«Incluso si es un amor que no puede hacerse realidad,

no tengas miedo, déjamelo todo a mi.

Incluso si el mundo dice que no se puede,

volaré contigo a cualquier parte

y reescribiré nuestro destino»

.・。.・・・・・。.

...

.

Transcurrieron un par de meses desde aquel día en que Valentino deshizo el contrato de Angel Dust. El demonio araña no supo cómo sentirse durante las primeras semanas, estaba tan acostumbrado a la mala vida que llevaba al lado de su exdueño que le parecía raro no tener que verle la cara ni soportar sus retorcidas ideas, no tener que aguantar sus golpes y arranques de ira, ni todo el abuso al que era sometido antes, le parecía tan raro que incluso le producía ansiedad; al inicio tenía miedo hasta de dormirse porque le aterraba la posibilidad de que al despertar, todo hubiera sido un sueño y que en realidad siguiera encadenado a ese psicópata.

Mientras trataba de asimilar lo ocurrido, había otro problema, y era que tenía mucho miedo de salir a la calle. No lo hacía evidente, pero lo evitaba a toda costa; sabía que los V's controlaban gran parte de la ciudad, y como Valentino no era una persona de fiar por más que hubiera un trato de por medio, encontraría la forma de tomar represalias en su contra, ese tipo lo prefería muerto antes que aceptar que lo había perdido para siempre. También estaba preocupado por su familia, ellos no le tenían mucho aprecio ni respeto desde que se metió al mundo de las películas xxx, además de que sabía que podían arreglárselas solos, pero a pesar de eso temía que los V's los dañaran por castigarlo a él, definitivamente no era tranquilizador enemistarse con demonios que tenían tanto poder y muchas maneras de hacerle daño si así lo querían.

—Angel, tranquilo, a Valentino no le conviene hacer nada en contra tuyo o de tu familia, todos ustedes están bajo la protección de la familia real, ninguno de los V's puede hacerles daño —Fue lo que Charlie le dijo tratando de calmarlo en una ocasión que lo notó bastante nervioso.

Esa afirmación no fue suficiente para calmarlo en un inicio, por lo que Husk y Cherri Bomb fueron los encargados de darle más confianza para volver a salir, usualmente lo hacían los tres juntos y cada que Angel miraba nerviosamente a todos lados como buscando algo sospechoso, ellos lo tranquilizaban y le recordaban que, además de contar con la protección de ambos, él era lo suficientemente capaz de salir de cualquier mala situación.

Durante ese tiempo su relación con Husk se volvió bastante más cercana debido a la cantidad de tiempo que pasaban juntos fuera del hotel. El antiguo Overlord se sentía contento por su compañero y, de alguna manera, le daba esperanza, algo que creyó imposible recuperar. El verlo le hacía preguntarse si algún día él también podría volver a ser dueño de su alma, si la cadena en su cuello que lo ataba a Alastor algún día se podría romper, devolviéndole su libertad.

Descubrir poco a poco esta nueva faceta de Angel Dust le resultaba cautivador. Aquellas primeras veces que interactuó con él, jamás imaginó que, bajo esa fachada de cinismo y altanería, se encontraba una persona tan pura y sensible que se preocupaba genuinamente por proteger a otros y que de verdad quería mejorar; seguía siendo coqueto y con aquel sentido del humor que le caracterizaba, pero no cabía duda de que ahora había algo diferente en él y no podía evitar mirarlo con cierto brillo especial en sus ojos dorados cada que capturaba su atención. En su opinión, ese chico era encantador, una auténtica luz en medio del abismo.

En los meses siguientes la angustia que Angel sentía poco a poco la fue dejando atrás, no era cosa fácil el sanar las heridas que dejaron tantos años de violencia y abusos, pero al menos podía empezar a disfrutar de su libertad, se sentía mucho mejor ahora que no debía recibir constantemente ese veneno que era todo lo que su exdueño tenía para darle, era como si ahora pudiera mirarse a sí mismo con más claridad y darse cuenta de todo lo que tenía a su alrededor: unos increíbles amigos, una gran familia que lo aceptaba y apreciaba sin importar quién era o quién había sido. El infierno no era un lugar bonito, pero definitivamente estar con todos ellos le hacía sentir como en un hogar.

Así pasó un año completo, nuevos pecadores llegaron al hotel en busca de una oportunidad de enderezar el camino, así que Charlie tenía mucho por hacer, aunque contaba con el apoyo de todos, incluido obviamente su padre Lucifer, que estaba complacido de ver que aquellas que creía almas perdidas y sin posibilidad alguna de salvación, realmente querían y podían cambiar. Aunque de momento nadie había logrado como tal ir al Cielo (y estos se mantenían en silencio desde el último exterminio), la Princesa les hablaba orgullosamente a sus nuevos huéspedes sobre Angel como la prueba viviente de que todo aquél que quisiera mejorar, podía hacerlo con el apoyo adecuado. Todo parecía demasiado perfecto al grado de dar cierta sensación de irrealidad, pero mientras todo marchara bien y todos fueran tan felices como se pudiera, no había nada de qué preocuparse.

Y finalmente llegamos al presente. Una noche como cualquier otra, Angel Dust se encontraba junto con Cherri Bomb en el bar del hotel, Husk les estaba sirviendo unos tragos mientras charlaban sobre cómo estaban marchando las cosas últimamente.

—No me sentía tan bien en años —Dijo Angel mientras contorneaba el borde del vaso con uno de sus dedos—, por momentos incluso se me olvida que estamos en el infierno.

Cherri se rio y Husk sonrió ligeramente al escuchar eso, definitivamente les daba gusto ver a Angel tan sereno luego de todo el dolor por el que había pasado.

—Me alegra que tengas esa tranquilidad —Expresó Husk mientras limpiaba unos cuantos vasos—, y... Ahora puedo comprobar que es cierto que cuando te sientes bien, se te nota... Creo que alcanzaste la mejor versión de ti mismo.

Angel se sonrojó ligeramente ante aquellas palabras, pensó que su corazón estaba latiendo tan fuerte que su mejor amiga y el gato demonio podrían escucharlo, así que tomó su vaso para poder beber y así relajarse un poco.

—Qué bueno que esto te ha hecho tanto bien, Angie —Dijo Cherri dándole una palmada en la espalda—. Pero lo que más me alegra es que no tienes que volverte a preocupar por el puto de Valentino.

— ¡Ya sé! Nunca pensé que me podría liberar de él... Al menos no de una forma que terminara bien —Respondió la araña soltando un suspiro.

—Admito que me hubiera gustado patearle el culo aquel día, pero al menos tenemos la satisfacción de que la Princesita y el Demonio Radio lo hicieron mierda.

Angel soltó una carcajada y Husk sonrió de medio lado, pensando que, aunque a veces detestaba a Alastor como el que más, al menos había hecho sufrir mucho a Valentino al punto de hacer que tuviera que pedir por su vida, la imagen mental de esa escena le resultaba satisfactoria pese a que, a su parecer, no era suficiente para que ese bastardo pagara por todo el daño que había causado.

—Creo que me podría acostumbrar a vivir así —Comentó el chico de blanco pelaje mientras estiraba su par superior de brazos—, estando con las personas adecuadas, hasta el infierno parece un lugar agradable.

—Jamás pensé estar de acuerdo con una afirmación como esa —Opinó Husk, mirándolo de esa manera especial en que lo hacía desde hace un tiempo.

Angel le sonrió con un leve sonrojo en su rostro, ante lo cual Cherri supo que era su momento de irse para no hacer mal tercio.

—Uy, ¿se van a poner melosos? Mejor los veo luego —Dijo ella levantándose de su asiento y alejándose del bar.

Angel se puso completamente rojo y Husk desvió la mirada con algo de vergüenza. El demonio araña tomó un poco de aire mientras pensaba en lo tonto que se sentía reaccionando de esa manera, no recordaba cuándo fue la última vez que un hombre aceleró así su corazón, era un sentimiento que hacía mucho había olvidado, tanto así que tenerlo de vuelta le hacía sentir como si fuese algo que estaba experimentando por primera vez. Si bien Husk le había llamado la atención desde la primera vez que lo vio, nunca pensó que ese al que solía ver como un bartender amargado al que le gustaba molestar y era el blanco de sus insinuaciones más descaradas, se acabaría volviendo tan especial para él.

—Husk... —Dijo en voz baja, rompiendo esa burbuja imaginaria en la que se habían encerrado al quedarse mirando uno al otro— ¿Sabes? Estaba pensando que sería divertido salir... Tal vez a un club o... No sé, a algún lugar donde podamos pasarla bien... Cuando tengas tiempo libre... —Mientras decía aquellas palabras, sentía su rostro arder por la vergüenza y nuevamente se sintió estúpido por su reacción.

—Lo hubieras dicho antes de que Cherri se fuera, para ponernos de acuerdo —Respondió Husk aún sin mirarlo directamente, sintiendo la misma vergüenza del contrario.

—N-No, quiero decir... —Hizo una pequeña pausa, pensando en la manera correcta de decirlo.

«Carajo, Anthony, ¡sólo dilo!» pensó, y tragándose la pena que sentía, soltó las palabras tal cual llegaron a su cabeza.

—Quiero decir que tú y yo, que salgamos a algún lado —Dijo para luego darle una sonrisa coqueta, haciendo que el demonio gato lo mirara de nuevo.

— ¿Como una cita? —Preguntó Husk, sonriéndole también.

— ¿Una cita...? ¡Ah, quizá podría ser! Aunque si te invitara a una cita, no sería en un club, quiero decir, me la pasaría muy bien, pero ese no es mi ideal de una cita —Expuso Angel con una risa.

Entonces Husk lo miró con una cara de absoluta seriedad y le dijo algo que casi lo hizo paralizarse en su sitio:

—Entonces dime qué lugar es tu ideal y yo te llevaré.

Angel sintió como si su corazón fuera a explotar en cualquier momento, no se esperaba algo como eso. Se llevó una mano al pecho mientras la insistente mirada de Husk le pedía una respuesta.

— ¿Me vas a invitar a una cita, gatito? —Preguntó llevando su otro par de manos a sus caderas, pero sin darle oportunidad al contrario de responder, prosiguió— Llévame a un acuario y luego vamos a... Yo qué sé, si quieres ir a una cita conmigo sé creativo.

Husk se rio levemente ante la forma en que Angel dijo eso último.

—Un acuario entonces... Bien, déjame pensar en algo más y te diré para que vayamos.

—Estaré esperando, Husky... De todas maneras, no te quiebres demasiado la cabeza, seguro la pasaremos bien, me gusta tu compañía —Angel se puso de pie ordenando su pelo y luego le guiñó un ojo— A domani, tesoro.

—También me gusta tu compañía —Respondió el gato demonio con una sonrisa—, descansa, Angel.

Angel le dio una última sonrisa y se marchó rumbo a su habitación, Husk lo miró alejarse con esos mismos ojos de tonto enamorado que ya no podía disimular. No cabía duda, adoraba a ese chico.