—¿Acaso...? —El golpe la había llevado al suelo húmedo y mojado por la intensa lluvia. Mientras veía como su ropa se mojaba y oscurecia por el agua, él empezaba a entender lo que había hecho. —¿¡Acaso hice algo que haga qué me odies tanto!? —Le gritó en la cara tras recibir su golpe.
—Arima... —Susurro el chico rubio viéndola. Estaba aterrado de sí mismo, de lo que acababa de hacer. —¡Arima yo...! —Pero no pudo ser escuchado, ella comenzó a correr.
No se molestó ni en tomar su paraguas, simplemente se lo dejó ahí, tirado, sin valor, igual a como parecían valer sus sentimientos por él. Se sentía horrible, de verdad que ahora sí la había lastimado.
—¿Cómo pude hacer algo como esto...? ¡Soy lo peor! ¡Peor incluso que ese tipo! —Se dijo envolviendo su rostro entre sus manos. —¿Por qué soy tan cobarde? —No era la primera vez que pensaba así.
Siempre se había visto acomplejado por creerse inferior e insuficiente ante todo, después de todo, no pudo salvar a Ai. Un médico que no fue capaz de hacer nada.
—¿Entiendes ahora? Solo eres un error, una falla llena de patéticos pensamientos. Deja todo atrás, deja las luces que crees ver delante tuya. —Ahí estaba otra vez Gorou. Cada vez que estaba en su mejor momento, o incluso en sus momentos más bajos, él aparecía, igual que ahora. —Arima Kana te odia. No hay nada que puedas hacer... ¡No hay nada con lo qué puedas aferrarte al pasado y negar tu destino! ¡Tu único objetivo debería ser llevar al hombre que asesinó a Ai a su peor pesadilla! ¡Hacerlo sufrir más de lo que tu ya lo has hecho! —Sí, eso es lo que debía hacer. O al menos lo que pensó.
—N-no... Hay algo que quiero hacer antes... Ya te vencí una vez... —Respondió tomando el paraguas.
—Idiota, imprudente. ¿Quieres qué la maten? ¿Quieres que ese hombre la encuentre? —Le recriminó el hombre. —Supongo que no puedes esta lejos de ella por tus sentimientos.
—No-no. Por supuesto que no es eso... Eso es un invento intuyo. Aun así no dejare que le pase nada, pero eso obvio, ¿no? De todas formas... —El chico se detuvo a la mitad para sonreír. Varios recuerdos cruzaron por su cabeza en ese instante, eso bastó para hacerlo feliz.
Tenía muchas memorias, no solo por los años de Gorou, también por sus años como Aquamarine Hoshino. Esos eran los más importantes, y los que más tenía presente, ya que a medida que pasaba el tiempo, su identidad como Gorou iba diluyendo como la pintura negra en el color blanco.
—¿Aqua...? ¿Hoshino Aqua? —Era un día de visita escolar, cuando Ruby y él fueron a ver su nueva escuela para futuras estrellas. —¿¡Eres Hoshino Aqua!? ¡Aqua! ¡Aqua! ¡Aqua! —Sus ojos rojos como una piedra preciosa brillaban con intensidad en cuánto lo vieron.
El no era de ponerse nervioso, pero vaya que lo hizo. Sintió un suave temblor por su cuerpo cuando la chica delante suya, vestida con el uniforme, se precipitó contra su cuerpo invadiendo su espacio personal con la suficiente confianza como para obligarlo a retroceder.
—¡Aqua! ¡Entonces sí eres tú! —
—¿Eh? ¿Te conozco? —Tenía la ligera sensación de que sí, la familiaridad con ella era innegable, pero no podía decirlo con certeza. —Incluso si la conocí antes, debe haber sido cuando era bastante más joven. —Se dijo.
—¡Un momento! ¿No es...? ¿La niña actriz genio que puede lamer sal super rápido! —
—¡No! ¡Es "la niña actriz genio que puede llorar y parar en diez segundos"! —La corrigió la pelirroja. Tenía un carácter algo agresivo por lo visto, pero no le molestó, al contrario, por su pequeña estatura y complexión delgada le pareció hasta tierno. —¡Arima Kana! Ese es mi nombre. —Ahora la recordaba.
Arima Kana, la niña que conoció junto a su hermana en el rodaje de aquella película dónde conoció a Gotanda, el director. Recordaba bien ese día, de hecho, era uno de sus recuerdos más felices desde que se volvió Aqua, así que sonrió inconscientemente antes de ocultarlo tras su típica expresión de seriedad.
Al final, Arima terminó molesta con Ruby por sus palabras imprudentes, y luego de que la rubia dijera que daría una última vuelta por la escuela él decidió irse. Para su sorpresa, no fue el único.
—¿Sigue ahí atrás? —Se preguntó tratando de mirar por el rabillo del ojo sin ser evidente. Podía por los suaves y sigilosos pasos de Arima detrás suya. —No entiendo el por qué me sigue. ¿Quiere hablar? No, ella dijo algo extraño antes... ¿Competir? Lo lamento por ella, yo ya no actuo más. No es divertido... —Se dijo.
—Oye. Oye. Oye. —Comenzó a tratar de llamar su atención detrás de él. Era como el maullido de un gato curioso. —¡Oye! —
—¿Qué quieres? ¿Y por qué me sigues? Me estas acosando. —
—No, no. Yo no quería... ¡Agh! —Gruño aparentemente molesta. —¿Dónde vives ahora? Hace mucho tiempo que no nos vemos. ¿Podemos charlar un momento? —Eso era lo que quería.
—¿Eso era todo? Ella si que es rara. No es la mima niña orgullosa y caprichosa de antes. —Pensó el joven. —Lo siento. No puedo. —Siguió su camino.
—¡Espera! ¡Aqua! —
—¿Desde cuándo me puede llamar por mi nombre? Es una confianzuda. —
—¡Aqua! ¿Quieres ir a un karaoke? ¿Una cafetería? ¡O tal vez tu...! ¿Mi casa? —Le dijo casi como una oferta. Se giró entre sorprendido y preocupado por lo que acababa de decir solo para encontrarse una expresión de vergüenza.
—¿¡Qué clase de oferta es esa!? ¿Acaso le ofreces ir a tu casa a todos los chicos con los que te encuentras? —
—¡Por supuesto que no! Es solo que... ¡Pones demasiadas negativas! ¡Creí que no te gustaban los lugares públicos! Aparte no puedo ir a toda clase de sitios sin tener un paparazzi encima, ya sabes, cosas de ser famosa. —
—Ah. Presumida como siempre... —
—¿Disculpa? —
—Solo hablar, ¿eh? En ese caso... —Ya no importaba mucho. Tenía que ir hacia la casa del director Gotanda, y explicarle todo a Arima tomaría mucho tiempo, así que la llevó con él. —Y aquí estamos. —Le dijo ya frente a la puerta del directo.
Para Arima fue una sorpresa ver el cartel de entrada que trataba de decir que eran las oficinas del director, lo recordaba bien, él fue quién le dio el consejo más importante de su vida. Así que fue una razón convincente para creer que Aqua era un buen chico si seguía en contacto con el hombre.
—De todas formas yo me encargaré de protegerla. —Dijo a la sombra de Gorou a su lado. Acababa de recordar algo importante, ya fue a partir de ese momento que se comenzó a sentir más feliz, pero también culpable. —No solo a ella, a Ruby y a Mem también. Yo me encargaré de cuidarlas a las tres, así que tú quédate justo donde estás y no te muevas. —
Gorou no replicó nada, era como si incluso aquel ente que lo aferraba a su oscuro subconsciente estuviera sorprendido de la valentía que estaba mostrando. Sin decir nada más, Aqua comenzó a avanzar hacia la dirección en que Kana se había ido. Quería... Necesitaba encontrarla.
Mientras caminaba bajo la lluvia, con cada gota de agua fría recorriendo su cuerpo dando una curiosa sensación de temblores a su espalda, iba pensando en los últimos dos años desde que volvió a encontrarse con Arima.
—Yo estoy a cargo del equipo de actores aquí... Y si todos se llevan mal... El ambiente será malo. Así que tengo que ceder un poco. —Fue lo que le dijo durante la grabación de «Sweet Today», lo recordaba bien. La chica miraba justo por la gran puerta de la bodega, esa tarde llovía igual que en ese momento. —Además... ¡Aquí aprecian mis capacidades así que...! ¡Estoy muy feliz! —Fue la primera vez que la vio sonreír de forma real.
Claro que la había visto hacerlo en televisión un par de veces, pero esa vez fue distinto. Se veía tan radiante incluso en la oscuridad provocada por el cielo nublado, como una estrella. Tan cálida que el rostro del joven comenzó a pintarse en rojo cuando trató de ocultar su sorpresa con la manga de su chaqueta.
—Ya-ya veo... Entonces, ¿esfuérzate? —
—¡Por supuesto! ¡Eso es lo que haré! —Le respondió dirigiéndose al interior de la bodega, se detuvo para mirarlo. —Pero tú también tienes que hacerlo. —
No lo habría hecho, se hubiera negado y actuado de forma robótica como siempre, no quería otro ataque de pánico. Pero cuando salió a buscar a Kaburagui y lo encontró hablando con desprecio sobre Arima... Se enojó.
—¿Te aprecian? No, claro que no... —Se dijo en tono molesto recogiendo las colillas de cigarro para el análisis de parentesco. —Arima, a estos tipos no les importas... Eso en verdad es molesto. Subestimar a otros... ¡Es imperdonable! —Fue lo que pensó.
Tal vez buscaba negarse a sí mismo sus verdaderos sentimientos haciéndose creer que era un conflicto moral, pero lo cierto es que si hubiera sido otra persona de quién hablaran así, de Melt o incluso de él mismo, no se lo habría tomado tan en serio. Pero se trataba de Arima.
—Bien. Ya que estoy aquí... Permítanme darlo todo. —Fue lo que dijo destapando su rostro para la actuación. Su gran regreso al escenario.
Dio un espectáculo asombroso, esforzándose por dar la talla frente a Arima buscando hacerla brillar con su característico llanto. Lo logró.
—Yo creo que... ¡Aún hay esperanza! —Dijo en personaje frente a las cámaras. Lágrimas sinceras corrían por su rostro con una gran facilidad.
—Lo olvidaba, esa es su especialidad. —Dijo Aqua solo para él antes de agachar la cabeza ocultando su tímida sonrisa.
Estaba feliz por ella y su actuación, sabía que incluso Kaburagui y la producción se sorprendieron, pero no tanto como él. Fue también después de eso que ambos fueron invitados a la celebración por concluir las grabaciones.
—¿Cuál era su número? —Se dijo Aqua en su habitación. Quería llamarle a Arima para reunirse para ir juntos. —Creo que era este... —Marcó uno.
El timbre del otro lado sonó un par de veces, mientras el recordaba la expresión brillante de la chica. Se sonrojo un poco por sus pensamientos.
—Ugh... Sería gracioso llamar para decir "te amo", ¿no? —Pensó de manera imprudente, obligandose a agitar su cabeza con de forma brusca para quitar esos pensamientos.
—¿Hola? —Esa voz no era de Arima. —¿Buenas tardes? Soy el señor Akasaka. ¿Hola? —Colgó.
Ese día trató de recordar su número varias veces para llamar, y más de una vez lo hizo a un número equivocado.
—¿A dónde se fue? —Se preguntó en voz alta entre el torrencial mirando a todas direcciones. No había rastro de Arima. —Es peligroso salir en medio de la lluvia. ¡Arima! —Gritó tratando de ser escuchado por ella.
Volvió a caminar, esta vez más rápido que antes, como alguien desesperado. Sabía que cosas malas ocurrían durante la lluvia, la noche que Akane trató de suicidarse se lo hizo saber. Recordando a la joven de cabello azul, también recordó la época en que trabajaron los tres juntos.
—Esto... Aqua, necesito que te esfuerces más en esta escena. —Le pidió el director de la obra, se trataba de «Tokyo Blade». —Tu actuación es buena... Si fuera para una adaptación para anime del manga... Pero en el teatro necesitamos transmitir más con la voz y las expresiones al público. —
—¿Una actuación emocional? —
—Así es. Por ahora ve a descansar, volveremos en un momento a practicar esta escena. —
No estaba muy conforme con eso, él no tenía ni idea de cómo actuar de forma emocional, solo seguía lo ya programado en el actuar del personaje. Fue y se sentó en el suelo del salón de ensayos para pensar un poco.
—¿"Actuación emocional"? Se lo que es, pero... No, ni hablar. No hay modo de que yo haga algo así... ¡Agh! ¡No debí aceptar! —Cualquiera podría notar en su rostro que estaba agobiado. Por lo que no fue sorpresa que Akane se acercara rápidamente a él. —¿Qué sucede? —
—Bueno, te ves preocupado... ¿No sabes como hacer una actuación emocional, verdad? —
—No. —Respondió tras pensarlo unos instantes. Ya en ese punto se sentía más en confianza con ella, pero incluso dudó.
—Ya veo... Podría ayudarte con eso, pero odio admitir que hay alguien que podría hacer eso mejor... —No hacía falta decirlo, con mirar de reojo a la chica lo entendía. Hasta su mandíbula estaba tensa cuando miraba a Arima la cual se movía y actuaba libremente con su grupo ensayando una de sus escenas. Estaba tan metida en sus asuntos que no veía a nadie más.
—¡Oye! ¡Arima! —La llamó, ni la mirada de Akane lo detuvo. Al final, la joven suspiró entendiendo que era algo necesario.
—¿Aqua? Ya vine. ¿Para qué me necesitas? —Le dijo de una manera cortante. Aqua no podría enojarse, él sabía que era su culpa en parte por haber llegado a manipular a Arima para que se uniera al grupo de Ruby.
—¿Qué sabes sobre una actuación emocional? —
En cambio, en cuánto se le preguntaba algo de actuación, la expresión de Arima cambiaba en un solo instante, volviéndose brillante y llena de luz.
—Oh, hay muchas estrategias para lograrlo... Pero, sabes que fui una niña actriz. Entonces... A los niños, para empezar por lo básico, se les hace la pregunta... —Se acercó lentamente al rostro de Aqua, él intentó retroceder ya que la cercanía lo ponía nervioso, llegó a sentir el aliento de Arima sobre su cuerpo, pero ella no se detuvo hasta estar junto a su oreja. —Oye, cariño. ¿Qué harías si tu madre muriera? —Fueron palabras bastante simples, sin malicia o alguna intención oculta, pero el rostro de Aqua se oscureció totalmente.
—¿Aqua…? —Lo llamó Akane preocupada por él, Arima ya se había dado vuelta, así que no lo vió.
—Es normal que Aqua no pueda hacer una actuación emocional, después de todo no demuestra nunca ninguna emoción. —
—¡O-oye! —Le recriminó Akane.
—Vamos, es la verdad, no es que tenga nada de malo. Además lo conozco mejor que cualquiera aquí, ¡desde los cinco años! ¡Prácticamente somos amigos de la infancia! Lo conozco mejor que su novia falsa. —Exclamó en tono burlón pero también victorioso. —Da igual, eso es solo para algo como el llanto. Pero si quieres actuar con felicidad recuerda algo feliz, seguro que hasta tú tienes recuerdos felices.—
—¿Recuerdos felices…? —Susurró el joven. Sin duda los tenía, cada vez que se ponía a pensar en eso, como en aquel momento, solo podía ver los sucesos más recientes de su vida. Cuando vio a su hermana entrar a la escuela, comer junto a Gotanda y Arima, participar en el reality, cuando Mem-Cho lo obligaba a tomarse fotos con ella y otros miembros del elenco, ayudar a Akane, el primer concierto del nuevo B-Komachi. Todos esos erán momentos felices. Pero casi todos y cada uno de estos tenían a alguien en común, un detonante. —Arima Kana… —Dijo en voz baja. Completamente inaudible.
Ella era ese detonante común, casi todos sus días tenían algo especial desde que volvió a encontrarse con ella. Muchas veces se quedaba en su habitación, pero ahora salía más, le gustaba ver las reuniones de Ruby con Arima y Mem hablando sobre sus siguientes videos y pasos como B-Komachi, incluso las acompañó un par de veces a salir de compras.
—¡Ah! ¡Qué bueno es llevar un chico con nosotros! —Dijo Ruby antes de lanzarle una bolsa más de compras. Normalmente se quejaría, pero ahora no lo hacía. Solo estaba feliz de estar junto a ellas.
De vuelta al ensayo de Lalalai, Aqua sonrió un poco, contento de sus memorias. Al menos hasta que sintió una mano pesada sobre su hombro.
—Aqua. Tú no puedes permitirte sentirte así. —Gorou, o los vestigios de este. Pronto, los recuerdos de Ai, de una época feliz que fue destrozada por su falta de capacidad, vinieron a su cabeza.
—¡Ngh…! ¡Ggruuh! —Náuseas, era capaz de sentir la comida en su boca, pero sabía a culpa, a debilidad. Pronto, el resto de los miembros de la obra se acercaron para ver su estado, temiendo mostrarse frágil ante todos corrió a esconderse en un camerino. —Ah… Mierda… —Dijo recobrando el aliento. Lo que más le importaba era la forma en que lo miró Arima antes de irse. Ella estaba preocupada, incluso sintiéndose culpable por creer que su reacción fue por sus comentarios, solo deseaba volver atrás para que ella no lo hubiera visto en ese estado tan vulnerable.
Esa situación lo puso a pensar sobre el futuro, no era la primera vez que lo hacía, pero siempre era lo mismo: proteger a Ruby, acabar con papá, y luego morir. Pero a partir de ese momento fue distinto, cada vez fue actuando de manera más gentil y cálida con Arima sin darse cuenta, y por supuesto que para ella no era problema.
—¡Mira! ¿No es lindo? —Le preguntó la pelirroja un par de días luego de acordar el viaje hacía Miyazaki. Se supone que iban solo a comprar una maleta para él, pero pasando entre entre tiendas la chica se vió atraída por una blusa roja.
—Mm… Pues se ve bien. ¿Por qué no te la pruebas? —
—¿¡Eh!? ¡N-no! Vinimos solo por algo para ti… Me sentiría culpable si yo me comprara algo primero… —Avergonzada se veía linda.
—No pasa nada. Solo ve y prueba como se te ve. —
—Bu-bueno… Pero solo si me das tu opinión… —Corrió hacía las cabinas de probadores con pequeños saltos, como los de una niña pequeña que se ha emocionado.
—Señorita… —Le llamó a una de las chicas que atendían por el lugar. —¿Puedo pagar una de estas? Mi… Acompañante, se ha ido a probar una, pero le ha gustado mucho así que quisiera pagarla antes de que salga. —La chica le sonrió, enternecida por su acto, hasta el notó lo curioso de la situación poniéndose nervioso.
—Claro. Permítame un momento… —
—¿Y bien? ¿A que es linda? En realidad todo me queda bien. —Dijo Arima tras salir del probador ya con la blusa puesta. Se le veía orgullosa de su apariencia.
—Te queda bien. Bueno, debemos seguir buscando la maleta, pero por aquí ninguna me gusta. Vayamos a otra tienda. —Contestó, seguido se dio la vuelta. —Ah, es cierto… No te molestes pero ya pagué por esa blusa. Si quieres solo dejatela puesta. —El resto de la tarde Arima no pudo quitarse el suave tono rojo de sus mejillas.
Cada segundo que pasaba sentía que la lluvia se intensificaba, a ese paso el cielo se caería sobre él. Ya más desesperado que antes caminaba sin un rumbo fijo, había perdido el rastro de Arima, no la encontraría. Caminando con la vista al suelo, logró escuchar algo, al levantar la mirada se encontró con una cancha de baseball bastante familiar.
—¿En serio? Cielos, sí que eres raro. —Le decía Arima con un guante de baseball en su mano derecha.
—¿Uh? ¿Por qué? —
—Bueno… Un chico y una chica… Escapando juntos de clases… Venir a jugar a la pelota no es lo que imaginaba. —
—¿Entonces qué imaginabas? —
—¿Eh? ¡Na-nada! ¡Te juro que nada raro! —Era el corazón puro e inocente de una doncella hablando por ella.
—Entiendo. Bueno, solo atrapa la pelota. —La arrojó, aunque complicado, Arima pudo atraparla. Ese era tal vez su recuerdo más querido junto a ella.
No le tomaba importancia a lo siguiente que hablaron, sobre el gusto en mujeres de Aqua, que irónicamente coincidía un poco con Arima, o sobre su síndrome de búsqueda de identidad, tema que le ganó a la chica una bola a gran velocidad que casi la hace caer.
Para Aqua, lo único importante fue la sensación de paz y tranquilidad estando junto a Arima, la familiaridad, el haber conseguido sonreírle sin dificultad esa mañana. Tal vez era el Sol, lo despejado del cielo, o incluso era ella, pero todo estaba tan vivo y lleno de colores en ese momento, tanto que era un recuerdo que atesoraba como el núcleo de su cordura. Era una pena que hubiera tenido que mentir a Arima, y también a Kurokawa.
—Kana-chan se volverá mucho más famosa… Solo espero que esté bien. Los fans de las Idols pueden ser algo… —No hacía falta decirlo. Aqua lo entendía.
—No te preocupes. Tengo en lista cantarle un "hasta la vista". —
—Uy, sí claro. El que aun conserva sus fotos en su celular. —Le dijo Akane en broma.
—Eso es porque... Sigue ahí por la pereza que me da apretar "borrar" —Respondió en tono sarcástico mirandose las uñas como quién está despreocupo. —No estoy obsesionado, si vale como aclaración. —
Fueron las palabras de Akane las que lo hicieron recapacitar, él no podía estar junto a ellas, es por eso que decidió a partir de ese momento alejarse de Arima, de Mem e incluso de su propia hermana. Claro que de esta última era bastante difícil.
—¿Onii-chan? Esa foto es de... ¿¡Senpai!? —Ruby había bajado en la noche por un vaso de agua, encontrando a Aqua en la sala mirando su teléfono.
—¡Ruby! ¡No! ¡Estaba viendo fotos viejas y encontré estas! ¡Es que iba a borrar algunas para liberar espacio! —Se excuso tan rápido como pudo.
—Mm... Está bien, ¿pero por qué tienes una manta sobre las piernas? Hace calor. —Le dijo, seguido fue a por un vaso de agua, tras tomarlo regresó con el. —¿Sigues viendo la foto? Creí que la ibas a borrar. —
—Ah, es que no pesa mucho la foto... Entonces No es tan necesario y... —
—¿Y? Que no se note que te gusta ver si foto. —
—¡No! ¡Para nada! Casi nunca veo la foto suya en mi celular. —Dijo mientras se levantaba con todo y manta para subir a su habitación. Se detuvo en las escaleras. —Sea lo que sea que crees, por favor no hagas pamento y no comentes con tu gente. —Se fue.
—Onii-chan es muy raro. —Con sueño y todo subió para volver a dormir.
Lo cierto es que constantemente miraba las fotos viejas donde salía ella, ya sea sola o con el resto de sus amigos, pero aun así mantenía su distancia ya que temía que cualquier cosa volviera a desencadenar una tragedia como la que sucedió con Ai tantos años atrás. De forma irónica, justo como suele ser el tiempo, terminó desembocando en otra tragedia.
—¿Por qué…? ¿Por qué siempre tengo que ser yo a quien la hacen sufrir? —Era la voz de Arima. Ella también había terminado en la cancha de baseball. —Va por ahí, ignorando todo lo que trato de hacer por estar bien con él… Sé que respeta a Kurokawa, y eso lo hace un buen novio pero… No tiene porque tratarme así… —La chica se colocó en posición fetal escondiendo su rostro en sus piernas.
Aqua suspiró, estaba apenado, pero no quería seguir escapando. Entró a la cancha en silencio, se quedó unos segundos viendo a Arima mientras abría el paraguas para sostenerlo con la malla buscando cubrirla, finalmente se sentó en el suelo lleno de agua justo a su lado, como siempre quiso que fuera.
—¿Por qué…? —Habló débilmente. —¿Por qué siempre estás haciendo este tipo de cosas? Primero me lastimas, luego tienes lastima por mi y tratas de arreglar todo lo que haces. ¿Por qué no puedes solo dejarme en paz? —
—Sonará egoísta… Pero no quiero dejarte en paz… —
—¿¡Entonces qué carajos-!? —No pudo terminar de hablar porque los brazos del rubio se envolvieron alrededor de su cuerpo. —¿Eh? Eres un idiota… ¿Por qué eres así?—Por lo visto perdió todas sus fuerzas y ganas de discutir.
—Lo sé… Perdón. No era mi intención herirte. —La chica escondió su cabeza en el pecho del rubio. —Sé que hice mal en alejarme tanto de ustedes, en especial de ti.. No te preocupes, Mem ya me regañó hace unos días. —
—¿Lo hizo? —
—Sí. Me alejé porque no quería que pasará nada malo con ustedes… Ya sabes, cuando era niño Ai murió y… —
—¿No querrás decir que tu madre murió? —Aqua se sorprendió al punto de quedar totalmente mudo. —Entonces acerté. —
—¿Desde cuándo…? —
—No, no lo sabía. Solo era una idea… Empezó luego de cuando te hice sentir mal durante los ensayos de Tokyo Blade. —Le dijo. Algo parecía incomodarla hasta que lo dijo. —Lo lamento por ser tan impertinente, no debí decir algo tan duro. —
—No, no. No tenías ni idea. Es solo que… ¡Agh! ¿Estaría mal seguir mintiendo a todos, verdad? —La chica asintió sin descubrir su rostro. —¿Pero qué te hizo pensar eso? —
—Cuando dije que pensaras en qué pasaría si tu madre muriera reaccionaste muy mal… Perdón por eso. Al principio me pareció raro, porque se supone que la señora Miyako es tu madre, pero eso me hizo creer que tal vez algo escondían tu y Ruby. Luego fue solo de ver la extraña fijación que ustedes dos tienen con Ai. —Arima resultó ser más lista de lo que se imaginaba. —Tu, maldito Edipo. —
—¡No-no soy un Edipo! —Protestó. —Pero tienes razón. Esta vez sin mentiras, ¿bien, Ar-? No, puedo llamarte por tu nombre, después de todo nos conocemos desde casi los cinco años, somos casi como amigos de la infancia, ¿cierto, Kana? —
—¿Uh? —Kana levantó la cabeza para poder verlo. Por un instante que se sintió eterno el rojo de su mirada chocó con el azul de la suya. Luego sonrió. —Está bien. Aqu-tan. —
—¿Aqu-tan? Ese es el apodo que me puso Mem. —
—Tienes razón. Entonces no es muy especial… —Se llevó un dedo al mentón tomando una postura pensativa. —¡Ya sé! ¿Qué tal "A-kun"? —
—Suena bien. Pero yo no te pondré ningún apodo. —
—Seco como siempre. Si así será mejor me voy. —Se levantó para irse. No pudo caminar mucho ya que el joven no dejó que se alejará antes de volver a abrazarla. —Eres un injusto, ¿lo sabías? —
—Y no me importa. No si se trata de ti… —Kana se sonrojo un poco, aunque trató de ocultarlo solo consiguió hacer reír a Aqua.
—Tu… ¿Te reíste? —
—Incluso yo puedo tener momentos felices, ¿recuerdas? —Respondió sin soltarla. No quería hacerlo en realidad. —Entonces. ¿Te gusta Ka-chan? —
—Me encanta. Pero… —Hizo una corta pausa. —¿Podrías soltarme? —
—No. —El sonido de sorpresa de Kana lo obligó a decir más. —¡Es que me dio frío por la lluvia! Y tú siempre estás caliente por alguna razón. —
—Tonto. Eso es porque siempre llevo la ropa adecuada… —Respondió. Aunque pensó avergonzada en el verdadero motivo, en realidad lo tenía junto a ella. —Entonces… ¿Ya estamos bien? —
—Sí. Prometo no volver a actuar como un idiota otra vez. —
—Sabes que lo volverás a hacer, y yo también lo sé. —Chasqueó la lengua. —Maldición. Igual nunca puedo enojarme contigo por más de un par de horas. —
—Lo sé, y me encanta. —Recibió un suave codazo de parte de Kana. —Auch… Me lo merecía. Pero en serio, me encanta, y también haré todo lo posible por no hacerte enojar otra vez, solo trataré de hacerte feliz. —
—Oy-oye… —Le llamó la atención, en su cara se notaba la pena. —Ese tipo de cosas solo se las debes de decir a la mujer que amas… —
—Es lo que estoy haciendo, cabeza dura. —Nuevamente puso otra vez esa mirada, la misma de cuando se encontraron por primera vez luego de tantos años. —Arima Kana, Ka-chan. Yo te amo, y si me alejé fue para protegerte. Solo soy un enamorado tuyo. —
—Ya veo… —Respondió mirando al cielo, por supuesto que no podía ocultar su emoción, pero se debía mantener firme. —Que injusto… Quisiera lanzarme sobre él, pero… Tiene novia… ¡Un momento! ¡Tiene novia! —
Antes de darse cuenta, Aqua recibió un golpe en la cabeza que lo hizo perder el equilibrio y caer de espaldas al suelo.
—Oye… ¿Eso por qué fue? —
—¡Maldito! ¡Enemigo de las mujeres! —
—Ya había oído eso antes… —
—¿¡Cómo te atreves a decirle algo así a una dama teniendo novia!? ¡Enfermo! ¡Infiel! ¡Típico de un famoso! —Se cruzó de brazos para sacarle la lengua en un gesto infantil de desprecio.
—¡Espera! ¡Espera! ¡Terminaré con Kurokawa! —Gritó. —Lo haré. Después de todo esa fue una relación falsa. —
—Tch. Que tonto… —Respiró para recobrar la compostura, tenía que comportarse como una adulta. —Sería malo que termines con Kurokawa para luego ir a empezar algo con otra chica, los medios hablarían mal de nosotros. Si vas a terminar con ella hazlo porque de verdad quieres hacerlo y ya no ves futuro en esa relación… No lo hagas por mi. —Se dió la vuelta.
—Está bien. Entiendo de qué hablas. Pero me parece bien que ya te vayas tomando esto como un "nosotros". —Comentó. Kana se giró enojada, pero solo se topó con un Aqua sonriente. Era tan genuino. Bromista y feliz, como cuando lo conoció y discutieron por Ai.
—Solo haz lo que quieras… —Volvieron juntos a las oficinas de Ichigo Productions.
Esa misma noche Aqua recibió la visita de un viejo conocido.
—¿Entonces así serán las cosas? Tarde o temprano pagarás por su imprudencia. —Otra vez Gorou estaba en su cabeza.
—Gorou. No, tu no eres Gorou. Gorou murió. Oye, yo me haré cargo a partir de este punto, no hace falta que te atormentes más. —Dijo. Iba a volver a encararlo. —Yo cuidaré de todas, y vengaré a Ai llevando ante la justicia al autor intelectual de su muerte. Yo me encargo de todo. Tú puedes descansar ya… —Por primera vez en mucho tiempo volvió a ver al Gorou que recordaba, a como se suponía que era el mismo en su vida anterior.
El doctor le miraba feliz, mejor dicho, melancólico. Llevaba la misma ropa de cuando trabajaba en el hospital, junto a un pin del viejo B-Komachi en su traje, el mismo que fue un regalo de Sarina.
—Gracias por cuidarme todo este tiempo, pero es momento que haga las cosas por mí mismo. — Gorou se despidió antes de desaparecer en una estela de luces.
Ahora solo tenía una tarea, y gracias a Akane lo descubrió al poco. El nombre del hombre que debía atrapar era "Hikaru Kamiki".
—Originalmente tenía pensado morir luego de acabar contigo… —Era el día del concierto en el domo. Las tres chicas lo consiguieron. Frente a él estaba Kamiki. —Pero ya no quiero eso. Encontré otro propósito en esta vida… ¡Por eso te detendré sin matarte! —Hikaru sonrió con arrogancia. Su hijo era tan similar a él.
Pero a Aqua no le importaba, solo tenía una idea en mente. Detener a ese sujeto y poder tener una vida feliz con la gente que quería, en especial con Kana. Al final, por más que lo intentó negar a otras personas y a si mismo, si que estaba enamorado suyo.
