Capítulo 1: Un Amor Bajo la Nieve
El viento helado de Hokkaido susurraba a través de las ventanillas del autobús mientras Nanoha Takamachi apoyaba la cabeza en el hombro de Yuno Scriya. La nieve se acumulaba a los costados de la carretera, formando un paisaje que parecía sacado de un cuento de hadas. Entre risas suaves y miradas cómplices, el mundo exterior era solo un fondo para su burbuja de felicidad.
El autobús serpenteaba por la carretera nevada, con el murmullo del motor como única compañía. Nanoha Takamachi miraba por la ventanilla, hipnotizada por la nieve que caía lentamente, pero sus pensamientos estaban puestos en el hombre sentado a su lado. Apoyó la cabeza en su hombro y suspiró con satisfacción.
—¿Entonces, cuál es el plan? —preguntó Nanoha con una sonrisa mientras entrelazaba sus dedos con los de Yuno.
—Si te lo digo, arruinaría la sorpresa —respondió Yuno, fingiendo misterio. Luego, con su característico desvío, añadió—. Por cierto, ¿recuerdas aquella vez que intentaste hacer café casero y terminamos con espuma por todas partes?
Nanoha soltó una carcajada, recordando el desastre. —Nunca olvidaré tu cara cuando la cafetera explotó. Parecías un fantasma cubierto de crema.
Yuno rió también. —Fue tu culpa por añadir el doble de leche que indicaba la receta.
Nanoha lo miró de reojo. —No cambies de tema. Dime a dónde vamos.
Yuno fingió pensarlo. —Mmm… ¿te has dado cuenta de que tu cabello brilla más con esta luz? —dijo, acariciando un mechón rebelde.
Nanoha lo miró con incredulidad. —¿En serio? ¿Esa es tu gran excusa? —Sonrió, pero no se dio por vencida—. Vamos, Yuno, dame al menos una pista.
Yuno se encogió de hombros, con una sonrisa juguetona. —Bueno, he oído que en esta época del año es un buen momento para… pedir matrimonio.
Nanoha se quedó en silencio un instante antes de levantar una ceja. —¿Es en serio? ¿Ese era tu plan?
Yuno abrió los ojos como platos. —Yo… no quería decir eso todavía… —Se llevó la mano a la frente, dándose cuenta de su error—. Bueno, ya lo arruiné.
Nanoha rió suavemente y tomó su mano. —La respuesta es sí, Yuno. Siempre será sí.
—Bueno… —Yuno hizo una pausa deliberada—. Te diré algo. ¿Recuerdas esa casa que vimos hace unas semanas, la azul con el pequeño jardín? La que dije que sería perfecta para ti.
Nanoha lo miró, sorprendida. —¿La de las afueras de la ciudad? La que tenía ese árbol enorme en la entrada… ¿Qué pasa con ella?
Yuno la miró con ternura. —Hablé con el agente inmobiliario. Está en venta, y es perfecta. Imagínalo: tú y yo, cada mañana con una taza de café recién hecho, cuidando ese pequeño jardín juntos. No hay nada más que quiera en este mundo que empezar esa vida contigo.
El tiempo pareció detenerse entre ellos mientras hablaban del futuro. —Cuando estemos casados —comenzó Yuno—, quiero que empecemos cada día juntos. Café en la mañana, caminatas en el pequeño jardín de nuestra casa azul.
—Y quiero que hagamos nuestras cenas especiales los viernes, como lo hacíamos antes —añadió Nanoha—. ¿Recuerdas esas noches de películas con sushi?
Yuno asintió. —Y tendremos un rincón para leer. Siempre dijiste que querías una biblioteca en casa.
Nanoha apoyó su cabeza en su hombro de nuevo. —Será nuestro hogar perfecto.
Mientras tanto, en la cima de la montaña, el grupo de amigos de la pareja se apresuraba a ultimar los detalles de los fuegos artificiales. Uno de ellos, Shiro, trataba de encender una mecha con un mechero que se negaba a cooperar.
—¡Vamos, funciona! —gruñó, mientras Haru, otro de los amigos, se acercaba riendo.
—¿De verdad? ¿Otra vez con eso? ¿Quieres que terminemos volando antes de tiempo? —Haru tomó el mechero y lo encendió con facilidad.
—¡Oh, ahora funciona! —Shiro fingió indignación mientras los demás reían.
El reloj marcaba las 4:55. Todo estaba listo para el gran espectáculo. Haru verificó el cronómetro y miró a los demás. —Cinco minutos. Esto será épico.
En el autobús, Yuno y Nanoha estaban absortos en su conversación cuando el reloj del tablero marcó las 5:00. Las primeras explosiones iluminaron el cielo nocturno con destellos de colores que reflejaban en la nieve.
—¡Mira eso! —exclamó Nanoha, maravillada.
—Es para ti —dijo Yuno, rodeándola con un brazo.
Sin embargo, la alegría duró poco. Las explosiones desencadenaron un deslizamiento de nieve que pronto se convirtió en una avalancha.
—¡Nanoha, agáchate! —gritó Yuno, cubriéndola con su cuerpo mientras el autobús se inclinaba y caía.
El sonido de la radio de la policía interrumpió la calma en la estación. Una voz apresurada resonó por el altavoz.
—Accidente reportado en la carretera norte. Posible avalancha. Se requieren equipos de rescate de inmediato.
El capitán Sato se puso en pie, su expresión se endureció. —¡Vamos, gente! Tenemos vidas en juego. Equipo de rescate uno, preparen el helicóptero. Equipo dos, los quiero en tierra.
Los agentes y rescatistas se movieron rápidamente, recogiendo equipo de montaña y mantas térmicas. La oficial Aoki, encargada de las comunicaciones, se giró hacia Sato. —La señal proviene de un autobús de pasajeros. La última ubicación registrada es un tramo peligroso cerca del desfiladero.
Sato asintió. —Envíen un dron para obtener imágenes aéreas. No quiero perder tiempo.
El helicóptero despegó, iluminando con su reflector el terreno cubierto de nieve. Desde la cabina, el piloto informó: —Veo el autobús. Está volcado, parcialmente enterrado. Hay signos de movimiento cerca.
Los rescatistas descendieron rápidamente con cuerdas y herramientas para excavar. La nieve era traicionera, y cada paso podía desatar otro deslizamiento. Uno de ellos, Tanaka, gritó: —¡Aquí, hay alguien!
Con la ayuda de otros, removieron la nieve y encontraron a Nanoha y Yuno abrazados, sus cuerpos rígidos por el frío. Tanaka se inclinó para verificar signos vitales.
—Ella está respirando, pero apenas. Necesitamos moverla ahora.
Uno de los paramédicos, Ishikawa, se acercó con una camilla. —Cúbranla con mantas térmicas. La estabilizaremos en el helicóptero.
El equipo trabajó en sincronía, pero cuando evaluaron a Yuno, la noticia no fue buena. —Sin pulso. Iniciaremos RCP —dijo Ishikawa con determinación.
Durante diez largos minutos, intentaron reanimarlo, sus esfuerzos acompañados por el sonido constante de la radio. Finalmente, Ishikawa miró al capitán y sacudió la cabeza. —No hay respuesta. Muerte cerebral probable.
—Regístrenlo como crítico y manténganlo conectado. Avisaremos al hospital para activar el protocolo de donación —ordenó Sato, visiblemente afectado.
Los heridos fueron subidos al helicóptero, donde las ráfagas de viento y nieve dificultaban cada maniobra. Ishikawa, mientras monitoreaba a Nanoha, murmuró: —Aguanta, chica. Estás en buenas manos.
En el Hospital General de Hokkaido, la sala de emergencias estaba en su rutina habitual. Médicos y enfermeras se desplazaban de un paciente a otro, realizando evaluaciones y tratamientos con precisión y eficiencia. La Dra. Miyazawa, una cirujana experimentada, revisaba un expediente cuando sonó la línea directa de emergencias.
—Accidente masivo en la montaña. Dos heridos graves en camino. Preparen las salas de trauma —informó la voz al otro lado.
La doctora se puso de pie de inmediato, su tono sereno pero firme. —¡Código naranja! Necesitamos a todo el equipo en posición.
En cuestión de minutos, las salas de trauma uno y dos estaban listas. Cuando el helicóptero aterrizó, el personal médico se apresuró a recibir a los pacientes.
Nanoha fue llevada a la sala uno. El residente Kubo comenzó a evaluar sus signos vitales. —Pulso débil, presión 80/50. Hay hematomas visibles en el cráneo, posible TCE. Ordenemos una tomografía urgente.
La enfermera ajustó la cánula nasal para suministrar oxígeno. —Saturación en 85%, subiendo lentamente. ¿Análisis de sangre?
—Sí, y asegurémonos de que el neurocirujano esté disponible si la tomografía confirma el trauma —respondió Kubo mientras revisaba las pupilas de Nanoha con una linterna.
En la sala dos, Yuno fue colocado en la camilla, conectado a monitores. La Dra. Miyazawa se inclinó para verificar sus reflejos y pupilas. No hubo respuesta. —Sin actividad cerebral. Ritmo cardíaco sostenido gracias a las compresiones. Prepare el electroencefalograma para confirmar muerte cerebral.
El equipo médico trabajó con precisión. Los resultados del EEG fueron claros: no había actividad. La Dra. Miyazawa respiró profundamente y miró el reloj. —Hora de la muerte cerebral: 17:45.
Uno de los residentes, Nakamura, revisó el historial médico de Yuno. —Doctora, él es donante de órganos. Tenemos que localizar a su persona de contacto para proceder con el protocolo.
La enfermera revisó rápidamente los registros. —Nanoha Takamachi es su persona de contacto registrada. Intentaré llamarla.
Minutos después, el sonido de un teléfono vibrando interrumpió el ambiente. La enfermera lo rastreó hasta un pequeño estuche con pertenencias personales. Abrió el estuche y encontró el teléfono de Nanoha, que seguía sonando.
—Esto es un problema —murmuró la enfermera, mirando a la Dra. Miyazawa—. Nanoha Takamachi es la otra paciente. Está en observación en la sala uno.
La tensión en la sala aumentó. La doctora frunció el ceño, claramente preocupada. —Mantendremos a Yuno conectado a respiración asistida. No podemos tomar decisiones hasta que Nanoha recupere la conciencia. Asegúrense de que los órganos permanezcan viables.
En la sala tres, Fate Testarossa llegó en estado crítico. Los paramédicos informaron rápidamente: —Paciente con cardiopatía congénita. Fibrilación ventricular durante el traslado. Adminstramos dos dosis de epinefrina y desfibrilamos sin éxito.
El equipo médico tomó el relevo. La Dra. Hayashi, cardióloga líder, se colocó frente al monitor de signos vitales. —Inicien la infusión de amiodarona. Prepare la desfibrilación a 200 julios.
El residente a cargo sostuvo las palas del desfibrilador, y todos se apartaron. —¡Descargando! —Un golpe eléctrico recorrió el cuerpo de Fate, pero el monitor siguió mostrando un ritmo irregular.
—Sin respuesta. Continuamos con RCP —ordenó Hayashi, mientras otra enfermera monitoreaba la presión arterial.
—Doctora, sus niveles de oxígeno están bajando —avisó la enfermera.
Hayashi apretó los labios. —No tenemos mucho tiempo. Necesitamos un trasplante ahora, o la perderemos.
Otra enfermera apareció con los resultados de las pruebas cruzadas. —Compatibilidad con el paciente Yuno Scriya confirmada.
La Dra. Miyazawa entró en la sala. —¿Estado de Fate?
—Inestable. Pero hay una ventana de oportunidad si conseguimos el corazón a tiempo —respondió Hayashi.
Miyazawa asintió. —Mantendremos a Yuno en soporte hasta que Nanoha pueda dar su consentimiento. Avísenme al menor cambio en ambos pacientes.
La tensión en el hospital era palpable. Cada minuto que pasaba, el destino de tres vidas se entrelazaba más profundamente, mientras el equipo médico hacía todo lo posible para salvarlas.
