El kurenai perfectamente puede ser solo colorante, mientras que la pimienta y la pezuña dan el sabor.
La paprika en mi mundo es solo pimiento rojo seco y molido, también se hace con chile, pero no con pezuña.
—Esta rico, es lo que importa. —Honestamente no se me hace asqueroso; peores cosas he comido.
Ambos seguimos comiendo hasta que ya no queda más. Miro al cielo, apreciando el firmamento tan hermoso que vi el primer día que vine; múltiples constelaciones, incluida la constelación Puck, hacen su aparición.
Diría que veo la vía láctea, pero lastimosamente no la veo.
Puede que ni siquiera esté en mi antigua galaxia, pero, apartado del lugar del que nací, ahora tengo un lugar al que pertenecer.
Este es mi cielo ahora, este es el aire que respiro.
Como es mío, es mi deber cuidarlo y descubrirlo. «Antes no apreciaba la belleza de este mundo, pero eso va a cambiar».
—¿Crees que después del juicio tengamos un poco de paz? —mi boca se desliza, y sin darme cuenta siento un nudo en mi garganta. Llevamos mucho tiempo, problema tras problema—. Quiero descansar, poder tomarme unos días y disfrutar de este mundo.
Quizas viajar y explorar un poco la cultura de este mundo. «Aunque para eso necesito estar con mi hija».
Conozco tan poco que me siento aprisionado.
Ahora que por fin pertenezco, siento un deseo de conocer más.
Lo que antes rechazaba, lo que no era capaz de ver o investigar.
«Quiero ver que ofrece este mundo».
Emilia suspira, entrelazando su mano con la mía. Cuando la miro, ella sigue observando al cielo con sus mejillas y orejas enrojecidas. Su cabello plateado ondea suavemente bajo la brisa nocturna.
Sus ojos púrpura-azulados fijos en el cielo, reflejando el firmamento que nos acoge.
«Que tierna…». Verle tomar la iniciativa me llena de calor el alma.
Aunque seamos más que amigos aun no le he dicho una respuesta formal. Realmente no tengo mucho que pensar, solo quise esperar para no hacerlo en ese momento, pero realmente ya sé cuál es el sentimiento que hay en mi interior.
Este momento compartido bajo el manto estrellado es uno que atesoraré. Cuando todo esto termine, cuando la paz regrese, sabré qué palabras darle a Emilia.
—No lo sé, quizás tendremos un día de descanso, o una semana. —Emilia tabalea sus pies, pateando el aire con alegría—. Betty; tenemos que salvarla, la situación con Roswaal no parece mejorar, así como pronto tendremos que luchar más fuerte por el trono.
Todavía falta mucho para poder descansar como siento que quiero, todavía hay muchas cosas que hacer.
—¿Pero, no crees que esperas mucho para desear estar tranquilo? —me pregunta Emilia con una sonrisa, mientras la veo admirar la plaza. Sostiene mis manos con firmeza, acariciando levemente mis dedos—. ¿No estás en paz en este momento?
Su palabras me atraviesan como una daga, pero en lugar de herirme, siento que algo cambia. Mi corazón está latiendo lento, calmado, pero profundo. Mis manos se sienten tranquilas y cálidas.
Sin darme cuenta, ya estaba relajado.
«Ciertamente, ahora estoy descansando».
Emilia recuesta su cabeza sobre mi hombro. Su sonrisa es plena, y en este momento, sus palabras son el bálsamo que necesito.
—Para mí, esto es más que suficiente.
—Me sentí triste al ver la situación de la gente, al ver los problemas que hay. —Sostengo con más fuerza sus manos, para luego poner mi cabeza con la suya. Su aroma a flores me invade y mi sonrisa sale por sí misma—. Pero tienes razón, mientras estemos todos juntos, saldrá bien.
—Si…
Ambos nos quedamos unos minutos así, sin decirnos nada el uno al otro. Asi como yo siento su apoyo, su mano sostenerme y su respiración calmarme, espero ella también sienta lo mismo.
Y, cuando me doy cuenta, nos habíamos quedado dormidos.
