[Baby blues]

Summary: Mimi estaba esperando el bebé de Yamato y pensó que el mayor no la tocaba o le hacía el amor porque ahora era físicamente diferente.

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Nunca pensó que se enamoraría. Nunca imaginó tener a una geisha como pareja. Pero...estaba enamorado de una geisha llamada Mimi.

Mimi había bailado para él la primera vez que visitó la okiya. Y antes de saberlo...se había enamorado y mucho.

Visitaba la okiya cada noche y eventualmente se volvió especial para él. Un mes después de ello, le había pedido al dueño de la okiya que hiciera que Mimi fuera solo su geisha. No fue algo difícil ya que él era el heredero del clan Ishida: el líder de la ciudad. Además, sabía que el dueño de la okiya había hecho que la geisha no solo bailara para el lord y los nobles, sino que también hacía que losentretuviera.

Eso lo había preocupado. No quería compartir a Mimi con nadie. No quería que otros hombres tocaran la suave piel de Mimi. No quería que otros hombres besaran los adorables y rosados labios de Mimi. No quería que otros hombres probaran a Mimi, que olieran su esencia.

Mimi siempre había sabido y olido a cerezo.

Lo tenía como un adicto.

Eso había hecho que se enamorara perdidamente de la geisha.

Usando su poder y un poco de amenaza, logró que el dueño le diera una habitación especial para Mimi, en donde solo ellos tenían permitido entrar. Pronto se volvieron pareja y nuevamente, usando su posición alta, sacó a Mimi de la okiya y llevó a la geisha a su casa.

Unos meses después, encontró a Mimi desmayada en el jardín. Había llevado incontables números de curanderos de muchas villas para confirmar lo que ya suponían. No había duda de ello: su pareja estaba esperando un bebé.

Su pareja estaba esperando un hijo suyo.

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Mimi miró en blanco el techo...no podía dejar de pensar en Yamato. Estaba preocupada y triste. No era que no quería el bebé...lo quería más que a nada en el mundo. Pero no estaba segura de si Yamato lo quería.

Desde que supieron sobre su embarazo, Yamato había cambiado. Parecía que el mayor estaba distrayéndose para alejarse de ella. Antes de las noticias, Yamato no desaprovechaba ni una oportunidad para robarle besos o acurrucarse a su lado. Pero ahora, ella necesitaba iniciar cada beso o caricia – y aun así, nunca iban más allá de besos y roces por encima de la ropa.

Se preguntaba por qué.

¿Yamato se había aburrido de ella? ¿o era porque se había vuelto menos hermosa?

Mimi sabía, desde el principio, que Yamato se había enamorado de su belleza. Lo supo desde la primera vez que posó sus ojos en ella. Y honestamente hablando, Mimi también se sintió atraída por el mayor. Pero nunca pensó que era amor. Fue entonces que el dueño de la okiya le dijo que no tenía que bailar para nadie más excepto para cierto hombre llamado Yamato Ishida.

Estuvo en shock y...feliz. Empezó a bailar solo para Yamato y de alguna forma, su baile no terminaba en baile. Eventualmente empezaron a tocarse durante su interpretación y había veces que ni siquiera terminaba de bailar antes de que Yamato la jalara de súbito y la tocara.

Después de confesarse y hacer el amor por primera vez, Yamato la sorprendió al pagar por ella y liberarla de la okiya.

Él la llevó a su nuevo hogar.

Mimi miró a su durmiente pareja y suspiró. ¿Qué había cambiado a Yamato? Se deslizó del brazo del mayor y cuidadosamente se colocó una bata. La noche estaba fría y necesitaba tener cuidado extra hacia ella y hacia su bebé.

Se sostuvo de la pequeña repisa al lado del futón, para poder ponerse de pie ya que su vientre estaba más grande y hacía que sus movimientos se limitaran un poco. Le tomó unos segundos encontrar su balance en cuanto estuvo de pie.

Silenciosamente caminó hacia el enorme espejo, el cual pendía de la pared, y se detuvo inmóvil, mirando su reflejo con sentimientos encontrados. Lentamente desató el nudo de su obi y dejó que la capa de ropa se deslizara un poco por sus hombros.

Suspiró.

Su bata era nueva y hermosa pero...era grande y amplia ya que debía cubrir su prominente vientre. Casi llora el día que no pudo ponerse más su bata favorita, la cual fue un regalo de Yamato.

Él la había calmado y le había comprado una nueva pero eso le había hecho sentirse triste.

Ahora estaba gorda y Yamato necesitaba comprarle ropa nueva.

¿Gorda? ¡¿Gorda?!

Se miró al espejo cuando la palabra se hundió en ella.

Infló las mejillas.

¿Estaba gorda?

Se colocó de lado y miró su propia figura.

¿Estaba...gorda? ¿Podría ser que...esta era la razón por la que Yamato había cambiado? ¿Él ya no la tocaba ni le hacía el amor porque se había puesto fea y gorda? ¿Esa era la razón? Entonces, ¿Yamato solo había amado su belleza todo este tiempo?

Sin saberlo, lloró en silencio. Se había dejado llevar por sus pensamientos y su embarazo no estaba ayudándole. No se dio cuenta que estaba sollozando frente al espejo, de pie como una estatua.

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Yamato despertó ante el sonido de alguien llorando. Se sentó en el futón y restregó sus ojos. Frunció el ceño cuando vio el lugar vacío a su lado.

"¿Mimi?" llamó, mirando la habitación. Y bajo la luz de la luna, vio a su pareja de pie frente al espejo...¿llorando?

Rápidamente se puso de pie y fue al lado de Mimi, sintiéndose preocupado.

"¿Mimi?" puso sus manos sobre los hombros de su pareja y la giró. "¿Por qué estás llorando?" preguntó mientras secaba las lágrimas de la menor antes de atar la cinta alrededor de la cintura de Mimi.

"No deberías exponer así tu cuerpo. Hace frío y no es bueno para nuestro bebé."

Mimi estaba sollozando quedamente mientras miraba a Yamato. "Ya no me amas, ¿verdad?"

Yamato rio suavemente ante la súbita pregunta. "¿De qué estás hablando?" gentilmente tomó la mano de Mimi para guiar a su pareja de regreso a la cama pero la menor estaba anclada al piso. Giró para ver las claras lágrimas cayendo por las mejillas su pareja. ¿Qué estaba mal con su Mimi?

"¿Mimi?"

"Ya no me amas." Mimi sollozó y se sentó en la silla frente al espejo – sus piernas no podían soportar su peso, sus rodillas ya no podían.

Yamato suspiró.'¿Depresión a causa del embarazo?'

Se arrodilló frente a su pareja, tomando sus frías manos entre las suyas para entibiarlas.

"Te amo, Mimi."

"No, ya no me amas. Estoy fea ahora...y gorda. Por eso ya no me besas. Por eso ya no me haces el amor."

Yamato solo pudo mirar boquiabierto a su sollozante pareja. ¿Mimi acababa de decir qué cosa? Si tan solo...si tan solo Mimi supiera la verdad.

"Mimi...te amo. Sin importar cómo crees lucir. Te amo por quién eres."

"Entonces...entonces ¿por qué...?"

"Mimi..." Yamato le interrumpió. "No quiero lastimar al bebé. No quiero lastimarte, tampoco."

Mimi parpadeó, confundida. ¿Y eso qué se suponía que era?

"¿Lastimarme? ¿L-lastimar al bebé?"

"Si te hago el amor, ¿no lastimaría al bebé?"

"¿E-es por eso que no me tocas?"

Yamato asintió. "Tengo miedo. Sabes lo débil que soy cuando me tocas, ¿verdad? Pierdo todo mi autocontrol y te salto encima. Por eso traté de evitar cualquier contacto físico."

"Entonces...¿no piensas que...soy menos hermosa? ¿Aún...te gusto?" Mimi preguntó entre sollozos, los cuales estaban reduciéndose lentamente.

Yamato besó sus suaves manos y sonrió.

"Eres hermosa, Mimi. ¿No sabes lo tentadora que te ves ahora mismo? ¿No tienes idea de lo difícil que es para mí el contenerme de hacerte el amor cada vez que te veo?"

Mimi se sonrojó y apartó la mirada de Yamato.

"Te amo...lo sabes, ¿verdad?"

Mimi miró a Yamato a los ojos y lentamente asintió – sintiéndose ligeramente avergonzada por ser tan infantil y sensible.

Soltó sus manos y tomó el rostro de Yamato, amorosamente.

"Hazme el amor, Yamato..."

Yamato movió la cabeza. "No, lastimaré al bebé."

"¿Qué te hace pensar que el hacerme el amor lastimará al bebé?"

"¿N-no será así?"

Mimi movió la cabeza. "Además...el bebé estará feliz porque yo seré feliz..."

"Pero-"

Mimi colocó su pulgar sobre los labios de Yamato y los acarició. Miró con intensidad los ojos de su pareja.

"Te extraño tanto..."

Yamato se inclinó y besó a su pareja suavemente en los labios. "Yo también...te extraño mucho..."

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Yamato se sentó en el futón con la espalda contra la pared. Lenta y cuidadosamente, guio a Mimi para que se sentara entre sus piernas, con la espalda de la menor presionada contra su pecho.

Mimi se puso cómoda en los brazos de Yamato, deslizándose para descansar la cabeza en el amplio pecho.

"¿Estás segura que quieres hacer esto? sabes que si empiezo...no me detendré." Yamato susurró lentamente, sus manos estaban acariciando el prominente vientre.

Mimi ladeó la cabeza y besó delicadamente los labios de Yamato. "Sí. Te he extrañado..."

"Entonces déjame hacerlo...solo relájate..." Yamato sonrió y selló sus labios en otro beso.

Aseguró a Mimi firmemente en sus brazos mientras sus manos descansaban sobre el vientre de su pareja. Cambió el ángulo de su cabeza, tratando de tener mejor acceso a los labios de la menor, y Mimi no lo decepcionó, encontrándolo a mitad de camino, ladeando la cabeza.

Yamato mordió los sensuales labios, lamiéndolos y humedeciéndolos con su lengua. El beso empezó a hacerse más profundo; la mano de Mimi encontró su camino hacia los rubios cabellos de Yamato mientras que el mayor lentamente desataba la cinta de la ropa de su pareja.

Lentamente la retiró junto con la que llevaba por dentro y pudo sentir a Mimi temblando ligeramente debido a la fría brisa nocturna.

"¿Sientes frío?" Yamato preguntó después de romper el beso.

Mimi negó, sonriendo mientras acariciaba sus labios con los suyos. "Tú me calentarás..."

Yamato mordió juguetonamente su nariz antes de besar sus párpados.

Mimi instintivamente cerró los ojos, sus labios se curvaron en una sonrisa cuando sintió que los labios de Yamato viajaban por su rostro y rio cuando él mordió su oreja.

Yamato besó y lamió el níveo cuello de Mimi mientras su mano lentamente acariciaba su vientre, haciendo movimientos circulares.

Mimi ladeó la cabeza, dándole más espacio a su pareja.

Mordió sus labios sintiendo que la cálida mano del rubio acariciaba su vientre, sensualmente.

Yamato se tomó su tiempo para desvestirlos a ambos; dándole a Mimi algunos besos y roces entre tanto y tanto.

Pronto, estuvieron sentados en el futón, piel contra piel, presionando sus cuerpos. Besó nuevamente a Mimi, introduciendo su lengua en la húmeda caverna de la menor. Su mano bajó del vientre de Mimi a su entrepierna.

"Yamato..." Mimi gimió suavemente cuando Yamato empezó a tocarla entre las piernas, haciendo que presionara su espalda contra el pecho del rubio, arqueando el cuello cuando sintió que su pareja acariciaba también uno de sus pezones.

Yamato mantuvo sus manos y labios ocupados sobre Mimi, mordiendo y dejando ligeras marcas rojas en la pálida piel. Sintió un firme agarre en su brazo y supo lo que significaba. Acarició más rápido y fuerte a su pareja, besando los húmedos labios y pellizcando el pequeño pezón hasta que Mimi se corrió en su mano.

Mimi se recostó más en el pecho de Yamato, escondiendo su rostro en el cuello del mayor, jadeando y respirando pesadamente. Cuando cambió de posición en los brazos de Yamato, pudo sentir que la dura extremidad estaba presionándose contra su espalda.

Sonrió.

"Déjame tocarte." Dijo con voz ronca, besando el cuello de Yamato.

Él se arrodilló frente a Mimi y bajó la mirada hacia su pareja.

Mimi tomó el duro miembro en su mano y empezó a masturbarlo antes de reemplazar su mano con su boca.

Yamato echó hacia atrás la cabeza y gruñó roncamente, sus dedos se perdieron entre los suaves cabellos de Mimi. Tuvo que pelear las ganas de embestir la húmeda y cálida caverna mientras Mimi movía la boca sobre su longitud.

Un súbito agarre en su hombro le hizo detenerse y Mimi alzó la mirada hacia Yamato, mirándolo con pregunta en los ojos. Yamato se inclinó y la besó.

"Recuéstate..." dijo en voz baja y gentilmente ayudó a Mimi a recostarse de lado en el futón hundió sus dedos en el aceite especial que estaba en la pequeña mesa y también se recostó. Se ubicó detrás de Mimi, deslizando un brazo debajo de la cabeza de la menor.

Mimi se puso cómoda recostada en el fuerte brazo de Yamato, y entrelazó sus dedos. Sintió que Yamato besaba su cuerpo desde atrás y ella aprovechó para recostarse más cerca y sentir así el pecho del rubio. Sus ojos se cerraron por acto reflejo en cuanto sintió que un dedo se adentraba en su estrecha entrada, haciéndole gemir lentamente.

Yamato cuidadosamente introdujo sus dedos dentro de Mimi. Un dedo siguió al otro para preparar a su pareja para el evento principal. Se tomó su tiempo para asegurarse de que Mimi estuviera completamente lista para él, aun cuando su miembro estaba dolorosamente duro, grueso y palpitando, y todo lo que quería era estar dentro de ella.

Mimi no podía soportarlo más. Quería sentir a Yamato profundamente dentro de ella pero el mayor estaba siendo muy cuidadoso al prepararla – Yamato estaba tomándose mucho tiempo.

Ladeó la cabeza para mirarlo. "Por favor...ahora, Yamato..." susurró con ruego.

"¿Estás segura?"

Mimi asintió y Yamato se inclinó para besarla, retirando sus dedos y colocando su miembro en la entrada de su pareja. Mimi apretó sus entrelazados dedos y escondió su rostro en los brazos de Yamato para amortiguar su gemido cuando él lentamente la embistió.

Yamato se tensó en cuanto estuvo completamente dentro de Mimi. Envolvió su mano libre alrededor de la cintura de su pareja, tanteando su vientre.

"Mimi...estás muy...ungh..." Yamato gimió, enterrando el rostro en el sudoroso cuello de Mimi cuando sintió las estrechas paredes de su pareja apretándolo.

Movió lentamente las caderas, retirándose y adentrándose, tratando de ser lo más gentil que podía.

Su mano lentamente empezó a moverse en círculos sobre el vientre de Mimi. Lo acarició con pasión antes de bajar y tocarla donde sabía la haría estallar.

Sus embestidas se apresuraron cuando Mimi por fin dejó de apretarlo, permitiéndole ir más profundo y rápido. Su sudoroso cuerpo se pegó a la espalda de Mimi cuando se inclinó para besarla.

Ella ladeó la cabeza y lo encontró a mitad de camino.

Sus labios se unieron en un húmedo y desordenado beso, gemidos y jadeos escapaban de sus labios tras cada embestida.

Yamato mantuvo sus ojos sobre Mimi. Sintió ganas de correrse en ese mismo instante al mirar el sonrojado rostro de Mimi, sus labios separados húmedos y brillantes, el sudoroso y blanco cuello de Mimi, el cual seguía incitándolo a lamerlo y besarlo. Ella se veían tan hermosa y excitada.

"Mimi...y-yo...voy a..." Yamato jadeó, moviendo más rápido sus caderas y embistiendo lo más profundo que podía para llegar a su clímax. Mordió ligeramente el hombro de Mimi y dio unas fuertes embestidas antes de tensarse y correrse con fuerza dentro de las estrechas paredes.

Mimi gimió, sintiendo el caliente y pegajoso fluido llenándola. Amortiguó su voz en el brazo de Yamato cuando el mayor la acarició. Por fin cedió y otra vez se corrió con fuerza por los dedos de Yamato, apretando los músculos, tensándose y haciendo que él gruñera suavemente en su oreja.

"Quédate...aún...no salgas..." dijo Mimi entre pesados jadeos.

Lo adoraba. Amaba tener a Yamato dentro de ella después de alcanzar el orgasmo.

Y en ese momento, realmente amaba la sensación de tener el pegajoso y sudoroso pecho de Yamato contra su espalda; escuchar la respiración en su oreja e inhalar la dulce esencia de su sesión amorosa, la cual permanecía sobre ellos.

Yamato descansó su cabeza sobre la de Mimi, sus ojos se cerraron y su mano estaba acariciando amorosamente el vientre de Mimi mientras esperaban a que sus respiraciones se regularan.

"Gracias..." Mimi dijo de súbito y Yamato agitó los párpados, irguiendo un poco su cuerpo para mirar a su pareja.

"¿Por qué?"

Mimi se movió un poco para poder ver a Yamato e inclinarse para besarlo.

"Por amarme...aunque esté gorda y fea ahora..."

Yamato rompió en risas y pellizcó ligeramente la nariz de Mimi.

"No estás gorda. Y para ser honesto...te ves más hermosa con tu adorable vientre."

"¿En serio?"

Yamato asintió y abrazó a Mimi. "Muy hermosa...tanto que estás enloqueciéndome."

Mimi rio suavemente cuando Yamato bañó su rostro con besos. Después de un rato, lentamente se retiró de su pareja y limpió sus pegajosos cuerpos. Luego la ayudó a colocarse la ropa antes de vestirse él.

Cuando regresó a su futón, Mimi ya estaba dormida.

Se recostó a su lado y colocó su mano bajo el cuello de Mimi a modo de almohada, jalándola más cerca.

Mimi se movió y se acurrucó más cerca, sonriendo al sentir su abultado vientre presionándose contra el abdomen de Yamato.

"¿El bebé...el bebé acaba de moverse?" Yamato preguntó.

Mimi asintió ligeramente contra el pecho de Yamato.

"Él está feliz...porque yo estoy feliz..."

"¿Estás feliz porque te hice el amor?"

"Por supuesto~ no tienes idea de cuán triste estaba cuando siempre te negabas a tocarme...Pensé que ya no me amabas...porque estoy gorda."

"Ya te lo dije, no estás gorda...y lo siento...lamento haberte hecho pensar así."

Mimi solo ronroneó su respuesta y con la mano de Yamato acariciando su espalda y vientre, se quedó dormida.

Fin