Había sido un viaje largo, aunque no en distancia. Con todo lo que ha estado pasando últimamente, no he dejado de pensar en ello. Finalmente, estamos en Nerima. Ranma ya estuvo aquí hace varios años, así que les permití ir primero al centro comercial. Esa chiquilla parecía feliz de seguirle el ritmo a Ranma, aunque a veces me preocupa cuántas veces su opinión o actitud se impone sobre él. Pero bueno, ahora tenía un asunto más importante entre manos.
Entré a un bar viejo y escondido entre callejones. El lugar tenía un aire lúgubre y descuidado. El dueño nunca se molestaba en promocionarlo; después de todo, siempre llegaban los mismos rostros. Si Genma tuviera un bar, sería algo como esto.
Me senté en una silla frente a la barra y pedí una botella de whisky y dos vasos. Apenas el camarero colocó la botella en la mesa, escuché la puerta rechinar detrás de mí. Una palmada fuerte en la espalda me hizo girar.
—¡Genma, viejo amigo! —exclamó un hombre que se sentó a mi lado—. Tantos años sin vernos y nos encontramos en este lúgubre lugar.
—¡Oh, vamos, Soun! —respondí, dejando escapar una carcajada—. Desde cuando visitamos algo más sofisticado que esto. Es bueno verte. Maldición, los años realmente te han pasado una mala jugada, ¿eh?
Soun alzó una ceja, rodando los ojos.
—¿Y tú? ¿Te has visto en el espejo últimamente? Ese paño en tu cabeza no engaña a nadie —dijo con una sonrisa burlona.
Solté una risa.
—Bien, bien, compañero, lo admito. Ahí me ganaste. —Llené ambos vasos y le pasé uno—. ¿Leíste las cartas que te envié?
—Todas y cada una, amigo mío. Entiendo por qué querías reunirte con tanta urgencia. Parece una situación... delicada.
Soun tomó un sorbo mientras asentía. Yo dejé escapar un suspiro pesado, incapaz de ocultar mi preocupación.
—Lo es, totalmente. La anciana nos está ayudando, pero al parecer una cura va a tardar mucho tiempo en producirse. No tienes idea de cómo me siento, Soun. Mi pequeño chico atrapado en un cuerpo femenino por tanto tiempo… ¿Qué pasa si se siente demasiado cómodo y no quiere volver? ¿Qué será del apellido, del legado?
Soun apoyó el vaso en la barra y me miró con una mezcla de seriedad y compasión.
—Podrías haber tenido más hijos, Genma. —Hizo una pausa, como reflexionando—. Los niños, por mucho que intentemos guiarlos, siempre toman su propio camino. Mira a mis hijas. Kasumi tuvo que tomar el relevo de su madre cuando falleció. Su entrenamiento en artes marciales se estancó; hoy en día solo hace estiramientos y katas básicos para no olvidar los principios.
Soun desvió la mirada, sus ojos llenándose de lágrimas, como si su cuerpo tuviera un mecanismo automático cada vez que mencionaba a su esposa.
—Kasumi prefirió la vía económica, aunque, si soy honesto, se ha vuelto algo así como una gangster en la ciudad. Akane… bueno, es temperamental, quizás demasiado. Pero sigue el arte con disciplina. Al principio no quería, ya sabes, con la muerte de su madre y todo, pero ella estaba tan entusiasmada que decidí continuar enseñándole. Recordar a mi esposa me dio fuerzas para seguir.
Soun tomó un largo trago de whisky antes de continuar.
—Ella venía de un clan de hechiceros de poco renombre. Fue criada como si fuera un objeto, solo para complacer a los hombres. Tuve que sacarla de ese ambiente. No quería que Akane sintiera que su destino estaba predeterminado, como el de su madre.
Yo lo miraba, genuinamente sorprendido. Nunca había oído a Soun hablar de su esposa con tanta profundidad.
—Entonces… ¿Akane es una buena artista marcial? Además, siendo que ambos eran hechiceros, ¿tus hijas también lo son?
Soun se rió, aunque con un dejo de amargura.
—Bueno, Nabiki no lo es, pero heredó la terquedad de su madre y la ha llevado bastante lejos. Akane… bueno, le gusta experimentar. Eso ha llevado a más de una reconstrucción del dojo.
Solté una carcajada.
—¡Eso suena totalmente a Nodoka! No era guerrera, pero si quería, podía hacer la vida imposible a cualquiera.
Soun sonrió.
—Ahora bien, sobre Jusenkyo, esas maldiciones no son como nada que haya visto antes. Ranma no parece un hechicero, pero su presencia… es como la de un espíritu maldito. Tendría que confirmarlo yo mismo. Genma, puedo exorcizar maldiciones, pero no sé si puedo hacer algo más.
Asentí.
—Entendido. Ahora, para cerrar y preparar a todo el mundo… —Lo miré con una sonrisa traviesa—. ¿Estás pensando lo mismo que yo, viejo amigo?
Soun arqueó una ceja.
—¿No avisar a nadie sobre el compromiso hasta el último segundo y disfrutar el caos que sigue? Genma, eso es totalmente irresponsable.
Una sonrisa se extendió en su rostro.
—Hagámoslo.
-estas loca? después de toda la ropa que me compraste? tengo para toda una vida definitivamente no entrare ahi
ranma estaba parada en medio de un centro comercial con xian pu a cuestas, recordando el ferri de china a japon xian pu de alguna forma había conseguido todo un guardarropa para el e incluso le hiso ponerse ropas mas casuales, el kimono estaba bien! simplemente tenia razon en que si lo usaba demasiado se desgastara, aun asi debido a que se supone que nos quedaríamos en el hogar de un amigo de su padre se lo había puesto para ser mas formal
xian no paraba de llevarla a un lugar a otro, estos días habían sido suficiente para acercarlas pero solo era eso, xian era solo una amiga de ranma, una amigas que dormía con ella todas las noches y que saltaba a veces de forma repentina para besarla, dejémosla en una amiga con beneficios, pero no demasiados!
-las armas aquí son de mala calidad, xian pu podría conseguir mejores en cualquier tienda de la esquina en el pueblo amazona!
-en primer lugar me sorprende que hayas encontrado una tienda de armas en un centro comercial, además eh sido demasiado indulgente! eh dejado que me arrastres a todos lados o a salones de belleza, es mi turno, vallamos a el parque de entrenamiento, quiero ver que tienen,
-oh? y yo que pensaba que te gustaria ponerte bonita fu
-ya tengo mi belleza natural no necesito nada mas en mi- dice ranma con suficiencia
-grandes palabras para alguien que sonaba tan insegura de como se veía hace solo un par de días
-quieres que te golpee? -dice ranma, teniendo un tic nervioso en la ceja haciendo que tiemble ligeramente mientras miraba a xian pu con su perpetuo ceño fruncido
en eso genma había llegado, o bueno, el panda lo había echo, solo pudieron verlo acercarse con un cartel
"ya podemos ir a casa de mi amigo, yo los guiare"
-ya era hora, me estaba hartando de ser la niñera de un par de adolescentes tortolos
colagne había salido de la aparente nada, ella simplemente había desaparecido en el momento en que entraron al centro comercial, xian pu había dicho que nos estaría viendo de cerca pero no esperaba esto ciertamente
xian pu y yo nos miramos, simplemente alzando los hombros como diciendo "ya que" y decidimos seguir a pops, por supuesto estaba lloviendo, lo que explicaba la forma de su padre asi que después de conseguir paraguas salimos para llegar a nuestro destino
estábamos en una zona de la ciudad que nada envidiaba a esas zonas bonitas que a veces pops y yo pasábamos por nuestros viajes, me tuve que detener de golpe cuando genma abrió la puerta de una parcela, la casa era grande, como muy grande y tenia un dojo incluido, quien demonios era este amigo de papa y por que demonios era su amigo yo no lo se, pero tengo un mal presentimiento de todo esto
—Nabiki, ¿puedes decirles a los demás que vengan? Tengo algo importante que anunciarles.
—Muy bien, pero Kasumi está de compras de último momento. Le avisaré en cuanto llegue.
Soun observó cómo Nabiki se dirigía al dojo, donde Akane estaba entrenando. Su hija menor llegó primero, resoplando molesta por haber sido interrumpida. Llevaba pantalones blancos de entrenamiento con una cinta negra como cinturón, pero había reemplazado la camisa a juego por una camiseta sin mangas. Su cabello, algo despeinado, no era problema para ella; desde hace tiempo lo prefería corto, aunque a Soun le parecía que tal vez se lo había cortado demasiado. Ese rapado de un lado y el cabello largo cayendo en cascada por el otro no dejaban de desconcertarlo. Negó con la cabeza, resignado ante las tendencias de los jóvenes de hoy. Si ignorabas ciertos detalles, hasta podías confundirla con un chico. Aunque estaba orgulloso de los logros de Akane en las artes marciales, no podía evitar preguntarse si, sin querer, la había desviado de un camino más "femenino".
—¿Qué sucede? Sabes que odio que me interrumpan a mitad del entrenamiento, así que espero que sea importante —dijo Akane, secándose el sudor de la frente.
—Digo lo mismo —agregó Nabiki mientras miraba su reloj—. Tengo llamadas que hacer y mi libro de cuentas no se ajusta solo.
—Muy bien, muy bien. Escuchen: tengo una gran noticia. Un pequeño grupo de personas se quedará en la casa por un tiempo indeterminado. Uno de ellos es mi gran amigo Genma. Creo que les hablé de él alguna vez. Fue mi mejor amigo y compañero en el Todo Vale. Su hijo, con quien ha viajado por todo Japón perfeccionando el arte, también vendrá.
Soun hizo una pausa dramática, alzando un dedo.
—Y lo mejor de todo es que... ¡una de ustedes se comprometerá con ella!
—... Perdona, ¿dijiste "ella"? —preguntó Akane, frunciendo el ceño.
—¿Quieres obligarnos a casarnos con una chica? —exclamó Nabiki, arqueando una ceja con incredulidad.
—¡Es más complicado que eso! Por favor, déjenme explicar...
—¿Y es atractiva?
—¡Nabiki!
—¿Qué? Si quieren comprometerme, mínimo que sea alguien interesante. Además, ¿cuántos años tiene?
—Esto...
—Papá, por favor dime que sabes algo más sobre ella. ¿No deberíamos esperar a Kasumi para hablar de esto?
—Ah, bueno, sobre eso... nunca la he visto en persona.
—...
—...
—Nos vamos —dijeron Nabiki y Akane al unísono, regresando a lo que hacían antes.
—¡Esperen, esperen! —imploró Soun—. Por favor, quédense un poco más. Me gustaría que Kasumi estuviera aquí. Ella sabe cómo manejar estas cosas.
Justo entonces, sonó el timbre. Las hermanas se detuvieron a medio camino y miraron la puerta con curiosidad. Soun sonrió para sí mismo. Era el momento perfecto.
Cuando abrió, lo último que esperaba encontrar era un enorme panda mojado ocupando toda la entrada. El animal lo miraba fijamente antes de ponerse sobre dos patas. Con movimientos sorprendentemente ágiles para su tamaño, levantó una pata que sostenía un cartel que decía: "Hola, ¿puedo pasar?"
—Ejem... sí, supongo que sí.
El panda se agitó para quitarse el exceso de agua antes de entrar a la casa y sentarse frente a la mesa, dejando a todos en un silencio atónito.
—Ejem, papá... ¿este es el gran amigo del que nos hablabas? —preguntó Nabiki con ironía, observando cautelosa al panda.
—Ignoren a Pops. Le encanta jugar con la gente cuando está en esa forma —dijo una voz desde la puerta.
Cuando Akane giró para mirar, se quedó de piedra. Allí estaba una mujer alta, mucho más alta que ella, quizás más de 1.80. Llevaba un kimono perfectamente ajustado que realzaba su figura, y su cabello rosado claro caía en ondas ligeramente rizadas. Sin embargo, lo que más llamaba la atención eran las marcas tatuadas en su rostro: simples líneas y círculos que acentuaban sus facciones. A pesar de su elegancia, la mueca perpetua de la mujer y su porte altivo irradiaban arrogancia. Para Akane, era como ver una versión femenina de Kuno, eso la enfurecía y le hacia tener ganas de romperle esos bonitos dientes.
—Saotome Ranma. Nos quedaremos en este lugar por un tiempo indefinido. Es un gusto conocerlos —dijo Ranma con una ligera inclinación de cabeza.
La aparente indiferencia en el gesto de Ranma hizo hervir a Akane, quien lo interpretó como un insulto. Justo cuando estaba a punto de estallar, dos figuras más cruzaron el umbral: una chica vestida con ropa tradicional china y una anciana que parecía sacada de un cuento de hadas, la persona más vieja que Akane había visto en su vida.
—Ara, nadie me avisó que teníamos invitados —dijo una voz detrás de estas ultimas personas. Akane levanto la mirada para ver a Kasumi de pie con una sonrisa amable—. De haberlo sabido, habría hecho compras más grandes.
Ah, claro. Por supuesto que Kasumi llegaba justo a tiempo.
Ranma se giró rápidamente, curioso por no haber sentido la presencia de la mujer hasta que habló. Su curiosidad, sin embargo, se transformó en incredulidad al verla.
—¿Ángel...? —murmuró Xian Pu, rompiendo el silencio.
Era una descripción bastante acertada. En la espalda alta de la mujer se desplegaban dos enormes alas blancas, de al menos un metro de longitud cada una. Sobre su cabeza flotaba un halo de luz dorada. La sala quedó en completo silencio. Incluso Ranma, con los tatuajes que decoraban su piel y ese segundo par de ojos cerrados bajo los originales, parecía alguien ordinario en comparación con ella.
—Ah, Kasumi, veo que llegaste. —La voz de Soun rompió la tensión. —Tenemos una reunión importante, así que por favor únete a nosotros. Te prometo que te ayudaré en la cocina una vez que terminemos.
Kasumi asintió, aunque seguía mirando con asombro a la recién llegada. Una vez todos estuvieron en la sala, las presentaciones comenzaron: primero Colagne, seguida de Xian Pu. Después, Colagne sacó de algún lugar una tetera humeante.
Ranma suspiró al verla. No quería saber de dónde la había sacado.
—"Espera, ¡está hirviendo!" —quiso decir Genma sin exito cuando el agua le cayó encima. Su gruñido resonó en la sala, seguido de un "¡pop!" que lo transformó de regreso en su forma humana. Mientras tanto, Nabiki aprovechó para poner al tanto a Kasumi de la situación.
—Hmm... honestamente, prefiero personas de mi edad, quizás un poco mayores. Además, pareces alguien madura.
—Esto... no sé qué pienses de mí, pero tengo 16 años —respondió Ranma, incómoda.
—¿Oh? ¿En serio? —Kasumi la examinó con la mirada, frunciendo ligeramente el ceño antes de negar con la cabeza. —Lo siento, pero no me siento atraída especialmente por las mujeres.
—Bueno, eres sexy y todo eso, pero no tengo interés en una relación. Estoy muy ocupada aquí. Pero no te preocupes, estoy segura de que a Akane le gustaría comprometerse.
—¿¡Perdona!? ¡Yo jamás dije eso! —gritó Akane, fulminando a Nabiki con la mirada.
—Siempre dices que odias a los hombres. Eres literalmente la única opción viable —respondió Nabiki con total calma.
—¡Eso no significa que vaya detrás de cada mujer atractiva que se me cruce!
—Está decidido entonces —interrumpió Soun, ignorando el caos a su alrededor. —Akane, esto es muy importante para nuestra familia. ¡Y para el legado de la escuela de Artes Marciales del Todo Vale! Cuando ustedes dos se casen, el dojo pertenecerá a la señorita Saotome.
Akane sintió como si le hubieran dado una patada en el esternón. Su ceño se crispó, y la ira empezó a hervir bajo su piel.
—¡Papá! Dijiste que yo heredaría el dojo. Dijiste que sería mi responsabilidad algún día, ¡y ahora quieres dárselo a un desconocido! ¿Te has vuelto loco?
—Hija, tienes que entender, hay cosas que no sabes y aún debemos...
—¡Y una mierda! —gritó Akane, interrumpiéndolo. Se volvió hacia Ranma, señalando el dojo con un dedo tembloroso. —¡Vamos a pelear! Cuando te derrote y te haga llorar de regreso con tu papá, él verá que soy yo quien merece el dojo.
Sin decir más, salió de la sala, dirigiéndose al dojo.
—Muy bien... eso pudo haber salido mejor —murmuró Ranma, frotándose la frente mientras el dolor de cabeza comenzaba a asomarse.
Ranma entró al dojo, observando el espacio con atención. Era sencillo pero funcional, con diversos equipos de entrenamiento alineados en las paredes, e incluso algunas armas que parecían peligrosas. En el centro, estaba Akane, de cabello azul oscuro y mirada determinada. Su apariencia era... distinta. Ranma nunca había visto a una chica con ese estilo tan peculiar; su peinado y su vestimenta contrastaban fuertemente con lo que había conocido. Incluso habiendo sido un chico hasta hace poco, Ranma sentía que se veía más femenina que Akane, lo cual le provocaba una leve confusión.
—Escucha, nuestros padres son idiotas —comenzó Ranma, con voz calmada—. Intentaron comprometernos sin nuestro permiso. No es mi culpa que no puedas pensar las cosas con claridad y que quieras resolver todo a golpes.
—¡Cállate! —gruñó Akane, su ceño fruncido. Sus puños temblaban—. Eso es lo que odio de la gente como tú. ¿Crees que no sé lo que pasa por tu cabecita? Eres la típica mujer hermosa y fina que se cree con derecho a todo. Seguro tu familia tiene dinero, y ahora solo te falta algo de poder. Así que vienes aquí, intentando manipularnos y robarnos todo lo que tenemos, sin importar que un compromiso político entre dos mujeres no tiene ningún sentido.
Ranma arqueó una ceja. Esa era, sin duda, la descripción más errónea que alguien le había dado jamás. Nada de lo que Akane decía se acercaba ni remotamente a su realidad, pero aun así... era divertido escucharla.
—¿Te oyes a ti misma? —respondió Ranma, cruzándose de brazos—. Estás haciendo suposiciones sobre suposiciones. Te lo advierto, si peleamos, esto no va a acabar bien para ti.
Akane rechinó los dientes. Su temperamento ya era conocido, pero sentía que Ranma estaba pisando cada nervio que tenía.
—¿Ah, sí? Si eres tan fuerte, ¿por qué no lo demuestras? —dijo Akane, tronándose los nudillos—. No tienes idea de lo satisfactorio que será esto para mí.
Ranma sonrió burlonamente. Dio un paso hacia adelante, con las manos detrás de la espalda.
—Ven, entonces, marimacha fea.
Ese insulto rompió la última barrera de autocontrol de Akane. Con un grito de furia, se lanzó contra Ranma, quien fácilmente esquivó el primer golpe con un simple movimiento de pies.
Akane atacaba con rapidez, pero comparada con Xian Pu, parecía moverse en cámara lenta. Ranma esquivaba con una facilidad insultante, moviéndose de un lado a otro.
—¿Eso es todo? —se burló Ranma, mientras giraba sobre sí misma para evitar un golpe—. Todavía estoy esperando a que dejes de calentar.
Akane gruñó, aumentando la intensidad de sus ataques. Pero entonces, Ranma notó algo extraño. Había un cambio en la energía que emanaba Akane. No era ki normal, ni siquiera algo parecido al de Xian Pu. Era... energía maldita.
De repente, Akane se volvió mucho más rápida. Un puñetazo dirigido al rostro de Ranma la tomó desprevenida. Apenas tuvo tiempo de reaccionar, desviando el golpe con su palma, pero la fuerza detrás de él era abrumadora. Era como si la trayectoria del ataque estuviera predestinada, imposible de alterar.
El puño impactó de lleno en el rostro de Ranma, empujándola hacia atrás con tal fuerza que atravesó la mitad del dojo y se estrelló contra la pared opuesta. Una nube de polvo llenó el aire, mientras las maderas crujían bajo la presión del impacto.
Ranma se levantó lentamente, limpiándose la sangre de la comisura de los labios. Miró a Akane, ahora rodeada de una aura oscura y brillante al mismo tiempo.
—Bueno... —dijo Ranma, con una sonrisa torcida—. Esto se puso interesante.
Akane respiraba con agitación, una sonrisa que mostraba satisfacción mientras veía el daño que había causado. El golpe que le dio a Ranma había sido efectivo, y pudo ver cómo su labio partido y el moretón comenzaban a formar una marca visible. La sensación de tener la ventaja la llenaba de una placentera emoción.
Sin perder tiempo, Akane dio un salto y corrió nuevamente hacia su oponente, con una determinación renovada. Ahora que sentía que el combate se inclinaba a su favor se concentró en usar su técnica maldita, una habilidad simple pero poderosa. La clave de su técnica era la furia. Cuanto más enojada estaba, más fuerte se volvía. Aunque esta regla parecía contradictoria con lo que la energía maldita solía ser, Akane había perfeccionado un método que le permitía controlar el desbordamiento de sus emociones, lo que la hacía aún más destructiva.
La técnica maldita de Akane hacia que no siguiera las reglas convencionales de la energía maldita, donde el control y de sus emociones conducen a un poder estable y duradero. En cambio, Akane había logrado desarrollar un control total sobre sus emociones extremas gracias a su técnica maldita. A medida que su ira aumentaba, la energía maldita a su alrededor se volvía más densa y poderosa, pero no inestable, como normalmente ocurriría con los hechiceros tradicionales. Su cuerpo reaccionaba a su rabia de una manera casi automática, como si la pelea fuera un reflejo, sin que necesitara pensar demasiado.
Ranma, por su parte, se mantenía firme, observando cada uno de los movimientos de Akane. La furia de su oponente le daba un poder que ella sabía que no debía subestimar. Cuando Akane intentó barrerle las piernas, Ranma saltó ágilmente, elevándose un par de metros en el aire mientras realizaba una voltereta. Akane no se quedó atrás y saltó tras ella, buscando atraparla en el aire para usar su fuerza superior y estrellarla contra el suelo.
Pero Ranma tenía otros planes. Con una destreza admirable, se giró en el aire, utilizando el propio brazo de Akane como apoyo para posicionarse rápidamente en su espalda. Usando sus piernas, atrapó la cintura de Akane, y con un hábil giro, la volcó sobre su cabeza.
Akane forcejeó, usando toda su fuerza para liberarse. Aunque el agarre de Ranma era firme, la potencia de Akane comenzó a prevalecer. Sin embargo, cuando finalmente logró liberarse, la posición de ella resultó ser mucho más cercana al suelo de lo que había anticipado. ranma vio cómo la cabeza de akane se estrellaba contra las tablas del dojo, dejando una grieta profunda en el suelo.
akane intentó levantarse rápidamente, pero no le fue fácil, aun asi akane se preparó para atacar nuevamente, esta vez con más brutalidad.
Ranma, concentrada, extendió dos dedos hacia ella y murmuró:
—Desmantelar.
De repente, Akane sintió los golpes, o cortes?. No los veía venir, pero su cuerpo los sentía como si fueran puños reales. La energía maldita de Ranma comenzó a golpearla en puntos clave con una velocidad inhumana, dejándola sin tiempo para reaccionar. Aunque Akane intentaba centrarse, la frustración la consumía.
La rabia se apoderaba de su mente. Esta era la fuerza de los hechiceros, personas como Ranma que usaban su poder para destruir sin importar las consecuencias. Pero a Akane no solo le disgustaban los hechiceros por su poder. Había algo mucho más profundo en su odio:
Akane odiaba a los hechiceros porque, en su mente, los veía como personas que tomaban lo que querían, sin importar el sufrimiento que causaran a los demás. Había vivido en carne propia lo que significaba ser despojada de algo valioso sin consideración. Su madre, una mujer fuerte y noble, había sido víctima de la sociedad jujutsu su mente siendo envenenada y cuando finalmente pudo liberarse de ello, su vida siendo buscada simplemente por su sangre.
El odio creció en su interior, y su energía maldita comenzó a expandirse a su alrededor. A medida que la presión aumentaba, el suelo crujía bajo sus pies. Su técnica maldita se estaba intensificando.
—Vamos, vamos —se burló Ranma, con una sonrisa desafiante—. Demuéstrame lo que puedes hacer.
La ira de Akane alcanzó su punto máximo. Sentía cómo su cuerpo se llenaba de poder. Esta vez, nada la detendría.
Sin embargo, antes de que pudiera atacar, una luz dorada envolvió su cuerpo. Pequeñas estrellas caían a su alrededor, y la energía maldita que la rodeaba comenzó a perder el control. De repente, todo se calmó.
—Escalera de Jacob.
Akane miró atrás, confundida, y vio a Kasumi de pie en el umbral del dojo. Con los brazos cruzados, su mirada era dura y severa.
—Akane, ¿cuántas veces hemos hablado de esto? No porque tengamos dinero significa que puedas destruir el dojo cuando quieras.
Kasumi luego dirigió su mirada a Ranma, quien la observaba con cierto aire de arrepentimiento.
—Y tú —dijo Kasumi con calma, pero firme—. Eres nuestra invitada. Ten más respeto por la casa de los demás. Provocar a alguien con una técnica maldita destructiva no es lo que llamaría "educado".
Ranma, con una mirada hacia el suelo, susurró un "lo siento". Aunque no fue una disculpa rotunda, parecía genuina, lo que hizo que Kasumi relajara un poco su postura. Aun así, no podía evitar sentir cierta frustración por la falta de control en la situación.
Kasumi se acercó y observó los daños causados en el dojo.
—Al menos parece que lo entiendes —dijo con un suspiro—, pero sigue siendo inaceptable que hagan tanto daño sin pensar.
Todos estaban sentados alrededor de la mesa, excepto Cologne, que estaba equilibrándose sobre su bastón con aparente facilidad.
—Akane, entiendo tu frustración, pero no puedes simplemente darle una paliza a cualquiera que no te agrade. Creo que Kasumi ya te habló sobre eso, pero parece que necesito recordártelo —dijo Soun con un tono severo.
—¡Pero, padre! ¡Son hechiceros! ¿Cómo puedes siquiera considerar acogerlos? —respondió Akane, visiblemente indignada.
—Tienen circunstancias especiales, cariño. Que tengan técnicas malditas no los convierte automáticamente en parte de la sociedad Jujutsu. De hecho, el único hechicero aquí es Ranma, y él tiene su propia situación.
—¡Eso no quita nada! ¡Sigo sin aceptar que un desconocido venga y quiera quedarse con el legado que tenemos! —gritó Akane, mientras su enojo empezaba a desbordarse.
—Sé que ya lo dije antes, pero... ¿sirve de algo decir que tampoco sabía que esto iba a pasar? —Ranma intentó intervenir con un tono cauteloso.
—¡No! —Akane resopló, tratando de calmarse. Cerró los ojos y respiró profundamente, intentando aplicar las técnicas que su psicólogo le había enseñado. A veces funcionaban. Esperaba que esta fuera una de esas veces. Cuando volvió a hablar, su tono era más controlado, pero la rabia seguía evidente. —Lo que quiero decir es que me opongo a este matrimonio y, apenas tenga la edad legal, lo anularé. ¡Ni loca me casaré y pasaré el resto de mis días con esta arrastrada inútil!
—¡Oye! ¡No hables así de Ranma, o tendrás que vértelas conmigo! —gritó Xian Pu desde el otro lado de la mesa, golpeando con fuerza para enfatizar sus palabras.
—¡Ah, claro! ¿Viniste a comprometerte con una chica cuando ya tienes una novia, no? —preguntó Akane con ironía. Esperó una respuesta, pero lo único que obtuvo fue silencio. Frunció el ceño, incrédula. Su ira volvió a emerger con fuerza. —¡Espera! ¿Son novios y aun así estás aquí comprometiéndote conmigo? ¡¿En serio?!
—¡Wow, wow! Nuestra relación es complicada, no saques conclusiones precipitadas —respondió Ranma, levantando las manos en un gesto de rendición.
—¡Así es! Xian Pu y Ranma no son novios. ¡Por ley amazona, nos casaremos en el futuro próximo! —interrumpió Xian Pu con orgullo.
"Eso no arregla las cosas precisamente, Xian", pensó Ranma, resignada a la caótica dirección que estaba tomando su vida.
—Esto es mejor que una telenovela mexicana. ¿Sabes cuánto voy a ganar vendiendo estos audios y difundiendo el chisme? —susurró Nabiki a Kasumi, quien simplemente negó con la cabeza, resignada. Era inútil intentar detener a su hermana cuando de dinero se trataba.
—¡Oh, ahora sí están muertos! —explotó Akane, poniéndose de pie y apuntando un dedo amenazante hacia Ranma y Xian Pu.
—¡Ya basta! —gritó Soun, dando un fuerte aplauso que generó una ráfaga de aire. Todos guardaron silencio y lo miraron con atención. —Ciertamente, ha sido una noche difícil y muchas cosas no salieron como esperábamos. Pero creo que el tiempo podrá curar las heridas que puedan tener. Por ahora, recomiendo que todos se vayan a dormir y empiecen a tomar esto con más normalidad. Con el tiempo, podremos arreglar nuestras relaciones. Akane, siempre podemos hablar después, pero el compromiso es algo que no se va a levantar. Ya verás, con el tiempo, que esto no es tan malo.
Aprovechando el giro más tranquilo de la conversación, Kasumi intervino con suavidad:
—Los guiaré a sus habitaciones. Solo tenemos una habitación de invitados, así que tendremos que improvisar.
—Yo y Genma podemos dormir en la sala. Deja que Ranma y Xian Pu tengan la habitación de invitados —dijo Cologne, con un tono comprensivo.
—Entendido. En ese caso, tomen sus cosas y vengan conmigo. Los guiaré —respondió Kasumi, con su habitual serenidad.
Ranma se levantó, recogiendo sus pertenencias, que ahora eran tres veces más de las que tenía hace una semana, gracias a Xian Pu y su entusiasmo por comprarle ropa. Aunque admitía que había sido divertido, especialmente durante su viaje en ferry de China a Japón, sabía que este no era el momento para pensar en eso. La pelimorada y la pelirrosada siguieron a Kasumi, deseando, por fin, descansar después de un día tan largo.
