Capítulo 15. Estado Avatar.

Se encontraron sobrevolando el lugar al caer el atardecer del siguiente día. El templo aire del Este, tenía un significado especial para Aang, no solo porque representaba su cultura, sino porque fue ahí donde aprendió mucho sobre la realidad de su poder como el Avatar: "el puente entre lo espiritual y lo terrenal". Suspiró recordando todas las enseñanzas del gurú, sintiéndose un tanto inseguro… La última vez simplemente lo abandonó a mitad del proceso, no permitió que le dijera otra palabra y se fue tras lo que él creía era lo más importante y valioso en ese momento: Katara. Exhaló de nueva cuenta. ¿Pathik continuaría dispuesto a ayudarlo?

- ¿Ocurre algo, Pies ligeros? – Lo cuestionó al escuchar sus constantes suspiros. El maestro aire vaciló si decir algo en contra, pero igual no tenía caso negarlo. Estaba nervioso.

- Me siento mal por lo que pasó la última vez, fui testarudo y hui de mi maestro.– Admitió con pesar. La maestra tierra analizó la verdad en sus palabras por unos segundos, y luego asintió por lo bajo.

- No te preocupes, si de verdad es tan sabio como dices, sabrá entender que lo pasado fue un error, y que no debió presionarte de esa manera. Quizá aún no estabas listo, pero lo estás ahora. ¿Qué no? – Confortó ligeramente. El maestro de los cuatro elementos se vio un tanto renovado, sin embargo;

- Quiero creerlo.– Espetó muy por lo bajo. Toph nuevamente le asintió.

- ¿Qué se supone debía decirle al Rey Fénix mientras no estabas? – La de cabello oscuro y recto flequillo regañaba al mayor al verlo regresar de su aventura.

- Sí, ni siquiera nos diste pauta por donde empezar.– Excusó también Ty Lee, con la intención de que Zuko no se viera muy exaltado cuando se enterara. El maestro fuego rodó sus dorados ojos con descaro. Ante su evidente molestia y tonta asunción... Pensar el que se las apañarían para cubrirlo con su padre.

La noche anterior había llegado tan sigiloso a Palacio como desapareció, buscó de nueva cuenta a Mai y Ty Lee, y se sorprendió de que ellas ya lo esperaban; haciendo guardia en la Sala Real como hacía costumbre en estos días.

- ¿Y por qué tuvieron que utilizar esa excusa? Ahora mi padre creerá que soy un pelele.– Se quejaba.

- No exactamente, en el pergamino que dejaste y donde declaras a Mai como tu primer concejal, queda explícito que ella puede tomar decisiones viniendo de ti, en caso de estar indispuesto o que tu vida se encuentre en peligro. Y después del eclipse, se cumplieron ambas cosas.– Se escuchaba otra vez a Ty Lee.

- ¿Y por eso me mandaron de vacaciones a la Isla Ember? – Se vio escéptico.

- Sí, más o menos.– Completó la de cabello castaño.

- Tu padre quiso meter en esto a esas ancianas mujeres, para saber que pensaban al respecto... Después de todo, ellas fueron consejeras de tu hermana.– Añadió Mai, con esa expresión impasible.

- ¿Y qué fue lo que dijeron? -

- Mai abogó diciendo que el papel ya estaba firmado con el sello real.– Enunció Ty, admirada. - Debiste verla, Zuko, ante su actitud inamovible, Lo y Li no tuvieron más remedio que retractarse y ceder a su puesto.– Una enorme sonrisa satisfecha se dibujaba en el rostro de la que podía dar piruetas, orgullosa de su amiga.

El maestro fuego ante esto se detuvo a observar a la susodicha.

- Gracias, Mai, eso es asombroso.– Colocó una mano sobre su hombro. - Eres de gran ayuda.– Su voz sonó gentil pese a todo, realmente agradecido con la no maestra. Ella, sin embargo, al oír sus palabras desvió su ambarina mirada; aun estaba molesta con él por haber huido de esa manera durante el eclipse… Ty Lee los observaba.

- ¡Oh, sí! ¡Casi lo olvido! – Se escuchó a la otra. - ¡También ayudamos a El Avatar! – Declaraba en voz alta.

¡Más tardó ella en reaccionar a sus palabras, que en lo que ambos la miraron y se acercaron al tiempo para taparle la boca! ¡Ty Lee debía ser cuidadosa con lo que decía!

- ¡¿Qué estás loca?! – Reclamó el Señor del Fuego, murmurando alarmado.

- Nadie nunca debe saber lo que pasó. ¿Entendiste? – musitó Mai a la par con ese rostro seria, pero con un pequeño entrecejo resaltando en su frente. La de cabello trenzado solamente les asintió moviendo la cabeza, notándose preocupada. No había sido su intensión.

Zuko la soltó…volviendo a respirar. Esta comenzaba a sobarse las entumidas mejillas, mostrándose cabizbaja. En seguida la notó.

- Ty Lee, lo lamento. Disculpa mi reacción. ¿Estás bien? – Empezaba a mirarla preocupado; arrepentido con su acto.

Ty volteó a verlo, sonriéndole de medio lado.

- Sí.– Afirmó un poco menos tensa.

- Discúlpame, tú también has sido de gran ayuda.– Declaró el joven, con un tono más amable.

Mai enarcó una ceja. Esto para nada era normal en Zuko. Por lo que pudo escuchar de su relato, logró encontrar a el ex general Iroh, más no volvió con él… Todo lo que rodeaba y se interponía en medio; y que Zuko se negaba a revelar, era un misterio. Pensó arrugando nuevamente su entrecejo, apartando su mirada y cruzándose de brazos.

- Gracias, Zuko.– Se escuchó al final a la de cabello trenzado.

El maestro aire bajó de Appa, permitiéndole descansar después de pasar toda la noche y mañana en vela.

¡Tierra y roca! Se escuchó a Toph descender con fuerza, dando un salto alto y amortiguando su caída con ayuda de su control.

- ¡Uff! Fue un viaje largo – Exclamó al estar en el suelo.

- Gracias, amigo – Se oyó al monje acariciando al bisonte, dejándole recostarse más allá.

¡BOOAR! Appa resonó, incluso oía a Momo chirriar por aquí y por allá, empezando a jugar con el gigantesco animal y relajarse.

Al poco dirigió su vista hacia el templo, intentando localizar al que solía ser su maestro espiritual…

- Toph, ¿puedes ver si hay alguien dentro? – Solicitó nervioso.

- Claro, dejemos a la chica ciega hacerse cargo de la búsqueda.– Su voz sonó con su evidente y habitual sarcasmo, pero solo bromeaba. Aang simplemente la miró un tanto divertido. La maestra plantó bien sus pies en el suelo, sintiendo la estructura... Unos cuanto segundos le bastaron. - Mhm… No siento a nadie cerca, Pies ligeros. Pero debo admitir, que es un sitio bastante agradable.– Completó segura.

- Oh.– El maestro aire sonó cabizbajo. La maestra tierra meditó las opciones al percibirlo.

- Quizá mañana temprano podríamos intentar hallarlo. Tú por aire y yo en la tierra. Si está cerca, sé que lo encontraremos.– De nuevo le animó. - Ahora, ¿por qué no encendemos una fogata? Iré a traer algo de comer, y tú puedes recolectar leña.– Replicó intentando disipar sus tempestuosas vibraciones.

El Avatar, por otro lado, volteó a ver a su amiga…

Una pequeña lágrima corría en la mejilla del monje.

- Gracias, Toph.– refutó conmovido, agradecido por su intento.

Toph, otra vez le asentía.

- Sokka, comprendo que el "Plan de Invasión" falló. ¿Cómo excusas esta desgracia militar? – Se oyó al Rey Kuei siendo acompañado por el resto de generales, en su propia Cámara de guerra.

Hakoda se vio alterado al escucharlo, y más viniendo por parte de aquellos haraganes que ni siquiera los habían acompañado al frente de batalla. Pese a esto, su hijo se notó serio, comprometido y concentrado en la causa.

- Su Alteza…– Pareció vacilar un poco, pero luego, cerró sus ojos aguamarina y exclamó. - ¡Todo fue culpa del Avatar! – Declaró a fuera voz.

Los ojos de los presentes se abrieron como platos. Incluso los de su padre…

- ¿De qué falacia está hablando? – Uno de los generales restantes replicó.

- Tal como lo oyen, el Avatar después de la batalla huyó en su bisonte.– Agregó uno de los otros generales tierra presentes, quien los había acompañado en el día del eclipse. Los murmullos no se hicieron esperar en la Sala.

- ¿Está seguro que esta información es verídica? – Replicó otro de los cinco. El otro general, quien también los había acompañado, dio asentimiento a esto; mostrándose estoico. Volvieron a escucharse los murmullos.

- ¡Silencio, por favor! – Se oyó al rey Kuei desde su asiento real. - Sokka, antes de dar un veredicto, ¿quisieras contarnos lo que pasó? – Solicitó con gracia y paciencia a pesar de también verse sorprendido con la noticia.

El guerrero de la Tribu Agua y compañía, estaban ahí para solicitar recursos a disposición del Reino Tierra; llevando a cabo una asamblea directamente con el rey y demás generales. Permanecía con la esperanza de continuar con su cometido. Además, que ahora el joven de la Tribu era considerado un estratega de máxima élite.

- Lo haré.– Sentenció decidido. Dirigiéndose, no solamente al rey tierra, sino a todo el que escuchaba. - El Avatar dejó de ser un aliado para nosotros, para el Reino Tierra. Ha huido de sus responsabilidades deliberadamente, no una, dos veces consecutivas. Sabiendo que el bien y el futuro para cada una de las Naciones restantes está en juego. El día de la Invasión, esperábamos poder contar con su ayuda, pero en lugar de eso, decantó de sus tareas y lo que se tenía planeado para él como contrataque falló… Ya no se puede confiar en El Avatar.– Los sujetos en la sala se quedaron boquiabiertos, éstas eran muy fuertes acusaciones. Sokka prosiguió. - Sé que es difícil imaginar una guerra en contra la Nación del Fuego sin el Avatar, pero yo sé, que el Reino Tierra es una nación fuerte, quizá la más fuerte de todos los tiempos; es la única que no ha sucumbido durante los cien años de tiranía, y ha sufrido tanto como las otras Naciones. Pero se mantiene, su gente y su sustancia se mantiene. Es por ello, que sé que lograremos nuestro cometido. Unidas las tres Naciones podemos hacer aún más. El trabajo en equipo y bien encausado puede hacer la diferencia, y proporcionar los recursos necesarios crea versatilidad y destreza. Así que, rey…– se colocó de rodillas, como dando muestra de respeto al regente y solicitando su favor. - Le suplico deje a un lado las diferencias, y se una en batalla con las demás Naciones. Sólo así podremos ponerle fin a está guerra.– Denotó seguro, intentando convencer.

El hombre en su trono lo meditó por unos minutos. Resaltando a través de sus pequeños anteojos, su preocupado ceño… Evaluando.

La profundidad de la noche pronto los cubría.

Toph había recolectado unas cuantas bayas y frutos que sintió algunas criaturas ingerían, por lo que seguramente serían buenas para comer. También recolectó champiñones y hierbas; así quizá podrían hacer un estofado más tarde. Pensó mientras los recogía. Sin embargo, al volver halló a Aang situado en medio de una enorme habitación, donde los nómades aire solían convivir... Este había encendido una fogata en medio.

- ¿Estás bien? – Cuestionó casi inaudible, como no queriendo interrumpir; podía sentir todas sus agitadas vibraciones rodeándole. Él solo le asintió por lo bajo, con sus mejillas hundidas en sus antebrazos y rodillas flexionadas.

La maestra tierra no se atrevió a preguntar más, y se sentó a su lado sin decir una palabra por un largo rato... Hasta que el silencio se hizo palpable. Sería una noche larga.

- Sokka, ¿por qué dijiste todo eso sobre El Avatar? Sé que estás molesto, hijo. ¿Pero acusarlo de infamia? -

El guerrero se giró a su padre, y le dirigió esa mirada. Esa que ahora poseía en todo tiempo: molesto, indignado, renegado… Repudiando del todo.

- No necesito que apruebes mis métodos, lo único que me importa es alcanzar nuestro objetivo. Obtendremos más recursos que la última vez y dirigiremos un ejército armado, poderoso. Y en está ocasión, no dejaré cabos sueltos.– Le afirmó severo.

Hakoda al escucharlo no musitó palabra alguna, pero la expresión de aversión en su rostro fue notoria. El moreno simplemente se apartó, y siguió su camino por el corredor. Yendo fuera de la Cámara de Guerra del rey Kuei; con planos en mano y/o llevando otros bajo el brazo.

La noche avanzó y con ello subió el rocío de la madrugada, el aire era fresco, pese a ya ir iniciando el verano. Zuko no podía dormir, como ya era costumbre… Pensaba en todo lo sucedido, en su tío, en cada situación o cosa, y no dejaba de darle vueltas la cabeza. ¡Tenía que ser fuerte! Por todo lo que amaba o alguna vez amó…

Su mente comenzaba a divagar.

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- Eso es lo que hacen las madres, Zuko, si molestas a sus bebés… ¡Raw! – Rieron juntos mientras posaban en el estanque de patos tortuga.

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Suspiró notoriamente.

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- Ah, Zuzu, siempre eres tan dramático.– Azula rodó los ojos con aburrimiento.

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Escuchó claramente su voz…

Por un momento su entrecejo se frunció. Parecía una locura; pues nunca y de ninguna manera, supo cómo ayudarla... Suponía, así las cosas debieron ser. Una lágrima brotó y escurrió en su mejilla.

"- A veces el destino puede ser un poco extraño. Pero si mantienes la mente y corazón abierto, te aseguro que te sorprenderá".

Recordó de nueva cuenta las palabras de su tío.

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- Eres Lee, ¿cierto? – Una pequeña mueca acompañó a esa inesperada pregunta.

- ¿Qué? – Su voz sonó desconcertado.

- Jiji ~ Emitió una risilla por su estado catatónico. - Soy Lin. Tu tío Mushi te ha estado buscando.– Se presentó cruzándose de brazos, sin quitarle de encima su perlada mirada.

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Sus lágrimas corrieron por completo y una mueca quebrada enmarcó su endurecido rostro... Exhaló despacio, intentando calmarse.

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- Toph, prométeme que aunque estemos en problemas, no intentarás hacer algo arriesgado.-

El fuego y el calor subiendo, reflejando en sus opacos ojos; un destello de angustia y el más puro gesto de lealtad se dibujaba en ellos.

- Jamás podré prometerte algo como eso.– Denotó 'soberbia'. Esbozando una sutil mueca.

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- Esta vez haré las cosas bien. Lo prometo.– Musitó a la nada... O tal vez, sí intentó decirle a alguien.

Su sueño cayó profundo, después de tantas noches de insomnio.

Se despertó en medio de la madrugada, como si hubiera escuchado un susurro… Se impresionó y alteró a la vez, de saber de quien se trataba.

Afuera de su característica campaña de roca, Aang sollozaba sin consuelo. Su evidente vibración y suspiros, no pudieron evitar hacerla sentir igualmente consternada...

Su entrecejo se frunció, comenzando a sentirse culpable.

El sol resplandeció llenando cada esquina y recoveco.

En el suelo yacía el monje, situado en posición de ovillo. Había quedado ahí después de haber llorado toda la noche hasta que se durmió. El anciano hombre lo observaba, dejando escapar una fugaz mueca. Conmovido y a la vez lamentándose lo ocurrido.

- Has pasado por mucho, querido amigo.– El gurú se acercó a sentir su pecho y estómago. Captando a su vez la inmensa energía negativa y turbulenta que le rodeaba esas zonas. - Sí tan sólo hubiera podido ayudarte.-

En eso, ¡un temblor desquebrajó el suelo de piedra!

- ¡Ahh! – El maestro aire se sobresaltó, al igual que Momo y Appa quienes dormían más allá.

- ¡Aléjate de él! – se escuchó con firmeza. Toph no había estado lo suficientemente cerca como para escuchar "la conversación", pero sí para sentir que alguien venía y se posicionaba donde Aang. El hombre ante el reclamo ni siquiera se inmutó… Ni un poco. Figuró en el suelo con posición de loto.

- ¿Pathik? – se talló los ojos tomando un poco más de conciencia y pudiendo distinguirlo; a causa de tener los párpados hinchados por el llanto, volviéndose molesto el contraste del día y la claridad.

El anciano abrió un solo ojo, volteando a verle con el rabillo de este.

- ¿Qué tal, Aang? – Sentenció gustoso. El joven monje no pudo evitarlo, y primero lo abrazó antes de contestar.

- Gracias por venir a buscarme.– Le reverenció. Pathik devolvió el gesto. Además de su evidente sonrisa, contento de verle. - ¿Podemos ponernos al día cuanto antes? – Solicitó motivado, y un tanto ansioso. Tenía mucho que hacer antes de volver a enfrentar su destino.

- Por supuesto. Pero primero prepararé algo de mi jugo.– Se escuchó gentil. - Luego de eso podemos comenzar.-

- De acuerdo, Sifu – Otra vez le reverenciaba.

Toph por su parte, deshizo su pose de combate. Arrugando un poco su entrecejo y cruzándose de brazos.

- ¡Uhm! – Se oyó como simple reclamo. En realidad no hacía falta, ya sabría exactamente de quien se trataba. Aun así;

- ¡Oh, Toph, lo lamento! Gurú Pathik, mi única amiga y maestra, Toph Beifong. Los espíritus del pantano me guiaron a ella para enseñarme tierra control.– Relató breve.

El gurú la miró por unos escasos segundos, analizándola… Ella solo permanecía ahí, seria y para nada intimidada.

- Hmm… Entiendo porque los espíritus te guiaron. Ella misma ha desbloqueado bastante de sus chakras por sí sola.– Espetó él.

Aang se notó sorprendido.

- ¿Ah, sí? – Pareció escéptico.

- Al no poseer algo tan terrenal como la vista, es capaz de ver más allá a través de lo que la rodea, incluso a través de las personas.– Asintió el mayor. Toph enarcó una ceja al oír sus palabras…

- ¡Me agrada! – Sentenció con una "boba" sonrisa, dándose la media vuelta. Ante esto Aang se vio más animado.

- Supongo que lo hace.– Aseveró contento.

- Muy bien, pupilo, vayamos a recolectar esas bananas y raíces.– Alentó amable.

- Cebollas.– agregó él.

- ¡Uhm! – El mayor tan sólo se alzó de hombros, indiferente.

La maestra tierra, por su parte, denotó de nueva cuenta una expresión seria; sintiendo al monje más antiguo a profundidad… Aunque fuera un viejo guía, jamás bajaría la guardia ante nada. Se dirigió a otro lugar.

- Dime, Aang. ¿Quieres contarme abiertamente lo que pasó antes de retomar tu entrenamiento? – Le cuestionaba mientras piscaban por aquellas raíces. El maestro de los cuatro elementos se encogió de hombros, apartando sutilmente su mirada frente a la confrontación tan directa e incomodidad de su pregunta.

- Solo quiero disculparme… En ese momento estaba siendo egoísta.– Se escuchó muy por lo bajo, confesando la realidad de sus hechos.

- Todo está perdonado, Aang.– Aclaró el gurú con paciencia.

El anciano tomó al chico del hombro al notar como sus ojos se humedecieron.

- Vamos, es hora de tu entrenamiento.– Declaró; este solo le siguió.

Madrugó igual que cualquier otro día en el Palacio, haciendo su habitual entrada por cada una de las puertas que indicaban los accesos reales.

- Señor del fuego Zuko.– se oía el saludo seguido a la reverencia. Él solo accionaba como de costumbre, con decoro y respeto.

Realizó cada una de sus tareas hasta que dio el medio día. Y después de una larga mañana de trabajo, decidió tomar una caminata; hasta que algo más llamó su atención…

Mai se encontraba rondando los jardines, rodeada de diversa servidumbre que también demandaban sus labores. Como la concejal principal del Señor del fuego. La observó por unos minutos antes de hacer su irrupción a la escena.

- ¡Uhm! – carraspeó la garganta como anuncio. De inmediato al notarlo la servidumbre lo entendió y se apartó de ellos. Esta lo miró denotando ese rostro seria e inexpresiva. El joven le dirigió una tímida mirada y surcó una sonrisa. La otra solo arrugó ligeramente su entrecejo y evadió y/o se negó a corresponder al gesto. Sabía que se estaba burlando de ella, por lo aburrida y abrumada que se sentía en este momento. - ¿Quieres continuar la caminata? – se atrevió a preguntar, invitándole a seguir.

- Como sea.– simplemente espetó. Zuko tomó eso como un sí, comenzando a caminar a su lado…

El silencio se mantuvo. Honestamente no sabría que decir, tampoco es como que lo intentara, pero;

- Así que…ayudaste a El Avatar.– Sentenció a voz baja. Iniciando con su "plática". Mai lo observó con un gesto incrédula. ¿Por qué demonios quería hablar de esto ahora? Se sintió confundida, incordiada. Él siempre había sido un lío... Al igual que todo lo que le rodeaba. La no maestra suspiró antes de pronunciar algo. Accionando cautelosa, como siempre solía… Aunque últimamente;

- Sé que es lo que hubieras querido. A veces eres tan predecible.– Explicó a simple voz.

Este no lo entendió del todo. ¿Lo que decía era algo positivo? Zuko enarcó su única ceja, sucediendo un mohín.

- Harás que todos estemos en problemas sí continúas jugando al doble bando.– Comentó después de otro silencio. En esta ocasión Zuko se notó sorprendido, no creía que él específicamente estuviera jugando. Es decir, desde Ba Sing Se y lo ocurrido con El Avatar, no creía que hubiera dejado de pensar en que Aang regresaría y traería el balance al mundo. Aun después de lo que pasó y como se suscitaron las cosas, su criterio seguía permaneciendo. El mayor la miró a detalle, como intentando adivinar que tanto pasaba por su mente... ¿Cuál sería el verdadero criterio de Mai? Se cuestionaba aturdido.

El recorrido en los jardines terminó y la susodicha reverenció a duras penas a su Alteza. Para después, apartarse de él y proseguir con su camino.

Zuko, simplemente suspiró extenuado.

El guía espiritual y El Avatar se situaron en lo alto de la montaña, con el templo del Este a sus espaldas. La vista desde allí arriba se llenaba de verde color y muchas nubes debajo, debido a la altura.

- Aang, ya hemos meditado y bebimos lo esencial para alimentar tus canales de energía. Quieres decirme, ¿qué es lo que recuerdas sobre los chakras? – El anciano lo miró expectante. Esperando escuchar su propia explicación de sus enseñanzas.

El Avatar inhaló profundamente.

- Recuerdo que se refiere a los centros de energía del cuerpo, y cuando están abiertos, la energía fluye libremente existiendo una armonía.– Respondió seguro.

- Muy bien, Aang. Concéntrate… Te guiaré nuevamente en cada uno de ellos.– Aang comenzaba con sus respiraciones. - El primer chakra es el de la tierra, se encuentra en la base de la columna y se bloquea con el miedo.– El monje respiró hondo otra vez. - ¿A qué le tienes miedo? – El chico se vio ligeramente cabizbajo, analizándose a sí mismo y pensando como responder…

- A mí mismo... Lastimé a muchas personas la última vez que entre en Estado Avatar.– Replicó por lo bajo. El mayor lo observó.

- Aang, tienes que ser capaz de perdonarte a tí mismo por lo que pasó; y aceptar quien eres… Conecta con tú pasado, acepta tu responsabilidad como El Avatar, y solo así serás quien traerá la paz a este siglo.-

El joven inhaló profundo. Teniendo una visión con sus vidas pasadas.

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Las ocasiones en que su Estado Avatar ayudó a los demás…

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El primer chakra se abrió.

- Muy bien, joven pupilo.– El gurú felicitó paciente.

Al poco cambiaron de locación.

- El segundo chakra, es el del agua. Está conectado con el placer y se bloquea con la culpa.– Explicó. - ¿De que te culpas, joven Avatar? – volvía a cuestionarle.

Aang volvió a notarse cabizbajo…

- De la muerte de Katara, de no haber podido hacer nada para salvarla.-

El mayor meditó antes de hablar.

- El destino y el poder sobre la vida y la muerte es algo que va más allá de nosotros. Debes entender, que a pesar del poder que se te ha conferido, no puedes intentar ir en contra de la naturaleza… Debes tratar de liberarte a ti mismo de la culpa y convertirla en algo positivo.-

El monje respiró hondo, cerrando sus enormes ojos grises… Para él, el recuerdo de Katara seguía estando muy presente, y también era doloroso.

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Recordó la primera vez que vio su rostro, cuando lo sacaron del iceberg en el Polo Sur…

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Sus risas divertidas cada vez que pasaban tiempo juntos.

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Y lo valiente que era ella, al haberlo seguido sin dudar…

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El segundo chakra se abrió.

No sin antes poder dejar una estela de lágrimas sobre las mejillas del atormentado monje, quien ahora liberaba el recuerdo de su amiga y lo convertía en algo mejor… Esperanza, tal y como Katara siempre solía hacerlo.

Aang prontamente se vio conmovido; se limpiaba las mejillas.

- ¿Puedo tomar un poco más de jugo? – Solicitó notándose casi renovado. El gurú simplemente le asintió calmo, esbozando una sutil mueca.

Continuaron…

- El tercer chakra es el del Fuego, se centra en el estómago y tiene que ver con la fuerza de voluntad, y se bloquea con la vergüenza. ¿Cuándo te decepcionaste a ti mismo, Aang? – volvía a cuestionarle el gurú, apoyándole en ese proceso espiritual.

- Cuando elegí un camino diferente y decepcioné a las personas que confiaban en mí.– Esto lo decía, principalmente por Sokka. Sabía que en estos momentos lo necesitaba más que nunca, pero jamás podría estar de su lado con la nueva filosofía que llevaba sobre sus hombros; y que cada vez se convertía más en su realidad: La venganza.

- Avatar, tienes que comprender, que muchas veces los caminos que parecen unidos, no son más que un medio para obtener una enseñanza… Suelta la vergüenza y aprende de tus errores, enmienda tu camino y acepta tu destino.-

Otra vez respiraba hondo.

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Vio a Sokka como un muchacho confundido, luchando con sí mismo y sobrellevando su duelo, pero también;

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Vio el gran cometa acercándose y el Reino tierra…

Cubierto totalmente en llamas, entremezclado con ceniza y humo... Cadáveres debutaban tendidos por doquier.

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- ¡Ahh! – Detuvo el proceso con el tercer chakra; asustado de lo que veía. Respiraba agitado y gotas de sudor corrían por su frente.

- Aang, nada de lo que ves es real, es una alteración de tu subconsciente, de lo que te angustia y te mantiene anclado al plano terrenal.– Explicó calmo.

- Pero esta visión, de alguna manera se sintió tan real.– Seguía notándose alterado.

- Joven Avatar…– intentó replicar.

- ¡Necesito un descanso! – se levantó de su lugar, deshaciendo su pose de loto.

- No puedes detener el proceso, es peligroso. O quizá habrá un retroceso en el avance.– Advirtió.

Toph, quien nunca se sintió del todo cómoda con el guía, salió de donde los vigilaba.

- ¡¿No lo oíste, hombre?! – se escuchó recia. - ¡No puede continuar! -

- Toph…– El monje se notó impresionado, desconcertado de qué se encontrara ahí.

- Aang siempre ha hecho las cosas a su tiempo y a su manera, y le ha resultado bien. Es un joven talentoso.– Refutó marcando ese ceño en su frente.

- Sifu.– Nuevamente se escuchó impresionado.

- Vamos, Pies ligeros, encontraremos otra manera de qué controles el Estado Avatar.– Denotó muy decidida, empezando a caminar; alentando a que la siguiera. El anciano hombre no replicó algo al respecto.

Aang lo evaluó unos segundos…

- No, Toph, no abandonaré el proceso ahora.– Esta se detuvo al escucharlo. - Confiaré en lo que dices.– Completó dirigiéndose al guía. Mostrándose nervioso y angustiado.

El monje y el gurú de nueva cuenta se vieron en la cima de aquella montaña, llevando paso a paso el desbloqueo de sus canales de energía; pues mientras más avanzaban, las visiones y miedos del Avatar se volvían cada vez más tempestuosas y alarmantes.

Pronto, el ambiente se tornó más serio. El momento de la verdad había llegado...

- Aang, antes de pasar al séptimo y último chakra, quiero que me digas, ¿qué es lo que recuerdas de la última vez que estuviste en el Estado Avatar? – se escuchó la voz del gurú. El monje frunció el entrecejo, preocupado. Inhaló pesadamente.

Cerró sus enormes y grises ojos, concentrándose en recordar…

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Sintió el dolor en su cuerpo, el calor intenso atravesando su piel y carcomiendo sus huesos.

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Su ceño se marcó todavía más.

- No me gusta lo que veo, hay mucho fuego a mi alrededor y…-

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- ¡MI HERMANA HA MUERTO! – Escuchó el grito de Sokka.

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Él, perdiendo la claridad en pensamiento mientras sus manos y cuerpo comenzaban a temblar.

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Bajó su rostro al sentirse consternado, frente a las potentes imágenes de las partes que recordaba. El gurú se notó impresionado por la cantidad de energía contenida, bloqueando por completo su chakra de la coronilla.

- Aang, tendrás que atravesar el dolor y dejarlo fluir, déjalo qué se libere y sólo así podrás dominar el Estado Avatar a voluntad.-

- ¡Pero no puedo! Ni siquiera puedo recodarlo...– Sentenció preocupado.

Toph, quien ahora permanecía ahí presenciando el proceso, se notó seria.

- Por supuesto que lo sabes, estuviste ahí cuando sucedió.– Refutó padeciendo casi molesta, incrédula. No podía creer lo que decía.

Él se mostró cabizbajo, dolido. Dolido con su realidad. La maestra tierra prontamente se vio sorprendida. Sabía que no era mentira.

El joven Señor del Fuego se dirigía a la Cámara de guerra para reunirse con su padre. Al cabo de su retorno lo llamó y este hizo entrada por las amplias puertas después de que su anuncio se empleara.

El Rey Fénix Ozai al notarlo pasar, dio ademán a que los dejaran a solas. Los súbditos simplemente obedecieron, no sin antes Zuko captar la mirada que Mai le extendió antes de salir... Sus rasgados y ambarinos ojos no la dejaban mentir, algo pasaba.

Y probablemente, no sería algo bueno.

Inhaló antes de seguir avanzando hacia el trono donde figuraba su padre. Se notaba más serio que de costumbre. Se postró ante él.

- ¿Me buscabas, padre? – Emitió sus palabras al estar de rodillas.

- Así es.– Oyó la rasposa e intimidante voz. - Me sorprende las recientes acciones que has elegido tomar en lo corto de tu reinado. Debo decir, que la señorita Mai ha sido buena transmitiendo tus deseos. Yo confío en el regente Ukano para tomar un liderazgo. Pero lo que más me sorprende, es la razón porque la has utilizado.-

- ¿A qué te refieres? – Prefirió indagar antes de decir algo que la comprometiera.

- A tí, saliendo de la Nación del Fuego en un dirigible hacia el Reino Tierra.– Reveló su padre.

El príncipe se quedó sin palabras, sintiéndose ampliamente consternado y nervioso. ¿Qué debía hacer ahora?

- ¡¿Quién te lo dijo?! – Siguió la figura de su padre rondando por detrás de su hombro.

- Tú, Príncipe Zuko. Acabas de admitirlo.– su voz se escuchó con seriedad.

El joven príncipe frunció ampliamente su entrecejo. ¡Estúpido! Esa es una vieja jugarreta que incluso su hermana Azula utilizaba en su contra. ¡¿Cómo podía ser tan tonto como para no reconocerlo?! Se cuestionaba así mismo indignado.

- No me interesa saber si lo hiciste. El motivo es, ¿por qué? – Su padre volvía a confrontar. Este pensó seriamente en como decirlo. Pasó saliva cansino, procesando como podía decir la verdad sin qué sonara descabellado o que pareciera una traición...

Cerró sus dorados ojos y simplemente confesó.

- Fui a intentar rescatar al tío Iroh de prisión, él es prisionero de guerra en el Reino Tierra y pensé, qué quizá con una operación encubierto podría traerlo de vuelta.– Mencionó postrando su rostro también en el suelo. "Como arrepentido".

- ¿Es eso cierto? ¿Por qué razón querrías al holgazán de tu tío de regreso? – El hombre se mostró expectante.

Zuko reincorporó medianamente su pose al escucharlo...

- Él fue un gran general, lideró muchas batallas llevando en su mayoría a la Nación del Fuego al éxito.– Refutó ligeramente exaltado.

- Tu tío se rindió en la verdadera batalla. No es más que un traidor.-

El joven sintió que fuego saldría de sus manos y exhalaría una llama de dragón por su boca al oír… Ozai lo observaba con lujo de detalle, tan solo esperando su reacción. Zuko inhaló profundamente, procurando controlarse.

Como ya había hecho desde que volvió a la Nación del Fuego y tomó su cargo.

- Si él es un traidor, ¿entonces por qué me perdonaste? Yo estuve en el exilio y tampoco di con la captura del Avatar.– Enfrentó decidido.

Ozai ante esto se observó pensante. Ligeramente exaltado, pero prosiguió;

- Tú eres mi único hijo ahora, y el linaje de Señores del Fuego no puede continuar sin un heredero... ¿Lo has entendido? – Refutó a penetrante voz, con repudio. Los ojos del Príncipe tan sólo lo miraron desafiante, pero desistieron del duelo agachando la mirada; cerrando los puños.

Aguantaría los menosprecios de su padre, con tal de proteger el plan que involucraba todo aquello a lo que amaba.

- Lo entiendo.– Ya sólo sentenció… Esperando a que el discurso terminara.

- ¿Toph? – Escuchó a su voz llamándole.

Parecía confundida, aturdida con lo que escuchaba.

- No puedo creer que lo hayas olvidado.– Masculló impresionada.

- Sé que suena a una locura, pero es cierto. Por más que lo intento no puedo recordar nada más que humo y llamas consumiéndolo todo… Y yo, siendo la razón del desastre.– Aseveró arrepentido. - Estoy harto de dañar y perder a las personas que amo a causa de mi desidia. Pero estoy dispuesto a romper con todo esto. Estoy dispuesto a renunciar a todo lo que me ata en vida, si con eso aseguro el bien del mundo.– Declaró viéndose sumamente decidido.

La maestra tierra seguía viéndose incrédula, pero también denotó preocupada. ¿Qué demonios pretendía?

- Se que es difícil el proceso. Pero al enfrentar tus miedos más profundos y despegarte de la vida terrenal, podrás liberar la energía que bloquea tu séptimo chakra.– Prosiguió el anciano hombre. -Concéntrate, intenta ver más allá del dolor y libera los recuerdos que suprime tu mente...– Sentenció el gurú, alentando a que continuara.

El monje observó a Toph por unos instantes…

Y pronto obedeció, prosiguiendo a intentar enfrentar sus miedos y lograr entrar en Estado Avatar.

Los recuerdos del sucesos se presentaron otra vez, volviéndolo todo confuso y con bullicio.

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Veía cada uno de los sucesos que marcaron su vida terrenal…

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Jugar y divertirse con amigos, las tardes de pasteles de frutas y Pai Sho con Gyatso, las risas hilarantes con Sokka y Katara, incluso con Toph… El suceso cuando su mejor amigo y compañero se perdió, Appa volviendo a él. Cuando halló a Momo en el templo aire del Sur… Y el cuerpo del monje Gyatso.

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- Azula he venido a negociar…por un pez más grande.– vio a Zuko minutos antes de la tragedia.

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Él siendo llevado encadenado hacia la nave.

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Y después…

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¡Sus ojos destellaron azul y su aura alrededor sacudió el área, levantando polvo a sus costados!

Ante la imagen y recuerdos que el monje figuró, Toph sintió terror… ¡Sus perlados ojos y entrecejo se llenaron de angustia! No querría que la historia se repitiera y ahora Aang ni siquiera tuviera un ancla a la cual aferrarse. Sin Katara, y cada una de las cosas que lo mantenían en la tierra, él pasaría a ser un ente que actuaría según a lo que el "universo" dictara. Sin hacer uso de sentimientos o razón, solo la "energía cósmica". Pasó saliva intentando procesar, de qué manera podría detenerlo. Y sobretodo, sin causar alguna consecuencia.

- Debes entender, Príncipe Zuko, qué no puedo prescindir de tu lealtad. Pero con tus recientes acciones, me has llevado a cuestionarlo.-

- ¿De qué hablas? ¡Soy un hijo leal! Por más de tres años de exilio, en lo único que pensaba era en como volver a casa y agradarte.-

Su padre figuró una expresión endurecida… Meditando en lo dicho.

- Bien, te daré una segunda oportunidad. Pero recuerda, la próxima vez que elijas hacer un movimiento sin mi consentimiento, lo tomaré cómo un reto directo hacia mi autoridad... Y no quisiera recordarte, qué fue lo qué pasó la última vez que lo hiciste. ¿O sí, hijo? – Giró de nueva cuenta a verlo, denotando ese rostro soberbio.

Zuko, sólo contenía todas sus ganas, de querer explotar en llamas…

- No, padre.– Masculló al fin.

Aang empezaba a tomar consciencia de ese camino celeste que lo guiaba a su Estado Avatar mayor, mientras más veía partes del suceso en pensamiento.

- Libérate de esos lazos terrenales y olvídalos… Fluye a través de la energía cósmica.– Escuchaba al gurú Pathik en su subconsciente.

¡El aura y energía que se concentraba alrededor era mucha!

- ¡Aang, no! ¡No dejes ir a Katara! ¡Tú lo dijiste, ella es tu ancla! Pero, ¿no es todo eso una ilusión? ¿No estamos todos conectados y somos parte de lo mismo? – Aang en el Estado Avatar pareció detenerse en medio de ese camino celeste. - ¿Y si el Estado Avatar también es una ilusión? ¿No tendrías tú el control sobre él? Lo has hecho un millón de veces antes, está en ti, en las reencarnaciones de tus vidas pasadas… ¡Tú tienes el control! -

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¡La fila e imagen de los Avatares pasados se hizo presente!

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- El recuerdo de Katara y todo lo que amas vivirá en tí, pero no si continúas este camino... ¡No renuncies a lo que amas! -

¡Al instante, la cima de la montaña tembló! Y los ojos de El Avatar destellaron azulado, deteniendo el proceso…

Unos segundos pasaron antes de que dejara de elevarse en el aire.

¡Caería de bruces al suelo!

Toph amortiguó su caída con ayuda de su tierra control; Aang se sentía sumamente aturdido y mareado. Tocándose la cabeza.

El gurú no hizo nada para detener a la jovencita que alegaba, pero en cuanto el monje se recuperó de su vértigo y trastabilleo, notó que el anciano hombre poseía un rostro decepcionado

De que hubiera sucumbido a los llamados de la maestra tierra.

Se encontraron otra vez en la base del templo.

El silencio inundaba la atmósfera, pero de algún modo se sentía diferente, ahora él se veía diferente. Se decía a sí mismo procesando el "entrenamiento" de hoy.

Sin embargo, también había algo más…

Toph nunca había sido particularmente paciente o compasiva, y de un momento a otro, exactamente después de qué se reencontraron, la veía más "pasiva". Ni siquiera cuando lo entrenó en el tierra control fue tan amable; aunque sus enseñanzas con rudeza le ayudaron a ser más directo… La observó detenidamente, un ceño fruncido, confundido; marcaba su frente… No sabía que pensar. La maestra tierra conservaba una pose en cuclillas, sujetando sus rodillas. Captando cada movimiento a su alrededor y sintiendo el sutil calor de las brazas cercano a sus piernas.

- Toph…– La llamó por lo bajo.

- ¿Uhm? – Está correspondió girando medianamente su cabeza, como llevando a su oído a concentrarse en la siguiente conversación.

- ¿Por qué lo hiciste? – Preguntó como enajenado a lo que decía. Confrontando sus actos y por la forma en la que actuaba ahora. La joven se quedó un poco seria, buscando las palabras para decirle o explicarle, más no las hallaba. Inhaló y exhaló notoriamente.

- Porque tuve que hacerlo.– Fue todo lo que se le ocurrió contestar.

- ¿Tuviste que? – El chico se mostraba todavía más confundido.

- Sí, lo que dije.-

Frente a esto él nuevamente lo pensó, procesando cada uno de los acontecimientos…

- Toph, hay algo que no me has dicho, ¿cierto? – Se vio expectante mientras cuestionaba. Demostrando paciencia, pero aún así no quedaría satisfecho hasta entender sus razones.

La maestra llevó su mirada hacia el suelo, sin un punto en específico, solo le apartaba la cara.

- No más de lo que ya sabes, Pies ligeros.– Querría ocultar la verdad... Aquella que protegía recelosa.

- ¿A qué te refieres? – Intentó presionarla.

La maestra tierra arrugó su entrecejo.

- Nada. Intenta descansar.– Decidió ignorarlo.

- Toph, no me importa lo que sea. Estamos aquí ahora, ¿no es así? Y tú y yo, somos amigos. Puedes decírmelo.– El monje la veía con ese gesto preocupado, angustiado. No soportaría otra negativa a algo como esto.

- Sí, lo somos.– Se atrevió a declarar pese a su sentir. Ante sus palabras, el corazón del monje latió más tranquilo.

- Entonces dilo. Has estado diferente desde que nos reencontramos.– Refutó calmo.

- La última vez ocurrieron muchas cosas, Aang.– Espetó más segura. - Y no pienso permitir que alguien más salga lastimado... Ese gurú te presiona demasiado. Eso es todo.– Excusó hábilmente.

- ¿Segura que eso es todo? – Replicó ligeramente incrédulo.

- Sí.– Aseveró, sujetando con más fuerza sus rodillas.

El monje la miraba, notándose otra vez un tanto cabizbajo… Sabía que no estaba siendo del todo sincera.

De nuevo, frente al amplio silencio, los suspiros resonaron.

-- Nota: Hey there!

Volví s2 de antemano me disculpo por el mes sin actualizar, jaja entre el trabajo y asuntos pendientes, no me da tiempo twt so, gracias por su paciencia. Por otro lado, queda mencionar que de la historia solo quedan tres capítulos... Ahh! *grita en fangurl* Así que, muchas gracias a todos, intentaré (como meta personal) acabarla antes de que termine el año v

Anyway, eso es todo, muchas gracias por leer! ~