CAPÍTULO XVII. Confringo.

Sábado 06 de abril, 2002. 04:32 pm

El paseo por el jardín culminaba en una gran carpa decorada con motivos florales, donde a los invitados los esperaba un elegante servicio de té y pastelillos. En el fondo, una música suave creaba un ambiente acogedor que permitía que todos conversaran sin necesidad de elevar la voz.

Draco, quien apenas había comido algo ese día, dejó el vaso de jugo de calabaza que le habían dado al inicio y se sirvió un poco de té, más que nada para tener algo en la mano que no evidenciara su nerviosismo. Daphne se acercó con su hijo Charlie, y tomó una galletita de naranja para el niño, quien la recibió gustoso.

—Tu ahijado quiere que lo cargues —le dijo Daphne con una sonrisa traviesa, pasándole al bebé de año y medio que disfrutaba palmearle las mejillas con sus deditos siempre húmedos, aunque era mejor no pensar en eso, mientras él exageraba una mueca de dolor, fingiendo que el niño lo lastimaba. Esto provocaba unas tremendas risotadas en el pequeño.

—Yo diría que la madre se cansó de llevarlo de la mano. ¿Dónde quedó su honorable padre? —preguntó Draco con sarcasmo, girando la cabeza para buscar a Theo en el jardín.

—Con el mío en el invernadero. Algo del laboratorio, o qué sé yo. Pero para eso Charlie tiene a su padrino Dago.

Dago, Dago —repitió el niño con entusiasmo, intentando quitarle el sombrero.

—Ya te he dicho que es D-rrrr-aco —dijo Draco sin éxito, pues Charlie seguía repitiendo el nombre a su modo. El pequeño, tras lograr tirar el sombrero, comenzó a reír aún más, aprovechando para despeinarlo.

—No insistas, no lo logrará todavía —advirtió Daphne para luego tomar un poco de jugo de calabaza con una sonrisa.

—Mucho menos si tú también insistes en pronunciarlo mal —se quejó Draco frunciendo el ceño mientras recogía el sombrero del suelo.

—Es muy divertido verte corregirlo. Serías un buen padre, Dago —dijo Daphne con una sonrisa pícara, guiñándole un ojo antes de darle un mordisco a un pequeño pastel de carne.

—No entiendo esa manía tuya querer verme casado, y ahora con hijos —refunfuñó con cansancio.

—Solo quiero que algún día encuentres la felicidad, casado o soltero, me da igual, pero que seas feliz —respondió con tono cariñoso, acariciando las mejillas que antes su hijo había palmeado—. Y por lo que he notado, no lo eres.

—No creo que me llegue a casar… —dijo desviando la mirada hacia donde había visto a Hermione momentos antes, gesto que no pasó desapercibido para su amiga.

—¿A quién buscas? —preguntó ella con un toque de malicia en la voz.

—A nadie… A mis padres —se corrigió con premura, intentando sonar convincente.

—Sí… claro, y yo te creo.

—Mira, Daphne, no empecemos… —advirtió Draco en tono amenazador.

—No te enojes conmigo, ya sabes que te amo.

Daphne besó su mejilla y tomando al niño entre sus brazos, se dirigió hacia Theo, quien se acercaba a toda prisa. Draco se acomodó el cabello y volvió a colocar el sombrero de copa para reanudar su búsqueda… de nuevo…

Observó los carruajes tirados por caballos decorados con flores, destinados para quienes quisieran dar un paseo por los extensos jardines y poder así disfrutar mejor del paisaje primaveral, pero solo reconoció a los Potter y a algunas señoras que trabajaban en el departamento de Justin. Más allá, una zona del jardín estaba habilitada para jugar críquet, mientras que otra ofrecía juegos de pelota y pequeñas escobas para los niños, las cuales estaban encantadas para volar a baja altura y a una velocidad muy controlada. En ninguno de esos lugares encontró a Hermione, y Draco empezaba a desesperarse.

Estaba a punto de aparecerse de regreso en Malfoy Manor cuando la divisó, al fin, en un gazebo de pilares de piedra cubiertos de enredaderas en flor, con una vista espectacular de los jardines y la majestuosa mansión al fondo. Estaba completamente ensimismada en sus pensamientos y no se percató de su presencia, por lo que Draco se detuvo unos minutos observándola desde la distancia, sin poder creer en su suerte al encontrarla sola, en un lugar aislado y hermoso.

Con el corazón latiendo con fuerza, Draco se acercó despacio. Cuando estaba a pocos pasos, se aclaró la garganta suavemente para no asustarla. Hermione se giró hacia él, y en ese instante sus miradas se encontraron. Ambos en silencio, el tiempo y todo lo que los rodeaba pareciendo disolverse para ser solo ellos dos. Ella estaba hermosa, y Draco deseó tomarla entre sus brazos y besarla, transmitirle de esa manera todo lo que nunca había dicho; pero no podía hacerlo… No si ella ya no lo quería cerca.

—Hola —dijo Draco al fin, su voz temblando un poco a tiempo que se quitaba el sombrero y lo colocaba sobre la baranda del gazebo.

—Hola… —susurró Hermione sin apartar la mirada de su rostro. La tensión era palpable en el ambiente, y su corazón parecía que de un momento a otro iba a detenerse. Sabía que tenía que aprovechar la oportunidad que había estado buscando para hablar de sus sentimientos de una vez por todas.

—Yo… —empezó, reuniendo valor en cada fibra de su ser— quería verte… Granger… No. Granger no. Hermione… —Había casi murmurado su nombre, como si fuera un secreto guardado por mucho tiempo.

Un leve rubor apareció en los pómulos de la joven, que lo miraba con algo de asombro, reacción que lo puso más nervioso.

—Draco… —susurró ella, extendiendo su mano para tocar su antebrazo izquierdo, algo que en otras ocasiones lo había tranquilizado casi de manera inmediata, y esta vez no fue la excepción.

El nudo que tenía en la garganta se disolvió y tomando la enguantada mano entre una de las suyas, se la llevó a los labios con fervor. Depositó un suave beso en sus dedos, un gesto que podía significar todo y nada según a como ella lo interpretara. Sus ojos seguían fijos en la pequeña mano, temiendo alzar la mirada y ver el rechazo en su rostro. Esperanzado por el hecho de que ella no se había separado ni había impedido su beso, volvió a aclararse la garganta y continuó.

—Sé que he sido un cobarde, Hermione. Hace dos años y medio pensé que estaba haciendo lo correcto alejándome… Alejándote… Ahora sé que me equivoqué… —Draco sentía su voz rota por el peso de sus propias palabras.

Alzó la vista para observar su reacción y Hermione lo estaba viendo con una mezcla de sorpresa, dolor y escepticismo. Había retirado su mano lentamente y había cruzado los brazos, como si necesitara protegerse de él, de todo lo que estaba escuchando.

—¿Por qué me dices esto ahora, Draco? ¿Qué pretendes? —Sus palabras estaban cargadas de furia contenida, y sus ojos se veían vidriosos, al borde de las lágrimas—. Me has estado evitando todo este tiempo, no respondiste mi carta. Tú… tú no sabes lo que eso… —se interrumpió para limpiarse una lágrima que había escapado—. ¿Qué te hizo cambiar de idea? ¿Qué haces aquí?

Lo estaba enfrentando otra vez a los ojos y él bajó la mirada, sintiendo cómo su pecho se apretaba, buscando las palabras para no sonar como un completo idiota, pero no había otra forma de decirlo. Solo la verdad podría salvarlo.

—Vi tu foto en El Profeta… —dijo bajando la mirada para que no leyera su frustración—. Estaban tomados de la mano, Granger, con él… con… —No podía ni decirlo. La expresión dura de Hermione lo puso en alerta.

—Ronald… —completó ella, con tono seco.

—Pudo haber sido cualquiera —dijo pasándose la mano por el cabello con desesperación—. Pero me golpeó como nada antes, Hermione. Creo que hubiera preferido que me atacaras con un Confringo aquella vez en Dunnottar antes que ver esa imagen. Sentir que de verdad te había perdido en ese momento… me destrozó.

Un pesado silencio se instauró. Hermione, quizá procesando sus palabras, a la defensiva aún más por él haber traído el tema de su rompimiento en el restaurante. Su mirada era una mezcla de incredulidad y tristeza.

—Así que me viste con alguien más y de repente te diste cuenta de lo que perdiste… Hasta hace una semana… —La voz de Hermione era afilada como una navaja—. ¿Qué me dices de todas las veces que me tocó verte con la chica Lestrange? —El reclamo lo dejó atónito—. ¿Crees que es así de simple, Draco? ¿De verdad estás acá sólo porque no soportas que Ron…?

—No, no es así —interrumpió con rapidez—, y comprendo muy bien que estés molesta, y que quizá ya es demasiado tarde y que tienes todo el derecho a odiarme. Con justa razón porque fui un canalla, lo admito. Pero nunca te lo dije, Granger, Hermione —corrigió de inmediato—. Y ahora lo sé, sé que sentía cosas muy fuertes en aquel entonces, que en todo este tiempo no he dejado de sentirlas y que fui un cobarde por no luchar por lo que teníamos.

Hermione tenía dolor en su mirada, y él se estaba quebrando por dentro por ser, una vez más, el causante de su tristeza.

—No es así de fácil, Draco. Te pedí que no me alejaras… —se le quebró la voz—. No me diste una opción. Y Ron…

—¿Él sabe? —la interrumpió temiendo la respuesta.

—No, nadie. Sabe que hubo alguien y que por eso nunca pude aceptarlo como algo más que un amigo. Y aún así, es quien ha estado todo este tiempo ahí para mí. No sé si puedo volver a confiar en ti de nuevo…

—Si tuviera un giratiempo…

—No seas ridículo —gruñó Hermione frunciendo el ceño, su mirada llena de fuego—. Eso no cambiaría nada.

—Tienes razón, no puedo cambiar el pasado, tampoco lo que dije. Soy un idiota y lo sabes, y aun así, hubo un tiempo en que tuviste fe en mí, en que quisiste estar conmigo. Estoy aquí ahora, Hermione, dispuesto a demostrarte que lo que siento por ti es real, es verdadero, y muy muy grande y profundo, sin importar mi apellido, ni mis padres, ni nadie más —dijo con desesperación acercándose un paso más hacia ella—. No me importa lo difícil que sea… dame una oportunidad de arreglar lo que rompí, por favor…

—¿Crees que con un Reparo lograrás juntar todas las piezas de lo que rompiste? —La ironía de que algo así había hecho hacía unos días con su oficina al ver la foto le punzó el corazón—. No es así como funciona la vida, Draco, ni siquiera con la magia…

Hermione había volteado para darle la espalda, pero él ya había visto sus lágrimas. Draco sintió una opresión en el pecho, y sin pensarlo dos veces, la giró con delicadeza y pasó los pulgares por su rostro. Sentir su suave piel bajo su tacto casi lo hizo gritar de alegría, a pesar del momento de tensión. El que ella no rechazara su cercanía le dio una chispa de esperanza, una confianza en sí mismo que creía perdida.

—Sé que tenemos una historia complicada, que yo te herí de todas las formas posibles, pero…

—Si de verdad estás dispuesto a luchar por mí, tendrás que demostrarlo —lo interrumpió con actitud decidida, sus ojos brillando con una mezcla de desafío y tristeza—. No sólo a mí, sino a todos mis amigos.

Draco sintió miles de estacas clavándose en su corazón. Eso era algo grande, enfrentarlos a todos. Pero lo haría, por ella lo haría todo.

—Lo haré, si es lo que quieres, lo haré. Haré todo lo que me pidas si con eso logro tu perdón. Lo haré si con eso tengo una esperanza.

Él se estaba inclinando. Deseaba limpiar con besos sus lágrimas, borrar con eso todo el dolor que le había causado. Pero ella dio un paso atrás, su expresión llena de conflicto.

—Yo… necesito un poco de tiempo… —Lo veía con gesto serio—. Tengo que pensar en todo esto… No puedo simplemente olvidar todos estos años, no es sólo volver atrás y seguir donde lo dejamos…

—No hay problema —dijo asintiendo y alejándose unos pasos también. Lo último que quería era presionarla. Su voz llena de miedo aún por el temor a perderla—. No quiero volver atrás sino seguir adelante, pero esta vez contigo...

Hermione le dio una mirada comprensiva, su expresión suavizándose un poco, esbozando una pequeña sonrisa antes de darse vuelta y empezar a alejarse. Draco la observó perderse entre los jardines, confundiéndose entre los invitados, sintiéndose dividido entre seguirla y la necesidad de respetar su pedido. No había imaginado el desenlace de esa conversación, pero siempre supo que ella no se lo pondría fácil.

Decidió reunirse con los demás; sin embargo, estaba ausente, sus pensamientos girando en torno a la conversación que habían tenido, ansiando ver alguna mirada en Hermione que le diera una esperanza, intentando leer en su rostro alguna señal, pero ella estaba rodeada de sus amigos y ni una sola vez lo volteó a ver.

A las seis, la señora Greengrass llamó a todos para el Banquete de Primavera en un salón de la mansión; después sería el brindis por el pedido de mano y luego, habría un baile. Draco no se sentía bien como para seguir oyendo risas y música alegre; el dolor en su pecho creciendo cada vez que la veía a lo lejos y no poder acercarse, abrazarla, besarla. Por eso prefirió retirarse de la fiesta luego de cenar, sintiendo que necesitaba su espacio también para reflexionar sobre todo lo sucedido, porque sentía que ahora sí había perdido a Hermione para siempre.

Se despidió de su madre alegando un fuerte dolor de cabeza, y empezó a caminar hacia el vestíbulo de la mansión, donde un elfo hizo aparecer su sombrero de copa y guantes. Se los colocó solo por formalidad y siguió su camino hacia el jardín con la idea de respirar un poco de aire fresco antes de aparecerse en su dormitorio. Ignorando todo lo que estaba a su alrededor, su mente distraída repitiendo una y otra vez «te pedí que no me alejaras».

De repente, sintió una mano que sujetaba la suya. Al voltearse, vio a Hermione, quien llevaba el bonete y los largos guantes en la mano izquierda. Ella tomó su rostro con la derecha, y sin preaviso, lo besó con desesperación, desbocándole el corazón. Tantas emociones reprimidas, tanto tiempo alejados, negando ese sentimiento, esa conexión tan intensa que compartían.

Hermione lo sostenía como si no quisiera dejarlo ir nunca más, así que él respondió aferrándose a su cintura como si temiera que se fuera a desvanecer de un momento a otro, disfrutando de ese beso que era una mezcla de urgencia y quizá dolor, pero después se transformó en ternura y pasión. Un beso que había estado añorando desde hacía tantos meses y que ambos parecían querer recuperar en pocos minutos.

No estaban muy lejos de la gente; puede que alguien estuviera siendo testigo del momento, pero nada de eso le importó. Eran solo ellos, sus latidos como si fueran uno solo, hasta que poco a poco fue bajando la intensidad y se separaron apenas un poco. Hermione, aún con las manos en su rostro, viéndolo a los ojos, susurró, su voz temblando.

—Por favor, Draco, no te vayas… He tratado de ser fuerte, de ignorar esto, pero no puedo… no puedo dejarte ir otra vez… Te amo… —Su piel se erizó y su corazón de nuevo se aceleró. El mundo estalló en miles de fuegos artificiales, y el calor que invadió su cuerpo al escuchar esas palabras lo reconfortó como nada lo había hecho antes. Nunca nadie, fuera de su madre o Daphne, le habían dicho que lo amaban, nunca ese tipo de amor que Hermione le ofrecía. Y entonces lo supo. Supo que también la amaba con todo su ser—. No quiero perder más tiempo sin estar juntos… Ya hemos perdido suficiente… —continuó ella con tono suplicante.

Sus ojos estaban llenos de lágrimas, pero sonreía con ternura y él, bajando por completo sus barreras, exponiendo su corazón frente a ella en ese lugar donde estaba reunida toda la comunidad mágica, acarició con suavidad su mejilla, vio con detalle su mirada brillante, llena de amor. Amor para él.

—También te amo… —apenas susurró, sorprendido consigo mismo por haberlo dicho en voz alta, siendo también la primera vez que se lo decía a una bruja. La besó, un beso diferente a otros, un beso suave, un beso que, anhelaba, fuera capaz de decirle cuánto la amaba, lo que no era capaz de decir con palabras. Cuando se detuvo, pegó su frente a la de ella—. Nunca quise irme, nunca debí alejarte… —confesó con una emoción que apenas podía contener.

Se miraron a los ojos, una esperanza naciendo una vez más, un silencio que estaba lleno de promesas no dichas, un futuro que empezaba a vislumbrarse entre las sombras de su pasado. Draco, sin apartar la mirada, la tomó con firmeza de la mano como si temiera que ella pudiera esfumarse, y le susurró que quería llevarla al lugar donde habían estado en la tarde. Ella asintió y, colocándose el bonete y los guantes, caminaron en silencio mientras el cielo reflejaba el atardecer en el rostro de ambos, sus emociones a flor de piel por lo que estaba por venir.

Una vez en el gazebo, Hermione dejó que su espalda descansara sobre una de las columnas de madera y le sonrió con complicidad. Draco se inclinó hacia ella y la besó de nuevo, suave, lento, esta vez con la seguridad de que no la perdería de nuevo, nunca más, porque viviría y respiraría solo para amarla, para siempre.

—Si me vuelves a lastimar, te mato, Draco Malfoy —le dijo con picardía luego de que se separaron otra vez, pero con la determinación de que no bromeaba—. ¡Es una promesa!

Él sonrió asintiendo, una sonrisa genuina, llena de alivio y alegría. Comenzó a susurrarle palabras de amor y promesas, cada una más firme que la anterior, para que no hubiera ninguna duda. Hermione le respondió con sus propios sentimientos, confesiones que llegaron profundo a su corazón.

Sabía que el camino por delante no sería fácil, pero en ese momento, todo lo que importaba era que estaban juntos en eso, listos para enfrentar lo que fuera. Así que, tomándola de la mano, se preparó mentalmente para lo que vendría.

—No podemos robarle protagonismo a Astoria y Justin —dijo con voz suave, como siempre, la voz de la razón—. Es su día.

—Aunque me encantaría ver el mundo arder —comentó encogiéndose de hombros y sonriendo con picardía—, tienes razón, es su día. ¿Qué sugieres?

—No quiero escondernos más… —dijo Hermione haciendo un pequeño puchero que le pareció encantador. Recordando a Theo a lo lejos, se le ocurrió una idea. Todo era que Theo se prestara a ayudarlo cuando le contara que él y Hermione habían vuelto.

—Creo que ya sé cómo… confía en mí, y… haz lo que Theo te pida.

—¿Theodore Nott? —preguntó con intriga—. ¿Él sabe que…? —dejó la pregunta en el aire, sonrojándose.

—Entre sus defectos está la suspicacia —dijo fingiendo una mueca de fastidio—, pero quizá cierto evento el día de la foto lo hizo confirmar que yo… pues…

Se sentía muy avergonzado para explicarle más detalles y le dijo que quizá algún día se lo contaría. Por ahora, lo único que importaba era que tendrían el apoyo de su mejor amigo. La joven sonrió asintiendo y empezaron el regreso al salón. Antes de llegar, Draco señaló en la dirección donde estaba Theo con Charlie y Daphne, y justo antes de entrar al salón, se separaron.

Theo lo abrazó con genuino entusiasmo cuando le contó, a grandes rasgos lo ocurrido, no sin antes reprocharle por haber esperado tantos días para buscarla. ¿Qué hubiera pasado entonces si ella no hubiera ido a la fiesta?

Sin dudarlo mucho, Theo salió en su busca cuando el cuarteto empezó a tocar un alegre rondó de Ignaz Pleyel. A la distancia, pudo ver la sorpresa de los acompañantes de Hermione por el pedido de quien consideraron rival en su época colegial gracias al sistema de casas que los había convertido en enemigos desde sus once años…

Que luego de dos piezas, Theo le pidiera a Draco que lo suplantara como compañero de baile porque Charlie lo estaba llamando, solo fue casualidad…