3.- Al servicio de la vida.
Cuando abrí mis ojos seguía estando cansada. No importa cuánto deseara descansar, nunca conseguía dormir lo suficiente.
Estaba cansada y desesperada por las decisiones que se pudieran tomar de ahora en adelante. Además, estaba enterada de que la relación entre muchos de los miembros del equipo había tenido puntos de quiebre.
Pasaron varios días en los que solo podía contribuir pobremente con mis conocimientos en robótica, pero pronto todo de eso acabó cuando la prioridad fue otra. Estaba ocupada cuestionándome mis próximas acciones sin saber exactamente qué camino tomar. Necesitaba una actualización y fui a pedirla, sin embargo, Ted Faro no me dijo gran cosa y era evidente que me consideraba solo otro peón más en el tablero, pues se negaba a hablar con cualquiera o en mi casa, me había encarado solo para pedirme que no preguntara cosas innecesarias. Estaba tan confundida y me sentía excluida de todo, sin embargo, fue Elisabet quien me salvó de mi ensimismamiento una vez más.
Una petición de llamada entró a mi foco, por lo que al aceptarla pude oír claramente su voz llamándome y pidiéndome que fuera a verla a la cabina de investigación.
Caminé con prisa, puse la palma de mi mano en el identificador y la puerta se abrió. Elisabet estaba de espaldas cuanto entré, se veía pensativa. No quise entrometerme en sus cavilaciones y me acerqué lentamente. Me sentí temerosa por lo que tuviera que decirme, pero estaba feliz de volverla a ver después de tanto tiempo. «Elisabet —pensé—, no hay razón para apartarte tanto tiempo de todos».
Tomé aire y me posé a su lado de pie.
—Hola, Lis. ¿Me llamabas?
—¿Cómo te sientes? —me respondió con otra pregunta.
—Uh… No menos preocupada que tú, supongo.
Elisabet sonrió de lado con esa mirada triste que siempre llevaba consigo.
—Escucha, _, sé que te has estado esforzando mucho y agradezco mucho que hayas apoyado el proyecto hasta ahora. Pero, ¿cómo decirlo? No eres la única a la que le pediré esto. Sal de la base, por favor.
—¿Qué? Pero…
—Apenas y has dormido en días, no has comido y al igual que yo y muchos otros no has visto la luz del sol en meses. No quiero que todos terminen igual… Valoro sus talentos, y creo que serían de mucha más ayuda si ponen su inteligencia en ayudar allá afuera.
—¿Afuera? Elisabet, allá afuera no queda nada. Todos morirán… Pero si seguimos trabajando sin descanso, puede que las maquinas cumplan con su objetivo y…
—Si el proyecto servirá o no, no estaremos para saberlo. Ya has trabajado mucho, _, por favor sal de la base.
—¡Quizá la haya! No voy a volver a casa y quedarme allá mientras veo al planeta morir poco a poco. ¡No quiero formar parte de eso!
Elisabet me miró confundida, y con razón. Yo nunca le había levantado la voz incluso si era para protestar asuntos de trabajo. No obstante, sentí que no me había hablado claro y que tenía algo más por decir.
—Creo que no me di a entender, discúlpame. Lo que quiero… es mantenerte con bien, porque eres una de las personas más importantes aquí, incluso si no te lo hacemos saber todo el tiempo.
—¿Eh? Entonces…
—¿Has escuchado hablar de la Odyssey?
—Por supuesto. Pero, ¿qué tiene que ver? ¿Que acaso ese proyecto no se dio por perdido hace un tiempo?
—Es correcto. La nave nunca pudo aterrizar… De hecho, no logró salir de la atmósfera en primer lugar. Todos los avances se desvanecieron y nuestra esperanza se fue con la pérdida de la nave y los datos de APOLLO que llevaba consigo.
Elisabet hizo una pausa mientras se relamía los labios pensando en cómo podía llegar al punto deseado de la conversación. Yo no entendía nada de lo que decía y no podía hasta el momento adivinar su propósito para solicitar verme. Tras desviar la mirada un par de veces, ella volvió a fijarse en mí y siguió hablando con la mayor calma que fue capaz de fingir.
»Seguro notaste que estuve distante un tiempo. Tuve… una discusión con Tilda. Ella y yo ya no estamos juntas. —Habló con calma y yo me sorprendí por la confianza que me tenía, sinceramente no me consideraba a mí misma tan importante—. Digamos que no compartimos las mismas ideas, aunque, pensándolo por unos minutos, creo que podría ser una salvación para alguien como tú. Hay un proyecto del que casi nadie conoce, pero me gustaría involucrarte con ello ahora porque sé que eres muy inteligente, tienes el instinto de liderazgo muy en tu interior y creo que el mundo necesita seguir contigo.
»Ted Faro nos ha estado complicando la vida a todos, pero es necesario que mi equipo siga trabajando un poco más junto a él para poder encontrar las últimas soluciones posibles a todos los problemas que están enfrentando a la biosfera. Eso me incluye. Sin embargo, como líder de esta extensión de la misión no puedo permanecer hasta el final. Necesito de seguidores capaces de sobrellevar la carga que conlleva Zero Dawn.
—Elisabet, ¿qué quieres que haga? —pregunté con genuinidad. No porque me sintiera molesta con ella, sino porque de repente sentí una profunda necesidad de cumplir sus deseos y temía que diera más rodeos sin soltar su petición de una vez por todas.
Ella puso las manos sobre la mesa y me habló claro. Seguro pensó que yo lo entendería…
—Quiero que vayas con Tilda y permanezcas con ella.
… pero no fue así.
—¿C-Con la doctora Tilda? ¿Por qué razón? Yo estoy de tu lado. ¡Siempre estuve de tu lado y lo seguiré estando!
—Pon atención por favor, _, esto es importante. La tierra necesita que sigan a su cuidado incluso cuando la humanidad estará casi extinta. Solo un pequeño porcentaje de humanos tendrán la oportunidad de mantenerse con vida para seguir los pasos de Zero Dawn y contemplar su éxito o fracaso. En caso de presenciar su fracaso, este pequeño grupo de elegidos podrán realizar las acciones necesarias para seguir operando y ayudar a GAIA. Y… en este pequeño porcentaje no figuro yo, pero sí el grupo de los Zenith. Ellos han seguido con la idea principal de la Odyssey. Es arriesgado, pero puede que esta vez funcione. Se desconoce la fecha estimada en que las acciones de GAIA comenzarán a tener efectos en el ambiente, ahora mismo me encuentro calculándolo junto con mi grupo, sin embargo, creo que eres demasiado brillante como para dejarte de lado de todo esto. Rechacé la oferta del equipo por razones que no me parecen apropiadas personalmente, sin embargo, la idea de dejarte atrás me carcome el alma. Pienso que lo más conveniente para ti es aceptar unírteles y enfocarte de ahora en adelante en las decisiones que podrían tomar como equipo para formar a la nueva generación de humanos.
Puse atención a sus palabras tanto como pude, pero pese a su tono de voz suave hablaba demasiado rápido, así que no podía digerir sus planes para mi futuro. «¿Qué insinúas, Elisabet?, ¿quieres alejarme de ti?»
—¿Por qué pedírmelo a mí? Lis, estoy feliz de que me consideres una de tus aliadas más fuertes, pero, no creo poder hacerlo… No sin ti. Todo lo que he logrado es gracias a tu liderazgo y la fuerza que me has dado. Además, no entiendo del todo… ¿Qué tiene que ver la idea principal de la Odyssey? Si tuvo fallas hace no mucho tiempo es probable que las vuelva a tener ahora.
—El nuevo proyecto es ligeramente diferente a la idea principal que lamentablemente terminó en fracaso. Ellos van a llevar a APOLLO consigo, pero, no con la idea de repoblar el planeta desde cero y esperar a que la tierra se cure. Esperan… comenzar vida en otro lugar. Eso es en lo que no estoy de acuerdo. Si hemos de comenzar vida, debemos curar nuestro planeta Tierra en primer lugar, es la prioridad.
—¿Entonces quieres que ayude a Far Zenith hasta donde pueda, pero sin seguir del todo sus planes?
Elisabet me miró detenidamente, era evidente que me estaba confundiendo poco a poco. Entonces siendo más directa, me dijo:
—Ellos utilizan una combinación de fármacos, tratamientos celulares e implantes tecnológicos para su beneficio, con el único objetivo de alargar sus vidas, casi hasta la eternidad.
—¿Eh? Eso quiere decir que…
—Te necesito —dijo. Sus palabras sonaban como súplica más que como una petición—. Sé que la idea te incomoda, a mí también, pero, sé que podrás con la misión. Una vez que te encuentres con Ted y los demás, podrás tomar tu propio camino y redirigir el proyecto con el núcleo de GAIA. Está todo bien, le di indicaciones para que guie tu camino y te dé acceso a todo tipo de información. Eso involucra cualquier rama de sus funciones, incluyendo a APOLLO. Es importante que la historia de la humanidad no sea olvidada, por eso te tengo a ti. No te preocupes, si te parece mucho, voy a encargarme de que alguien vaya parte del camino contigo.
—Elisabet, discúlpame por hacerte esta pregunta, pero, ¿por qué no puedes hacerlo tú?
Hizo una pausa antes de darme una respuesta. Se lo pensó bien y siguió hablando con calma.
—Debo quedarme en la Tierra para proteger a GAIA Prime. Los robots de Faro no tienen indicios de detenerse con su erradicación, pero creo que soy capaz de hacer algo ganando un poco más de tiempo. He estado pensando mucho sobre esto, ¿sabes? Para ti es un favor que te pido de un momento a otro, pero para mí ha significado semanas de meditación.
Esta vez fui yo quien se tomó unos segundos para digerir la información. Haría lo que fuera para ayudar a Elisabet si ello le daba paz a su mente y corazón, pero, considerar dejarla atrás para conseguir la vida eterna era una locura. Jamás me atrevería a utilizarme a mí misma como objeto de experimentación. Sobre todo porque no podía imaginar llevar una vida en la que dejara a mi familia atrás sin siquiera despedirme.
Si pudiera recibir indicaciones de un superior al pie de la letra seguro que no lo pensaría demasiado, pero, ¿lejos de Elisabet Sobeck? ¿Dejándome únicamente con GAIA? Además, ¿qué clase de acompañante podría proporcionarme ella que podría hacerme sentir segura? La vida del planeta estaba en juego; todo lo que había logrado la humanidad hasta el momento estaba a punto de desaparecer para siempre y cargar con la responsabilidad de resguardar cuidadosamente a APOLLO estaba conduciéndome poco a poco hacia la desesperación.
—Ellos van a irse a las estrellas… No veo cómo podría seguir con el plan de restaurar la Tierra si no me quedo aquí en la base con la tecnología y herramientas que necesito.
—Conseguirías el beneficio de los Zenith para permanecer con vida incluso dentro de mil años, pero, no te irías en la misma nave que ellos. Eso te lo aseguro, jamás me arriesgaría en dejarte salir de la atmósfera.
—Y… ¿sobre mi acompañamiento…?
—GAIA va a hacerse cargo de eso. Ha recibido todo tipo de indicaciones y me aseguré de que se encuentre actualizada de cada una de nuestras conversaciones y nuevos planes.
—Unirme a Far Zenith…
—Es algo que solo podría pedirte a ti —dijo a la vez que ponía una de sus manos en mi hombro, viéndome fijamente.
Estuve pensándolo por unos minutos. Me habría gustado tener unos días para poder meditar sobre la situación con calma y elegir las palabras correctas, sin embargo, tiempo era algo que no sobraba. Con el dolor de mi alma retrocedí unos pasos mientras pensé en una y mil maneras de no ser grosera. Tenía miedo, un miedo profundo… Temía ver la mirada de decepción que me dirigiría, pero tuve que ser firme con mi pensamiento.
Tomé aire y me alejé unos pasos más mientras negaba débilmente con la cabeza.
—Perdóname, Elisabet. No puedo hacerlo. —Entonces fui clara con mis pensamientos y dije—: No podría seguir sin mi equipo y… sin ti. Puede que podría persuadir a los Zenith para unirlos de mi bando o estropear la información que poseen para despojarlos de sus tecnologías, pero, aun así, la idea de seguir viviendo dentro de los próximos siglos no puedo digerirla. Definitivamente no quiero eso.
Ella asintió. Me dio la espalda por breves segundos y después me dedicó una sonrisa triste que no hizo más que estrujar mi corazón. Verla de esa manera era tan inusual. Incluso pensé que quizá el exceso de estrés había terminado por despertar en ella un pensamiento conformista en cuanto a su comportamiento del diario, pues de repente me pareció que se miraba más relajada de lo que debería.
Con delicadeza puso su mano en mi brazo tal y como hacen los amigos, como si supiera que iba a negarme. Yo solo estuve esperando por algunas palabras que pudieran desatar en mí una depresión insuperable, pero, en cambio siguió sonriendo mientras mantenía su tacto suave conmigo.
—Entiendo. Discúlpame por soltarte todo esto como un balde de agua fría. No sientas culpa… Debí hablarte de todo esto desde el momento en que tuve la primera idea.
—Elisabet…
—Hay muchas cosas que debo hacer. Otra vez, discúlpame por molestarte.
—No, yo lo siento. Sin importar lo que digas, tendría que haber sido mi obligación como subordinada no haberme negado.
Ella no le dio más vueltas al asunto de las disculpas. Era obvio que ambas nos sentíamos culpables y nada podría remediarlo, por lo que decidió preguntarme:
—Además de incomodarte alargar tu vida, ¿hay alguna otra razón por la que te has negado?
Lo pensé brevemente y hablé con sinceridad.
—Quiero ver a mi familia aunque sea una última vez.
Elisabet sonrió con dificultad.
—Entiendo. Ve a ver a tu familia.
—¿Eh? Pero… ¿Qué vas a hacer tú?
—Voy a hablar un momento con Travis Tate. Le había comentado que era posible que tomaras su lugar como una de los nueve Alfas del proyecto, pero, puede que vuelva todo a su lugar.
Me habría gustado decirle que si íbamos juntas, no me importaría vivir una eternidad a su lado. Sin embargo, sabía que no existía oportunidad de tal cosa.
—Cuidado, Elisabet. Travis es algo… Bueno, es un tipo difícil. No le caigo muy bien.
Ella sonrió como diciendo "lo tendré en cuenta" y salió de la cámara de investigación dejándome sola con los computadores.
Tuve un mal sabor de boca durante los próximos minutos, sin embargo, la vida es demasiado corta como para deprimirse. Salí de la base usando el equipo correcto y fui a casa para ver por última vez a cada miembro de mi familia, hacer llamadas para agradecer por los momentos que compartimos y disculparme por las cosas más simples del mundo. Tan solo quería despedirme de todo el mundo de la manera correcta y sentirme bien conmigo misma… De repente sentí que no tenía nada y a la vez lo tenía todo por perder.
Fue cosa de una sola noche. Pude visitar por última vez mi habitación, mi cocina y sentarme por última vez a mi comedor. Hablé con cada miembro de mi familia y después de dormir unas horas quise volver a la base con los demás. Después de todo, yo era una pieza importante del proyecto Zero Dawn; éramos los pocos que llevábamos seguimiento a aquel sistema de terraformación y no quería irme como una cobarde. Al menos pasar los últimos días de mi vida con mi equipo estaría bien, ¿no? No pensaba en otra cosa.
Salí de mi casa abrazando a cada persona importante para mí sin mencionarles jamás que esa sería la última vez que nos veríamos.
Tenía ganas de andar a pie, aunque no podía darme ese lujo. El aire era lo suficientemente tóxico como para lograr provocarme una enfermedad pulmonar con tan solo esforzarme un poco pese a tener el pesado equipo para andar al aire libre. Por ello tuve que tomar un auto de la organización para dirigirme de ida y de venida.
Andar por las calles de la ciudad como si se tratara de un parque sería una de las sensaciones que extrañaría para siempre. Todo y todos estaban muriendo.
Lo único que quedaba era confiar en GAIA y esperar a que, con el pasar de los años, nuestros esfuerzos dieran sus frutos.
Al alejarme de mi casa eché un último vistazo hacia atrás y seguí mi camino mientras las lágrimas caían de mis ojos escurriendo por mis mejillas sin poder parar. Imaginaba la casa en la que me crie; los momentos que tuve ahí pasaban detrás de mis párpados como un breve resumen de lo poco que duró mi felicidad.
Lloré, lloré, lloré mucho. Todo había terminado para mí y para todos. Quedarme en casa esperando mi muerte en vano no era una opción. Tomé el automóvil y conduje de regreso a la base, quería ver a Elisabet.
Ella aun no me había dicho nada, pero yo podía sentirlo… Ella estaba ocultándome algo y yo estaría ahí para que me dijera qué sucedía. Pese a todo, solo quería convertirme en su brazo derecho, su espada y su escudo.
