Capítulo 9: Confesiones Involuntarias

El parque estaba tranquilo en la fresca mañana de sábado. Nanoha llegó al punto de encuentro unos minutos antes de lo acordado, como solía hacer. Sostenía un vaso de café caliente entre las manos, el aroma llenándola de calidez mientras esperaba a Hayate. Estaba mirando distraídamente a unos niños jugando cerca cuando escuchó una voz familiar.

—¡Nanoha Takamachi, mi musa del café y el drama cotidiano! —exclamó Hayate, levantando los brazos con exageración al acercarse.

Nanoha giró hacia ella, sonriendo ampliamente. —¡Hayate! Llegaste justo a tiempo.

Hayate soltó una risita mientras se acomodaba la bufanda. —Por supuesto. No dejaría pasar la oportunidad de pasar un día contigo. A propósito, gracias por aguantar mi llamada el lunes. Carim y yo habíamos tenido una pequeña pelea, ya sabes, cosas de pareja.

Nanoha alzó una ceja, claramente divertida. —¿Ya lo arreglaron?

Hayate hizo un gesto dramático con la mano. —Por supuesto. ¿Qué problema no se resuelve en la cama?

Nanoha casi escupe el café de la risa, llevándose una mano a la boca. —¡Hayate! Qué asco… no necesitaba saber eso.

Hayate explotó de risa, golpeando suavemente a Nanoha en el brazo. —¡Vamos, no pongas esa cara! Es la verdad, ¿no? Admito que a veces Carim tiene más paciencia de la que merezco.

Nanoha negó con la cabeza, intentando no reír mientras ambas comenzaban a caminar por el parque. —Eres imposible, Hayate. Pero bueno, me alegra que todo esté bien entre ustedes.

—Gracias, gracias. ¿Y tú? —preguntó Hayate con entusiasmo—. ¿Cómo ha estado el paraíso del café? ¿Alguna crisis existencial que compartir?

—Más bien lo de siempre —respondió Nanoha con un suspiro—. Revisar inventarios, coordinar con Takeda, tratar de que Mizuki no me vuelva loca con sus bromas...

—Ah, Mizuki —dijo Hayate, riendo—. Esa chica es un caso. Me acuerdo cuando nos presentó a su novio y resultó ser más bromista que ella.

Nanoha asintió, divertida. —Sí, fue un desastre. ¿Quién lleva a alguien a una reunión formal y lo hace contar chistes malos sobre gerentes?

Hayate se rió tanto que tuvo que detenerse un momento. —Eso es tan Mizuki. Pero al menos no es aburrida.

—Definitivamente no lo es —agregó Nanoha mientras ambas retomaban el paso. —Por cierto, ¿ya fuiste a esa cafetería nueva? Hinode está considerando trabajar con ellos, pero no sé si valga la pena.

—Fui una vez, pero no me impresionó. Tal vez estaban teniendo un mal día, pero el café estaba más frío que un corazón roto —respondió Hayate, encogiéndose de hombros.

Nanoha rio suavemente. —Bueno, al menos ya sé que no puedo confiar en ellos. Gracias por el aviso.

Ambas continuaron charlando sobre trivialidades, desde las extrañas tendencias de moda que habían visto últimamente hasta los mejores lugares para desayunar. Sus risas eran constantes, reflejando la cercanía de su amistad.


Cuando llegaron a la exposición, el cartel grande y elegante en la entrada rezaba: "Ecos del Tiempo: Un Viaje a las Antigüedades". Nanoha miró alrededor con curiosidad mientras Hayate la guiaba hacia el interior.

—¿Ecos del Tiempo? —repitió Nanoha en voz baja, arqueando una ceja. —Qué poético.

—Por favor, aprecia el esfuerzo, Takamachi. Esto es historia viva. —Hayate suspiró mientras ambas entraban a la primera sala.

Nanoha se detuvo frente a un tocador antiguo, examinando el espejo con interés. —Esto debe valer una fortuna. ¿Qué pasa si alguien lo rompe?

—Por favor, no me pongas los nervios de punta, Nanoha. Este es un espejo veneciano. No se toca. —Hayate prácticamente saltó para apartarla.

Nanoha rio mientras Hayate la regañaba. —¡Tranquila! Solo estoy mirando.

—Eres un caso perdido —dijo Hayate, sacudiendo la cabeza—. Vamos, antes de que decidas "mirar" algo más.

Mientras avanzaban por la sala, Hayate señaló un reloj de bolsillo con intrincados grabados. —Mira esto. Es fascinante, ¿verdad?

—¿Fascinante? Más bien parece algo que encontrarías en una tienda de segunda mano —bromeó Nanoha.

—¡Nanoha! —exclamó Hayate, llevándose las manos a la cabeza. —Por favor, intenta tener algo de respeto por las antigüedades.

Nanoha rio, claramente disfrutando de la frustración de su amiga. —Está bien, está bien. Prometo portarme bien.

Hayate suspiró profundamente antes de mirarla con una sonrisa traviesa. —Ya que estamos hablando de cosas interesantes, ¿por qué no me cuentas más sobre la nueva interna?

Nanoha intentó desviar el tema, fingiendo interés en una vitrina cercana. —¿Qué interna? ¿De qué hablas?

—No te hagas, Nanoha. Te conozco demasiado bien. ¿Qué tiene de especial? —preguntó Hayate, cruzándose de brazos.

Nanoha vaciló, claramente buscando una salida. —Bueno, ¿y Carim? ¿Por qué no vino contigo hoy?

Hayate levantó una ceja, claramente viendo a través de la táctica de Nanoha. —Carim está ocupada en el trabajo, y sí, la extraño, pero no pienso dejar que cambies el tema. Vamos, Takamachi. Escupe la verdad.

Nanoha suspiró, sabiendo que no tenía escapatoria. —Es… trabajadora. Muy entusiasta. Pero… es joven, tiene solo 19 años.

—¡Oh, una bebé! —exclamó Hayate, llevándose una mano al pecho como si estuviera escandalizada.

—No la molestes. Es muy tierna —dijo Nanoha en un tono suave, como si estuviera defendiendo a alguien querido.

Hayate rio, inclinándose hacia ella con una sonrisa astuta. —No molestaría a tu bebé, descuida.

Nanoha bufó, pero no pudo evitar que un leve rubor subiera a sus mejillas.

—Vamos, Nanoha. Cuéntame más sobre ella —insistió Hayate.

Nanoha suspiró, mirando a su amiga como si supiera que estaba entrando en una trampa. —Es… muy linda. Como… una princesa de porcelana. Es delicada, frágil. Su piel es blanca como la nieve, y su cabello… es dorado, brillante, como un rayo de sol. Y sus ojos… —Nanoha vaciló, su voz bajando—. Sus ojos son de un rojo profundo, como el atardecer.

Hayate levantó ambas cejas, claramente impresionada. —Nanoha, cariño, creo que te gusta esa chica.

—¡Por supuesto que no! —exclamó Nanoha rápidamente, agitando las manos. —Es solo una interna. Y además… —bajó la voz—. Es joven, y yo soy nueve años mayor. Y… también es mujer. Nunca he sentido esto por una chica.

Hayate rio suavemente, colocándole una mano en el hombro. —Nanoha, estamos en pleno siglo XXI. Mira a Carim y a mí. Somos mujeres, estamos juntas y somos felices. Y en cuanto a la edad… bueno, puede ser joven, pero ya es mayor de edad. Lo que importa es cómo te hace sentir.

Nanoha desvió la mirada, claramente insegura. —No sé, Hayate. Todo esto es… complicado.

—Por cierto, ¿cómo se llama? —preguntó Hayate, como si fuera una pregunta casual.

Nanoha murmuró tímidamente. —Fate. Se llama Fate.

Hayate hizo una pausa, procesando la información. —¿Fate Testarossa?

Nanoha la miró con los ojos muy abiertos. —¿Cómo sabes su apellido?

—Porque es mi alumna en la universidad. —Hayate sonrió triunfante, disfrutando del impacto de sus palabras.

Nanoha parpadeó, incrédula. —Eso no tiene sentido. Fate está en ingeniería, y tú enseñas historia. No tienen nada que ver.

Hayate rio, encogiéndose de hombros. —Cierto, pero la he visto en los pasillos últimamente. Y ahora que lo mencionas, sí, es una chica muy llamativa. Creo que todo empieza a encajar.

Nanoha la miró con una mezcla de incredulidad y resignación. —Hayate, por favor, no empieces.

—Oh, ya empecé, Takamachi. Y créeme, no voy a dejar esto hasta que me invites a tu boda con Fate. —Hayate le guiñó un ojo mientras Nanoha solo podía suspirar, resignada a que su amiga no la dejaría escapar fácilmente.


Al salir de la exposición, el aire fresco de la tarde las recibió con suavidad. Nanoha estiró los brazos, respirando hondo mientras miraba a Hayate con una sonrisa relajada.

—¿Cafetería? —preguntó Nanoha.

—Oh, claro, porque tú nunca pierdes la oportunidad de tomarte un café, ¿verdad? —respondió Hayate con un tono burlón, levantando una ceja. —Ten cuidado, Nanoha. Un día de estos te va a hacer daño.

Nanoha rio suavemente, negando con la cabeza. —El café no es malo si lo consumes de forma moderada. De hecho, estudios recientes han demostrado que mejora la concentración, reduce el riesgo de enfermedades cardíacas y—

—¡Nanoha! —interrumpió Hayate, levantando una mano como si estuviera deteniendo el tráfico—. Por favor, basta. No necesito una clase magistral. Eres como una nerd del café.

Nanoha cruzó los brazos, fingiendo molestia. —No soy una nerd. Solo estoy bien informada.

—Claro que sí, "bien informada". —Hayate la miró con una sonrisa astuta mientras ambas cruzaban la calle hacia una cafetería acogedora llamada "Latte & Bloom". Al entrar, el aroma a café recién molido y pasteles horneados las envolvió como un cálido abrazo.

Tomaron asiento junto a una ventana, y Hayate apoyó los codos en la mesa, mirando a Nanoha con ojos perspicaces.

—Ahora sí, Takamachi. Sigamos con lo importante. Háblame más de Fate.

Nanoha bajó la mirada, sintiendo que el rubor subía a sus mejillas. —No hay mucho más que contar.

—Ajá. Claro. Eso no te lo crees ni tú. —Hayate sonrió como una cazadora que había encontrado a su presa.

Nanoha suspiró, dándose por vencida. —Bueno… el lunes la llevé a su casa después del trabajo.

Hayate entrecerró los ojos, apoyándose más en la mesa. —¿Oh? ¿Ya empezamos con los viajes románticos al atardecer? ¿Y qué, Takamachi? ¿También le abriste la puerta del auto?

Nanoha frunció el ceño, mirando a su amiga con una mezcla de vergüenza y diversión. —¡Cállate! Solo quise ser amable.

Hayate soltó una risa sonora, disfrutando claramente del momento. —Sí, claro. Amable. Me pregunto cuántas veces has sido "amable" con tus compañeros de trabajo.

Nanoha desvió la mirada, jugando con el borde de la taza de café que acababa de llegar. —La recogí al día siguiente también…

—¡Ajá! —exclamó Hayate, golpeando suavemente la mesa con una mano. —¿Y qué más, Takamachi? Suéltalo todo.

Nanoha suspiró. —Tiene una hermana mayor que es cinco años más grande que ella, pero parecen gemelas. Es increíble lo parecidas que son.

Hayate apoyó la barbilla en una mano, con una sonrisa que delataba que estaba planeando algo. —Hmmm… novias con hermanas gemelas. Nanoha, estás entrando en un territorio peligroso. ¿Y si un día te confundes de rubia? O peor, ¿y si ambas se interesan en ti? Podrías tener tu propio drama de telenovela.

—¡Hayate! —exclamó Nanoha, llevándose una mano al rostro mientras intentaba no reír—. No digas esas tonterías.

—¿Tonterías? Es la verdad. Podrías terminar siendo "Nanoha Takamachi, la reina de las rubias idénticas". —Hayate rio, claramente divirtiéndose con sus propias bromas.

Nanoha negó con la cabeza, intentando no seguirle el juego. —La llevé a desayunar al restaurante Le Rêve du Matin.

Hayate dejó escapar un silbido prolongado, mirándola con sorpresa. —¡Oh, Takamachi! Vas con todo, ¿eh? ¿Un desayuno en Le Rêve du Matin? ¿Qué sigue, un viaje a París?

Nanoha la miró con una mezcla de vergüenza y desafío. —No fue nada de eso. Solo es costumbre mía ir a ese restaurante de vez en cuando.

—Claro, claro. —Hayate levantó las cejas, incrédula. —Dime, ¿cuántas veces has ido a ese restaurante?

Nanoha abrió la boca para responder, pero luego cerró los labios, optando por no decir nada.

—Eso pensé. —Hayate rio, disfrutando claramente de su victoria.

—Y al final del día, le mandé flores para disculparme porque tuve que quedarme en una reunión que se alargó demasiado. —Nanoha desvió la mirada, bebiendo un sorbo de café para evitar la mirada perspicaz de su amiga.

Hayate puso las manos sobre el corazón, fingiendo emoción. —¡Ay, Nanoha, eres tan tierna! ¿Rosas rojas, verdad? Seguro ella pensó que eran de su admirador secreto.

—¡No fue nada de eso! —exclamó Nanoha, frunciendo el ceño. —Las flores las compré por internet porque no podía salir de la oficina. No es para tanto.

Hayate se rió más fuerte, inclinándose hacia atrás en su silla. —Claro, claro. Y seguro tampoco escribiste una nota diciendo lo linda que es, ¿verdad?

Nanoha bufó, mirando hacia la ventana. —Eres imposible.

Hayate finalmente recuperó la compostura, mirándola con una sonrisa traviesa. —Por cierto, ¿ya tienes su número?

Nanoha negó con la cabeza, bajando la mirada.

Hayate se llevó una mano a la frente, golpeándose suavemente. —Nanoha… ¿en serio? ¿Ni siquiera pensaste en pedirle su número?

—No quería que pensara que estaba siendo… extraña —murmuró Nanoha, jugando con su cuchara.

—No, lo que es extraño es que no lo tengas. —Hayate la miró fijamente, luego sonrió con picardía—. Pero no te preocupes, hoy puedes solucionar eso.

Nanoha parpadeó, confundida. —¿Hoy? ¿De qué hablas?

Hayate señaló con sutileza hacia la fila en la caja del restaurante. —Mira detrás de ti.

Nanoha giró lentamente y sintió que el aire abandonaba sus pulmones. Allí estaban, esperando para ordenar: Fate y Alicia, charlando tranquilamente. Ambas rubias, idénticas, y completamente ajenas a la conversación que se estaba llevando a cabo.

—¿Qué hago? —preguntó Nanoha en voz baja, mirando a Hayate con ojos de pánico.

—Es fácil. Ve y pídele su número, Takamachi. —Hayate le dio un empujón suave en el brazo. —Es ahora o nunca.

Nanoha respiró hondo, intentando calmar los latidos acelerados de su corazón. "Es solo una interna," se recordó. Pero la sonrisa traviesa de Hayate y la presencia de Fate hacían que eso fuera mucho más difícil de creer.


Nanoha mantenía la mirada fija en su taza de café, como si pudiera esconderse en el líquido oscuro. Su corazón latía con fuerza, y un leve rubor cubría sus mejillas.

—No puedo… —susurró finalmente, mirando a Hayate con una mezcla de pánico y vergüenza. —No estoy lista.

Hayate arqueó una ceja, claramente incrédula. —¿Disculpa? ¿Qué dijiste?

Nanoha dejó escapar un suspiro frustrado. —No puedo hablar con ella ahora. Su hermana está ahí. Será raro.

Hayate rodó los ojos, apoyando la barbilla en una mano mientras sonreía con picardía. —¿Raro? ¿Y dejar pasar esta oportunidad no es peor? Vamos, Nanoha. Estás actuando como si fueras una adolescente.

—Es que… —Nanoha buscó excusas, pero nada le venía a la mente.

—Exacto, "es que nada". —Hayate sacudió la cabeza antes de enderezarse y, sin previo aviso, alzó la voz—. ¡Fate-chan! ¡Hola!

Nanoha casi dejó caer su taza al escuchar eso. Sus ojos se abrieron como platos, y giró rápidamente hacia Hayate con una expresión de puro horror. —¡Hayate! ¿Qué estás haciendo?

Hayate la miró con una sonrisa descarada. —Salvándote de tu cobardía, querida.

Mientras tanto, en la fila de la caja, Fate levantó la cabeza al escuchar su nombre, y su mirada se cruzó con la de Nanoha. Sus mejillas se sonrojaron de inmediato, y se giró hacia Alicia, claramente buscando apoyo.

Alicia, por supuesto, no perdió la oportunidad de burlarse. —¿Oh? ¿Qué fue eso, hermanita? —preguntó con una sonrisa traviesa mientras daba pequeños empujones en el hombro de Fate. —¿Nanoha-san está aquí?

Fate murmuró algo inaudible para Nanoha y Hayate, pero Alicia rio y comenzó a arrastrarla hacia la mesa con decisión.

—Oh no… —murmuró Nanoha, escondiendo el rostro entre las manos.

—Relájate, Takamachi. Todo saldrá bien —susurró Hayate, claramente disfrutando del espectáculo.

Cuando llegaron a la mesa, fue Alicia quien rompió el hielo, sonriendo con una confianza natural que parecía casi contagiosa.

—¡Nanoha-san! —saludó Alicia con entusiasmo, inclinándose ligeramente. —Qué coincidencia verte aquí. ¿Vienes a probar el café o ya lo has probado todo? —bromeó, claramente disfrutando del momento.

Nanoha respiró hondo, intentando recuperar la compostura. —A-Alicia-san. Qué gusto verte. —Miró de reojo a Fate, que estaba de pie junto a su hermana, con la cabeza ligeramente baja y las manos jugueteando con el borde de su chaqueta. —Yo… solo estaba tomando un café con una amiga. —Se giró hacia Hayate. —Esta es Hayate, mi mejor amiga.

Fate levantó la mirada al escuchar el nombre y, de inmediato, la reconoció. —¿P-profesora Yagami? —preguntó con un tono nervioso.

Hayate rio suavemente, agitando una mano en un gesto despreocupado. —Oh, no hace falta que seas tan formal fuera de la universidad. Llámame Hayate.

—P-pero… —Fate vaciló, claramente incómoda con la idea.

Hayate sonrió con malicia, inclinándose ligeramente hacia ella. —Anda, inténtalo. Dilo conmigo: Hayate.

Fate abrió la boca para intentarlo, pero su voz no salió, y el rubor en sus mejillas se intensificó.

—Hayate, deja de molestarla. —Nanoha intervino con un manotazo suave en el brazo de su amiga, como una reprimenda.

—¡Ay! —exclamó Hayate, llevándose la mano al brazo y fingiendo dolor. —¡Qué violencia, Takamachi! ¿Así tratas a tus amigas? —Hizo un puchero dramático, provocando la risa de Alicia.

—Bueno, ¿nos sentamos? —preguntó Alicia con una sonrisa, tomando asiento antes de que nadie pudiera responder. Con una estrategia evidente, colocó a Fate justo al lado de Nanoha, dejando a Hayate frente a ellas.

Nanoha miró a Alicia con un leve fruncir de ceño. —Esto… ¿no era necesario?

—Oh, claro que lo era. —Alicia sonrió ampliamente, mirando a Fate y luego a Nanoha con una expresión que decía "Lo entiendo todo".

Hayate observó la escena con ojos brillantes, como si estuviera disfrutando de un espectáculo privado. —Debo decirlo, son increíblemente idénticas. —Se giró hacia Nanoha con una sonrisa traviesa. —¿Sabes lo que dicen sobre las gemelas, no?

Nanoha se llevó una mano al rostro, anticipando lo peor. —Por favor, no sigas.

Pero Hayate, por supuesto, no iba a detenerse. —Dicen que si sales con una gemela, tienes que asegurarte de no confundirlas, o podrías terminar en un lío muy divertido… o muy embarazoso.

Fate y Nanoha se sonrojaron al unísono, mientras Alicia soltaba una carcajada y asentía con fingida seriedad. —Cierto, cierto. Aunque, en mi caso, sería un placer causar problemas.

—¡Hayate, basta! —exclamó Nanoha, golpeando suavemente la mesa con la palma de la mano.

Hayate levantó las manos en señal de rendición, aunque su sonrisa no se desvaneció. —Está bien, está bien. No más bromas… por ahora.

La conversación continuó, ligera y llena de risas, mientras Nanoha intentaba no prestar demasiada atención a la cercanía de Fate. Sin embargo, cada vez que sus miradas se cruzaban, Nanoha no podía evitar sentirse ligeramente nerviosa, mientras que Fate parecía estar luchando por mantener la calma.

Desde el otro lado de la mesa, Hayate y Alicia compartieron una mirada cómplice, como dos aliadas que habían decidido que el destino de Nanoha y Fate debía ser algo más que profesional.


Nanoha jugaba distraídamente con la cuchara en su taza de café, intentando reunir valor. Miró de reojo a Fate, quien permanecía en silencio, su rostro aún enrojecido después de los comentarios de Hayate y Alicia. Finalmente, Nanoha decidió romper el incómodo silencio.

—Fate-chan —llamó suavemente, su voz cargada de calidez—, ¿cómo estás? ¿Qué has hecho estos días? ¿Has dormido bien?

Fate levantó la mirada tímidamente, encontrándose con los ojos de Nanoha. —S-sí, estoy bien. He estado ocupada con las prácticas y… con la universidad. —Hizo una pausa antes de añadir, con un leve rubor—. Y… las flores… me encantaron. Muchas gracias.

Nanoha sonrió con ternura, su corazón acelerándose un poco al escuchar las palabras de Fate. —Me alegra mucho que te gustaran. —Hizo una pausa, bajando ligeramente la mirada antes de continuar—. Quiero disculparme por no estar a tiempo el miércoles. Fue descortés de mi parte.

Fate sacudió la cabeza rápidamente, su tono suave pero firme. —No fue descortés. Entiendo que estabas ocupada. De verdad, no pasa nada.

—No, sí pasa. Es importante —insistió Nanoha. Su mano se movió casi por impulso, tomando la de Fate que descansaba sobre la mesa. La calidez del contacto las sorprendió a ambas. Nanoha sintió un leve rubor subiendo por su cuello, mientras Fate se quedaba paralizada, mirando sus manos unidas.

Desde la mesa contigua, una carcajada mal disimulada rompió el momento. Hayate, con su habitual tono burlón, comentó lo suficientemente alto como para que ambas lo escucharan. —¡Eso, Romeo! ¡Directo al corazón!

Nanoha sintió una venita saltar en su frente y giró hacia Hayate con una expresión de indignación mezclada con vergüenza. —¡Hayate!

Alicia, apoyada en el respaldo de la silla, levantó una mano en señal de disculpa mientras contenía la risa. —Perdón, perdón. Pero fue inevitable.

El momento tenso se disolvió cuando Fate dejó escapar una pequeña risa, cubriéndose la boca con la mano. Nanoha, al verla, no pudo evitar sonreír también, dejando de lado su enojo. Soltó la mano de Fate con suavidad, aunque una sensación de vacío la invadió inmediatamente.

—¿Quieres un crepe o algo? —preguntó Nanoha con suavidad, intentando retomar la conversación.

Fate negó rápidamente con la cabeza, su tono amable. —No hace falta, de verdad. Estoy bien.

—No, insisto. Algo pequeño al menos. —Nanoha sonrió, inclinándose un poco hacia ella, como si buscara convencerla.

Fate bajó la mirada tímidamente, jugueteando con los dedos. —E-estás consintiéndome mucho, Nanoha-san… me estás malcriando.

Nanoha rio, apoyando un codo en la mesa mientras la miraba con ternura. —Déjame consentirte, Fate-chan. No me quites eso.

Desde la mesa contigua, Hayate volvió a intervenir con una sonrisa traviesa. —Sí, sí. Sigue así, Nanoha. Estoy tomando apuntes. Esto es oro puro.

Nanoha exhaló con frustración, pasando una mano por su rostro. —¡Hayate! ¿Por qué no dejas de comentar y disfrutas de tu café?

Fate rio suavemente, cubriendo su boca con una mano mientras Nanoha se levantaba. —Espera aquí, voy a ordenar algo para las dos —dijo Nanoha con un tono más suave, dedicándole una mirada cálida antes de dirigirse a la barra.

Fate la observó alejarse, sintiendo cómo una cálida sensación de protección la envolvía. No estaba acostumbrada a que alguien se preocupara tanto por ella, y mucho menos con la dulzura que Nanoha mostraba. Bajó la mirada, jugando con el borde de su taza, pero no pudo evitar una sonrisa. Se sentía segura, consentida… y feliz.

Desde la mesa contigua, Alicia la observaba con una sonrisa juguetona, pero no dijo nada, limitándose a intercambiar una mirada cómplice con Hayate. Ambas sabían que algo especial estaba naciendo entre Nanoha y Fate, aunque ninguna de las dos estaba lista para admitirlo… todavía.

En la mesa contigua, Hayate y Alicia observaban con evidente deleite la interacción entre Nanoha y Fate. La dinámica entre ambas era como un libro abierto para ellas, y no podían evitar intercambiar miradas cómplices mientras disfrutaban del espectáculo.

—¿Te has dado cuenta de lo obvia que es Nanoha-san? —susurró Alicia, apoyando el mentón en una mano mientras veía cómo Nanoha tomaba la mano de Fate.

—¡Obvia no, descarada! —respondió Hayate con una sonrisa traviesa—. Pero admito que es lindo ver a alguien tan racional como Nanoha derretirse de esa manera. Es como ver a un gato intentando entender un espejo.

Alicia rio entre dientes, inclinándose hacia Hayate. —Y Fate… ¡ay, mi hermanita! Está más roja que un tomate maduro. Es como si no supiera qué hacer con tanto cariño.

—Es adorable —afirmó Hayate, llevándose una mano al pecho con dramatismo fingido—. Creo que nunca había visto algo tan puro. Aunque… ¿crees que Nanoha se dé cuenta de lo que siente?

Alicia negó con la cabeza, divertida. —No lo sé. Pero por cómo la mira… creo que está a punto de hacerlo. ¿Y qué me dices de mi hermana? Ella parece… —Hizo una pausa, buscando las palabras correctas—. Completamente cautivada.

—Es como si estuvieran en su propio universo. —Hayate rio suavemente antes de añadir en tono burlón—. Pero no te preocupes, Alicia. Si Nanoha no se decide pronto, podemos organizar una intervención. Ya sabes, algo sutil, como dejarlas encerradas juntas en una habitación.

Ambas se rieron disimuladamente, esforzándose por no llamar la atención. Desde su lugar, Fate parecía completamente ajena a sus conspiraciones, demasiado concentrada en su conversación con Nanoha.


Nanoha estaba en la fila esperando su turno para ordenar, pero su mente estaba lejos de la cafetería. Sus pensamientos giraban en torno a Fate y lo que acababa de hacer. Tomarle la mano… ¿qué había sido eso? Se pasó una mano por el cabello, sintiendo un calor subir por su rostro.

"¿Qué estoy haciendo?" pensó, mordiéndose ligeramente el labio. "Me gusta. No hay otra forma de decirlo. Pero… ¿cómo pasó? ¿Cuándo pasó?" Su mirada se desvió hacia la mesa donde Fate estaba sentada, mirando tímidamente su taza mientras Alicia y Hayate hablaban entre risas.

Fate alzó la vista y sus ojos se encontraron por un breve instante. Nanoha sintió cómo su corazón daba un vuelco al ver la sonrisa sonrojada de Fate. Era pequeña, tímida, pero tenía algo que le hacía sentir un calor reconfortante. Esa sonrisa era suficiente para que Nanoha admitiera lo que había estado evitando.

"Sí… me gusta," pensó Nanoha, con una mezcla de certeza y nerviosismo. Estaba tan absorta en sus pensamientos que no se dio cuenta de que era su turno en la caja.

—Señorita… —dijo la cajera, inclinándose ligeramente hacia adelante para llamar su atención—. ¿Señorita? ¿Va a ordenar?

Nanoha parpadeó, sacudiendo la cabeza y regresando al presente. —¡Ah, sí! Lo siento. —Se acercó rápidamente al mostrador, revisando el menú en el tablero mientras intentaba enfocarse.

—¿Qué desea? —preguntó la cajera con una sonrisa profesional.

—Ehm… dos crepes de fresa con crema, un café con leche mediano y un té helado de durazno. —Nanoha sacó su tarjeta y pagó, aceptando el ticket con un leve agradecimiento.

Con el ticket en la mano, se dirigió hacia el área de entrega. Mientras esperaba, su mirada volvió a desviarse hacia la mesa. Alicia y Hayate estaban claramente molestando a Fate, quien tenía el rostro completamente rojo y miraba fijamente su taza. Hayate reía con una mano en la boca mientras Alicia le daba palmaditas en el hombro a Fate, disfrutando visiblemente de la situación.

Nanoha bufó ligeramente, cruzándose de brazos. "¿Qué están diciendo?" pensó, sintiendo una mezcla de curiosidad y frustración. No podía escuchar lo que hablaban, pero claramente Fate era el centro de la atención… y de las bromas.

—Su orden está lista, señorita. —Un camarero colocó una bandeja frente a ella, sacándola de sus pensamientos.

—Gracias. —Nanoha tomó la bandeja y miró hacia la mesa, decidida a rescatar a Fate de las burlas de las dos cómplices. Caminó con pasos firmes hacia la mesa, lista para interrumpir la conversación y devolver la tranquilidad a su princesa de porcelana.

Nanoha llegó a la mesa con la bandeja en mano, colocando cuidadosamente el pedido frente a Fate mientras lanzaba una mirada severa hacia Hayate y Alicia. Ambas conspiradoras respondieron con un sonoro y burlón:

—¡Uuuuuuuuuuuuu! —marcando su retirada hacia la mesa contigua.

—Las dejamos solitas, no se preocupen —añadió Alicia con una sonrisa traviesa mientras seguía a Hayate.

Nanoha suspiró, colocando las manos en las caderas y meneando la cabeza antes de sentarse frente a Fate. Cambió rápidamente su expresión a una más suave, mirándola con dulzura.

—¿Estás bien? —preguntó Nanoha con suavidad—. ¿Te estaban molestando?

Fate negó tímidamente, moviendo la cabeza de un lado a otro. —No, no… no me estaban molestando, Nanoha-san. Sólo estaban… hablando.

Nanoha alzó una ceja, claramente no convencida. —¿Estás segura? —insistió, inclinándose un poco hacia ella.

Fate asintió nuevamente, con un leve sonrojo en sus mejillas. —Sí, estoy bien. No se preocupe.

Nanoha suspiró con una sonrisa. —Bueno, si tú lo dices… —dijo, tomando el crepe y el té helado de la bandeja para entregárselos—. Aquí tienes, Fate-chan. Espero que te guste.

Fate tomó el crepe con ambas manos, agradecida. —Gracias, Nanoha-san.

Nanoha observó cómo Fate miraba el crepe con curiosidad, como si fuera una obra de arte. Decidió flirtear un poco, hablando sin pensar demasiado:

—Sabes, el color de las fresas combina muy bien con tus ojos. Ese rojo profundo es tan hermoso como el tuyo.

Ambas se quedaron en silencio por un momento, procesando lo que Nanoha acababa de decir. Nanoha fue la primera en darse cuenta, y su rostro se tornó de un rojo intenso. Fate, por su parte, también se sonrojó profundamente, bajando la mirada hacia el crepe.

—¡E-eso sonó raro! —dijo Nanoha rápidamente, llevándose una mano al rostro.

Fate, todavía ruborizada, negó con timidez. —No… no sonó raro. Gracias… —murmuró con una pequeña sonrisa.

Decidieron concentrarse en el crepe, y tras el primer bocado, los ojos de Fate se iluminaron.

—¡Está delicioso! —exclamó con una sonrisa angelical que hizo que el corazón de Nanoha latiera con fuerza.

"Estoy perdida," pensó Nanoha mientras tomaba un sorbo de su café para tratar de calmarse. Sin embargo, al probarlo, su expresión cambió.

—¿Por qué pedí café con leche…? —murmuró en tono casi melancólico, como si hubiera cometido un grave error.

Fate, divertida, dejó escapar una risita. —¿Está malo?

Nanoha negó, haciendo una ligera mueca. —No es que esté malo… pero yo misma arruiné el café. Siempre lo tomo negro. Esto no sabe a mí.

Fate rio más fuerte esta vez, con esa risa suave y contagiosa que siempre lograba derretir a Nanoha. —Tal vez estás distraída, Nanoha-san.

Nanoha la miró con una pequeña sonrisa antes de responder con picardía: —¿Y por qué crees que sea, linda?

El rubor volvió al rostro de Fate, pero no pudo evitar reír ante la coquetería de Nanoha.

Nanoha se reclinó un poco en su asiento, jugueteando con su taza mientras pensaba en cómo abordar lo que realmente quería. Fate la miraba con curiosidad, inclinando ligeramente la cabeza.

Finalmente, Nanoha decidió dejar de dar rodeos. —Fate-chan… ¿podrías darme tu número? Ya sabes, por si necesitamos coordinarnos sobre algo del trabajo… o algo así.

Fate parpadeó, sorprendida por la pregunta, pero luego sonrió ampliamente. —¡Claro! Yo también quería pedirle su número, Nanoha-san.

Ambas se miraron y compartieron una sonrisa tímida, como dos adolescentes enamoradas. Fue un momento tan dulce que desde la mesa contigua, Hayate no pudo contenerse.

—¡Ya bésense de una vez! —exclamó, rompiendo el ambiente.

Nanoha saltó ligeramente en su asiento, su rostro encendiéndose de furia y vergüenza al mismo tiempo. Giró hacia Hayate con una vena visible en la frente.

—¡Hayate! ¡Cállate! —gritó, llamando la atención de varias personas en las mesas cercanas, quienes voltearon a mirarlas con curiosidad.

Hayate y Alicia estallaron en carcajadas, chocando las manos como si hubieran logrado una gran victoria. Nanoha se dejó caer en su asiento, cubriéndose el rostro con una mano mientras Fate, a pesar de su propio rubor, reía suavemente.

—Nanoha-san… —llamó Fate con dulzura.

Nanoha bajó la mano y se encontró con el celular de Fate extendido hacia ella, mostrando su número en la pantalla. Nanoha lo tomó con cuidado, sonriendo como una completa tonta enamorada mientras lo guardaba en su propio teléfono.

"Estoy perdida," pensó nuevamente, esta vez con una mezcla de resignación y felicidad.