Disclaimer: todos los personajes que reconozcan y el mundo donde viven pertenecen a JK Rowling. El resto es producto de mi imaginación.
Escribo esto solo por diversión. No ha sido sometido a revisión beta ni profesional por parte de un editor.
Capítulo 1
El problema de usar un traslador ilegal es que nunca podías tener la certeza de a dónde te iba a llevar.
Así era como Severus Snape, maestro de pociones, mortífago y espía había terminado en esta precaria situación.
Dos días atrás había sido convocado a una reunión de urgencia del círculo interno del Señor Oscuro. Al llegar, Voldemort estaba de un humor de perros; repartió cruciatus a cada uno de sus fieles vasallos sin excepción, incluso Bella se había llevado un par de maldiciones.
En cierto punto de la reunión dijo que había un traidor entre sus más fieles discípulos que había estado impidiendo que pudiera deshacerse de Potter. Al escuchar la declaración, Severus en automático levantó sus barreras preparándose para un ataque mental de su Señor. Pero, dentro de todas las precauciones que siempre tomaba, no estuvo preparado para el pequeño detalle de que su señor había decido usar Veritaserum, el cual había sido colocado en los alimentos y bebidas que habían consumido esa noche.
Cuando el Lord comenzó a interrogarlos casualmente, al llegar a Severus, este no pudo evitar contestar con total honestidad. Una mueca de absoluto terror cruzó su cara.
Tan pronto como terminó su confesión, fue atacado con varias maldiciones, sintió la sangre escapar por su boca, no tuvo tiempo de gritar. Como pudo, metió las manos entre sus túnicas buscando frenéticamente el galeón que Dumbledore había convertido en traslador y que siempre llevaba con él, desde el día que había regresado a las filas del Lord como espía.
Sus dedos por fin rozaron el galeón en sus bolsillos y sintió el conocido tirón al ser lanzado precipitadamente al vacío, solo alcanzó a oír en la distancia el grito de frustración del Lord.
Aterrizó con un golpe sordo en el patio de una casa, con lo último de sus fuerzas trató de invocar un patronus, pero estaba muy herido y cansado, su varita se negó a lanzar cualquier hechizo. Ni una chispa brotó de ella.
Sin saber dónde estaba, el dolor invadiendo todo su cuerpo, perdiendo mucha sangre, sin lograr pensar en nada que no fuera su precaria situación, el miedo lo invadió.
Trató de ubicarse, su mirada desplazándose frenéticamente a su alrededor, sin embargo era de noche, y era una noche sin luna, así que la oscuridad a su alrededor era abrumadora, alcanzaba a ver una luz filtrándose por la puerta de lo que suponía era la concina, pero no tuvo la capacidad de emitir ningún sonido.
Perdiendo el resto de sus fuerzas, y rindiéndose a lo inevitable, perdió la batalla en su lucha contra la inconsciencia, su mundo se desvaneció.
