Alguna vez en el pasado Angel se había tomado con cierto humor a dónde iría si llegaban a matarlo de nuevo.

Siempre pensó que en el momento que eso pasara, todo habría terminado para él y pasaría a ser no más que un recuerdo que con el tiempo se desvanecería de la memoria de quienes lo conocieron… Pero cuando esa lanza lo atravesó y la vida se le fue lentamente entre los brazos de Husk, jamás se esperó que ese no fuese el final, pues ahora estaba listo para ir a un lugar mejor y su alma había sido llamada a ese sitio.

Cuando menos se dio cuenta, apareció en un lugar que le era desconocido, pero lucía bastante limpio y luminoso. Delante suyo había una gran puerta dorada y, ni bien acabó de observar a su alrededor, un tipo de cabello rubio y pulcras túnicas apareció frente a una especie de podio a un lado de la puerta.

— ¡Saludos, nueva alma! ¡Se bienvenido! ¿Cuál es tu nombre? —Le preguntó, a lo que Angel lo miró más confundido que nada, en ese momento una intensa luz lo cegó y cuando dicho resplandor se atenuó, frente a él vio a dos seres que a primera vista le resultaron temibles por su naturaleza; se sintió en peligro y trató de retroceder, pero la más pequeña de esos dos seres se le acercó con una evidente expresión de alegría.

— ¡Oh, por Dios! ¡Pero si eres tú! —Exclamó ella, con notable entusiasmo— ¡Sera, no lo puedo creer! ¡El hotel de Charlie sigue dando resultados! ¡Él finalmente está aquí!

Angel no dijo nada, sólo observó con desconcierto a aquella otra mujer alta de piel morena y cabello gris claro, que parecía estar perturbada ante su presencia y se mantenía en silencio.

—Charlie nos contó sobre ti aquella vez que vino a visitarnos —Explicó la pequeña Serafín—, ¡yo estaba segura de que pronto vendrías con nosotros! Y ahora finalmente estás aquí, ¡me muero de ganas por mostrarte todo el lugar y reunirte con las personas que te han estado esperando!

—He… Hey, espera un momento —Finalmente dijo Angel, intentando procesar tanto como fuera posible en el menor tiempo— ¿qué es este lugar? ¿Cómo llegué aquí? ¿Ustedes quiénes son?

— ¡Estás en el Cielo! Yo soy Emily y ella es Sera, ambas somos serafines y cuidamos de este lugar y las almas que viven aquí —Explicó la pequeña—. Aún no sabemos exactamente cómo llegan las almas redimidas, ¡pero ahora tú eres una de ellas!

Angel se quedó pensando, aún un poco confundido. Se llevó una de sus manos superiores a la cabeza intentando recordar lo que había estado haciendo antes y las imágenes de sus últimos momentos en el Infierno llegaron a su cabeza como una especie de flasheo. La araña comenzó a respirar agitadamente y se llevó su par inferior de brazos al abdomen, recordando la herida que lo había atravesado, mientras que el par superior lo mantenía en su cabeza, recordando cómo iba corriendo por las calles de Ciudad Pentagrama con Husk y cómo este había sido herido.

Emily lo miró con angustia y trató de tranquilizarlo.

—No te preocupes, estás a salvo ahora —Le dijo ofreciéndole una mano para que la tomara.

Angel negó con la cabeza y retrocedió lentamente, alejándose de ella.

—N-No… Esto no está bien, yo estaba teniendo una cita con Husk y de repente… Llegaron esos ángeles a matar a todos y yo… Yo quería protegerlo para que sobreviviera… Y lo último que recuerdo es que yo tenía el estómago abierto y me estaba desangrando mientras él volaba hacia el hotel con su ala herida… Y entonces me dijo que me amaba… —Los ojos de la araña se llenaron de lágrimas al pensar en aquellos últimos momentos, Emily puso una cara de asombro y horror al escuchar sus palabras y se volvió a ver a Sera, quien aún seguía con esa expresión de perturbación, sin decir una sola palabra.

La pequeña Serafín se acercó aleteando un poco y puso una de sus manos en la cabeza de Angel para acariciarlo y ayudarle a calmarse.

—Por favor… Déjenme bajar, debo saber si Husk está bien —Pidió el chico de pelaje blanco, con voz llorosa—, necesito decirle que yo también lo amo.

—No podemos dejar bajar a nadie que esté aquí, correrías un gran peligro —Le explicó Emily, sin dejar de acariciar su cabeza—. Pero… Yo me aseguraré de comprobar que él esté bien y de hacerle llegar todo lo que quieres decirle, así que no te preocupes, no temas y no llores más.

La serafín se alejó del chico y fue hacia donde estaba la mayor de las dos.

— ¿De verdad permitiste que Lute y la guardia fueran a asesinar almas al Infierno otra vez…? Después de lo de Adán… Se suponía que lo detendríamos —Señaló en voz baja, con decepción y enojo en su mirada— ¿Qué otras cosas me has ocultado?

—No es un buen momento ni el lugar indicado para hablar de esto, Emily… —Replicó Sera— Llévalo con el otro redimido, podemos aclarar esta situación una vez que él se integre con las otras almas.

Emily soltó un suspiro negando con la cabeza y volvió a acercarse a Angel, que aún seguía desconcertado y sollozando un poco. La joven le dio una tranquilizadora sonrisa y tomó su par inferior de manos para guiarlo.

—Te prometo que haré todo lo que esté a mi alcance para que vuelvas a ver a esa persona que amas.

Angel se secó las lágrimas como pudo y Emily lo guio hacia la puerta.

—San Pedro, él es un alma a la que estábamos esperando, Anthony D'Angelo —Explicó al hombre que custodiaba la puerta, quien de inmediato buscó en su libro el nombre anteriormente mencionado por la Serafín.

—Anthony D'Angelo —Repitió él— ¡Vaya! Aquí está —Indicó y el portón se abrió permitiéndole el paso.

Emily llevó a Angel hacia el interior del lugar, dejando atrás a una consternada Sera, quien decidió que debía ir a hablar con la líder de la guardia del Cielo para aclarar esta situación.

Ese lugar parecía bastante tranquilo, lleno de colores y luz, pero la mente de Angel se encontraba pensando en otra cosa. No podía creer que hacía apenas unas horas estaba de lo más feliz cenando con el hombre que amaba, a punto de confesarle sus sentimientos y ahora estaba ahí, alejado de él por un abismo de diferencia entre los dos, sin su amor y sin la familia que formó en el Infierno.

Su rostro tenía esa expresión melancólica que preocupaba un poco a Emily, quien tenía un montón de sentimientos encontrados en ese momento; no podía negar que le daba gusto recibir a Angel Dust en el Cielo, pero no estaba tan contenta como lo estaría si las cosas se hubieran dado de otra manera, sin necesidad de derramar más sangre. Tenía muchas dudas en ese momento y quería que Sera le dijera toda la verdad, pero ahora mismo debía concentrarse en ayudar a que el nuevo residente del reino celestial se integrara y conociera el lugar.

— ¿Está bien si te llamo "Angel" o prefieres que use tu verdadero nombre? —Preguntó mirando a la araña.

—El que quieras está bien —Replicó él, pensativo.

—Bueno, ¡puedo decirte Angel de cariño! Tú puedes llamarme Emi, si quieres, claro —Añadió ella— Como te había dicho antes, aquí en el Cielo estarás seguro, puedes ir a cualquier lugar de la ciudad, las personas son muy amables, te ayudarán a ubicarte si en algún momento lo necesitas… Hmm… Quizá puedas empezar a hacer algunos amigos —Sugirió—. No estarás solo durante todo el proceso, yo te acompañaré mientras te adaptas y además tendrás a las personas que han esperado por ti.

— ¿Las personas que me han esperado…? —Repitió en voz baja, entonces recordó lo que había estado hablando con Husk en el restaurante y sus ojos se abrieron más de lo normal, pensando que finalmente podría comprobar por sí mismo si su sospecha era verdad.

Emily lo guio por una especie de jardín bastante colorido, Angel no recordaba cuándo fue la última vez que vio flores tan bonitas, le traía vagos recuerdos sobre su niñez, cuando con su hermana veía las flores en el jardín de su casa o en los parques a los que su madre los llevaba.

La serafín y la araña caminaron por un sendero entre las flores y fue ahí que Angel por fin pudo mirar su reflejo en un cristal, notando la brillante aureola sobre su cabeza y el nuevo par de alas que llevaba en la espalda, además de que sus dos ojos ahora eran del mismo color.

Todo eso era tan raro que pensó que estaba teniendo un sueño bastante loco, si no fuera porque llevaba limpio casi dos años, pensaría que estaba alucinando por tanta droga. No pudo terminar su introspección cuando, al llegar a un pabellón en el centro del jardín, la voz de Emily lo atrajo de vuelta a la realidad.

— ¡Sir Pentious! ¡Mira, traje a un amigo que acaba de llegar! —Exclamó ella, haciendo que Angel se sorprendiera de sobremanera.

— ¿Pent…? ¿Qué? —El chico de pelaje blanco se asombró al encontrarse con cierta cara conocida— ¿¡PENTIOUS!?

La serpiente lo miró extrañado, como si fuera un completo desconocido.

— ¿Eres amigo de la señorita Emily? —Le preguntó, haciendo que Angel se confundiera aún más— Mucho gusto, ¡soy el gran Sir Pentious!

— ¡Eso ya lo sé! ¡Ya nos conocemos! —Exclamó, algo alterado—, ¿vas a decirme que no te acuerdas de mí? ¡Soy Angel!

— ¿Angel…? ¿Qué Angel? —Pentious parpadeó ligeramente y luego abrió los ojos sorprendido, como si hubiera recuperado ciertos recuerdos— ¡Angel Dust! ¡Santo Cielo! ¡De verdad eres tú! —Y dicho eso, se acercó a la araña para darle un abrazo, el cual le fue correspondido con algo de extrañeza por su reacción.

—Pendejo, todos pensamos que te habías muerto, estábamos muy tristes… Pero me da gusto ver que estás bien, Cherri estaría contenta si lo supiera —Murmuró Angel.

— ¡Cuando todos nos reunamos, nadie deberá seguir triste! ¿Crees que la señorita Cherri Bomb y Husk tarden mucho en venir al Cielo? Los extraño a todos —Dijo Pentious, ante lo cual Angel se encogió de hombros.

—No lo sé… Tal vez si encontramos la forma de decirles que estamos aquí, Husk y Cherri quieran darse prisa para venir con nosotros —Musitó Angel, pensativo.

—No se preocupen, en cuanto me sea posible yo hablaré con Charlie para darle la noticia de que están aquí —Añadió Emily—. Ahora tenemos que ir a encontrarnos con alguien muy importante a quien le dará mucho gusto verte, Angel.

— ¿Quién? No me dejes con esta intriga —Pidió la araña, sintiendo que la expectativa era bastante abrumadora.

—Sígueme —Le indicó Emily y él emprendió el camino con ella, mientras que Sir Pentious los seguía.

Siguieron el camino por unos cuantos minutos hasta llegar a una nueva zona de la ciudad donde había algunas cafeterías y zonas de comida, donde, entre la multitud que paseaba por las calles, se encontraba una joven tomando una limonada rosa y disfrutando del agradable clima.

— ¡Molly, hola! ¡Soy Emily! ¡Traje a alguien a quien tienes que ver! —Exclamó nuevamente la serafín, llamando la atención de la chica de voluminoso cabello rosado pálido.

— ¡Hola, Emily! ¡Qué gusto verte hoy! ¡También a ti, Pent! ¿Quién es su amigo? —La chica se levantó de su asiento y se acercó hacía el pequeño grupo.

Al verla delante de él, Angel sintió que sus ojos nuevamente se humedecían y las lágrimas no tardaron en correr por sus mejillas. Parecía una arañita saltarina de pelo blanco y rosado, así como él, pero reconocería esos ojos grandes y tintineantes en todas las vidas que tuvieran.

No pudo aguantar más y se acercó a abrazarla fuertemente con ambos pares de brazos, tomándola bastante por sorpresa.

—Molly, la mia bella sorellina —Murmuró mientras sollozaba.

La chica pestañeó un poco, confundida.

—Discúlpame, ¿nos conocemos? —Preguntó con voz suave, pero a Angel no le importó si ella parecía no saber quién era, no quería dejar de abrazarla ahora que podía volver a hacerlo después de todas esas décadas que pasaron separados.

—Él es una persona muy importante, alguien a quien debes recordar ahora —Indicó Emily con una sonrisa.

—Soy Anthony, ¿me recuerdas? —Dijo Angel, apartándose del abrazo para poder mirarla a los ojos.

La chica lo miró aún un poco confundida y una vez que sus recuerdos se aclararon, sus enormes ojos se llenaron de brillo.

— ¡Tony! ¡Mio caro fratello! —Esta vez fue ella quien lo abrazó con fuerza y Angel correspondió levantándola un poco del suelo, mientras Pentious y Emily observaban conmovidos el reencuentro de los hermanos.

—Hermanita, te extrañé muchísimo —Expresó Angel mientras ordenaba uno de los mechones de cabello de su hermana, quien le sonrió dulcemente.

—Ahora ya estamos juntos de nuevo, hermano, no sabes cuánto esperé por esto… Cuando tú te fuiste, sentí que perdí una parte importante de mí, ¡después de todo, ambos estuvimos juntos desde que nos formamos en el vientre de mamá! Y tú te fuiste tan joven y de una manera tan trágica… La vida sin ti era… Tan triste… —Declaró Molly, con algo de melancolía— Sólo viví cinco años más que tú, pero traté de honrar tu memoria y ser siempre una buena chica como tú me lo dijiste… ¡Yo sabía que cuando dejara la Tierra, te encontraría aquí! Y ahora estoy tan feliz, me alegra haber podido venir al Cielo para volver a verte, aunque haya tardado en encontrarte.

—Yo tenía tantas ganas de venir para volver a verte, Molly, no te imaginas lo feliz que estoy de ver que estás aquí, siempre sentí en mi corazón que debías estar en este lugar… Me da tanto gusto que sea así —Dijo Angel, para seguidamente soltar un suspiro de alivio.

—A mamá le va a encantar verte —Comentó Molly con una gran sonrisa y Angel sintió que su corazón daba un vuelco en su pecho. Había perdido a su mamá cuando era tan pequeño que sus recuerdos sobre ella eran muy vagos, así que no sabía cómo se sentiría al volver a verla, estaba algo nervioso—. Mientras vamos a su casa, puedes contarme sobre lo que has hecho todo este tiempo, quiero saberlo todo… ¡Emily, Pent, acompáñennos!

—Seguro, será agradable ver a Rosella —Afirmó la Serafin.

Molly tomó una de las manos de Angel y comenzó a caminar. El chico de pelaje blanco la siguió, reflexivo; aún no podía creerse del todo su situación, pero ahora que había visto a su hermana estaba muy feliz, tanto así que se empezó a cuestionar por qué estaba tan triste cuando apareció ahí en el Cielo… Tenía una sensación muy rara, confusa, como de que algo no estaba bien pero no sabía explicarse de qué se trataba.

— ¡Nos hemos encontrado en un gran momento, hermano! —Exclamó la chica araña sacándolo de sus pensamientos—, está por comenzar el verano, así que podemos ir a alguno de esos bonitos eventos que se hacen en la playa, o ir a una piscina… ¡Oh! Eso me recuerda, ¿has visitado el acuario de la ciudad? ¡Es fascinante!

—Yo fui a un acuario… Hace como… No lo recuerdo —Replicó Angel, llevándose una mano a la cabeza nuevamente.

— ¿Ah, sí? ¿Y te gustó? —Preguntó ella, mirándolo con curiosidad.

—Sí… Era muy bonito —Respondió él, aún con una leve expresión de confusión en su rostro—. Estaba teniendo una cita en ese lugar.

Al escuchar eso, Molly lo observó aún más emocionada.

— ¡Santo Dios! ¿Saliste con alguien? ¿Cómo es esa persona? ¿Es tu novio? ¡Cuéntame, por favor!

—Él es alguien… Realmente increíble —Explicó Angel, con una ligera sonrisa y un brillo de amor en sus ojos—. Es lo que siempre quise, es tan lindo conmigo, me quiere y me cuida, es el hombre más caballeroso y atento que he conocido jamás… Él es un sueño hecho realidad, desearía poder presentártelo a ti y a mamá… Seguramente les agradaría bastante.

— ¡Me matas de curiosidad! ¿Dónde conseguiste un chico así? ¡Yo también quiero uno! —Bromeó la joven— ¿Cómo se llama mi increíble cuñado?

—Se llama… Él se… Llama… —Angel se quedó en silencio un momento, por algún motivo no sabía la respuesta, trató de evocar el rostro de esa persona, pero lo único que consiguió visualizar fue una silueta borrosa que a duras penas podía distinguir— ¿Cuál era su nombre…?

Al escucharlo, Molly se preocupó un poco, así que buscó con la mirada a Emily para que ella pudiera ayudar. La serafín supo de inmediato qué estaba pasando, y aunque le sorprendió que estuviera sucediendo tan pronto, entendió el motivo detrás de eso.

—Hey, Molly, ¿puedes quedarte por aquí un momento con Sir Pentious? Necesito preguntarle unas cosas a Anthony para asegurarme de que todo está bien con él —La joven asintió y se quedó junto a la serpiente a una distancia prudente, así que Emily se acercó a donde Angel.

— ¿Cómo se llamaba él? ¿Quién es…? —Se repitió el chico arácnido, hasta que se encontró con la pequeña Serafín nuevamente.

—Angel… Tranquilo, esto está pasando porque sientes demasiado dolor al pensar en esa persona que amas y en estos momentos no puede estar contigo —Le explicó Emily—. Aquí en el Cielo las almas no deben sufrir, es por eso por lo que, al llegar, mientras más dolor les produzca recordar a las personas que dejaron atrás, más rápido comienzan a olvidarlas… Sir Pentious no te reconoció al inicio porque él no puede recordar a las personas que conoció en el Infierno ya que se pone muy triste al pensar en ellos, lo mismo pasa con Molly, ella no podía recordar que existías porque estar sin ti le causaba mucho dolor.

—P-Pero… Esto no es justo, yo no puedo olvidarlo… N-No quiero olvidar… Le prometí que lo iba a esperar aquí si yo llegaba primero… —Angel apretó su par de manos superiores empuñándolas, mientras que el par inferior las frotaba entre sí nerviosamente— No quiero olvidar todo lo que viví con él, no quiero olvidarme de su cara, su voz, su nombre… Mucho menos que lo amo y que él me ama…

—Tranquilo, el olvido no es permanente, una vez que se reencuentren, los recuerdos regresarán —Le explicó ella, pero Angel negó con la cabeza, reacio a aceptarlo.

— ¿Y qué tal si no puede subir? ¿Qué tal si murió en el exterminio y ahora su alma ya no existe? —Cuestionó él, aún frustrado.

—No pienses en eso, tú te esforzaste mucho para proteger su vida, él debe seguir existiendo y estoy segura de que querrá estar contigo en cuanto sepa en dónde estás —Señaló Emily, tratando de darle ánimos—, aférrate lo más fuerte que puedas a su recuerdo, mantén viva la esperanza de que volverás a verlo, yo haré lo mío para que se puedan reencontrar, es una promesa.

Angel suspiró con tristeza.

—No tengo otra alternativa, ¿cierto? —Replicó cruzándose de brazos, ante lo cual la joven Serafín puso su mano en uno de sus hombros.

—Anímate, Angel, todo va a estar bien, aunque ahora no lo parece. Mi trabajo es traer felicidad a mi gente y tú haces parte de ellos, así que no me quedaré sin hacer nada ante tu situación.

Esas palabras le sonaron tan familiares a Angel que sintió que Emily le recordaba mucho a una persona que conocía, aunque no podía acordarse bien del nombre de esa chica de cabellera rubia y enormes ojos rojos que tanto lo había cuidado en los últimos años que estuvo en el Infierno. Se tranquilizó bastante tras escucharla y la serafín supo que podían continuar con el camino.

—Muy bien, ahora sigue hablando con Molly y sigamos adelante. Seguro cuando veas a tu mamá te sentirás mucho mejor —Le animó ella y él asintió.

Mientras seguía caminando junto a su hermana y esta le contaba sobre las cosas que ella había estado haciendo en todo el tiempo que estuvieron separados, Angel no podía dejar de pensar en esa situación del olvido. Se suponía que las personas en el Cielo eran felices de esa manera, sin recordar nada doloroso, pero… ¿Se podía considerar una felicidad auténtica si implicaba olvidar a la gente que amaron y significó tanto para ellos?

No podía negar que había aspectos de su vida tanto terrenal como en el Infierno que le gustaría olvidar… Pero la gente del hotel, sobre todo el hombre al que amaba y todo lo que significaba para él, era algo que no quería dejar atrás, mucho menos si esos recuerdos le eran arrancados en contra de su voluntad en pro de una felicidad artificial que nunca se podría comparar a lo que sintió con cada mirada de adoración que su amado le dio y sobre todo con ese "Te amo" que guardaba no sólo en su memoria, sino también en lo más profundo de su corazón.