Era un día lento. Lento y caluroso, por lo tanto, Shun optó por quedarse dentro de su florería estudiando su libro de lenguaje de las flores. Era un libro chico y grueso, y si bien, no todos pedían un ramo con un significado especial, quería estar listo en caso de que apareciera uno.

Su hermano había salido en la mañana y no regresaría hasta la noche, dejándole la tienda a él solo todo el día. No tenía problema con eso, solo hacía más tedioso y aburrido cuidar del local.

Estaba releyendo distraídamente el significado de las gardenias por tercera vez cuando levantó la cabeza y se encontró con un muchacho de su edad que lo veía desde fuera. Nervioso, aquel chico bajó la mirada.

Normalmente, no le pondría mucha atención, si era un cliente entraría y si no se iría caminando, lo normal.

"Aunque… ¿no he visto a ese chico antes?" se preguntó, ignorando su libro y volteándolo a ver otra vez, solo para ver que ya no estaba ahí. "Supongo que no…"

Pasaron unas cuantas horas más y para entonces el cansancio de esperar a gente en un día caluroso lo comenzaba a abrumar. Pero todavía le quedaban tres horas más. Para este punto, el libro se encontraba abandonado en el mostrador mientras dibujaba un espiral con cadenas en las páginas traseras del cuaderno de cuentas, con aquel joven ocupando sus pensamientos.

"Cargaba una mochila y se veía… cansado, más de lo que yo me siento ahora."

La campanilla de la puerta sonó, sobresaltándolo.

—Buenas tardes, ¿qué se le ofrece? —saludó, y cuál fue su sorpresa cuando descubrió que era el muchacho de antes.

Él miró con curiosidad la tienda, con los estantes llenos de flores primaverales: anemonas, claveles, prímulas, lirios, jacintos entre otras más.

—Buenas tardes… —fue entonces que sus ojos se redirigieron a los no-me-olvides en maceta que estaban en la ventana.

—¿Buscaba algo en especial? —usualmente, cuando un comprador entraba tenía a alguien en mente, usualmente por un evento. Ya sea una pareja por algún aniversario, o los populares días festivos dedicados a eso, era más raro aún cuando alguien entraba solo a ver.

El muchacho pareció titubear por un segundo. ¿Estaría armándose de valor para pedir flores para su novia? Tal vez era su primer mesiversario y titubeaba por eso mismo.

—¿Puedo hacerte una pregunta? —preguntó el extraño.

—Sí, claro.

—¿De casualidad has visto a una chica con cabello castaño y ojos cafés? ¿alguna chica que se parezca a mí un poco?

Shun pensó por un momento, pero la descripción era muy amplia.

—¿Recuerdas que vestía? Así como me lo dices es muy vago.

La mirada del chico decayó.

—No, hace años que no la veo. Nos separamos de niños y desde entonces la he estado buscando, pero no importa a donde vaya no tengo suerte.

—Lamento mucho escuchar eso, espero que la encuentres pronto.

—Yo también, lo único bueno de esto es que me ha tocado viajar.

—¿Viajas mucho?

—Algo. —Fue entonces que empezó a hablarle de sus varios viajes. Resultaba que había viajado desde Japón, su separación con su hermana de alguna forma u otra lo había llevado a Grecia, tramo que en su mayoría hizo gracias a favores de otras personas, y así fue como Seiya (eventualmente se presentó) había llegado a Atenas. —Aunque tú… no sé, siento que te he visto en algún lado.

—Pasaste por aquí hace unas horas.

—Sí, pero también pensé eso en aquel momento.

—Hmm, ¿cuánto tiempo dices que tienes aquí en Atenas? —preguntó Shun.

—Dos semanas.

—¿Tal vez mientras he hecho entregas? Voy en una carreta.

Seiya cruzó los brazos buscando en su cabeza algún recuerdo similar pero no parecía encontrar nada así.

—Tal vez, pero no que se me ocurra.

Intentó pensar en algo, su cabeza descartaba las posibilidades con casualidad cuando algo lo hizo detenerse. "¿Una promesa?" La posibilidad flotaba en los confines de su mente como una telaraña vieja en el aire. Era una posibilidad frágil y casi imperceptible.

Se forzó a regresar al mundo real solo para darse cuenta de que Seiya estaba mirándolo atentamente.

"¿Me habrá hablado mientras pensaba?" pero igual que hace unas horas, quitó la mirada. "Qué extraño. ¿Acaso está apenado por algo?" —Seiya, —lo llamó. —¿todo bien?

—¿Puedo decirte algo? Si no te gusta puedes correrme, pero creo que sé…

Confundido, decidió responder solo a la primera pregunta: —Esta bien. —curioso de qué es lo que podría decir que lo haría que lo corriera.

Lo que procedió fueron unos extraños minutos de Seiya hablando sin decir nada, iniciando una oración para luego acobardarse y cerrar la boca, solo para repetir sus acciones. Shun en su infinita paciencia lo veía con su confusión creciendo más con cada oración dejada a medias. Y la confusión parecía estar tatuada en cada centímetro de su rostro porque Seiya suspiró, calmándose un poco y finalmente diciendo lo que quería.

—Creo que alguna vez quise besarte.

Fue entonces que a Shun le tocó evitar la mirada de Seiya.

—Perdón, suena extraño, pero… lo sé…

—Eso es… ¿es una línea que le dices a todos los chicos? —preguntó cubriéndose el rostro con su mano, fluctuando su mirada entre Seiya y la pared.

—¡Nunca he dicho eso antes, en mi vida! ¡Es más, nunca me ha gustado un hombre antes, pero tú… Es como si… —Shun lo esperó expectante, sin moverse en absoluto. —…Es como si te hubiera visto en mis sueños y te encontrara en vida.

—¿Seguro que no haces esto con otros chicos? —preguntó Shun con el rostro completamente cubierto.

—¡No sé cómo más explicarlo! —chilló. —Esta bien, me iré. —dijo, derrotado y apenado, con el rostro completamente colorado.

—¡No, espera! —lo detuvo antes de que pudiera levantarse del banquillo que le había proporcionado Shun. ¿Pero qué le diría siquiera? Siguiendo más sus instintos que la razón, lo tomó de la muñeca y lo guio a la habitación trasera, en el rincón más escondido de la habitación, donde tenían rosas, girasoles y tulipanes.

—Nunca he besado a nadie antes —confesó Seiya —. Siempre me pareció tener cosas más importantes.

—Yo tampoco, solo nunca me había gustado nadie.

—¿Eso quiere decir que te gusto yo? —le sonrió el forastero.

—Quiere decir que creo en tu sueño.

—Pero tendré que irme después de esto, debo seguir buscando a mi hermana.

—¿Te volveré a ver?

—Lo prometo. —Ahí estaba otra vez, la promesa, recordándole a la frágil telaraña de su anterior confesión.

El beso fue tierno, emocionándolos a ambos que no sabían que esperar. Era extraño sentir como algo tan nuevo encajaba tan bien en sus vidas. Se separaron, sorprendidos aún por la impulsividad de sus acciones. Seiya, besando a un chico que acaba de conocer y Shun confiando en un chico que nunca había visto antes en su vida.

A lo lejos se escuchó como alguien cerraba una puerta.

—Ese ha de ser mi hermano. —susurró Shun, con su frente recargada en la de Seiya.

—Deberíamos salir de aquí entonces.

—Sí.

Se miraron a los ojos por un momento, considerando un segundo beso, pero el momento ya había pasado. La llegada de un tercero los había devuelto al mundo real, destrozando la fantasía que se construyeron por unos cuantos minutos.

Regresaron al mostrador, donde Seiya había dejado sus pertenencias.

—Bueno yo… debería irme —dijo, pero no parecía convencido. —Creo que te he entretenido demasiado —sonrió mirando la tienda vacía.

—No me entretuviste, no vino nadie —rio.

—Tú lo dijiste, no yo —se despidió, quedándose en la entrada por unos momentos más, memorizando las facciones de Shun. Con una última sonrisa se despidió finalmente y se fue, faltándole solo una hora para cerrar la tienda.

"Se veía triste."

En ese instante entró Ikki, escuchando la campanilla.

—¿Qué tal nos fue hoy? —preguntó.

—No compró nadie —dijo.

Ikki suspiró. —Mañana nos irá mejor.

Uno por ahora.

¡Seiya!

Yo también quiero besarte, pero tenemos que salvar a Saori primero.

Ja ja ja.

El segundo será después de que todo esto termine.

Es una promesa.

Tuvo un sueño borroso aquella noche, el tipo de sueño que te agarra y por más que te despiertes no te suelta, como el de una fiebre. Lo malo es que no recordaba de qué trataba. Lo que recordaba era el beso del día anterior, estuvo pensando en él el resto del día, así que era lógico que soñara con él. Lo confuso era lo demás que había olvidado. Recordaba rastros, una mano sobre la suya, estrujándola, alguien sujetándolo mientras estaba herido, preocupado por él, y la calidez de un guerrero apasionado, imparable, pero también una risa juguetona, alguien en quien podía confiarle su misma vida.

—¿Seguro que no tienes fiebre? —le preguntó Ikki durante el desayuno, notando lo distraído que se encontraba Shun.

—No, estoy bien, hermano.

Abrió la puerta del local y se encontró una prímula color rosa atada con un papel de una libreta.

Tengo que seguir buscando a mi hermana Seika, pero en cuanto la encuentro regresaré. Te lo prometo.

-Seiya

Tomó la prímula en sus manos y sonrió, guardándose la nota en uno de los bolsillos de su pantalón.

"Hasta que nos volvamos a ver, Seiya."