La chica de enfrente
Summary: Yamato era un tipo genial y Mimi sólo quería cruzar la calle sin que le coquetearan. Y los dos no podrían estar más felices siendo el refugio seguro del otro.
﹋﹋﹋﹋﹋﹋﹋﹋
Yamato era un tipo genial, pertenecía al grupo de chicos populares, siempre tenía gel en su perfecto cabello rubio, botas de combate y besaba algunas bocas. Sin embargo, el chico cometió el mayor error de su vida como adolescente rebelde cuando fue a notar a Mimi Tachikawa, quien era la definición de esquiva y hermosa al mismo tiempo. La primogénita de los Tachikawa siempre vestía ropa de colores claros, de preferencia rosa pastel, tomada de la mano de su hermana pequeña, Azumi.
Era casi inocente la forma en que Mimi lo cautivaba con su ingenuidad y la forma atenta en que trataba a las personas, ofreciéndoles siempre dulces sonrisas. Los Tachikawa vivían a dos casas de donde se juntaba el grupo de Yamato y, a menudo, era el blanco de los silbidos que Yamato insistía en negar para mantener las apariencias de chico cool. La verdad era que odiaba pasar tiempo con los chicos escuchando rap y freestyle todo el día. Rayos, solo quería escuchar a los Beatles y que no se burlaran de él por ello. Cursi, diría uno de sus amigos.
Aun así, Yamato no era muy bien visto entre ellos de todos modos con ese cabello rebelde y chaquetas de cuero. También era de 'mal gusto' por querer dedicarse a sus estudios, tener su propia casa en lugar de molestar a su madre toda la vida y desear amar algún día. Todo eso a ojos de los demás era de mal gusto.
Pero bueno, él siempre los ignoraba cuando empezaban con la letanía habitual. Y fue en uno de esos momentos en los que dejó que sus amigos hablaran entre ellos, sin involucrarse, que hizo que Yamato notara lo deslumbrante que se veía Mimi con esos shorts de mezclilla y ese suéter rosa pastel. Adorable de una manera única y delicada, incluso si lucía unas ojeras producto del desvelo por ser el último año de preparatoria.
Era miércoles, pero Mimi no estaba acompañada por su hermana menor.
Sus mechones castaños se movían con el viento y le encantaban a Yamato, quien sonrió con suficiencia mientras se acercaba a ella, quien a su vez puso los ojos en blanco tan pronto como notó su presencia.
"Hola, chica de enfrente." Saludó, apoyando en la pared su brazo cubierto con el cuero de su chaqueta cortando el paso de la chica.
"Qué cliché, extraño molesto que siempre está con otros extraños molestos." Respondió Mimi, sin la paciencia para aguantar bromas de idiotas como las de él. "¡Y aleja de mí ese brazo tan pesado!" Se quejó alejándose.
Yamato solo rio, susurrando un "Hasta luego, bonita." Antes de dejar sola a la castaña.
Mimi no respondió, sintiéndose incómoda con el hecho de que el perfume de Ishida se le había pegado. Genial, ahora su amiga se burlaría de ella hasta la muerte.
-.-
Mimi solo quería cruzar la calle sin que el molesto rubio le diera un coqueteo barato, como lo apodó después de la conversación sin contexto que tuvieron semanas antes de que comenzara el intento de ligue. Lo peor de todo era que a pesar de responder siempre de manera ofensiva (al menos eso creía ella, pero solo provocaba que Yamato se riera) tan pronto como se alejaba lo suficiente sonreía como tonta.
Y Azumi se dio cuenta de esto, por supuesto. La mocosa era una traviesa, siempre prestando atención a todo y repitiendo cualquier cosa que escuchaba de alguien, lo que causaba mucho bochorno en la mesa de la familia Tachikawa y, obviamente, tenía que pinchar a su hermana, sonriendo con picardía antes de empezar a hablar.
"Onee-chan, ¡estás enamorada del chico guapo!" Provocó, recibiendo una mirada indignada.
"¿Has vuelto a comer tierra?" Respondió la mayor. "Porque puede que te estés volviendo loca, Azumi-chan."
"¡Pero hace un momento sonreíste!"
"¡La pequeña tiene toda la razón!" Añadió la voz familiar con aire burlón.
Mimi se giró sólo para estar segura de su mala suerte y ver a Yamato allí, sonriendo de oreja a oreja. Suspiró y trató de no decir malas palabras delante de su hermana pequeña, quien probablemente se lo contaría a sus padres. Antes de que pudiera responder, Yamato volvió a hablar.
"Vaya, el azul te queda muy bien, pero ¿sabes cuál te quedaría mejor?" cuestionó.
"¿Cuál?" preguntó Mimi con un tono completamente desinteresado.
"Rojo, a juego con el color de mi pasión por ti." Dijo Yamato dramáticamente con su mano en el pecho.
"Cursi." Dijeron las hermanas Tachikawa al unísono.
"Bien, la próxima vez lo haré mejor," bromeó. "¡Nos vemos luego chicas que viven enfrente!" Se despidió y regresó a su círculo de amigos, quienes estaban jugando a las cartas.
Mimi y Azumi pronto llegaron a casa, ambas fueron regañadas por su madre por no usar abrigos en invierno y fueron a sus respectivas habitaciones. Mientras Azumi llamaba en secreto a Kana, su amiga de la escuela, Mimi pensó en cómo podía sentirse tan nerviosa con Yamato, especialmente cuando decía esas cursis líneas.
Y continuó durante semanas. Cada vez que la castaña pasaba junto a Yamato, el pícaro rubio tenía una nueva frase cursi, siempre sonriendo como solo él lo hacía, dando un pequeño guiño al final. Bueno, a Mimi no le importaba escucharlos y simular náuseas, incluso se divertía un poco y sintió su corazón calentarse. Sin embargo, cuando decidió salir tarde en la noche en busca de un Arcade abierto para jugar su juego favorito, encontró a Yamato sentado en las escaleras habituales, pero esta vez, estaba acompañado por una mochila y lágrimas rodando por su hermoso rostro.
Mimi sintió que se le hundía el corazón y no pudo evitar acercarse a él, sentándose a su lado y colocando su mano en su hombro cubierto con una sudadera – totalmente diferente a la de cuero que lo acompañaba religiosamente – sin saber qué decir. No quería presionarlo y ser invasiva.
"Voy a buscar un Arcade abierto, ¿quieres acompañarme?" Rompió el silencio, sonriendo acogedoramente cuando el rubio la miró. Sin embargo, tan pronto como él le dio una sonrisa sugerente, sintió que le ardían las mejillas. "Q-quiero decir, tengo suficiente dinero para los dos, así que, mmm…pensé que sería una buena idea, pero si no quieres, está b-..."
Mimi fue interrumpida cuando Yamato se levantó emocionado, recogió su mochila, se la puso en la espalda y juntó sus manos entre las suyas, sonriendo ampliamente, ni siquiera parecía estar llorando minutos antes.
"¡Tengamos una cita, cariño!"
Mimi rio a carcajadas ante la declaración antes de correr con él por las calles oscuras.
-.-
Al final, terminaron por no encontrar un Arcade abierto, sin embargo, un club de baile con una sala de juegos improvisada y luces de neón exageradas fue suficiente para los dos chicos, quienes aplaudieron emocionados al ver una mesa de Air-Hockey y, mejor aún, no hay gente esperando para jugar. En otras palabras, podían jugar hasta cansarse.
"¡Ya puedes ir preparando esa cara bonita para perder contra el maestro!" exclamó Yamato, gesticulando ridículamente y señalándose a sí mismo, como si fuera el Padrino.
"Sigue soñando, Yamato Ishida." Respondió Mimi, poniendo los ojos en blanco y dándole una pequeña sonrisa.
"Uff, me encanta que mi nombre salga de esa boca tan bonita, pero…" sonrió, recogiendo el mazo azul. "En el juego, llámame Amo, cariño." Le guiñó un ojo, ajustándose la gorra que cubría sus mechones rubios.
"Pésimo apodo…Amo."
Dicho esto, Tachikawa recogió el mazo restante, precariamente teñido de verde, y sonrió, dispuesta a derrotar a Ishida en ese juego súper serio en el que se jugaban su honor como experimentados jugadores de Air-hockey.
El juego comenzó con el pequeño disco colocado en el centro de la mesa, que pronto fue golpeado por Yamato, el ganador del jokenpô que hicieron, por tanto, el primero en atacar. Sin embargo, las hábiles manos de Mimi se apresuraron a defender, golpeando el disco y lanzándolo directamente al agujero, anotando un punto perfecto.
"¡Rayos, linda…eres buena en esto!" Se quejó el rubio, pero estaba sonriendo.
Comenzaron a jugar de nuevo y cuando Mimi intentó desesperadamente contrarrestar un disparo certero de Yamato, terminó poniendo demasiada fuerza en el disco, lanzándolo a toda velocidad directamente hacia el cuerpo mayor, quien hizo una mueca de dolor extremo justo cuando el objeto cayó el suelo tras golpearlo en el peor lugar de su cuerpo donde podría haber sido golpeado.
El rubio gritó, gruñendo de dolor mientras caía sobre la mesa, sosteniendo su entrepierna – de fondo, podía oír al empleado local reír a carcajadas.
"¡Lo siento!" exclamó Mimi, corriendo hacia él y tomándolo de los hombros. "Lo siento, Dios mío, lo siento, por favor, no fue intencional, ¡lo juro!" Suplicó, desesperada.
"Todo…t-todo…está bien…ni siquiera duele…tanto." Yamato mintió e intentó forzar una sonrisa que no funcionó y terminó convirtiéndose en una mueca de dolor, nuevamente.
Luego de esperar a que el dolor disminuyera un poco, los dos chicos abandonaron el establecimiento, agradeciendo a los encargados y recibiendo algunos consejos para detener el dolor de Yamato, quien cojeaba un poco debido al golpe.
Estaban cerca de sus casas cuando empezaron a reír sin discreción. Habían convertido la 'cita' en una casi vasectomía no deseada. Sería una gran historia para contarles a futuros hijos y nietos. Sin embargo, la risa de Yamato se detuvo repentinamente cuando vio su propia casa, recordando por qué estaba afuera de ella.
"Mi padre me echó." Confesó suspirando y Mimi no entendía del todo. "Por eso estaba llorando, porque no quiero seguir sus pasos, sino estudiar otra cosa y como que no le gustó mi elección ni un poco..."
"Lo siento…" dijo Mimi en un susurro. "Y no tienes adónde ir, ¿verdad?"
"Sí. Mi madre me dijo que volviera cuando él fuera a trabajar, a comer y a ducharme.
"Puedes quedarte en mi casa." Dijo Mimi casi abruptamente, sintiéndose avergonzada mientras él alzaba las cejas. "Quiero decir, por esta noche…"
"¿En serio?"
"Por supuesto."
"Gracias Mimi-chan, eres muy amable." Agradeció Yamato, revolviendo el cabello de la menor.
"Yo la crie, claro que es amable, muchacho." Dijo la señora Tachikawa asustando a los dos tortolitos. "¡Entren rápido, niños!" Ordenó, colocando sus suaves manos en su cintura, tratando de parecer enojada con la bata con estampado de leopardo.
"¡Está bien, mamá, está bien!" asintió Mimi, avergonzada y Yamato simplemente la siguió, sonriendo.
Después de un gran regaño sobre escaparse y arriesgarse a ser secuestrados, a los chicos se les permitió subir a la habitación de Mimi y se apresuraron cuando escucharon la pequeña voz de Azumi – no les apetecía leer un cuento para dormir a la niña.
Yamato cerró la puerta y observó cada pequeño detalle de la hermosa habitación. Las paredes de color verde mar estaban cubiertas de carteles de juegos, películas y bandas de rock. Letras grandes en hermosas fuentes deletreaban una de las frases favoritas de Yamato en todo el mundo:'All You Need Is Love'. Era imposible contener una sonrisa.
"¿Te gustan los Beatles?" Mimi le preguntó al notar su sonrisa.
"Mi banda favorita." Confesó colocando su mochila en la esquina de la habitación, al lado del escritorio.
Mimi simplemente dejó escapar un 'Oh' entre sus labios, antes de decir que iba al baño y que Yamato podía cambiarse mientras tanto.
Pronto, las luces se apagaron y los dos se recostaron, repentinamente nerviosos por compartir la habitación – aunque no la misma cama, ya que él estaba sobre un futón. El silencio era confortable y ambos sintieron que sus corazones se aceleraban mientras Mimi giraba, tomaba valor y cuidadosamente tomaba la mano de Yamato y entrelazaba sus dedos, disfrutando del tacto agradable y afectuoso. No parecía malo como todos decían.
"Creo que me gustas, Yamato." Mimi rompió el silencio, mirando a Yamato, quien sonrió ampliamente.
"Tú a mí me encantas, chica bonita que vive justo aquí," respondió señalando su propio pecho, "En mi corazón."
Mimi rio de lo cliché que sonó, pero se detuvo tan pronto como Yamato dejó el futón y se irguió sobre ella, colocando sus suaves labios contra los suyos, con un cariño especial.
Intercambiaron muchos besos esa noche, en la boca, en la mejilla, en el cuello...Y casi se pasan de la raya, sin embargo el gemido de dolor que Yamato soltó cuando Mimi se sentó en su regazo los hizo detenerse y reír mucho ante la situación trágica.
Ahora eran novios y los dos no podrían estar más felices siendo el refugio seguro del otro.
Fin
Este es mi aporte para el día 4, un OS traído con muuuucho cariño😊
