Las fiestas no eran del agrado de Miles. Sus finos oídos se irritaban con facilidad ante el volumen de la música y odiaba además la estimulación constante de sus ojos provocada por los cambios constantes del color de las luces, motivos por los cuales procuró permanecer en una esquina junto a una mesa llena de aperitivos con los ojos cerrados, balanceándose de forma ligera, al punto de casi estar meditando, lo que habría logrado de no ser por un golpe liviano en su hombro.
—¡Ay! —exclamó quien lo había golpeado—, cuanto lo siento, profesor Prower.
El garzo abrió los ojos para ver a la profesora Underwood.
—No hay problema —respondió con sencillez.
—¡Uf! Solo venía por uno de estos pastelillos de vainilla rellenos de jalea de fresa. ¿A quién se le habrá ocurrido ponerlos hasta el final de la mesa? —dijo la señorita con un tono alegre
Mientras la fémina masticaba la magdalena al otro maestro le pareció raro como miraba a los jóvenes que bailaban en medio de la cancha, como con añoranza, como si quisiera estar en su lugar.
—¿Usted alguna vez ha estado en una de estas fiestas, profesora Underwood? —preguntó el más bajo queriendo saciar su curiosidad.
—¡Oh, por supuesto! —contestó la mujer—, creo que habría que ser bastante mayor pero no haber ido a una fiesta escolar.
—Hmm —gimió risueño el garzo—, yo nunca fui a una.
—¡Oh! —se sorprendió la de ojos oscuros—, lo siento.
—No hay problema, fue por mi propia voluntad. Después de todo, nunca me han gustado estas fiestas.
—¿Ah, no? —preguntó la educadora.
—No, si mis amigos y yo queríamos festejar, simplemente íbamos a la casa de alguno con comida y hablábamos —contó el de pantalones, esta vez con sinceridad.
—Ya veo. Debo decir que de seguro tampoco habría ido a las fiestas de mi preparatoria de no ser por mis amigas del club de matemáticas —detalló la miembro más nueva de la preparatoria Green Hills previo a gemir—, aunque siempre quise ir con un chico.
—¿Un chico? —interrogó el alienígena.
—¡Oh! —se sorprendió la dama de sus propias palabras—, lo lamento, no debería haber traído a colación un tema tan personal.
—No hay problema si quiere contarme —la tranquilizó el humano disfrazado.
—No es nada tan misterioso —comentó la de pelo cenizo—, solo ese deseo juvenil de amar y ser amado. Siempre quise tener novio durante la secundaria y la preparatoria, pero nunca logré atraer a alguien de esa forma, y me concentré en mis estudios durante la universidad, así que nunca he tenido pareja —la pedagoga notó entonces la entonación depresiva con que narraba su relato, así que agudizó su voz y añadió:—, ¡pero no es que me importe ahora!, amo mi trabajo como profesora y me siento plena ayudando a los jóvenes de ahora a crecer.
Tails no sabía qué decir al respecto ya que nunca le había interesado alguien de forma romántica, aparte de que sus problemas habían estado muy alejados de los típicos de un adolescente, por lo que concluyó que lo mejor sería decir:
—Gracias por confiarme eso —y agregó después:—, no sé del amor, pero creo que nunca es tarde para intentarlo.
Al tiempo que terminó de hablar una nueva canción empezaba a ser emitida por los altavoces.
—Oh, amo esta canción —mencionó la de pelo más corto—, ¿a usted le gustaría bailar profesor Prower?
El alienígena quiso negarse, mas al voltear su rostro y ver los ojos esperanzados de su compañera de trabajo, pensó en voz alta:
—Bueno, un pequeño baile no me hará daño.
Emocionada, la más alta tomó del brazo a su colega y se dirigieron al centro de la pista de baile, donde se pusieron frente a frente. La fémina comenzó a moverse de inmediato, pero el varón no sabía qué hacer.
—¿Por qué no baila? —preguntó la mujer viéndose preocupada.
—Rara vez bailo y es la primera vez que escucho esta melodía —comentó el zarco.
—Solo despeje su mente y déjese guiar por la música —aconsejó la educadora.
—¿Dejarme guiar por la música? —se preguntó Miles—, bueno, esto puede funcionar.
El de pelo largo cerró los ojos y bajó la cabeza, a la par que algo dentro de lo profundo de su conciencia se activó. Volvió a abrir los ojos y elevar el rostro, y sus ojos estaban fijos al frente, cuando comenzó a mover los hombros hacia atrás y adelante antes de estirar el brazo derecho y llevar la mano al lado contrario de su cabeza inclinando un poco su torso, después hizo lo propio con la extremidad izquierda, terminando con los dedos elevados, que a continuación bajó como preludio al girarse y alejarse unos pasos de su acompañante previo a dar media vuelta con el fin de mirarla de nuevo mientras estiraba los brazos, tras lo que llevó los puños junto a sus hombros, lo cual precedió a comenzar a bajar y subir una y otra vez la cabeza tirando al mismo tiempo sus brazos hacia arriba, como si fueran de fideo y ascendieran por inercia. Paso seguido, rotó la cabeza de un lado a otro como haciendo el gesto de con lentitud al tiempo que mantenía sus codos elevados y los movía también de izquierda a derecha y se movía despacio hacia la segunda dirección para terminar arrodillándose y desapareciendo entre la multitud.
Kitty se extraño mucho al ver eso y luego dio un pequeño brinco al sentir una mano sobre su hombro y voltearse, encontrando a Tails, quien volvió a alejarse de ella e inclinó su torso hacia atrás como antesala a moverse en circunferencia alrededor de la maestra y luego mover los brazos hacia arriba y abajo formando ondas entretanto daba unos cuantos pasos hacia atrás para luego voltearse entretanto volvía a subir las manos y luego las bajaba y volvía a subirlas lentamente por su torso hasta su cabeza y se giraba en otra ocasión, procediendo entonces a inclinar rápido su cabeza hacia el techo entretanto llevaba sus dedos a la altura de su cintura con el fin de comenzar a llevarlos de un lado a otro mientras volvía a ver a su colega.
—¿Qué hace? —preguntó ella risueña realizando pasos no tan vistosos como los del maestro.
—Siguiendo el ritmo, como me dijo —dijo él pasando a su lado inclinando el torso hacia atrás de nuevo y la cabeza hacia un lado mientras ondeaba sus brazos detrás de su espalda.
Lo siguiente que hizo el maestro fue mover los brazos desde sus hombros a forma de péndulo mientras realizaba movimientos extravagantes con un pie para luego llevar las manos a la altura de su pecho y moverlas como si tuviera tocando un xilófono pegado a una pared. Luego, bajo el torso y al subirlo acercó su mano derecha a su hombro izquierdo entretanto elevaba la mano de este último lado, tras lo cual invirtió la posición de sus brazos al mismo tiempo que se acercaba a su acompañante. Luego entonces dio media vuelta, inclinó su torso otra vez y lo elevó de modo explosivo durante los mismos instantes en que rotaba un brazo desde el hombro y regresar al inicio moviendo una vez más los hombros hacia adelante y atrás al tiempo que inclinaba la cabeza de lado a lado, al mismo tiempo que la canción terminaba.
—Eso fue muy divertido —expresó la profesora.
—Sí —coincidió el otro maestro.
—¿Bailamos otra? —sugirió la humana.
—Está bi…
El de pelo largo se interrumpió debido a que percibió un ruido particular que era casi ahogado por los equipos de sonido. Volvió sus ojos para ver al secuaz de su otro yo en la ventilación, golpeando la rejilla.
—Lo siento, debo irme —se despidió el maestro de su colega alejándose de ella.
—¿Qué?¿Por qué? —preguntó la maestra tratando se seguirlo pero siendo apartada por la multitud de alumnos?
—Hay un asunto del que debo encargarme —se excusó el garzo saliendo del gimnasio.
El extraterrestre disfrazado corrió por los pasillos siendo guiado por sus oídos, con los que detectaba el golpeteo de los pasos de Dedos sobre el metal de las ventilaciones, hasta que finalmente lo encontró fuera del recinto estudiantil, saliendo por una rejilla que daba a las fueras.
—¿Qué ocurrió? —preguntó el de forma humana.
El apéndice respondió guiándolo hacia una esquina de la preparatoria, donde había una bolsa con una nota pegada con cinta, la cual el extraterrestre más grande despegó y leyó:
—¡Clanc! —hubo un sonido metálico cuando el lupino humanoide regresó una lanza haciendo uso de sus guadañas. La alabarda fue a dar a un arbusto, convirtiéndose en un nuevo ornamento para el sendero de armas que había nacido como resultado de los intentos del zorro por derrotar a su contrincante antes de que llegara a Green Hills. Sabiendo que no podía acercarse mucho, el raposo procuró usar armas de largo alcance mientras volaba y se ocultaba en los árboles, pero el lobo había sido capaz de evadir todos los cuchillos arrojadizos, mini bombas y picas que le había arrojado. —Eres bueno en la lucha para ser un berilo amarillo —comentó el más grande—, pero eso no significa que esa sea tu naturaleza, ¿verdad? Ignorando la pregunta de su rival, el vulpino optó por invocar un arco, lanzando desde el follaje una flecha de luz que fue partida en dos por el de ojos rubí, difuminándose las mitades en la distancia. —¡Vamos! —exclamó—, tú mismo no puedes negarlo. Recurres a todos esos aparatejos porque no puedes pelear por tu propia cuenta. ¡Es ridículo! El canino más pequeño realizó un nuevo intento, ahora flotando encima de la copa de otro árbol, disparando una flecha en una dirección que su enemigo no esperaría, pues había lanzado primero un espejo que levitó en el aire, el cual reflejó su flecha hacia el mobiano, mas tuvo el mismo resultando, dando esta vez las partes en el suelo del bosque. —¿Acaso hay más gemas como tú ahora? —continuó el ágata—, ¿Equidnas que hacen máquinas en vez de excavar la tierra? ¿Cocodrilos que dirigen los ejércitos en vez de luchar en ellos? ¿Gorriones que presiden juicios en vez de mover nubes? Más desesperado que antes debido a que ya podía ver en enrejado que marcaba los límites de la urbanización, el raposo hizo un último intento lanzando su látigo desde el roble sobre el que se paraba, tratando de agarrar una de las patas del lupino y jalarlo, lo que salió mal debido a que el de pelaje gris interceptó el arma y jaló al blondo hacia sí, terminando el zorro a los pies de su contrincante. —¿Ves lo tonto que es tratar de salir de nuestros papeles? —dijo el más alto con sorna—, fuimos creados con un propósito ideal, adecuado a nuestras habilidades. Sabiendo que debía alejarse y no podía hacer más, el raposo decidió finalmente entrar él mismo a la ciudad, haciendo de sus colas una hélice y realizando una parábola en el aire, terminando por caer sobre la grava. —La arrogancia de aquellos que intentan ser más que aquello que están destinados a ser —gruñó el lupino mientras cortaba el enrejado con sus guadañas para crear una entrada e iluminaba sus ojos de—, ¡me enferma! A la par de su alarido, el lobo emitió el haz de luz de sus ojos, e incluso pese a la velocidad de esa energía, el vulpino vio en cámara lenta como el rayo se acercaba a él, y sintió como su pelo se erizaba, pues, aunque si era paralizado aún quedarían sus otros yo y Dedos, todo se reduciría a este último si el ágata destruía la piedra en su frente. Mientras sentía como surgían palpitaciones de su joya, cerró los ojos esperando que su plan hubiera funcionado para descubrir que…sí lo había hecho. —¡¿Cómo rayos?! —vociferó el de chal llamando la atención del zorro. Tails abrió los ojos para descubrir que se hallaba rodeado de una luz celeste y brillante, y tras un suspiro sonrió y dijo: —No soy el único por quien debes preocuparte. Tras terminar de leer, Miles se cargó la bolsa al hombro y le indicó a Dedos que se montara en su hombro antes de hacer uso de las habilidades sobrehumanas de las que, a parte de su oído, no había hecho uso desde que llegó a la tierra. Iluminó su cuerpo y cambió de forma, adquiriendo las características colas de su forma zorruna a fin de usarlas con la idea de llegar al techo de la institución, donde abrió la bolsa y sacó una arandela gris con pequeñas circunferencias en su perímetro, la cual dispuso de manera vertical, luego de lo cual extrajo del mismo objeto una bolsa más pequeña llena de pequeños ganchos con dos puntas. Se arrodilló pretendiendo crear una burbuja y una vez creada puso uno de los extremos de todos los ganchos en un mismo punto de la esfera que hizo para proceder a llevar la cápsula al centro del aro y llevar los remates de cada gancho a los pequeños círculos de la arandela, estirando la bola de modo que tomó forma de una especie de estrella plana. Una vez terminado su trabajo, se aseguró de dar a la gran argolla gris cierta inclinación previo a volar hacia otro edificio y repetir allí al proceso, el que repitió de construcción en construcción hasta terminar en una cercana a la reja que indicaba el límite de la ciudad. —Quédate aquí —le dijo a Dedos bajándolo al piso—,es probable que mi otro yo necesite tu ayuda cuando llegue aquí. Así, el Tails humano voló de regreso a la escuela, y una vez allí, extrajo de la bolsa los últimos objetos que quedaban allí, una tela de un azabache muy oscuro y un octaedro. Cubrió entonces siete de las ocho caras del objeto lumínico con la tela y presionó un botón de éste, dando como resultado que saliera un único rayo de luz cian por la cara destapada de la lámpara y este diera en la burbuja extendida en la arandela, reflejándose en ella hasta llegar a la del siguiente edificio, reflejándose nuevamente en cada aro hasta llegar magnificado al sitio en que el otro Tails y su contrincante luchaban. Tras invocar un florete en su mano, el zorro corrió hacia su contrincante, quien hizo lo mismo. Ambos dieron un gran salto, chocando sus armas en el aire para caer en la posición inicial del otro y luego correr de nuevo, chocando otra vez su armamento al encontrarse. Las guadañas del lupino quedaron cruzadas sobre su pecho y de inmediato rompió la X abriendo los brazos de forma explosiva queriendo dañar al raposo, quien apenas pudo bajar la cabeza y retroceder, tras lo que saltó, evitando el siguiente golpe de su rival, que movió su mano como si quisiera dar a sus armas el uso que los humanos le daban. De inmediato hizo el movimiento contrario, que el vulpino bloqueó poniendo su florete frente a su rostro. Percibiendo como su enemigo se daba vuelta, el rubio giró sobre uno de sus pies con la voluntad de bloquear el siguiente golpe flexionando las rodillas y llevando su espada a un costado. Luego Tails se volteó y pasó a la ofensiva, realizando una serie de golpes que el de pelaje gris cubrió, terminando con los brazos extendidos para luego cruzarlos en un doble tajo que el blondo esquivó dando una voltereta hacia atrás, la cual tuvo que repetir dos veces en la ocasión en que la ágata usó sus guadañas como martillos, golpeando el suelo y sacando chispas, terminando de rodillas, lo que el canino más grande aprovechó con la pretensión de ejecutar otro golpe que el más pequeño bloqueó poniendo su espada en horizontal, poniéndose en mala situación, pues el lobo comenzó a ejercer presión, tratando de romper el florete o que su usuario cediera, ante lo que este último respondió tirando su espalda al piso, después de lo cual agarró su arma con ambas manos mientras la empujaba con sus pies, logrando así arrojar hacia atrás el brazo de su contrincante, cuya otra extremidad trepó entonces con el propósito de patearlo en la cara con gran fuerza, logrando así tirarlo lejos de él. —Bien, muy bien —dijo el mobiano más alto antes de unir sus dos guadañas, estirando sus mangos, obteniendo una especie de lanza con dos puntas—. El de ojos carmesí corrió nuevamente hacia su rival, quien bloqueó otra vez sus ataques, hasta que el del chal empujó con suficiente fuerza como para empujarlo hacia atrás, cortando entonces una de sus colas, ante lo que Tails siseó, haciéndolo en otra ocasión cuando, al pararse, su contrincante cortó su pie y luego aprovechó la desconcentración resultante con el fin de golpear su cabeza, retirándole la máscara y logrando que tirara su florete, que cayó vertical sobre la grava de la calle. Una vez que su enemigo realizó otro movimiento, Tails hizo todo lo posible por ignorar el dolor, sacando fuerzas de flaqueza para invocar una daga con la que bloqueó el ataque. Paso seguido, el lobo hizo presión queriendo que soltara el arma, resultando en que Tails lo aprovechara para girar alrededor de él, logrando recuperar su máscara y florete. Haciendo lo posible por seguir soportando la quemazón se sus heridas, Tails corrió de nuevo hacia su enemigo, ejecutando una serie de ataques con ambas de sus armas y bloqueando a la vez con ellas. Con la pretensión de evitar el desgaste, decidió pasar debajo del lobo cuando éste abrió las piernas, a lo cual el último respondió girando su torso con el fin de llevar una de las puntas de su arma al suelo, lo que Tails esquivó y aprovechó pretendiendo pararse en ella y cortarla a la mitad, después de lo cual brincó lejos de su contrincante, que ahora usaba dos guadañas y saltó con el deseo de alcanzar su cuello, lo que el de ojos carmesí bloqueó uniendo sus armas y luego separándolas, empujando al raposo hacia arriba, donde el rubio usó sus colas como propulsor para caer rápido hacia el lupino, logrando golpearlo con ambos pies antes de que el más grande pudiera defenderse, resultando en que el más alto terminara tirado lejos del vulpino. Una de las armas terminó junto al blondo, mientras que otra junto a su propietario, quien intentó alcanzarla, pero no pudo gracias a que una mano saltó sobre su cabeza y tomó el arma, llevándosela a Tails. —Gracias, Dedos —dijo el zorro y volvió a mirar a la ágata—, me encanta crear aparatos y he adquirido el gusto de luchar. Fui creado solo para uno de esos objetivos, pero puedo buscar la manera de encajar ambos. Además, está bien si a ti te gusta aquello a lo fuiste destinado, pero, si en verdad nuestra vida tuviera un solo propósito, ¿no crees que sería demasiado pequeña? Cuando el zorro usó nuevamente sus colas como propulsores y clavó su florete en el corazón de su contrincante, pudo ver cierta comprensión en sus ojos. —No te preocupes —le dijo—, entenderás mejor algún día. Y el ser explotó, dejando solo su gema como todos los demás. —¡Aj! —gimió Tails cayendo al suelo—, ¡rayos! El vulpino invocó con su gema una botella llena de un líquido amarillo que derramó sobre su pie y cola. —¡Ah! ¡mucho mejor! —exclamó con alivio mientras se paraba—, esa fue la gema más fuerte que he enfrentado hasta ahora. Miles invocó entonces la caja negra de la que salían aquellos pequeños robots que reparaban todo a su alrededor. —Ve a decirle a mi otro yo que ya puede dejar de sostener la luz —le pidió el rubio a su acompañante—, lo haría yo mismo, pero me siento algo cansado. Dedos, feliz de ayudar, fue veloz en dirección a la preparatoria Green Hills, mientras el vulpino lo observaba. —Hmm, esto no se vuelve más fácil —dijo Tails—, tal vez necesite ayuda.Me encantó escribir esto y eso a la vez me hace sentir hipócrita porque simplemente describí el famoso baile de la Merlina Addams de Netflix para la escena de la fiesta y así mismo relaté la batalla del Gato con botas contra la Muerte. Lo que hice no deja de ser bueno para aprender y después de todo la escritura que considero más divertida es la combinación de elementos de diversas historias, pero sé que si quiero ser conocido por mi escritura, y no de forma infame, deberé de dejar de recurrir a las ideas de otras personas o al menos hallar una forma más sutil de aplicarlas. El nombre del bibliotecario proviene de Tobey Maguire, uno de los intérpretes de Spider-Man, aunque no sé por qué se quedó en mi mente. Nuca la vi, pero pensé que se debería a , que tengo entendido que trajo a colación una discusión respecto a todos los actores del superhéroe mencionado, sin embargo vi que la película se estrenó en 2021 y yo comencé a escribir en 2023, por lo tanto no se me ocurre qué más pudo hacer que preservara el nombre en mi cabeza, pero aun así no es un dato muy relevante. También tengo la idea, aunque no sé qué tan correcta es, de que fue tonto decir que Kitty solo tiene un vestido negro, ya que, no intuyo por qué, pero me imagino que todas las mujeres tienen más de un vestido o prenda de color negro, así que les pregunto a las mujeres de la audiencia qué tan exacto fue eso y de paso si el personaje de la profesora Underwood les parece uno con las que algunas se podrían identificar. Sin nada más que escribir por hoy, les agradezco por leer.
