Prólogo

~ Uchiha Sasuke ~

—¡Voy, mamá!

Una joven de cabello rosado, que apenas había alcanzado la mayoría de edad, se apresuró hacia su madre para escuchar lo, que tenía que decirle. Su cabello revoloteaba alrededor de sus hombros mientras corría por el pasillo de piedra de su templo ancestral. Su corazón latía con más fuerza—no por miedo, sino por una creciente incertidumbre sobre lo que le esperaba.

—Te espera una misión —dijo la mujer mayor con una voz suave pero resuelta cuando Sakura se detuvo ante ella.

—Pero mamá —protestó la joven de cabello rosado, una clara expresión de desaprobación brillando en sus ojos verdes. Su mirada era firme, su mandíbula apretada. —No quiero hacerlo.

—Lo que queremos es una cosa —suspiró la mujer mayor mientras Sakura cruzaba obstinadamente los brazos sobre el pecho. Su postura era tensa, sus hombros rígidos como una piedra resistiendo el flujo de un río. —Pero hay cosas que debemos hacer, aunque no nos gusten.

—¡Eres la Diosa del Amor—este es tu trabajo! —se quejó Sakura, tratando de escapar de la obligación que se le había impuesto. Su voz llevaba una nota de urgencia que resonaba en las paredes de piedra del templo.

—Y tú, Sakura —la Diosa del Amor se acercó, colocando sus manos sobre los hombros de su hija. Su mirada era tan cálida como el sol de primavera que despierta la vida después de un largo invierno—. Tú eres mi hija. —Su voz era tranquila, llena de amor maternal, y su toque se sentía reconfortante, como si quisiera proteger a Sakura de todo el mundo.

—Cualquiera más podría hacerlo —insistió Sakura, ahora sin la determinación de antes, como si toda su resistencia se estuviera desvaneciendo lentamente.

Su madre negó con la cabeza, sus hebras doradas ondeando en todas direcciones. —Solo tú puedes hacerlo —dijo suavemente, pero con una convicción inquebrantable que no dejaba lugar a dudas. Levantando una mano del hombro de Sakura, la colocó en su mejilla. La acarició con ternura, sus dedos deslizándose suavemente sobre su piel, como si intentara infundirle un fragmento de su propia fuerza.

Sakura soltó un suspiro renuente, derrotado. —Está bien —aceptó al fin, aunque su voz traicionaba la duda persistente—. ¿Quién es esta vez?

—Uchiha Sasuke.

El silencio que siguió a la pronunciación de ese nombre fue tan profundo que se podría cortar con un cuchillo. Sakura sintió cómo su corazón se tensaba. Ese nombre llevaba una cierta oscuridad, algo que parecía entrelazado con su destino. No quería esto, pero en lo más profundo de su ser, sabía que esta tarea era inevitable.

Y así, bajó la cabeza humildemente, preparándose para lo que estaba por venir, empujando todas sus dudas al rincón más alejado de su mente. Sabía que su madre tenía razón—esta misión era su destino, aunque deseara cualquier otra cosa menos eso.