Simon
Mientras voy en el metro, acalorado a pesar de ser noviembre, mis pensamientos vuelan a cómo ha cambiado mi vida
Las comidas en casa de Lady Ruth, mi abuela, aunque aún me cueste llamarla así, ya son una costumbre. Cada domingo, Baz y yo vamos a su casa para almorzar con ella y Jamie. Un par de horas después tomamos el té juntos y ella no nos deja irnos sin darnos una buena ración de comida para la semana.
—De verdad, no hace falta, señora. Simon y yo nos las arreglamos bien.—Trata de decir Baz
—Es que están demasiado delgados,—comienza a guardar comida en montones de tuppers—Además, es mejor si se alimentan con mi comida casera a sólo cosas de restaurantes y sopas instantáneas.
Aunque Baz y yo hemos intentado negarnos, Lady Ruth se sale con la suya y Jamie sólo nos mira como si él mismo se hubiera rendido en la misma batalla hace años. Creo que estoy engordando un poco. Incluso Baz está ganando peso, los huesos de su cadera ya no son tan afilados. Y se ve mejor que nunca. Yo solo tengo más grasa en la cintura y mi pecho está cada día más grande. (Algo que Baz adora, juro que no puede sacarme las manos de encima. Solo finjo que me molesta un poco)
Supongo que es un buen cambio, antes solía morirme de hambre cada verano… Y luego, el primer día en Watford, comía hasta enfermarme.
El punto es, Lady Ruth nos quiere. Mucho. Obviamente, me quiere más a mí. Soy su primer nieto. Y que de vez en cuando quiera verme a mi solo no es tan extraño. Aun así, no puedo evitar sentirme nervioso. es como si esta no fuera una comida familiar más.
¿Por qué querrá que nos veamos a solas? Me pregunto si tendrá que ver con que la última vez que vinimos rompí sin querer un par de adornos con mis alas. Jamie se rió y dijo que una vez él también los rompió cuando era niño, al lanzar una pelota. Lady Ruth solo dijo, más divertida que molesta:
—Supongo que la manzana no cae tan lejos del árbol que es su tío.
Luego, reparó todo con un simple hechizo.
Tal vez ya no quiere verme y ella es demasiado elegante como para decirmelo por mensaje de texto. ¿Debería haber traído flores? Baz siempre insiste en no llegar a una casa con las manos vacías. Mis alas, dobladas como origami bajo el abrigo, tiemblan un poco. Comienzo a mordeme un poco las uñas, un hábito verdaderamente desagradable pero mejor que cuando solía calmar la ansiedad con mi espada. Estoy tan distraído con ello que casi pierdo mi parada.
Una vez que estoy frente a la imponente mansión Salisbury, con su elegancia, sus jardines bien cuidados y humo saliendo de la chimenea, pienso que de verdad debería haber traído flores.
Ya es demasiado tarde para eso. No es como si pudiera materializarlas mágicamente… Ya no, por lo menos. En otra época, el solo pensamiento ya habría causado que una tonelada de flores brotarán de mis manos y cayeran en una lluvia colorida sobre el impecable pasto de esta mansión.
Sacudo cualquier nostalgia por mi magia perdida antes de respirar hondo y tocar la puerta. Lo que sea que Lady Ruth quiera decirme lo enfrentaré como el Salisbury que se supone siempre debí ser.
Antes de que pueda tocar, la puerta se abre y Lady Ruth está allí. Es como si hubiera estado esperándome viendo por la mirilla. Hoy está usando un suéter bordado de Halloween y un pantalón de yoga. Me alivia saber que no es una comida formal.
—Simon, querido, justo a tiempo —dice con una sonrisa mientras me guía hacia adentro. El aroma de carne cocinándose, algo dulce en el horno y madera quemada llena el aire, y no puedo evitar sentirme un poco más tranquilo.
—Hola, Lady... eh, abuela. —Todavía me cuesta cuando intento llamarla así, pero ella no parece darse cuenta. O finge no darse cuenta.
Ella camina hacia la sala y la sigo en silenció. Aquí adentro está cálido, acogedor, como un abrazo. Me gusta esta sala: aunque es elegante y llena de antigüedades valiosas, se siente como una sala de una casa normal. No como la de Baz, que parecía un museo. Lady Ruth escoge su sillón de siempre; hay una cobija en él y un libro en uno de los brazos. Con un gesto me indica que me siente.
Antes de hacerlo, me quitó el abrigo y dejo que mis alas se estiren. Me alegro de ser parte de una familia mágica donde no me van a jugar por mis partes extra de dragón.
—Que bien que está vez no tiraste nada—dice, como si yo fuera un niño que está aprendiendo a controlarse.
Le sonrió, avergonzado. Mis alas tiemblan un poco.
—No puedo prometer que las cosas se quedarán intactas por mucho tiempo.
Escucho una risita y sonrio también.
—Tienes suerte de ser tan encantador como tu madre y que mis hechizos restauradores sean excelentes, jovencito.
Se queda callada un momento siempre lo hace cuando menciona a mi madre. (Otra palabra que me cuesta decir)
El olor de la casa es distinto, no sé cómo describirlo, pero no se parece a lo que suelo comer aquí. Sé que últimamente, ella ha estado interesada en aprender nuevos platillos de otras partes del mundo. Tal vez son algunas especias nuevas. Mi estómago hace un ruido bastante alto.
—La comida está casi lista, pero aún necesita un poco más en el horno. Mientras tanto, podemos esperar aquí.—dice
Solo le digo que si con la cabeza. Nos quedamos en silencio, uno que debería ser cómodo pero por alguna razón me hace sentir extraño. Tengo las manos en el regazo, sin saber qué hacer con ellas y trato de encogerme todo lo posible. Me cuesta asimilar que este es, en cierta forma, mi hogar también. Siento que debo decir algo, pero ella se me adelanta
—Simon —dice, rompiendo el silencio—, hay algo que quiero entregarte.
Lady Ruth toma una pequeña caja de un librero y la extiende hacia mi. Mi corazón se acelera ¿Que es eso? ¿Por qué me lo da a mi?
—¿A mí? —pregunto, intentando mantener mi voz neutra, pero mi tono traiciona mi intriga.
En su sonrisa parecen ocultarse todos los secretos del mundo.
—Ábrela, querido.
Lo hago. La caja es más ligera de lo que me imaginé, tiene una "R" tallada en la madera y está despostillada en una esquina. Al abrirla, me encuentro con lo que guarda: es un anillo. un anillo de bodas. Una banda de oro simple pero elegante, y con un pequeño escudo. Es el escudo de la familia Salisbury. Tengo el corazón en la garganta.
—Este anillo…
No puedo decirlo en voz alta. Por fortuna, Lady Ruth termina la frase por mi.
—Era el anillo de bodas de tu abuelo, si. El mío lo tengo guardado en mi alhajero.—agrega—Así algunas veces consigo que extraños me inviten una copa en el club ¿Sabes?
Quiero reírme y llorar al mismo tiempo. Por la imagen de mi abuela aprovechándose de hombres distraídos y por saber que sostengo algo tan importante para la historia familiar.
—Es una pieza hermosa. —y lo digo en serio.
Siento que si lo saco de su caja, voy a arruinar algo. Así que solo lo contemplo, sintiendo su peso físico y emocional. Ella se sienta a mi lado en el sillón y coloca su mano sobre la mía, alrededor de la caja.
—Cuando Andrew murió…—Comienza, su voz ahora algo triste—no quise que lo enterraran con él, pensé que si lo llevaba conmigo, en el cuello, podría tener una parte de él conmigo. De hecho, quería que me enterraran con ambos anillos entre mis manos.
Ahora si que tengo lágrimas en los ojos. Y ella también, su mano se cierra con más fuerza sobre la mía..
—¿Querías…?—digo
—Pensé que, ya que te tengo a tí, este anillo se vería mejor en un dedo anular pálido y largo que entre las manos putrefactas de una anciana. Un dedo, ya sabes, como el de Baz.
Mi cara se pone tan roja y caliente que las lágrimas en mis mejillas se evaporan. ¡¿Un anillo en el dedo anular de Baz?! Lo he pensado antes y sé que quiero pasar el resto de mi vida (de todas mis vidas) a su lado, pero la idea de matrimonio suena aterradora.
—No, no puedo tener algo así. Es demasiado para alguien como yo. Además, no creo estar listo para casarme. Y Baz tampoco.
Ella tiene lágrimas en las mejillas pero sus ojos sonríen.
—Si puedes. Eres parte de esta familia Simon Snow.—ella toma el anillo entre sus dedos y lo coloca sobre su palma.—Y esto es sólo un anillo. Tiene el significado que tú quieras darle.
—Aun así ¿No sería mejor que lo lleve Jamie?—Trato de argumentar.
—Él también cree que es una buena idea dartelo, fue una decisión conjunta.—Lady Ruth suelta una risa suave, pero sus ojos tienen un brillo de decisión.—Mira, no estoy presionando para que te cases, si es eso lo que temes. Pero, si me preguntas… Tengo muchas ganas de asistir a una boda pronto.
Mis mejillas aún se sienten calientes y estoy seguro que,como dice Baz,, parecen un par de manzanas.
—Tú y tus ganas de bodas…
—Cuando llegue el momento adecuado, será un buen símbolo para ti.
Finalmente, tomo el anillo de su mano y lo sostengo en mi palma. Supongo que, si nos casamos, Baz y yo ya tenemos cubierta la parte de "algo viejo"
¡Hola!
Y empezamos con el Carry On Countdown de este año. No voy a hacer todos los dias, pero voy a tratar de hacer algunos one shots. En este me parecio que era buena idea usar el "algo viejo" en algo relacionado a bodas 3
Empecé a escribir esto con un bebé amarrado al pecho, tomando su biberón. jeje.
¡Muchas gracias por leer!
Ciao!
