Ecos en los Tejados

El amanecer comenzaba a pintar el cielo con tonos anaranjados, pero el frío de la madrugada seguía presente, colándose por cada rasgón en mi sudadera y recordándome lo lejos que estaba de estar en buenas condiciones. Mis heridas, entumecidas por el hielo de Akitsu, latían con un dolor sordo cada vez que intentaba moverme. El alivio temporal estaba desapareciendo, y sabía que no podía depender de mi cuerpo por mucho más tiempo.

Akitsu permanecía cerca, observándome con esa calma característica que empezaba a comprender mejor. No hablaba mucho, pero la ligera inclinación de su cabeza y el movimiento de sus ojos eran suficientes para demostrar que estaba preocupada.

"Ah... necesitas más descanso," dijo finalmente, su tono tranquilo pero firme.

Suspiré, recostándome contra la estructura de concreto detrás de mí. "No podemos quedarnos aquí para siempre. Tenemos que movernos," murmuré, aunque sabía que estaba ignorando mis propias limitaciones.

Justo cuando comenzaba a pensar en cómo bajar de este maldito techo, un ruido distante llamó mi atención. Un golpe sordo, seguido de lo que parecía ser un eco metálico. Me detuve, levantando la vista hacia el horizonte.

"¿Escuchaste eso?" le pregunté a Akitsu, aunque ya sabía la respuesta. Ella simplemente asintió, y ambos nos acercamos al borde del techo.

Nos acercamos al borde del techo, y ahí lo vimos. A la distancia, entre los edificios, varias figuras se movían con una agilidad y velocidad sobrehumanas. Dos de ellas estaban claramente luchando, intercambiando golpes que parecían capaces de destrozar cualquier cosa a su paso. Los otros dos permanecían más alejados, probablemente Ashikabis, según lo poco que había aprendido sobre este extraño mundo.

"No es normal," murmuré para mí mismo mientras observaba cómo los combatientes saltaban de un tejado a otro. Los movimientos de las Sekirei eran tan rápidos y precisos que me recordaban a las semblanzas en Remnant... pero aquí no había aura. Esto era algo completamente diferente.

Akitsu, de pie a mi lado, seguía la escena con su característica calma, aunque podía notar una ligera tensión en sus ojos.

"Vamos," dije, ajustando la bolsa de basura que llevaba conmigo. "Tenemos que acercarnos."

"Ah... ¿por qué?" preguntó Akitsu con su habitual tono pausado.

"Porque necesito entender qué está pasando," respondí mientras comenzaba a moverme hacia el borde del techo. "Si este mundo es tan peligroso como parece, más vale saber contra qué estamos lidiando."

Ella no respondió, pero me siguió sin dudarlo. Despues de un segundo ella me tomo por mi cadera y yo puse mi brazo en sus hombros y junto a ella saltamos entre los techos, Su agilidad me sorprendía cada vez más, mientras que yo luchaba por ignorar el dolor en mi pierna. Cada salto y movimiento me recordaban lo frágil que era mi condición actual, pero no podía darme el lujo de detenerme.

Nos movimos con cuidado, asegurándonos de mantenernos fuera de la vista de los combatientes. La pelea estaba a varias cuadras de distancia, pero los sonidos de los golpes y las grietas en los edificios se hacían más fuertes con cada paso.

Mientras avanzábamos, saqué mis cosas de la bolsa de basura. Comencé a colocarme el equipo táctico con movimientos rápidos pero precisos. Las correas se ajustaron sobre mi desgastada sudadera, las pistolas ocuparon su lugar en las fundas, y aseguré las granadas y aturdidoras restantes. No tenía mucha munición ni explosivos, pero algo era mejor que nada.

"Ah... ¿esperas una pelea?" preguntó Akitsu mientras observaba cómo terminaba de prepararme.

"No si puedo evitarlo," respondí con un gruñido, apretando los dientes contra el dolor en mi pierna. "Pero si nos descubren, no quiero estar desarmado."

Finalmente, llegamos a un tejado lo suficientemente cercano como para tener una vista clara del enfrentamiento. Me agaché junto a Akitsu, manteniéndonos ocultos detrás de una estructura metálica. Desde allí, pudimos observar la escena.

Dos Sekirei estaban cara a cara en un tejado a pocos metros de distancia. Una de ellas, alta y de cabello oscuro, tenía un aire de superioridad mientras lanzaba ataques devastadores que hacían crujir las estructuras bajo sus pies. La otra, más pequeña y ágil, parecía estar al límite, apenas logrando esquivar los golpes mientras buscaba una apertura para contraatacar.

Los gritos de los Ashikabis resonaban desde abajo, cada uno tratando de dirigir a su Sekirei en la pelea. Pero era evidente que la balanza estaba inclinada.

"Esto no es solo una pelea," murmuré, apretando los puños. "Es como si estuvieran luchando por algo más grande. Algo personal."

Akitsu permanecía en silencio a mi lado, observando con esa misma calma que a veces resultaba inquietante. Aunque no decía nada, parecía entender la gravedad de lo que estábamos viendo.

Nos mantuvimos escondidos mientras la pelea llegaba a su clímax. La Sekirei alta lanzó un último ataque devastador que envió a su oponente al suelo, dejándola inmóvil entre los escombros. La ganadora se detuvo un momento, mirando a su oponente caída antes de darse la vuelta y desaparecer en la distancia, saltando con facilidad entre los tejados.

"Eso fue intenso," murmuré mientras observaba el campo de batalla destrozado. El lugar parecía un campo de guerra: grietas profundas en las paredes, escombros esparcidos, y marcas de golpes por todas partes. La Sekirei derrotada permanecía tendida en el suelo, respirando débilmente.

Esperé unos segundos para asegurarme de que no había peligro antes de moverme. "Vamos," dije en voz baja, y Akitsu asintió mientras me seguía.

Bajamos al tejado donde había ocurrido la pelea. El lugar estaba destrozado: había grietas en las paredes, escombros esparcidos por todas partes, y marcas en el suelo donde los ataques habían golpeado con fuerza. La Sekirei que había perdido estaba tendida entre los escombros, su cuerpo inmóvil excepto por el leve movimiento de su pecho, señal de que aún respiraba.

Me acerqué con cautela, todavía con las pistolas aseguradas en mis fundas. Aunque no mostraba signos de estar consciente, no quería correr riesgos.

"Está viva," murmuré, sintiendo un leve alivio.

"Ah..." comenzó Akitsu, su tono calmado pero con un leve matiz de preocupación. "Es... una Sekirei."

"Ya lo había supuesto," respondí, recordando cómo había mencionado antes que ella también era una. "¿Qué se supone que pase ahora? ¿La dejamos aquí?"

Ella no respondió de inmediato, como si estuviera considerando la pregunta. Pero antes de que pudiera decir algo, un ruido distante me hizo girar la cabeza.

Al levantar la vista, vi tres helicópteros acercándose rápidamente desde la lejanía. pude sentir cómo el corazón comenzaba a latirme con fuerza. No era difícil imaginar que venían directamente hacia aquí.

"Mierda," murmuré entre dientes. Me levanté con dificultad, mis ojos fijos en los helicópteros mientras el ruido se hacía cada vez más fuerte.

"Ah... son de MBI," dijo Akitsu con calma, observando las aeronaves. Su tono tranquilo contrastaba con la creciente tensión en el ambiente.

"¿MBI?" pregunté, pero no había tiempo para explicaciones. Mientras observaba los helicopteros acercándose, algo más llamó mas.llego a mi mente despues de procesar un poco.

Rápidamente me moví al borde del techo, lo más rápido que pude mientras cojeaba y vi a una figura corriendo apresuradamente: el Ashikabi de la Sekirei caída. Aunque apenas podía distinguir sus rasgos, era evidente que estaba huyendo, su cuerpo moviéndose torpemente mientras miraba nerviosamente a su alrededor.

"Vamos," dije, esta vez sin dudar. Akitsu asintió y me siguió mientras comenzábamos a movernos tras el tipo. Saltamos entre los tejados con cuidado, tratando de mantenernos lo suficientemente cerca como para no perderlo de vista, pero sin alertarlo de nuestra presencia. Mis heridas protestaban con cada salto, pero ignoré el dolor, enfocándome únicamente en alcanzarlo.

El Ashikabi continuó corriendo, zigzagueando por las calles como si intentara despistar a alguien, pero no a nosotros. Finalmente, se desvió hacia un callejón estrecho, deteniéndose un momento para recuperar el aliento. Claramente, esperaba pasar desapercibido.

"Perfecto," murmuré para mí mismo mientras señalaba a Akitsu que aterrizáramos. Saltamos desde el último tejado al callejón, aterrizando justo frente a él. La fuerza del impacto fue suficiente para que el tipo soltara un grito ahogado y cayera de trasero al suelo, sus ojos abriéndose como platos al vernos.

"¿Quién demonios son ustedes?" balbuceó, retrocediendo un poco mientras trataba de ponerse de pie.

"Eso debería preguntártelo yo," respondí, enderezándome mientras trataba de ignorar el dolor punzante en mi pierna. "¿Qué está pasando aquí? ¿Por qué esas personas estaban peleando? Y mejor empieza a hablar rápido, porque los helicópteros no están muy lejos."

El hombre nos miró con una mezcla de miedo y confusión, claramente sorprendido de que alguien más se hubiera involucrado. Su mirada pasó de mí a Akitsu, y pude notar cómo su expresión cambiaba al reconocer lo que ella era.

"Espera... tú... ¿tienes una Sekirei?" tartamudeó, señalando a Akitsu con una mezcla de incredulidad y algo que parecía envidia.

"No estoy aquí para responder tus preguntas," dije, mi voz endureciéndose. "Empieza a hablar antes de que pierda la paciencia."

El hombre, todavía en el suelo, me miraba con una mezcla de miedo y rabia. Su respiración era pesada, y aunque claramente no estaba en condiciones de enfrentarse a mí, eso no lo detuvo de soltar una respuesta.

"¿Sabes qué? ¡Pudrete!" escupió, con su voz cargada de resentimiento. "Todo lo que me ha pasado, todo este maldito desastre, es gracias a tipos como tú. Creen que son la gran cosa, siempre metiéndose en donde no los llaman, abusando de los más débiles como si fueran mejores que nosotros. ¡Solo eres otro matón con un arma!"

Mi paciencia, ya desgastada por el dolor punzante en mi pierna y la situación absurda en la que me encontraba, comenzó a desmoronarse. Cerré los ojos por un momento, inhalando profundamente para calmarme, pero sus palabras seguían retumbando en mi cabeza. Sentí el calor de la ira mezclándose con la punzada constante en mi muslo.

"¿De verdad?" murmuré entre dientes, abriendo los ojos mientras lo observaba con una mirada fría. "¿De verdad quieres probarme ahora, con los helicópteros acercándose y tú sin ningún plan?"

Antes de que pudiera responder con otra estupidez, me moví con rapidez. Mi mano fue directamente a la funda en mi muslo, y en un movimiento fluido saqué una de las pistolas. Con la misma rapidez, me incliné hacia él y puse la punta del cañón bajo su mandíbula, obligándolo a levantar la barbilla. Su cuerpo se congeló al instante, y sus ojos se abrieron de par en par mientras sus labios temblaban.

"Escucha bien, porque no voy a repetirlo," dije, mi voz baja y peligrosa. "No estoy aquí para tus discursos de autocompasión ni para escuchar cómo culpas a los demás por tus problemas. Estoy herido, cansado, y sinceramente, no tengo paciencia para tus idioteces. Ahora, dime lo que quiero saber: ¿por qué esas personas estaban peleando, qué tienen que ver los helicópteros, y qué mierda significa 'Sekirei'? Porque si no hablas, prometo que la próxima vez que apriete el gatillo no será solo una advertencia."

El hombre tragó saliva con dificultad, sus manos temblando mientras intentaba procesar lo que acababa de pasar. Su actitud desafiante había desaparecido, reemplazada por una mezcla de miedo y desesperación. Akitsu, a mi lado, no hizo ningún movimiento para detenerme. Solo observó en silencio, su mirada fija en el hombre como si estuviera esperando su respuesta.

"Está bien, está bien," balbuceó finalmente, levantando las manos en señal de rendición. "Te diré lo que quieras saber, pero quita esa cosa de mi cara."

"Primero habla," dije, sin apartar la pistola. "Y no intentes mentirme. No estoy de humor."

"Está bien, está bien," tartamudeó, mirando nerviosamente la pistola debajo de su mandíbula. Su cuerpo temblaba, y sus ojos se movían rápidamente como si buscara una salida que no existía. "Solo... baja eso, ¿sí?"

"Habla primero," repetí con un tono que dejaba claro que no estaba dispuesto a negociar.

El hombre tragó saliva con dificultad antes de comenzar. "Esas dos... eran Sekirei. Son... no sé cómo explicarlo, pero son como... guerreros o algo así. Fueron creadas para pelear en este maldito juego. El Plan Sekirei. Y yo... yo soy un Ashikabi."

"¿Un Ashikabi?" pregunté, arqueando una ceja, pero manteniendo la pistola firme en su lugar.

"Sí," continuó, su voz temblorosa. "Un Ashikabi es como... un compañero o maestro de una Sekirei. Sin uno, no pueden volar, no pueden alcanzar su verdadero potencial. Mi Sekirei... ella perdió. Ahora está fuera del juego."

Lo miré fijamente, tratando de procesar lo que estaba diciendo. "¿Juego? ¿Qué juego?"

"Es el Plan Sekirei," explicó, con un toque de desesperación en su tono. "Es un maldito torneo. Todas las Sekirei tienen que pelear hasta que solo quede una. El ganador... no sé, se supone que obtiene un premio o algo así. Pero no me importa el premio, ¿ok? No quería estar en esto. Me metieron a la fuerza."

"¿Y qué tienen que ver esos helicópteros?" pregunté, moviendo la pistola ligeramente para recordarle que no estaba en condiciones de quedarse callado.

"Son de MBI," dijo rápidamente. "Ellos son los que manejan todo. Los que controlan a las Sekirei. Si encuentran a mi Sekirei ahora... la van a llevar. La van a desactivar, borrar su marca y descartarla como si nunca hubiera existido." Su voz se rompió un poco al final, y no pude evitar notar la genuina angustia en su rostro.

Me tomé un momento para procesar lo que acababa de escuchar. Todo esto sonaba como una locura, pero tenía suficiente sentido como para preocuparme. Las peleas, las Sekirei, los helicópteros... todo encajaba en este extraño y violento torneo del que él hablaba.

"¿Y qué hay de ti?" pregunté, manteniendo mi mirada fija en la suya. "¿Qué pasa con los Ashikabis? ¿MBI también los descarta si pierden?"

"No lo sé," respondió con un susurro. "Pero no quiero averiguarlo."

Suspiré profundamente, bajando la pistola lentamente, pero no la guardé. El tipo soltó un suspiro de alivio y se dejó caer contra la pared del callejón, su cuerpo aún temblando.

"Entonces déjame adivinar," dije, mi tono seco. "Estás huyendo de MBI, ¿verdad?"

"¿Qué más puedo hacer?" respondió, con una risa amarga. "No puedo proteger a mi Sekirei. No puedo pelear. Solo soy un tipo normal atrapado en un juego que no pedí."

Lo miré por un momento, tratando de decidir qué hacer con él. A pesar de su actitud inicial, no podía ignorar la desesperación en su voz. Pero también sabía que no podía confiar en él completamente.

"Escucha," dije finalmente. "Si sigues corriendo como un cobarde, MBI te encontrará. Y si lo que dices es cierto, eso no terminará bien para ti o para tu Sekirei. ¿Tienes algún plan, o solo estás improvisando?"

Él no respondió de inmediato, solo bajó la mirada al suelo, evitando mi mirada. Eso me dio la respuesta que necesitaba.

"Genial," murmuré con sarcasmo. "Otro idiota sin un plan. Esto se pone mejor cada minuto."

El silencio incómodo que quedó entre nosotros fue interrumpido de repente por un sonido agudo. Una melodía animada comenzó a sonar desde el bolsillo del tipo, algo que reconocí de inmediato como la música de apertura de un anime. Arqueé una ceja, mirando al tipo con incredulidad.

"¿En serio?" murmuré. "¿Un opening de anime como tono de llamada? ¿Ahora?"

El tipo, en lugar de responder, comenzó a temblar visiblemente. Sus manos fueron lentamente hacia su bolsillo, pero no para sacar el teléfono. Simplemente las dejó ahí, como si estuviera paralizado por el miedo. Sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas, y antes de que pudiera decir algo, empezó a llorar, dejando escapar un sollozo desesperado.

"Son ellos," balbuceó entre lágrimas. "Es de MBI. Lo sé. Es ellos. Van a encontrarme. Van a matarme. ¡Van a llevarse a mi Sekirei!"

Sus palabras estaban llenas de pánico, y por un momento no supe si sentir lástima por él o frustración. La melodía continuaba sonando, rompiendo el silencio del callejón, mientras él seguía llorando como un niño al que le habían arrebatado su juguete favorito.

"¿Vas a contestar o no?" pregunté finalmente, mi tono seco mientras cruzaba los brazos. "Porque si no, déjame adivinar: lo van a seguir llamando hasta que respondas, o peor, hasta que te encuentren."

"¡No puedo!" gritó, apretando los ojos con fuerza. "¡No puedo contestarles! ¡Ellos controlan todo! ¡Si contesto, estoy acabado!"

Suspiré, pasando una mano por mi cabello mientras intentaba contener la frustración. "¿Sabes qué? Ya estoy cansado de tus lloriqueos." Me incliné hacia él, señalando el bolsillo donde el teléfono seguía sonando. "Vas a contestar esa llamada, ahora. Si son ellos, será mejor que te pongas a hablar antes de que esos helicópteros lleguen aquí. No me hagas repetírtelo."

Él me miró con los ojos llenos de lágrimas, su rostro una mezcla de miedo y desesperación. "Pero... pero ellos..."

"Ahora," lo interrumpí, mi tono firme mientras señalaba el teléfono. "O lo contestas, o lo hago yo. Y te prometo que mi paciencia se está acabando."

El tipo dudó por un momento, pero finalmente asintió con la cabeza temblorosa. Sacó lentamente el teléfono de su bolsillo, sus dedos temblando mientras deslizaba la pantalla para contestar. Se lo llevó al oído, sus ojos fijos en el suelo mientras hablaba con voz apenas audible.

"¿H-Hola...?"

El tipo apenas había respondido cuando una voz vibrante y exagerada resonó desde el teléfono, cortándolo antes de que pudiera articular algo coherente. "¡Ah, pero qué momento tan maravilloso para hacer una llamada!" exclamó la voz, llena de una energía extraña y desbordante. "Permítanme presentarme... soy Hiroto Minaka, el brillante presidente y fundador de MBI. Un genio incomparable, creador del glorioso Plan Sekirei. ¡Y ahora mismo tengo el privilegio de dirigirme al misterioso individuo que acompaña a nuestra estimada Akitsu!"

Mis ojos se entrecerraron al escuchar mi mención directa. ¿Cómo demonios sabía sobre mí? Miré al tipo del teléfono, quien lucía tan confundido y aterrado como yo. Akitsu, a mi lado, seguía imperturbable, pero podía sentir que estaba atenta.

"Supongo que ese soy yo," dije finalmente, cruzando los brazos mientras miraba el teléfono con desconfianza. "¿Qué quieres?"

"¡Ah, directo al grano! Me gusta tu actitud," continuó Minaka, su voz un equilibrio extraño entre teatralidad y desdén. "Verás, joven amigo, tengo la costumbre de mantener un control absoluto sobre lo que ocurre en esta ciudad. Cuando alguien nuevo aparece sin invitación, me gusta saber quién es y qué intenciones tiene. Llámalo curiosidad científica."

"Genial," respondí con sarcasmo. "¿Y qué tiene que ver conmigo? No estoy interesado en tu 'plan' ni en lo que sea que estás tramando."

"Oh, pero eso es lo más interesante," replicó, una risa ligera escapando de él. "Querido amigo, nadie que pise esta ciudad está fuera del Plan Sekirei. Te lo explicaré, ya que pareces estar un poco perdido: las Sekirei son guerreras excepcionales, diseñadas para luchar hasta que solo quede una. ¡El campeón! Su Ashikabi, su compañero, comparte esa victoria y, por supuesto, obtiene una recompensa que solo un genio como yo podría ofrecer."

Mi mandíbula se apretó ligeramente mientras procesaba sus palabras. "¿Y si no quiero participar?" pregunté, mi tono gélido.

"Ah, ahí está la gracia del asunto," dijo Minaka, sonando deleitado. "Si decides ignorar las reglas, será una pena... porque no tendré más opción que silenciarte y eliminarte. ¡No hay espacio para espectadores en mi glorioso torneo!"

Mis dedos se tensaron alrededor de la pistola que aún sostenía, pero mantuve mi postura. "¿Y qué pasa con Akitsu? Ella no parece estar en condiciones de participar."

"Ah, pobre Akitsu," respondió Minaka, su tono cambiando ligeramente a algo más burlón. "Como sabes, ella no puede ser alada. Fue descartada, un error de nuestro sistema. ¡Una lástima, realmente! Sin embargo... debo admitir que me gusta tu actitud. Así que, como muestra de mi magnanimidad, haré una excepción. Tú y Akitsu pueden participar como una pareja especial. Llamémoslo... una indulgencia del gran Hiroto Minaka."

"¿Y por qué harías eso?" pregunté, mi desconfianza evidente.

"Porque me agradas," respondió con una risa triunfal. "Y porque creo que tienes potencial. Oh, pero claro, necesitarás recursos para sobrevivir en este mundo... así que, querido Ashikabi, me permitiré otro acto de bondad."

Minaka se dirigió entonces al tipo del teléfono, quien seguía temblando en el suelo. "Tú, mi estimado perdedor, haz algo útil por primera vez. Dale tu tarjeta de crédito MBI al nuevo participante. ¡Déjalo disfrutar de las infinitas riquezas que tengo a mi disposición!"

"¿Qué?" exclamó el tipo, con una mezcla de incredulidad y miedo. "¡Pero yo la necesito!"

"¡Silencio!" tronó Minaka, su tono tan afilado que incluso yo me tensé. "¿Qué es una tarjeta comparado con mi benevolencia infinita? ¡Nada! Así que sé obediente y entrégasela."

El hombre no tuvo más remedio que sacar una tarjeta negra y dorada de su bolsillo, extendiéndola hacia mí con manos temblorosas. La tomé, aunque no sin una pizca de duda.

"¡Ah, qué maravilloso!" exclamó Minaka con entusiasmo. "Ves, soy un presidente generoso, un filántropo sin igual. ¡Deberías considerarte afortunado, joven Ashikabi, de recibir mi favor!"

"Lo que sea," respondí, guardando la tarjeta en el bolsillo con desgana. Este tipo no me inspiraba confianza, pero no estaba en posición de rechazar recursos. Sin embargo, algo seguía rondando mi mente, así que decidí aprovechar para obtener más información.

"¿Qué pasa con los Sekirei eliminados?" pregunté, mi tono directo mientras fijaba la vista en el teléfono.

"Ah, excelente pregunta," respondió Minaka con su característica energía desbordante. "Los Sekirei eliminados son simplemente... resguardados. Es decir, se les retira del campo de batalla y se mantienen en nuestras instalaciones para su preservación. ¡No se desperdicia nada aquí en MBI! Los Sekirei son demasiado valiosos como para desecharlos, incluso cuando ya no pueden luchar."

Al escuchar esto, el tipo que sostenía el teléfono dejó escapar un sollozo, esta vez diferente. Sus lágrimas no eran de miedo, sino de alivio. "¿Eso significa que... ella está a salvo? ¿Que mi Sekirei no será... eliminada?"

"¡Por supuesto!" exclamó Minaka, como si fuera obvio. "¿Qué clase de genio sería yo si permitiera que algo tan valioso como un Sekirei se desperdicie? Ella estará bien cuidada, te lo aseguro."

El tipo comenzó a llorar abiertamente, cubriéndose el rostro con las manos mientras repetía entre sollozos: "Está bien... está bien... está bien..."

Ignoré sus lágrimas y me centré en lo siguiente. "¿Y qué pasa con los Ashikabis que pierden a sus Sekirei?"

"Ah, ellos," respondió Minaka con una nota de despreocupación en su voz. "Nada demasiado dramático, te lo aseguro. Pueden seguir con sus vidas normales, siempre y cuando respeten un acuerdo de confidencialidad. Después de todo, no queremos que los secretos del Plan Sekirei se filtren al público. Pero más allá de eso, no hay consecuencias directas para ellos."

"Conveniente," murmuré, aunque no estaba seguro de cuánto creía en su versión. Algo en su tono me hacía pensar que no estaba diciendo toda la verdad, pero decidí seguir adelante.

"¿Y qué pasa con los ganadores del Plan?" pregunté finalmente, mi mirada fija en el teléfono. "¿Qué es lo que realmente obtienen?"

"¡Ah, el gran premio!" exclamó Minaka, su entusiasmo alcanzando un nuevo nivel. "El ganador del Plan Sekirei obtiene la oportunidad de realizar un deseo. Cualquier cosa que deseen, dentro de los límites de lo posible, claro está. Ya sea riqueza, poder, o algo más personal, MBI hará todo lo que esté en su poder para concederlo. ¡Es el sueño de cualquier participante!"

"¿Un deseo?" repetí, mi voz cargada de escepticismo. "¿Y cuál es el truco? Porque todo esto suena demasiado bonito para ser verdad."

"¡Oh, joven Ashikabi, siempre tan desconfiado!" respondió Minaka con una risa ligera. "No hay truco, te lo aseguro. Todo es parte de mi visión, un experimento magnífico para empujar a los Sekirei y sus Ashikabis más allá de sus límites. Claro, el camino no es fácil, pero el premio al final vale la pena. ¿No estás de acuerdo?"

No respondí de inmediato, mi mente trabajando para procesar toda la información. Nada de esto tenía sentido para mí, pero una cosa era clara: este "juego" estaba lejos de ser simple o justo.

"Ah, pero mi generosidad no siempre es gratis," dijo Minaka con una sonrisa audible en su tono.

Fruncí el ceño. "¿Qué quieres decir con eso?" pregunté, pero su respuesta no llegó de inmediato. En cambio, el tipo frente a mí comenzó a temblar de nuevo, sus ojos moviéndose frenéticamente entre mí y el teléfono.

Sin pensarlo mucho, le quité el teléfono de las manos, llevándomelo más cerca para escuchar con claridad. "Habla claro," exigí, manteniendo mi tono firme.

La risa de Minaka resonó a través del altavoz, más exagerada que nunca. "Ah, joven Ashikabi, siempre tan impaciente. Muy bien, seré directo. ¡Desde este momento, eres el enemigo público número uno del Plan Sekirei! He decidido que los demás participantes sepan exactamente quién eres... y con ello, comienza la cacería."

Antes de que pudiera responder, un sonido en el teléfono llamó mi atención. Un mensaje había llegado. Fruncí el ceño mientras bajaba la vista a la pantalla. Al abrirlo, vi una foto mía y de Akitsu, capturada en algún momento sin que me diera cuenta. Bajo la imagen, un texto en letras llamativas decía:

"Recompensa: Pase VIP de no eliminación. Perdón garantizado para el equipo que los derrote."*

Apreté los dientes con tanta fuerza que sentí un dolor en la mandíbula. La rabia comenzaba a bullir dentro de mí, pero antes de que pudiera decir algo, Minaka continuó, aparentemente deleitándose con mi reacción.

"¡Oh, pero no te preocupes demasiado! Esto es solo una pequeña prueba, un juego dentro del juego. Estoy seguro de que un hombre como tú sabrá cómo manejarlo. ¡Buena suerte, joven Ashikabi! La necesitarás."

La llamada terminó abruptamente, dejando solo el eco de su risa en mi mente. Bajé el teléfono lentamente, mis manos temblando de rabia contenida.

En una mansión lujosa, un hombre de cabello rubio y vestimenta ostentosa soltó una carcajada al leer el mensaje. A su alrededor, varias mujeres lo observaban en silencio, esperando su respuesta. "Esto será... interesante," dijo con una sonrisa confiada, mientras una de las mujeres de cabello oscuro cruzaba los brazos, claramente impaciente.

En una pequeña habitación llena de pantallas y tecnología avanzada, una mujer pelirroja con gafas ajustó sus lentes mientras veía la notificación. "Jason Todd, ¿eh? Esto será interesante," dijo en voz baja, mientras su mirada astuta se fijaba en la imagen.

En un campo desolado, una mujer alta con cabello negro y una katana descansando sobre su hombro sonrió al ver el mensaje. "Esto sí que será divertido," dijo con voz suave pero cargada de intención. Sus ojos brillaban con anticipación mientras caminaba hacia la oscuridad.

"¿Qué demonios significa esto?" murmuré, guardando el teléfono mientras trataba de procesar lo que acababa de pasar. Mi respiración era pesada, y podía sentir cómo la rabia se acumulaba en mi pecho. Este tipo, Minaka, no solo me había puesto en el centro de su maldito juego, sino que ahora había hecho de mí un blanco para todos los demás.

"Ah... estamos en peligro," dijo Akitsu, su tono calmado pero con un leve matiz de preocupación. Ella se mantuvo cerca, como si estuviera esperando cualquier orden de mi parte.

"¡Hijo de perra!" grité, mi voz resonando en el callejón mientras la rabia me consumía. Sin pensarlo, giré y descargué un golpe directo contra la pared cercana. El impacto fue suficiente para dejar una grieta visible en el concreto, pero el dolor que se disparó por mis nudillos no hizo más que avivar mi frustración.

El tipo del teléfono, al ver eso, dejó escapar un grito ahogado. Sin perder un segundo, se levantó torpemente y salió corriendo del callejón, mirando hacia atrás como si temiera que lo fuera a perseguir. No me molesté en detenerlo. Ahora mismo, él era lo último en mi lista de preocupaciones.

Sentí una mano cálida sobre la mía. Bajé la mirada y vi a Akitsu, quien sostenía mi puño con delicadeza. Su expresión era tranquila, como siempre, pero había un toque de preocupación en sus ojos mientras limpiaba la sangre que corría por mis nudillos abiertos.

"Ah... te lastimaste," dijo en su tono pausado, como si estuviera señalando un hecho evidente. Con movimientos cuidadosos, usó una esquina limpia de la bata que llevaba para limpiar la sangre.

El simple acto, tan pequeño pero tan considerado, logró calmar la tormenta en mi mente. Respiré hondo, sintiendo cómo la rabia comenzaba a disiparse. Una sonrisa leve pero genuina se formó en mi rostro mientras la miraba. "Gracias," murmuré, mi voz más suave ahora.

Ella levantó la vista hacia mí, sus ojos tranquilizadores sosteniendo los míos por un momento antes de asentir ligeramente. "Ah... no hay problema," respondió mientras soltaba mi mano con cuidado.

Respiré hondo una vez más, recomponiéndome. "Vamos," dije finalmente, mirando hacia la salida del callejón. "Es hora de seguir moviéndonos. Tenemos mucho de qué preocuparnos, pero quedarnos aquí no va a ayudarnos."

Akitsu asintió sin decir nada más, siguiéndome en silencio mientras salíamos juntos del callejón y nos adentrábamos nuevamente en las sombras de la ciudad.