Capítulo 3:
El Refugio
—Tenemos que ir a un lugar seguro. —Dije, manteniendo la compostura mientras barría el lugar con la mirada.
Demiurge, siempre atento a mis intenciones, asintió con una reverencia apenas perceptible, sus ojos destellando con determinación.
Keno, la niña No-Muerta que se había convertido en nuestra guía involuntaria, permanecía de pie, temblorosa.
—¿Conoces algún lugar seguro donde podamos hablar tranquilamente? —Pregunté, fijando mis ojos en los suyos.
Keno pareció vacilar. Sus dedos jugueteaban nerviosamente con los pliegues de su vestido raído. Finalmente, respondió:
—…Hay un lugar… aunque no creo que sea apropiado para alguien como usted. —
Antes de que pudiera indagar, Demiurge dio un paso al frente, inclinándose ligeramente hacia ella, su voz sedosa y peligrosa al mismo tiempo.
—Keno, ¿pretendes poner en peligro a mi Señor? Debes saber que cualquier error podría significar un desastre para este mundo. ¿De verdad consideras prudente negarte a tu salvador? —
Keno se encogió, los hombros tensos y la mirada clavada en el suelo.
—¡N-No! ¡Jamás iría en contra de un Dios! Pero… —
—¿Pero? —Intervine, mi tono neutro, aunque la presión de Demiurge parecía suficiente para hacerla flaquear.
Finalmente, Keno confesó en voz baja:
—El lugar más seguro que conozco son las… alcantarillas. —
Hubo un instante de silencio, durante el cual Demiurge soltó una risilla baja, cargada de incredulidad.
Luego, su expresión se endureció.
—¿Te atreves a sugerir que mi Señor entre a un lugar tan indigno? ¿Un lugar infestado de suciedad y podredumbre? ¡Tu osadía es inadmisible! —
'¿De verdad va a preocuparse por eso ahora?'
Levanté la mano, deteniéndolo antes de que escalara más.
—Demiurge, no es el momento para preocuparnos por nimiedades. Estamos en un mundo desconocido y necesitamos toda la ayuda que podamos obtener. —
Demiurge apretó los labios, claramente incómodo, pero asintió.
—Como desee, mi Señor. Sin embargo, le ruego que me permita ir delante. No puedo permitir que ponga en riesgo su seguridad. —
'¿Las alcantarillas pueden ser inseguras?' Me reí internamente por sus palabras, pero no dije nada.
Por lo contrario, le di una leve inclinación de cabeza en señal de aprobación.
—Confío en ti, Demiurge. —
Después.
Keno nos guió con pasos cautelosos, su figura delgada y nerviosa adelantándose por los estrechos callejones que conducían a una entrada escondida.
Demiurge, por su parte, se mantuvo a mi lado en todo momento, incluso tomando mi mano para ayudarme a descender las escaleras de piedra en espiral que llevaban al subsuelo.
—Tenga cuidado, mi Señor —Dijo en un tono solemne, aunque el brillo en sus ojos delataba su satisfacción al poder asistir a su amo de manera tan personal.
'¿No está un poco muy emocionado?'
Intenté meditar su comportamiento pero...
Al llegar a las alcantarillas, me sorprendí.
'¿Estas son alcantarillas? Está sorprendentemente limpio.'
El suelo estaba seco, las paredes de piedra mostraban rastros de desgaste, pero nada que indicara el abandono absoluto que habría esperado. Era evidente que alguien había trabajado arduamente para mantener este lugar habitable.
—Por aquí —
Dijo Keno con timidez, llevándonos a lo que parecía una biblioteca improvisada. Había pilas de libros en todos lados, algunos evidentemente leídos con frecuencia.
—¿Este lugar es tuyo? —Pregunté, mirando alrededor con curiosidad.
—Sí… —Murmuró, sus ojos evitando los míos—. Es el único sitio donde puedo estudiar y… recordar. —
Demiurge inspeccionó con precisión.
—Parece que ha pasado bastante tiempo recopilando información. ¿Intentas aprender algo? —
Keno asintió tímidamente, pero no respondió. En lugar de eso, se apresuró a traer dos sillas desgastadas, colocándolas frente a un pequeño escritorio improvisado.
—Por favor, es todo lo que tengo.—
Miré las sillas y luego a Keno, quien claramente planeaba quedarse de pie.
Algo de eso no estaba bien.
—¿Y tú? —Pregunté, señalando la falta de una tercera silla.
—No hace falta —Respondió rápidamente, su tono lleno de humildad—. Estoy bien de pie. —
Sin pensarlo mucho, con magia de bajo nivel, hice que aparecieran tres sillas.
Estás eran de piedra negra, talladas con un diseño majestuoso, no obstante, aunque se veían más estables que las sillas que había ofrecido Keno, no pude evitar saber que serían un poco incómodas.
'¿Y sí...?'
Una idea atravesó mi cabeza.
—Aquí tienes —Le dije, colocando una capa que saque de mi inventario sobre una de ellas—. Esto será más cómodo. —
Keno miró la silla como si fuera un tesoro invaluable, con sus ojos bien abiertos.
—¿Esto… es para mí? —
—Por supuesto. Tómala —Respondí, sin darle mucha importancia.
Demiurge observaba la escena en silencio, pero la tensión en sus hombros era evidente.
Algo en su postura me hizo sentir que algo no estaba bien.
'¿Hice algo mal? ¿Será que las sillas son demasiado incómodas? ¿Tal vez debí elegir un diseño más acolchonado? ¡Ah, maldición! No puedo preguntarle directamente, se supone que soy su amo. ¡¿Qué hago?!'
Finalmente, Demiurge habló, su voz solemne pero cargada de emoción reprimida.
—Mi Señor, no puedo sentarme junto a usted. Sería inapropiado. —
Mi corazón dio un vuelco.
'Ah con que era eso, pero… espera, ¿qué quiere decir con eso? ¿Es por mí? ¡¿Qué tan mal manejo esto?!'
Hice amago de querer tragar saliva, pero mi cuerpo de No-Muerto lo percibió solo mentalmente.
Adopté una postura más seria, cruzando los brazos como si estuviera reflexionando.
—Demiurge, entiendo tu… preocupación. Pero no es momento para formalidades innecesarias. —
Demiurge bajó la mirada, claramente afectado, como si mis palabras fueran una reprimenda más dura de lo que pretendía.
—Mi Señor, su grandeza no debe ser ensuciada compartiendo un nivel con alguien tan insignificante como yo. —
'¡¿Qué se supone que debo responder a eso?! Me está alabando, pero al mismo tiempo me siento como un completo idiota. Demiurge parece tan seguro de su posición, y aquí estoy yo, intentando no desmoronarme. ¡Ah, esto es tan complicado!'
Inspiré profundamente y forcé una voz tranquila, como si tuviera todo bajo control.
—Demiurge, no se trata de niveles o jerarquías en este momento. Es una cuestión de practicidad. No quiero que te canses o que te sientas fuera de lugar mientras hablamos. —
Hubo un silencio incómodo. Por un instante, temí que mi argumento no fuera suficiente. Pero Demiurge finalmente cedió.
—Si es una orden de usted, mi Señor, la aceptaré. —
Con movimientos lentos y casi ceremoniales, Demiurge se sentó. Su postura era rígida, como si estuviera en penitencia, y había un leve rubor en su rostro.
—Agradezco su amabilidad. —
Me sentí aliviado, pero no del todo.
'¿Por qué todo esto tiene que ser tan complicado? Solo quería que todos estuvieran cómodos. ¿Es mucho pedir?'
Me acomodé en mi silla, tratando de recuperar algo de la compostura perdida, mientras Keno me miraba con ojos llenos de admiración. La niña parecía pensar que todo había salido según mi plan.
'Bueno, al menos alguien cree que soy competente. Creo.'
Finalmente, decidí ignorar sus reacciones y me dirigí a Keno.
—Cuéntame más sobre ti. ¿Cómo terminaste aquí? —
Keno tomó aire, su voz temblando al empezar.
—Yo era… la princesa de esta ciudad. Mi familia gobernaba en paz, hasta que la maldición llegó. Todos comenzaron a transformarse en No-Muertos… mi madre me protegió con su magia, sacrificándolo todo por mí. —
Hizo una pausa, como si aún pudiera ver el horrible momento. Detallando algo más, pero fue información a la que apenas puse la debida atención, mientras mis pensamientos vagaban en el funcionamiento de la magia que usaba y la mía.
'¿Puedo compararlo con mi mundo?'
Keno por su parte, continúo.
—No puedo dejar la ciudad. Si algún día encuentro la forma de revertir esto, quiero estar aquí para salvarlos. —
Sus palabras me golpearon más de lo que esperaba.
Pensé en mi gremio, en los compañeros que me habían dejado atrás. Esa sensación de soledad y deber resonaba profundamente en mí.
—Eres fuerte, Keno —Dije suavemente.
—Yo… no lo soy —Murmuró ella.
—Lo eres —Interrumpí, mi voz resonando con firmeza pese a las dudas en mi mente—. Haremos lo posible por ayudarte. Nadie debería cargar con este peso sola. —
Keno parpadeó, sorprendida, antes de inclinarse profundamente.
—Gracias, Mi Señor. —
A mi lado, Demiurge se inclinó ligeramente, sus ojos brillaban con devoción.
—Es usted verdaderamente magnánimo, mi Señor. Su compasión no tiene límites. —
Por dentro, sentí un nudo formarse en mi pecho.
'Magnánimo... Sí, claro. Aún cuando sentí la obligación mi moral de ayudarla, si supiera que estoy pensando más en cómo mantener a esta niña útil que en ayudarla de verdad.'
No podía permitirme demostrar mi vacilación, así que mantuve mi postura firme.
—Sin embargo —Continué, mi tono más suave—, Necesitamos movernos. Esta ciudad no es segura para ninguno de nosotros. Keno, vendrás con nosotros. —
Keno se tensó visiblemente, levantando la cabeza para mirarme con ojos aterrados.
—Mi Señor, no puedo dejar esta ciudad. Aquí es donde están mi gente... mi familia. Ellos aún están aquí, incluso si… ya no son ellos mismos. —
Su voz se quebró al final, y aunque su rostro permanecía estoico, sus manos temblaban ligeramente. La desesperación era palpable.
'¿Por qué siempre se complica todo? ¿No bastaba con aceptar que viniera? Ahora tengo que convencerla.'
Demiurge, siempre atento, se inclinó hacia mí, susurrando con esa calma calculadora que tanto lo caracterizaba.
—Mi Señor, mantenerla cerca es esencial. Ella es una fuente invaluable de información, pero su insistencia en quedarse puede poner en riesgo su utilidad. Convencerla de venir con nosotros sería lo más sensato. Además, permanecer en esta ciudad plagada de No-Muertos podría ser peligroso incluso para usted. —
Asentí ligeramente, sin apartar los ojos de Keno.
'Bien, Momonga. Es hora de hacer lo que mejor sabes: aparentar que tienes todo bajo control.'
—Keno, entiendo tu dolor —Comencé, mi voz grave y solemne—, Pero si te quedas aquí, no podrás ayudar a tu gente. Es posible que jamás encuentres una solución en estas circunstancias. —
—Pero… —Balbuceó ella, su voz cargada de desesperación—. Si me voy, ¿qué pasará si vuelven a la normalidad? ¿Y si me necesitan y no estoy aquí? —
Tomé aire, manteniendo mi tono sereno.
'Bien, di algo convincente. No la pierdas.'
—Por eso debes venir con nosotros. Fuera de aquí, podremos buscar respuestas. Si existe una solución para su condición, te prometo que la encontraremos. Y cuando lo hagamos, podrás regresar y devolverles lo que han perdido. —
Keno me miró con ojos llenos de incertidumbre, como si quisiera creer en mis palabras pero no se atreviera del todo. Demiurge aprovechó su vacilación, interviniendo con una voz suave pero implacable.
—Mi Señor tiene razón. Si realmente deseas salvarlos, debes hacerlo de la mano de alguien tan poderoso como él. Este lugar solo traerá más peligro. —
Finalmente, Keno inclinó la cabeza, derrotada.
—Entiendo… Si esa es su voluntad, Mi Señor, le seguiré. —
Un extraño alivio mezclado con inquietud se instaló en mi pecho.
'¿En qué me estoy metiendo? Mi prioridad debería ser mantenernos a salvo a Demiurge y a mí, no resolver los problemas de esta niña.'
Pero ya no podía retractarme. Había hablado con tal convicción que incluso yo comenzaba a creer mis propias palabras.
—Bien. —Me enderecé, adoptando una postura majestuosa—. Prepárate. No podemos darnos el lujo de perder más tiempo. —
Demiurge me observó con admiración absoluta, inclinando la cabeza una vez más.
—Mi Señor, su liderazgo es incomparable. Su capacidad para motivar incluso a los más reacios es digna de alabanza. —
Lo que él veía como liderazgo, yo lo sentía como una montaña de decisiones cuestionables acumulándose rápidamente.
'¿Qué tan complicado puede volverse esto? Al menos ya estamos saliendo de esta maldita ciudad.'
