Charlie se encontraba en el salón principal del hotel junto con Vaggie y Niffty (está última limpiaba el lugar con la misma animosidad de siempre).

—Jamás imaginé que ellos se gustaran, pensé que sólo eran muy buenos amigos —Expresó Charlie mientras acariciaba a Keekee, quien estaba recostada en su regazo.

—Nena, ¿nunca los has visto cuando se miran en el bar? —Vaggie se sentó a su lado y rodeó los hombros de su chica con uno de sus brazos— A Husk le cambia por completo la expresión cada que ve a Angel.

— ¡Yo no me había dado cuenta hasta ayer que Husk lo fue a invitar! —Exclamó Niffty— Pero sí, son muy obvios.

—Vaya… Yo sólo espero que, si están enamorados, puedan ser muy felices juntos —Murmuró Charlie—, Angel ha sufrido tanto y Husk es una buena persona, estoy segura de que se harán mucho bien el uno al otro.

—Seguro que sí, amor —Reafirmó Vaggie—. Ambos han mejorado mucho, si de alguna manera la relación que tienen ha sido un impulso para eso, es una muy buena noticia saber que quieren comenzar a ir más en serio.

—Sí… A-Aunque ¿no crees que habría sido bueno ir a supervisar que todo estuviera en orden? —La rubia miró con algo de intranquilidad a su novia— E-Es que me preocupa que aparezca gente indeseable a molestarlos…

— ¿Te refieres a Valentino? —Vaggie acarició suavemente la espalda de Charlie para calmarla— No creo que quiera hacer nada para dañarles la cita, amor, sabes que a ese tipo no le conviene meterse con Angel… Además, Husk y él se cuidan el uno al otro, no te preocupes, lo mejor es darles su espacio y dejar que las cosas se den con naturalidad.

—Está bien, de verdad espero que todo salga bien —Charlie soltó un suspiro algo pensativa, no sabía por qué se sentía tan inquieta.

Confiaba en ellos dos y en que sabían cuidarse, pero a pesar de que no conocía a Valentino y sólo había podido observarlo en las ocasiones que vio sus interacciones con Angel y aquella vez en que había ido a sacarlo del hotel, ese demonio le resultaba impredecible y le asustaba pensar en él cerca de Angel y Husk sin nadie más que los pudiera proteger.

Sin embargo, algo más la sacó de sus pensamientos, y eso fue que a través de las ventanas del hotel entró una luz bastante intensa.

Supo de inmediato de donde provenía, lo había visto una y otra vez y jamás era una buena señal.

Vaggie entendió rápidamente lo que estaba pasando al igual que Charlie, así que ambas se pusieron de pie y corrieron hacia afuera, donde miraron juntas hacia arriba y pudieron ver un portal del Cielo que se había abierto sobre la ciudad.

Del portal estaban descendiendo varios ángeles exorcistas fuertemente armados, cosa que la Princesa no pudo acabar de creerse en un inicio, así que fue su novia quien tuvo que tomarla del brazo para entrar de vuelta al hotel.

— ¿¡Qué es todo esto!? ¿¡No se supone que los exterminios se habían cancelado!? —Preguntó una horripilada Charlie llevándose ambas manos a la cabeza— ¿¡Dónde está Alastor!? ¡Tenemos que defender el hotel o los huéspedes estarán en un gran peligro! ¡NIFFTY, CHERRI! ¡ALASTOR, PAPÁ! ¡Necesitamos su ayuda!

—Nena, tranquila, hay que poner seguros a los huéspedes, ve a reunir a todos, yo trataré de ganar tiempo, pídele a Alastor que venga para acá en cuanto lo encuentres, entre los dos podremos dar pelea mientras tanto.

—Vaggie, no, ¡no puedo dejar que ustedes dos solos se enfrenten a los ángeles!

—Tranquila, sólo será mientras pones a salvo a los demás, después podemos luchar juntas… Pero necesitamos protegerlos.

En ese momento llegaron Cherri y Niffty seguidas por algunos huéspedes que se habían alertado por la luz del portal y los gritos de la Princesa.

— ¿Qué putas significa esto? —Cuestionó la demonio de abundante cabellera alborotada— ¿Qué no esos santurrones no iban a regresar por acá luego de lo de la última vez?

— ¿Qué hacemos ahora, Charlie? —Preguntó Niffty— ¿Debería conseguir un cuchillo para apuñalar ángeles?

—No hay que perder la cabeza, parece ser que tenemos tiempo para llevar a todos aquí a una zona segura —Les explicó Vaggie— Sólo faltan Lucifer y Alastor.

De repente Charlie se llevó ambas manos a la altura de su boca y negó con una expresión de preocupación que pocas veces en la vida había tenido.

— ¡Mierda, no! ¡Angel y Husk no están aquí! ¡Vaggie, tenemos que hacer algo!

Ni bien terminó de decirlo, Alastor apareció entre unas sombras y Lucifer salió de un portal. Charlie corrió hacia ambos y primero se dirigió al demonio de vestimentas rojas.

— ¡Alastor! ¡Necesito que traigas a Husk de vuelta al hotel! ¡Angel y él están afuera y está comenzando una exterminación! ¡Están en un grave peligro!

—Puedo traer a Husker, pero no podría traerlo con Angel, incluso si están en el mismo lugar y no se fueron corriendo cada uno por su lado —Explicó Alastor, pensando en que ese par sí que tenían mala suerte de estar afuera justo ahora y que él no podía perder el alma de Husk en esos momentos, si no podía hacer más contratos, no se podía dar el lujo de perder los que ya tenía.

— ¡Entonces dime en dónde está Husk y yo iré a traer a ambos de vuelta! —Exclamó Charlie, bastante alterada— ¡No tenemos tiempo que perder, debemos traerlos y poner a salvo a todos antes de que los ángeles lleguen al hotel, no estamos preparados para enfrentarlos esta vez!

—Hey, hey, Princesita —Le llamó Cherri Bomb, quien había ido a mirar a través de uno de los ventanales que daban al exterior—, parece ser que están pasando por completo de nosotros, están yéndose directamente para la ciudad.

— ¿Q-Qué? N-No, no, tal vez están tratando de confundirnos para que bajemos la guardia y luego regresar por aquí para matarnos a todos… Tenemos que apurarnos… ¡Al, papá! ¡Hay que ir a la ciudad por Angel y Husk! Cherri, Niffty, necesito que ayuden a llevar a todos aquí a un lugar seguro y que se pongan a salvo…

—Iré con ustedes —Dijo Vaggie, acercándose a Charlie—, si la mayoría de los exorcistas están en la ciudad, será mejor que vayamos los cuatro, además aquí hay bastantes armas si necesitan defenderse.

—Vamos, hay que darnos prisa —Respondió Charlie intentando calmarse, entonces Lucifer abrió un portal y tanto las chicas como él y Alastor entraron.

Mientras tanto, Husk y Angel se encontraban atrapados en el restaurante, el cual estaba vuelto un caos entre los pecadores que entraban a esconderse y los exorcistas que buscaban la manera de irrumpir a como dé lugar.

—Creo que la única opción que tenemos ahora es tratar de abrirnos camino y salir de aquí —Señaló Husk—, todavía tengo un par de armas modificadas con acero celestial.

—A mí me deben quedar algunas balas, no le he disparado a nadie en meses y mucho menos con balas celestiales —Añadió Angel— ¿será suficiente para escapar?

—Hay que intentarlo, es eso o quedarnos aquí atrapados… Ellos van a entrar en cualquier momento —Murmuró Husk, apareciendo un mazo de cartas en una de sus manos—. Descuida, estaré contigo en todo momento y nos cuidaremos las espaldas, ya nos ha funcionado antes.

—Tienes razón. Entonces te sigo, bigotes —Replicó Angel dejando salir su tercer par de brazos junto con su Thompson, cargada con balas celestiales—. De saber que en algún punto de esta cita tendría que correr por mi vida, me habría puesto zapatos más cómodos —Bromeó, intentando alivianar la tensión de su acompañante y la propia.

Husk le dio una leve sonrisa para transmitirle confianza y después señaló la dirección hacia la cual estaban yendo algunos pecadores que salían del lugar hacia la calle detrás del edificio, así que ambos corrieron para poder salir.

Una vez afuera, el olor a sangre inundó el olfato de ambos y los desgarradores gritos de pánico y dolor de los demás les recibieron. Había numerosos cuerpos mutilados sobre la acera, rostros que, aunque no les eran familiares, les llenó de malestar mirar en esas condiciones.

Ahí mismo pudieron observar grupos de ángeles exorcistas que atacaban con velocidad a todo aquel pecador que se cruzara en su camino, ángeles ante los cuales no pasaron desapercibidos.

Un par de ellos se lanzaron al ataque y en respuesta, Angel comenzó a disparar y Husk arrojó sus cartas, impactando a aquellos exorcistas que cayeron uno tras otro al recibir mortales heridas.

Al ver esto, algunos pecadores asustados comenzaron a seguir al dúo, pensando que quizá era su última opción para salvarse de una muerte inminente, después de todo, las armas de ellos dos parecían ser eficientes.

Angel y Husk estaban bastante agitados, no sabían si era de tanto correr o por el miedo que se estaba adueñando de sus almas al sentir la muerte acechándoles tan de cerca, no era lo mismo enfrentarse a esos seres celestiales con un grupo numeroso que se había preparado con antelación para ese momento, que hacerlo estando ellos dos solos y con apenas un puñado de armamento adecuado.

—Podemos volar para salir de aquí y llegar al hotel, aunque eso podría llamar más la atención, tampoco quiero que nos sigan hasta allá, Charlie y los demás ya deben estar defendiendo el lugar —Señaló Husk.

—Cómo sea nos van a ver, por eso hay que encontrar la forma más rápida de salir… —Entonces Angel se percató de que eran seguidos por otras personas que buscaban ponerse a salvo— Creo que atrajimos demasiada atención.

—Supongo que es porque somos el único par de suicidas que están enfrentando a los ángeles —Murmuró Husk—. Si sirve para que se pongan seguros, que nos sigan entonces.

—Que nos sigan —Reafirmó el demonio araña, observando que un nuevo grupo de exorcistas se aproximaban hacia ellos— Puta madre, primera vez que tengo una cita memorable y a estos pendejos se les ocurre bajar a hacer sus mierdas, ¡tiene que ser una jodida broma! —Y ni bien terminó de decirlo, comenzó a disparar nuevamente, era obvio lo frustrante que era para él encontrarse en esa situación. Era como si un hermoso sueño se hubiera transformado en una atroz pesadilla, su día especial había quedado manchado de sangre y eso era desgarrador.

—Hey, tranquilo, Angel, enfócate, hay que salir con vida de aquí, ya tenemos otra cita pendiente, ¡hay que procurar llegar enteros a ese día! —Le alentó el contrario mientras seguía atacando con sus cartas a los nuevos ángeles que llegaban hacia ellos.

Angel Dust observó a su alrededor, sólo le quedaban un par de balas celestiales y los exorcistas no paraban de llegar en todas direcciones, no había mucho que hacer, al menos no mucho que fuera de ayuda, era plenamente consciente de que no tenían casi ninguna posibilidad de salir ambos con vida, tenía que hacer una elección y él ya la tenía muy clara: su prioridad sería garantizar que el gato demonio sobreviviera, así que había que actuar rápido.

Con sus otros pares de brazos sacó más armas con balas ordinarias, no detendrían a esos ángeles, pero ayudarían a ganar tiempo para que los otros pecadores se escondieran y a que ellos dos se pudieran apartar lo más posible del peligro.

Abrió fuego una vez más. Una bala, dos, tres… Su puntería fue lo suficientemente certera como para que todas impactaran a los ángeles que se atravesaban en su camino. Estaba guardando las que de verdad podían matarlos para el momento preciso, así que sólo los hirió un poco, observando cómo se regeneraban casi al instante de recibir los disparos.

«No conozco a ninguna de estas personas… Pero no voy a dejar que los maten, ya fue suficiente de esta mierda, ¿por qué no solo nos dejan en paz? Ya es bastante castigo estar atrapados en este hoyo por toda la eternidad, ¿por qué no nos dejan aquí y se olvidan de nosotros?» Pensó mientras disparaba a diestra y siniestra, hasta que la voz de su acompañante lo sacó de sus pensamientos.

— ¡Angel! ¡Vámonos! —Prorrumpió Husk al momento de arrojar un par de dados explosivos, revoloteando a unos metros del suelo, tratando de divisar el camino adecuado para emprender el escape.

Angel corrió hacia él sin dejar de dispararle a los ángeles que iban sobre los otros pecadores, dándoles así la oportunidad de huir también, aunque con la mala suerte de atraer la atención de más seres celestiales, que no pensaban dejarle ir de ahí con vida.

Husk se preparaba para cargar a Angel en sus brazos una vez que estuvieron lo suficientemente cerca, pero sin previo aviso un hacha salió embalada directamente a la cabeza del demonio araña, por lo que, en un rápido movimiento, el felino lo apartó y recibió parcialmente el golpe del filo del arma sobre su ala, haciéndole soltar un quejido de dolor apenas audible.

— ¡HUSK! —Angel se acercó a su acompañante al notar que el exorcista que había arrojado el hacha venía dispuesto a darle un golpe para cortarle de tajo la cabeza, precipitándose hacia él como si de un ave rapaz se tratara.

La araña disparó las últimas balas benditas que le quedaban, matando al ángel en el acto. Se acercó a Husk nuevamente y rasgó una manga de su suéter para poder envolver la herida de su compañero con la tela y que no siguiera saliendo tanta sangre.

—Piernitas… Sigue corriendo, yo te alcanzo, no te preocupes por mí, ponte a salvo —Indicó Husk, con una notable expresión de dolor en el rostro.

—No te voy a dejar aquí, salimos juntos, regresamos juntos, punto —Angel lo tomó del brazo y corrió rápidamente llevándolo a rastras.

Miró a su alrededor una vez más, al parecer el resto de los pecadores ya se habían resguardado y eso le dio cierto grado de alivio, aunque ahora sentía su corazón latir a mil por hora, estaba prácticamente desarmado y con Husk herido… Estaba aterrorizado.

«Mierda, mierda, ¡mierda! ¿Por qué está pasando esto? Debo mantener a Husk con vida, él es mi amor, no me lo pueden arrebatar de esa manera, no puedo permitir que muera… Sea cual sea el precio, debo hacer todo para que sobreviva» Pensó, determinado a que, si solo uno de los dos podía vivir, que ese fuera Husk.

—Angel, espera, aún puedo volar para llegar más rápido al hotel —Dijo el gato demonio, sacándolo de sus pensamientos.

— ¡De ninguna manera! ¡Estás herido y no vas a volar así!

—Basta, no tienes que protegerme, ya salvaste a muchas personas por hoy —Expresó Husk.

— ¡Si tú estás lastimado me corresponde a mi protegerte! No seas tan terco, bigotes —Replicó Angel con voz seria, sin notar que un exorcista se les acercaba por la espalda.

Ninguno pudo reaccionar de inmediato al instante en que la lanza atravesó al demonio de pelaje blanco, derribándolo y haciendo que la punta del arma se clavara en el suelo al salir del vientre de Angel, completamente ensangrentada.

Luego de un par de segundos que parecieron eternos, Husk se volvió sobre sí mismo y arrojó su último mazo de cartas reforzado con acero celestial, degollando al ángel, el cual apenas y tuvo tiempo de sacar su lanza de la carne de la araña antes de caer muerto.

— ¡NO! ¡Angel, por favor resiste! —Clamó Husk con desesperación. Se quitó la chaqueta que llevaba puesta y envolvió como pudo la herida de Angel para después cargarlo y emprender el vuelo lo más rápido que su ala herida le permitió.

El demonio arácnido parpadeo ligeramente luego de unos segundos de shock. La herida dolía bastante, pero su cuerpo se estaba sintiendo un poco adormecido, especialmente su abdomen, donde sentía frío y un ligero hormigueo. Miró a Husk con preocupación y habló en voz baja.

—Gatito… No deberías estar volando… Vas a hacerte más daño.

— ¡Me importa una mierda lo que me pase a mí! Necesito que tú te pongas bien, yo estaré bien cuando tú estés bien, así de simple —Respondió Husk, notablemente alterado.

—Tranquilo… Yo estaré bien si tú sales con vida de esto —Murmuró Angel muy suavemente a la vez que cerró sus ojos— Me… ¿Me lo prometes…?

—Ya, no te esfuerces en hablar… Te voy a llevar al hotel y Lucifer te va a curar… Y te pondrás bien… —Respondió Husk con la voz temblorosa, estaba muy nervioso de tener a Angel desangrándose en sus brazos y el dolor de la herida en su ala no le permitía concentrarse del todo— Cuando te mejores… Te haré un espectáculo de magia… Acariciaré tu cabello toda la noche mientras nos abrazamos… Haremos todo lo que tú quieras… Sólo resiste un poco…

—Husk… Husky… N-No me sueltes… —Angel soltó un pequeño suspiro al sentir que Husk lo aferró con fuerza entre sus brazos, eso resultaba bastante reconfortante aún en medio de ese dolor— Lo… Lo siento… Creo que no voy a poder cocinarte lo que te prometí —Trató de tomar aire, pero resultaba bastante doloroso— Si no lo logro… Cuida a Nuggs por mi… P-Por favor…

—Tranquilo, vas a estar bien, no te voy a soltar —Le dijo con cierta desesperación en su voz—, quédate conmigo… Angel… Quédate conmigo… ¿Me escuchas? No me dejes…

El demonio araña entreabrió sus ojos para poder mirarlo deseando responder, pero de su boca no salían más que agónicos jadeos en un intento por seguir respirando, Husk estaba al borde de la desesperación, intentando volar tan rápido como se lo permitía aquella herida que se sentía como si quemara hasta lo más profundo de su alma.

Angel sentía miedo ante la idea de que está sería su muerte final y sería borrado de la existencia, pero lo que más le dolía era tener que irse sin poder decirle a Husk todo lo que sentía por él, lo mucho que lo amaba y admiraba, lo mucho que hubiera deseado pasar su eternidad con él, pero ya no le quedaban fuerzas para pronunciar esas palabras, así que sus ojos se llenaron de lágrimas, lo cual hizo que la mirada del gato demonio fuese nublada por una profunda tristeza.

—No llores… —Le pidió en voz baja— Te vas a poner bien… Escúchame… Te pondrás bien… Anthony, te amo y me niego a perderte así… Los dos vamos a volver al hotel y cuidaremos de Fat Nuggets juntos… ¿Me escuchaste? Te amo… No te puedes ir…

Angel se sorprendió bastante ante esas palabras, aunque una parte de su ser ya lo sabía, escucharlo por fin era un impacto completamente diferente. Era incapaz de describir la emoción que eso le estaba provocando, la sensación de recibir por primera vez en la vida un "Te amo" que se escuchara tan sincero.

Las lágrimas corrieron por sus mejillas ya que no era capaz de responder nada, estaba tan débil por toda la sangre que seguía perdiendo que era incapaz de articular una sola palabra con sus labios temblorosos.

«También te amo… ¡Te amo, Husk! ¡TE AMO!» Pensó, intentando reunir fuerzas para pronunciarlo, pero no podía, su visión se estaba volviendo más borrosa hasta que sólo podía distinguir levemente la silueta de Husk bajo aquel cielo rojo.

Supo que su tiempo se había acabado, así que le sonrió débilmente entre sus lágrimas, intentando de esa manera transmitirle sus pensamientos, ya que con palabras era imposible. Quería que Husk entendiera que, aunque moriría, se iría feliz por todo lo que pasaron juntos, por haber podido conocerlo y descubrir cómo se sentía que alguien lo amara tanto, que alguien amara así a Anthony, a su verdadero ser…

Y entonces, mientras lo miraba a los ojos, Husk se comenzó a sentir mareado y a tener algunos recuerdos difusos y ajenos a gran velocidad: una mujer con un amable semblante, una joven de cabello rubio claro y ojos azules, las calles de Nueva York, una pareja peleando entre gritos ininteligibles, un hombre mal encarado entregándole una pistola, un joven de cabellos negros y ojos azules con una mirada de desaprobación; botellas de alcohol vacías esparcidas por una habitación, rostros borrosos de hombres, el humo de un cigarrillo, la sensación del sudor frío por todo su cuerpo tembloroso, el sonido de un monitor de signos vitales acompañado del olor a desinfectante y eugenol y finalmente, oscuridad.

Cuando los ojos de Angel se apagaron, el gato demonio entendió que no había nada qué hacer, su querido ángel había muerto; sus alas perdieron la poca fuerza que les quedaba y se desplomó sobre el techo de un edificio, en su rostro sólo había una expresión de consternación combinada con desesperación. Se hincó en el suelo abrazando con fuerza el cadáver, sintiendo ganas de gritar y maldecir hasta que su voz se extinguiera, pero no fue capaz, no emitió un solo sonido, incluso se sentía incapaz de llorar.

Juntó su frente con la de su amor y cerró los ojos, deseando que todo fuera un mal sueño y que, al abrirlos, sólo se hubiera quedado dormido en el bar del hotel y pudiera encontrarse con la encantadora sonrisa de Angel Dust.

—Lo siento, piernitas, lo siento, lo siento… —Murmuró con un tono lastimero en su voz.

Lo único que lo sacó por un momento de su estado de shock, fue ver que en el centro del pentagrama que flotaba sobre la ciudad, se formó una especie de resplandor rojo y de él emergió un canto hipnótico, una voz que era inconfundible y que llevaba más de ocho años sin escucharse en ningún rincón del anillo del orgullo.

El lugar se llenó de una energía inquietante y poderosa, haciendo que los ángeles exorcistas regresaran hacia el Cielo.

Husk observó todo con incredulidad, pensaba que ya estaba delirando y que era su turno de irse detrás de Angel, por un momento se sintió aliviado creyendo que no tendría que vivir en un mundo donde aquel al que amaba ya no existía más, pero sus pensamientos fueron interrumpidos cuando a sus espaldas se abrió un portal de luces doradas y de él emergieron Charlie, Lucifer, Vaggie y Alastor.

— ¡HUSK! ¡Por fin te encontramos! ¡¿Estás herido!? ¿¡Q-Qué le pasa a Angel!? —Preguntó una horrorizada Charlie.

Lucifer levantó la mirada hacia el pentagrama y su expresión de asombro no se hizo esperar.

— ¿Lilith…? —Musitó, sin creer lo que veía y escuchaba.

Al oír la mención de ese nombre y escuchar esa voz, los ojos de Alastor reflejaron cierto temor que su sonrisa trató de enmascarar, así que no le dio importancia a lo que estaba pasando con su esclavo.

La princesa del Infierno y la joven ángel se acercaron a Husk notablemente preocupadas. Él se puso de pie y volteó hacia ellas cargando a Angel en sus brazos.

Cuando vio las expresiones de horror en los rostros de Charlie y Vaggie, el gato demonio no pronunció una palabra, sólo cerró sus ojos, entendiendo que eso realmente estaba pasando y que no había una pesadilla de la cual despertarse.