TORMENTAS QUE ANUNCIAN EL CAMBIO

12 AÑOS DESPUÉS DE LA VICTORIA HYUGA

INO

Ino cruzó los brazos, molesta. Odiaba el entrenamiento al que la sometía su padre.

Inoichi Yamanaka le sonrió—. No tienes de que avergonzarte —dijo él—, es un buen chico, y atractivo.

Ino frunció el entrecejo—. No debiste ver eso —dijo ella.

—Soy tu padre Ino, no voy a decirle nada a Shikamaru —dijo él, casi riendo.

Ino se dejó caer en el sofá—. No es justo no poder tener secretos —Odiaba cuando su padre la entrenaba porque podía hurgar en su mente, y por más que lo intentaba no podía guardarle ni los secretos más obvio como el hecho de que Shikamaru le parecía guapo.

Inoichi se sentó junto a ella—. Nuestra técnica es invasiva y por eso tienes que dominarla y usarla con ética.

—¿Con ética?—dijo Ino levantando una ceja.

Inoichi asintió—. Entrar a la mente de los enemigos solo para obtener la información necesaria, la información que le sirve a tu misión y a tu aldea.

—Tu entras a mi mente a buscar cualquier cosa —dijo ella, enfadada.

Inoichi abrazó a su hija—. Es verdad, y lamento hacerlo, Ino, pero es necesario para tu entrenamiento.

—¿Alguna vez podré tener secretos? —preguntó ella.

Contrario a lo que Ino pensaba, su padre asintió—. Podrás, cuando termines el entrenamiento aprenderás a fragmentar tu mente y a ocultar lo que quieras, incluso de mí —dijo con una suave sonrisa—. Cuando logres ocultarme cosas sabrás que terminaste tu entrenamiento.

Ino resopló—. Pero no le dirás nada a Shikamaru ¿cierto? Por favor papá.

Inoichi sonrió suavemente—. Por supuesto que no diré nada, hasta que seas capaz de hacerlo sola... yo guardaré tus secretos, hija.

Ino abrazó a su padre—. Gracias, papá.

22 AÑOS DESPUÉS DE LA VICTORIA HYUGA

Ino se vendó la herida del brazo y luego ayudó a Hinata a vendarse las muñecas. Se sintió mal por ella, tenía las muñecas rosadas y lastimadas, aunque Hinata no lo dijo Ino supuso fácilmente que la habían tenido amarrada de las manos para evitar que formara sellos. Los enemigos eran inteligentes y precavidos.

Había tocado la mente de dos de ellos. Kiba tenía una mente oscura llena de puertas secretas y la mente de Sakura, la chica de cabello rosa, estaba representada en un estante de frasquitos con líquidos de diversos colores, para acceder a un recuerdo debía beber un remedio específico. Era una mente compleja para una persona que no podía acceder al chakra.

—¿En la aldea oculta entre la lluvia? —dijo Hinata mientras bebía un sorbo de agua.

Ino asintió—. Según los recuerdos de la chica, dos de sus aliados fueron hacia allá en busca de Minato Namizake, parece tienen información de que está ahí —dijo ella—. Lo siento Hinata-sama, no pude buscar más.

Hinata ignoró sus disculpas—. Si Minato está ahí, el kyubi también debería —djio la Hyuga—. Debemos informarle a mi padre lo más pronto posible.

—¿Enviaremos una nota a tu padre? —preguntó Choji acomodándose la armadura.

Choji nunca había tenido una mente intrincada, era una persona transparente y sin secretos y por ello le gustaba que fuera su amigo.

Hinata asintió—. Le pediremos que nos encuentre a la mitad de camino hacia la aldea de la lluvia. No tenemos tiempo que perder, no podemos ir a Konoha y volver.

—¿Estas segura de que puedes hacerlo? ¿No te sientes débil? —dijo Ino con preocupación, además de las heridas de las muñecas Hinata tenía claras ojeras debajo de los ojos y había pasado días sin descansar o comer bien.

Hinata asintió—. Estoy bien —respondió sin darle mayor importancia a las preocupaciones de Ino, luego miró a Choji—. ¿Cuánto podemos avanzar a pasos agigantados?

Choji meditó un momento—. Podría avanzar medio día, pero necesito descansar después.

Hinata asintió—. Bien, bien, haremos eso —volvió su vista a Ino—. ¿Qué más viste?

Ino intentó recordarlo todo—. Los dos chicos de cabello oscuro son Uchihas, la chica no es nadie, tiene una cruz negra —dijo Ino señalándose su propia cruz verde en la frente—. La del perro tiene una cruz verde y el chico que me atacó no tiene ninguna, tampoco el menor de los Uchiha.

—Debieron escapar de la aldea antes de cumplir tres años —razonó Choji.

—¿Qué más viste en la mente de la chica de pelo rosa? —preguntó Hinata.

—No miré demasiado, debía concentrarme en como encontrarte y sacarte de ahí—respondió Ino con ligera irritación, a veces Ino olvidaba lo mucho que los Hyuga estaban educados para dar órdenes e ignorar a los demás—. Su pensamiento recurrente era uno de su madre, nada especial.

—¿Es todo? —preguntó Hinata.

Ino mintió—. Sí, es todo.

—Buen trabajo, Ino, gracias —dijo Hinata con una sonrisa. A veces Ino también olvidaba que Hinata era ligeramente diferente.

Ino le sonrió de vuelta, sintiéndose culpable por no contarle el último recuerdo que había visto en la mente de Kiba. Un recuerdo que podría significar la sentencia a muerte de su padre, por el momento lo mejor que podía hacer era ocultar ese recuerdo en la sección de su mente prohibida, tendría tiempo para pensar en ello después.

Realmente, le habría gustado no verlo porque ahora solo sentía que tenía una enorme complicidad con el chico de nombre Kiba.

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SAKURA

Sakura preparó el remedio de Itachi, pero para su desgracia una ampolleta de medicina no fue suficiente para calmar sus pulmones. Cuando las nebulizaciones no funcionaron Sakura optó por la inyección. Afuera de la habitación todos empacaban solo necesario y verdaderamente útil, una vez que Itachi se recuperará tendrían que salir volando de su guarida secreta.

—Lo siento Itachi, esto no te va a gustar, pero necesito que te des vuelta —dijo ella. Itachi lo hizo, aún mientras tocia y ella aplicó la inyección tan suavemente como pudo.

De cualquier forma, siguió aspirando el vapor medicinal hasta que el agua se enfrió. Una hora después la voz de Itachi y su capacidad de respirar había vuelto casi por completo y tanto Sakura como Hana compartieron una mirada de alivio.

Sakura comenzó a guardar sus instrumentos médicos, tenía suficiente para Itachi pero no sabía cuándo volvería a encontrar los suministros necesarios—. No puedes seguir peleando así —dijo mientras limpiaba el sudor de la frente del quien la había cuidado desde pequeña—. Usaste el genjutsu toda la tarde con la Hyuga, y bolas de fuego ¿en serio Itachi? ¿Bolas de fuego? ¡Al menos hubieras usado kunais!

Itachi sonrió—. Si... creo que a partir de ahora no voy a escupir fuego —dijo él con una sonrisa cansada.

Hana se sentó junto a él, un poco más relajada ahora que lo peor había pasado.

—Sakura —llamó el con suavidad sin mirarla—, dime la verdad ¿Qué tan mal están mis pulmones?

Sakura suspiró—. No deberías seguir peleando, no se cuánto tiempo más pueda despejar tus bronquios a tiempo, una siguiente vez podría ser grave —dijo ella—, realmente grave.

Itachi asintió—. Cuidaras de Sasuke cuando no este ¿cierto?

—No hables así...

—Sakura —la interrumpió—. ¿Lo harás? —preguntó tomándole de la mano—. Él no lo sabe, pero tú eres mucho más fuerte que él. ¿Lo cuidarás?

Sakura tomó la mano de Itachi—. Lo haré, pero quédate mucho tiempo con nosotros... por favor.

Itachi sonrió—. Lo intentaré.

Esa misma noche todos abandonaron su guarida secreta. Sakura miró por última vez el interior de su casa, su refugio, el lugar que la había mantenido a salvo durante tantos años. Su hogar.

—Adiós casita —susurró Sakura reprimiendo las lágrimas.

Sasuke, la abrazó por atrás y recargó su mentón en la coronilla de ella—. Cuando recuperemos nuestra aldea —dijo Sasuke—, te construiré una casa mucho más bella que esta.

—Lo sé—dijo ella, porque genuinamente creía en sus palabras, pero ella sabía que salir de aquel lugar era poner en marcha el verdadero caos.

Siempre había sabido que un día la confrontación con los Hyuga sería inevitable, pero había vivido tantos años en paz en su refugio que se había engañado con la seguridad de sus paredes.

Amaba su refugio, pero era momento de decirle adiós.

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TENTEN

—Te busca, y parece un poco disgustado —dijo la anciana Hideki asomando la cabeza por el marco de su habitación. Tenten dejó el tejido que hacía junto a ella, se levantó de la cama y miró por la ventana.

—Es muy temprano —dijo Tenten mirando el cielo, faltaban unos minutos para el amanecer—. Apenas estaba por hacer el desayuno —suspiró con frustración. Odiaba cuando Neji se levantaba más temprano de lo acostumbrado porque le quitaba los pocos minutos de paz matutina que le podía dedicar a su tejido.

Hideki se encogió de hombros y le recomendó, de nuevo, que se apurara.

Tenten salió de la pequeña casita que compartían las sirvientas y cruzó el patio central rápidamente hacia la habitación de Neji Hyuga. No tuvo que pedir permiso para entrar pues la puerta de la habitación estaba abierta. Cuando Tenten entró él le ordenó cerrar la puerta.

Neji estaba sentado al fondo de la habitación leyendo un pergamino pequeño de letra sumamente apretada. Apenas levantó la mirada cuando ella entró a la habitación—. Haz mi equipaje, para tres días —dijo señalándole la mochila verde tirada junto al tatami.

Tenten asintió y comenzó a buscar lo mínima ropa indispensable que Neji querría llevar—. ¿Nieve? —preguntó ella. Él negó—. ¿Lluvia? —preguntó. Neji lo meditó un segundo y luego asintió, entonces ella metió dentro de la mochila un impermeable.

—No olvides las vendas —dijo él.

—Ya están —aseguro ella, y quizá, desde su imaginación, por un momento, vio un destello de reconocimiento en la mirada del Hyuga. Tenten terminó el equipaje y lo acercó a él para que lo examinara y aprobara.

—¿Necesita algo más? —preguntó ella mientras lo miraba guardar el pergamino y levantarse—. Puedo prepararle comida.

Neji levantó una ceja y, por primera vez, relajó el entrecejo, casi mostrando sorpresa—. ¿Lo harías?

Tenten asintió—. Claro.

—Sí... ehm... —Tenten intentó ocultar la sorpresa en su rostro, acaba de escuchar a Neji balbucear—, ehm... sí, me encantaría... algo para llevar.

Tenten le sonrió y fue hacia la cocina para preparar al menos dos almuerzos que le dieran energía. Se detuvo de pronto. ¿Energía? ¿Por qué le preocupaba que Neji comiera bien? Si se cansaba en la misión quizá su enemigo lo podría matar con más facilidad.

Pero a pesar de pensar eso, cuando estuvo en la cocina Tenten cocino y empaquetó tres almuerzos, deliciosos y energéticos.

Una hora después del amanecer Tenten corría a toda velocidad hacia la puerta principal de Konoha con los almuerzos envueltos en una suave tela roja. Se sintió aliviada cuando vio a lo lejos que Neji, Shikamaru y otro chico de lentes oscuros y gabardina, al menos su esfuerzo en la cocina no sería en vano.

—¡Neji-sama! —gritó a lo lejos y el giró en sus talones para verla llegar, incluso caminó unos pasos hacia ella para acortarle el camino—. Lo siento —se disculpó—. Intente hacerlo lo más rápido posible.

Neji guardó los almuerzos en la mochila—. Gracias —dijo mirándola directamente, regalándole una media sonrisa genuina.

Neji dio dos inesperados pasitos hacia ella, invadiendo su espacio personal como nunca lo había hecho. Estaba tan cerca que la punta de la nariz de Tenten casi tocaba la camisa del chico. Neji se inclinó suavemente hacia ella.

—Debo pedirte un favor —susurró él—, ¿puedo confiar en ti?

Tenten asintió suavemente.

—Necesito que seas mis ojos estos días —pidió él—, presta mucha atención a los movimientos de Ikari.

Tenten abrió los ojos con sorpresa—. ¿Ikari-san? ¿El médico? —preguntó en un susurró.

Neji asintió en respuesta—. Fue asignado como encargado del Bouke mientras no estoy —aunque Tenten no pudo verlo supo que Neji estaba frunciendo el ceño, molesto, bajó aún más la voz para la siguiente frase—. Esta misión podría tornarse en algo muy peligroso y tengo la sospecha de que Ikari sería muy feliz por ello.

Tenten sintió su corazón dar un vuelco—. Pero... pero... ¿usted? ¿va a estar bien?

Neji dejó escapar una risita mordaz—. Ese viejo no se va a librar tan fácil de mi —dijo entre dientes—, al menos no todavía.

Neji recuperó la vertical y dio un pequeño pasito hacia atrás, Tenten levantó la mirada hacia él, en un acuerdo silencioso ella comprendió que él le estaba entregando una confianza sin precedentes.

Tenten sonrió para sus adentros, sus esfuerzos habían dado frutos... se había ganado la confianza del Hyuga.

Neji la miro como si intentara leerle el pensamiento, asintió suavemente, ingenuo ante sus pensamientos.

La culpa traspasó el corazón de Tenten y algo debió ver él en los ojos de ella porque ladeó la cabeza suavemente—. Quita esa cara, no te preocupes —dijo él—, voy a regresar a molestarte y darte miles de órdenes.

Tenten dejó escapar una risita—. Serán unos días de vacaciones.

Neji también rio, dio media vuelta y salió de la aldea con los otros dos shinobis.

Tenten lo observó alejarse y por alguna razón no pudo despegar los pies del suelo hasta que lo perdió de vista.

Luego, salió corriendo hacia Lee, tenía que informarle de la misión para que enviara a Itachi un mensaje urgentemente.

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SHIKAMARU

Estaba cansado, la noche anterior no había dormido muy bien. No podía dejar de pensar en la tarde de Go que había compartido con la princesa de la arena. Pese al peligro que suponían esos encuentros esporádicos, nunca había disfrutado tanto la compañía de alguien, ni siquiera la de sus amigos más cercanos, Ino y Choji.

Ella le producía un magnetismo especial, y él estaba seguro de que reservaba su verdadero carisma y personalidad solo para sus encuentros. Eso lo hacía sentir especial, y, de cierta más empoderado que Neji. Él jamás la conocería de verdad. Aunque se casara con ella, jamás la conocería como él lo hacia.

Corrieron en silencio durante un buen rato. Shino conocía bien el camino hacia la aldea de la lluvia pues había sido un espía en ella durante algunos años y Neji, por supuesto, era el mejor shinobi de la aldea, pero por ello Shikamaru no terminaba de entender que hacía en esta misión. Sus habilidades, sin duda, serían más útiles en una misión de espionaje, pero esa no era su especialidad, había otras personas del clan Nara mucho más capacitados para la misión y, sin embargo, lo habían llamado a él.

También le inquietaba el hecho de que Hiashi-sama ni Neji les habían dado verdaderos detalles de la misión. Shikamaru odiaba las misiones a ciegas, porque sin información no podían trazarse planes y sin planes las cosas estaban condenadas a fracasar.

Horas después, al atardecer, Neji decidió detener la marcha unos minutos para comer, argumentando que seguirían la ruta por el bosque durante la noche. Quería llegar en el menor tiempo posible ya que.

—Shikamaru —dijo Neji cuando Shino ya había encendido la fogata. Escuchar su nombre le heló los huesos, porque tenía la consciencia intranquila, retiró la vista de los alimentos que su madre le había enviado y miró a Neji con tanto aburrimiento en la mirada como le fuera posible.

—Me comentaron que le enseñas a Temari-san a jugar Go —dijo él, con su habitual tono monótono.

Shikamaru asintió—. Temari-san me pidió unas clases.

Neji asintió—. Lamento que ella disponga de tu tiempo. Llamaré a un maestro profesional para ella, no es necesario que pierdas más tu tiempo en sus caprichos, ya tienes demasiado trabajo.

Shikamaru lo miró, sintió las ganas incontenibles de darle un puñetazo en la cara o de huir a Konoha, o de gritarle que no podía interponerse, pero sabía que sus siguientes palabras revelarían la información que el Hyuga quería.

—Está bien —dijo Shikamaru intentando sonar aburrido y sin darle importancia a la noticia. Intento reprimir sus pensamientos de enojo y frustración y se concentró en seguir comiendo—. Sería lo mejor —admitió, porque de cierta forma sabía que así sería. Tenía que alejarse de ella.

Aunque le dolería no poder estar junto a Temari, ambos sabían, desde un inicio, que no podía ser eterno.

De todas formas, se sentía enojado.

Neji guardó la cajita vacía de su almuerzo en la mochila y bajó la voz—. Mañana por la tarde encontraremos a Hinata en el camino y junto con su equipo nos dirigiremos hacia la aldea de la lluvia... tenemos información certera de que el Cuarto Hokage se encuentra ahí.

Shikamaru no pudo ocultar su asombro en su usual cara de aburrimiento—. ¿Lo encontraron?

—Hay una buena sospecha de que se encuentra ahí.

Shino se acomodó los lentes y Shikamaru no pudo recordar haberlo visto sin ellos en todos esos años— ¿Vamos a atraparlo? —preguntó

Neji asintió, pero Shikamaru logró notar la duda en su mirada—. Vamos a ayudar a mi prima a completar su misión.

Aquello no parecía ser una respuesta muy convincente para Shikamaru. Sabía que Neji no era estúpido y el hecho de que ninguno de los dos tuviera un plan certero de lo que harían si llegaran a encontrar al Cuarto Hokage, lo intranquilizó.

Entonces Shikamaru comprendió una verdad oscura detrás de sus palabras. Hiashi quería deshacerse de alguien en esa misión, su hija, su sobrino o incluso podría ser él mismo.

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GAARA

—¿Qué te parece esta? —dijo Matsuri mostrándole una capa de viaje azul y gruesa. Gaara torció la boca ligeramente con inconformidad—. Tienes razón, este color no te va —dijo ella.

La chica siguió buscando por la tienda. El clima había cambiado demasiado en solo unos días, la temperatura había bajado considerablemente y Matsuri creía que estaba a punto de nevar.

Él nunca había visto la nieve, así que no podía asegurar que lo que ella decía fuera verdad, pero como no tenía razones para debatirla aceptó detenerse en La Aldea del Humo y comprar capas para la nieve.

Ella había escogido su capa rápidamente, una capa color violeta oscuro, pero a él no le convencía ningún modelo que habían visto hasta el momento.

—¡La encontré! —gritó Matsuri volviendo hasta él con una larga capa rojo oscuro—. Combina contigo —dijo ella con una sonrisa.

Gaara miró la capa—. Sí, me gusta —respondió.

Mátala Gaara, ahora—dijo el Shukaku en su cabeza

Matsuri pagó las nuevas prendas y ellos se las pusieron antes de reanudar la marca.

Tal como Matsuri lo había predicho, esa noche comenzó la suave nevada. Gaara no lo dijo, pero el blanco que caía del cielo le parecía fascinante, sabía nunca vería nada igual en el enorme desierto donde se encontraba su aldea.

Acamparon en una cueva esa noche y él paso todo el tiempo mirando la acumulación de nieve. Matsuri se encargó de la cena y se sentó junto a él a mirar la nieve.

—¿Te gusta? —preguntó ella.

Gaara asintió—. Nunca había salido de la aldea —dijo él.

—¿Por eso escapaste? —preguntó ella.

Mátemosla Gaara, hay que matarla, nos lleva a una trampa, lo sabes—dijo de nuevo.

Gaara asintió—. Crecí encerrado en los pasillos subterráneos de la torre del Kazekage hasta los seis años —dijo disfrutando del frío viento que le acariciaba la cara—. Solo mis hermanos podían visitarme y mi tío me entrenaba todos los días... mis días eran muy aburridos.

Gaara miró por el rabillo del ojo que Matsuri temblaba suavemente sobre la capa, así que sin pedir permiso se acercó hacia ella y la rodeo con su brazo izquierdo para cubrirla con su capa. Matsuri aceptó el abrazo.

—¿Y después? —preguntó ella con curiosidad.

—A veces mi padre bajaba a visitarme —dijo Gaara recordando sus visitas que nunca eran particularmente largas—. Creo que me tenía miedo —dijo—, en ese entonces el poder del Shukaku me dominaba mucho más a menudo. En una ocasión casi le arranco el brazo a Kankuro.

—Lo lamento —dijo ella con un suave susurro—, debió ser duro crecer así.

Termina con ella, ya te traicionó una vez—dijo la voz en su cabeza—.¿Estás seguro de que te lleva con su padre? Seguramente te lleva a una trampa, si me extraen de ti... morirás.

Gaara le regaló una suave sonrisa a la chica.

—¿Por qué no te pusieron un sello de control? —preguntó ella—. Mi hermano tiene uno, le ayuda a controlar a su Biju.

Gaara negó—. Mi padre quería que ejerciera el dominio del Shukaku por mí mismo... pero como ya pudiste ver... no le he logrado del todo —dijo él—. Es demasiado fuerte... o yo soy demasiado débil.

—¿Lo escuchas? —preguntó ella—. Mi hermano dice que a veces puede hablar con el Kyubi y que es muy molesto.

Gaara asintió, sintió una extraña conexión con un chico que no había conocido. Le gustaría hablar con él. Saber que existía alguien más con voces en la cabeza lo reconfortó—. Lo escucho todo el tiempo —respondió él—, aunque he aprendido a ignorarlo cada día más —con confianza reposó su mentón en la coronilla de la chica y cerró los ojos.

—¿Lo escuchas ahora? —preguntó ella con curiosidad. Gaara asintió— ¿Y qué te dice?

Gaara miró hacia la chica, tan confiada y frágil entre sus brazos. Podría matarla ahí mismo, quizá tan rápido que ni siquiera se daría cuenta. Ella estaba ahí, acunada entre sus brazos resguardándose del frío, totalmente indefensa. Depositando en él una confianza que no creía merecer—. Dice que debería matarte —respondió él. La verdad se le resbaló de la lengua sin poder contenerla, pero de inmediato se arrepintió. Quizá la chica saldría corriendo al ser consciente del peligro.

Pero Matsuri se apretujó aún más contra él, bajo la capa y volvió la vista a la nieve—. No lo hagas —dijo justo antes de soltar un bostezo.

Gaara sonrió. Estaba atrapada ante ella, de una forma extraña, sin armas, sin amenazas. La calidez de Matsuri lo tenía atrapado.

—Acabaría con mi propia vida antes de lastimarte —dijo, convencido de que, si llegaba el momento, eso haría, o al menos lo intentaría.

A la mañana siguiente la nieve había parado y en su lugar había comenzado una suave brisa que no les dificultaba demasiado el avance.

A medio día llegaron a la periferia de la Aldea Oculta de la Lluvia y Matsuri lo guío por un pantanoso camino hasta su hogar. Habían comprado botas adecuadas para la nieve, pero aun así el frío le parecía intenso y lo hacía sentir extremadamente débil. Dedujo que nieve y arena no eran una buena combinación.

¡Mátala Gaara! Nos trajo a este clima horrible donde somos débiles. ¡Es una trampa!

—¡Papá! —gritó con fuerza al ver a un hombre de mediana edad que paleaba nieve para despejar la entrada de su casa.

Gaara pensó que nada de esa casucha le parecía particularmente impresionante. No sabía que estaba esperando encontrar, pero un hombre rubio, delgado, de sonrisa amable que estaba removiendo nieve no era exactamente lo que tenía en mente.

—¡Matsuri! —gritó el hombre y corrieron mutuamente a su encuentro. Gaara no pudo evitar envidiar el abrazo que se regalaron. Si aquello era una trampa mortal, no parecía muy peligrosa hasta el momento.

—Sabía que lo lograrías —dijo con una sonrisa enorme mientras se sacudía las manos en el overol hogareño que llevaba puesto—. Cuando Asami nos informó que lo habías encontrado me sentí muy orgulloso —dijo él—, nunca lo dudé.

Gaara los miraba estupefacto desde una distancia considerable.

—Tienes que conocerlo —dijo Matsuri jalando del brazo a su padre y acercándose a Gaara—. Es muy agradable

¿Agradable? Definitivamente Gaara no se habría descrito a sí mismo como un chico agradable, pero el adjetivo le arrancó una sonrisa.

El hombre rubio le dio la mano y Gaara la aceptó con cortesía—. Namizake Minato—se presentó el hombre. Gaara abrió los ojos con sorpresa, había leído de él en los libros de la historia de Konoha. El relámpago amarillo de Konoha.

—Sabaku no Gaara —dijo Gaara.

—¿Sabaku no? —dijo Minato sin ocultar su sorpresa—. Ese estúpido Rasa si que te mantuvo bien escondido ¿no? —dijo.

Gaara también se sorprendió por la revelación de que el señor conociera a su padre y lo mencionara con tanta informalidad—. El no habla de mí —dijo, sintiéndose extrañamente cohibido.

—El padre de Gaara lo mantuvo escondido para que controlara al Shukaku... papá, no tiene sello de control —explicó Matsuri rápidamente.

Minato miró a su alrededor y Gaara pudo reconocer en su rostro un ligero rastro de preocupación—. Puedo imaginar porqué. Hablemos dentro de casa —dijo, casi ordenó, y los tres entraron a la casucha.

De inmediato Gaara sintió el cambio de energía a su alrededor y comprendió que la casa estaba rodeada de alguna barrera protectora invisible.

—Vaya, eres bueno, notaste la barrera de protección —le confirmó Minato mientras se dirigía a la pequeña cocina para retirar la tetera del fuego.

Matsuri estaba inquieta, mirando hacia todos lados de la pequeña sala de estar—. ¿Dónde está Naruto? —preguntó mientras se sentaba a la mesa, en la que su padre había puedo tres tazas y una tetera.

Gaara agradeció el té y bebió para calentarse por dentro. Aunque la nieve le parecía linda, definitivamente no era su clima favorito.

—Tuvo que irse con dos amigos míos —dijo el hombre—, parece ser que a alguien le sacaron información de nuestro posible paradero.

Matsuri elevó una ceja—. ¿Y son confiables?

Minato asintió—. Lo son —dijo él—. Saldremos en su encuentro esta noche, solo me quede para esperarlos, sabía que no tardarías en llegar.

Matsuri asintió—. ¿A dónde fueron?

—A la Aldea Oculta de las Nubes, tenemos una fuerte sospecha de que los Hyuga están detrás de su Biju —dijo Minato bebiendo té.

—¿Los Hyuga están coleccionando Bijus? —preguntó Gaara tomando con fuerza la taza para calentarse los dedos. El Shukaku se removió incómodo dentro de él.

Minato asintió—. Eso es lo que todo parece indicar —lo miró directamente—. No quiero justificar a tu padre, pero creo que Rasa te mantenía oculto para evitar que fueran por ti, para mantenerte a salvo o usarte como amenaza.

Gaara asintió, sin estar del todo convencido de que a su padre le interesara mucho "mantenerlo a salvo"

—Como sea Gaara, en cuanto nos enteramos de que el Jinchuriki del Shukaku había abandonado su aldea le pedí a Matsuri que te encontrara antes que algún Hyuga —dijo el hombre rubio—. Era primordial que no te toparas con un Hyuga por accidente.

Gaara asintió, pero aún había preguntas que le quedaban en el aire— ¿Cómo se enteraron de que me fui? —preguntó.

—Baki, es un guardia de tu padre y nuestro informante —djio Minato con sincerada.

¡Te traicionó!—dijo el Shukaku en su cabeza—.Te lo dije Gaara, ella te delatará con tu padre y nos volverá a encerrar.

Gaara intentó no escucharlo, pero en efecto, se sentía traicionado de nuevo— ¿Me llevarán de vuelta con él? —preguntó.

Minato negó—. No, nuestra misión era encontrarte antes que los Hyuga, ahora es tu decisión a donde decidas ir. Quizá deberías pedirle explicaciones a tu padre.

Gaara no pudo evitar abrir los ojos con sorpresa, porque las palabras del hombre habían sido como un pase gratuito a su libertad y una validación a su desprecio.

—Tan solo te pido que te mantengas alejado de los Hyuga —dijo—. Tu padre hizo mucho por cuidar tu identidad, sacrificando tu propia libertad, por ahora ellos desconocen quién eres y eso... eso es bueno para ti. Te da la oportunidad de ir a donde quieras —Minato miró hacia la ventana—. Yo mismo protegí a mi hijo.

—Si su hijo es un Jincuriki como yo, ¿por qué no solo atacan la aldea de la hoja y sacan a patadas a los Hyuga?

Minato le sonrió y Gaara se sintió un poco avergonzado de que su pregunta sonara infantil e ingenua—. Creemos que ellos tienen al menos dos Bijus bajo su poder, atacarlos podría ser... catastrófico para todos y pondríamos en riesgo a toda la aldea o a muchas otras personas.

—¿Entonces cuál es su plan? —preguntó Gaara— ¿Qué harán ustedes?

—No puedo decirte mucho Gaara, pero puedo decirte que mi único objetivo es recuperar la libertad de los ciudadanos de Konoha —dijo él.

No confían en ti, Gaara—dijo el Shukaku—.Van a matarte.

Ellos no lo presionaron, Matsuri y Minato siguieron tomando té con tranquilidad. Gaara guardó silencio hasta que se le ocurrió otra pregunta—. Mi padre se aliará con Konoha mediante el matrimonio de mi hermana —dijo él—. ¿Eso afecta sus planes?

Minato meditó un momento la respuesta—. Quizá. Cuando Suna y Konoha formalicen la tregua, Konoha no será atacada por su flanco norte así que quizá quiera expandirse por las pequeñas aldeas al este.

—¿Qué buscan? —preguntó Gaara.

—Creemos que buscan otros Bijus —dijo Minato—, mientras más controlen más invencibles serán.

—Pero no se puede controlar un Biju —dijo Gaara señalándose a sí mismo—, ni siquiera el portador puede controlarlo de todo —frunció el entrecejo.

Minato asintió y se golpeó la frente suavemente con el dedo índice—. ¿Alguna vez has visto los sellos de control que usan en la gente de Konoha? —preguntó, Gaara atinó a asentir—. Creo que han elaborado sellos de control específicos y especiales para controlarlos.

—Sería una locura —dijo Gaara—, son bestias demasiado poderosas...

—Hiashi Huyga es demasiado poderoso y, sobre todo, astuto—explicó Minato—, pero, te soy sincero Gaara, hay muchas cosas que aún desconozco de sus planes. En estos años se encargó de matar o perseguir a todos mis aliados y aún desconozco el verdadero poder de esos sellos de control.

—¿Ustedes planean encontrar a los demás Jinchuriki? —preguntó.

Gaara vio que Minato vaciló un momento, pero finalmente asintió—. Y también hay que encontrar a los que tienen en Konoha.

—¿Por qué no intentan reclutarme y ya? —preguntó Gaara.

—Si quieres apoyarnos, queremos que esto sea tu decisión —dijo Minato—. Y debes tener en cuenta que esto puede poner en riesgo a tu familia.

Gaara pensó que había puesto a su familia en peligro incontables veces solo con su presencia.

—¿Hay forma de destruir los sellos? —preguntó Gaara—. ¿Hay forma de destruir los sellos Hyuga?

Minato se encogió de hombros—. Un Hyuga de la rama principal puede ponerlos, o cambiarlos de color, pero desconocemos si pueden quitarlos —susurró—, esos secretos los tienen bien guardados —suspiró—, pero ahora tenemos gente trabajo en ello —Gaara vio un destello de felicidad en los ojos de Minato y fue cuando observó a ambos, y notó por primera vez que no se parecían en nada, ni en el color de cabello ni en el color de ojos, ni siquiera tenían el mismo tono de piel.

—¿Por qué lo hacen? —preguntó él, sin comprender del todo la motivación—. Podrían quedarse aquí y tener una buena vida.

Minato miró a Gaara fijamente—. Porque es lo correcto.

Antes de poder pronunciar alguna otra pregunta el líquido dentro de la taza de té entre las manos de Gaara se agitó erráticamente.

Minato se levantó de un salto y sacó del bolsillo de su pantalón un pequeño sello parecido al de una bomba explosiva—. Kiba dijo que uno de los enemigos puede leer mentes, esto lo evitará por un tiempo —dijo poniendo el sello en la frente de Matsuri que al instante se fundió con su piel y se desvaneció—. Esto evitará que lea información, pero no peleen ahora. No debes demostrar quién eres, Gaara, recuerda que ellos no lo saben aún —la casa volvió a tambalearse con una sacudida tan fuerte que Gaara creyó que se les caería en la cabeza—. Deben irse de aquí, hacia la Aldea Oculta de las Nubes, busquen a un ninja de nombre Kakashi —les dio la instrucción.

Matsuri asintió acatando la orden de su padre sin cuestionar y tomó su mochila de nuevo, pero Gaara se levantó de un salto y se negó—. Pero puedo ayudar —dijo él.

Minato se detuvo un instante y lo miró—. ¿Entiendes porque los Hyuga nunca han atacado directamente a Suna? —Gaara no respondió—. Porque te tenían a ti, si les muestras que estás aquí, pondrás en peligro a tu aldea y a tu hermana. Ellos le temen a Suna porqué tu existes —dijo el padre de Matsuri—. ¡Ahora, váyanse! —dijo Minato y a manera de distracción él salió de la casa para enfrentarse a los intrusos.

Gaara siguió a Matsuri por la puerta trasera de la casa. Aunque no quisiera aceptarlo, Minato tenía razón. Revelar su paradero pondría en riesgo a todos.

Si matamos a todos, nadie podrá revelar tu paradero—dijo el Shukaku.

Gaara admitió que en eso la bestia tenía razón, pero supuso que esa idea no le gustaría a Matsuri, así que salió corriendo con ella.

Al salir de la casa Gaara logró ver a la distancia a dos de ellos. Dos Hyuga, de ojos blancos. El chico tenía una cruz azul en la frente y la chica no tenía ninguna. Nunca había visto a un Hyuga, pero los odio al instante.

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¡Hey, hola! Lunes de Fic jejejeje espero les haya gustado, pues no tengo mucho que decir en esta nota jejeje dejen sus comentarios que me animan a seguir

¡Nos leemos el siguiente lunes!