—Din, don, dan —sonaba el a media noche, de lo que Tails estaba muy consciente puesto que se estaba sosteniendo de su punta con Dedos en su hombro.

—Buenas noches —escuchó el zorro la voz de la agente que había llamado, quien usaba una chaqueta negra con el cuello elevado arriba de una sudadera del mismo color, acompañado de guantes y botas blancas con detalles rosas, complementados por un visor negro en forma de X de contornos curveados, asemejándose a las alas de una mariposa.

—Gracias por venir, Rouge.

—Ni lo menciones —respondió la chica—, así que, ¿qué estamos buscando esta vez?

—No lo sé concretamente, lo único que puedo asegurar es que nuestros objetivos se hallan como máximo a dos kilómetros de aquí, sin embargo, he estado aquí un rato y aún no he divisado nada —explicó el raposo.

—Eso quiere decir que es probable que se estén ocultando a plena vista —dedujo la fémina—, según nos contaste, el primero de ellos con que te enfrentaste sabía como invisibilizarse.

—Es cierto —confirmó el raposo invocando una linterna similar a la de una ambulancia—, prepárate para atacar en cuanto veas algo.

El menor presionó el botón del mango de su aparato en cuanto la murciélago asintió, emitiendo un conjunto de luces multicolor que giraron una tras otra inundando los callejones de los alrededores con un mar de matices entre los que los héroes buscaron manchas incoloras, que pronto fueron encontradas en las zonas magenta y cian del arcoíris, acompañadas siempre por dos puntos más grandes y constantes.

—Parece que se trata de dos mobianos distintos cabalgando sobre dos gemas voladores, como búhos o tal vez corruptos —infirió Miles.

—Sea como sea, lo más probable es que ya hayan advertido nuestra presencia, así que sugiero atacar a gran velocidad. Parecen girar en círculos, por lo que podemos calcular cuando debemos saltar —sugirió la dama.

—Acepto —accedió el rubio desvaneciendo su artefacto—, sujétate fuerte, Dedos —comandó a su compañero—, a las tres —advirtió tras que el más pequeño asintiera con el golpeteo de sus dedos—, uno…dos…¡tres!

Ambos soltaron el extremo de la torre y extendieron sus extremidades extra en dirección a sus objetivos.

El canino cayó sobre la masa invisible que recuperó su matiz inmediatamente, revelando pelo negro y dos láminas de piel que delataban que era un murciélago corrupto en lo que había caído, el cual pese a ser grotesco, no provocaba en el orejudo un desagrado tan intenso como su incertidumbre al notar que la montura no poseía jinete alguno.

—El murciélago no pudo haber perdido su invisibilidad sin que su jinete se hubiese bajado, pero por qué lo…

El blondo no pudo terminar su racionamiento debido a un impacto sobre su costado izquierdo que lo expulsó del ser alado junto a la extremidad en su hombro, cayendo su atacante con ellos, lo que el enmascarado aprovechó a fin de sostener lo que al parecer, puesto que era traslúcido, eran los hombros de su rival y propinarle un cabezazo en su nariz, lo que le provocó dolor suficiente como para que se desconcentrara y revelase su imagen, que era la de un armadillo de caparazón rojo, junto al que cayó sobre un techo.

El cánido y su camarada se apresuraron a levantarse, igual que su contrincante, en cuyos ojos observó la determinación de atacarlo, pero que sin embargo decidió apresurarse en apartarse, evitando ser atrapado por una de las colas amarillas, luego de lo que se enrolló y aceleró para usar el muro en el límite del techo con el propósito de acelerar y saltar de regreso a la espalda de su cabalgadura, devolviéndole su invisibilidad, lo que el colmilludo supo porque no cayó otra vez.

—Mmm, no me atacó cuando pudo —pensó Tails en voz alta mientras su compinche lo escalaba—, sea como sea, podemos suponer que atacaron de manera similar a Rouge, por lo que nuestra prioridad es reagruparnos —decidió el zorro empezando a volar no muy arriba de las terrazas a su alrededor—. Rouge, ¿me escuchas? —llamó en su mente.

—Sí —oyó la voz de su amiga en su cabeza—, te veo. Baja a un callejón con una bombilla titilante.

La mano en el hombro del raposo, quien escuchó la conversación, apuntó hacia la lámpara mencionada por la fémina, donde Miles descendió.

—Aquí —la murciélago avisó desde unas escaleras de emergencia adyacentes a un edificio—, caí sobre un murciélago corrupto, pero no pude hacer mayor cosa ya que una tortuga invisible apareció de la nada y me derribó. Caímos juntos, pero una vez en el suelo huyó sin dar pelea —no perdió tiempo para explicar.

—A nosotros nos ocurrió lo mismo con un armadillo —informó el canino—. Ellos sabían de nuestra presencia, por lo que podemos suponer que tienen una estrategia para repelernos, pero que implica no luchar.

—Lo que indica que aún no han concluido su misión aquí —dedujo la albina—.Es probable que no lleguemos a nada si solo tratamos de capturarlos en el aire, pero en algún momento tendrán que bajar, lo que podemos aprovechar si conocemos su ubicación, por lo que propongo que uses tu lampara de nuevo y busques un murciélago al que pueda acercarme para que tu pequeño amigo se cuelgue con discreción de uno de ellos llevando un rastreador, permitiéndonos así seguirlos.

—Hmm, vaya que me alegra tenerte aquí —el vulpino se tomó la libertad de sonreír mientras invocaba los aparatos solicitados por la chica.

—Por supuesto que sí —concordó la chica con un tono juguetón ofreciendo su palma a Dedos—, yo te llevaré ya que tengo el vuelo más silencioso —explicó.

—Recuerda mantener tu invisibilidad —recordó el orejudo a su compañero colocándole lo que en apariencia era un pequeño botón negro.

Ambos mobianos se elevaron, momento en que el rubio recobró su artefacto lumínico y subió la escalera para encenderlo y de nuevo colorear la noche, logrando divisar las siluetas que sus colegas buscaban previo a que éstos últimos se fundieran con el aire.

La albina pronto llegó a la espalda de una de las monturas, que otra vez recuperó su visibilidad, presagiando un ataque, por lo que la fémina se apresuró a extender su brazo para que su compañero descendiera.

—Agárrate fuerte, confiamos en ti —expresó la chica antes de que uno de sus enemigos repitiera su movimiento golpeándola.

Rouge dejó que su contrincante, el armadillo, la usara como apoyo con la idea de caer en una casa, luego de lo cual aceleró por sus muros hacia una calle que atravesó evadiendo y espantando a sus transeúntes para después subir por otro edificio, ir al aire y aterrizar en su cabalgadura.

—¿Te encuentras bien? —preguntó el blondo cuando su amiga llegó a su lado.

—Perfecta, aunque ahora creo que debí pensar algo mejor antes de permitir que me volvieran a golpear la cara —manifestó la mujer—. Como sea, ¿tienes su ubicación?

—Sí, la estoy viendo aquí —afirmó el chico sosteniendo una tableta.

—Siguen dando vueltas sin dirección alguna.

—No exactamente —repuso Tails —, son movimientos ligero, pero al parecer el centro de la circunferencia en que se muevan se traslada poco a poco.

—Mmm, ya veo —mencionó Rouge tras unos minutos de observación—. Se dirigen hacia el este, ¿qué hay en esa dirección?

—Déjame buscar —pidió el zorro pasándole su aparato a su compañera e invocando un celular—, el sitio más cercano y relevante es la Torre de Londres, un espacio histórico de esta ciudad. Es donde se guardan las Joyas de la Corona Británica…

El zorro llevó sus ojos a un lado y un dedo a su mentón, desarrollando una idea.

—¿Y si esas joyas…son gemas corruptas o esmeraldas del caos?

—Eso tendría sentido, ya que ellos de seguro tienen detectores de la energía del caos, lo que significa que se dirigen hacia allá, y el objetivo de su lento avance es defenderse y despistarnos —razonó la murciélago.

—Solo hay una forma de averiguarlo —decidió el más pequeño desvaneciendo su teléfono y trayendo un anillo dorado.

—¡Espera! —detuvo la fémina la mano de su compañero—, yo protegería esas joyas si fueran tan valiosas como suenan, por lo que es probable que haya guardias que se desconcierten y obstaculicen nuestra misión, así que deberíamos prepararles algo y también a las cámaras.

—Uhm, es cierto, bueno, creo que tengo algo que podría ayudar.

Los guardias que custodiaban los antiguos tesoros reales no pudieron hacer gran cosa cuando un agujero se abrió en medio del techo de la habitación dejando a la vista el cielo estrellado previo a que una gran concentración de un gas denso y blanco se introdujera por el hoyo, llenando sus fosas nasales con un olor dulce que uno de ellos apenas alcanzó a identificar como el sedante que le dieron en una ocasión durante una cinta con el dentista para luego caer igual que sus compañeros.

Tras unos segundos el agujero se achicó hasta hacerse un aro dorado que pareció por fin obedecer a la gravedad hasta que se detuvo a menos de un metro del piso para luego desaparecer, igual que las luces del lugar.

—Admito que todas esas cosas dentro de tu gema son muy útiles, pero he de decir que me parece raro que guardes elementos tan diversos, yo solo guardo anillos —dijo Rouge dirigiéndose a la entrada de la sala para abrirla y lanzar los tanques de gas que llevaba, de manera que la sustancia impregnara cada espacio de la gran edificación y así no tuvieran que lidiar con otros guardias.

—Nunca sabes cuando un objeto en apariencia fútil te puedo ayudar, y ya que tengo la suerte de tener un enorme bolsillo pegado a mí, no vi por qué no debería guardar las cosas interesantes que encontrara o que pensara que podrían ser útiles en una situación muy hipotética, como esta —explicó el raposo cerrando la caja de fusibles que había sobrecargado con el deseo de provocar un corto circuito en toda la torre mientras sostenía un pequeño dispositivo con una pantalla estrecha—, la gran piedra roja al frente de esta corona es la única de las gemas que es una esmeralda del caos, pero es muy poderosa—, comentó acercándose al cristal dentro del que se hallaba el ornamento—, por lo que debemos apresurarnos a preparar una emboscada y esperar a que nuestros enemigos caigan pronto para no tener que lidiar con los policías que de seguro vendrán pronto.

—Ver piedras como ésta me hacen desear no haber abandonado mi antigua vida criminal —comentó la alada—, y si fuera a robarlas probablemente me habría introducido por medio de los conductos de aire, pero si montara en uno de esos murciélagos corruptos de seguro aterrizaría en el patio de aquí afuera, pero el que no haya guardias humanos me indicaría que algo anda mal.

—Por lo que debemos buscar la forma de capturarlos en cuanto desciendan —complementó el vulpino—. Es probable que ellos conserven su capa de invisibilidad, pero no podemos usar la lámpara porque los alertaría de nuestra presencia, así que hay que buscar una forma más cautelosa de saber que llegaron.

—Bueno, como dije, sus monturas tienen que aterrizar y de seguro pesan mucho, por lo que se me ocurre que podríamos poner paneles de vidrio con sensores de presión que envíen una señal al sentir un peso mayor al de dos seres de nuestro tamaño, por ejemplo, a audífonos inalámbricos en nuestros oídos que los haga sonar para indicarnos que están aquí mientras aguardamos usando capas de invisibilidad también —la fémina culminó la proyección de su plan volteándose hacia su compañero—, ¿crees que podrías hacer algo así con el tiempo que tenemos?

—Tendré que crear varios clones, pero estará bien si los mantengo por poco tiempo —estableció el blondo—, mientras me encargo, ¿podrías llevar los cuerpos de los centinelas a un lugar seguro?

—Por supuesto.

Ambos mobianos se pusieron manos a la obra. Rouge cargó uno por uno a los humanos hacia una sala en lo alto al tiempo que su camarada invocó los elementos que necesitaba junto a copias de sí que de inmediato se agruparon en parejas para tomar los cristales y detectores con que cubrieron toda la superficie mientras él programaba en su tableta el software que estaban destinados a utilizar, de manera que terminaron tras diez minutos.

—Tendremos que sostenernos de los muros mientras esperamos. También hice que ellos instalaran la linterna en un muro de modo que pueda usar ambas de mis manos al pelear —informó el canino dándole a su compañera, quien asintió como respuesta a sus palabras, su audífono—. Deberíamos procurar atacar a los murciélagos para evitar que escapen.

El menor absorbió a sus clones, materializó una espada, fue a la pared contraria a aquella donde se encontraba su compinche queriendo ver como se invisibilizaba igual que él para comenzar a esperar, y por fortuna, no tuvieron que esperar más de cinco minutos.

Los dos escucharon el pitido dentro de sus orejas y observaron como nuevamente sus ojos se llenaban de colores, excepto por dos siluetas altas, de las cuales Tails rodeó una situándose a su lado con la idea de lanzarle su espada, escuchándola explotar tras unos segundos, mientras que Rouge planeó casi rozando al suelo para luego elevarse golpeando el pecho de su semejante, haciéndolo caer sobre su espalda antes de realizar un rizo e impulsarse otra vez hacia abajo, punzando con la suela de una de sus botas la panza de la criatura que desapareció poco después, quedando solo sus jinetes quienes en su sorpresa recuperaron su opacidad.

Miles alargó sus colas para atrapar al armadillo en un enredo mientras que su socia realizó una voltereta tras la cual cayó con rapidez sobre la tortuga, lo que provocó que ambos recibieran un pitido en sus oídos al haber la fémina activado otra de las baldosas.

—Lo siento, debí haber hecho que el sonido solo se emitiera una vez —se disculpó el de dos colas previo a gritar al viento—, ¿Estás ahí, Dedos? —preguntó el zorro viendo a su compañero recuperar su figura entretanto recogía las piedras de los mobianos corruptos y se las llevaba—, gracias, amigo —dijo el muchacho en el momento anterior a encapsular las joyas mientras el más pequeño lo trepaba.

—¿Qué deberíamos hacer con ellos? —inquirió la alada.

—No los desintegres —indicó el rubio—, podríamos no necesitar infiltrarte si ellos saben algo acerca de los planes de sus dirigentes.

—Hmm —aceptó la murciélago—. Ya lo escucharon, ¡hablen! —exigió entonces a los cautivos, quienes se mantuvieron en silencio.

—Miren, no tienen buenas razones para seguir en su bando, son gemas de bajo rango, estoy seguro de que como la mayoría de su clase solo son usados como herramientas o carne de cañón de sus superiores, pero eso puede cambiar si aceptan ayudarnos —el raposo intentó disuadirlos.

—Bueno...—musitó la tortuga recibiendo una mirada alarmada de su compañero, mas se vio interrumpida por los gruñidos de molestia de sus captores por haber recibido nuevamente aquella frecuencia aguda directo en el interior de sus orejas.

—¿Fue un error del programa? —cuestionó la mayor.

—No lo creo —respondió el carnívoro cuando una idea cruzó su cabeza—, sin embargo…¿cómo los murciélagos mantuvieron su trayectoria tras perder a sus jinetes?, teníamos la lámpara antes y ahora, pero…—las cejas del canino se elevaron en el momento en que la compresión atravesó su rostro—, la única especie de mobiano inmune a la luz de color es…

El chico no pudo terminar su frase debido a que la bombilla multicolor se quebró y fue halado hacia atrás al tiempo que sentía una sensación viscosa y pegajosa en su espalda, cayéndosele en el acto el audífono en su oído y perdiendo fuerza en sus colas debido a la sorpresa, lo que el de caparazón rojizo aprovechó para escapar mientras que Dedos fue enviado sobre el muro.

—¡Tails! —vociferó Rouge previo a experimentar lo mismo que quien había aludido, extraviando también su dispositivo.

—¡Son camaleones! —avisó el blondo—, trata de agarrar su leng...

El héroe supo que su aliada había entendido pero aquello no le brindó suficiente alegría para disminuir el enorme dolor que sintió cuando fue volteado contra la pared y sus orejas fueron punzadas, dejándolas con enormes agujeros.

La murciélago no lo tuvo mucho mejor pese a recibir una sola estocada puesto que la obtuvo en su pecho.

—¡Pronto!, acaben con ellos —ordenó el reptil que ahora sostenía a Tails mediante los cuernos a los lados de su cabeza poniéndose de lado, revelando sus escamas naranjas tras despegar su lengua del vulpino.

—¿Qué deberíamos hacer? —preguntó indecisa la escamosa de concha.

—No hagas preguntas tontas, corran hacia ellos y estámpelos contra los muros —contestó el otro saurópsido en el lugar manifestando su color oscuro y verdoso junto al único cuerno bajo sus ojos en que llevaba a la albina.

El de caparazón rojizo no se detuvo a pensar mucho y se enrolló comenzando a acelerar, y pronto, aunque luciendo indecisa, su compañera siguió su ejemplo, razón de que el mundo se ralentizara ante los ojos de Miles y de que éste comenzara a mover sus ojos de un lado a otro buscando alguna manera de salir de aquella situación.

—Creo que no queda de otra —se dijo el chico—, tendré que usar control lumínico aunque ello pueda hacerles mucho daño.

Los mobianos de caparazón quebraron los vidrios sobre los que se ubicaron, indicativo de que aceleraban.

—Lo siento —murmuró el zorro cuando la joya en su frente comenzó a iluminarse igual que sus ojos, los cuales se oscurecieron al observar algo en las alturas.

Antes de que el camaleón tras el rubio lo notara, el héroe más pequeño, ahora sin el guante que recubría sus garras había saltado sobre su cabeza y arañado sus ojos, motivo de que bajase su cabeza llevándose las manos a la cara, lo que provocó que Tails cayese de sus cuernos, lo que aprovechó para agarrar su tobillo con sus colas y lanzarlo sobre sus aliados, lo que permitió a Rouge zafarse de su captor.

—Pronto…Tails —pidió la fémina descendiendo en el centro del patio con líneas blancas esparciéndose por su cuerpo desde su pecho como le ocurría al raposo desde sus orejas—, nos desintegraremos.

El chico, ahora con Dedos en su hombro, se aproximó a su camarada invocando dos botellas de las cuales una pasó a su amiga, quien rápidamente derramó el líquido amarillo en su interior sobre ella, igual que el blondo.

—¿Mejor? —preguntó el vulpino.

—Sí —contestó la fémina parándose.

—Bien, porque la batalla aún no ha acabado —dijo el canino mirando hacia el frente, a donde la alada volteó para ver a sus enemigos, ya recuperados, con sus aparentes líderes quitándose sus guantes y zapatos.

—¡Cuidado! —gritó Rouge cuando sus otros dos contrincantes se lanzaron hacia ellos.

El muchacho invocó una espada con que lanzó a la tortuga como si de un juego de beisbol se tratase mientras que la murciélago realizó un rizo en el aire destinado a incrementar la fuerza de una patada con que envió de regreso con sus camaradas al armadillo, no contando con que se trataba solo de una distracción para ocultar el plan de los camaleones: ¡Una fusión!

Una gran luz se disipó y en el lugar que ocupaban los reptiles ahora había un único gran reptil con tres cuernos en su rostro cuyas escamas iniciaban verdes en su cabeza y se degradaban a naranja hacia sus piernas. El camaleón agarró a sus dos compañeros y los lanzó de nuevo contra los héroes, quienes a su vez volvieron a repelerlos, no contando con que el lanzador habría desaparecido, pero por buena suerte, o mala suerte desde otra perspectiva, pudieron ver a sus proyectiles deteniéndose, uno cerca de una pared y otro sobre sus cabezas, en medio del aire, antes de ser regresados a ellos, esta vez yendo por el suelo, obligando a sus rivales a volar, momento en que en un intento por capturar a Tails, Dedos halado por una lengua invisible, al tiempo que los proyectiles eran detenidos y de repente realizaban una parábola en el aire, en medio del cual fueron reenviados hacia la albina, quien respondió al ataque agrandando y batiendo sus alas con el fin de rechazar a sus adversarios al tiempo que su compinche se multiplicaba para cubrir la pared junto a la que Dedos, en apariencia, flotaba, siendo varios clones destruidos al ser azotados contra la pared por la lengua del camaleón, sin embargo logrando rescatar a la extremidad, quien golpeteó feliz al ser devuelta al hombro de su amigo, quien solo pudo sonreír por un momento previo a agarrarse la cabeza y descender mientras absorbía a sus réplicas, yendo entonces Rouge en su auxilio.

—¿Qué te pasa? —preguntó la mujer recuperando el tamaño natural de sus alas con una mezcla de preocupación y estrés.

—La fragmentación de mi mente que me conlleva crear clones comienza a afectarme —explicó el zorro—, pero no podemos parar ahora—, expresó en el instante precedente a crear una burbuja a su alrededor para defenderse de un nuevo ataque enemigo.

—¿Cómo podemos derrotar a nuestro enemigo si no lo vemos? —inquirió la fémina al viento.

—Creo que deberíamos empezar por la tortuga y el armadillo para poder concentrarnos en la fusión —decidió Miles levantándose—, por lo que lo mejor sería buscar una manera de atraparlos cuando traten de impactarnos.

—Pero a menos de que creemos clones no podemos sostenerlos, y tú no puedes ahora y yo nunca lo he hecho —replicó la chica—, así que debemos buscar algo más que los retenga.

Un nuevo ataque llegó, deformando el escudo de los héroes antes de ser regresado, lo que hizo que las cejas del canino se elevaran.

—Esta burbuja nos retuvo de ese ataque —mencionó enérgico—. Es flexible y puede voltearse sobre sí misma. ¡Debemos hacer que nos ataquen bajo su propio riesgo!

Rouge miró al chico con incertidumbre.

—Los capturaré dentro de burbujas, cuando lo haga, debes cortarlos.

La murciélago asintió recibiendo una espada del cánido y ambos se miraron previo a observar como en otra ocasión sus adversarios detenían sus trayectorias para después regresar a ellos, momento en que la burbuja que los envolvía por tercera vez, momento en que con gran concentración el zorro realizó una pantomima envolviendo sus dedos que a la par provocó que los límites de su burbuja se doblaran sobre sí mismos, atrapando en dos esferas más pequeñas a sus oponentes, momento en que su aliada despegó e hizo una pirueta en el aire, tras lo que rebanó a los de caparazón, cuyas mitades se desintegraron dejando solo sus piedras que la fémina atrapó y llevó a su compañero.

—¡El camaleón debe estar en esa pared! —avisó el raposo apuntando al sitio mencionado, donde, dándole la razón, se manifestó el escamoso, quien, con sorprendente coordinación, saltó hacia los héroes, deshaciéndose en sus componentes en medio del salto, quienes unieron sus lenguas para a continuación rodear a sus opositores y reunirse en el otro extremo del patio, resultando en que atraparan al blondo y la albina en un nudo baboso.

—¡¿Tienes alguna idea?! —preguntó la chica, a quien el ataque había afectado de manera tiró su arma, sintiendo como los reptiles apretaban su nudo intentando reventarlos.

—¡Dedos!, necesito que los distraigas y nos des tiempo —ordenó el vulpino—, pon tu muñeca en mi boca.

La mano, aunque extrañada, obedeció las órdenes de su aliado, quien cerró sus labios alrededor del extremo de su cuerpo tras inhalar y creó una burbuja con su boca y enviarlo hacia los cornudos, cayendo sobre el rostro de uno para comenzar a saltar entre los dos, reduciendo ellos entonces la fuerza con que apretaban a los héroes.

—Antes de liberarnos, debemos buscar una manera de saber donde se encuentran —estableció el canino recogiendo su espada y a su amigo—, tal vez si los acorralamos en una esquina podamos derrotarlos.

—No tiene que ser en una esquina —repuso la fémina con la cara repentinamente iluminada—, una vez volaba en helicóptero y nos dijeron que nos cuidáramos de los tifones ya que nos absorberían hacia su centro —recordó, después de lo cual dio indicaciones—. Libéranos, invoca algo muy pesado y une tus colas a él, haz una burbuja y prepárate para lanzar tu espada.

—Esto va a ser asqueroso —comentó el colmilludo antes de inclinar su cabeza para morder la lengua que lo ataba, sintiendo a la distancia el gemido de uno del camaleón naranja cuando aquel lazo baboso cayó al piso roto con líquido blanco goteando del extremo que Miles había mordido.

La extremidad fue lanzada devuelta con sus amigos previo a que los escamados, uno de ellos comenzando a agrietarse, se mirasen tras recoger sus apéndices bucales y de nuevo unieran sus manos para fusionarse mientras desaparecían.

Rouge se elevó mientras que su socio siguió sus acatos, invocando un yunque a cuyo pico ató sus apéndices y observando como su capsula casi fue pinchada por los tres cuernos del gran reptil, cuyos bordes desaparecieron, señal de que comenzó a ser arrastrado por el aire al que la murciélago había dado movimiento, creando un vórtice a su alrededor hacia cuyo centro se dirigió, juzgando por la ligera deformación de la burbuja que el cánido observó sobre su cabeza, momento en que entendió las palabras de su compañera y deshizo la esfera para lanzar, haciendo uso de sus colas, su espada hacia donde debía estar su enemigo, cuyo pecho agujerado pudo ver cuando cayó, advirtiéndole de su inminente explosión.

—¡Cielos! —clamó Rouge con una sonrisa descendiendo—, vaya que no tenía acción como esta desde hace mucho tiempo.

—Me alegra que te guste —respondió el zorro tomando las gemas con el propósito de encapsularlas y enviarlas a su hogar como había hecho con las de los mobianos con coraza para luego invocar la caja negra con sus pequeños robots reparadores a fin de que repararan la electricidad y quitaran los vidrios que puso—. Supongo que lo más seguro es llevarme la esmeralda del caos —comentó e invocó una caja llena de rubíes—, ¿crees que alguno de estos podrá despistar a los humanos? —preguntó a su amiga.

—Creo que sí, si me permites llevarla para saber cuál es el mejor —pidió la chica.

—Apresúrate, por favor, escucho las patrullas aproximándose —fue lo último que dijo el zorro en la Tierra ese día.

Devuelta en la casa de Tails, los compañeros de su última aventura, junto a él, observaron a la piedra verde de uno de sus últimos contrincantes flotar e iluminarse dando forma al cuerpo de su propietaria hasta instalarse en su pecho.

—¿Dónde? —preguntó desconcertada la tortuga hasta mirar al frente y asustarse—, por favor no me hagan daño, les diré todo lo que necesitan saber —rogó.

—Creo que lo más importante aquí es si tú quieres dárnosla —Rouge se aproximó poniendo su mano sobre el hombro de la escamosa—, te liberamos a ti porque pensamos que serías la más receptiva, pero odiaríamos coaccionarte para que nos digas cualquier cosa, así que queremos que sepas que independiente de lo que nos digas, podrás vivir una vida mejor de la que llevabas.

—Bueno…—murmuró la verdosa—, realmente quiero esa vida para mí y para varios de mis compañeros, así que estaré feliz de colaborar.

—Bien, primero que todo necesitamos saber si sabes algo acerca de un gran plan para capturar a un erizo azul o despertar al Cluster.

—¡Oh!, sí —respondió la reptil—, como a mí, a varios nos han enviado en misiones destinadas a obtener todas las esmeraldas del caos que hay en la Tierra y en un inicio las recolectábamos con el fin de realizar experimentos de máquinas para despertar al Cluster o introducirlas en expansores de caos que despertasen a más gemas corruptas que luego pudiesen servir a nuestros ejércitos, pero los zorros sospechan que no hay suficiente con qué levantar al Cluster y que ya han encontrado a todas las gemas corruptas y experimentos de gemas que quedasen en la Tierra, sin embargo nos siguen enviando tras más de ellas, pero desconozco la razón.

—Así que supongo que será mi misión descubrir esa razón —dijo la otra fémina.

—¿Misión? —preguntó la de caparazón.

—Usaré la identidad de uno de los camaleones con que estabas para infiltrarme entre tu anterior bando y descubrir qué planean.

—¡Debes tener mucho cuidado! —advirtió la antigua enemiga—, no soy la única que desea liberarse del imperio, pero yo pude ocultar mis ideas, a diferencias de varios de mis amigos que fueron quebrados al ser descubiertos huyendo.

Los héroes se dieron una mirada seria antes de que la más alta se volteara hacia la excompañera de a quien iba a imitar.

—Lo tendré, y si bien no sabemos si podemos hacer algo por tus amigos quebrados, podremos salvar a aquellos que lleven menos de un cuarenta y cinco días rotos, así que prometemos hacer todo lo posible para proteger a los que aún estén completos —aseveró mirando a la tortuga, quien asintió—, Por favor dime cuál era el nombre del camaleón naranja y dónde se supone que debían regresar tras su misión.

—Se llamaba I11-51DE, debíamos volver a una región que los humanos llaman Gales, hay una base oculta dentro de una cueva subterránea que los humanos llaman Cuevas de Dan.

—Te enviaré la ubicación en coordenadas —prometió al rubio previo a ver como su compañera cambiaba de forma, ocultando su joya dentro de su cuerpo, perdiendo sus alas y orejas, creciendo y desarrollando dos cuernos en su rostro—, procura no perder el anillo que te permite mantener esa figura ni tu intercomunicador.

La chica, ahora con apariencia masculina, asintió antes de usar su lengua para atraer la gema de uno de los murciélagos e invocar un anillo dorado que en apariencia salió de su ombligo.

—Confío en ti, ten cuidado. Estaré siempre agradecido por esto —Tails se acercó entonces para abrazar a su amiga.

—No te preocupes, gracias por confiar en mí —devolvió Rouge para darse vuelta y lanzar un anillo—. Nos vemos —fue lo último que dijo la chica como preludio a su salto y desaparición.

Miles entonces se giró hacia la tortuga.

—Así que… estaba pensando, ¿crees que podrían gustarte las computadoras?

DIsfruté mucho escribir la dinámica de Rouge y Miles, así como el mero personaje de la primera ya que de por sí su personalidad base es bastante agradable. De la misma forma me encantó pensar en una estrategia para sus adversarios la cual los confundiera. Lo único que espero no haber hecho mal es la representación de Londres y la seguridad de las joyas de la corona, ya que por supuesto necesitaba que derrotaran a los guardias, pero no busco insultarlos ni a nada de la cultura inglesa.

Sin nada más que escribir, me despido por hoy.