El mar de East Blue estaba tranquilo y seguro como siempre. El Red Force navegaba tranquilo. La tripulación estaba ocupada realizando sus tareas diarias. Sin embargo, había una discusión entre Shanks y Ace.

—No lo haré —dijo el chico, cruzando los brazos sobre su pecho—. Yo no sigo órdenes de nadie. Me vale madres que seas el capitán.

—Tienes que aprender a seguir órdenes, Ace —dijo Shanks—. No puedes hacer lo que se te dé la gana. Debes trabajar en equipo.

Mientras tanto, Luffy se encontraba limpiando la cubierta con muchas ganas y energía. Lo hacía sin que nadie le hubiera dicho nada. Estaba al otro extremo del barco, muy cerca del mástil. En eso, Ace fue hacia donde estaba Luffy.

—¡Estúpido! —le gritó Ace a Luffy—. ¿Por qué siempre haces lo que te dicen?

Luffy solo se encogió de hombros.

—Me gusta ayudar —dijo—. Además, Shanks es bueno conmigo.

Ace se enfureció por aquel comentario y golpeó a Luffy en la cara con gran fuerza, que lo terminó estampando contra el mástil. El golpe fue tan fuerte que lo había lanzado desde una gran distancia hasta el mástil. Luffy se estampó contra el mástil con un impacto tremendo, y el mástil se quebró bajo su peso.

—¿Por qué hiciste esto? —reclamó Shanks, refiriéndose al golpe que Ace le había propinado a Luffy.

Ace se encogió de hombros por lo que había hecho y dijo:

—No es nada. Solo le estaba dando una lección.

Shanks miró a Luffy, que se frotaba el ojo. Al parecer, le había dejado un ojo morado.

—Luffy, ¿estás bien? —preguntó Shanks.

El chico solo asintió.

—Sí, estoy bien. Pero duele mucho. Ace golpea muy fuerte.

Shanks se volvió hacia Ace y le dijo:

—Necesitas aprender a controlarte. No puedes simplemente golpear a la gente porque te enfades.

Ace solo sonrió muy desafiante y dijo:

—No necesito aprender nada de ti. Eres solo un pirata.

Shanks frunció el ceño y dijo:

—No sabes lo que estás haciendo, Ace. No sabes lo que significa ser parte de una tripulación.

Ace solo se burló y dijo:

—Claro que lo sé. Significa ser esclavo.

Shanks solo suspiró, pensando en su falta de conocimiento.

—Eso no —dijo al niño—, significa ser familia. Ser...

Pero Ace ya no lo escuchaba.

—¡Basta! —exclamó Shanks—. Vete a tu camarote y reflexiona sobre tu comportamiento.

Ace se dirigió hacia la escotilla que conducía a los camarotes inferiores, con Sabo siguiéndolo de cerca. Bajaron las escaleras en silencio, hasta llegar al camarote. Ace abrió la puerta y entró. Sabo lo siguió, cerrando la puerta detrás de sí.


Una vez que Sabo cerró la puerta en el camarote, su rostro se transformó en una máscara de ira y preocupación.

—¡En qué mierda estás pensando! —gritó Sabo, su voz resonando en la pequeña habitación.

Ace se encogió de hombros, con una sonrisa indiferente. Sabo se acercó a él, su mirada intensa y exigente.

—No sabes quién es él, ¿verdad? —dijo Sabo, su voz llena de gravedad—. Es uno de los Cuatro Yonkou, uno de los piratas más poderosos del mundo.

Sabo comenzó a caminar por la habitación, su mente llena de pensamientos. Se detuvo frente a una ventana, mirando hacia el mar. La luz del sol se reflejaba en su rostro, destacando su preocupación.

—Si algo le pasa a Luffy... —dijo Sabo, su voz baja y urgente—. No sabemos qué podría sucedernos.

Ace se cruzó de brazos, su expresión obstinada. Sabo se acercó a él, su mirada intensa.

—Piensa en lo que estás haciendo, Ace. No solo estás poniendo en peligro tu propia vida, sino también la mía.

La habitación se quedó en silencio, solo interrumpido por la respiración agitada de Sabo. Ace finalmente bajó la mirada, su expresión suavizándose.

Sabo suspiró, su tensión disminuyendo ligeramente. Se sentó en una silla, mirando a Ace con seriedad.

—Recuerda que vivimos en el Red Force, bajo la protección de Shanks. No podemos permitir que nada le pase a Luffy.

La mirada de Sabo se clavó en la de Ace, esperando que finalmente entendiera la gravedad de la situación.

Ace asintió lentamente, su expresión reflexiva.

Sabo se levantó, su rostro aún serio.

—Espero que entiendas, Ace. No podemos jugar con fuego.

La habitación se quedó en silencio, solo interrumpido por el sonido del mar fuera.


Shanks se estaba riendo a carcajadas en su camarote. Estaba disfrutando del momento. Él había espiando el comentario desde las sombras, la conversación de los nuevos miembros del Red Force.

En ese momento, la puerta del camarote del capitán se abrió y Luffy entró.

—¿Qué pasa, Shanks? —preguntó Luffy—. Te escucho reír desde el otro lado del barco.

Shanks se secó las lágrimas de los ojos y, aun así, no paraba de reír.

Luffy se acercó a Shanks.

—¿De qué cosa te estás riendo, Shanks? —preguntó.

Shanks miró hacia la ventana del camarote y se imaginó a él y a los dos niños haciéndoles caminar por la tabla.

—Sabo cree que tiraría a él y a Ace por la borda —comentó Shanks, riendo a carcajadas—, y los dejaría en el mar para que los peces se los coman. Pero eso es una mentira. Jamás haría algo así con nadie, Luffy.

Luffy comenzó a reír a carcajadas.

—Eso es muy gracioso, Shanks —dijo—. Sé que tú no harías eso, ¿o sí?

—¿Quieres que lo haga? —le preguntó a Luffy, sonriendo.

Luffy se quedó callado.

Shanks volvió a reír a carcajadas.

—Claro que no lo haría, Luffy —dijo—. Jamás te haría daño y tampoco a tus amigos. Aunque sí puedo ser estricto y serio, eso es otra cosa.

Luffy asintió.

—Lo sé, Shanks —respondió—. Por eso eres el mejor.

Luffy lo abrazó y dijo:

—Ya está lista la comida.

Luffy lo soltó y Shanks, con una sonrisa, tomó a Luffy con su único brazo para llevarlo lo más rápido posible al comedor antes de que se acabe la comida.

—Benn me mandó a buscarte —dijo Luffy.

El pelirrojo sonrió.

—Vamos, Luffy —dijo—. No queremos que se acabe la comida.

—Oye, no se te olvida esos dos —preguntó Luffy, refiriéndose a Ace y Sabo.

Shanks se rió.

—No me olvido, Luffy —dijo—. Vamos a buscarlos.

Luffy sonrió.

—Sí, no queremos que se sientan solos —dijo.

Shanks asintió.

—Claro que no —dijo—. Vamos.

Al acercarse a la habitación donde estaban Ace y Sabo, Shanks pudo ver que los dos niños lo miraban con miedo. Shanks sabía que Ace y Sabo le tenían miedo, pero él no entendía por qué.

Shanks se rió y fue por Ace y Sabo, que lo miraban con miedo.*