Disclaimer: Yo solo uso lo conocido para nuestro entretenimiento, o ya estaría gozando con mi riqueza.
y brillante
Los amenos días de primavera llegaban a su fin, acercando el verano y el cumpleaños de Anna, a partir de los cuales Elsa tenía plena consciencia del año en compañía de Hans. Lo que doce meses atrás se prometía como un suplicio, realmente había carecido del tormento contenido en este y le sorprendía sobremanera.
Posiblemente le había adjudicado gran poder a los breves días coincididos con el sureño, para hacerse una impresión de él sin rascar en todo el asunto. Y, ¿por qué no?, él no debía ser exactamente el mismo sujeto que pisara sus tierras hacía seis años. Asimismo, ella había relajado su animadversión a Hans con el correr del reloj, puesto que en su convivencia había predominado la paz y había aceptado que su condición actual, como la condena impuesta por sus pares, eran castigos suficientes.
Habría de añadir que sostener sus malas emociones era dañino para su alma.
Sin lugar a dudas también había sido un año de reflexión y cambio para ella. Tenía la seguridad que en muchos escenarios ella habría encontrado la templanza para perdonar, independientemente del destino de Hans. Si hubiese atentado de nuevo contra ella o su hermana, lo habría referido a un castigo, pero para su dichosa vida no debía haber cabida a los rencores… y rozaría la hipocresía habiendo aceptado la conducta de su abuelo.
Como Quinto Espíritu debía procurar la armonía, comenzando por ella.
Esperaba que él alcanzara su propia plenitud, admitiendo sus fallos y enmendando su ser. Por su encierro, no lo había hecho otrora, y por su falta de diálogo, no sabía si la había obtenido en el presente.
En cuanto a este, ninguno hizo mención de su reunión del junio anterior. Él tenía que saberlo y Elsa no entendió su omisión del dato, a diferencia de la fecha en abril; descartaba que quedase afectado por su falta de respuesta, porque no había palabras suficientes que simpatizaran con su escollo actual.
Suerte de sus pensamientos, el viaje de vuelta a su tienda lo realizó por tierra, con su carreta cargada de libros y un tablero de ajedrez, que proveerían esparcimiento considerado a su causa. Se lo diría al llegar, pero si lo veía como un acto de lástima y lo rechazaba, no insistiría; la intención había estado en ella.
En ese camino le regaló la vista del territorio que tres años atrás cautivara a su familia.
—Este es otro Arendelle —introdujo al abandonar la zona habitable del centro de su reino, sonriendo de complacencia al observar el paisaje, mientras Nokk y Gale le ayudaban a empujar la carreta.
—Hasta este desierto otorga mejores vistas que Las Islas del Sur. —Era notorio que no apreciaba su lugar natal.
—Más adelante están los árboles y el Bosque donde vivo, no todo es montaña —indicó extendiendo su dedo. Nokk y Bruni asintieron con sonidos de gusto.
—Al ascender la montaña, con tu impresionante castillo, no hubo oportunidad de observar alrededor. Y tu creación sigue llevándose toda la atención.
Ella asintió sin que la viera, porque habría mucha falsa modestia en negar que su querida obra de hielo era maravillosa. No disminuiría lo bello de la naturaleza, sino diría que en sus diferentes ámbitos —el suyo la "fantasía"— eran notorios.
—¿Por qué no vives en él? —Elsa sonrió a la pregunta de Hans, apreciando que no se enfocara únicamente en su persona y, aunque lo hiciera para satisfacer su curiosidad, buscara averiguar saber de ella.
—Ese no era mi lugar. El Bosque Encantado y sus horizontes es donde yo pertenezco.
—¿Cómo puedes estar segura de ello? —Más que crítico, sonaba anonadado y pesaroso.
Elsa sabía lo venturosa que era al hallar un sitio que la satisficiera de verdad, porque no todos lo tenían.
—Lo siento dentro de mí —suspiró de remembranza—, después de buscar un sitio al que pertenecer, mi corazón se supo en casa. Fue como si toda mi vida me hubiese dirigido allí.
—Eres de las personas afortunadas, entonces.
—Nunca lo hubiese creído en mi infancia —dio como contestación. Y en cierto modo le debía a él acercarle a ese punto, porque su falso compromiso con Anna había dado pie a numerosos sucesos de su vida. Tenía que descubrirse su magia, hasta desatarse sus poderes, para que los posteriores cambios vinieran.
Hans tomó una inspiración sonora, pero permaneció callado. Para cambiar de tema, ella sacó a la luz los artículos que transportaba en la carreta.
—Son para mis tiempos de ocio, y, si quieres, los tuyos.
—¿Ahora soy tu obra de caridad? —preguntó él con matiz arisco.
Cogió el dije y lo subió a la altura de su rostro.
—Es lo que me parece correcto. —Se encogió de hombros. —Y para qué tener compañía si no puedo compartir actividades con ella. No estás obligado a aceptar.
—Está lejos de ser aburrido escucharte cantar y verte pintar, podrías hacerlo mal. —Ella sintió un pequeño calor en las orejas, que él no debió captar por su inmutabilidad—. Sin embargo, consentiré.
—Pues bien, tendrás que ser muy diestro para vencerme, aprendí ajedrez del mejor.
La ceja alzada de él le auguró que no sabía a lo que se metía.
Sus múltiples empates le terminaron de convencer.
NA: Ha tenido que pasar un año para que comiencen a acercarse ja,ja. Supongan que las melodías de Elsa han hecho mella en Hansy.
Besos, Karo.
