La noche cayó en el Red Force y todos se preparaban para dormir; todo era tranquilo hasta que:

—¡Lárgate de aquí! —le gritó Ace a Luffy, mientras le tiraba una almohada y unas mantas fuera del camarote que supuestamente debían compartir—. ¡Busca otro lugar donde dormir!

—Se supone que yo también dormiría aquí —dijo Luffy en forma de protesta, intentando entrar, pero Ace se lo impidió—. ¡Déjame entrar!

—No, sobre mi cadáver —dijo Ace, convencido y decidido en no dejarlo pasar.

Luffy se marchó triste a la cabina del capitán, un espacio que oficialmente era la oficina del capitán, en donde había una cama plegable que salía de la pared. La cama era para una sola persona y también había un sofá, pero este era incómodo para dormir.

En el camarote, estaba Shanks y este no se sorprendió al ver al niño con una almohada y unas mantas.

—Ace me ha sacado otra vez —dijo Luffy con una cara de frustración y resignación—. Ya perdí la cuenta.

Desde el primer día en el Red Force, Ace sacaba a Luffy del camarote y Luffy dormía afuera, en la cabina del capitán. La cabina del capitán no era un lugar adecuado para dormir, especialmente para un niño como Luffy. Shanks sabía que debía buscar otro cuarto para Luffy o hacer que Ace lo dejara entrar al camarote.

Shanks se levantó de su silla y se acercó a la cama plegable; este la desplegó para que Luffy descansara. Mientras tanto, él descansaría en aquel sillón, el cual era incómodo y pensaba tirarlo o arreglarlo.

Al rato, ambos se quedaron dormidos. Luffy se quedó dormido con el silencio del lugar. Sabía que Shanks estaba pensando en una solución.

—(Ya he intervenido demasiadas veces —pensó Shanks)—. Quiero buscar una solución definitiva.

Shanks se sumió en un sueño profundo, con la mente aún trabajando en encontrar una respuesta.

Finalmente, y luego de un momento de reflexión, Shanks decidió hablar:

—Está bien, Luffy —suspiró—, mientras acomodaba la cama y se acostó en aquel sillón incómodo.

Luffy se quedó dormido al instante, muy agradecido con su amigo.


Al día siguiente, Sabo despertó a Ace con un gesto firme, intentando sacar a su compañero del camarote. Ace tenía un sueño profundo.

Ace no estaba contento con la interrupción, especialmente después de lo que pasó la noche anterior.

—Si lo vuelvas a sacar esta noche —dijo Sabo, muy enojado, mirándolo fijamente a Ace—, te juro que te voy a pegar con la tubería para que entiendas que el más cercano al capitán soy yo —le advirtió al enterarse de lo que había hecho.

—Es un pinché llorón —respondió Ace, con mucho desdén.

Se levantó de la cama y comenzó a caminar por el camarote, intentando calmar su frustración. Mientras lo hacía, pensaba en la forma de hacer que Ace entendiera que Luffy, al igual que él y Shanks, no eran amenazas.

Comenzó a pensar en la personalidad de Ace, la cual siempre era desconfiada de todos, además de reservada. Ace era difícil de abrirse de nuevo.

Finalmente, ya cansado de toda esa situación, Sabo abrió la puerta del camarote y salió directo al comedor para desayunar. Allí encontró al capitán cansado, con ojeras en su cara y bebiendo una taza de café. Sabo entendía la razón por la que estaba cansado y miraba a Shanks como pidiendo disculpas por la mala noche que había sufrido. Shanks asintió con la cabeza y Sabo se sintió aliviado.

—¿Qué hay para desayunar? —preguntó Sabo, intentando cambiar de tema.

—Tortillas, huevos y frutas —respondió Shanks, sonriendo.

Sabo sonrió y comenzó a tomar un plato para luego tomar un poco de cada cosa para desayunar. Sabo comenzó a desayunar.


Una vez que terminó el desayuno, todos se fueron a realizar sus actividades diarias. Cuando uno de los tripulantes que estaba en el nido del cuervo gritó:

—¡Tierra a la vista!

El capitán se levantó de su asiento y se dirigió hacia la proa del barco, seguido por Ace y Sabo. Desde allí se podía ver la isla en el horizonte, con verdes colinas y playas de arena blanca.

—Vamos a desembarcar —ordenó Shanks—. Necesitamos abastecernos de provisiones y agua fresca.

La tripulación obedeció rápidamente la orden de su capitán y comenzaron a preparar el barco para encallar.

Luffy estaba emocionado por explorar una isla. En eso, Shanks se acercó y Luffy dijo:

—¿Puedo ir a explorar la isla? —pidió Luffy.

Shanks sonrió y miró a Luffy y dijo:

—Por supuesto que sí.


Ace y Sabo bajaron del Red Force sin permiso de Shanks, aprovechando la distracción de la tripulación mientras se ocupaban de abastecerse de comida y agua fresca en la isla, bajo el calor del mediodía. El sol brillaba intensamente en el cielo, iluminando la playa y el bosque que la rodeaba.

Una vez en tierra firme, Ace se dirigió hacia el bosque, con Sabo siguiéndolo de cerca.

—Nos quedaremos aquí hasta que cumplamos 17 años y podamos zarpar por nuestra cuenta —sugirió Ace, deteniéndose bajo la sombra de un árbol alto—. Nos quedaremos en el bosque que está allá.

Sabo lo miró con una expresión pensativa, considerando la propuesta de Ace. Él sabía que su amigo era independiente, pero esta decisión era un gran paso. Sin embargo, también sabía que con Ace no se podía discutir una vez que había tomado una decisión.Sabo miró la expresión de Ace, pensando en su propuesta. Sabía que su amigo siempre había sido independiente, pero esta decisión era un gran paso. Sin embargo, también debía discutirlo con Ace sobre lo que pensaba.

Mientras caminaban por el bosque, Sabo notó que Ace parecía más relajado que en el barco. La tensión entre él y Luffy había sido palpable, y Sabo se alegraba de que Ace hubiera tomado la decisión de alejarse por un tiempo.

Sabo quería hablar con Ace sobre sus dudas, pero esperó el momento adecuado para hacerlo.

Mientras seguían caminando por el bosque, Sabo notó que Ace parecía más relajado que en el barco. La tensión entre él y Luffy había sido palpable, y Sabo se alegraba de que Ace hubiera tomado la decisión de alejarse por un tiempo.

El bosque era un lugar ideal para empezar de cero, lejos de la presión y la responsabilidad que conlleva navegar con Shanks. El sol proyectaba sombras largas en el suelo del bosque, y Ace se detuvo en un claro rodeado de árboles altos. Se sentó en una roca y Sabo se unió con él, disfrutando del silencio y la tranquilidad del entorno.

Después de un momento de reflexión, Sabo habló:

—¿Estás seguro de que esto es lo que quieres, Ace?

Ace asintió con la cabeza sin dudar. Sabo lo miró con respeto y admiración.

—¿Estás bien? —preguntó Sabo.

Ace lo miró y sonrió ligeramente.

—Sí, estoy bien —respondió.