Capítulo 2:

Un Mundo Nuevo, Una Niña Llamada Keno


Había una calma abrumadora que gobernaba mi cuerpo.

Tras mi primer impacto, abrí la boca, observando el nuevo paisaje con ansiedad. Sin embargo, una fuerza desconocida me obligó a calmarme.

'¿Será que solo estoy alucinando?'

Me obligué a pensar con lógica mientras evaluaba mi entorno. Estaba en medio de lo que parecía ser una ciudad abandonada.

No había señales de batalla, ni de tecnología avanzada como cables eléctricos o farolas.

Solo restos deteriorados de adobe, madera y piedra, marcados por el paso del tiempo.

'¿Es esto YGGDRASIL? No puede ser...'

Intenté acceder a la consola de mando, moviendo mis manos en el aire como siempre lo hacía, pero no hubo respuesta.

—No está... — Murmuré, con la voz cargada de incredulidad.

Demiurge, siempre atento, inclinó ligeramente la cabeza, su expresión impecablemente neutral, aunque podía percibir una leve preocupación en sus ojos. Dio un paso hacia mí, su tono calmado y respetuoso como siempre.

—¿Se refiere, mi Señor, a un objeto divino que ha desaparecido? — Preguntó con delicadeza. —Si es así, su ausencia debe ser motivo de gran alarma. ¿Podría haber sido obra de algún enemigo que haya osado interferir con los designios de un Ser Supremo? —

Sus palabras, cargadas de fervor, solo intensificaron mi propio desconcierto.

Demiurge no sabía lo que era una consola de mando, ni tenía idea de que su existencia había sido diseñada dentro de un videojuego. Para él, yo era una entidad superior, un Dios cuyas acciones y herramientas estaban más allá de su comprensión.

Intenté responder sin profundizar demasiado en algo que podría sembrar más confusión.

—Es... complicado de explicar. Algo que debería estar conmigo ya no está, y eso es preocupante. —

Demiurge inclinó la cabeza con solemnidad, su mano sobre el pecho en un gesto de absoluta devoción.

—Si un objeto de tal importancia ha sido arrebatado, me comprometo a buscar pistas sobre su paradero, mi Señor. Por favor, ordéneme lo que necesite. —

Me quedé en silencio por un instante, debatiéndome entre aceptar su ofrecimiento o simplemente seguir adelante con la situación.

Al final, sacudí la cabeza.

—No es necesario, Demiurge. Ahora hay cosas más importantes en las que debemos concentrarnos. —

El Guardián asintió, su rostro tan sereno como siempre, aunque noté que mantenía una expresión de reserva, como si estuviera evaluando cómo asistir sin contradecirme.

Regresando mi atención a nuestro entorno, traté de ordenar mis pensamientos.

'¿Mis manos siempre se sintieron tan reales? ¿Cómo es posible que sienta el frío del viento o la dureza del suelo bajo mis pies?'

Mis pensamientos se arremolinaron en mi mente como una tormenta. No podía ignorar la posibilidad de que algo estaba mal, terriblemente mal.

—Quiza esto ya no es YGGDRASIL... — susurré, más para mí que para Demiurge.

Él, como era costumbre, captó de inmediato el significado de mis palabras.

—¿Mi Señor insinúa que hemos sido transportados fuera de Nazarick? Si ese es el caso, debemos tomar precauciones. Podríamos estar en territorio hostil. —

Su voz era firme, pero había un tono de preocupación que intentaba ocultar tras su impecable fachada de lealtad.

'Territorio hostil...'

La posibilidad me heló. Rápidamente, lancé [Invisible Perfecto] para asegurarnos de que no seríamos detectados. La magia fluyó de mí de manera natural, como si siempre hubiese sido parte de mi ser, lo cual solo aumentó mi desconcierto.

—Demiurge, necesitamos información. Investiguemos el área, pero debemos ser cautelosos. —

El demonio inclinó la cabeza, una mano posada sobre su pecho en un gesto de reverencia.

—Por supuesto, mi Señor. Permítame explorar primero. Mi existencia está dedicada a protegerlo y servirle. Si hay algo que pueda amenazar su seguridad, juro eliminarlo antes de que siquiera lo perciba. —

Sus palabras, aunque solemnes y llenas de devoción, me hicieron sentir una punzada de culpa.

Demiurge no tenía por qué estar aquí.

Él, como los demás NPC, había sido creado para cumplir órdenes dentro de un juego.

Y ahora estaba atrapado conmigo en un lugar desconocido y posiblemente peligroso.

—No, te seguiré de cerca. —

—¡Mi Señor! No puedo permitir que se arriesgue. — Demiurge parecía genuinamente consternado, su máscara de control casi resquebrajándose.

—Será más seguro si estamos juntos. Además, si encontramos enemigos, será más fácil derrotarlos si luchamos lado a lado. —

Mi lógica parecía calmarlo, aunque no por completo. Demiurge asintió, inclinando la cabeza una vez más.

—Como desee, mi Señor. Haré todo lo que esté en mi poder para garantizar su seguridad. —

Su elegancia y devoción eran casi aplastantes. Había sido diseñado para ser perfecto, para ser un caballero impecable, pero en este momento, esa perfección solo me recordaba que lo había sacado de la seguridad de Nazarick.

'¿Qué clase de Amo soy para ponerlo en esta situación?'

Sacudí la cabeza, apartando la culpa, y nos pusimos en marcha.

La ciudad estaba plagada de No-Muertos, pero no parecían ser una amenaza. De hecho, su presencia nos permitió comprobar que nuestras habilidades seguían intactas.

Demiurge, siempre eficiente, dirigía nuestra investigación con precisión.

Al entrar en una de las casas en mejor estado, encontró un papiro entre los escombros.

—Mi Señor, he hallado algo. —

Con delicadeza, lo extendió frente a mí. Había un símbolo extraño en el centro y un texto escrito en un idioma desconocido.

—Puedo descifrar aproximadamente un tercio del texto basándome en su simbología, pero necesitaré tiempo para traducirlo por completo. —

'¿Eso pudo hacerlo tan rápido? Apenas lo miró...'

Mi sorpresa fue evidente, pero Demiurge malinterpretó mi reacción.

—¿No he cumplido con sus expectativas, mi Señor? Mis disculpas si le he fallado. —

—¡No! De ninguna manera. Me has impresionado, eso es todo. —

Demiurge inclinó la cabeza, satisfecho con mi respuesta, y regresó a su análisis. Lo observé en silencio, sintiendo una mezcla de admiración y alivio.

'Aunque todo sea un caos, al menos no estoy solo.'

Esa idea me reconfortó, hasta que mi hechizo [Detectar No-Muerto] señaló algo.

—Demiurge. Tenemos un enemigo cerca. —

El demonio levantó la vista, sus ojos brillando con una mezcla de precaución y determinación.

Un movimiento pequeño, apenas perceptible. Pero suficiente para activar mis sentidos.

Ese No-Muerto no era normal.

Sus movimientos tenían una precisión inteligente, como si respondieran a algo más que simple instinto.

—Debemos tener cuidado. —La voz de Demiurge cortó el silencio con su calma característica—. No sabemos si la presencia es hostil o si intenta acercarse con algún propósito. —

Asentí, tomando el control.

—Demiurge. —

—Mi señor. —

—Prepárate para cualquier eventualidad. Piensa en el peor escenario posible. Si resulta ser un enemigo poderoso, tu prioridad será nuestro escape. Si no representa un riesgo inmediato, procederemos con cautela. —

—Entendido. —

Mientras Demiurge se preparaba, mi mente ya estaba trabajando en un torbellino de posibilidades.

'¿Qué pasaría si fuera un enemigo de alto nivel? ¿Un resto de algún jugador? ¿Un NPC descontrolado con poderes que superan los límites establecidos?'

La idea de que Demiurge pudiera caer en batalla era intolerable.

Pero tampoco podía permitirme mostrar debilidad abandonándolo en caso de un enfrentamiento.

Era un equilibrio complicado.

'Si esto sale mal, nos retiraremos. Pero si es algo manejable, enfrentaremos la situación.'

Sacudí la cabeza para despejar mis dudas.

Ya había tomado la decisión de venir con Demiurge, y no había vuelta atrás.

Mientras recitaba mis hechizos uno tras otro, las palabras resonaban en el aire como un murmullo cargado de poder.

Sentí la magia envolverme, cada capa de protección añadiéndose como un muro invisible.

Terminados mis preparativos, activé [Invisibilidad Perfecta].

Demiurge ya estaba listo, y juntos avanzamos hacia la fuente de ese movimiento.

Un ruido seco rompió el silencio, resonando entre los escombros.

¡Zas!

Demiurge levantó la cabeza, y la señal fue clara.

Nos acercamos con rapidez hacia una casa a medio derrumbar, el lugar de origen del sonido.

—Permítame, mi señor. —

Demiurge tomó la iniciativa, avanzando con movimientos calculados, sus ojos brillando con un agudo resplandor de precaución.

Con un gesto, conjuró un hechizo.

—[Detect Magic]. —

Un brillo etéreo cubrió la estructura durante un instante.

Pude sentir la tensión en el aire mientras analizaba cada rastro mágico en busca de peligros ocultos.

—Un No-Muerto, pero de nivel bajo. —Su voz cortó la tensión, aunque no bajó la guardia—. Sin embargo, podría estar controlado por algo más poderoso. —

La posibilidad de un enemigo oculto me recorrió como un escalofrío. Mientras Demiurge continuaba sus análisis, pensé en las implicaciones.

'Un señuelo, quizá. O una trampa. ¿Y si hay más acechando en las sombras? Esto podría ser una estrategia para matarnos en el acto...'

—Procederé con cautela. —Demiurge avanzó unos pasos más y conjuró otro hechizo—. [Charm Person]. —

Desde las sombras, observé cómo la magia envolvía al objetivo: un No-Muerto pequeño que se movía con lentitud. Demiurge se acercó más, listo para actuar en caso de que algo saliera mal.

—No parece hostil ni controlado por una fuerza mayor. —Demiurge analizó cuidadosamente antes de girarse hacia mí—. Aún así, no bajaré la guardia. —

Con un gesto firme, levantó al No-Muerto del suelo y lo arrojó sin ceremonias a mis pies.

La criatura se retorció ligeramente, su cuerpo pequeño y frágil contrastando con la amenaza que habíamos esperado encontrar.

—Esto es lo que estaba merodeando, mi señor. No parece ser una amenaza inmediata, pero quizá podamos interrogarlo. —

'¿Esto?'

Mis ojos centellearon de incredulidad, aunque físicamente no podía parpadear.

—¿A qué te refieres con "esto"? —La frustración en mi voz era evidente mientras me acercaba al bulto en el suelo.

Entonces lo vi.

Un par de ojos rojos como la sangre fresca se encontraron con los míos. Automáticamente, di un paso atrás.

'Es una niña.'

Era joven, quizá no más de diez años. Su ropa estaba hecha jirones, colgando de su pequeño cuerpo como restos de tela olvidados.

Su cabello rubio caía por debajo de una capucha desgastada, sucio y enmarañado.

Había algo... profundamente errado en su presencia.

Demiurge fue el primero en romper el silencio.

—Es, sin duda, la fuente de la energía No-Muerta que detectamos. Aunque no parece hostil, no podemos descartar la posibilidad de que sea un peón de alguien más. —

Con un movimiento rápido, la alzó del cuello como si fuera un objeto.

—¿Quién eres tú? ¿Cuál es tu nombre? ¿Para qué Amo sirves? —

La niña balbuceó algo incoherente, sus palabras entrecortadas y dolorosas. Demiurge frunció el ceño, apretando ligeramente su agarre, aunque no lo suficiente para dañarla.

—Demiurge, basta. —Mi voz resonó con autoridad—. Limítate a hacerle preguntas. —

—Pero, mi señor... —

—He dicho basta. —No había lugar para discusión.

Demiurge soltó a la niña con evidente reticencia, colocándose delante de mí como un escudo viviente.

Su postura hablaba de su descontento, pero sabía que no se atrevería a contradecirme.

Cuando la magia de [Charm Person] se disipó, la niña comenzó a reaccionar lentamente.

Su cuerpo temblaba, y su respiración entrecortada llenaba el aire como un eco de su fragilidad. Sin embargo, al intentar articular una palabra, solo un sonido áspero y quebrado escapó de sus labios.

Demiurge, que en su intelecto comprendió lo que pasaba, inclinó la cabeza, observándola con atención, antes de girarse hacia mí.

—Mi señor, parece que esta criatura ha estado sin uso de su voz durante un tiempo prolongado. Probablemente su estado como No-Muerto haya atrofiado ciertas capacidades básicas. —

La observación como era de esperar, fue brillante.

Me mantuve en silencio, observando cómo Demiurge adoptaba un enfoque más cuidadoso, aunque su porte seguía siendo intimidante.

Se arrodilló frente a la niña, suavizando su expresión de una manera casi imperceptible, y le habló con voz calmada, como si intentara guiarla.

—Respira con calma. No intentes hablar rápido. Solo hazlo despacio… Yo estoy aquí para escucharte. —

La niña parpadeó, visiblemente desconcertada, pero parecía aferrarse a la voz de Demiurge como un ancla. Después de varios intentos fallidos, un susurro apenas audible emergió:

—¿Ustedes…? ¿Son amigos…? —

Demiurge sonrió, esa sonrisa tan medida que no podía evitar recordarme que su naturaleza seguía siendo la de un demonio.

—Sí… —Respondió con una suavidad calculada—. No somos enemigos. Ahora, ¿podrías ayudarnos? —

Mientras esto ocurría, me mantuve alerta, analizando las posibilidades.

'Si realmente es una víctima, podría haber caído en este estado por accidente… tal vez un error en la manipulación mágica, o peor, un experimento fallido de alguien más.'

La idea de que pudiera ser un arma creada por otro jugador cruzó mi mente.

Pero sus ropas hechas jirones, su cabello opaco y su postura desorientada contaban una historia diferente: abandono.

No había rastros de magia poderosa en ella, salvo por su estado de No-Muerta.

'¿Es posible que simplemente se haya convertido por la exposición a este lugar? Si es así, ¿quién fue antes de ser esto?'

Mi mirada se desvió hacia Demiurge, quien continuaba manejando la situación con habilidad.

La niña, aunque todavía asustada, parecía empezar a relajarse bajo su guía.

—¿Cuál es tu nombre? —Preguntó Demiurge con suavidad.

Ella dudó, pero finalmente murmuró:

—Keno… Keno Fasris Invern. —

El nombre resonó en mi mente.

No parecía importante por sí mismo, pero ese tono, esa manera de pronunciarlo… no encajaban con lo que yo conocía de mi propio mundo.

Finalmente, la niña alzó su mirada hacia mí.

Sus ojos rojos brillaban con un destello de esperanza mezclado con temor. Se tambaleó al intentar ponerse de pie, pero en lugar de retroceder, se inclinó profundamente.

—¿Usted… es un Dios? —Preguntó con una voz rota, como si la mera idea de recibir una respuesta fuera un regalo.

Sentí cómo el aire a mi alrededor se volvía más denso.

Demiurge, que estaba delante de la niña, se mantuvo en su lugar, su postura como la de un fiel ángel guardián, casi reforzando la imagen que la niña parecía proyectar en su mente.

—¿Un Dios? —Repetí, mi voz neutra, mientras intentaba evaluar lo que esto significaba.

Demiurge intervino, su sonrisa ampliándose apenas.

Moviendo sus labios sin emitir sonido, me aconsejó.

"Mi señor, tal vez sea prudente aceptar su interpretación. Podría sernos útil para obtener más información."

La niña permaneció inclinada, temblando, pero no por el frío o el miedo, sino por la devoción que claramente había surgido en su interior.

'¿Cómo terminó en este estado?'

Pensé, mirando a la pequeña figura frente a mí.

'Una víctima, un error… o un peón perdido en un juego más grande.'

Con un suspiro apenas perceptible, incliné la cabeza ligeramente hacia ella, como una muestra de reconocimiento.

—Levántate, Keno Fasris Invern. —

Su reacción fue inmediata: un destello de alivio cruzó su rostro mientras se levantaba torpemente, sus movimientos aún rígidos. En ese momento, decidí que, aunque aún había muchas incógnitas, esta niña merecía al menos el beneficio de la duda.

Por ahora.