Capítulo 8: Reflexiones Bajo el Café

Nanoha conducía por las calles tranquilas de Sapporo, en dirección a su casa, mientras la música suave llenaba el interior de su auto. A pesar de estar físicamente presente en el tráfico, su mente vagaba a un lugar completamente diferente: los gestos torpes y tiernos de Fate.

Recordó el momento en que Fate subió al auto, nerviosa y sonrojada, y cómo apenas pudo soltar palabras coherentes durante todo el trayecto. La forma en que se aferraba a su mochila como si fuera un salvavidas había sido casi adorable. Nanoha dejó escapar una ligera risa al recordar la despedida frente al edificio, especialmente la mirada expectante de Fate y ese extraño gesto como si esperara un beso.

"Es como una niña... pero no lo es," pensó Nanoha, deteniéndose en un semáforo. La imagen de Fate seguía flotando en su mente: sus expresiones inocentes, la manera en que luchaba por no tartamudear, y cómo parecía impresionada por todo lo que decía o hacía. "¿Cómo alguien puede ser tan endemoniadamente dulce?"

Nanoha dejó escapar una risa ligera pero se desvaneció levemente mientras otro recuerdo surgía en su mente. Hubo un tiempo en que alguien más había sido así de torpe, tan dulce y lleno de vida. Yuno. Un peso familiar se instaló en su pecho al pensar en él. Fate tenía algo en su manera de ser que le recordaba a él, no exactamente en apariencia, sino en esa inocencia sincera que irradiaba.

"¿Qué estoy haciendo…?" pensó, sacudiendo ligeramente la cabeza para despejar los recuerdos. Miró el reloj del auto, como si el tiempo pudiera devolverle la cordura. "Es solo una interna. Una niña, prácticamente," se dijo a sí misma, aunque la palabra "niña" sonó extraña. Fate era una joven mujer, pero la diferencia de edad… nueve años… "Es ridículo," murmuró. "Además… es una mujer, igual que yo. Esto no tiene sentido. Nunca me han intersado las chicas."

Nanoha soltó un suspiro pesado mientras giraba hacia su vecindario. La vista de su casa azul, con su pórtico amplio y el jardín bien cuidado, le dio un respiro. Era su refugio, el lugar donde podía alejarse de todo. Estacionó el auto y salió, inhalando profundamente el aire fresco de la tarde.

—¡Hikari! —llamó Nanoha al entrar. Su gata blanca con manchas grises apareció inmediatamente, saltando ágilmente de un mueble para recibirla con un suave maullido.

—Hola, pequeña. ¿Me extrañaste? —dijo Nanoha mientras se agachaba para acariciar a Hikari, quien respondió frotándose contra sus piernas. Nanoha sonrió y se dirigió a la cocina, llenando el plato de comida para gatos. —Aquí tienes. Buen provecho.

Hikari se lanzó al plato, y Nanoha la observó con una sonrisa antes de dirigirse al jardín. Su pequeño lote de plantas de café estaba iluminado por la luz cálida del atardecer. Nanoha caminó entre las filas, tocando suavemente las hojas y revisando los frutos. Este ritual siempre lograba calmarla. Era un recordatorio del trabajo que amaba y de todo lo que había construido.

Regresó a la cocina, recogió algunos granos de café que había tostado esa mañana y preparó una taza. El aroma familiar llenó el aire, reconfortándola. Con su taza en mano, salió al pórtico y se sentó en una de las sillas de madera. El cielo estaba pintado de naranjas y rosados, una vista que nunca dejaba de apreciar.

Mientras tomaba su café, los pensamientos de Fate volvieron, casi inevitables. Nanoha cerró los ojos, recordando la forma en que la joven la miraba con esos ojos azul claro llenos de admiración y nerviosismo. "Es imposible no encontrarla adorable," admitió para sí misma. Pero luego volvió la realidad. "Tiene 19 años. Soy nueve años mayor. Y además… ¿qué estoy haciendo? Esto no tiene sentido. Ella es solo una interna. Apenas la conozco."

Nanoha se pasó una mano por el cabello, soltando un suspiro. Había algo en Fate que hacía que se sintiera viva de una manera que no había experimentado en mucho tiempo, pero eso no hacía las cosas menos complicadas. Pensar en Yuno solo hacía que el conflicto interno fuera más agudo.

"¿Por qué estoy dejando que esto se me meta tanto en la cabeza?" pensó mientras tomaba otro sorbo de café. Pero la respuesta no era sencilla.

El sonido del teléfono la sacó de sus pensamientos. Nanoha revisó la pantalla y sonrió al ver el nombre de Hayate.

—¡Hayate! —saludó Nanoha al contestar.

—¡Nanoha Takamachi! ¡Por fin una cita con la mujer más ocupada del mundo del café! —respondió Hayate, con su tono siempre animado.

Nanoha rió, acomodándose en la silla. —¿Qué pasa? ¿Todo bien?

—Oh, lo usual. Pequeña discusión con Carim, así que decidí llamar a mi mejor amiga para distraerme mientras espero que se le pase el enfado —dijo Hayate, como si fuera lo más natural del mundo.

Nanoha arqueó una ceja, divertida. —¿Qué hiciste esta vez?

—Nada grave, te lo juro. Solo olvidé nuestro "día de citas" porque estaba organizando una conferencia en la universidad. Ya sabes, civilizaciones antiguas, mi pasión eterna. Pero claro, Carim no lo tomó muy bien.

Nanoha rio. —Carim tiene la paciencia de un santo contigo. Honestamente, no sé cómo lo hace.

—¡Oye! No soy tan terrible. —Hayate hizo una pausa antes de añadir con dramatismo fingido—. Bueno, tal vez un poquito. Pero ya sabes cómo es: en una hora me estará llamando para decir que me extraña y quiere reconciliarse. Siempre funciona así.

—Deberías escribir un manual sobre cómo reconciliarse con Carim. Estoy segura de que sería un éxito de ventas —bromeó Nanoha.

—¿Y tú qué? —preguntó Hayate, cambiando de tema—. ¿Qué tal tu día en el paraíso del café?

Nanoha se quedó en silencio por un momento, pensando en Fate. —Interesante, por decirlo de alguna manera.

—¡Uh-oh! Esa pausa significa que tienes algo jugoso para contarme. Vamos, Nanoha, suéltalo —insistió Hayate con curiosidad.

—No es nada. Solo que tenemos un nuevo interno. Es… peculiar, digamos.

—¿Peculiar cómo? —preguntó Hayate, claramente intrigada.

Nanoha vaciló, recordando la torpeza de Fate y cómo había hecho que se sintiera de una manera que no entendía del todo. —Es muy joven, apenas 19 años, pero tiene algo… especial. Es difícil de explicar.

Hayate soltó una risa. —¡Ah! Así que el interno te tiene pensando uuuuuuuuhhh. ¿ Y es guapo, acaso?

—Es una chica, Hayate —aclaró Nanoha, sintiendo un leve rubor en sus mejillas.

—¿Una chica? —repitió Hayate, sorprendida. Luego, su tono se tornó juguetón—. ¿Y es linda?

—¡Hayate! —exclamó Nanoha, riendo—. No empieces con tus cosas.

—Oh, vamos. Sabes que no puedo evitarlo. Además, tú eres como un rompecabezas emocional; cualquier cosa que te haga dudar es un gran evento, asi que no importa si tiene tetas o no. —Hayate rio antes de añadir—. Pero bueno, no te preocupes. No voy a presionar… mucho.

Nanoha negó con la cabeza, sonriendo. —Gracias, supongo.

—De nada. Cambiando de tema, ¿qué tal si nos vemos este fin de semana? Quiero un poco de tiempo de calidad contigo, aunque conseguir una cita contigo sea más difícil que con un doctor especializado.

Nanoha rio. —Está bien, está bien. Este fin de semana está bien. Vamos al café cerca del parque.

—¡Sabía que no me fallarías! —dijo Hayate con entusiasmo—. Bueno, mejor me preparo para la llamada de reconciliación de Carim. ¿Nos vemos el sábado?

—Nos vemos, Hayate. Suerte con Carim.

—Gracias, aunque no la necesito. Nos vemos, Nanoha. Y relájate un poco, ¿quieres?

Nanoha colgó, todavía sonriendo. Hayate siempre tenía una manera de animarla, incluso en sus días más confusos. Mientras se preparaba para la noche, no pudo evitar pensar en el fin de semana con su amiga. Quizás una buena charla con Hayate sería justo lo que necesitaba para aclarar su mente… o al menos intentarlo.

Fate caminaba hacia la entrada del edificio donde vivía, sosteniendo la bolsa de café recién tostado que el Sr. Takeda le había dado. Su mente estaba completamente ocupada con pensamientos sobre Nanoha. Cada detalle del trayecto en auto, desde la suave voz de Nanoha hasta la forma en que sonreía al hablar, seguía reproduciéndose en su cabeza como una película imposible de apagar.

"Es tan increíblemente… perfecta," pensó Fate, sintiendo que sus mejillas volvían a calentarse. "¿Cómo puede alguien ser así de amable y… y hermosa al mismo tiempo? Y además, me ofreció traerme a casa. ¿Por qué haría eso?"

Con un suspiro, entró al lobby del edificio y presionó el botón del ascensor. Mientras esperaba, revisó su reflejo en las puertas metálicas y suspiró nuevamente. "Tengo que dejar de pensar en ella así. Es mi compañera… y tiene 28 años. Seguro que solo fue amable conmigo porque soy nueva."

El ascensor llegó con un suave "ding", y Fate subió, presionando el botón para el piso8. Mientras el ascensor ascendía, su mente seguía vagando entre el nerviosismo y la emoción. "Quizás fue demasiado amable… o quizás solo estaba siendo profesional," pensó mientras sus labios formaban una pequeña sonrisa involuntaria.

"Es tan increíblemente amable," pensó, abrazando la bolsa de café que el Sr. Takeda le había dado. "Pero… ¿por qué me ofreció traerme? Seguro solo estaba siendo amable. No significa nada más… ¿verdad?"

El ascensor llegó a su piso, y Fate salió con pasos apresurados. Abrió la puerta del departamento con cuidado, pero apenas entró, se encontró con la mirada de su hermana Alicia, quien estaba sentada en el sofá con una gran sonrisa en el rostro. Alicia dejó su tazón de palomitas sobre la mesa y cruzó los brazos, claramente esperando algo.

—¡Bueno, bueno! —dijo Alicia con tono juguetón—. ¿Qué fue eso que vi por la ventana hace un rato? Tú, bajándote de un Toyota Crown… ¿Primera clase en Uber? ¿O ya tienes chofer propio en tu primer día de trabajo?

Fate se quedó congelada, su rostro volviéndose inmediatamente rojo. —¡N-no es lo que piensas! —balbuceó, ajustando la bolsa de café entre sus manos mientras intentaba encontrar una salida rápida hacia su cuarto.

Alicia se levantó del sofá con una sonrisa pícara, siguiéndola de cerca. —Ah, no, señorita. No puedes escapar de esta. ¿Quién era? ¿Tu jefe? ¿Un compañero? ¿O tal vez alguien especial? —Canturreó las últimas palabras, disfrutando de la reacción de Fate.

—N-no es nadie, Alicia. Solo… una amiga —dijo Fate rápidamente, apretando la bolsa contra su pecho como si fuera un escudo.

Alicia alzó una ceja, claramente disfrutando cada segundo. —¿Una amiga? ¿Qué clase de amiga tiene un auto así? Oh, espera… ¿tu amiga es la gerenta?¿es pelirroja por casualidad? —preguntó con una sonrisa de oreja a oreja.

—¡No es pelirroja! —exclamó Fate, alzando la voz sin querer y dando un paso hacia atrás. En su apuro por evadir a Alicia, la bolsa de café se le resbaló de las manos y cayó al suelo con un suave ruido seco.

Alicia, rápida como siempre, recogió la bolsa y la miró con curiosidad. —¿Qué es esto? ¿Tierra? —preguntó, entrecerrando los ojos mientras la examinaba.

—¡No la abras! —intentó detenerla Fate, pero ya era demasiado tarde. Alicia desató la cuerda que cerraba la bolsa, inclinándose para oler el contenido.

El aroma del café recién tostado la golpeó de inmediato, llenando el ambiente con su fragancia rica y profunda. Alicia cerró los ojos por un segundo, disfrutando del olor antes de abrirlos con una expresión de sorpresa.

—¡Oh, es café! —exclamó con un brillo divertido en los ojos. Luego miró a Fate con una sonrisa maliciosa—. Entonces, ¿tu "amiga" te dio esto? ¿Es algún tipo de mensaje secreto? ¿Te está diciendo que tienes buen gusto, hermanita?

Fate sintió cómo su cara ardía. —¡N-no es eso! Es del trabajo… el Sr. Takeda me lo dio… —dijo rápidamente, evitando la mirada de Alicia mientras intentaba arrebatarle la bolsa.

Alicia levantó la bolsa sobre su cabeza, manteniéndola fuera del alcance de Fate mientras la miraba con fingida seriedad. —Ajá. Claro que sí. ¿Y esta "amiga" misteriosa… si era pelirroja por casualidad a que si?

—¡No sé de qué hablas! —exclamó Fate, dando un salto para intentar recuperar la bolsa.

—Ah, entonces sí era pelirroja. Lo sabía. —Alicia dejó caer la bolsa suavemente en las manos de Fate, riéndose mientras daba un paso hacia atrás—. Vamos, dime al menos su nombre. No seas tan cruel con tu hermana mayor.

Fate apretó la bolsa contra su pecho, mirando al suelo y murmurando algo inaudible.

—¿Qué dijiste? —preguntó Alicia, inclinándose hacia ella con una sonrisa burlona—. No te escuché. ¿Cómo se llama?

Fate levantó la vista por un breve instante, su rostro completamente rojo. —S-solo… una amiga… —balbuceó antes de girarse hacia la puerta de su cuarto, claramente decidida a escapar.

—¿Y es bonita? ¿tiene buenas tetas? —preguntó Alicia, sin detenerse, disfrutando del momento como si fuera un espectáculo de comedia.

Fate abrió la puerta rápidamente, empujando a Alicia hacia afuera con movimientos apresurados y enormemente sonrojada por el comentario. —¡Déjame en paz, Alicia!

Alicia se dejó empujar, riéndose a carcajadas. —Está bien, está bien. Pero cuando quieras contarme sobre tu "amiga pelirroja," aquí estaré. —Se despidió con un gesto de la mano antes de agregar con picardía— Ya me contarás, hermanita.

Fate cerró la puerta de golpe y dejó caer la espalda contra ella, soltando un largo suspiro. "¿Por qué tiene que ser así?" pensó, mirando la bolsa de café en sus manos.

Con un suspiro final, se dejó caer en su cama, enterrando el rostro en la almohada mientras los recuerdos del día regresaban. A pesar de todo, una pequeña sonrisa apareció en sus labios.

"Nanoha… es imposible no admirarte," pensó, antes de dejarse llevar lentamente por el cansancio del día.

El cielo comenzaba a teñirse de tonos anaranjados cuando Nanoha se despertó con el sonido de su alarma. Miró el reloj en su mesa de noche: 5:30 a.m. Se estiró perezosamente, con Hikari maullando suavemente a su lado como si también le pidiera que comenzara el día.

—Buenos días, pequeña —murmuró Nanoha mientras acariciaba a la gata, que ronroneó en respuesta.

Bajó a la cocina, llenó el plato de comida de Hikari y preparó su propia rutina matutina. Salió al jardín, rociando las plantas de café con delicadeza. El aroma de la tierra mojada le llenó los pulmones mientras pensaba en el día que tenía por delante.

Después de regar su jardín, decidió hacer un poco de trekking en el sendero cercano. Se cambió rápidamente a ropa deportiva y salió con pasos enérgicos. La caminata, aunque corta, le ayudó a despejar la mente y preparar su ánimo para el día.

De vuelta en casa, se metió a la ducha, dejando que el agua caliente relajara sus músculos. Luego, ya vestida con su característico atuendo profesional, preparó un café negro cargado. Lo bebió con calma, mirando por la ventana hacia el jardín.

A las 7:00 a.m., estaba lista para salir. Encendió su confiableToyotay se dirigió al trabajo. Mientras conducía, el sol comenzaba a asomarse más alto, iluminando las calles tranquilas de Sapporo.

Cuando pasó cerca del vecindario de Fate, una idea fugaz cruzó su mente. Miró el reloj en el tablero: 7:10 a.m. "¿Se habrá levantado ya? ¿O llegará tarde? Tal vez aún esté dormida…" Nanoha negó ligeramente con la cabeza, intentando apartar esos pensamientos.

—¿En qué estás pensando, Nanoha? —se regañó a sí misma en voz baja, frunciendo el ceño—. Es tu compañera. Una interna. Además, es solo una niña.

Pero la sonrisa inconsciente que se formó en sus labios traicionó sus palabras.

Al llegar al edificio donde vivía Fate, redujo la velocidad. Justo en ese momento, una figura rubia salió por la puerta principal. Nanoha sonrió y pensó que el destino estaba jugando con ella. Sin dudarlo, detuvo el auto junto a la acera y tocó el claxon con entusiasmo.

—¡Fate-chan! —llamó Nanoha, inclinándose hacia la ventana con una sonrisa—. ¿Vas temprano al trabajo? ¡Te llevo!

La rubia giró hacia ella, y Nanoha notó algo extraño de inmediato. Esa sonrisa juguetona no se parecía en nada a la expresión tímida que había visto antes. Con pasos deliberados, la chica se acercó al auto, y Nanoha no pudo evitar notar algo en su actitud… ¿demasiado confiada?

—¡Oh, señorita pelirroja! —exclamó la rubia con un tono afectado y demasiado dulce—. Qué encantadora sorpresa encontrarla aquí. ¡Claro que aceptaré su amable ofrecimiento!

Nanoha parpadeó, confundida, mientras la chica colocaba una mano en la puerta del auto y le dirigía una mirada que no encajaba con la personalidad de Fate.

—¿Eh? —dijo Nanoha, levantando una ceja. Algo definitivamente no estaba bien—. Fate… ¿te encuentras bien?

—¡Perfectamente, señorita pelirroja! —respondió la rubia, inclinando ligeramente la cabeza con una sonrisa que parecía diseñada para impresionar—. ¿Qué podría estar mal cuando tengo la suerte de cruzarme con usted esta mañana?

Nanoha se cruzó de brazos, mirándola con escepticismo. Había algo en esa manera exagerada de hablar que no encajaba con la Fate que conocía.

—¿Segura? —preguntó Nanoha, entornando los ojos—. No pareces… tú misma.

La rubia soltó una risita y adoptó una pose juguetona, llevándose una mano al pecho. —Oh, señorita pelirroja, usted es tan observadora. Tal vez es que estoy de muy buen humor hoy. ¿A qué se debe tanta atención hacia mí?

Nanoha parpadeó, ahora completamente desconcertada. ¿Qué estaba pasando aquí? Estaba a punto de insistir cuando un grito desde la entrada del edificio la interrumpió.

—¡ALICIAAAA!

Nanoha giró rápidamente la cabeza y vio a otra figura rubia corriendo hacia la acera. Era Fate, con el rostro completamente rojo y una expresión que combinaba desesperación y vergüenza absoluta.

—¡Deja de hacer eso! —gritó Fate, jadeando mientras jalaba a su hermana de su ropa intentando alejarla del auto de nanoha.

La "Fate" junto al auto —ahora claramente Alicia— soltó una carcajada tan sonora que Nanoha no pudo evitar mirarla con incredulidad.

—Bueno, hermanita, ya me voy. —Miró a Nanoha con una sonrisa traviesa y alzó y bajó las cejas de manera exagerada, como diciendo "Lo entiendo todo". Luego añadió—: Que tengas un lindo día, Fate-chan. Nos vemos, señorita pelirroja.

Y con un movimiento despreocupado, Alicia se giró y se alejó, dejando a Fate completamente mortificada.

Nanoha la observó marcharse, todavía procesando lo que acababa de suceder. Luego miró a Fate, quien estaba parada junto al auto, con la cabeza gacha y claramente tratando de desaparecer de la faz de la Tierra.

—Lo siento… lo siento mucho… —murmuró Fate, haciendo una ligera reverencia—. Alicia… ella siempre… no sé por qué hace estas cosas.

Nanoha rió suavemente, apoyando un brazo en la puerta del auto. —No sabía que tenías una hermana gemela.

—….No es mi gemela —exclamó Fate, levantando la cabeza con las mejillas sonrojadas—. Es mi hermana mayor… tiene 24 años. Pero… por alguna razón, nos vemos iguales. ¡Culpa de la genética!

Nanoha sonrió, encontrando la situación mucho más divertida que incómoda. —Entiendo. Bueno, Fate-chan, ¿quieres que te lleve al trabajo?

Fate dudó, todavía roja como un tomate. —Eh… yo…

Antes de que pudiera decir nada más, Nanoha se bajó del auto, rodeó el vehículo y abrió la puerta del copiloto con una sonrisa.

—Vamos, sube. Todavía tienes tiempo de sobra, pero no acepto un "no" como respuesta.

Fate, completamente desarmada por el gesto, asintió tímidamente y subió al auto. Mientras Nanoha cerraba la puerta y regresaba al asiento del conductor, Fate abrazó su mochila, tratando de calmar su corazón acelerado.

"Esto va a ser un día muy largo," pensó Fate mientras Nanoha arrancaba el auto con una sonrisa tranquila en su rostro.

Nanoha conducía con tranquilidad mientras echaba miradas rápidas a Fate, que se mantenía abrazada a su mochila con nerviosismo evidente. Rompió el silencio con una pregunta casual, pero con una pizca de calidez en su voz:

—Fate-chan, ¿qué tal dormiste?

Fate parpadeó, sorprendida, y giró ligeramente hacia ella. —Eh… b-bien… gracias —murmuró.

Nanoha sonrió, disfrutando de la forma en que el nombre de Fate sonaba en sus labios. Decidió probar algo más.

—Fate-chan… suena tan lindo, ¿no crees? —comentó, con un tono despreocupado.

Fate abrió los ojos un poco más, su rostro enrojeciendo visiblemente. —¿Eh? N-no me molesta… —dijo con voz temblorosa—. En realidad… me gusta cómo suena cuando… usted lo dice.

Nanoha rio suavemente, sintiendo un placer travieso en la confesión de Fate. —¿De verdad? Entonces tendré que decirlo más seguido. Fate-chan, Fate-chan, Fate-chan… —repitió con un tono juguetón, echándole una mirada rápida.

Fate agitó las manos con desesperación, tratando de ocultar su rostro con las mangas de su chaqueta. —¡P-por favor, no lo diga tanto! ¡Me voy a derretir aquí!

Nanoha soltó una carcajada melodiosa. —Está bien, está bien. Me detendré… por ahora.

Después de unos momentos en silencio, Nanoha cambió el tema.

—Por cierto, ¿desayunaste ya?

Fate negó tímidamente. —N-no… pero tengo un jugo y unas frutas en mi mochila.

Nanoha chasqueó la lengua, negando con la cabeza. —Eso no es un desayuno, Fate-chan. Vamos, primero comeremos algo decente.

Fate se enderezó, alarmada. —¿P-pero tenemos tiempo para eso? ¿Y si llegamos tarde?

Nanoha sonrió con confianza. —No te preocupes, Fate-chan. Llegaremos a tiempo. Y si Takeda te regaña, ven a buscarme. Lo salvaré de ti… o al revés. —Guiñó un ojo mientras Fate solo lograba asentir, completamente sonrojada.

El auto se detuvo frente a un elegante restaurante llamado "Le Rêve du Matin". El lugar irradiaba lujo desde el exterior con su fachada de vidrio impecable y su decoración minimalista pero sofisticada.

—¿Aquí? —preguntó Fate, claramente preocupada—. ¡Este lugar es carísimo! No puedo permitirme algo así…

Nanoha rio suavemente mientras apagaba el motor. —No te preocupes. Mi invitación. Vamos.

Fate quiso protestar, pero Nanoha ya estaba fuera del auto, rodeándolo para abrir la puerta del copiloto. Fate bajó con vacilación y siguió a Nanoha al interior del restaurante.

Un mozo impecablemente vestido las recibió en la entrada y las guió hasta una mesa junto a una ventana con vista al parque. Colocó dos menús frente a ellas con un gesto elegante.

—Tómense el tiempo que necesiten. Volveré en un momento para tomar su orden —dijo, retirándose para darles intimidad.

Fate tomó el menú, pero su confusión fue evidente al ver los nombres en francés y las elaboradas descripciones. Su rostro reflejaba cada vez más nerviosismo mientras lo repasaba.

Nanoha notó su dificultad y sonrió, decidiendo intervenir.

—¿Necesitas ayuda, Fate-chan? —preguntó, inclinándose un poco hacia ella.

Fate asintió tímidamente, incapaz de levantar la vista del menú.

Nanoha se levantó ligeramente de su asiento, caminando hacia Fate. Con movimientos fluidos, se inclinó detrás de ella, apoyando suavemente su mentón en el hombro de la joven.

—Déjame ayudarte. —Su voz se volvió un susurro cercano, lo suficientemente bajo como para que Fate lo sintiera más que escucharlo.

Mientras señalaba el menú, Nanoha deslizó su mano por el brazo de Fate, acariciándolo ligeramente hasta llegar a su hombro, en un gesto que combinaba ternura con coquetería.

—Este omelette de queso brie con espinacas es una opción ligera pero deliciosa… o este croissant relleno de crema de almendras. ¿Qué te parece? —preguntó, inclinándose un poco más hacia el oído de Fate.

Fate, completamente abrumada por la cercanía de Nanoha y el tono de su voz, solo pudo asentir rápidamente. —Sí… eso… lo que sea que diga está bien.

Nanoha rio suavemente. —¿Todo? ¿Estás segura? —preguntó con una pizca de diversión en su voz.

Fate asintió de nuevo, incapaz de articular palabras coherentes.

—Muy bien, entonces confiaré en mi elección —dijo Nanoha antes de regresar a su asiento, claramente divertida por la reacción de Fate.

Cuando el mozo volvió, Nanoha ordenó para ambas.

—Para mí, un croissant relleno de crema de almendras con café negro. Y para Fate-chan, un omelette de queso brie con espinacas y jugo de naranja recién exprimido.

El mozo asintió con una inclinación respetuosa y se retiró. Fate, todavía nerviosa, intentó calmarse mientras Nanoha la observaba con una sonrisa tranquila.

—Relájate, Fate-chan. No hay nada de qué preocuparse —dijo Nanoha, buscando hacerla sentir más cómoda.

—Es que… nunca he estado en un lugar como este —confesó Fate en voz baja, jugando con sus dedos.

Nanoha se inclinó ligeramente hacia ella con una sonrisa suave. —Bueno, siempre hay una primera vez. Y además, estás conmigo. No hay nada que temer.

La conversación fluyó mientras Nanoha compartía algunas anécdotas divertidas de su tiempo en Hinode, haciendo que Fate riera tímidamente pero con sinceridad. Poco a poco, la joven comenzó a relajarse y disfrutar de la compañía de Nanoha.

Cuando llegó la comida, Fate miró su plato con asombro. La presentación era impecable, pero los múltiples utensilios la confundieron.

Nanoha no tardó en notarlo y, con una sonrisa divertida, le mostró desde su lugar cómo usar los cubiertos correctamente. Fate intentó seguir las indicaciones, aunque su torpeza natural la traicionó un par de veces, lo que provocó suaves risas de ambas.

El desayuno transcurrió en un ambiente cálido y ligero. Al terminar, Nanoha pagó la cuenta con una tarjeta negra mientras Fate observaba, incapaz de imaginar cuánto había costado.

De vuelta en el auto, ambas continuaron conversando sobre temas triviales, como los diferentes tipos de café o lugares que les gustaría visitar. Fate se sintió más cómoda con cada minuto, aunque todavía se ruborizaba ocasionalmente cuando Nanoha le dirigía miradas intensas o sonrisas juguetonas.

Finalmente, llegaron a la oficina justo a las 9:00 en punto. Nanoha estacionó el auto y miró a Fate con una sonrisa triunfante.

—¿Ves? Llegamos a tiempo. 9:00 en punto. Te lo dije, linda.

Fate sintió que el calor regresaba a sus mejillas mientras asentía rápidamente, incapaz de responder con palabras.

Nanoha rio suavemente mientras ambas se dirigían a la entrada del edificio, listas para comenzar un nuevo día.

La mañana transcurrió sin mayores inconvenientes para Fate. Había llegado puntual al área de producción, donde el Sr. Takeda ya la esperaba con una pila de tareas listas para el día. A pesar de su nerviosismo inicial, Fate se esforzó en cada actividad, cometiendo errores aquí y allá, pero siempre aprendiendo de ellos.

En la oficina, mientras Nanoha revisaba algunos informes, Mizuki apareció con una sonrisa traviesa, como un zorro que acababa de encontrar su próxima presa.

—¡Vaya, vaya! —exclamó Mizuki, apoyándose en el borde del escritorio de Nanoha—. No me digas que ahora te has convertido en chofer personal de ciertos internos.

Nanoha levantó la vista de su monitor, arqueando una ceja con una sonrisa. —¿Qué estás insinuando, Mizuki?

—Oh, no finjas que no sé —respondió Mizuki, cruzando los brazos—. Vi cómo llegaste con Fate-chan esta mañana. ¿Acaso piensas que puedes pasearte con una menor sin que nadie lo note? Tal vez debería llamar a la policía y reportarte, ¿no crees?

Nanoha no pudo evitar soltar una carcajada, negando con la cabeza mientras Mizuki continuaba con su broma. —No sabía que estabas tan preocupada por mi vida social, Mizuki.

—No es preocupación, querida. Es simple fascinación —replicó Mizuki con una sonrisa astuta—. Hace mucho tiempo que no veía esa chispa en tu sonrisa. ¿Qué pasó? ¿El café volvió a surtir efecto?

Nanoha sintió el calor subir a sus mejillas, pero mantuvo la compostura. —Estás exagerando, Mizuki. Es solo un interno más. Y además, ¿no tienes trabajo que hacer?

Mizuki rio entre dientes, disfrutando de la reacción de Nanoha. —Lo tengo, pero verte sonrojar es mucho más entretenido. Hace tiempo que no te veía tan animada. Quizás la "niña de Takeda" tenga algo especial después de todo.

Nanoha rodó los ojos y empujó suavemente a Mizuki en el brazo. —Ve a trabajar antes de que llame a la jefa para que te asigne tareas extras.

—¡Uy, qué miedo! —dijo Mizuki con una risa burlona antes de alejarse, lanzándole una última sonrisa cómplice—. Pero en serio, me alegra verte sonreír así, Nanoha. No lo pierdas, ¿vale?

Nanoha observó a Mizuki marcharse y no pudo evitar pensar en sus palabras. "¿De verdad estoy tan diferente últimamente?" se preguntó antes de volver a concentrarse en su trabajo.


Mientras tanto, en la planta de producción, Fate continuaba enfrentándose a los retos del día. Sus compañeros comenzaron a referirse a ella como "la niña de Takeda", un apodo que inicialmente la hizo sentir algo incómoda, pero que con el tiempo empezó a aceptar con resignación. A pesar de los errores ocasionales —como dejar caer una herramienta o activar accidentalmente un mecanismo antes de tiempo—, Fate mostraba una actitud dispuesta a aprender.

Uno de los operadores más experimentados, un hombre llamado Sato, le ofreció algunos consejos mientras ajustaban una máquina. —No te preocupes demasiado por los errores. Todos hemos pasado por esto. Lo importante es que sigas intentándolo.

Fate asintió, agradecida por las palabras de aliento. —Gracias, Sato-san. Haré mi mejor esfuerzo.

A medida que avanzaba la mañana, Fate comenzó a sentirse más cómoda interactuando con el equipo. Aunque aún era torpe en algunos aspectos, su entusiasmo y actitud positiva ganaron poco a poco la simpatía de sus compañeros.


Cuando llegó la hora del almuerzo, Fate se dirigió al comedor con la esperanza de encontrar a Nanoha. Sus ojos recorrieron el lugar, buscando la inconfundible melena pelirroja, pero no había rastro de ella. Decepcionada, se sentó en una de las mesas vacías, suspirando ligeramente.

—¿Buscando a alguien? —dijo una voz detrás de ella. Fate giró rápidamente y encontró a Mizuki sonriendo mientras se acomodaba en el asiento frente a ella.

—Eh… no, no es nada —respondió Fate, bajando la mirada.

Mizuki, sin embargo, no se dejó engañar. —Oh, vamos, Fate-chan. Es evidente que estabas buscando a Nanoha. Lamento arruinarte el día, pero salió a almorzar con los ejecutivos de un posible nuevo cliente. Algo sobre cerrar un contrato importante.

Fate sintió un pequeño pinchazo de decepción, pero trató de disimularlo. —Oh… ya veo. Es… importante, supongo.

Mizuki observó a Fate con una sonrisa divertida, y luego, como si de repente lo pensara, añadió: —Por cierto, los ejecutivos… ¿te interesa saber si eran hombres o mujeres?

La pregunta hizo que Fate abriera los ojos como platos, completamente desconcertada. —¿Qué? ¿Por qué… por qué preguntaría eso?

Mizuki soltó una carcajada sonora, apoyando la barbilla en una mano mientras miraba a Fate con aire travieso. —Oh, Fate-chan, eres adorablemente transparente. No necesitas preocuparte. Nanoha sabe cómo manejarse, y te aseguro que no importa quién esté frente a ella, siempre tiene todo bajo control.

Fate, ahora completamente roja, agitó las manos en un intento de desviar el tema. —¡N-no estaba pensando en eso! ¡Mejor vayamos a almorzar ya!

Mizuki rio mientras se levantaba. —Claro, claro. Vamos, pequeña Fate-chan. Te invito a almorzar, pero prométeme que no pensarás en Nanoha durante al menos cinco minutos.

Fate asintió rápidamente, todavía intentando calmar su rubor mientras seguía a Mizuki al área de comida. Sin embargo, en el fondo de su mente, no podía evitar preguntarse qué estaría haciendo Nanoha en ese momento… y con quién.

El reloj marcaba las 5:00 de la tarde cuando Fate salió de la planta de producción. El día había transcurrido sin contratiempos, pero su ánimo estaba notablemente apagado. A pesar de su constante búsqueda, el Toyota Crown de Nanoha no apareció en ningún momento frente a la oficina.

"Supongo que la reunión se alargó…" pensó Fate mientras ajustaba la correa de su mochila y caminaba hacia la estación de tren. Era miércoles, el último día de sus prácticas semanales, lo que significaba que no volvería a ver a Nanoha hasta el lunes siguiente. Un suspiro escapó de sus labios al imaginar los días que tendría que pasar sin escuchar su voz o ver su sonrisa.

Mientras caminaba, sus ojos escaneaban los alrededores, buscando inconscientemente ese familiar auto negro. Cada esquina parecía un recordatorio de su ausencia, y cuando llegó a la estación del tren, se dio por vencida. Subió al vagón con la cabeza ligeramente baja, buscando un asiento vacío mientras se dejaba llevar por el suave traqueteo del tren hacia casa.

Al llegar a su departamento, Fate se arrastró hacia el ascensor, presionando el botón del octavo piso. Sus pensamientos seguían girando en torno a Nanoha, preguntándose qué estaría haciendo y si acaso habría pensado en ella durante la reunión. El ding del ascensor la devolvió a la realidad, y salió al pasillo con pasos pesados, sacando las llaves para abrir la puerta.

—¡Bienvenida a casa, hermanita! —exclamó Alicia desde el sofá en cuanto Fate entró. Su tono era ligero, pero Fate reconoció de inmediato el brillo burlón en sus ojos.

Fate apenas levantó la mano en un saludo vago, demasiado cansada emocionalmente para lidiar con las bromas de Alicia.

—¿Qué pasa? ¿No tuviste un buen día con tu señorita pelirroja? —preguntó Alicia, recostándose en el sofá con una sonrisa juguetona.

—Por favor, Alicia, no estoy de humor —murmuró Fate, dejando su mochila junto a la puerta y dirigiéndose hacia la cocina para buscar algo de beber.

Alicia, por supuesto, no podía resistirse. —Oh, vamos, hermanita. Estaba bromeando. Aunque… hablando de tu "no-novia", me llegó algo interesante hace unas horas.

Fate frunció el ceño y giró para mirarla. —¿Qué cosa?

Alicia se levantó lentamente, sosteniendo un ramo de rosas rojas en sus manos. —Esto. Al parecer, alguien piensa que mereces flores. ¿No crees que tu "no-novia" se está tomando demasiadas libertades?

Los ojos de Fate se agrandaron, y su ánimo cambió instantáneamente de la decepción a la emoción. —¿Qué… qué dices? ¿Nanoha mandó eso? —preguntó, acercándose apresuradamente y tomando las rosas con delicadeza.

—No lo sé. Solo venían con una notita —respondió Alicia, señalando un pequeño sobre blanco sujeto al ramo.

Fate arrancó el sobre con dedos temblorosos mientras murmuraba: —Nanoha no es mi novia…

Alicia soltó una carcajada sonora, cruzándose de brazos mientras observaba a Fate correr hacia su cuarto. —¡Así que se llama Nanoha! Qué interesante, hermanita.

Fate cerró la puerta detrás de ella, ignorando los comentarios de Alicia mientras se sentaba en la cama. Sus manos temblaban ligeramente mientras abría el sobre, sacando una pequeña tarjeta escrita a mano.

"Querida Fate-chan,
Perdón si esto es demasiado cursi, pero no encontré algo tan bonito como para competir con tu lindura. Me disculpo por no regresar a la oficina hoy; la reunión se alargó mucho más de lo planeado. Sé que no nos veremos hasta el lunes, pero pasaré por ti ese día para que podamos desayunar juntas. Cuídate mucho.
Con cariño,
Nanoha."

Fate sintió que el aire se atascaba en su garganta mientras leía la nota una y otra vez. Su corazón latía con fuerza, y el rubor en sus mejillas se intensificó. Nanoha pensó en ella, incluso en medio de una reunión importante. Y ahora… quería desayunar juntas el lunes.

Con una sonrisa que no podía controlar, Fate se dejó caer de espaldas en la cama, abrazando las rosas contra su pecho mientras miraba el techo. Cerró los ojos, dejando que la felicidad la envolviera por completo.

—Nanoha… eres increíble… —murmuró para sí misma, sintiendo cómo la emoción llenaba cada rincón de su ser.

Desde el otro lado de la puerta, Alicia escuchó las palabras de Fate y sonrió, divertida. —Hermanita, estás perdida… completamente perdida. —Y con eso, volvió al sofá, dejando que Fate disfrutara de su momento de ensueño.