Kira continuaba tratando de comunicarse con Kotonoha sin éxito, si bien solo deseaba saber de ella, como lo había decidido, no era su intención molestarla. Sin embargo, en esos días tuvo que viajar a Vancouver por una situación que él no esperaba respecto a la película.

Tanto el viaje de ida como de regreso, Kira lo pasó mirando por la ventana del avión experimentando una insípida soledad reflexiva.

En su mente resonaba su conversación con Nene donde al pensar en todos los malentendidos que había generado lo hacían sumergirse en una auto desaprobación, aparte el tema de Kishi y de Kotonoha le estaban formando un remolino en la cabeza.

Quería arrancarse la existencia, quería hincarse y buscar redención por sacrificio, pidiéndole a la vida y a sus sentimientos que lo golpearan con todo lo que tuvieran que lo hicieran pedazos y una vez en el suelo, el pudiera reconstruirse emocionalmente para levantarse y seguir sin mirar atrás, sin resentimientos ni enojo, ni tristeza simplemente dejar ir lo que no es para él, y recuperar su tranquilidad, para su desgracia, tal cosa no sucedía.

Así regresó a Tokio y por la tarde en el instituto ITAN Kira bajaba las escaleras cuando encontró a Kishi en los casilleros tomando su sombrilla.

Desde el regreso del viaje aquel domingo cuando terminó la celebración de su cumpleaños, Kira sintió la triste necesidad de establecer una respetuosa distancia con Kishi por lo que metió la cabeza en su celular y pretendió fingir que no la había visto para pasar de largo hacia su vehículo.

- ¡Hermanito! ¿Dónde anduviste estos días? -

Kira se vio obligado a voltear y contestar amablemente.

-Kishi San, buena tarde, tuve que ir a Canadá para ver un tema de la película, ¿Ya te vas a casa?-

- ¿Cómo te fue? -

-Pues, prefiero esperar a que se confirmen un par de cosas para poder hacer pública esa información, pero si se da, es algo bueno por lo que te pido que no comentes nada por favor. -

-No te preocupes, no diré nada, es un tema del que no tengo contexto y además no debo meterme. -

Salieron de la escuela con amenaza de lluvia.

-Uy parece que se viene un aguacero muy severo. -

Con triste melancolía Kira se sintió obligado a tirar una carta, deseando perder la partida.

-Hermanita, ¿Me permitirías llevarte a tu casa? por los viejos tiempos. -

-¡Claro hermanito!-

Le dijo Kishi sonriendo, pues en silencio, ella esperaba eso.

Kira en el fondo se sintió bien que Kishi aceptara, pero a la vez sentía temor que haber sido amable los llevara a una situación de la cual después se pudiera arrepentir, pero la suerte ya estaba echada.

Subieron a su auto, como siempre Kira siendo cortes y amable con Kishi. Comenzó a llover, Kira arrancó su auto y salieron en camino de la casa de Kishi.

-Oye Kira Kun y ¿Cómo va todo con Kotonoha? -

-Pues desde ese día que regresamos del viaje no la he vuelto a ver, no contesta sus mensajes ni me ha llamado. -

-Que extraño ¿Estará bien? -

-Pues no es la primera vez que se desaparece así, ya la he buscado un par de veces en su casa y nunca está, asumo que está bien, aunque de repente me llama cuando se siente emproblemada. -

- ¿Y sabes por qué lo hace? -

-La verdad nunca le he preguntado, rara vez le hago notar que me doy cuenta de que se desaparece y no le pregunto por qué, pienso que si ella quiere que yo sepa el motivo pues ella me lo dirá, espero eso suceda algún día. -

-Entonces no has avanzado con ella. -

Kira restregaba su mano contra su rostro con aletargado interés.

-Pues tampoco es como de vida o muerte, digo, no la quiero presionar y pues si las cosas se van a dar, adelante y si no, no tengo la intención de forzarlas. Además, no creas que me hacen gracia sus desapariciones. Es un asunto de dos y si ella no se aparece... -

-Uy, hermanito, donde quedó esa competitividad, esas ganas de luchar por lo que quieres. -

-No te burles hermanita, a la Peque la quiero mucho, es especial, pero.-

Kira dudó por un momento en continuar expresando sus ideas, Kishi se dio cuenta.

-Kira Kun, ¿De cuándo a acá te contienes para decirme lo que piensas? -

Con mirada temerosa, Kira le contestó a Kishi.

-Desde que no puedo dejar de dolerme por lo que tú y yo hablamos ese domingo. -

Kishi le miró con respetuoso silencio, Kira entristeció su mirada.

-Si voy a tener algo con Kotonoha Chan, de verdad quisiera que fuera honesto, y espontaneo.-

-Y también sean cuales sean los términos en que tú y yo quedemos, no he dejado de pensar y no puedo ni siquiera imaginar cómo le vamos a hacer para que realmente estemos bien y en paz.-

-Pero al final, si logro hacer realidad algo con Kotonoha Chan no significa que no voy a luchar por eso, lo que no quiero es forzar las cosas y si he de ser honesto, hoy por hoy, ni siquiera tengo ánimo de empujarlas. -

Kishi se quedó mirando un momento a Kira, y después volteó hacia la ventana con la vista fija pero perdida.

- ¿Te digo algo Kira Kun? -

-Dime algo Kishi San. -

-Yo tampoco he estado tranquila después de que hablamos, y siendo honesta, si me moleste cuando le tomaste las manos a Kotonoha en la alberca. -

Kira levantó una ceja.

-Pero...-

- ¡Lo sé, lo se!-

Interrumpió Kishi recargando el puño de su guante de acero en el tablero del auto.

-Yo misma pedí esto, yo misma se lo que te dije y ahora me estoy dando contra la pared, lo se. -

Paso un breve momento en silencio.

-Bueno.-

Dijo Kira.

- ¿Existe algún problema si te doy un regalo en San Valentín?-

Kishi echo a reír bondadosamente.

- ¡Ay no puede ser! -

- ¿Qué ocurre? -

-Estaba a punto de preguntarte lo mismo. -

Kira la miró con ternura, Kishi se retiró el guante de acero y puso la mano en su mejilla.

-Te lo dije y te lo repito, te quiero Kira Kun, aunque le estas siendo infiel a Kotonoha Chan. -

-Pues no es mi prometida, no todavía, así que eso de ser infiel no aplica, y siendo honestos, ni a ella ni a ti les he pedido formalmente que seamos novios, y tampoco alguna de ustedes ha hecho lo mismo por lo que parto de que todos aquí y ahora solo somos amigos. -

Volteó para ver a Kishi.

-Se que suena muy comodino, Pero si crees que debo reprocharme algo, pues hazme ver mi error Kishi San. -

- ¿Sabes? –

Continuó Kishi.

-No he podido dejar de sentir culpa por lo que te hice, pero no me gusta que me digas hermana. -

Kira sintió haber caído aún más de la gracia de Kishi, aunque para ese momento y todo el tiempo que ya había pasado, él estaba ya más resignado a que la cordial distancia acabaría por apagar la tenue llama que alguna vez se encendió entre los dos, aunque Kira ya llevaba días buscando la manera de dejar ir todo eso y continuar con su vida de una maldita vez.

Por lo que solo acertó a preguntar.

- ¿Tan malo es? -

-No es que sea malo, es que no me acostumbro, cuando te digo hermanito o me dices hermana, siento que hay una barrera entre nosotros que antes no estaba. -

-Bueno, yo no puse esa barrera, yo lo que quería es no perderte Kishi San, ya me dijiste que no te iras así nada más, y que no quieres que te aparte de mi vida, pero la verdad es que ese día, si fue como un enorme balde de realidad, y aun lo recuerdo y me causa tristeza, pero lo de ser hermanos dejémoslo de lado si te incomoda. -

Kishi puso su mano sobre la de Kira.

-Pues entonces ¿Podríamos volver a ser lo que éramos, al menos mientras tu prometida está ausente? -

-Kishi San, tú sabes que eso me hace muy feliz, y tu lugar, a pesar de que decidiste dejarlo para darte tu espacio, aquí esta, no ha desaparecido y tal vez nunca desaparezca. -

Los dos sonrieron, Kira no quería hacerse ilusiones, pero no pudo evitar sentir que vio una luz al final del túnel.

-Kishi San, gracias por decirme esto, yo siento que recupere algo muy bonito y valioso, aun así, creo que si me dices que necesitas tu tiempo y tu espacio lo entenderé y lo aceptare de una mejor forma que como estábamos. -

-Yo también me siento mejor Kira Kun, sé que cuento contigo, y la verdad, si tu prometida aparece e inician una relación, como te dije, tienes mi permiso, solo por favor no me saques de tu vida. -

-Kishi San, gracias por darme ese permiso y esa confianza, pero Kotonoha aún no es mi prometida, y si llega el día que lo sea, yo te prometo que te buscare, te abrazare te besare, te apapachare, te escuchare, me peleare contigo, llorare a tu lado, me enojare y me volveré a tranquilizar, pero moveré el cielo para buscar que juntos encontremos una forma de seguir sin lastimarnos ni buscar lastimar a nadie.-

-Hoy Kotonoha Chan no llenaría el hueco que dejarías en mi vida, y no podría ocupar tu lugar, ella tiene su propio lugar, no descarto que pudiera llegar a ser verdaderamente indispensable para mí, pero hoy, ni siquiera sé dónde está. -

-Veamos pues que nos depara el futuro, mientras hay que volver a nuestra realidad. -

Cuando llegaron cerca de su casa, Kira apagó el vehículo y salió a abrir la puerta a Kishi, quien gustosa se dejó consentir por las atenciones de Kira.

-Permíteme un momento por favor.-

Le dijo Kira con aire animoso. Fue hasta la parte trasera del vehículo y abrió la puerta, tras hacer un par de movimientos le pidió a Kishi que se acercara.

Kishi se acercó a donde estaba Kira, quien sostenía en sus manos un estuche largo y delgado envuelto con un moño para regalo. Kishi se sorprendió.

-¿Y esto?-

Preguntó Kishi con curiosidad.

-Es un regalo para ti.-

Le contestó Kira.

Kishi abrió los ojos con asombro y emoción.

-¡¿Qué es?!.-

-Pues, no tiene pinta de teléfono celular, así que mejor ábrelo.-

Tras retirar el moño, y abrir el estuche, Kishi se quedó maravillada ante una flamante espada larga de doble filo, y hoja recta, celosamente pulida y protegida en su impecable vaina.

-¡Esta increíble, ¿Dónde la conseguiste?!.-

-En una armería especializada en Richmond.-

Kishi tomó la espada, la cual le resultó notoriamente más pesada que su inseparable espada de uso cotidiano.

-Cielos, pesa, creo que pediré ayuda a mi padre para colocarla en la sala de espadas.-

Dijo Kishi con cierta preocupación.

Kira entonces le aclaró.

-No es una espada de ornato, es una réplica de una espada del siglo XV como las que se usaban en batalla, según me explicaron esta forjada bajo las mismas técnicas que se usaban en aquel entonces, pero tiene un recubrimiento de acero templado y fibra de carbono, por lo que es más fácil partir una roca que romper la hoja, ya se encuentra afilada aunque no lo parezca.-

-Vaya, tendré que ejercitarme más para poder blandirla.-

Dijo Kishi sorprendida.

-Yo sé perfectamente que eres toda una profesional con este tipo de cosas Kishi San, pero si me advirtieron que tuviéramos cuidado, te he visto entrenar, y conozco lo hábil y fuerte que eres con la espada, yo no sé si sea cierto, pero me comentaron que en el pasado, con solo el peso de la espada podías cortar un jabalí de un solo golpe.-

Kishi miraba la espada con admiración y respeto.

-Pues con el refuerzo que tiene, sin problemas atravesaría las paredes.-

-Supongo entonces que comprendes las implicaciones, yo solo quise traerte algo de Canadá que te gustara y te sirviera, espero no haberme excedido.-

-Kira Kun, jamás me imaginé poder tener un tesoro tan valioso como este, muchas gracias.-

Kishi retiró los empaques y solo conservó la funda protectora de tela, montándose la espada junto a su vieja compañera en la cintura.

-Wow, Kishi San, ¿Acaso no te pesa la espada?-

-Si me pesa y bastante, pero la única forma de superarse es crecerse al castigo Kira Kun, si realmente la quiero dominar debo acostumbrarme a ella y subir mi habilidad por encima de ella.-

-En verdad me alegra que te haya gustado, así como estábamos, yo realmente no sabía si era propio hacerte este regalo, pero la verdad yo quería dártelo pasara lo que pasara.-

-De verdad eres especial Kira Kun.-

Kishi abrazó a Kira con ternura, Kira sintió que se desmayaba de la satisfacción de ese momento.

-Por cierto.-

Dijo Kira volviendo a la parte trasera del auto.

-Esto es para tu familia, espero les guste.-

Kira le entregó a Kishi un estuche de madera envuelto en celofán.

-Son botellas con distintas variedades de miel de maple, por favor dáselos a tus papás con todos mis respetos.-

Kishi recibió la caja sin decir una sola palabra, se quedó así por unos instantes.

Kira la observó con curiosidad.

-¿Sucede algo Kishi San?.-

Kishi, sin dejar de mirar la caja y con semblante apenado le contestó.

-Kira Kun, por favor perdóname por haber dudado de tu amabilidad la primera vez que me buscaste en la azotea de la escuela.-

-Em... Pero no tengo nada que perdonarte Kishi San, de verdad.-

Kishi lo miró sonriendo.

-Ahora confirmo lo que pensaba en ese momento, que realmente eras una persona atenta y que no intentabas galantearme con artilugios, me siento afortunada de conocerte.-

Kishi felizmente le dio un beso en la mejilla a Kira para despedirse.

-¡Ay que bien se siente!, me siento mucho mejor así Kira Kun. -

Kira estaba maravillado.

-No me lavaré la cara en meses, atesoraré este beso por siempre Kishi Chan. -

Kishi se regresó y lo beso en los labios.

-Mejor atesora esto. -

- ¿Cómo no atesorarlo? - Le dijo Kira sorprendido.

Kishi puso su mano en la mejilla de Kira y le dio un tierno pellizco.

-Y lávate la cara, no seas sucio o no volveré a hacerlo. -

-A la orden ¡Oh gran líder de los guardaespaldas Komi! -

Kishi sonrió y estaba por retirarse cuando Kira la volvió a llamar.

-Por cierto, Kishi tengo algo que decirte, Nene Chan me ha pedido que salgamos un día al parque de diversiones. –

-Ok. ¿Nene te lo pidió? -

-Técnicamente sí, pero por eso, yo siento la necesidad de decírtelo, no tengo ninguna intención con ella, solo es una salida entre amigos, vamos solo ella y yo, creo que me conoces, no tengo intenciones ocultas. -

-Kira Kun, no necesitas darme explicaciones de algo así, pero te agradezco que me lo digas, lo que si debieras hacer es validar si Kotonoha tenga un problema con eso. -

-Lo haría si la encontrara, pero tienes razón, le voy a enviar un mensaje para que no diga que no le avisé. –

-Bueno, te diviertes. -

-Gracias, te compartiré las fotos y la ubicación para que veas donde estoy y que no ando haciendo nada malo. -

Kishi no pudo evitar sonrojarse y poner rostro serio.

-Eso no es necesario Kira y lo sabes, deja de recordármelo o...-

- ¿Ó...?

-Vas a hacer que me ponga celosa.-

Dijo con vergüenza.

-Entonces te invitaré a un picnic en el lago Hatonosu y luego pasearemos en balsa, y finalmente a cenar para compensarlo, ya que el día de mi cumpleaños te quedaste cuidando a Ren ¿Te parece? -

-Está bien niño coqueto, acepto la cita. -

Kira se retiró mientras enviaba un mensaje a Kotonoha donde le indicaba que el saldría con Nene el sábado siguiente.

Kira llegó a su casa y se centró en sus asuntos, su renovado ánimo tras haber hecho las paces con Kishi le ayudó a ponerse en sus actividades pendientes, avanzada la noche se quedó dormido sobre sus libros.

No vio el mensaje que le envió Kotonoha, apenas un simple "gracias", desafortunadamente fue una respuesta de opción automática que Kotonoha envió desde su teléfono al estar frente a la pantalla leyendo el mensaje de que saldría con Nene, con el rostro serio, y una vez más con la mirada sin brillo.

Mientras comenzó a apretar el teléfono con furia.

Llegó el fin de semana que Nene salió con Kira al parque de diversiones, Kotonoha los siguió, parecía que todo iniciaba mal, pues Kira, con su costumbre galante, le llevó un obsequio a Nene, se lo entregó en la puerta de su casa, Nene lo recibió gustosa, y Kira se veía satisfecho, para Kotonoha no era un buen síntoma.

Se trasladaron al parque de diversiones, Kotonoha hizo lo necesario para seguirlos, iba con la mirada sin brillo, con un aire extraño, como ausente de sí misma, los siguió a prudente distancia.

Sin embargo, comenzó a darse cuenta que efectivamente el trato de Kira con Nene si bien era atento y galante era solamente de amigos el mismo trato que él tenía con cualquier chica, incluso con ella misma, no hubo malentendidos románticos ni situaciones que pusieran a dudar si había segundas intenciones, conforme avanzó el día sus ojos recuperaron el brillo y ella salió lentamente de ese trance para volver a ser la chica de siempre.

Cuando Kira y Nene salieron del parque encontraron a Kotonoha sentada en una banca.

- ¡Hola Peque!-

Le saludó Kira con efusividad.

-Tu siempre me tienes a la expectativa ¿Eh? -

Kotonoha volteó un tanto sorprendida, se había sumido en sus pensamientos y no esperaba encontrarse a Kira, pero su desanimo por haber creído que Kira le había fallado como en su momento lo hicieron todos sus supuestos amigos le impidió moverse, ahora se sentía paralizada ante el temor de que cuestionaran sus acciones en base a la desconfianza que sentía.

-Hola, Kira Kun, Nene San, buenas tardes. -

Nene se acercó a saludar.

-Hola Kotonoha Chan ¿Cómo has estado? -

-Un poco indispuesta, lo que pasa es que no me he sentido bien de salud en estos días. -

- ¿Todo bien Peque? ¿En algo puedo ayudar? -

-Kira Kun siempre tan amable, pero no es necesario ya estoy mejor. -

- ¿Y qué andas haciendo por aquí? -

Kotonoha entró en conflicto, sus sentimientos encontrados la hicieron seguirlos en el parque, evidentemente no podía decir tal cosa.

-Bueno yo... -

Nene con su capacidad de perspicacia se acercó discretamente a Kira.

- ¿Le dijiste que vendríamos al parque? -

-Pues sí, pero...-

Nene dijo en voz alta.

-Bueno Kira Kun fue un día maravilloso amigo, te agradezco por todo, pero me tengo que retirar. -

Kira la miró extrañado.

-Pero Nene Chan. -

-No te apures, puedo llegar fácilmente a casa desde aquí, pasen buena tarde. -

Nene se retiró.

Kira se sentó junto a Kotonoha mientras veía extrañado a Nene alejarse.

-Ahora si me sorprendió. -

Kotonoha entendió lo que hizo Nene, y se sintió culpable de arruinarle la cita.

-Kira Kun yo lo siento. -

- ¿De qué hablas? -

-Yo no debería estar aquí, yo, la verdad pensé, que, Nene y tú, ¡Rayos soy una tonta! -

Kira entendió.

- ¡Peque, Peque! ella es solo una amiga, tú la conoces, no iba a pasar nada entre nosotros. -

Kotonoha se apenó, no podía contener el llanto de la vergüenza.

-Soy un desastre, soy tan inmadura. -

Kira le tomó las manos.

-Eres Kotonoha Chan, eres mi Peque, eres una chica que está buscando entenderse a sí misma, y que me tiene a mi como su amigo para ayudarla en lo que pueda, y que a veces se equivoca como todo el mundo lo hace, no hay ningún pecado en eso. -

-Kira Kun. -

La vergüenza de sentirse descubierta por lo que hizo a pesar de que Kira no se lo recriminó, la hicieron sentirse desaprobada de sí misma.

Kira intentó hacerla sentir mejor.

-Yo quiero salir contigo Peque, aunque sea una vez, y a donde tú quieras ir, pero aún no me dices que podamos hacerlo, y no por eso salí con Nene, simplemente salí con ella como pude haber salido contigo o con otra amiga cualquiera, no hice esto para engañarte o hacer algo malo, por el contrario, creo que si mis intenciones fueran otras te lo hubiera dicho con franqueza. Pero lo hice porque te tengo la confianza y quiero que sientas la misma confianza conmigo. -

- ¡Ay, Kira Kun, no puedo con tanta bondad de tu parte, me haces sentir la peor de las chicas! -

Kira intentó acercarse para abrazarla, pero recordó su reacción cuando abordaban el velero, pensó que no sería una buena idea acercarse tanto a ella en ese momento vulnerable, ansiaba hacerle sentir mejor pero no tenía claro cómo podía hacerlo, solo acertó a poner su mano en la cabeza de la niña en señal de apoyo, sabía que no era precisamente un gesto de cercanía sino de cordialidad, pero por un momento Kira no sabía qué hacer.

Desafortunadamente Kotonoha interpretó esto como una señal de "lastima".

-Kira Kun, ¿Puedo pedirte un favor? -

-Claro lo que sea. -

-Me siento muy mal por esto, y me marcho a mi casa, por favor, Kira kun, déjame que regrese sola, no me acompañes ni me sigas, me siento mal y quiero estar sola. -

Kira tomó una de las manos de Kotonoha, y la apretó suavemente, él quería decirle que estaba ahí para lo que ella necesitara, pero el rostro descompuesto de ella solo le indicaba que lo más prudente en ese momento seria dejarla en paz.

-Está bien Peque, solo por favor, ve directo a casa, si te quedas en un parque o algo así, sabes que es lo que puede pasar, y como me lo has pedido, yo no estaré ahí si necesito protegerte. -

-Si Kira Kun, gracias y lo siento. -

Kotonoha se levantó corriendo mientras iba llorando. Kira no sabía si sentirse culpable, pero una promesa es una promesa.

Para variar esa tarde, Kira intentó localizar a Kotonoha sin éxito, tenía la duda de ir hasta su casa. Y pues decepcionantemente estuvo más de una hora fuera de la propiedad solo para quedarse en la puerta sin que nadie siquiera saliera a decirle que Kotonoha no está disponible.

Si bien le preocupaba, también tuvo que aceptar que comenzaba a sentir por un lado un creciente sentimiento de culpa y por otro, una rechazante desvalorización, él no podía cambiar lo que él era, preocuparse por ella era parte de su naturaleza, Kira es así, sabía que Kotonoha estaba pasando por muchas situaciones que no entendía como enfrentar, y huir de eso en mucho sonaba a un pretexto razonable para que se desapareciera, pero después de eso era imposible saber que había ocurrido y cuánto tiempo pasaría antes de volver a saber de ella, solo para darse cuenta que él no podía ayudarla porque ella de alguna forma, no se deja ayudar y luego volver a caer en el mismo ciclo donde ella, tras algún tipo de altercado, o sin razón aparente se desapareciera otra vez sin que Kira supiera algo y regresar quien sabe cuánto tiempo después como si nada hubiera pasado.

Mientras conducía de regreso a casa, sentía tristeza de eso y pensaba una y otra vez en los sucesos ocurridos, románticamente le pareció ver la transparente imagen de Kotonoha con su triste mirada y su cordial sonrisa en el parabrisas del auto mientras en esa tarde semi-nublada y con amenaza de lluvia al frente veía al fondo las colinas donde inicia la cordillera de Okutama al dirigirse por la autopista.

Llegó a casa acompañado de una lluvia moderada, bajó de su auto y subió la escalera hasta el estudio, abrió la puerta de la terraza y se sentó a pensar sobre el asunto mientras la lluvia caía de una manera apacible y serena en su jardín.

Pensando en todas las señales y signos que él estaba percibiendo de Kotonoha, recordó una de sus máximas que la vida le enseño a la mala:

"No puedes obligar a nadie a hacer algo que no quiere".

Pensó que tal vez él no se había dado cuenta que posiblemente estaba intentando forzar el hacer cambiar a una persona de la esencia que tiene, y por tal motivo las cosas no estuvieran funcionando.

Aunque tras todo lo ocurrido no sonaba lógico, pero también es cierto que cada cabeza es un mundo y eso, por ilógico que parezca, es válido para cada ser humano, y que lo que Kotonoha deseara para con su vida no dependía de Kira en absoluto.

Tomó la decisión de escribirle a Kotonoha lo que él pensaba sería un último mensaje que le enviaría, donde le agradecía por todo, que el ya no intentaría molestarle más dado que se sentía como alguien encimoso y hasta acosador con ella, cuando solo deseaba saber si estaba bien y si le podía ofrecer su ayuda, y pues, con tristeza le mencionaba que ya no la molestaría más.

No tardó un minuto después de que envió el mensaje que su teléfono timbró.

-Kira Kun. -

-Si. -

-Por favor, Kira Kun, lo siento, no te vayas, no me dejes sola. -

Kira sintió por un lado alivio, y por otro realmente ya no tenía claridad de que sigue, o que hacer.

-Peque, no tengo nada que perdonarte, de verdad nada, al contrario, yo no sé si algo he estado haciendo mal, pero de repente siento que no me quieres cerca de ti. Y no sé por qué. -

- ¡No Kira Kun, no me dejes, prometiste que serías mi amigo, y de verdad eres mi único amigo, no te vayas! -

La niña ya estaba llorando, Kira se dejó llevar una vez más por esa ferviente esencia tierna y gentil de Kotonoha haciéndolo sentir incluso culpable de lo que le acababa de escribir.

-Peque nunca te dejare, disculpa mi torpeza por haberte escrito eso, soy muy tonto a veces y me desespero, por favor sigue siendo mi amiga, que yo seré tu amigo, me duele y me preocupa que de repente paso algo de tiempo sin saber de ti, pero sabes, he decidido que no me importa, así eres tú, así te acepto y nunca dejare de ser tu amigo.-

-Gracias Kira Kun eres muy noble, de verdad gracias por comprender.-

Después de colgar la llamada, la realidad es que Kira no comprendió nada, pero, se sentía mejor de haber hecho lo que hizo y si Kotonoha no quería compartirle los detalles, pues sus motivos tendría.

Ella no le causa ningún tipo de daño con desaparecerse, y el solo la ayudaría en lo que ella se dejara ayudar.

Pensándolo con frialdad, así funciona con el resto de la humanidad, algunos con mejor comunicación que otros, por lo que decidió que la mejor forma de ayudar a Kotonoha era dejarla ser y estar para ella cuando lo necesitara, paradójicamente eso no era muy diferente de lo que le sucedía con Kishi.

Por un par de ocasiones Kira recibió mensajes de Kotonoha donde le pedía apoyo y que si podían verse, Kira siempre aceptó de forma cordial y atenta, la dinámica cambió un poco, ella le citaba generalmente en un parque o junto a algún rio.

Todos los lugares de sus citas eran lugares solitarios donde cuando llegaba con ella solían sentarse uno al lado del otro, y de manera tímida Kotonoha solamente le pedía que el la abrazara, Kira aprovechó la primera cita para darle unos pequeños pendientes en forma de flor de lis que le trajo de Vancouver. Ella los recibió con una mirada llena de esperanza.

Kira aceptaba verse con ella sin preguntar ni decir nada, de principio mil ideas y preguntas pasaban por su cabeza, pero al final fue comprendiendo que para ella era más necesario sentirse segura y protegida o escuchada, que salir con Kira a realizar actividades más "banales".

En más de una ocasión Kotonoha se quedó dormida en brazos de Kira y pasaban horas, Kira terminaba llevándola a casa ya obscurecida la noche tras permitir que se despertara o despertándola gentilmente para indicarle que ya era tarde.

Al parecer esta relación de apoyo sin palabras parecía servirle más a Kotonoha, aunque Kira no entendía del todo, pensaba que, si es lo que la chica necesitaba, pues a él no le costaba nada apoyarla de esa forma.

Y analizando el récord histórico, en ese corto periodo se había visto más ocasiones con Kotonoha y ella se había desparecido mucho menos que antes, aunque en todo ese tiempo, prácticamente no hablaron de nada.

Básicamente, Kira se dedicó a escucharla cuando ella hablaba, parecía que ella sintiera una enorme necesidad de desahogarse, mucho de lo que le contaba, para Kira en ese momento parecía no tener sentido, Kira solamente escuchaba con atención y se limitaba a interactuar con ella con gestos o frases que le expresaban que estaba con ella y comprendía la situación.

Kira aprovechó esta oleada e invitó a Kotonoha y su familia a pasar un día en su casa, lo cual fue bien visto por sus papás, fue un recuerdo memorable para la niña, Kokoro se entretuvo en la alberca mientras Kira le mostró a sus papás su casa, Kira aprovechó para obsequiarles otro estuche de mieles de maple que les había traído, pero que no pudo entregárselos en su oportunidad, estuvieron de picnic alrededor del rio en la cañada, fueron a conocer el pueblo y después pasaron a visitar a Hanna.

Como si la montaña se apiadara del sufrimiento de la niña, al estar cerca de donde inicia la reserva, los padres de Kotonoha fueron testigos de que ella y su hermanita fueron rodeados por la fauna de la montaña con una cariñosa familiaridad, una vez más los tiernos animalitos y los grandes depredadores estuvieron recibiendo las caricias de Kotonoha y aceptaron el corazón limpio e inocente de Kokoro quien los abrazaba tiernamente como grandes juguetes de peluche en una convivencia que le devolvió a la niña algo de renovadora paz en su existencia.

Ante tanta maravilla y que ella se sentía plena, Kira se atrevió a invitarlos para quedarse el resto del fin de semana, sus padres aceptaron solamente pasar la noche dados los compromisos previos que ya tenían.

Prepararon la cena en casa de Kira, Hanna fue a visitarlos con sus hijos y tras quemar algunos fuegos artificiales y pasar un rato de convivencia, salieron a caminar detrás de la propiedad de Kira a los campos donde por la época del año había luciérnagas y desde esas colinas la vista hacia el valle que se extiende hacia las cordilleras y finalmente hasta donde se avista el monte Fuji, ofrecían una panorámica particularmente impactante.

Finalmente Kira los acomodó para pernoctar, aunque Kotonoha no podía dormir de la emoción de estar tan cerca de Kira, al fin el sueño la venció tras haberse escabullido en la habitación de Kira, el cual dormía tranquilamente, ella anhelaba sentirse cercana a él, sin embargo solo atinó a tomar los guantes que alguna vez Kira le prestó cuando subieron al lago Hatonosu, dichos guantes estaban a la mano, Kotonoha los tomó y se los llevó a su habitación donde se durmió tras apretarlos contra su pecho y sentir que poseía algo muy valioso.

Al día siguiente después del desayuno, sus padres indicaron que era momento de regresar a casa, Kotonoha se despidió de Kira con un tierno abrazo, el primero y el único que le dio en toda su vida sin un sentimiento de recelo.

Días después, aunque no habían establecido salir como se lo había pedido Kira aquel domingo en su cumpleaños y formalmente no habían tenido una cita, continuaban haciendo lo que Kotonoha quería o necesitaba, que era básicamente estar en un lugar tranquilo sintiéndose protegida y hablar de cómo se sentía.

Kira solo logró identificar un estado binario en ella, a veces venía a él como si le hubiera pasado una aplanadora encima, y a veces venia feliz y sonriente con ganas de creer que la vida no era gris y aburrida, pero finalmente Kira nunca le preguntó ninguna de sus razones, así como ella tampoco le dijo absolutamente nada.

El tiempo avanzó y llegó el 14 de febrero, el día de San Valentín.

Parecía un día más para algunos, y aunque Kishi no esperaba nada en especial la realidad es que, si estaba deseosa de un detalle, aunque fuese pequeño de parte de Kira, ella preparó una funda impresa para celular, con motivos musicales, y estaba dispuesta a dársela a Kira delante del salón, finalmente era un regalo de amigos.

Sin embargo, durante la mañana Kira no estuvo en su asiento. Kishi se sintió algo triste, le mandó un mensaje preguntando donde estaba, pero no recibió respuesta.

Dejó el tema de lado y se sumió en sus pensamientos de la clase.

Kira había estado durante la mañana frente a la puerta de la casa de Kotonoha, le llevó como presente una delicada pulsera de plata con su nombre grabado, el ama de llaves salió a recibirlo indicándole que la señorita Kotonoha no estaba en casa.

Kira le dejó el regalo, le envió un mensaje deseándole feliz San Valentín, y que por favor le indicará cuando podría estar disponible para que, si ella lo aceptara, salieran a hacer algo especial y no dejar pasar la fecha inadvertida. el mensaje llegó, pero Kotonoha no lo leyó, entonces Kira se retiró.

Estaba Kishi en su almuerzo cuando recibió un mensaje, se trataba de un link.

Vio que el remitente era Kira.

Volteó para buscarlo y se dio cuenta que no estaba en su lugar.

Salió a buscarlo cerca de ahí pero no logró encontrarlo, regresó a terminar de comer, para no levantar suspicacias y para la siguiente clase Kira estaba en el salón como si nada.

Ya que no estuvo durante la mañana, Kishi tuvo que esperar a que las interminables fans de Kira vinieran a hacerle la entrega de sus regalos de San Valentín, recibió tantos chocolates que bien podría abrir una tienda, esa constante entrega de regalos solo fue opacada por la procesión casi religiosa que toda la escuela hizo para pasar a entregarle un presente a Shoko Komi. Por lo que la guardia imperial y la legión Katai estaban más que alerta.

Para el final de clases, la presión social del día hizo que Hitohito pidiera a Kira apoyo para no quedarse solo con Shoko, lo cual Kira había aceptado con patética tristeza, y aceptó acompañarlos e incluso acompañar a Hitohito a dejar a Shoko hasta su casa para que Shoko pudiera entregarle su regalo.

Sin embargo, en un cambio de plan, el imbécil y desesperado de Hitohito, quiso invitar a comer a Shoko, Kira se sorprendió que al fin Hitohito tendría el valor, pero en el momento crucial, se acobardó e invitó a comer... ¡A Makoto Katai! Y delante de la misma Shoko.

Tras presenciar esto y sentir nauseas, Kira preguntó a Shoko si quería que el la llevara a su casa o si tenía algún plan, a lo que la chica inexpresivamente respondió que no.

Kira salió del salón junto a Shoko y en la entrada los esperaba Samurái junto con Shinobino y la legión Katai, le dijeron a Kira que ellos escoltarían a la diosa de la clase para que no tuviera inconveniente alguno, Makoto no estaría presente ya que fue invitado a comer por Hitohito, y Omoharu fue invitada a salir por parte de Taisei, Kira preguntó dónde estaría Kishi, a lo que Samurái solo respondió que tenían ordenes explicitas y desconocía el contexto. Kira se despidió y se dirigió a su auto, Kishi estaba recargado en él.

-Hola Kishi San. -

Kishi no le contestó, solo sonrió y le mostro su celular.

-Ok ya veo que recibiste mi mensaje. -

- ¿Qué es esto?-

-Oye nunca me podré perdonar lo que pasó en el evento de Enoshima. No era lo que yo tenía en mente. -

-Lo se Kira Kun, no te preocupes. -

-Yo sé que me pediste que te regalara esa canción, pero me parece más una crueldad que un regalo, por eso, durante este tiempo decidí escribir una canción para ti. -

Kishi se sorprendió y se sonrojó.

-Ga. Gracias, pero eso no era necesario. -

-Lo es, porque quiero darte algo que de verdad sea un regalo, y no una condena, puse a trabajar a ese trio de malandros para que me ayudaran ya que ellos me metieron en esto, y bueno, es para ti. -

- ¡Muchas gracias, la podemos oír juntos! -

-Bueno, ¡Pero vamos a un lugar tranquilo ¿Te parece?! -

-Subieron al coche y se retiraron hacia un parque llegaron hasta una zona donde un prado con un par de árboles ofrecía un espacio especial para dos tortolos... O dos amigos. -

-Listo.-

La canción se comenzó a reproducir, una canción de estructura sencilla, honesta, no pretenciosa, que Kira intituló "stay" (quédate), recordando lo que sentía cuando tras dejar a todos en sus respectivas casas en la noche del domingo tras su cumpleaños, iba de regreso a Hatonosu pensando en Kishi, mirando en la obscuridad del camino por la ventana y deseando que no se fuera de su vida.

El momento fue bello, Kishi se sentía confortada y se recargó en Kira.

- ¡Qué bonito!, muchas gracias. -

-Qué bueno que te haya gustado. -

-Espero que algún día la interpretes para mí. -

-Si eso te gustaría claro que sí. -

Se abrazaron e inexplicablemente Kishi lo besó en los labios.

De momento Kira se extrañó, no esperaba esa reacción, pero tampoco fue que le incomodara así que aprovechó el momento.

Después del beso juntaron sus frentes, y ese fue como la señal de que debían recordar que no son más que buenos amigos, a decir verdad, ya ninguno de los dos tenía claro que significaba eso.

Entonces Kira sacó una pequeña caja y la mostró a Kishi, se trataba de un dije con una estrella perlada de microscópicos diamantes.

Kishi se sorprendió gratamente.

-Una sencilla ofrenda para una hermosa princesa, feliz San Valentín. -

-Oye ¿Cómo te voy a compensar algo así en el día blanco? -

-Ya lo has hecho.-

Le dijo Kira alzando su nueva cubierta para el celular.

-No necesito más que tu compañía y estar bien contigo.-

Regresaron tomados de la mano en el auto, Kira llevó a Kishi a comer y a tomar bebidas con tapioca.

Ya tenía tiempo que Kishi le había comentado que nunca las había probado y para ella fue un lindo gesto que Kira lo hubiese recordado.

Después Kira llevó a Kishi a casa, cerca de la puerta se despidieron y Kira se retiró.

Kishi se volteó para entrar en su jardín cuando volvió a recibir un mensaje de Kira. Era otro link. Ella solo contestó con un signo de interrogación.

Kira le respondió.

-"Te pido que lo abras cuando estes cómoda, sola en tu cuarto y te vayas a dormir". -

Kishi se emocionó, le contestó.

-"No creo que pueda esperar tanto".-

Entonces quiso abrir el link, pero se topó con una solicitud de contraseña.

-"Me pide palabra clave". - Le escribió a Kira.

-"Lo sé, por eso se la puse, porque sabía que no ibas a querer esperarte". -

Kishi hizo una rabieta tiernamente infantil.

-"Está bien". –

Le escribió.

-"Esperaré a la noche".-

El tiempo pasó rápidamente, y Kishi se distrajo en sus actividades, fue hasta después de cenar y estar tomando un baño que recordó que tenía algo pendiente con el link que Kira le envió.

Se apresuró a terminar de bañarse, se preparó y se arropó en su cama. Le mandó un mensaje a Kira.

-"Hola". -

Kira le contestó.

- "Por favor ponte audífonos". -

Kishi se puso sus audífonos y le contestó.

- "Listo". -

Entonces Kira le llamó.

-Buenas noches Kishi San. -

-Quiero que en este regalo encuentres mi agradecimiento, por lo que has hecho por mí, te pedí que lo abras tu sola para que puedas disfrutarlo completamente sin interrupciones y porque lo que vas a encontrar solo es para ti, no quiero que nadie más lo vea ¿Puedes hacer eso por mí? -

-En ese caso ¿Porque mejor no lo abrimos juntos?-

Dijo Kishi.

-¿O se trata de algo lascivo? -

-No es nada enfermo si a eso te refieres, pero si es muy muy personal, por eso mismo también creo que no podría resistirlo. -

Dijo Kira.

-Está bien Kira Kun, aunque me estoy acostumbrando a que bueno o malo todo lo enfrentemos juntos. -

-Espero me comprendas ahora que lo abras Kishi Chan. -

-Está bien niño misterioso. -

-Bueno que pases buena noche. Y te comento la contraseña, la podrás recordar fácilmente y es mejor que nadie la sepa ni la tengas escrita en algún lado. -

-la contraseña es "Iniciacion8". -

El detalle le pareció tierno a Kishi ya que estaba perfectamente claro su significado, y recordó las palabras de Kira en la azotea de la escuela:

"Si es algo que significa tanto para ti, con gusto lo hago".

-Ok buenas noches, Kira Kun, y gracias. -

Colgaron la llamada.

Al colocar la contraseña comenzó a desplegarse un video, el fondo musical era la misma melodía que escuchó con Kira en la tarde, pero el video contenía una serie de animaciones, donde dos personas, con claras señales de que se trataba de ellos dos, lloraron, se abrazaron juguetearon y coquetearon.

Entonces Kishi entendió, se trataba de todos los momentos que pasaron esa tarde cuando Kishi se fue con Kira hasta su casa, todo lo que sucedió, los abrazos, los besos, la caída en la alberca, el momento en que Kishi lloró cuando Kira le colocó una frazada, como jugaron guerra de comida. Y más.

Todos esos momentos como vividos recuerdos de lo que fue para Kishi una tarde maravillosa, Kishi comenzó a llorar, ahora entendía porque no podía verlo nadie más, ya que solo ellos dos saben que eso pasó, y también entendió porque Kira le dijo que verlo junto a ella no podría resistirlo, era algo demasiado intenso para dos personas que en teoría, se quieren pero no se aman.

Al final, la imagen del cielo estrellado y ellos dos tirados en el pasto en una escena que se aleja mientras la canción termina le llenaron el corazón de ternura, pero también de melancolía.

Ya Kishi no se entendía a sí misma, el saber que no había química, pero sentía que si la había. Se preguntaba si Kira se sentiría igual, secó sus lágrimas y agradeció en silencio a Kira con su celular entre sus manos pegado a su pecho, después se tapó con su futón, y volvió a ver el video, una y otra vez.

Un gran suspiro cerró esa madrugada mientras Kira paseaba por el jardín, por momentos nervioso, por momentos preocupado, por momentos recordando fragmentos del video que le pegaban durísimo, y dejaba escapar una lágrima, se preguntaba si Kishi seguía viendo el video, se preguntaba si estarían de alguna forma conectados sus pensamientos en ese momento.

Subió hasta una de las terrazas donde la vista le permitía ver la obscuridad de los campos, y unas tenues luces salpicadas en la distancia, mientras al fondo se ve la cordillera de las montañas, se sentó en el barandal y daba las buenas noches a Kishi, al mismo tiempo que Kishi en su habitación se iba quedando dormida.

En su delirio por el cansancio y que deseaba seguir viendo el video, le mandó a Kira un emoticón de un corazón. Al ver que lo envió se asustó por un momento, pero al final se sintió feliz de haberse hecho trampa a sí misma, de haber burlado al guerrero y que la chica hiciera una travesura.

Poco después de esto el sueño la venció.

Kira se quedó dormido sobre el barandal con el teléfono en la mano, no vio el mensaje que le envió Kishi.

En ese momento su mente guardó su ultimo pensamiento del día.

"Es tiempo de mirar hacia el mañana" ...

Nadie imaginaba que vendría...