—El día de hoy, ¿cómo no?, vamos a estar dibujando al famoso superzorro que ha estado salvando el mundo de los monstruos que quieren destruirlo.

—Yo tengo la teoría de que estas criaturas nacieron del afán de los seres humanos por consumir y que el zorro proviene de la voluntad de las pocas personas que hacen algo por evitar la devastación.

—No entiendo cómo la gente no está más alarmada, o sea, si hay seres como estos en todo el mundo ya ningún lugar es seguro.

—A mí me dio algo de miedo al principio, pero creo que al igual que todo lo desconocido solo hay que darnos el tiempo para comprenderlo antes de determinar su bondad.

—No deberíamos permitir que nuestros hijos vean imágenes tan violentas.

—No se preocupen, ¡el superzorro ya está aquí!

—Se dice que se va a realizar una caricatura del superzorro.

—¿No tienes dinero para un disfraz del superzorro?, tranquilo, aquí te enseño como hacerlo con materiales baratos y asequibles.

Miles se reía en la sala de profesores mientras veía las formas en que la gente había reaccionado a las acciones de su otro yo. Le pareció curioso el último video, ya que no sabía que era tan popular como para que los niños quisieran disfrazarse de él en Halloween, que era ese mismo día, así que puso en la barra de búsqueda de su navegador: , sorprendiéndose y enterneciéndose por las imágenes de pequeños y pequeñas que usaban cinturones con dos colas amarillas pegadas, pequeñas botas y guantes negros, diademas con orejas, máscaras y hocicos falsos.

—Me alegra que la mayoría de personas hayan tenido una reacción positiva a mi presencia, aunque no lleguen a entender qué soy —pensó Tails tras apagar su celular e ir frente a una ventana para revisar su apariencia.

Normalmente no se preocuparía por cómo se veía, pues se limitaba a elegir una imagen agradable a la vista y utilizarla todo el tiempo. Si lo hacía ahora se debía a que las directivas de la Preparatoria Green Hills habían decidido celebrar Noche de Brujas haciendo que docentes y alumnos vistieran, si bien no disfraces, ropa acorde a la ocasión y que se maquillaran un poco, aparte de que realizarían un baile en la noche. Siendo así, el alienígena había decidido realizar cambios en su haciendo algunos de los mechones de su pelo negros y haciendo del mismo color sus párpados superiores de modo que parecieran estar maquillados. En cuanto a su ropa, cambió el suéter mostaza y la camisa blanca por una camisa negra que se amoldaba a su torso y cuyas mangas eran largas y traslúcidas.

Sintiéndose listo y siendo que pronto se iba a tocar el timbre que daba fin al almuerzo e inicio a su clase, tomó los papeles que necesitaría aquel día y abrió la puerta para salir del cuarto, encontrándose con la profesora Kitty Underwood.

—¡Oh!, profesor Prower, ¡qué susto me dio! —dijo la señorita previo a entrar en la sala—, no me había fijado bien en su vestimenta, ¡se ve superbién! Yo solo me puse el único vestido negro que tenía.

—Le queda bien —opinó el maestro—, ¿qué tal resultaron las tácticas de orden para la clase?

—Oh, fueron de mucha ayuda —respondió la profesora—, especialmente lo de destinar un tiempo a las preguntas y debo decir que fue muy creativo lo de asignar un símbolo a cada alumno y anotarlos en papelitos cada vez que el estudiante levantara la mano para luego contestar las dudas en el tiempo determinado. ¿Cómo se le ocurren esas cosas?

—Estudié pedagogía, ¿recuerda? —mintió el más bajo.

—Ah, sí, me gustaría tener su memoria —lo halagó la fémina.

—Es bueno mejorar, pero yo creo que tiene la memoria suficiente —devolvió el de pelo largo el halago.

—Hmm, sí. Como sea, gracias de nuevo por su ayuda —finalizó la mujer justo antes de que el timbre sonara—, oh, no, lo siento, lo retuve por demasiado tiempo.

—No se preocupe, nos vemos señorita Underwood —se despidió el zarco.

—Buen día, clase —dijo al llegar—, el día de hoy la clase será diferente. Le daré a cada uno una hoja con una pregunta problematizadora y espacio para resolverla, luego los llevaré a la biblioteca a fin de que la resuelvan a través del contenido en los libros. Lleven sus cartucheras.

El rubio no reaccionó de ninguna manera, pero se alegró de no escuchar quejidos, como pensaba que lo haría.

De camino a la biblioteca, Tails notó como Sonic, quien había pintado las puntas de sus espinas de negro, se quedó atrás de la fila y su rostro denotaba gran preocupación, por lo que disminuyó su ritmo hasta que ambos estuvieron a la par.

—Sonic —llamó el blondo sin obtener respuesta—, ¡Sonic!

—¡Ah! —exclamó el erizo antes de volverse hacia el docente—, lo siento, profesor Prower. Estaba distraído.

—Lo noté —dijo el extraterrestre oculto—, me preguntaba si podría saber por qué.

—Oh, bueno, es solo algo que no entiendo de su pregunta problematizadora —confesó el azulado—, aquí hay un dibujo de un juego de béisbol, en el que se ve la trayectoria de la pelota cuando está cerca del receptor, ¡y qué curva, por cierto!, el lanzador debe ser muy bueno para hacer un tiro así. ¡Espero ser tan bueno algún día!

El docente sonrió ante la alegría del espinoso, pero debía sacarlo de su ensoñación:

—¡Sonic! —exclamó.

—Oh, sí, lo siento —se disculpó el pupilo—, así que, se me pide descubrir, a partir de la velocidad tangencial, si el receptor será capaz de batearlo o no. Es solo que, solo conozco la velocidad en otra parte de la trayectoria de la pelota, cerca del principio, y no creo que eso baste para saber la respuesta.

—Bueno, diseñé este ejercicio para abarcar varios temas, desde física hasta geometría. Solo digamos que tiene que ver con equis al cuadrado.

—¿Equis al cuadrado?, ¿cómo eso podría relacionarse con..? —Sonic hizo entonces una pausa—, ¡ah!, es una parábola, el movimiento de la pelota es un movimiento parabólico en horizontal. Vaya, no puedo creer que haya olvidado eso, creo que necesito estudiar más.

—Tal vez ese no es el problema —sugirió el garzo.

—¿Qué quiere decir? —preguntó el de ojos cetrinos.

—Bueno, no has tenido la misma experiencia que el resto —comenzó el que fingía ser humano—, eres bastante bueno para la rapidez con que tuviste que aprender, pero debo lograr que toda la clase esté a la par. Como esto es educación general sería inmoral darte clases particulares, pero siempre puedes escribirme y preguntarme cualquier duda que tengas, yo siempre estoy disponible.

El roedor entonces se detuvo, ante lo cual el canino también lo hizo.

—¿Estar disponible siempre?¿Usted haría eso por mí? —preguntó el alumno.

—Eres mi estudiante —contestó con simpleza el maestro.

—Yo… —dijo el estudiante secándose una lágrima—, gracias.

—No hay de qué, ahora ve, tus compañeros esperan.

—Oh, sí, ¡espérame Kevin! —dijo el erizo recuperando su jovialidad.

—Hmm —gimió con alegría el alienígena de pelo amarillo previo a continuar su camino también.

Los ojos de Tails se deslizaron con rapidez por la pantalla cuando una nueva localización se pintó de carmín en el globo terráqueo en sus monitores.

—Oh no —dijo al notar de qué lugar se trataba.

Se bajó entonces de la silla creando a un clon para ocupar su lugar. Se hizo con su máscara y ropa oscura antes de lanzar un anillo.

—¡Dedos! —llamó

La extremidad, quien jugaba con una bola de estambre, dejó lo que hacía para escalar al zorro hasta su hombro.

—Debemos tener especial cuidado hoy; fallar representaría un riesgo terrible —informó, ante lo que la mano asintió—. Bien, vamos a Green Hills.

Llegada la noche, como era de esperarse, los niños del pueblo habían salido con coloridos disfraces a pedir dulces, mientras que chicos más grandes probablemente se encontrarían en sus casas viendo películas de terror o en los bosques que rodeaban a la urbanización contando historias alrededor de una fogata, esperando a que llegara la hora de ir a la fiesta en la preparatoria.

Mientras otros profesores se encontraban en el gimnasio, donde se realizaría la celebración, el profesor Miles se encontraba en la biblioteca, ayudando al bibliotecario Jerry Maguire, un hombre blanco de ojos verdes y cabello negro más alto que Miles, a ordenar los libros que sus estudiantes habían utilizado ese día.

—Gracias por la ayuda —gratificó el trabajador de la escuela—, no tenías que hacerlo.

—Eran muchos libros —replicó el rubio—, era lo menos que podía hacer.

—No es por presumir, pero me he enfrentado yo solo a montañas más grandes de libros —dijo el de iris aceitunados—, ¿cómo conoces el sistema organizacional?

—Encontré útil aprenderlo en la universidad para buscar los libros que necesitaba a mayor velocidad—mintió el de ojos cobálticos.

—Hmm, eres emprendedor —opinó el de pelo azabache—. Me pareció curioso que trajeras a los alumnos aquí por investigación.

—¿En serio? —preguntó el maestro.

—Sí, por lo general solo vienen aquí cuando deben hacer tareas que no hicieron en sus hogares o para usar los computadores —contó Jerry.

—Bueno, pensé que le sería bueno a sus mentes —contestó con algo de sinceridad el blondo—. También les servirá de entrenamiento para la universidad.

—Supongo —expresó el humano poniendo el último libro—, terminamos. Gracias otra vez por tu ayuda.

—No fue nada. Nos vemos en la fiesta —se despidió el más bajo previo a salir de la biblioteca.

Tras atravesar el portal, el raposo miró a su alrededor, notando que se hallaba en un bosque. El follaje apenas permitía a unos cuantos rayos de la luz de la luna llegar al suelo, por lo que el vulpino se alegró de poseer visión nocturna.

—Permanece atento a cualquier ruido, Dedos —ordenó el extraterrestre a su acompañante.

Avanzaron despacio, dando pasos ligeros.

—Crack —un ruido procedente de la copa de los árboles llegó a los oídos del zorro quien quiso moverse pero también conservar el elemento sorpresa.

—Dedos —susurró tras pensar un poco—, necesito que escales un árbol y te muevas en silencio entre ellos a medida que yo camine. Si ves algo da unos golpecitos a la madera.

El apéndice asintió antes de bajar de su compañero y subir un pino cercano. Así, continuaron su peregrinaje silencioso a través de la zona forestal, hasta que…

—Crack —sonó en otra ocasión seguido del sonido de los golpes de Dedos sobre la corteza.

—Hmm —gimió el enmascarado, quien procurando no hacer ruido, comenzó a saltar de lado a lado dos árboles, escalando hasta llegar a la cima, donde se encontró con su secuaz.

La mano apuntó al frente, donde Tails pudo notar la silueta de unas grandes alas emplumadas extendidas.

—¿Un búho mobiano? —pensó el cánido—, pueden extraer sus plumas de sus alas y teledirigirlas, además de lanzar esferas de energía, por lo que lo mejor sería encapsularlo para después de dejar que sus plumas alcancen un gran terreno.

Con parsimonia, el zarco llevó su puño frente a su rostro, donde creó una pequeña burbuja que, tras unos segundos, aventó hacia el ave, realizando una pantomima con sus brazos, extendiéndoles y luego chocando sus palmas, lo que provocó que al mismo tiempo la burbuja se abriera y extendiera tras lo que se cerró alrededor del búho, que cayó al suelo.

—Quédate aquí y vigila por si hay más como él —pidió Tails a Dedos y luego descendió.

Se acercó lentamente a la burbuja, viendo aún la espalda de la criatura emplumada previo a girar la esfera y descubrir que:

—Es un búho, pero uno terrestre —dijo el raposo lo que lo hizo notar algo raro—. Mmm, no se mueve.

Acercándose al animal tras reventar la burbuja, el zorro vio que sus iris eran de un carmesí brillante.

—¡Rayos! —exclamó en voz baja al adquirir un nuevo conocimiento, a lo que siguió oír el golpeteo alarmado de Dedos más adelante y a continuación escuchar un ruido sordo.

Sabiendo ahora a qué se enfrentaba, Tails invocó con su gema un octaedro de color cian que tenía en dos pequeños botones en una de sus caras, al presionar uno de ellos, emitió un brillo celeste. Al momento siguiente, el iris del búho había retomado un color ambarino natural y voló, no sin haber comenzado a moverse estresado.

Sin perder tiempo, el raposo corrió hasta encontrar a su camarada, a quien también iluminó con el poliedro, regresándole su movimiento, el cual fue alarmado y errático.

—Tranquilo, Dedos —lo calmó el más grande—, dime qué viste.

Con mayor lentitud la mano aporreó el piso.

—Así que escuchaste gritos a la distancia antes de ver un resplandor rojo y quedar paralizado —tradujo ante lo que el apéndice afirmó y paso seguido fue puesto en el hombro del canino, que comenzó a moverse cuando el último empezó a correr—. Justo como pensaba, nos enfrentamos a un ágata, una gema usada durante la Era I para aterrorizar a otras y que hicieran sus trabajos. Su sola mirada aterra, pero además pueden emitir un resplandor rojo desde sus ojos que paraliza tanto a mobianos como a seres terrícolas.

El vulpino se detuvo al toparse con un claro en que un puñado de adolescentes yacían acostados entorno a una fogata apegada, todos con iris rojos. El enmascarado se apresuró a iluminarlos, deshaciendo de su parálisis, y paso seguido, se acercó a uno y tomó su rostro con su mano libre.

—¡Dime! —gritó—, ¿viste por donde se fue quien los dejó así?

Aún en shock, el chico obtuvo fuerzas de flaqueza para apuntar una dirección, que Tails procedió a seguir.

—Espero que no haya llegado al pueblo todavía —expresó el raposo previo a captar otro resplandor rojo a la distancia.

Usando sus colas se elevó por los aires para ver a quien buscaba a la distancia, ahora aterrorizando a un humano mayor.

—¡Prepárate, Dedos! —advirtió a su amigo el vulpino antes de invocar su espada y acelerar hacia su objetivo, quien al parecer sintió su presencia y se apartó de su camino.

Tras detenerse, el raposo nuevamente usó el octaedro, esta vez para liberar al hombre de la parálisis.

—¡Corre! —le dijo al hombre, quien, asustado, obedeció.

El raposo se fijó entonces en su contrincante. Más alto que el humano promedio, iniciando con un pie gris y peludo cuyo talón estaba elevado, conduciendo hacia muslos fuertes cubiertos por una tela marrón y un pecho amplio y lanoso bajo un chal oscuro del que sobresalían brazos que llevaban a una versión humanoide de manos perrunas, las cuales sostenían afiladas guadañas con forma de semicírculo. La parte más aterradora era su rostro: subiendo por hombros anchos, en el derecho habiendo una joya con forma de gota cortada con bordes rectos la cual emitía una luz que golpeaba sobre un cuello grueso que llevaba a un hocico fino y alargado adornada con una nariz negra y brillante, arriba de la cual y bajo puntiagudas orejas se podían ver pequeños ojos carmesí con una minúscula pupila en el centro.

—Pero si es el famoso zorro del que me hablaron —dijo el semi—animal con una voz baja—, debo decir que te admiro, enfrentarte a todo un ejército de gemas, no cualquiera haría eso.

—Oh, para —dijo con sarcasmo el más bajo—, después de todo, se trata solo de una bola de gemas arcaicas abandonadas lejos de su hogar y época, sin comprensión del mundo contemporáneo.

Eso pareció hacer rabiar al mobiano más alto, quien miró con profundidad al de pelo dorado.

—No podrás detenernos —afirmó gruñendo.

—Eso lo veremos —respondió el raposo.

Tras que terminara de hablar, los ojos de su enemigo comenzaron a iluminarse hasta que su pupila casi desapareció, ante la cual Tails oprimió el botón del octaedro que no había usado aún, lo que causó que este se elevara y que su luz bañara a todos en el lugar, lo que pareció ser el motivo de que no ocurriera nada cuando los ojos del mobiano se apagaron.

—Ja, inteligente —halagó el más alto— muchos partidarios de Rose usaron trucos similares durante la guerra con el propósito de frenar el poder de los lobos, —contó el canino más grande previo a hacer brillar la piedra en su hombro y obtener un pequeño aparato que parecía un bolígrafo retráctil—, pero para tu mala suerte, tenemos nuestros propios zorros en nuestras filas.

Al presionar el botón posterior del artefacto, el aparato de Tails emitió unos cuantos rayos antes de apagarse y caer al suelo, ante lo que el raposo se aterró.

—Daña todo aparato en diez metros a la redonda. Genial, ¿no?

El raposo procedió entonces a invocar un potente imán mediante la piedra en su frente, pero no ocurrió nada:

—Muy listo, pero lamento informarte que también cancela campos magnéticos.

El miedo del zorro aumentó al ver como los ojos del lupino se iluminaban otra vez. Sabiendo que no tenía otra opción, el vulpino hizo girar con agilidad sus colas para huir de allí.

—¡Ok, ok! —pensó Tails medio hiperventilándose—, debo buscar la manera de evitar que llegue a Sonic sin que me paralice. Tengo más luminificadores, pero no servirán de nada si los desactiva, por lo que debo buscar una manera de usarlos sin que los desactive. Si hubiera una manera de usar el luminificador a más de diez metros… ¡Claro!

En un inicio iba a publicar este capítulo y el siguiente en días diferentes, pero he decidido publicar ambos en el mismo, por lo que mis comentarios aparecerán al final de la siguiente parte.