A la mañana del día siguiente, un infierno devastado se encontraba tratando de recuperarse de los estragos del repentino exterminio. La mayoría de los edificios estaban destruidos y aún no habían logrado recolectar todos los cadáveres que habían quedado en las calles tras la masacre.

La atmósfera era de tensión y miedo, había algunas batallas territoriales, y aunque los Overlords pudieron luchar y defender sus dominios de la imprevista purga, la población más común de Ciudad Pentagrama estaba en pánico de no saber cuándo se daría otra exterminación, sin embargo, había una pizca de esperanza ahora que la Reina estaba de vuelta y había ahuyentado a los exorcistas. La gente del Infierno quería aferrarse a la idea de que Lilith sería su salvación y que los protegería de la amenaza del Cielo.

Por otro lado, había alguien que a pesar de las pérdidas se sintió triunfal al enterarse de cierta noticia que había pasado de boca en boca.

Vox acudió a la torre de Valentino a contarle lo que había escuchado, tomándolo un poco por sorpresa cuando entró a su aposento.

—Val, ¿ya te enteraste de lo que pasó ayer en el exterminio?

— ¿Se murieron una buena parte de nuestros contratantes? —Cuestionó la polilla sin muchas ganas de platicar sobre eso— Y tan bien que nos estaba yendo…

—No, dejando de lado lo de nuestros contratantes, no todo es tan malo —Declaró—, ¿te acuerdas del putito de Angel?

—Todo el tiempo —Replicó Valentino—, no dejo de esperar que llegue el momento de meterle una bala entre los ojos a esa perra ingrata y a su maldita gente.

—Ya no tendrás que preocuparte, porque los ángeles le sacaron la mierda a ese malagradecido durante el exterminio —Anunció, ante lo cual Valentino lo miró atónito.

— ¿De qué carajo me hablas, Vox? ¿Angel está muerto?

—Tú lo has dicho, mi muchachote, está muerto —Reafirmó Vox—. Ayer estaba por la ciudad con ese viejo Overlord, el de los casinos, ¿te acuerdas de él?

—Ah, ese gato infeliz, pensé que ya estaba muerto —Murmuró Valentino— ¿qué hacía mi pastelito de ángel con ese viejo tramposo?

—No sé, estaban jugando a los enamorados o qué sé yo, Velvette me mostró algunas fotos que les tomaron mientras iban por la calle agarrados de la mano como un par de putos adolescentes —Explicó el demonio-televisor—, quizá se lo estaba cogiendo, no veo qué otra cosa podría querer alguien de esa zorra adicta.

Valentino frunció ligeramente el ceño ante esa afirmación, le dio una calada a su cigarrillo y botó el humo, frustrado.

—Al menos no le duró mucho el gusto. Es una pena que Angel se haya ido así, me hubiera gustado matarlo yo mismo delante de ese viejo miserable, me habría encantado ver la cara de ese cabrón cuando se estaba muriendo.

—Quizá las cámaras de la zona de la ciudad en la que ocurrió no fueron destruidas, puede que hayan grabado el momento preciso —Le alentó Vox—, ¿sabes cuál es la mejor parte? Que podemos aprovechar esta oportunidad para vengarnos de la princesita Morningstar, con lo que pasó en este nuevo exterminio podemos hacer que pierda la poca credibilidad que había ganado, al igual que los involucrados en su pequeño hotel, incluyendo a Alastor, por supuesto.

—Eso suena bien, tenemos una gran oportunidad, aunque… No me sabe cómo pensé que me sabría —Murmuró Valentino.

—Anímate Val, ahora hay que evaluar la situación para llevar a cabo nuestro plan. Vayamos con Velvette para discutir nuestras opciones —Dijo tomándole de la mano para llevarlo consigo.

Aunque para Vox y Valentino era una gran noticia el saber de la desafortunada situación de los residentes del hotel Hazbin, no se hacían una idea del gran dolor por el que estaban atravesando la Princesa y sus allegados.

Esa noche después del exterminio habían vuelto al hotel tras encontrar a Husk, Charlie estaba hecha un mar de lágrimas y Vaggie, que no podía creer lo ocurrido, la intentaba consolar; Cherri y Niffty se acercaron a ellos intentando buscar respuestas sobre la razón tras el llanto de Charlie, pero al ver a Angel Dust sin vida entre los brazos de Husk, la demonio de alborotada melena rosácea no pudo evitar poner su peor cara de horror, cuestionando bastante alterada sobre qué había pasado, pero sin obtener respuesta.

Husk por su lado no dijo una sola palabra, su mirada parecía vacía y no hizo nada más que caminar hacia un rincón del salón, dejando algunas gotas de sangre de la herida de su ala tras de sí, para luego sentarse abrazando el cuerpo de Angel, apoyando de nuevo su frente en la del contrario y acariciando con cuidado sus cabellos, envolviéndose a sí mismo y a su amor con sus alas. No dejó que nadie se le acercara, incluso cuando Vaggie le pidió que le dejara revisar sus heridas, estaba demasiado alterado aún en ese estado en el que sólo se mantenía muy quieto y silencioso.

A pesar de su insistencia por mantener a Angel a su lado, no pudo hacerlo por mucho tiempo más, ya que Charlie le dijo con voz llorosa que tenían que prepararlo para llevarlo a su último lugar de descanso e insistió en que debía dejarse atender el ala herida antes de que se le infectara, pero Husk no le respondió, trató de oponer bastante resistencia cuando le quitaron a Angel de los brazos, aunque no pudo hacer gran cosa.

El gato demonio se quedó ahí sentado en el suelo cuestionándose en silencio por qué no había podido proteger a Angel, por qué no se dio cuenta de que ese exorcista se les estaba acercando, por qué no había volado más rápido y por qué había tenido que pasar todo así, en ese día que se suponía debía ser de alegría para los dos, para poder compartir sus sentimientos y tener un poco de tranquilidad en medio del tormento eterno que tenían en el Infierno.

Pensó en las palabras de Angel sobre que él era una gran opción para ir al Cielo si los ángeles se interesaban en el hotel, en su promesa de esperarlo o alcanzarlo si era necesario, pero… ¿Qué se suponía que hiciera ahora que él ya no estaba? ¿Cuál iba a ser la diferencia entre quedarse ahí en el Infierno o irse al Cielo, si ya nunca podría tenerlo a su lado?

Mientras esos pensamientos navegaban por su cabeza, el tiempo se detuvo para él y no hizo más que volverse confuso. No estaba seguro de si habían pasado horas o sólo unos minutos, no se acordaba cómo había llegado a la habitación de Angel, ni siquiera cuando vio a su querido chico de blanco pelaje recostado ahí en la cama, como dormido, se veía tan tranquilo que no parecía que su vida hubiese sido arrancada con tanta violencia. Quizá era porque el último gesto que le regaló fue una sonrisa, quizá por eso se veía así.

Cuando fue terminado el modesto sepulcro donde ahora reposaba el cuerpo de aquel que fue su amor, Husk pasó los días yendo a sentarse frente a él así lloviera o relampagueara y se tomaba una botella de whisky preguntándose dónde estaría ahora Angel, su querido Anthony. Se cuestionó si acaso las almas que eran exterminadas por los exorcistas volvían a la Tierra, pensando que, si Angel y él pudieran renacer allá una vez más, si se pudieran volver a encontrar, definitivamente volvería a amarlo y esta vez se aseguraría de no dejarlo morir.

«Pero eso sólo es el delirio de un borracho que ha perdido la cabeza» Pensaba mientras abría una nueva botella para seguir bebiendo, convencido de que esta vez no valía decir que tarde o temprano se reencontrarían y podrían continuar con todo lo que quedó pendiente, ni podría decirle todas esas palabras que aún tenía atrapadas en el pecho.

Ahora sentía como si estuviera flotando a la deriva en un vasto y oscuro océano en el que por momentos su cuerpo se volvía pesado, tan pesado que comenzaba a hundirse y no sabía si luchar por salir a flote o sólo dejar que su alma se sumergiera más y más. Cuando estaba lo suficientemente perdido, se imaginaba saliendo a la superficie y tocando la luz, veía a su querido ángel volar a su alrededor e intentaba llegar a él con desesperación, le pedía a gritos que lo perdonara por no haberlo protegido, le rogaba que lo llevara con él a donde quiera que estuviera, pero parecía que no lo escuchaba y se iba volando muy lejos de su alcance.

«¿Por qué no estoy muerto? Debería estar muerto» Pensaba el gato demonio mientras era arrastrado nuevamente al fondo de ese insondable abismo donde sólo sentía que el dolor le ahogaba.

Ahora estaba como al principio, se había quedado ahí en el Infierno y sin Angel Dust, su luz de esperanza se había apagado y no sabía hacia dónde continuar, ese camino de tormento parecía no tener final.

Incluso cuando dormía o se quedaba inconsciente por tanto beber, no hallaba ni un poco de paz, pues no dejaba de tener pesadillas, las peores que había tenido en años.

Veía a Angel pero no podía ver su rostro o solía verlo distorsionado de formas grotescas, tal vez porque no quería recordarlo de la manera en que lo vio con vida por última vez, con sangre saliendo de su boca y unos ojos llorosos en los que sólo veía dolor pese a esa última sonrisa que le regaló; también veía a los exorcistas con expresiones malignas y macabras en sus rostros, sonriéndole con burla, como si le dijeran que nuevamente no podría hacer nada por salvar a Angel. Esa imagen distorsionada le daba miedo y le hacía despertar sobresaltado, jadeando pesadamente y temblando, con un intenso dolor de cabeza, renuente a volver a cerrar los ojos por temor a encarar de nuevo aquellas pavorosas imágenes oníricas.

La única persona que lograba acercarse a él era Niffty. Si Husk estaba afuera en la lluvia, la pequeña cíclope le acercaba un paraguas, no le decía nada, pero se quedaba ahí con él cubriéndolo de la lluvia.

Cuando estaba en su habitación desmayado por el alcohol, ella le hacía las curaciones necesarias en la herida de su ala y se encargaba de limpiar el lugar, que era un desastre entre el montón de botellas vacías y las manchas de sangre seca que habían quedado tanto en el suelo como en las sábanas de la cama donde el gato demonio pasaba los días tumbado; las veces en que se encontraba despierto (aunque en ese mismo estado catatónico de los últimos días) le llevaba algo de comida, le ayudaba a asearse y le cepillaba el pelo.

A pesar de que Niffty siempre había sido bastante retorcida en muchos aspectos, le dolía mucho ver a Husk de esa manera, después de todo eran compañeros desde hacía muchísimo tiempo y el sufrimiento de él no era agradable de presenciar, además de que estaba muy triste por la partida de Angel, a quien consideraba un gran amigo.

Alastor por su lado, no lo molestó ni un poco debido a que no había vuelto al hotel desde que Lilith se apareció en el Infierno, así que Husk no tenía que preocuparse por su amo siendo un cretino ahora que no tenía ni las ganas ni las energías para pelear con él.

Y en lo que a Charlie respectaba, ella estaba demasiado afectada por la muerte de Angel como para fijarse en lo profundamente abatido que se sentía Husk; se la pasaba llorando y lamentándose de no haber cuidado de sus preciados amigos, de no haber encontrado a Angel y Husk a tiempo, pensaba que de haberlo hecho, el demonio araña seguiría con vida y el felino no se encontraría en ese estado mental tan deplorable, cargando con el dolor del luto y a la vez con el trauma de haber visto morir a su persona amada de una manera tan horrible.

Todos esos sentimientos negativos no pudieron ser calmados ni siquiera cuando su madre se presentó a buscarla en el hotel. Lilith había tratado de tranquilizarla diciéndole que todo estaría bien ahora que su familia estaba reunida de nuevo y que juntos lo resolverían, pero Charlie no quiso escuchar nada, pese a que tenía muchas cosas que preguntarle a su madre, se recluyó en su habitación y así pasó los días, siendo Vaggie la única que podía verla y consolarla (cuando ella no estaba, era Razzle quien le acercaba la comida y algunos paños para secarse las lágrimas).

Luego de que pasó una semana y no había ninguna mejoría en el ambiente, Lucifer se decidió a hablar con Charlie para comenzar a poner todo en orden, no podía permitir que todo por lo que su pequeña trabajó se viniera abajo y mucho menos se podía quedar de brazos cruzados viendo como la tristeza apagaba lentamente a su hija.

Tocó la puerta del cuarto para anunciar su presencia y entró, encontrando a Charlie hecha un ovillo en la cama mientras lloraba y Vaggie le acariciaba el cabello intentando tranquilizarla. Antes de que pudiera decirles algo, escuchó hablar a su hija.

—Todo esto ha pasado por culpa mía —Dijo ella con voz queda—, yo hice todo esto para salvar a mi gente, pero lo único que logré fue empeorar todo… Si hubiera dejado las cosas como estaban, Angel nunca se hubiera visto involucrado, no habría sido necesario pelear contra el Cielo y ellos no habrían tomado represalias de esta manera… Angel no habría sido asesinado.

—Nena, no es así —Respondió Vaggie tratando de calmarla—. No te culpes por esto, él realmente valoraba todo lo que hiciste por cuidarlo y protegerlo.

— ¡Pero no fue suficiente! ¡No hice suficiente para proteger ni a Angel ni a los demás pecadores! ¡Incluso en la primera batalla ni siquiera pude proteger a mis amigos y Pentious tuvo que sacrificar su vida! —Exclamó mientras sus ojos se ponían de color rojo brillante.

—Princesa… —Lucifer se acercó a su hija, colocando una mano sobre la espalda de ella para consolarla— Entiendo que estás muy afectada por la muerte de tu amigo, pero no ganarás nada culpándote. No debes guardarte tu dolor, pero tampoco dejes que te consuma.

Charlie tomó aire mientras que unas cuantas lágrimas corrían por sus mejillas. Apretó los puños con rabia, sintiéndose bastante cansada e impotente.

—No permitiré que el Cielo siga masacrando a nuestra gente —Expresó ella mientras que su novia y su padre la miraban con preocupación—, si planean seguir atacándonos en momentos inesperados, entonces yo me haré más fuerte y estaré lista para defender al Infierno cuando sea necesario… Haré de esta tierra un mejor lugar para los pecadores y crearé un lugar seguro para todas las almas que quieran redención… Y lo haré por mi cuenta, así no volveré a poner en peligro a ninguno de mis seres queridos.

— ¿Qué? —Vaggie se mostró aún más preocupada al escuchar aquello— Charlie, no, no puedes hacer eso tú sola.

—Deja que tu madre y yo nos encarguemos —Indicó Lucifer con una voz bastante seria—, trataré de hablar con los serafines para que pongan freno a esto de una vez por todas… Les daré cualquier cosa que quieran a cambio para frenar los exterminios, pero por favor, hija, no hagas nada peligroso, no soportaría perderte.

—Escucha a tu papá, amor, no te precipites —Vaggie tomó la mano de Charlie entrelazando sus dedos para darle calma—. Y si en algún momento hay que luchar, yo lo haré contigo, no voy a dejarte sola.

La rubia soltó un suspiro intentando frenar sus lágrimas, la joven ángel de tez morena le sonrió con una expresión tranquilizadora en su rostro y Charlie sintió que por un momento las fuerzas regresaban a su cuerpo.

—Iré a tratar de contactarme con Sera… —Murmuró Lucifer al ver que su hija estaba más calmada y procedió a retirarse.

Una vez que su padre salió de la habitación, Charlie miró a Vaggie aún con sus ojos tristes.

—Estoy muy preocupada por Husk —Comentó en voz baja—. El día de lo de Angel él estaba muy mal… No reaccionaba con nada y no sé cómo está ahora…

—Él no se encuentra muy bien… Pero podemos intentar hacer algo para ayudarle, necesitamos estar unidos para enfrentar esto… —Vaggie acarició cariñosamente el rostro de Charlie, limpiando cualquier rastro de lágrimas que hubiera en sus mejillas— Hay que encontrar una forma de ayudar a Husk, ha estado bebiendo demasiado de nuevo y eso no es para nada bueno…

—No, no lo es… —Susurró Charlie, soltando un suspiro— Veamos qué podemos hacer para ayudarlo, no quiero que regrese a esos comportamientos autodestructivos, Angel estaría realmente triste si no hacemos algo para que Husk esté bien.

Vaggie asintió dándole la razón. Ella podía imaginarse lo que el felino debía estar padeciendo, pensaba que ella misma sería incapaz de aguantar el dolor si le arrebataran a Charlie de esa manera, teniendo tantos sueños y planes por delante…

La joven ángel estimaba bastante a Husk y había llegado a sentir un gran cariño por Angel Dust, como ese que uno siente por un hermano, que, aunque a veces discutiera con él, siempre estaba feliz de verlo. Por eso mismo, no podía dejar que Husk se dejara morir lentamente bajo el peso de su dolor, Angel no estaría feliz si pudiera verlo y ella misma estaba muy afligida de observar como un amigo tan importante para ella y su amada se iba deteriorando.

—Vaggie… —Murmuró Charlie, interrumpiendo sus pensamientos— Estamos… ¿Vamos a estar bien?

—Vamos a estar bien, todos lo estaremos —Reafirmó Vaggie, para seguidamente darle un beso en la frente.

A pesar de que no podía asegurarlo a ciencia cierta, quería que Charlie y Husk tuvieran esperanza, aún si el vacío que dejó la ausencia del demonio arácnido parecía ensombrecer el mañana e incluso si las cosas no iban a volver a ser jamás lo que alguna vez fueron ahora que Angel ya no estaba.