FLORES QUE CRECEN EN LA ADVERSIDAD

6 AÑOS DESPUÉS DE LA VICTORIA HYUGA

SAKURA

Sakura intentaba observar la escena entre el gentío, sin entender lo que realmente sucedía frente a sus ojos. La gente a su alrededor gritaba eufórica, como perros rabiosos. Lo que ella no lograba comprender era el por qué gritaban el nombre de sus padres.

Logró hacerse camino entre las piernas de la gente hasta llegar a la cerca de la barrera de contención que formaba un enorme círculo alrededor de la plaza central de Konoha.

—Quiero que este sea un mensaje claro para todos —dijo un hombre de ojos blancos al centro de la plaza—. No toleraremos, bajo ninguna circunstancia el espionaje, el complot o la traición —gritó—. Buscamos la paz y la tranquilidad de la aldea y para ello, debemos mantenernos firmes con las reglas. ¡No queremos una aldea en peligro! ¡No queremos peligro en nuestros calles!

—¡Mantenlos!—gritaba la gente— ¡Traidores! ¡Opositores! ¡Alborotadores!

Una mujer a su lado susurró—. Supe que los atraparían, es imposible escapar de sus terroríficos ojos.

Su amiga asintió, pero no se atrevió a responder por miedo a ser escuchada, luego, ellas también se unieron al grito que reclamaba la muerte a los traidores.

Sakura buscó por toda la plaza a sus padres, pero no logró encontrarlos por ningún lado. Ella les había prometido que no saldría de su habitación, pero hace dos días que ellos no habían vuelto y el hambre la había obligado a salir a buscarlos.

—¡Hoy! —dijo el hombre de ojos blancos llamando la atención de todos—. ¡Con estas ejecuciones damos por concluido el intento de sabotaje de los criminales que ponen en peligro nuestra paz y estilo de vida! —dijo el hombre—. No hay paz para los traidores de Konoha.

—¡Traidores! —gritó la plaza.

Tres figuras fueron arrastradas hacia la plaza. Sakura distinguió a una mujer de cabello cobrizo que sonreía altaneramente y junto a ella, sus padres.

Sakura también distinguió algo nuevo, tanto sus padres como la mujer tenían una cruz roja en la frente. Sakura se llevó las manos a su propio tatuaje en la frente, pero sabía que este era negro y el de ellos ahora era rojo.

—Estos traidores serán ejecutados en el acto —dijo el hombre y la plaza volvió a aplaudir.

—¡Mamá! —gritó Sakura—. ¡Papá! —pero si ellos escucharon sus gritos no volvieron a la vista para despedirse.

El hombre de ojos blancos junto las manos formando una equis frente a los tres prisioneros.

Las cruces de los detenidos comenzaron a brillar al rojo vivo, como si de un hierro caliente se tratará.

La mujer de cabello cobrizo fue la primera en soltar un grito, y luego su padre no pudo evitarlo. Su madre fue la última. Su valiente y valerosa madre gritó de dolor ante la marca que le quemaba la piel.

—¡Traidores a Konoha! —gritó el hombre y los prisioneros gritaron con más fuerza. Nadie en el público hizo coro a sus palabras. La plaza enmudeció cuando la sangre comenzó a brotar de la sien de los prisioneros y los tres, casi al mismo tiempo, cayeron inherentes al suelo. Solo el canto de lejanos pajaritos y el ladrido de un perro interrumpieron el silencio, y entre aquellos ruidos destacables una niña gritó.

—¡Mamá! —gritó una niña de cabello ondulado al otro lado de la plaza. Sakura la miró a lo lejos, pero no pudo distinguir su cara más allá de su voluminoso cabello.

Entonces Sakura hizo lo propio—¡MAM...— intentó gritar, pero una mano muy grande le cubrió la boca y le ahogó el grito.

—No ahora, pequeña —dijo una voz casi dulce—. Lamento que tuvieras que ver eso —agregó mientras la arrastraba hacia atrás por la muchedumbre.

Sakura no logró gritar, ni patalear o manotear. Se dejó arrastrar por el hombre, incapaz de procesas las imágenes que acababa de ver. Se habían ido, sus padres estaban muertos.

—Casi salimos — dijo el hombre después de un momento. Unos minutos después dejaron la plaza. El bullicio se había reanimado en la plaza, pero el sonido se hizo cada vez más lejano. Finalmente, llegaron hasta unos callejones oscuros de la aldea. Entonces el hombre la soltó y se inclinó ante ella.

Sakura le miró la cara a través de los ojos cristalinos.

—Mi nombre es Kakashi —dijo—. Soy amigo de tus padres y ellos me pidieron mantenerte a salvo. ¿Entiendes, Sakura?

Sakura logró entender algunas palabras, pero le fue imposible procesar la idea por completo.

—Necesito que me sigas —pidió el hombre.

Como un zombie, Sakura caminó detrás de Kakashi por las calles de Konoha. Se detuvieron frente a una puerta de madera muy pesada que se abrió sola ante su presencia. Tan solo estuvieron dentro las piernas de Sakura fallaron y la niña se desplomó llorando y gritando por sus padres.

Muchos minutos después de haber llegado a aquella habitación, unos delgados brazos la rodearon y Sakura levantó la cabeza para ver a la persona que la abrazaba.

Cuando levantó la mirada encontró a esa niña, la que había gritado por su madre en la plaza. Su cabello ondulado era castaño y combinaba con sus ojos color chocolate.

Sakura no tuvo que preguntar, sabía que ella debía ser la hija de la mujer de la plaza.

Ninguna preguntó, ambas niñas lloraron hasta dormirse.

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22 AÑOS DESPUÉS DE LA VICTORIA HYUGA

SAKURA

Sakura corrió hasta donde se encontraba Sasuke e Itachi, ambos chicos se encontraban exhaustos, sabía que debajo de las máscaras sonreían con satisfacción.

Sakura supo que lo habían conseguido.

—La tenemos —dijo Itachi—. Por poco se escapa la maldita, era realmente rápida.

Sakura miró detrás de ellos, en el suelo una chica de cabello largo y negro yacía inconsciente.

Un perro gigante ladró con fuerza detrás de Sakura, pero nadie se inmutó ante su llegada.

—Será mejor llevarla pronto, huelo más intrusos, aunque aún están lejos —dijo el chico montado en el perro, que también cubría su rostro—. Seguramente vienen con ella.

—Llévala Kiba, antes de que despierte —ordenó Itachi y él subió el cuerpo desmayado de la chica al enorme perro.

—Andando —dijo Sasuke caminando hacia Sakura—. No debiste venir —dijo con suavidad mientras echaba un brazo por los hombros de ella.

Sakura se encogió de hombros—. Cuando no vengo, siempre exageras tus historias —río ella.

—Sí, es cierto —dijo Itachi—. Siempre lo haces.

Los tres soltaron una risita inocente, y Sakura echó una mirada a Itachi por el rabillo del ojo, aunque la máscara le cubría la cara Sakura pudo distinguir que el chico intentaba no arrastrar los pies al caminar.

Caminaron a paso firme por el bosque hasta la entrada de su escondite.

Sin dificultad atravesaron el árbol, que en realidad era la puerta escondida a su hogar. Una casita simple de cuatro habitaciones. La primera planta era solo una fachada por si alguien lograba romper el escudo de Itachi, lo verdaderamente importante de su escondite se encontraba bajo tierra.

—Sasuke, asegúrate de poner bien los grilletes de la Hyuga —dijo Itachi retirándose la máscara de zorro para respirar mejor—, iré a darme un baño.

Sakura estaba por seguir a Sasuke a los pisos subterráneos de su guarida cuando otra voz la llamó.

—¡Sakura! —gritó una chica con marcas triangulares en la cara iguales a las de su hermano—. Ven —pidió.

Sasuke le dio un corto beso en la coronilla y siguieron caminos separados. Ella sabía que, por el momento, era primordial sellar a la celda donde estaría la Hyuga así que decidió no molestar más a Sasuke y acudir a la ayuda de Hana.

Se dirigió a la habitación que Hana e Itachi compartían, la habitación más grande de la casa.

Itachi se encontraba sentado en el tatami, cubriéndose la boca con las manos mientras luchaba contra un ataque de tos. Sakura había temido esa reacción, se reclinó junto él y tomó el maletín que Hana le había acercado.

Se colocó el estetoscopio y escuchó con detenimiento el corazón y los pulmones de Itachi. El silbido de los pulmones del chico le erizó la piel, cada vez era más claro que su pulmón derecho estaba llegando a un límite que ella no sería capaz de remediar.

—Te exigiste demasiado —dijo Hana sentándose junto a Itachi y dándole un pañuelo para limpiarse la sangre de la boca.

—No todos los días una Hyuga... cae en la... trampa, era una ocasión... única —intentó decir, pero la voz le salió cansada y ronca. Un siguiente ataque de tos le obligó a escupir más sangre.

—Escupe —pidió Hana poniendo frente a Itachi un vaso. Itachi escupió el exceso de sangre mezclado con saliva—. No puedes seguir saliendo a jugar así —dijo ella con preocupación.

Itachi le sonrió—. Solo fue esta vez... no podía dejarlo pasar.

Hanna negó—. Siempre dices eso "solo esta vez".

Sakura rio ante el puchero de la chica, pero desvió la mirada de ellos por cortesía, cuando Itachi se acercó para besar a Hana.

—Estoy bien —dijo a Hana intentando sonar calmado—. Sakura se encargará de dejarme como nuevo —agregó con una sonrisa.

Sakura prendió un pequeño mechero de alcohol y colocó sobre él una taza de aluminio. Extrajo del maletín una ampolleta de medicamente que hecho dentro del vaso junto con un poco de agua. Posteriormente trituró unas hierbas que también dejo calentar en el vasito.

Cuando el vapor comenzó a salir, Sakura tomó el remedio con un pañuelo y lo acercó a Itachi. Hana cubrió con una manta la cabeza de Itachi y el chico comenzó a aspirar el vapor.

—Recuerda inhalar todo lo que puedas y retenerlo tanto como sea posible —dijo Sakura.

Itachi siguió sus instrucciones y cuando el remedio se enfrío y dejo de emanar vapor Itachi se quitó la manta de la cabeza e inhaló profundamente.

—Eres una maga —dijo Itachi.

Sakura sonrió—. Se llama medicina —dijo ella.

—Es lo mismo —respondió Itachi.

Sakura comenzó a guardar sus utensilios en el maletín y cuando terminó se levantó—. Date un baño de agua caliente y luego, directo a la cama—dijo antes de salir de la habitación.

—Me aseguraré de que lo haga —dijo Hanna mientras limpiaba el rostro de Itachi.

Sakura salió de la habitación, enternecida por el cariño silencioso que esos dos se mantenían y caminó hacia su habitación, donde Sasuke la esperaba recién bañado y con ropa limpia.

—¿Cómo esta? —preguntó el menor de los Uchiha—. Le dije que no se sobrexigiera, pero ya lo conoces, él no...

Sakura sonrió—. Estará bien —dijo—, regresaron a tiempo así que pude abrir sus bronquios sin mucha dificultad.

Sasuke soltó un suspiró de alivió—. Tendré que romperle las piernas para evitar que siga saliendo.

Sakura rio ante la imposible idea de detener a Itachi.

—Necesito que veas a la Hyuga —pidió Sasuke dándole a Sakura una máscara de zorro pintada artesanalmente—. Muerta no nos sirve de nada.

Sakura tomó la máscara y recibió además un suave beso de Sasuke—. Vamos —dijo, mientras los dos se colocaban las máscaras y bajaban al sótano.

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HINATA

Hinata abrió los ojos cuando sintió el contacto de una delicada mano posarse sobre su rostro.

—Parece que estas consciente —dijo la voz de una chica detrás de una máscara de zorro.

Por instinto Hinata activó el Byakugan o al menos lo intentó, pero, aunque sintió su técnica activarse no pudo ver más allá de las paredes de la celda, el flujo de la chica era suave, casi inexistente.

—Eres de Konoha, con una marca negra —dijo Hinata y luego miró hacia el chico que se encontraba al fondo de la sala, su flujo de chakra era libre y vigoroso—. Tú no estás marcado.

—¿Los Hyuga no tienen modales? —dijo la chica con una suave sonrisita— ¿Siempre miran el interior de las personas así?

Hinata miró la máscara de la chica y por alguna razón se sintió sumamente avergonzada, como si en efecto, fuera una persona maleducada. Quizá lo era. Desactivó la técnica.

Se dio cuenta que no podía mover las manos ya que estaban sostenidas por grilletes que colgaban desde el techo. La chica de la máscara vendó su rodilla herida y acercó un poco de agua de a sus labios. Hinata bebió con gusto.

—Debe ser incómodo —dijo la chica—, pero no podemos dejar que juntes las manos, ¿comprendes?

Hinata asintió—. ¿Por qué no solo me matan?

El chico con máscara de zorro caminó hacia ella y levantó el cabello que le cubría la frente.

—Eres una Hyuga del Souke —respondió el chico y Hinata supo por el tono de su voz que debía estar sonriendo con mucha satisfacción de haberla atrapado—. ¿Qué haces tan lejos de casa? —preguntó.

Hinata sonrió—. Me perdí.

El chico soltó una risita—. Que oportuno para nosotros.

—¿Son parte de alguna rebelión o algo así?¿El grupito de los alborotadores? —dijo Hinata mordazmente.

—Ustedes siempre usan esas palabras agresivas para referirse a todos los demás—dijo el chico con un claro tono de enojo.

—¿Por qué están tan lejos de Konoha? —respondió Hinata—. ¿Les da miedo acercarse?

Ninguno de los enmascarados respondió.

Entonces Hinata ladeó la cabeza—. ¿O protegen algo aquí? ¿Es eso? —preguntó ella sonriendo.

Ninguno respondió.

—Ya veo —dijo señalando la máscara de la chica con el mentón—. Ustedes están protegiendo a Minato Namizake, el Cuarto Hokage.

Aunque no podía ver a través de la máscara Hinata supo que la afirmación era correcta o al menos cercana a la realidad. Entonces la Hyuga se relajó un poco, mientras ella pudiera mantenerlos interesados la mantendrían viva el suficiente tiempo para que Ino y Choji pudieran rescatarla.

Ignorando la pelea silenciosa que mantenía con el chico de la máscara, la chica sacó de su chaqueta un frasquito, lo abrió y untó un poco de crema en su mejilla. Hinata notó como su piel se calentaba suavemente y luego dejó de sentir dolor en esa zona, aunque no podía verse a un espejo supo que el corte había desaparecido.

—¿Por qué me curas? —preguntó Hinata.

La chica se encogió de hombros—. No me gusta ver gente herida —fue lo único que respondió antes de salir de la habitación.

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TENTEN

No pudo esconder su sonrisa ante la risa desinhibida de la princesa de la arena, con cada día que pasaba Tenten la apreciaba un poco más y le complicaba el trabajo.

—Entonces —dijo Temari cuando dejó de reír—, si tú pones esta pieza aquí —dijo señalando algún punto del tablero—, esta sería la mejor jugada.

Shikamaru le sonrió—. ¿Estás segura de que nunca habías jugado Go? —preguntó.

—Nunca.

—No te creo —dijo Shikamaru inclinándose sobre el tablero—, juegas demasiado bien.

Temari volvió a reír y Tenten no pudo evitar sonreír de nuevo, el coqueteó entre los dos era tan descarado que la hacia sentir empatía por ellos.

—Jugaba ajedrez con mi hermano —dijo la chica—, pero nunca jugué Go —Temari se encogió de hombros—, aunque la verdad es que no teníamos mucho tiempo para jugar.

Shikamaru miró el tablero—. Debe ser duro ser la hija del Kazekage.

La chica se encogió de hombros—. Se esperan cosas de mi —dijo señalándose la cabeza—, una kunoichi tiene que afilar la mente más que las armas, o al menos es lo que dice mi papá.

Tenten no podía estar más de acuerdo, Itachi también se lo había dicho.

Shikamaru miró a Temari y Tenten los observó a ambos, sentía un poco de pena por ambos, durante los últimos días habían compartido varias noches de juegos y ella solo veía a Temari realmente feliz cuando estaba con él.

Las reuniones que tenía con Neji eran todo lo opuesto, el Hyuga y ella no podían entablar una conversación de más de cuatro frases y mucho menos reír. No había nada entre ellos que indicará algo más allá del más frívolo respeto y deber.

En cambio Shikamaru y ella resplandecían juntos y lograban que el ambiente se volviera un lugar cálido y acogedor. Por primera vez en la vida Tenten se preguntó si ella misma encontraría a alguien con quien compartir un momento tan acogedor como el que compartían ellos dos.

Los enviada y a la vez le entristecían. Lo suyo no podría ser, la vida de mucha gente dependía de ese matrimonio arreglado y todos ellos lo sabían.

Cuando la reunión terminó Tenten acompaño a Shikamaru hacia la salida de los terrenos Hyuga y tras una corta reverencia volvió hacia la mansión principal.

Calentó agua en las cocinas, horneó galletas y preparó el té de diente de león, su favorito, montó la bandeja. A las nueve y cuarenta y tres minutos salió de la cocina hacia la habitación de Neji.

La puerta estaba entreabierta, con el pie derecho la deslizó y entró, sirvió el té en la tacita azul y esperó la llegada del Hyuga. Puntualmente, a las nueve y cincuenta minutos Neji cruzó la puerta, la cerró, se sentó en el escritorio, leyó los informes del día y bebió el té, todo en el más absoluto silencio.

Desde el fondo de la sala Tenten lo observó atentamente, parecía molesto y distraído, tenía los labios apretados y miraba la hoja frente a él detenidamente, aunque Tenten dudaba de que estuviera realmente leyéndola, su mirada parecía ir mucho más allá del papel.

—Esa estúpida —soltó entre dientes—, como se atreve a humillarme de esa manera.

Tenten agudizó el oído, supuso que no hablaba de Temari, pues ese día no habían pasado tiempo juntos, la única otra persona capaz de hacerlo enojar de esa forma era su prima Hanabi.

Neji dejó los papeles a un lado y echó la cabeza hacia atrás con un resoplido de frustración.

Tenten encontró la mirada de Neji cuando él bajó la vista hacia ella—. ¿Qué hizo Temari hoy? —preguntó.

Tenten odiaba esa pregunta, porque prefería serle fiel a Temari que a Neji, pero sabía que mantener la confianza de Neji era primordial para su misión.

—Revisó las flores para la boda y organizó la lista de invitados —dijo—, y por la tarde se reunió con Shikamaru-san.

Neji levantó una ceja—. ¿De nuevo?

Tenten asintió—. Creo que la señorita Temari estaba aburrida —intentó dar una explicación—. Shikamaru-san le esta enseñando a jugar Go.

—¿Cuánto tiempo?

—¿Disculpe?

Neji frunció el entrecejo—. ¿Cuánto tiempo jugaron Go?

Tenten ladeó la cabeza—. Una hora y media—respondió, eso era una ligera mentira, habían compartido casi dos horas cuarenta juntos, pero creyó que a Neji lo le gustaría saber ese detalle.

—¿Estuviste todo el tiempo en la reunión?

Tenten asintió—. Sí, serví te de lavanda y pastelillos.

El detalle de la comida logró suavizar la mirada de Neji un poco—. Bien.

—¿Necesita algo más, Neji-san? —preguntó ella ante la insistente mirada del chico, parecía que quería ver la mentira a través de sus ojos, pero Tenten se mantuvo relajada, confiada en que ella era mejor mentirosa que él.

Neji desvió la mirada y negó—. Retírate.

—¿Le preparo la habitación?—preguntó Tenten mientras se levantaba del suelo.

Neji frunció el ceño, irritado y molesto—. No, solo retírate. No deseo verte más.

Tenten se sorprendió ante sus palabras. Aunque estaba acostumbrada a que el Hyuga fuera directo y hasta grosero, jamás la había despedido de su presencia de esa forma.

Hizo una rápida reverencia y con el ego ligeramente herido se dirigió a la puerta de la habitación.

—Tenten—llamó él cuando ella estaba por irse, Tenten se detuvo—, gracias por tu trabajo.

Tenten giró suavemente para mirarlo. Una minúscula mueca atravesó el rostro de Neji pero Tenten estuvo segura que el Hyuga casi había sonreído.

Tenten hizo una corta reverencia y una sonrisa se formó en sus labios sin poder evitarla.

Fue entonces que vio a Neji Hyuga sonreír ampliamente por primera vez.

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INO

—Debemos volver a la aldea y pedir refuerzos —dijo.

—¿Y decirle qué a Hiashi-sama? —preguntó Choji—. "Lo sentimos Hiashi-sama, pero perdimos a su hija".

—¡Ay, tienes razón! —resopló Ino—. ¡Tenemos que encontrar a Hinata!

Entonces la chica hizo un movimiento súbito que el enemigo no esperaba, giró sobre sus talones y le apuntó directamente con una pose de manos que formaba un cuadrado.

El chico había escondido bien su presencia durante un rato pero Choji lo había descubierto, y era fundamental hacer la transferencia de mentes cuando el chico estuviera confiado en su escondite.

Cuando abrió los ojos se encontró en un espacio oscuro infinito—. Tu subconsciente está muy vacío —dijo la chica con una risa burlona una vez que su técnica había funcionado.

El chico con dos marcas rojas en las mejillas lo miró completamente anonado— ¿Dónde estamos? —preguntó él mirando a su alrededor.

Ino se acercó a él, la gente siempre reaccionaba así cuando ella entraba en su inconsciente, su padre decía que era porque los ninjas están más acostumbrados a conocer sus músculos que su mente—. Estamos en tu cabeza.

—¿Es un genjutsu? —preguntó él, aún confundido.

Ella negó—. Es tú cabeza —dijo de nuevo señalando a su alrededor—. Tu nombre es Kiba... Inuzuka Kiba.

Él sacudió la cabeza—. ¿Cómo sabes eso?

Ella volvió a reír—. ¿Eres idiota o algo? —preguntó—. Acabo de decir que estamos en tu cabeza, puedo acceder a cualquier información que quiera.

De pronto se encontró en medio de un largo y angosto pasillo lleno de puertas—. ¿Puertas? —dijo ella, ligeramente asombrada, nunca había visto un inconsciente tan lleno de secretos y a la vez tan segmentado entre sí. ¿Qué escondía detrás de cada puerta?

La forma de su subconsciente le relevaba que Kiba Inuzuka era de pensamiento cuadrado, pero de prioridades ordenadas. De alguna forma su subconsciente le ponía un tanto nerviosa.

—¿Cuál es tu nombre? —preguntó él, Ino reconoció el valor del chico al intentar mantener la calma.

—Ino —dijo ella encogiéndose de hombros y avanzando por el pasillo. Kiba avanzó con ella aún si no quería—. No vivirás lo suficiente para hacer algo con esa información.

Kiba sonrió—. ¿Es tu costumbre subestimar a tus oponentes?

Ino sonrió mientras acercaba su mano a la frente de Kiba—. Estas en mi territorio, Kiba —dijo ella abriendo con una patada una puerta—. Voy a subestimarte todo lo que quiera.

—Pensé que estábamos enmicabeza—respondió él, casi con una sonrisa.

Ino admiró su calma.

Detrás de la primera puerta encontró un recuerdo de un pequeño Kiba adoptaba a un pequeño y enfermo perro blanco al que llamó Akamaru.

—Akamaru —dijo ella—. ¿Dónde está ahora?

Entonces Kiba intentó detenerle el paso, Ino supuso que había entendido que ella buscaba una información concreta. El paradero de Hinata.

Ino lo traspasó como si fuera un fantasma y abrió la segunda puerta. Kiba intentó detenerla tomándola por el cuello, pero era imposible tocarla, sus manos simplemente la traspasaron.

En ese recuerdo encontró a él y a tal Sakura jugando en un riachuelo mientras un ninja de pelo blanco los observaba desde lejos. Supuso que debía ser su maestro, pero no era un dato relevante en el momento.

La siguiente puerta que abrió la rubia era un recuerdo borroso de un tal Sasuke y él practicando combate de shurikens con un chico ligeramente mayor.

La cuarta puerta rebeló lo que Ino quería saber. Era un recuerdo reciente y muy nítido. Observó a Kiba llevar a Hinata por una serie de pasillos subterráneos. Kiba intentó cerrar la puerta, pero fue imposible, nadie podía interferir físicamente ni siquiera en su propia mente. Así que Ino recopiló la información sobre como entrar a la guarida secreta y dónde encontrar a Hinata.

—Bueno, eso fue fácil —dijo ella con una enorme sonrisa—, ¿Qué hay en esa? — preguntó caminando hacia otra puerta—. Es un recuerdo viejo —dijo ella, comprendiendo el porque la puerta era ligeramente más angosta que las demás.

—¡Basta! —gritó Kiba intentando alejar a Ino de la puerta, pero de nuevo, fue inútil.

—¡INO! —gritó su nombre con tanta furia que Ino sintió que era regañada por sus padres, pero de cualquier forma la puerta se abrió ante ellos.

Dentro de la habitación ocurría una escena borrosa y extraña para ambos, donde la madre de Kiba hablaba en susurros con un hombre rubio y de ojos azules que Ino reconoció al instante como su padre. Ambas figuras eran inusualmente altas, lo que le indicó a Ino que Kiba había presenciado este momento cuando era solo un niño pequeño.

—Te lo agradezco, amigo, en verdad —dijo la madre de Kiba al hombre rubio de larga coleta.

—Ni lo menciones Tsume —respondió él sonriendo con tranquilidad—. En verdad no lo menciones, pero ¿estas segura?

La mirada de la mujer reflejaba una extraña tristeza que conmovió a Ino.

—Atraparon a Katsu, es solo cuestión de tiempo para que vengan por mi, no voy a dejar que se lleven a mis hijos, eso nunca—respondió ella con determinación—. ¿Estás seguro de que no quieres que Hana se lleve a Ino? Hay espacio suficiente en el refugio —ofreció —. Sé que es difícil, pero allá afuera al menos tendrá una oportunidad.

El hombre negó suavemente con la cabeza—. Ino ya fue marcada, y su madre jamás me perdonaría si ustedes se la llevarán. Además, tengo fe en que las cosas mejoraran ¿tú no?

Tsume negó fuertemente, agitando todo su cabello—. No mejorará Inoichi, tomarán cada vez más control . Hasta que no nos quede nada ¿no lo ves?

—Podrías quedarte, estoy seguro de que tendrías una buena posición aquí.

—¿Y trabajar para ellos?—negó—, Katsu nunca me lo perdonaría—sonrió—. Lo lamento amigo... perdí la fe , lo que me queda es salvarlos a ellos de lo que viene.

—No puedo perder la fe, aún—respondió Inoichi—. Ino necesita crecer con esperanza.

Tsume asintió—. Lo comprendo, Inoichi, pero no puedo pensar igual. Entonces, esta será la última vez que nos veremos, amigo mío.

Inoichi le dio la mano a la madre de Kiba—. Nos volveremos a ver Tsume, amiga mía, y espero que sea en buenos términos.

—Quiero desear que así sea —dijo la madre de Kiba dándole un fuerte abrazo al padre de Ino.

La puerta se cerró de golpe en la cara de Ino y Kiba.

Se miraron un momento y fue fácil para ambos reconocer a sus padres en el rostro del otro.

—¿Por qué lloras?—preguntó Kiba suavemente.

Ino guardó silencio y abandonó la mente de Kiba tan rápido como le fue posible.

Al abandonar su mente y volver a su cuerpo, miró al inconsciente Kiba tumbado en el pasto, sabía que debía deshacerse de él, era lo que el protocolo de misión dictaba, pero no pudo hacerlo y solo se alejó de él.

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¡Hey hola! ¡Lunes de Fic!
Espero que anden muy bien y que les haya gustado el capítulo.

Me alegra mucho leerte por acá blossom, todo irá agarrando sentido jejeje

Dicho esto, gracias a los lectores silenciosos por leer jajaja dejen algún comentario.

¡Nos leemos el siguiente lunes!