Sumario: Tres capítulos, tres personajes, un mismo lugar. [Fugaku U., Mikoto U.] [Itachi U. Izumi U] [Sasuke U. Sakura H.]
Capítulo 02: Uchiha Itachi
El primogénito de Fugaku y Mikoto se incomodaba cuando le decían que era un genio. Él no se consideraba como tal y definitivamente no quería la carga que venía con la etiqueta.
—¿Y si concertamos un matrimonio? —indagó nada sutil Kaeda-sama, posiblemente la persona que más pasa metida en el instituto que los mismos estudiantes en el Prestigioso Instituto de Especialidades Dansei to Josei Uchiha. — Mi Usa-chan estaría feliz de ser su esposa.
A Itachi no le gustó que su madre riera sutilmente. La famosa Usa-chan es menor que él, incluso podría decir que es hasta tres años menor que Sasu-chan, apenas ingresando al nivel básico del Instituto.
No, no. Uchiha Itachi NO IBA A CASARSE POR COMPROMISO ARREGLADO. NUNCA. JA-MÁS.
Recordaba aquellos rumores de sus padres casándose prácticamente a nada de graduarse porque ella estaba ya embarazada. Ugh, ¡Qué irresponsables!
Aunque si alguna vez Itachi se veía en la necesidad de casarse... su compañera de asiento, Kori-chan, sería indudablemente su primera opción. Le altera los pensamientos y definitivamente lo obligaba a concentrarse en las clases, porque no puede permitirse perder el primer lugar.
¡¿Qué ejemplo le dejará a su querido hermano menor si baja de calificaciones?!
—Sasuke-kun ¡Me ganaste por solo dos milésimas!— aquella voz chillona le sacó de sus pensamientos. Itachi observó cómo Sasuke se volvía hacia el otro lado, con el rostro haciendo competencia al singular rosáceo de la niña. Así mismo notó que la niña suspiró aliviada. Tan pequeña y tan responsable por mantener su beca. Itachi se iba a acercar a su hermano cuando definitivamente vio algo que lo dejó impresionado.
Sasuke, quien tanto decía odiar que le pokeara la frente, hizo aquel mismo gesto con la pequeña Haruno.
—Sakura... Quizá la siguiente ocasión.
Itachi se hizo el desentendido cuando los oscuros ojos de Sasuke se posaron en él. Iba a comentar sobre aquel gesto cuando apareció el pequeño Naruto, lloriqueando porque seguramente su madre lo castigará sin ramen al haber reprobado matemáticas, suplicando a Sasuke que le explique los problemas del examen.
—Itachi-kun... quería que me ayudaras con el examen de biología.— la voz de Kori-chan, demasiado coqueta para ser una adolescente, lo dejaba en blanco, sin siquiera poder responder.
Shisui, su primo y mejor amigo, lo sacó del apuro, golpeándolo amistosamente en el hombro y pidiéndole una partida de videojuegos para explorar unas minas rodeada de trolls. Itachi aceptó la invitación de su primo.
Mikoto volvió su atención a sus retoños y les informó que debían irse. Al ver el rostro lloroso de Naruto, la mujer Uchiha se comprometió a hablar con Kushina para que no fuera tan estricta, y volvió a sacarle una promesa a Naruto de que debe mejorar en sus estudios.
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Durante el siguiente año Korizan había avanzado considerablemente su coqueteo con Itachi. El muchacho no se atrevía a darle un nombre a aquella extraña relación de seducción.
Por debajo de la mesa ella hacía que la mano nerviosa del muchacho se deslizara hasta el borde de su falda. A ella le encantaba sentirlo temblar aunque le desagradaba la sensación fría de la palma masculina. Además de eso le fascinaba ver cómo otras se le ofrecían a Itachi y él las ignoraba, eso la hacía sentir especial, aunque aún no tan especial porque Uchiha Madara la descubrió en el pasillo Diamante y la obligó a correr cincuenta vueltas a la cancha de fútbol.
Ni siquiera Itachi se atrevió a ir contra el Rector del Instituto.
Aunque quizá también parte del castigo fue porque ella descubrió en los registros informáticos que Madara estuvo medio año internado en la clínica y le preguntó a Itachi-kun si aquella enfermedad era hereditaria.
Itachi jamás le contó a su querida Kori-chan que descubrió que su abuelo había manipulado a su padre para obligarlo a casarse.
Madara le contó secamente cómo Fugaku decidió, sin consultarle siquiera, que iba a convertir a Mikoto en su esposa.
—No te ofendas, es tu madre. Y fue la mejor decisión que pudo tomar tu padre.— Madara estuvo inusualmente nervioso. —No he cambiado la clave de los archivos, fue un error aplicar la misma contraseña para la Wi-Fi del instituto. Gracias por hacerme notar esto.
—Fue Ko... Hoikko Korizan-san — observó Itachi, sin darse cuenta de lo que estaba delatando, así como tampoco fue consciente del brillo en los ojos de su abuelo.
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Mikoto hubiera deseado que Fugaku eligiera continuar con el legado del Instituto, pensamiento quizá de manera egoísta porque eso significaba tenerlo más en casa, pero su esposo había decidido fundar su propia empresa de seguridad tecnológica y estaba en negociaciones para adquirir unos terrenos en la capital. Aquello significaba más viajes y, honestamente, lo echaba de menos.
Por ello, cuando le informó que regresaba de su viaje de casi dos semanas, ella fue sin dudar a la estación de trenes para esperarlo.
Aquel día Sasuke-chan quedó en ir a la casa de Kushina para seguir con las tutorías de Naruto-chan, mientras que Itachi-kun le prometió alcanzarla en la estación.
Al ver a su esposo bajar, sudoroso y agitado, lo atribuyó al largo camino recorrido. Lo siguió de cerca una muchacha de aspecto rollizo que hacía raro contraste con la finura de su cara.
—Disculpe ¿Usted es su esposa?— Mikoto se extrañó por la pregunta de la muchacha, Fugaku no sabía que ella iba a buscarlo, por lo que asintió con una extraña sensación en el pecho. —Él se encuentra así desde hace cinco estaciones. Se negó a sentarse y estuvo de pie por casi dos horas. Creo que debe ir a una clínica.
Fugaku sonrió forzosamente antes de perder la conciencia. El peso de su cuerpo cayendo entre los brazos de Mikoto, quien se echó a temblar mientras trataba de controlar sus emociones.
—Itachi-kun pronto vendrá, mi hijo... Él me ayudará.
La muchacha notó que la mujer iba a entrar en un ataque de histeria, sin poder reaccionar adecuadamente ante la emergencia. Aquello no le haría bien a nadie, por lo que tomó el celular de la mujer Uchiha y llamó a la ambulancia.
Veinte minutos después, a Fugaku le aplicaron oxígeno mientras le preguntaban a Mikoto si iba a subir a la ambulancia. La mujer casi parecía bloqueada, mientras miraba insistentemente su reloj, aún murmurando algo sobre su hijo mayor.
—Iremos en la ambulancia.— dijo aquella muchacha.
Mikoto, de inmediato negó, diciendo que tenía su propio automóvil.
—Usted no está en condiciones de manejar.— observó el paramédico, viendo cómo Mikoto temblaba visiblemente. —Puedo inyectarle un tranquilizante.
Mikoto iba a negarse, pero la menor habló.
—Sí, por favor.— aquella joven pareció pensarlo unos instantes —Y yo manejaré el auto, le agradeceré si nos indica a qué clínica llevarán a su esposo.
A pesar de haber sido sedada, Mikoto se echó a llorar al escuchar el nombre de la clínica, entre sus llantos decía algo sobre ser el mismo sitio donde años atrás él y ella habían hablado.
La joven sintió que se le rompió el corazón al verla tan afectada.
Y un profundo enojo nació contra el famoso Itachi-kun, quien nunca apareció.
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«Izumi, eres un caos ambulante, siempre llevando la mala suerte por donde quiera que vayas.»
Eso le había dicho su abuela, antes de dejarla partir.
Y la muchacha casi estaba pensando qué tan cierto eran sus palabras, al haber notado que aquel hombre (que le había cedido el asiento) se llevaba la mano al pecho, como si le punzara. Aún faltaban dos estaciones más para su destino pero no pudo evitar bajarse antes y seguir a aquel hombre para verificar que estuviera bien.
Izumi casi suspiraba de alivio al ver que se encontraba con una mujer, probablemente su esposa por lo que se acercó a alertarla de lo que a él le sucedía, le explicó lo que ella vio e iba a seguir su camino volviendo a tomar el siguiente tren.
Entonces él se desvaneció.
Ahora se encontraba manejando un auto, sin licencia de conducir, cabe aclarar. Con la mujer sedada que llamaba por celular de manera insistente a su hijo Itachi, dejando algunos mensajes de voz, preguntando por su paradero y suplicando para que se comunique de inmediato.
Luego, en la clínica, Izumi le preguntó si no tenía otro familiar, además de Itachi. Mikoto pareció reaccionar y llamó a un señor, Uchiha Madara. La voz le temblaba y no dejaba de llorar al mencionar a Fugaku, por lo que la muchacha tomó el celular, presentándose como Izumi, a secas, y le informó que Uchiha Fugaku había tenido un quebranto de salud. Le informó a qué clínica se dirigían.
Izumi sentía el sudor recorriendo por su piel ante la osadía de manejar y hablar por celular al mismo tiempo.
Lograron llegar milagrosamente a la clínica e ingresaron a Fugaku. Poco más de media hora transcurrió e Izumi pudo detectar quién era Uchiha Madara. Además del notable parecido con Fugaku, ese aire impotente e intimidante, hacía que a Izumi se le retorciera el estómago de los nervios. Aquel hombre no era alguien con quién buscarse problemas.
Madara se dirigió a la Jefe de Enfermería, quien lo recibió con un carpetazo en la cabeza. Aquello asombró a Izumi, no creía a alguien capaz de enfrentar a aquel hombre y vivir para contarlo.
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—Ojalá que tu hijo fuera como tú.— dijo la jefe de enfermería —Probablemente tengan que intervenirlo, una cirugía a corazón abierto, primero lo están estabilizando.
Madara asintió, luego compró un par de bebidas calientes, se sentó frente a Mikoto, y se las ofreció a las féminas, en ese frío y -según él- maldito día. Con la mirada interrogó a la menor, quien atinó a explicar torpemente lo acontecido desde que Fugaku le cedió el asiento.
Él no dijo una sola palabra mientras procesaba aquello. No quería alarmar más a Mikoto al verla calmada aunque se le notaban los ojos rojos e hinchados por tanto llanto, pero su querida Natsuko falleció por problemas cardiacos cuando Fugaku tenía apenas seis años.
—¿Itachi no iba a verlos en la estación?— preguntó Madara, frunciendo el entrecejo. Agarró su celular y dio órdenes directas.
Habitación 388, Tercer Piso. Menos de una hora para hacer acto de presencia.
Mikoto se removió inquieta, notablemente en desacuerdo de cómo Madara quería imponerse en la vida de sus hijos.
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Korizan estuvo a punto de conseguirlo.
Logró salir antes de clases, apegándose a Itachi en el permiso que tenía para salir antes del instituto. Y lo convenció en que aún había tiempo antes de pasar por la estación de trenes. Llegaron a la sala de su casa, logró que Itachi ignorara las llamadas de su madre. Pudo deshacerse de la camiseta del joven antes de la llamada definitiva, teniendo menos de una hora para presentarse en la clínica.
—Oh, como tu padre, hace años atrás. — dijo con cierto rencor Korizan, cuando Itachi detuvo aquel juego de seducción. —¿También estás obligado a casarte, Itachi-kun?
Aquello activó el modo rebelde del mayor de los Uchiha. Si acaso ella no lograba ser la prometida, no lo sería nadie. Sonrió con satisfacción a sí misma al verlo enojado y desafiante. Además se desabotonó los dos primeros botones de su camisa escolar para mostrar orgullosa aquellas marcas que Itachi le había hecho. Rió internamente imaginando la cara del muchacho cuando se dé cuenta de las que ella le hizo en retribución. Y no soltó su mano mientras llegaban a la clínica.
Lo que Korizan no se esperaba fue ver a Uchiha Madara en la puerta de la habitación 388, como verificando el segundo exacto en el que Itachi hiciera acto de presencia.
Korizan se abstuvo de entrar, verdaderamente le tenía miedo al hombre. Vio desde la puerta al interior de la habitación a Mikoto quien tomaba la mano a un Fugaku inconsciente y conectado a cables y máquinas médicas. También había una muchacha regordeta, con la cual cruzó una ácida mirada.
¿Esa era la prometida de Itachi que habían conseguido sus padres?
¡JA!
A Itachi le gustaba definitivamente los pechos grandes pero no gordos. Y esa muchacha era mínimo tres tallas más grande que ella. Definitivamente no es del gusto de Itachi.
Korizan sintió la mirada analítica de Mikoto sobre su persona, en especial en los chupetones del inicio de sus pechos.
Como si la señora hubiera sido una santa. ¿Quién fue la que se casó embarazada?
«Entonces, veamos quién jala más a Itachi, Mikoto-sama.»
—No quiero estar aquí, Itachi. Los hospitales me deprimen. ¿Nos vamos ya?
Quiso jalar de la mano de Itachi, pero la dura mirada de Madara la hizo aflojar el agarre en el muchacho. No se percató en qué momento el muchacho fue arrebatado de sus manos y la puerta cerrada en sus narices. Quería reclamar pero tenía la mirada severa de Madara sobre ella.
Maldito Itachi que la deja a la merced de su intimidante abuelo.
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Mikoto, a espaldas de la puerta, escuchó cómo se cerró abruptamente la misma. La actitud indiferente que trató de mantener, se cayó como castillo de naipes ante la mínima brisa y se echó a llorar en el borde de la cama.
Itachi, llevado adentro de la habitación sin tener tiempo de reaccionar, se encontraba dudoso de lo que estaba ocurriendo. De pronto sintió que era empujado hacia su madre. Sin prestar atención a quién lo empujó, Itachi se dejó llevar y abruptamente sintió cómo su madre se aferraba a la camiseta estudiantil.
Izumi, en contraste, lo miró aún con el enojo aflorando por su piel. Será todo lo guapo que desee, pero eso no le quita que sea un maldito insensible e idiota. ¡¿Cómo se le ocurre poner la pasión hacia aquella zorra por encima de su propia familia?! Definitivamente las personas no saben apreciar lo que tienen hasta que lo pierden.
Lo más silenciosa que pudo, Izumi abrió la puerta de la habitación, aún con las llaves del auto de Mikoto en sus manos.
Izumi sintió cierta amenaza silenciosa por parte de aquella rubia que había llegado con Itachi, quien más pareció inflar su pecho para mostrar aquellos claros chupetones.
Hija de perra.
Izumi trató de no darle importancia a aquello. Iba a ir por su equipaje y seguir su camino. Con algo de suerte aún estaría de pie aquella oferta de trabajo en el pueblo, reunirá el dinero suficiente para sobrevivir el siguiente año y entonces retomará sus estudios.
Bajó del auto su equipaje. Toda su vida estaba en una mediana maleta de viaje. La dejó en recepción por unos instantes solo por el hecho de no ir con peso extra al tercer piso. Iba a tomar el ascensor para devolverle las llaves del auto a Mikoto, cuando de pronto se abren las puertas del mismo y una notablemente irritada rubia era conducida con brusquedad hacia la salida por el imponente Madara. Su blusa abotonada hasta el cuello.
—Te tengo en la mira, van dos y una tercera no toleraré.— el hombre soltó abruptamente el brazo de la muchacha quien de inmediato lo sobó. —Será mejor que pienses bien antes de hacer tus siguientes movimientos.— La rubia ni siquiera se despidió y salió corriendo de la clínica. Madara notó que la otra muchacha, la que ayudó a su nuera, iba a subir al ascensor, por lo cual la detuvo con la característica actitud de los Uchiha. —Tú y yo no hemos siquiera empezado a platicar.
«¿Conmigo? » Izumi se preguntó. «¿De qué tenemos que hablar?»
—Solo tengo que devolver las llaves a Uchiha-san, tengo un tren que tomar.
Madara arqueó una ceja.
—¿Es así?— preguntó, sin evitar ese tono de ser el dueño del mundo. —No creas que no noté que también me lanzaste la puerta en la cara, cuando dejaste a Itachi en el cuarto con Mikoto.
Izumi sintió que aquel hombre iba a cambiarle su existencia.
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Mikoto recibió las llaves de aquella joven que tanto le había ayudado.
—Lamento todo lo acontecido. ¿Cuál es tu nombre?
—Izumi.— la muchacha soltó un profundo suspiro, mientras su mente le daba vueltas a la propuesta de Madara-san. —Rezaré para que todo vaya bien...
—Pero no te puedes ir así.— replicó Mikoto —Si te quedas, mi hijo Itachi-kun podría...
Ante la mención de la palabra Hijo, un profundo sonrojo se apoderó del rostro de la muchacha, delatando su vergüenza por las palabras de Uchiha Madara.
«—¿Tienes que trabajar para estudiar? ¿Por qué hacerlo cuando puedes terminar tus estudios y conseguir un mejor trabajo?
Izumi no sabía cómo tomarse aquello. Un hombre, notablemente poderoso, no regalaba su tiempo y dinero en una desconocida.
—¿A cambio de qué?— preguntó, ignorando el nudo psicológico que se le formó en la garganta, haciendo todo su esfuerzo para no tener la voz ronca. —Disculpe, Uchiha-san, no quiero sonar grosera, pero no puedo perder más tiempo.
Madara pareció analizarla fríamente. Luego sonrió.
—Puro agradecimiento. Salvaste la vida de mi hijo.
La muchacha sacudió la cabeza en señal negativa.
—Yo solo estuve casualmente...
—Entonces veamos hasta dónde llega tu casualidad.»
Izumi tendría prácticamente la oportunidad de una beca en el Instituto Dansei to Josei Uchiha. Alimentación, útiles escolares, tecnología... Ella ni tenía la más remota idea de qué categoría era el Instituto, pero no era una idiota. Uchiha Mikoto-san se veía elegante. La sala donde estaba internado su esposo Uchiha Fugaku era la sección VIP, el instituto era Uchiha, al igual que todos ellos. Personas sin problemas económicos, pero al parecer sí tenían muchos problemas personales.
—Lo siento, de verdad, Uchiha-san, pero tengo que tomar el tren.
Abrió la puerta en el instante en que Itachi aparecía con una bandeja de almuerzo para su madre. Para Mikoto no pasó por alto ver cómo Izumi se sonrojaba profundamente ante la mirada intimidante de su hijo, solo que Mikoto creyó que la muchacha se había enamorado de su hijo. Aquella idea emocionó a la mujer Uchiha.
Quizá si...
—Izumi-chan... ¿No quieres conocer más a mi hijo? Podrían volverse muy cercanos.— Itachi sintió la mirada reprobadora de aquella rolliza muchacha, específicamente en su cuello. —Mi Itachi-kun podría ir a dejarte donde necesites ir.— Mikoto sonrió, obligando al aludido prestar atención a la conversación entre ellas. —De ahí pueden conocerse más...
A Mikoto no le gustaba aquella muchacha rubia que se la pasaba pegada a su hijo mayor. Tenía un aire posesivo, como si estuviera dispuesta a alejarlo de su familia. La mujer Uchiha quería que su Itachi-kun fuera una persona muy considerada, como lo es Fugaku, quién aún invitaba a sus padres en cada festejo.
—No me lo has consultado, madre.— murmuró Itachi, notablemente tenso.
Mikoto ignoró a su hijo, devolviendo las llaves a Izumi, al lanzarlas hacia la muchacha quien por impulso las tomó en el aire.
—Él también puede manejar y también tiene su licencia de conducir.
Izumi no supo cómo decirle que ella NO tenía licencia para manejar. Itachi notó que la muchacha regordeta se sonrojó.
—Muchas gracias, Uchiha-san, humildemente tomaré su oferta.— la mujer iba a corregir en la forma de cómo se dirigía a ella, pero notó a Izumi tan sonrojada que se lo dejó pasar. Ya en otra ocasión le dirá que la autoriza para que la llame por su nombre. —Que descanse.
Itachi suspiró profundamente mientras seguía a la joven. Entraron al ascensor, con un incómodo silencio. Itachi pensaba en cómo decirle que no se atreva nuevamente a obligarlo a quedarse en la clínica y menos aún saque de la habitación a su amiga. Apenas iba formando la idea en su mente cuando la otra pareció ganarle en expresar sus pensamientos.
—Puedes quedarte... De hecho deberías quedarte. —Izumi ajustó más el abrigo sobre su rollizo cuerpo, pasando por las puertas abiertas del ascensor. Ella dio una mirada de desprecio al cuello del joven. —Imbécil— murmuró, lanzándole las llaves del auto antes de salir del ascensor.
Itachi estuvo a punto de seguirla pero recordar aquella mirada de desprecio hizo que volviera su mirada a su reflejo en los espejos del ascensor, notando entonces que en el cuello tenía varios mordiscos, que demorarían semanas en desaparecer.
La puerta del ascensor se cerró, con Itachi dentro.
Maldición.
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—¿Lo pensaste mejor? — indagó Madara, observando en su caro reloj de bolsillo la hora, apenas vio a la muchacha salir del ascensor. —Si acaso alcanzas el tren, te llevará medio día llegar al siguiente pueblo. Quedarte en un pequeño hotel con sus habitaciones cápsula, reunir apenas el básico para subsistir... En cambio, si te quedas aquí y terminas los estudios, tendrás una acreditación de estudios de Dansei to Josei Uchiha, más prácticas empresariales debidamente remuneradas...
La notó ponerse tensa ante aquella oferta del demonio, porque solo un demonio juega con la desesperación de ella. Izumi, creyendo que iba a apurar aquella plática, le había contado brevemente sus proyectos y planes. Madara, en cambio, no dijo cuál era el beneficio que él obtenía al ofrecerle todos los estudios becados.
En su existencia Madara aprendió a leer a las personas. Aquello le daba poder sobre sus estudiantes y manejar a su antojo a padres y tutores. Por lo mismo, podía leer con bastante sencillez a la muchacha frente a él, y como persona tenía muchos puntos a favor: manejaba bien los conflictos, se desenvolvía bien en circunstancias que tienen mucha presión.
Pero sobre todo...
—No te preocupes por el hospedaje, puedo pagarte cualquier habitación que arriendes. Y tampoco tienes que preocuparte de las comidas. Puedes elegir entre servicio a la habitación, comer en restaurantes o incluso hasta en el mismo instituto. Tenemos cafetería, así que si llegas temprano podrás desayunar ahí mismo. No te preocupas del almuerzo y hasta puedo ordenar que tengan preparada una merienda para que la lleves.
—¿A cambio de qué?— preguntó Izumi, directamente. Mientras no le dé una razón que considerara válida, no podría siquiera pensar en su propuesta caída del cielo para alguien como ella, que literalmente tiene toda su vida en su equipaje de mano.
—Eres la que salvó a mi hijo. Y muy probable también a mi nuera.— Madara pensó que una verdad a medias convencería mejor a Izumi. —Aprecio a Mikoto-chan, pero en lo que respecta a mi hijo y mis nietos, se pone emocional y le cuesta tomar decisiones.
Tal como lo pensó, aquella verdad relajó la postura de Izumi.
—¿Por salvar la vida de su hijo?— indagó Izumi —No es que quiera ofenderlo, la vida de su hijo ni todo el dinero del mundo lo compensará, pero yo no lo he salvado. El mérito será de los médicos, como se lo dije antes, yo solo estuve casualmente...
—Entonces permitamos que las casualidades continúen en tu existencia.
Porque algo que sí es real, es Madara estando totalmente seguro de su apuesta arriesgada.
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En la noche, Shisui hizo una videollamada a Itachi. Por unos instantes el primogénito de Fugaku se sintió tentado a no contestar, porque no se sentía con ánimos de jugar pero aquello le duró menos de cinco segundos. Shisui no era sólo compañero gamer, también era su primo y su mejor amigo.
—Hey, supe lo de Fugaku-san.— fue lo primero que dijo su primo.
Itachi volvió su mirada esquiva hacia la nada. No le gustaba que hasta Shisui estuviera enterado de aquella charada de la clínica.
Por su lado Shisui interpretó que Itachi estaba tan deprimido por aquello que prefería evitar tocar ese asunto. El descendiente de Kagami sabía que, en esos momentos, tratar con su primo era ir en un campo minado. Itachi, silencioso y callado, solía explotar en muy raras ocasiones. Por ende, Shisui tampoco podía tocar el tema de Korizan, que tanto lo estaba incomodando.
Curiosamente para Shisui, Itachi fue quien ofreció una partida de videojuego para explorar la zona costera.
—Hmp... Quieres aumentar esas ojeras — Observó Shisui, tratando de animarlo.
—Puede ser, pero si consigo un objeto mágico, me servirá para la zona rocosa.— respondió Itachi, encendiendo su consola.
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Al día siguiente, Korizan estuvo a punto de sufrir un infarto.
Alta, más que ella, aunque seguro que no llegaba a pasar a Itachi. Esa muchacha tenía la cara fina y el cuerpo regordete, y estaba llevando el uniforme del instituto Dansei to Josei Uchiha.
Cuerpo amorfo.
Mikoto está atacando agresivamente al meterla al instituto de un momento para otro.
La rubia caminó aceleradamente, dejando sus carpetas en las manos de Itachi, quien se extrañó de aquella acción.
El muchacho tomó aquello como una ofrenda de paz, pues habían discutido debido a que Korizan le había reclamado haberla dejado con su abuelo, y él por los mordiscos, por lo cual debía estar llevando una bufanda, justificando aquel accesorio con una afección a la garganta. El clima frío ayudaba en su mentira.
—Está bajando el nivel de Dansei to Josei.— expresó la rubia lo suficientemente alto para llamar la atención de algunos estudiantes.
Pocos entendieron hacia dónde iba aquel comentario y soltaron un risa burlona.
La rubia sonrió cuando vio que aquella regordeta ingresaba a un salón al otro extremo del pasillo.
Korizan se sentó junto a Itachi en la clase de física. Tuvo que sacar su calculadora porque su tablet no tenía capacidad para descargar la aplicación de la empresa Uchiha. A diferencia de Itachi, que sacó aquella famosa tablet, en la cual estaban absolutamente todas las aplicaciones de la empresa de su padre y hasta tenía una sección para redes sociales y videojuegos.
Tenía que insinuarle a Itachi que ella quería también una de esas tablet, para deshacerse un poco de la calculadora, su propia tablet, el kit de conversión para biología... En fin, de tantos accesorios que hacían peso en su bolso estudiantil.
La tablet de la empresa Uchiha era prácticamente una mini computadora y el sueño de todo estudiante. Incluso el logo de la empresa estaba realzado con un espejo en la parte posterior, bajo la cámara de 55 megapixeles, y la fina adquisición terminaba con el nombre, grabado en relieve, del propietario de la tablet. Totalmente personalizada y solo al alcance de personas que puedan pagar ese lujo.
Durante el receso y un poco adormilada, Korizan le pidió a Itachi que le comprara chocolates de la cafetería, por lo cual lo jaló de la camiseta. El muchacho solo se dejó llevar.
Los ojos de Korizan, como halcón en busca de su presa, notaron a la regordeta chica sentada en un apartado, totalmente sola, y aquello la estaba haciendo feliz hasta que notó que uno de los empleados del instituto le llevaba, exclusivamente a su puesto, pequeños aperitivos.
Incluso aquel empleado hizo el doble de reverencia ante aquella solo porque la gorda amorfa le había agradecido por su amabilidad.
¿Cómo era eso posible? ¿Acaso hay servicio exclusivo para privilegiados mientras los demás estudiantes debían servirse? Ni siquiera Sasuke, el hermano menor de Itachi, recibía ese privilegio y estaba ahí haciendo fila, con cara de aburrido mientras su amigo Namikaze no se decidía qué tipo de ramen comer.
Cuando fue su turno de pedir, ni los chocolates le apetecían, por lo cual preguntó en susurros al encargado si hay privilegios de servicios a estudiantes. El hombre entendió de inmediato el por qué de aquella cuestión y respondió con la frase que no permitía más preguntas.
—Órdenes de Uchiha-san.
Korizan se mordió la mejilla izquierda, para contener el grito.
Mikoto realmente estaba jugando demasiado sucio.
Pidió los chocolates solo para no quedar como estúpida, porque se le pasó el antojo. Escuchó que Itachi pedía dangos, lo cual la hizo resentir, porque a ella no le gustaba aquel dulce.
Mientras esperaban su orden, solo el ser joven no le provocó a Korizan el infarto que la amenazaba atacar desde la mañana, pues notó cómo una estudiante pelirroja se sentaba con esa gorda y ambas sacaban sus respectivas tablets.
El logo Uchiha y el nombre de Izumi grabado, revolviéndole las entrañas.
Entonces aquello era un compromiso matrimonial por cuestiones económicas.
La tal Izumi debía ser de una clase económico-social igual o superior a los Uchiha.
Korizan maldecía su suerte porque su padre se negó a darle su apellido, apenas moviendo los contactos suficientes para lograr que estudie en ese prestigioso instituto, y dándole lo suficiente para que no pase necesidades económicas.
Pero no podía darse ningún capricho, todo por el maldito control del administrador de Furugawa Saburo, el padre que se niega a reconocerla.
Itachi, con su bandeja de dangos, vio a la distancia a Shisui, e iba a acercarse, hasta que notó que su primo iba a la mesa donde estaba Izumi con Hanna-san, la pelirroja líder del equipo de biología del salón C.
El primogénito de Mikoto ignoró aquello y regresó sus pasos al camino contrario que había tomado su primo.
Itachi no estaba dispuesto a caer en el juego de su madre, de conocer a aquella muchacha que se unió al juego de "papá está enfermo, debes casarte."
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Shisui estaba revisando en su agenda las actualizaciones de las aplicaciones de las tablets Uchiha, cuando le llamó la atención que, de los dos mil trescientos cuarenta y cinco usuarios de la semana pasada, hubieran agregado uno más. Algo que no sucede a mediados de año estudiantil. Siempre, por norma, la empresa Uchiha agrega a los usuarios en la red interna a inicios de curso, y depura la lista a finales del año lectivo.
Buscó en el historial y encontró agregada a una tal Izumi, sin apellidos ni mayores referencias. Estaba en penúltimo año, al igual que él, lo cual incrementó su curiosidad porque entre los cursos superiores se conocen entre todos, así no destaquen académicamente.
—Salón C.— observó el joven Uchiha, conteniendo el sonrojo de su rostro.
Se dirigió al salón C en la hora del receso, sabiendo que era prácticamente imposible encontrar a cierta pelirroja que le quitaba el aliento cada vez que hacía sus exposiciones de biología. Le preguntó a una chica de cabellos lilas por Izumi, una estudiante nueva.
—Umm... se iba a reunir con Hōzuki-san porque fueron asignadas a trabajar juntas en los proyectos de feria.— le contestó la joven —En la cafetería, según escuché.
Oh... qué maldita casualidad.
Shisui tenía el pretexto idóneo para acercarse a Hōzuki Hanna, sin levantar sospechas. Porque era una casualidad que aquella chica llamada Izumi entrara repentinamente a la red de la empresa Uchiha y solo quería satisfacer su curiosidad, comprobar que la tal Izumi no era una hacker.
Sí, era por el bien de las empresas familiares.
...
Shisui esperaba que todos se lo creyeran.
Cuando Shisui se acercó, con una leve reverencia hacia las féminas, notó que la pelirroja se tensó mientras la otra lo miró un poco extrañada. El joven notó algo extraño en la muchacha nueva, sus facciones eran demasiado finas ante lo rollizo que parecía ser su cuerpo. Y tenía un rostro muy limpio aunque parecía usar base de maquillaje, quizá para ocultar imperfecciones de piel a causa del sobrepeso.
Aparte de ello, con su largo cabello castaño oscuro, ojos de igual color pero con una mirada enigmática. Era una chica bastante singular.
—Mi nombre es Uchiha Shisui.— se presentó el joven, pidiendo permiso silencioso para sentarse y sin esperar verdaderamente una respuesta —Noté que en nuestra red intercolegial estaba agregado un nuevo usuario y...
Definitivamente ver que Izumi tenía su tablet, con el nombre de ella grabado en relieve, lo dejaba a él como un idiota si seguía con aquello de ella siendo una hacker. El detalle es por qué el abuelo Madara permitió su anormal ingreso a la red.
—¿Nos ayudarías con algunas aplicaciones?— preguntó Hanna, con cierto temblor de nervios en su voz. —Necesitamos sincronizarnos para unos proyectos estudiantiles y no sé cómo... Yo solo uso mi celular pero Izumi-san en estos momentos no tiene su móvil.
—Oh, claro. Quizá Izumi-san no tiene configurada la sincronización. No es automática porque la empresa de Fugaku-san respeta que las personas deseen privacidad.—Shisui le extendió la mano para obtener el dispositivo de Izumi, quien se lo entregó muy confiada.
Aquello volvió a llenar de incertidumbre a Shisui.
Una chica geniono entrega su dispositivo tan fácilmente siendo que, con unas pequeñas modificaciones, él podría ponerle un programa de seguimiento. Y mientras él escuchaba cómo se organizaban para presentar los exámenes, algo normal en Hanna que siempre deseaba estar en el top-ten de los estudiantes, a Izumi se la veía bastante común, como los alumnos que se mantienen pasando sin quedarse en ninguna materia.
Shisui estaba seguro que Izumi no era becada, quizá sí millonaria, aunque le faltaría una asesora de imagen para resaltar, porque un rostro agraciado y bonito sí tenía, pero más bonita le parecía Hanna-san.
El mismo Uchiha se sorprendió de sus propios pensamientos.
Aprovechó que las féminas hicieron una pausa en sus pláticas para mostrarle cómo se sincronizan los contactos para poder chatear y recibir mensajes instantáneos sin necesidad de cuentas adicionales.
—Como prueba, mira, yo envío la solicitud desde mi tablet con este icono.— Shisui presionó un símbolo de llamada en su propia tablet. Entonces la tablet de Izumi se iluminó totalmente, para no dejar desapercibida la nueva configuración. —Si le das aceptar, no solo aceptas que estemos enlazados en la red social interna, aceptas a todos los demás que quieran contactarse y podrán acceder a tu perfil, historial académico... Algunas empresas acceden a esta información en busca de posibles candidatos para ocupar cargos y empezar a formar profesionales.
Izumi, con el corazón acelerado, presionó el botón ACEPTAR en la tablet. Estaba empezando a entender el poder de Uchiha Madara a nivel empresarial y le parecía que ella hizo poco para la inmensa oportunidad que le ha brindado. Ella se prometió a sí misma empeño en los estudios y sacar fuerzas para estar pendiente de Mikoto-san y ayudarle en todo lo posible.
Cuando la muchacha volvió sus ojos a los dos jóvenes, se sonrojó profundamente al ver a ambos con los ojos brillante y ellos dos se miraron mutuamente.
Shisui se sintió profundamente afectado al verse envuelto en la misma emoción con Hanna, como si sus sentimientos se hubieran conectado. Se levantó torpemente, deseando no haber sido tan obvio ante la pelirroja y, tartamudeando, ofreció su ayuda tecnológica.
—T.. tienes mi contacto registrado.— el joven hizo una leve reverencia y tropezó con una silla en su apresurada partida.
Izumi lo miró extrañada, hasta que volvió sus ojos castaños a la pelirroja, quien parpadeaba para que las lágrimas no brotaran.
—¿Qué... sucedió?— preguntó Izumi, totalmente confundida.
Hanna respiró profundamente y decidió ser honesta.
—Le gustaste... A Uchiha-san...— Hanna maldijo su cobardía, acababa de perder al chico que le gustaba desde hace años, y lo peor es que no podía odiar a Izumi-san porque ella no tiene la culpa.
Izumi sacudió la cabeza.
—No, no, no.— la joven estuvo revisando si había alguna opción para bloquear a Shisui de sus contactos. Hanna-san era la primera persona que le hablaba y no quería perder su confianza por problemas amorosos. —Yo solo vine a estudiar... Seguramente tendré que marcharme al terminar los estudios. No tengo intenciones de tener algo con Uchiha-san.
Izumi sentía que la cabeza empezaba a latir. Demasiados Uchiha en su existencia.
—Es que él...
—Él fue muy amable y estoy agradecida, pero no habrá nada más.— Izumi analizó su propia situación. —Si no tienes problema en que él y yo seamos amigos, es lo que más llegaré con él, lo prometo. Si te sientes incómoda, entonces ni siquiera lo miraré.
—Pero yo no puedo decirte sobre tus relaciones...
—Y no tengo por qué interponerme con el chico que te gusta.— Ante aquella verdad dicha por Izumi, Hanna soltó las lágrimas mientras escondía el rostro entre sus manos. Izumi sonrió sutilmente al ver cuán profunda han sido las emociones de la pelirroja. —Deberías decirle.
—No estoy lista para eso.— refutó de inmediato Hanna —Además creo que mis padres me están preparando un compromiso...
Izumi notó aquello más complicado.
No era justo que, en estos tiempos, aún obliguen a los jóvenes a aceptar matrimonios arreglados.
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—¿Te gusta la amorfa?
Aquella pregunta, que lo tomó totalmente desprevenido y no tenía nada que ver con sus sentimientos, hizo que Shisui controlara sus emociones. Principalmente por la persona que habló.
—Ignoro de lo que me estás hablando.— respondió Shisui, sin reaccionar cuando la rubia deslizaba sus dedos perfectamente maquillados por su brazo.
—De la gorda que entró hoy a clases.— Por una extraña razón, Shisui se sintió tentado en defender a Izumi, pero agradeció haber callado, porque descubrió de inmediato el miedo y las intenciones de la rubia. —Pienso que tus tíos quieren casarla con Itachi... Si a ti te gusta... Podríamos unirnos para que cada quien obtenga lo que desea...
Bien decía el abuelo Madara que uno aprender más escuchando que hablando.
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Itachi no apareció aquel día en la clínica. Mikoto estaba desanimada hasta que vio a Izumi aparecer con un almuerzo. La presentación de los alimentos era la que solía usar Maito-san, el chef del instituto.
Así mismo notó que Izumi portaba el uniforme del instituto, aunque era la talla más grande que poseían.
—¿Esto es para mí?— Mikoto sonrió en agradecimiento ante el envase entregado —No te hubieras molestado.
—De hecho, cuando le pedí a Maito-san que me preparara un almuerzo para usted, dijo que le haría su platillo favorito.
Mikoto se secó una lágrima furtiva.
Izumi le preguntó por el estado de su esposo y Mikoto le contó que se ha estabilizado, están en análisis para la operación y los riesgos que aquello conlleva, tanto como si se opera como si no lo hacen.
—Pero cuéntame, ¿Cómo lograste entrar a Dansei to Josei Uchiha? Si tienes algún problema no dudes en decírmelo, te apoyaré en retribución por lo que has hecho por mí.
—No se preocupe... Pues Uchiha-san, me refiero a Madara-san, él dijo que por la casualidad de estar presente y ayudarle con su esposo, me ofreció la oportunidad de entrar a su institución para terminar mis estudios.— Izumi sonrió tan sinceramente que conmovió el corazón de Mikoto. —Prometo dar todo mi esfuerzo para que su suegro no se arrepienta de esta oportunidad que me ha brindado.
Mikoto analizó aquello, con cierta extrañeza. Suele diferir de la forma de proceder de su suegro, pero por primera vez sentía estar de acuerdo con él.
Izumi era una chica bastante amable y merecía todas las oportunidades que la vida le podía ofrecer.
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Madara firmaba los cheques de la facturas por la estancia hospitalaria de Fugaku.
Habían pasado dos semanas desde el ingreso y, según le informaron, hoy tendrían los resultados de los análisis de sangre y del informe del cardiólogo.
Un golpe en la puerta de su despacho lo sacó de sus pensamientos.
—Adelante.
Sarutobi Asuma, un hombre que tenía cinco años trabajando en el instituto, hizo una breve reverencia en señal de saludo.
—Madara-san, lo inoportuno con un detalle un poco singular. La joven a la cual usted solicitó la tablet...
—Izumi.
—Efectivamente. Logramos obtener los datos de su anterior escuela. Su... único familiar la desconoció y planteó la demanda para eliminarla del registro familiar. Aún está en proceso porque el Juez no tiene sustento para proceder, pero no ayuda a la muchacha que haya aceptado deshacerse de su apellido.
Madara asintió.
—No ingresen esa información en su perfil. Por el momento aún las empresas no podrán acceder a su historial académico, pero según noté, tiene bastantes habilidades para las ciencias exactas, mientras que presenta complicaciones en las naturales.
—Sí, Hōzuki-san, del Salón C, está ayudándola a las clases, reforzando especialmente en geología. Parece que Izumi tiene problemas en diferenciar entre esmeraldas, jade, actinolita... En fin, todas las matices verdes.
Aquello reforzaba las sospechas de Madara, por lo que no evitó la sonrisa de superioridad.
Asuma carraspeó un poco antes de exponer su inquietud.
—También existen inconvenientes con algunos objetos personales de Izumi-san.
—¿Qué clase de inconvenientes?
Asuma tomó su tablet y verificó en sus notas.
—Nada demasiado caro o que no sea fácil de resolver, solo le genera a Izumi-san problemas. Tuvo que presentar un proyecto con un día de atraso porque su maqueta tenía un roedor encerrado. Los comentarios, literalmente los leo y no son mi opinión, «"Seguro será comida chatarra que almacena en los casilleros"» y se encontraron rastros de chocolate artesanal de aquí de Konoha.
—¿Y cuál es tu deducción?
—Desconocen el pueblo nativo de Izumi-san, ella no pudo adquirir los chocolates porque están a la venta sólo en el Centro Histórico.— Asuma movió los datos en su tablet. —Probablemente han descubierto que las cámaras de los pasillos se activan a partir de las ocho, pero tenemos ingresos de estudiantes desde las siete de la mañana por la biblioteca y cafetería. Ignoro si saben que las cámaras se desactivan a las cinco.
Madara asintió.
—¿Propuesta?
—Actualización del circuito de seguridad. Se puede realizar en diez horas, contando con veinte técnicos y se requieren ciento veinte cámaras con activación por movimiento.
—¿Incluye las del parqueadero?
—Totalmente.— Asuma respondió. —De hecho las exteriores tendrían un rango más amplio de grabación, sin puntos ciegos.
Madara asintió en señal de aprobación.
—Ejecútalo en el menor tiempo y con mayor discreción posible.
Asuma asimiló de inmediato la orden y se retiró.
«Comida chatarra.»
Madara soltó una risa irónica. Los estudiantes aún están pocos preparados para entender y manejar el mundo.
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Generalmente Izumi evitaba a la rubia amiga de Itachi, porque habían burlas y extraños sucesos cuando estaba ella en su rango de visión.
Proyectos estudiantiles dañados, animales en su casillero, ropa manchada ante una explosión de colorante...
Ignorarla era lo mejor.
Pero ver que aquella muchacha se metía con un menor de edad, la enervó hasta la médula.
Izumi conocía de foto a aquel adolescente pues Mikoto le mostraba orgullosa las fotografías de sus hijos, aunque delataba su nerviosismo porque su hijo menor, Sasuke-chan, creía que su padre aún estaba de viaje.
Mikoto no quería preocuparlo, pero parecía que otra muchacha estaba dispuesta a meterse en asuntos que no le incumbe.
—...si tu hermano se casa... Tal vez deberías estar más pendiente de tu mamá, porque cuando muera tu padre... claro que no ahora, porque está fingiendo...
Naruto, impulsivo como es, empujó a aquella joven.
—Eres una one-chan cruel, Fugaku-jisan no va a morir y él nunca miente.— El rubio se volvió a su serio y tenso amigo de toda la vida. —No le creas, Sasuke, ella no es de fiar.
Izumi se acercó, decidida a quitar a Sasuke de las garras de Korizan.
—Sasuke...kun...— Agregó el sufijo, sondeando el estado de ánimo del adolescente. Lo vio parpadear, confuso. —Vamos, nos están esperando.
Naruto pareció analizar a la chica nueva que apareció. Tenía un rostro bonito aunque parecía tener mucha ropa encima. Y la rubia, asco que tengan el mismo color de cabello, había provocado que cualquier persona sea preferible antes de pasar un segundo más con ella.
—Vamos, Sasuke.— animó Naruto, jalando de la camiseta a su amigo.
El chófer, contratado por esos días para que esté pendiente del menor Uchiha, estaba esperándolo en las afueras del instituto, teniendo siempre la orden de llevar también al pequeño Namikaze a su domicilio. No hizo reparo cuando vio a Izumi, pues la ha visto en compañía de Mikoto-san.
—¿Podemos hablar un momento? — preguntó Izumi, de manera sutil. Trató de no temer a la mirada encolerizada del adolescente. Se parece demasiado a Itachi en ese sentido, estar siempre enojado.— No te enfades con Mikoto-san. Lastimosamente tu padre sí está enfermo, y nadie pudo controlar esta enfermedad.
—¿Entonces es verdad que llegó de viaje y está ingresado, y qué es eso de que está supuestamente muriendo?— la voz de Sasuke-kun era más varonil de lo que Izumi esperaba, pues ella pensó que sería chillona como la de su amigo.
—Entremos al auto.— pidió Izumi.
—Solo si nos llevas a comer ramen.— Se metió Naruto en la plática.
Izumi lo pensó un instante.
—Si tus padres lo permiten, uno de estos días te invitaré ramen.
Naruto entró al auto sin siquiera contra argumentar.
Sasuke rodó los ojos pero siguió a su amigo.
Ya dentro del vehículo, y con el consentimiento de los adolescentes, el auto inició la marcha. Izumi les relató cómo conoció a Fugaku-san y de cómo se desvaneció, siendo ingresado desde entonces.
—Probablemente deba ser intervenido, pero Mikoto-san no quería que te preocupes. Para ella también ha sido difícil todo esto.
Sasuke suavizó el entrecejo aunque aún mantenía tenso el cuerpo.
—Itachi-niisan...— dijo el adolescente. A Izumi se le contrajo el estómago. —No está enterado de esto...
Izumi no sabía cómo tratar ese tema, pero Sasuke, haciendo notorio su parecido a Mikoto, dijo de inmediato que no deberían decirle, para que así su hermano mayor no se preocupe.
—Ahora comprendes cómo es querer proteger a tus seres queridos.—le respondió Izumi, sonriendo dulcemente, esquivando el tema de Itachi. —Eres capaz de soportar toda la preocupación para que ellos no sufran.
Sasuke soltó un gruñido que pareció afirmar aquellas palabras. Notó entonces que estaban pasando cerca de la florería Yamanaka.
—¿Puedo ir a ver a papá? ¿Y llevarle flores para desearle que se recupere pronto?
Izumi miró al chófer quien le dijo que él los llevaba a donde les indicara.
—Pasemos primero por mi casa y pidamos permiso a Oka-chan.— propuso Naruto.
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Korizan sintió que retrocedió sus planes cuando Sasuke se fue con aquella amorfa. Por eso, apenas vio a Itachi, no dudó en darle su versión de los hechos. Que estaba queriendo platicar con Sasuke-chan y aquella atrevida se lo llevó con el chófer sin siquiera dejarlo despedirse.
A Itachi no le pareció grave que Sasuke se haya marchado con Izumi. Igual, conocía al chófer y le parecía que era hombre de fiar, preparado incluso para usar armas, de ser el caso.
A Korizan no le hizo gracia que Itachi la ignorara.
—¡¿Te vas a casar con ella!? ¿Acaso te gusta esa amorfa?
—¿Qué?— respondió impulsivamente Itachi escuchando solo la segunda pregunta. —Es... Es torpe.— Replicó, recordando que solía tener accidentes con sus trabajos escolares.
—¿Y qué más?— presionó la rubia, haciendo un puchero que estaba provocando extrañas sensaciones en Itachi.
—Poco atractiva... Odiosa... Desagradable...— Se arrepintió apenas las palabras salieron de su boca y se mordió la lengua, no se sentía tan a gusto luego de decirlo. Por mucho que aquella chica estuviera metida en el juego con sus padres, nada le daba el derecho de estarla desprestigiando.
Korizan pareció un poco satisfecha. Quiso premiar a Itachi por sus certeras descripciones, pero prácticamente besó el aire porque Itachi, sin darse cuenta, se volvió, tapándose la boca, él aún incrédulo de haber dicho aquellas estúpidas palabras.
La dejó en el pasillo.
Sola.
Irritada.
Enfadada.
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Sasuke se subió al auto, seguido de Naruto. Se había hecho costumbre que Izumi los acompañara a la clínica, porque solos no los dejaban entrar al hospital.
Irónico, porque en el auto el chofer dejaba subir a Izumi solo si los adolescentes lo aprobaban.
En la clínica, Mikoto recibió de Izumi su comida, y de su hijo menor un arreglo floral. Sasuke estaba usando su mesada para aquello y ese gesto la enternecía. A diferencia de Itachi, que decidió ignorarla completamente, entristeciendo su alma. Pero debía estar con ánimos levantados, aferrándose a los pocos instantes en que Fugaku cobraba la conciencia y le brindaba una temblorosa sonrisa.
A su esposo lo tenían medicado, para estabilizarlo y que no se alterara, casi como un coma inducido. Los exámenes indicaban que era inevitable la operación, pero por la complejidad de la misma habían contratado a un hemodinamista experto y, por sus referencias, hicieron de todo para que el profesional se trasladara de su natal ciudad hasta Konoha. Por suerte el dinero no era ningún problema para este caso.
—Posiblemente lo operen este fin de semana.— murmuró Mikoto, para que ni Sasuke ni Naruto escucharan, solo audible para Izumi. —Quizá tenga que ser en la madrugada, porque el médico tiene sus pacientes en su consultorio y debe regresar... pero...
—Hay que rezar para que todo vaya bien.— dijo en voz conciliadora Izumi. Mikoto contuvo el llanto, lo que llamó la atención de Sasuke, quien miró preocupado a su padre inconsciente. Izumi se tragó la ansiedad, tratado de sonar lo más optimista posible. —Dije que todo irá bien, Sasuke-kun, Fugaku-san se pondrá bien y pronto regresará a casa con todos. Por eso hay que rezar en agradecimiento. Es por eso que Uchiha-san está muy optimista.
Mikoto sonrió, haciendo creer al menor Uchiha que las lágrimas eran de emoción.
—Okaa-san.— Sasuke se recostó en el colchón, con cierto temor se atrevió a tocar la mano de su padre que estaba conectada al equipo de venoclisis. —¿Seguiremos manteniendo esto oculto a Itachi-nii?
—Quizá sí deberíamos decirle... No sea que esa onee-baka malvada también lo envenene.—dijo Naruto. —Odio este color de cabello... ojalá yo hubiera sido pelirrojo como okaa-chan.
—A Kushina siempre le gustó el cabello dorado de Minato-san.— observó Mikoto, queriendo hacer olvidar a los adolescentes de todo lo relacionado con Fugaku. Aunque fácilmente deducía quién era aquella onee-baka malvada. Hasta un alma inocente como Naruto podía sentir la mala vibra que salía de aquella muchacha.
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Fin de semana e Itachi estaba jugando videojuegos, único lugar donde podía despegarse de la realidad.
Su madre prácticamente no dormía en casa, justamente ahora ella está en la clínica, dejando a sus hijos a la deriva. A él no le hablaba. Sasuke lo miraba entre culpable y esquivo.
Aunque Itachi tampoco se sentía con valor de mirar a su familia. Afortunadamente las mordidas, que le había hecho su amiga, estaban desapareciendo, eso le quitaba una incomodidad.
Adicional a eso, estaba el tema de la famosa Izumi.
Famosa por sus torpezas.
Inconscientemente sonrió cuando recordó lo que ocurrió en la mañana, pues al parecer ella no cerró bien la botella de pintura de la clase de artes y se le derramó el contenido en el abrigo. Curiosamente Itachi pensó cómo era posible que no se hubiera estropeado el uniforme, lo único que parecía verdaderamente importante para Izumi.
Recordando aquello, la sonrisa se borró de su rostro.
Podría parecer encantadores los torpes problemas que le ocurren a la joven castaña, pero eso no significa que se vayan a casar. De hecho, ella lo ignoraba, como si no existiera, y aquello debería alegrarlo, pero lo llenaba de una extraña ansiedad.
Como si estuviera pendiente de una mirada hacia él.
Shisui se unió a la partida.
—Umm... estás distraído.— observó su primo al ver cómo perdió el dominio de la zona oeste por un error de estrategia nivel 1, al haber dejado desprotegida la zona.
Itachi demoró unos instantes en responder.
—Solo llevo seis horas de videojuegos... ya me iba.
Al otro lado de la pantalla, Shisui estaba pensando cómo tocar ciertos temas con Itachi, puesto que necesitaba consejos para aclarar su mente. ¿Son acaso malos los compromisos concretados?
—Neee... Itachi...— empezó Shisui, pensando que al mal paso hay que darle prisa. Y definitivamente la sutileza no estaba en los genes Uchiha. —¿Sabes? Aquello de las bodas por obligación... ¿Realmente son tan malas?
Itachi se quedó callado unos instantes. ¿Qué tanto sabía Shisui de su obligado compromiso?
—Creo que es preferible que exista verdadero afecto entre las partes involucradas.— respondió Itachi, aún con la tensión en cada una de sus palabras.
Para Itachi no le pasó desapercibido el suspiro de alivio que soltó Shisui. Aunque no entendiera el por qué Shisui estuviera interesado en su compromiso. A menos que su primo esté interesado en Izumi y quiera cortejarla formalmente, y como Itachi no quería a Izumi entonces Shisui tenía luz verde.
Aquello a Itachi le supo amargo, cuando debió ponerlo feliz. Él mismo no se entendía. Parecía un niño caprichoso con un raro juguete que detesta pero así mismo no quiere que nadie más lo tenga.
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Izumi llegó a pensar que realmente estaba maldita.
Iba saliendo del instituto cuando tuvo un singular choque contra una adolescente de cabellos rosados, los objetos cayendo por todo el pasillo, ante las burlonas risas de los demás estudiantes.
Sasuke se apresuró, junto a su inseparable amigo Naruto, a ayudar a recoger los objetos, fulminando con la mirada a los demás.
—Te lastimé, lo siento mucho.— se disculpó Izumi, bastante nerviosa ante la palidez de la muchacha. La vio temblar y luego vomitar.
—¡Ugh!— exclamó Naruto. Sasuke lo golpeó en la cabeza.
—Vamos.— Sasuke ayudó a Izumi a llevar a su compañera al auto, aprovechando que tenía que ir al hospital a visitar a su padre. Naruto se vio en la necesidad de cargar todos los bolsos.
Itachi al poco iba llegando al pasillo principal, maldiciendo que, justo cuando quería encontrar a Izumi, no lo lograba. Vio al técnico de mantenimiento colocando un cordón de advertencia por piso húmedo, y procediendo a limpiar la zona.
—¿Qué sucedió?— preguntó, extrañado por la singular situación. La limpieza del instituto se realiza un par de horas después de la salida y generalmente la realizan los alumnos castigados por alguna falta cometida. Y definitivamente no la hacían los del área de mantenimiento.
—Una alumna se descompuso... Sasuke-san se la llevó, junto a Namikaze-san e Izumi-san. Escuché que le indicaban al chófer que se la llevaban a la clínica.— respondió el técnico de mantenimiento. —Izumi-san es un ángel caído del cielo.
Itachi frunció el entrecejo ante aquellas últimas palabras.
Todos parecían amar a Izumi. O más bien todos parecían querer meterle en la cabeza que Izumi era lo mejor del mundo.
Y él no quería aceptarlo.
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Itachi pisó el hospital por primera vez en algunas semanas.
Vio que la habitación donde estaba su padre se encontraba desocupada, su madre de espaldas, mirando ese cuarto vacío, se volvió hacia él al sentir su presencia.
En otras circunstancias, Itachi hubiera notado la triste sonrisa de su madre. Pero ahora, su enojo no le permitía ver más allá de sus narices.
—No vas a decidir sobre mi vida.— la mirada de Itachi fue dura contra su madre —No me casaré con esa estúpida.
Mikoto hubiera deseado tener el apoyo y la guía de Fugaku. Pero, en esos angustiosos momentos, su esposo estaba debatiéndose entre la vida y la muerte.
Ella definitivamente no deseaba quedar viuda.
Sasuke-kun llegó abruptamente al lugar donde estaba su madre y hermano, acompañado de Izumi, y pareció no percibir la tensión entre sus familiares. Reclamó la atención de su madre con un jalón de faldas.
—¿Tengo que esperar a que papá muera?— A Sasuke aquel asunto le parecía preocupar urgentemente. —¿No puedo tener un adelanto de mi herencia?
Mikoto se derrumbó en aquel momento. Cubrió su rostro con ambas manos, negando a seguir en aquella realidad.
Sasuke aflojó el agarre en la falda de su madre y corrió hacia otro lado.
Izumi notó que iba hacia el piso inferior, usando las escaleras del lado izquierdo, por lo cual respiró un poco aliviada. Sabía hacia dónde iba Sasuke-kun.
No era justo. Pensó Izumi. Simplemente no lo era.
—Uchiha-san...— Izumi tomó del brazo a Mikoto, quien no dejaba de taparse el rostro. —No se preocupe, Itachi-kun solo está siendo un poco... necio, pero todo está bien. Hace dos semanas nos hemos comprometido.
Itachi la miró, como si estuviera definitivamente loca. ¿¡Cómo demonios se atreve!? Iba a reclamarle pero notó cómo Mikoto levantó el rostro, empapado de lágrimas profundas y gruesas. Él nunca había visto a su madre en aquel estado.
O era una actriz consumada... O realmente su padre estaba grave.
Y él, completamente imbécil, dejando que ella cargara con todo.
¡Sasuke! Cayó en cuenta Itachi, cuando la rabia estaba disolviéndose de su organismo. ¡Sasuke sabía que su padre estaba en la clínica y hasta dónde debía acudir!
—Yo... solo quiero... que no me deje de visitar... nada más pido.— Mikoto se atrevió a mirar a su hijo mayor quien verdaderamente vio sus ojos por primera vez en tantas semanas y no con miradas esquivas. Con voz aún temblorosa, Mikoto habló a Itachi —No quiero controlarte... nunca fue mi intención.
Sea lo que sea que estuvo por decir Itachi, fue interrumpido por la presencia de un médico, quien con un carraspeó, pidió atención, luego saludó a Izumi y Mikoto. Miró fijamente a Itachi, como pensando si podía hablar delante de él. Se volvió a Izumi.
—¿Familiar?— indagó aquel galeno.
Itachi sintió un golpe metafórico en el pecho. Nadie lo conocía en aquella clínica siendo el hijo mayor de Fugaku.
—Sí, sí...— Izumi respondió.
El galeno hizo un gesto para entrar a la habitación, siendo seguido por una nerviosa Mikoto. En la puerta Izumi casi chocó con Itachi, por lo que se sonrojó y por impulso hizo una reverencia de disculpas. Itachi se apartó un poco, para que la muchacha ingresara.
—¿Buenas noticias?— Izumi hizo la pregunta que nadie parecía atreverse a formular.
—¿Cree que se necesite sedar a Mikoto-san o podrá resistirlo?— retrucó el médico.
Mikoto miró a Izumi, pidiendo silenciosamente que no le inyecten ningún calmante.
—No, no será necesario.— Izumi sacó un envase de su bolso y sirvió un poco de té que tenía preparado, entregándoselo a la mujer, quien dio un pequeño sorbo. —Estaremos pendiente de ella.
—Bien... seré honesto. La intervención del fin de semana sí fue realizada de manera exitosa, como bien saben, una de las arterias coronarias de Fugaku-san era demasiado estrecha y este tema lo llevaremos a control adecuado.
Mikoto respiró aliviada. El médico habla de Fugaku en tiempo presente. Itachi estuvo en silencio, pendiente de cada palabra del hombre.
—Yo lo llevaré personalmente a cada control.— dijo Mikoto, secando las lágrimas.
El médico evaluó su estado emocional. Creyó prudente decirle la verdad.
—Cuando nos alertó hace aproximadamente tres horas del problema de Fugaku-san... Él sufrió lo que llamamos Muerte Súbita. Lo ingresamos de inmediato a Emergencia, pero aún así su esposo estuvo clínicamente muerto por casi diez minutos.— Mikoto casi se desmaya, tanto Itachi como Izumi lograron sostenerla antes que se desvaneciera, el doctor se apresuró a continuar su relato. —Logramos recuperarlo y en el monitoreo se ha mantenido estable por dos horas y cuarenta minutos, pero lo trasladaremos a Terapia Intensiva y lo mantendremos en observación, solo por precaución. Aún hay que ver las secuelas de haber pasado por la muerte clínica. Si se mantiene sin novedades, estaríamos trasladándolo nuevamente a su habitación en tres días. Es nuestro plan médico.
Mikoto trataba de asimilar aquello, su cuerpo tembloroso, manteniéndose con dificultad en el asiento.
—Fugaku-san está vivo, Mikoto-san. Y es gracias a usted, por estar pendiente todo el tiempo, en casos como los de su esposo, cada segundo es de vital importancia.— recalcó el médico.
La mujer asintió, murmurando temblorosos agradecimientos. El doctor se despidió y dejó a la familia dentro de la habitación.
Itachi sintió que empezaba a dolerle la cabeza.
¿No fue una charada?
Mierda de hijo que ha resultado ser.
—Tome un poco de té.— insistió Izumi, viendo las lágrimas constantes de la mujer, logrando que aceptara beber. La muchacha se prometió que sería el último engaño en su vida. Había puesto unas gotas de tranquilizante en el termo, sabiendo que Mikoto es reacia a sedarse, pero tanto dolor emocional podría afectarla.
—Gracias...— murmuró Mikoto. Miró a su hijo con una temblorosa sonrisa. Trató de enfocar su mente en acontecimientos más felices. —¿Y entonces sí se casan?
—Podríamos hablarlo después... — comenzó Izumi.
—Sí, madre... Izumi y yo nos casaremos.— interrumpió Itachi. Curiosamente no sintió la tentación de regresar sus palabras, él mismo se asombró por aquello. —Necesito... unos instantes... respirar.
Izumi volvió su sonrisa hacia Mikoto y la mujer asintió, sentándose en la cama asignada a Fugaku, dándole permiso a su hijo mayor para que saliera.
Itachi hizo una leve referencia hacia las féminas y salió de la habitación. Las lágrimas de vergüenza se deslizaron por sus pálidas mejillas. Distraído, no detectó la presencia de una mujer de avanzada edad hasta que chocó contra ella.
—Uchiha... Itachi.— la profesional lo analizó —Eres tan receloso y reservado como tu padre. Bueno, puede que él me odie y tenga motivos para aquello. ¿Quieres verlo?
Asintió de manera mecánica. La mujer lo guió a la sección de vestidores y le pasó ropa quirúrgica, incluyendo zapatos los cuales tuvo que ser guiado de cómo amarrarlos. Ella se volvió hacia otra habitación, para también cambiarse.
—Hace años tu padre estuvo aquí, viniendo prácticamente a diario, a causa del estado de Madara, tu abuelo.— La mujer empezó a relatar, apenas salió con su ropa quirúrgica. Tenía bajado el tapaboca, para que sus palabras fueran directas, sin camuflaje. —En su inicio, Madara tuvo una ligera descompensación, pero fácilmente tratable... Solo que, al notar que Fugaku estaba más pendiente de su salud, abusó de su suerte y alargó innecesariamente su estadía.
Itachi no se atrevía a mirarla, incómodo de la situación.
—No me enorgullece decir que formé parte de aquello. Yo le decía verdades a medias a tu padre, que Madara sigue igual que siempre, que pronto saldrá... Realmente esta clínica estaba saliendo de algunas hipotecas y el director en ese entonces dijo que si un hombre acaudalado como Madara quería quedarse a vivir aquí, como si fuera su hotel particular, no pondría reparos.
—¿Y mi padre?
—Umm... vino en una ocasión con tu madre. Yo no sabía que estaban prometidos. Visitaron a tu abuelo y, apenas se fueron, tu abuelo ansiosa e idiotamente se dio a sí mismo el alta. Cuando tu padre se dio cuenta de lo sucedido, estuvo a nada de demandarnos. Pero tu madre, un ángel bajado del cielo, intervino. A ella la habíamos tratado con anterioridad por unos problemas de fisiatría, según reportó ella, a causa de lesiones deportivas.
Itachi se sentó en el asiento que la mujer le indicó, al parecer aún teniendo más cosas que decir.
—... igualmente tu padre no es que nos haya tenido en buenos términos. Hasta que llegaste a este mundo.
—¿Yo? No recuerdo haber estado hospitalizado.— replicó Itachi.
—Uchiha Itachi, tu fecha de nacimiento estaba programada para junio, por parto natural...— el muchacho iba a corregirle aquello, su nacimiento fue en abril, hasta que cayó en cuenta de lo que estaba sucediendo. —Naciste prematuro y estuviste dos meses en nuestras incubadoras. Tus padres prácticamente vivieron aquí, todos los días, apenas durmiendo, apenas comiendo, hasta que alcanzaste el peso adecuado y fuiste dado de alta.
La mujer le pasó unos guantes quirúrgicos, mientras ella se ponía otros.
—Todo esto que te cuento, es para que dejes de tener esa mirada de resentimiento y amargura... Me recuerdas mucho a tu padre cuando quería demandarnos.— se cubrió la boca, haciéndole un gesto para que también hiciera lo mismo. —No odies a tu padre. Es un buen hombre que lo único que ha hecho es amarlos con todas sus fuerzas.
Una vez que notó que Itachi estaba adecuadamente vestido, fue guiado a donde se encontraba su padre.
Pálido. Envuelto en sondas por doquier, con aquella mascarilla de oxígeno.
Parecía una estatua pálida de cera.
Itachi lloró silenciosamente.
Al salir, casi una hora después, se cruzó con la castaña, que estaba llevando unas toallas a la habitación donde estaba su madre.
Sus miradas se cruzaron. La de él, rojiza y con los párpados hinchados. La de ella, cansada y con incertidumbre.
—Pedí que dejaran ingresada a Mikoto-san esta noche. No va a tener fuerzas para moverse, y me quedaré con ella, para vigilarla.
Itachi la analizó, fatigado.
—¿Por qué?— preguntó, extrañado de la actitud de ella que se aguantó la indiferencia de su actitud y el desprecio de Korizan. —¿Por qué eres así con mis padres?
Izumi hubiera tenido que contarle su propio pasado para justificarse plenamente. Pero esta no era su historia.
—Mikoto-san es una excelente persona. Solo estoy tratando de hacer más llevadera su carga...
La que él debió llevar desde el inicio.
—Eso no explica nada.
Izumi suspiró profundamente.
—No tiene por qué hacerlo. Solo estuve en el momento en que tu padre sufrió aquel infarto... y desde entonces Madara-san ha estado ofreciendo hacer más fácil mi estadía. Tengo que retribuir a tu familia todo lo que están haciendo por mí.— Izumi creyó prudente decirle una verdad de las tantas que guarda bajo siete llaves. —Yo estoy de paso... me marcharé al finalizar el ciclo escolar. Tengo que ir a otro pueblo por unos asuntos... Podrías decirle a Mikoto-san que la distancia nos hizo ver que no llevaríamos un buen matrimonio y que terminamos como buenos amigos.
Su compromiso ni había siquiera empezado y ya está terminado. Aquello no le supo tan bien como Itachi creyó que sería.
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Korizan empezó a inquietarse. Itachi la estaba esquivando, y sus compañeros de clases ya no están dispuestos a hacer otro de aquellos trucos.
Los chicos se miraban entre sí y soltaban frases que no le decían nada. Ella no entendía aquello de «El instituto innova y avanza hasta en seguridad» . Ni aunque le ofreciera algunos regalos adicionales, nada los incentivaba a seguir sus órdenes.
Malditos cobardes.
Va a tener que actuar por sí misma.
Mientras tanto, las palabras serán su aliada. Aprovechó la hora del receso y la indiferencia con la que Itachi la ha tratado en estos días.
El tumulto de estudiantes, yendo a diferentes partes del instituto, la ayudarían a camuflar aquello.
—¿Aún sigues aquí? — preguntó la rubia, colocándose en su camino y bloqueando el paso a la castaña. —No vas a conseguir atraparlo, porque él ya ha elegido.
Izumi la ignoró. Si no iba a poder ir por el pasillo de frente, podría tomar una ruta alternativa. Se volvió, aprovechando para sacar la tablet, sabiendo que aquello le fastidiaba a la rubia. Podía ver cómo los ojos se le encendían, aunque la castaña no sabía si era de envidia o rabia.
Ya momentos después, Izumi se sentía avergonzada de su comportamiento, por haberle hecho caso a las niñerías de esa muchacha.
Pero todo era volverla a encontrarse y recibir alguno de sus venenosos comentarios, para querer devolverle aunque sea una parte de su desprecio.
Y muy en el fondo, para sí misma, Izumi admitía la envidia que le tenía a Korizan por ser dueña de la atención de Itachi.
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La rubia hizo una mueca de asco al abrir el contenido con montones de insectos muertos. Hasta hormigas había en la caja y algunas le mordieron la mano, haciendo que casi soltara el contenido en el pasillo.
Fue hasta el casillero de Izumi, abriendo el mismo con la contraseña que por default tenían todos los casilleros.
Qué estupidez la de la gorda por no cambiar la contraseña de su casillero.
«No eres muy inteligente, amorfa imbécil.» Se rió de sus propios pensamientos dichos en voz alta.
La risa murió al ver dentro del casillero una hermosa cadena con el dije en forma del logo Uchiha. Eso jamás en la vida la había visto. ¿Cómo es que esa amorfa tenía eso en su casillero? ¿Cuándo Itachi se lo dio?
Lo tomó entre sus dedos, arrancándolo en un ataque de furia y escondiéndolo entre sus ropas. Luego, furibunda como estaba, lanzó todos los insectos dentro de los casilleros, sin orden. Y tiró de la puerta con demasiada fuerza.
Ojalá se hubiera dañado, para que se la cobren.
Volvió a revisar la elegante cadena. Detrás del logo Uchiha decía Dansei to Josei... ¿Era un maldito juego de palabras donde Itachi la declaraba su mujer?
¡Maldito sea!
Se guardó la cadena entre sus ropas.
Fue hasta el final del pasillo y pateó la máquina expendedora de refrescos. La cual era anti vandálica así que no sufrió ningún tipo de daño.
¡La odio! ¡LA ODIO!
La garganta le quedó irritada ante su grito. Exhaló grandes cantidades de aire con fuerza, debiendo calmarse. Aún faltaba casi dos horas antes del inicio de clases. Para entonces, debía estar recompuesta.
Mientras tanto...
¡Maldita!
¡MALDITA!
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Izumi tenía problemas para abrir su casillero. Estaba inquieta porque hace cinco minutos sonó la campana de inicio de clases. Disfrutando del espectáculo, y en primera fila, estaba aquella rubia amiga de Itachi.
—Dañando las instalaciones del instituto.— observó aquella muchacha, con su voz muy dulce y empalagosa.
La castaña la ignoró. En cualquier momento aparecerá algún profesor y no quiere tener más problemas de los que ya carga encima. Todos los profesores parecen tenerla en la mira por los accidentes que la rodean.
—Hoikko-san.— dijo Itachi, haciendo fruncir el entrecejo a la rubia. Ella odiaba cómo el muchacho se le escapaba, como agua entre los dedos y la trataba con esa lejana cortesía.—Las clases iniciaron.
Izumi siguió ignorando a los dos jóvenes, y odiaba ese revoltijo en su estómago pensando en ellos como pareja. Itachi se sobó el puente de la nariz y se acercó a las chicas. Dispuesto estaba a ayudar a Izumi, lo cual Korizan notó de inmediato y armó su drama del siglo.
—Solo quería ayudarla y me picó con algo.— sollozó la rubia.
—¿Qué?— soltó por instinto Itachi, sin ser una verdadera pregunta, menos esperaba una respuesta.
La profesora Kurenai se acercaba a los tres jóvenes.
—Todos a sus salones, de inmediato.— Ordenó la mujer, señalando la hora en su reloj plateado en clara señal de hacerles notar que estaban atrasados.—O me veré obligada a castigarlos.
Izumi no se podía permitir aquello. Debía ir a la salida de clases a la clínica.
—Perdón, es mi culpa... mi casillero...— intentó decir ella.
Itachi se acercó a Izumi y estuvo a nada de tocarla, pero la castaña se apartó, como si el Uchiha quemara.
Él ignoró el vacío que se instaló en su estómago al verla alejarse tan abruptamente. Se volvió al casillero y le preguntó por la clave.
—93660.— dijo Izumi.
Itachi notó que era la clave automática que venía asignada a cada casillero, siempre era la misma al inicio de cada año y cada estudiante debía reiniciarla. Izumi no lo hizo.
Quizá algunos accidentes no lo eran.
El casillero no cedió a la clave ingresada.
—Está bloqueado.— observó Itachi, e iba a tomar su tablet para llamar al departamento tecnológico, cuando Izumi sacó su propia tablet.
—Puedo pedirle a Shisui-san que me ayude con esto. Él es un genio de la informática.
¿Shisui...san?
Itachi odió esa mordida de inseguridad que lo atacó. ¿Qué hacía Shisui acercándose a la que era su un-poco-sí-otro-poco-no prometida?
Korizan se emocionó al ver que Shisui estaba avanzando con la amorfa, conquistándola. La emoción le duró nada, al ver cómo Itachi se desesperaba para que Shisui no quedara como el héroe del día.
—¡Está bloqueado por sistemas!— se apresuró a aclarar Itachi con notoria desesperación y hasta irritación en su voz. —Shisui hará lo mismo que tengo que hacer. Llamar al departamento tecnológico. Ellos asignaron una clave maestra de todos los casilleros de esta serie.
Izumi ignoró el tono de enojo de Itachi, en cambio se volvió hacia la profesora e hizo una reverencia de disculpas.
—Lamento mucho haber interrumpido sus clases. Prometo resolver este inconveniente en el transcurso del día.
Itachi hubiera querido decirle que los técnicos solo tenían que ingresar la clave maestra y listo.
—No te preocupes.— observó Kurenai, anotando algo en su propia tablet. Izumi deseaba que no fuera un castigo. —Seguramente se bloqueó porque algún bromista te jugó una mala pasada y cambió la clave de tu casillero. Lo sabremos porque mandé a revisar las cámaras de seguridad...
—Pero si fue antes de la siete de la mañana, no se activan.— respondió impulsivamente la rubia.
Kurenai sonrió, demasiado dulce para ser una maestra estricta.
—El circuito de seguridad fue actualizado hace mucho tiempo.— La profesora hizo las anotaciones en el chat de maestros, liderado por el propio Madara, confirmando que Hoikko Korizan estaba al tanto del antiguo funcionamiento del sistema de seguridad. —Agradezco enormemente tu desactualizada información.
Sin siquiera pedir permiso, la muchacha corrió hacia uno de los baños y se encerró en el mismo.
Itachi hubiera deseado ir detrás de ella, más por un sentido de caballerosidad que cualquier otra cosa, pero la orden de Kurenai fue muy clara y directa.
—A clases. ¡Ahora!
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Al receso, Itachi fue en búsqueda de Korizan, pero en los baños no fue vista.
Fue a la enfermería y la encontró reposando en una camilla.
La rubia se emocionó al ver cómo Itachi aún la buscaba, pero se contuvo de gritar de felicidad.
—¡Creo que es grave lo que tengo, Itachi-kun!— fue la queja de la muchacha —Van a llamar a un especialista, pero pienso que deberían preguntarle a esa con qué me pinchó la mano... Me provocó mareos y vómito.
Aquello le hubiera venido genial si hubiera conseguido acostarse con él hace semanas atrás. Ya que Mikoto usó esos trucos para casarse ¿Por qué ella no?
Itachi no le respondió a su comentario, ni siquiera le dijo que regresaría pronto, solo salió de la enfermería.
¡Ush!
Ella se levantó y fue detrás del Uchiha.
Lo encontró yendo hacia Izumi, quien estaba con el Jefe del Departamento de Informática y uno de los técnicos. La muchacha avergonzada, mientras revisaban el contenido del nuevo desastre.
—Las hormigas están vivas y han hecho ya camino para llevarse a los otros insectos.— comentó el técnico, con un guante limpiando el interior del casillero.
—¿Qué pasó con...— Itachi vio cómo metían montones de insectos en bolsas de plástico —...tu casillero?
Izumi sacudió la cabeza.
—No lo sé, me informaron que respaldaron los videos de las cámaras y se la presentarán a Uchi... Madara-san— se corrigió Izumi en el último instante. —No había nada relevante porque no es la primera vez que algo se ha accidentado, pero... se ha extraviado la cadena.
—¿La cadena que...— Itachi no completó la frase, pero Izumi lo entendió y asintió.
Korizan sintió que el estómago se le volvió a revolver.
—¿Ya estás reconciliado con ella?— reclamó la rubia, como si hubiera pillado a un esposo siendo infiel con una amante que no puede abandonar. —¿O le vas a obligar a decir qué usó para atacarme?
Izumi rodó los ojos.
—Hoikko-san, no deberías estar levantada tan pronto.— replicó Itachi, de manera inconsciente colocándose frente a Izumi, como si la estuviera protegiendo.
—Y tú deberías ser más fiel... a tus palabras.— replicó la rubia, irritada —Me dijiste que te parecía...
—¿Ya está bien, Koikko-san?— preguntó Kurenai, apareciendo repentinamente. La muchacha se puso tan nerviosa que no tuvo que fingir mareo o incomodidad. De verdad se sentía enferma con la presencia intimidante de la profesora, por lo que huyó nuevamente hacia la enfermería.
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A la salida de clases un enfadado Sasuke estaba por la sección de cursos superiores, Naruto le seguía dificultosamente el paso.
El rubio se asombró ver cómo Sasuke chocaba contra su propio hermano y lo ignoró, como si no hubiera existido, por lo que Naruto pidió disculpas en nombre de Sasuke y corrió detrás de su amigo.
Itachi hubiera seguido de largo de no ser porque la voz elevada de Sasuke lo detuvo.
—Tsk... Izumi... si no te apresuras, me iré.
Itachi miró con dolor hasta cómo su hermano parecía más familiarizado con Izumi que con él. Había descuidado tanto a su familia que empezaba a sentirse desolado. Se volvió hacia otro pasillo, dejando a su hermano a la deriva.
Izumi notó el dolor en Itachi y su corazón se oprimió, buscando una excusa para ir por él.
—Lo siento, Sasuke-kun.— Izumi le sonrió, incomodando al menor Uchiha —Se me presentaron unas dificultades y tengo que resolverlas. ¿Podrías por favor entregarle esto a Mikoto-san? Es de parte de Maito-san.
Izumi le extendió un bolso con el almuerzo para su madre. Aquello suavizó la expresión en Sasuke.
La castaña caminó aceleradamente, buscando a Itachi.
Lo encontró y aquello hizo saltar su corazón de felicidad.
Pero al mismo tiempo su felicidad duró unos segundos.
Itachi estaba con Korizan. La rubia notó la presencia de Izumi y se aseguró de abrir una herida que deseaba que no cerrara.
—... ¿o vas a negar que me dijiste que te parecía poco atractiva, odiosa, desagradable? Lo dijiste, Itachi-kun. Amorfa, Gorda, Torpe.
Itachi no negó aquello, ni siquiera las palabras que Korizan había maliciosamente agregado. Revuelto en sus emociones y en retrospectiva, se cortaría la lengua antes de decir algo en contra de Izumi. Sin embargo, no notó que aquella muchacha, de la cual se había mal expresado, estaba a sus espaldas y menos aún la sintió marcharse.
Korizan creyó estar ganando en aquella batalla, haciendo sentir más miserable a Itachi, disfrutando verlo destruído, así que sacó la cadena, restregándosela ante sus ojos.
—Le entregaste esto como prueba de tu inmenso amor.— reprochó la rubia, creyéndose triunfante en su prueba de la infidelidad. Desde ya saboreaba cómo haría pagar a Itachi por haberse atrevido a posar sus ojos en otra.
—Eso es... —Itachi frunció el entrecejo, cualquier trastro de culpabilidad inmediatamente eliminado.
—La prueba contundente para llamar a tu tutor.— replicó Madara, tomando la cadena. —Sabes perfectamente que ese objeto pertenece a Izumi, y ella lo reportó como sustraído de su casillero.
La rubia tembló, incapaz de refutar aquello.
—Tres de tres.— replicó en un duro tono Madara.
Korizan salió corriendo e Itachi estuvo a nada de seguirla hasta que fue tomado del hombro por Shisui.
Madara continuó su camino.
—Itachi... ¿Te gusta Hoikko-san?— fue demasiado evidente el desprecio de Shisui por la rubia. Itachi abrió la boca para responder, pero su primo se adelantó en aclarar. —Pero gustarte, de verdad, así como Hanna me gusta.
¡Hanna!
Itachi sintió un extraño alivio de que Shisui no hubiera mencionado a Izumi.
—Creo que me va a dar una jaqueca. — Itachi replicó, aún confundido de por qué sus primeros pensamientos son hacia Izumi, cuando le habían preguntado por Korizan.
Shisui se acercó demasiado a su primo, como asegurándose que nadie lo escuchara.
—Ella me ofreció enamorar a Izumi-san... —Shisui soltó las palabras con un evidente enfado. —A cambio de quedarse contigo. ¡Como si yo pudiera pretender a alguien, teniendo mi interés en Hanna!
Itachi frunció el entrecejo al ver a su primo sonrojarse y demostrar una singular sonrisa radiante.
—Fue gracias a ti, Itachi.— agregó Shisui sin dejar de sonreír. —Hablé con los padres de Hanna... Usé tus sabias palabras y van a dejar que la corteje adecuadamente. La liberaron de un compromiso sin posibilidades de un verdadero afecto. Aunque a su otro prospecto le informaron que un Uchiha pretendía a su primogénita, así que no podían desaprovechar la oportunidad. Y es así es como nos ven, Itachi. Una oportunidad para escalar en la sociedad, y harán de todo, sin escrúpulos, para conseguirlo. Hoikko Korizan también te ve de esa manera.
Estas palabras hicieron caer la venda que Itachi parecía tener sobre la rubia. La cabeza a punto de estallarle.
—Iré a darme una ducha rápida.
Shisui hubiera podido seguirlo a la zona Diamante, pero prefirió buscar a Hanna y dejar que su primo piense bien las cosas. Ver sufrir a Itachi le hizo notar que son demasiado jóvenes para andar ahogándose en un vaso de agua.
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Tres pasillos más adelante Madara encontró a Izumi. Notó que era ella quien buscaba hablarle, lo cual en sí lo tenía impresionado. Generalmente los estudiantes le huían, exceptuando los de su propio linaje, claro está, aunque para el mayor Uchiha era evidente que, de ser posible, sus propios descendientes evitan hablarle, quizá para evitar que otros estudiantes los manipulen a favor.
Como estaba ocurriendo con Itachi.
Madara esperaba no haber actuado demasiado tarde.
—A mi oficina.— dio la orden Madara.
Izumi no sobresaltó y lo siguió en silencio.
Ni bien entró, ella hizo una reverencia en agradecimiento, luego, posó en el escritorio las llaves del modesto departamento en el cual se había estado alojando.
—Agradezco profundamente por su apoyo durante todo este tiempo. —Izumi trató que no le temblara la voz, porque tenía la impresión que Madara olía fácilmente las mentiras, y ella las ha dicho en innumerables ocasiones desde que llegó. —Se me presentó una oferta laboral y es la opción más conveniente para todos.
Madara bufó. Admiró cómo Izumi no temblaba ante su presencia, aunque odiara que mintiera para tapar quien-sabe-qué. Sus investigadores aún no logran dar con las razones por las cuales huyó de sus únicos familiares y cómo a ellos parecía importarle nada si la muchacha vivía o moría.
Pero él es un hombre que logra ver más allá de lo que otros ojos notaban. Y para ello necesitaba a la única persona que ha visto que logró alterar la pacífica vida de Itachi. Más que nada, porque el principal motivo por el cual quería a Izumi cerca de Itachi, es porque no es una interesada, como Hoikko Korizan. Izumi puede enseñarle mejores y verdaderos valores.
—Mi nieto se anda descarriando y aún no sabe cómo enfrentar a determinadas personas... Si tú lo enderezas... Puedo darte la oportunidad de trabajar en donde desees, tengo influencias.
Izumi no levantó la mirada. Habían personas demasiado intimidantes e influyentes con las que, ella aprendió a las malas, no debía enfrentarse. Aún así era increíble que un hombre de tal poder estuviera en tremenda desesperación. Porque era de desesperados acudir a una nadie para frenar al descarrilado nieto.
Pero aunque Uchiha Madara sobrepasaba todas las expectativas en lo que refiere a dominar el mundo, Izumi no podría ayudarlo en absoluto, es más, iba a tener que huir a otro pueblo. Realmente estaba tan maldita como su abuela se lo había reprochado.
Y tenía atorado en la garganta todas las humillaciones que tuvo que soportar. Para Izumi, Itachi estaba demasiado enamorado de Hoikko, para seguirle todas sus estupideces como un maldito ciego.
Podía pasar por alto las burlas de los estudiantes, nunca le importó el qué dirán, pero le afectaba que Itachi...
Poco atractiva, odiosa, desagradable. Amorfa, Gorda, Torpe.
—Lo siento demasiado, Uchiha-san. Pero no puedo influir en su nieto, él tiene su propio criterio.
Madara supo que no debía presionar. Izumi estaba a punto de quebrarse emocionalmente y aquello la haría huir, como un animal herido. Agarró las llaves del departamento y se las lanzó a la muchacha, quien en un acto reflejo las tomó.
Izumi se dio cuenta que Madara no iba a ceder, así que prefirió engañarlo sutilmente. Hizo una torpe reverencia pidiendo permiso para marcharse.
Madara asintió, creyendo que se refería a salir de la oficina.
Izumi se refería para irse del colegio, del departamento que arrendó y de la vida de todos ellos.
Fuera de la oficina, Izumi tomó sus palabras de manera literal. Y solo había alguien a quien devolverle las llaves, de paso cortaba todo este penoso asunto de raíz.
Se encontró con Hanna, quien tomaba nerviosamente la mano de Shisui. Aquello alegró sinceramente a Izumi, al menos algo positivo ha salido de toda su aventura cerca de los Uchiha. Aunque muchas aventuras tenían malos tropiezos. Izumi se estremeció ante el recuerdo de la muchacha que tuvo que llevar a emergencias. Sus padres estaban tan angustiados con la cuenta médica, quizá Izumi no debió llevarla a una clínica tan lujosa pero no conocía nada más en aquella zona.
Le preguntaría a Shisui si había alguna manera de vender la tablet y si es posible, le daría ese dinero a los Haruno.
Pero antes de ello, tenía otro asunto primordial.
—Shisui-san.— preguntó Izumi, luego de una reverencia en señal de saludo. — ¿Por si acaso ha visto a Itachi-san?
—Ummmm... En la zona Diamante.— respondió el muchacho, extrañado porque, después de tanto tiempo, Izumi parecía reconocer la existencia de su primo.
La expresión de Izumi demostró su clara confusión al no saber a qué se refería.
—Izumi-chan, continúa caminando largo por este pasillo, al final del mismo vas hacia la derecha, hay una puerta única. No hay cómo perderse.— respondió Hanna, sonriendo y con las mejillas sonrojadas. Shisui arqueó una ceja, totalmente extrañado de la información que su novia (qué bien se escuchaba estas palabras) le daba a Izumi.
—Hanna...— pareció advertir Shisui. Ella le apretó la mano, pidiendo en silencio que confíe. Esperó a que Izumi se fuera por el pasillo indicado, para responderle a su novio.
—Creo que a Izumi-chan le gusta tu primo.— respondió ella, soltando la mano para luego volver a tomarla, entrelanzando esta vez los dedos con los de él. —Y ella me ayudó sobre mis sentimientos... yo también tenía que ayudarla de alguna manera.
Shisui analizó aquello. A pesar de haberse actualizado el circuito de seguridad, las cámaras no se instalaron en el pasillo Diamante, así que no habría manera que alguien más se enterara de la presencia de personal no autorizado.
Quizá todo saldría bien y no existieran más problemas relacionados a Izumi.
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Izumi encontró una única puerta en el pasillo que Hanna le había mencionado. No había duda que era donde Itachi se encontraba. Aprisionó más las llaves del departamento y jaló la perilla, no estaba cerrada, empujó la puerta y entró de golpe.
Al mal paso darle prisa.
Entró a la amplia habitación, buscando con la mirada a Itachi, encontrando solo divisiones varias y un aroma a humedad. Al entrar a una de las divisiones, se sobresaltó al ser recibida con un chorro de agua, que salió de la ducha automática y la empapó completamente.
Lo que le faltaba.
Esperaba que ninguna de las prendas tiñera. Jamás había lavado el uniforme del instituto junto a las otras ropas. Sin pensarlo mucho andaba murmurando sus desgracias, sintiendo en su propias mejillas la humedad emanada de sus ojos, mientras buscaba la forma de apagar la ducha, pero no encontraba ninguna llave de paso.
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Itachi cerró la ducha de manera manual ante el pequeño alboroto que escuchó. ¿Quién demonios se había atrevido a invadir la zona prohibida de Dansei to Josei? Solo ante la perspectiva que fuera alguna niña imprudente agarró su bata y se cubrió antes de enfrentar al invasor.
Entonces la vio.
A su prometida que ya no quería serlo.
Empapada, temblorosa, cabizbaja.
Derrotada.
Cansada.
No supo explicarse el por qué le dolía el pecho ante aquello. Ella le había alborotado su vida.
Itachi vio cómo Izumi notó su presencia, aprisionando fuertemente los puños, luego ella pareció analizar algo y bajó la mirada. La vio tan desolada que Itachi deseaba que fuera agua lo que recorría su rostro pues no se creía capaz de verla llorar.
—¿A qué has venido?— replicó, duro e inflexible. Odiaba ser obligado a un matrimonio, odiaba que ella no lo aprobara, odiaba sentirse en esa marejada de emociones. Lo único que veía afortunado es que Sasuke-kun se librará de esta estupidez de su madre y no pasará por estos líos mentales.
Izumi inspiró una profunda cantidad de aire.
—Te recuerdo que no hay compromiso.— murmuró ella, con voz temblorosa. —Puedes decir lo que sea al respecto, que soy poco atractiva, odiosa, desagradable. O que te parezco amorfa, gorda y torpe.
Los ojos oscuros del muchacho no cedían en su dureza. ¿A qué venía aquello?
—¿Por qué diría eso?
La vio temblar aún, no sabía si por el frío, dolor o sus empapadas ropas.
—Porque es lo que piensas.
Ante aquello Itachi no pudo mantener la mirada.
Poco atractiva. Odiosa. Desagradable.
Esas palabras habían salido de él. Pero jamás delante de ella, solo se lo dijo a... Korizan, cuando ella le había reclamado el estarse enamorando de aquella gorda muchacha que tuvo la maldita suerte de estar en el lugar adecuado cuando su padre tuvo el infarto.
Itachi recordó nuevamente que Korizan veía como mala suerte la presencia de Izumi, en cambio su madre lo tomó como una bendición. También lo golpearon las palabras de Shisui sobre la ambición de su ex pareja, por pertenecer a la familia Uchiha a como dé lugar.
Itachi dejó a un lado sus pensamientos al ver que Izumi había tropezado con la empapada ropa en su cuerpo, por lo que corrió hacia ella, atrapándola antes que se rompiera el cuello.
Aprisionándola entre sus brazos, notó que parecía tener ropa debajo de la ropa. ¿Era eso posible? ¿Cómo se podía mover? La notó enrojecida, tanto en las mejillas, como los ojos. Hubiera creído que era timidez, pero parecía más bien avergonzada.
—Suéltame.— suplicó Izumi con un profundo e innegable miedo.
El muchacho no cedió, notando que el agua estaba quitando la base del maquillaje, revelando un lunar bajo el ojo derecho.
Aquello extrañamente le fascinó.
Itachi terminó de pasar la mano por el rostro de la fémina, eliminando aquel maquillaje. La sintió temblar, haciendo que se activara en él un instinto protector hacia ella para quitar cada migaja de miedo que sentía.
En otras ocasiones en que se vio en una situación similar, Izumi gritó y peleó, odiando cada segundo de incertidumbre en que la forzaban a una situación indeseable.
Ahora, entre los brazos de Itachi, sentía su corazón latir intensamente, las manos de él, cálidas, deslizándose por su piel, calmando sus temblores.
Y por primera vez Izumi no quería huir, su cuerpo ardía con una nueva emoción y se sentía aprisionado de una agradable manera que jamás pensó que llegaría a sentir si alguien la sostenía así.
Y fue en el encuentro de sus bocas lo que terminó por sellar sus destinos. Las manos de Itachi despojando prenda tras prenda, Izumi permitiéndolo, suspirando entre sus labios, aferrándose a él.
Itachi no fue consciente en qué momento él se arrimó contra una de las paredes y, con Izumi entre sus brazos, se deslizó hasta el piso, dejándola sobre él mientras el agua caía sobre sus cuerpos.
Izumi tembló de emoción al sentirse cada vez más libre de tantas capas de ropa que solía usar. Claramente sentía la excitación de Itachi y eso la hacía suspirar entre cada beso nada inocente.
Nublada de un placer hasta ahora desconocido por ella, Izumi dejó que Itachi besara sus desnudos pechos mientras deslizaba su ansiosa entrepierna por encima de la toalla que no lograba ocultar el endurecido miembro del muchacho. Veía los ojos de Itachi obscurecidos por la pasión y aquello la hacía desear más y más.
Con el movimiento sobre Itachi más los húmedos besos en su pecho, hicieron que ella se tensara en un momento y luego soltara un bajo gemido que delataba haber llegado al clímax. Aquello fue como un coro de ángeles para Itachi, aprisionando más contra sí a Izumi para sentir la respirada agitación y los acelerados latidos del corazón de Izumi en su propio ser.
—Demonios...— masculló Itachi, sintiendo que la toalla que lo cubría se empapaba por sus propios fluidos. Nunca había esperado que su primer encuentro casi sexual sería sin siquiera tocar el sexo de la fémina.
Esa palabra dicha entre dientes hizo volver a Izumi a la realidad. Se quiso apartar de él como si le quemara, pero Itachi no lo permitió, depositando un suave beso en la clavícula.
—No debí...— dijo Izumi, con la voz temblorosa.
Los ojos castaños volvieron a llenarse de lágrimas recordando su horrible realidad. Ella era un demonio tentador, hacía que los hombres tuvieran pensamientos indecentes, era la caída de hombres decentes.
Itachi sintió que la mente de ella estaba yendo hacia otro lado, por lo cual acunó su rostro y volvió a besarla, de manera más pausada.
Izumi cedió, como una gata malherida que se resignó a recibir una pizca de cariño.
—Haces estremecer mi alma.— murmuró Itachi, con el rostro sonrojado de la pena, descansando su frente en el pecho desnudo de Izumi, sintiendo el agua caer sobre ellos
Aquello lastimó más a Izumi y se recogió.
—Perdón.— dijo ella, con voz temblorosa.
Itachi acarició la desnuda espalda.
—No lo dije de mala manera...— dijo él de forma tan baja, suspirando sobre la piel de Izumi, su aliento golpeando contra la piel de la fémina. —De hecho, es interesante... y... de cierta manera... me gusta sentirme así.
Izumi volvió a sentir una calidez agradable inundar su pecho. Pero no quiso aferrarse a ese sentimiento, o terminará cada noche llorando por lo que no puede tener.
—Debo irme.— dijo ella, intentando que Itachi la soltara.
Él no cedió en su agarre.
—Puedo sentir cómo se acelera tu corazón.— siguió hablando Itachi. —Está tan desbocado como el mío. ¿Eso no te hace sentir bien?
Izumi deslizó las manos por el cabello empapado de Itachi.
—No importa cómo me sienta.— dijo ella, intentando que su voz no se quebrara. —No debo estar aquí... Tú tienes a...
—Empecé a alejarme de ella en el preciso instante en que apareciste.—aseguró Itachi. Izumi sintió un nudo en la garganta que no la dejaba hablar. —Y te prometo que jamás tendrás razones para dudar de mí.
Ella sacudió la cabeza, apenas preguntando débilmente por qué ahora.
Itachi la besó y de manera automática Izumi le correspondió.
—También lo sientes, ¿verdad?— preguntó Itachi, volviendo el rostro hacia ella. —Se siente tan natural y correcto, como si estuviéramos destinados.
Izumi sintió la mano de Itachi acariciar el lunar que volvía tan atractivo su rostro al punto de meterla en tantos problemas. Se permitió unos segundos admirarlo tan embelesado por ella, para recordarlo en un futuro solitario.
—Soy huérfana...— dijo ella, como si aquello fuera un crimen. —Mi padre murió de saber de mi existencia y mi madre al poco tiempo... La abuela me maldijo. Y lo hizo más cuando el hermano de mi padre quiso abusar de mí. Me echó de la familia y dijo que lo mejor era si yo desapareciera del mundo. Atraigo a la mala suerte hacia donde voy. Tengo que reunir dinero para sobrevivir el día a día y operarme... para quitarme este maldito lunar y reducir el tamaño de mis pechos.
Tal como ella dedujo, la expresión de Itachi cambió a una furia contenida. Así que mentalmente Izumi le dijo adiós a aquel muchacho que se había enamorado de ella por unos fugaces momentos. La expresión que Itachi tenía le recordaba a cuando lo conoció.
No pudo contener las lágrimas que recorrieron su rostro, y con voz más calmada, ella decidió despedirse.
—No eres un muchacho malo.— reflexionó Izumi en voz alta, con una sonrisa triste, dejando las llaves del departamento en la mano de Itachi. —Solo debes estar más pendiente de tu familia, que tanto te quiere.
Se guardó para sí misma que cualquier fulana puede atraer su hormonal atención y aquello podía cegarlo y destruirlo.
Finalmente Izumi pudo liberarse de su agarre, recogiendo la ropa empapada, colocándosela con dificultad. Va a tener que buscar una buena excusa para poder salir del colegio en tan lamentable estado. Esperaba no resfriarse hasta llegar al siguiente pueblo.
Al querer abrir la puerta, se asombró de ver que Itachi sostenía la misma, evitando que saliera.
La respiración agitada, las manos aprisionando tanto la puerta que las venas brotaban.
—...si llegamos a ver al bastardo... no dudes en ponerte detrás de mí...— dijo Itachi con voz tensa. —Tu abuela es una imbécil y no merece un segundo de tus pensamientos. No importa si no tienes apellido, puedo darte el mío... Y sobre los padres, no puedo reemplazar a los tuyos, pero los míos pueden acogerte como su hija política.
—No lo entiendo...— musitó débilmente Izumi.
—Yo tampoco.— admitió Itachi. —Sólo sé que no puedo dejarte ir porque me siento incompleto sin ti.
Bajó los brazos hasta envolverla en un abrazo, besando con cariño el lunar que ella tanto detestaba.
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Con el paso de las semanas Fugaku pudo levantarse por sí mismo aunque necesitaba de un bastón para movilizarse y terapia para hablar con mayor fluidez. Esperaban que con las rehabilitaciones recupere nuevamente su vida y no quedar lisiado.
Mikoto decía que lo primordial era tener a su querido esposo durante mucho más tiempo y ella misma se encargará de ayudarlo en todo.
El día del alta Itachi fue a a buscar a sus padres en el automóvil, ayudando a su padre a ocupar el asiento de copiloto.
Mikoto abrió la puerta de atrás y sonrió ampliamente al ver a Izumi en la parte posterior, con un gran ramo de magnolias.
—Yamanaka-san me dijo que en el lenguaje de las flores simboliza salud.— dijo Izumi.—Deseo salud para usted, Uchiha-san.
Mikoto deslizó una mano por el cabello castaño y recogido de la muchacha, notando que llevaba ropas adecuadas para su talla. Para sí mismo Mikoto se sintió feliz por poder ver a la verdadera Izumi, pero no la presionó preguntando el por qué antes había ocultado su belleza.
—Con tantos Uchiha en la familia, no sé a quién te refieres cuando hablas, Izumi-chan.— regañó cariñosamente Mikoto. —Puedes llamarme por mi nombre, para así entender que estás hablando conmigo.
Izumi asintió.
—Sasuke-kun no desea ser tratado con "chan"— reflexionó Izumi haciendo que Mikoto mostrara un puchero de decepción. —¿No es así, Itachi-kun?
A pesar de su delicado estado, Fugaku pudo notar que su hijo mayor se sonrojó ante el sufijo usado por la muchacha.
Oh, demonios.
Fugaku nunca le había dicho a sus hijos de la debilidad en los genes Uchiha cuando la persona que te gusta te llama de aquella manera especial.
—...Haruno-san y Yamanaka-san se ofrecieron a arreglar mis ropas.— siguió conversando Izumi a una entusiasmada Mikoto.
—Yo también quiero ayudar.— dijo Mikoto, con un entusiasmo que hace tanto tiempo Itachi no había notado en su madre. —Me alegra que Sakura-chan esté recuperándose satisfactoriamente. Fue una bendición que estuvieras ahí, Izumi-chan.
—Totalmente de acuerdo, madre.—agregó Itachi, notando por el retrovisor que Mikoto abrazó a Izumi, quien parpadeaba continuamente para evitar llorar de felicidad.
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Y el tiempo siguió su camino, sin detenerse por nadie en absoluto.
Sasuke-kun sufrió las burlas de haber querido reclamar su herencia.
—¿Tanto te gusta esa frentona, Sasuke-san?
Los ojos oscuros y fríos del muchacho se posaron duramente sobre Ami, quien nunca más se atrevió a preguntar sobre aquello.
La amistosa rivalidad que Sasuke tenía con Sakura se fragmentó tanto, al punto que ahora ni parecían siquiera conocidos.
Tímida como insegura, la adolescente Sakura aún no entiende cómo logró hacer amistad con una rubia tan escandalosa que cualquiera diría que era la melliza de Naruto, pero era su mejor amiga y Sakura haría lo que sea por ella.
Años después, aquella amistad sería puesta a prueba.
—Sakura ¡Necesito recuperar esa estúpida carta que le escribí a Sasuke-kun!
Continuará...
Para berenicefragos, gracias por no olvidar esta historia ❤️
