Una vez que terminó de explicarles el plan, los dos jóvenes entraron al baúl.

—Esta es la oportunidad perfecta. Estén listos —fue lo último que les dijo mientras Orfeo los veía acomodarse dentro del mismo.

—¿De verdad tenemos que ir hasta Judecca desde la Segunda Prisión aquí dentro? ¿No podemos pelear con espectros en el camino? —habló Seiya teniendo cuidado de donde acomodar sus enormes hombreras.

—No podemos permitirnos que alguien salga huyendo y se corra la voz.

—Pero para eso tenemos la cadena de Shun —contestó Seiya. —Si alguno se va podemos atraparlo con ella.

—Sí, pero es un riesgo que podemos tomar.

—No estoy seguro Seiya, Orfeo conoce mejor el inframundo que nosotros. Creo que deberíamos hacer lo que él nos dice — objetó Shun.

—Es mejor que nos vean los menos espectros posibles —añadió Orfeo. —Si alguien nos llega a ver a nosotros, pero nosotros no a él podríamos estar en problemas.

Resignado, suspiró y se terminó de acomodar, indicándole a Shun que se podía meter con él.

—Creo que puedes recostarte sobre mis hombreras así no quedamos pies con cabeza. —dijo, sorprendido por la naturalidad con la que salieron sus palabras, dado a su nerviosismo que aumentaba gradualmente.

—¿Estás seguro? —preguntó ligeramente apenado, cosa que Orfeo notó, pero no les dijo nada.

Entró al baúl y con la guía de los otros dos se acomodó de forma que recargó su cabeza sobre la dura y fría armadura con uno de sus brazos sobre el torso de su amigo y el otro chocando con el baúl.

—¿No te estoy estorbando yo con mis hombreras? —preguntó Shun.

—No, todo bien.

Orfeo vió como ambos jóvenes se mostraban incómodos por la situación. —Si van a hablar susurren, solo asegúrense de que nadie más los escuche. —Al decir eso se alejó y regresó con flores, las cuales dejó caer por sus pies.

Mientras Orfeo llenaba el baúl con las flores del jardín de la Segunda Prisión ambos chicos bromeaban entre ellos al no tener nada más que hacer. Veían como el baúl se llenaba de más y más flores, así que optaron por aprovechar el momento tranquilo antes de tener que entrar a las mandíbulas del tiburón.

Una vez que llegó el momento de cubrir sus rostros les dio una última advertencia: —¿De verdad quieren hacer esto? ¿Están preparados?

Ambos muchachos lo miraron y asintieron.

—Estamos seguros —le contestó Seiya.

—Está bien. Tápense la cara —y recorrió la pila de flores que había hecho sobre sus pies hacia sus rostros. Una vez anivelo las flores, cerró el baúl, dejando al par en su oscuridad.

—Iré con cuidado —y al decir esto los levantó del suelo y empezó a caminar. —¿Todo bien hasta ahora? Golpeen dos veces la caja.

Dentro, Seiya miró a Shun para confirmar, este asintió y una vez confirmado, Seiya golpeó el baúl con el dedo tal como le habían indicado.

—-Perfecto, si ya estamos todos bien caminaré sin detenerme.

Seiya volvió a golpear el baúl asegurándole que todo bien.

Fue así que empezaron a moverse, con Seiya y Shun dentro del baúl, esperando al momento que tuvieran que salir.

"Solo un poco más y esta guerra santa habrá terminado" pensó Seiya. "Podremos volver a casa, junto con Saori, y podré buscar a mi hermana… Me pregunto qué querrá hacer Shun." Enfocando sus ojos, buscó su mirada esperando que no le cayera nada en los ojos.

Al sentir el movimiento, Shun volteó a verlo.

—¿Seiya? —susurró.

Parte del nerviosismo de Pegaso se desvaneció al cruzar miradas. Había escuchado como le elogiaban su apariencia en ocasiones, pero en su opinión lo que más impacto tenía eran sus ojos. "¿Alguna vez le habrán dicho eso?" se preguntó internamente.

—¿Seiya? —le volvió a preguntar Shun. —¿Esta todo bien?

—¿Eh? Sí. Todo bien —se disculpó, avergonzado por haberse perdido por un momento.

Volvió a cruzar miradas con su amigo, quien lo veía preocupado y con esos ojos no le podía ocultar nada.

—Vamos a ganar esta batalla —le aseguró para confortarlo.

—Sí, por Athena y por la Tierra.

Tal carga no era tan pesada al compartirla con sus amigos, por lo cual agradecía que Shun estuviera con él. Si bien, no dudaría en confiarle su vida a cualquiera de sus amigos, desde que habían peleado contra Poseidón las cosas con Shun específicamente, habían cambiado. De qué forma no había estado seguro. No hasta aquel momento. A tan solo unos momentos de ir a enfrentarse contra el mismo Hades, ante la ansiedad y anticipación por lo mismo, aquello que lo calmaba más que otra cosa no eran las flores. Eran aquellos ojos verdes que lo miraban con enorme cariño y comprensión. Aquel que lo protegía sin importar las idioteces que hiciera, sin importar su impulsividad y a quién protegería testarudamente sin importarle que él también pudiera protegerse sin problemas. Lo hacía porque quería.

Sin pensarlo, apartó un mechón de aquel rostro. Sintiendo por un segundo la tentación de descansar sus dedos sobre su mejilla, pero quitando su mano rápidamente. Sintiendo el temor de haberse delatado sin conocer los sentimientos de su mejor amigo.

"¡Genial! Justo ahora tengo que arruí-" interrumpe sus pensamientos en cuanto Shun toma su mano en la suya. Ambos miran como las entrelazan y estrujan ligeramente. Al volver a cruzar sus miradas, unas enormes ganas de besarlo se apoderan de él, aunque sea solo esa vez, pero la posición en la que están se las hace un poco difícil, no solo eso, al momento que se mueven les caen pétalos y demás cosas en la cara.

Determinado, Shun se mueve de forma que queda sobre Seiya y aprovecha a mirarlo a los ojos una última vez, como preguntando si de verdad van a hacer esto.

Seiya, convencido lleva una mano a su mejilla y lo dirige a sus labios. Shun, por su parte, se deja guiar por él. Y a pesar del movimiento del baúl, la presión es suave, el tacto es gentil, pero la posición de sus labios y sus cuerpos es incómoda. Como sea, al menos están rodeados por el olor de las flores.

Es hipnotizante, le hace sentir nervios distintos a los de hace unos momentos, pero eso no importa, está encantado y contento en ese hechizo.

Se separan y alinean bien sus labios para hacerlo una segunda vez, teniendo muy presente lo mal posicionados que estaban en el primero. Una vez que se separaron Shun recargó su frente con la de Seiya, haciendo que sus cascos chocaran.

Seiya rió entre dientes, intentando contenerse.

—Oye, Shun.

—¿Sí?

—¿Qué deberíamos hacer una vez que terminemos esta Guerra Santa?

Pareció pensarlo un poco y besó a Seiya una vez más en respuesta.

Intentó no reírse otra vez.

—Aparte de eso.

—Sinceramente no sé. Creo que con que estemos juntos, cualquier cosa que hagamos estará bien conmigo —le sonrió.

—Está bien, lo pensaremos mejor cuando salgamos de esta.

—Sí —le contestó, imitando la sonrisa tan resplandeciente de Pegaso.

No se movió de cómo estaban y Seiya pensó que iba a bajar a besarlo otra vez, pero pronto notó que ese no era el caso.

—¿Qué sucede?

—Creo que no podré regresarme a como estábamos sin aplastar el montón de flores.

Esta vez salió una risa de Seiya, la cual prontamente se cayó.

—¿Todo bien ahí adentro? —preguntó Orfeo desde afuera.

—Orfeo, vamos a necesitar que abras el baúl —dijo Seiya sonriendo de oreja a oreja.

—Qué pena —susurró Shun.

—El amor es algo muy hermoso. Si hay un buen momento para declararlo ahora es cuando.

Al escuchar eso, ambos muchachos se sintieron morir de la pena.

Shun, quien se había tapado el rostro con los dedos, abrió los ojos para mirar a Seiya, esperando que dijera algo.

"No puedo arrepentirme de nada, estoy seguro de que lo haría otra vez" pensó y besó la mano de Shun mientras Orfeo abría el baúl.

—Anda, acomódense bien esta vez —les indicó mientras ambos chicos evitaban su mirada, apenados por ser descubiertos.