Capítulo 10: Confesiones del alma
El tren avanzaba suavemente por las vías, su traqueteo rítmico llenando el silencio entre Fate y Alicia. Fate estaba sentada junto a la ventana, con la barbilla apoyada en la palma de su mano, mirando las luces de la ciudad que se deslizaban como una corriente de estrellas. Su rostro estaba ligeramente encendido, y hacía pequeñas muecas que iban desde una sonrisa tímida hasta un leve fruncir de ceño.
Alicia, sentada a su lado, cruzó los brazos y la miró con una mezcla de incredulidad y diversión. —¿Se puede saber qué te pasa? Estás haciendo unas caras que me dan vergüenza ajena. Compórtate, hermanita.
Fate parpadeó y volvió a la realidad, dándose cuenta de que había estado moviendo los labios como si estuviera ensayando algo. Bajó la mirada rápidamente, sonrojada. —N-no estaba haciendo nada raro…
—Oh, claro que no. —Alicia arqueó una ceja, inclinándose ligeramente hacia ella. —Te comportas como una protagonista de novela romántica. Déjame adivinar… ¿estabas pensando en Nanoha-san?
—¡N-no! —protestó Fate, su tono demasiado alto para ser creíble. —Solo estaba… pensando en algo. Eso es todo.
Alicia soltó una carcajada, disfrutando del rubor en las mejillas de su hermana. —Claro, claro. Entonces explícame por qué tienes esa sonrisa de tonta enamorada. Por cierto, ¿ya le escribiste un mensaje o te vas a quedar mirándolo toda la noche?
Fate miró su bolso donde guardaba su teléfono, apretando las manos con nerviosismo. —No quiero parecer molesta… además, recién nos despedimos. No tiene sentido escribirle ahora.
Alicia la miró con una expresión de pura diversión. —¿Molestia? Hermana, ella fue quien prácticamente te pidió que la dejes conocerte más a fondo. Créeme, si le escribes, va a ser el mejor momento de su día.
Fate desvió la mirada hacia la ventana, intentando ignorar los comentarios de Alicia, pero el leve temblor en su sonrisa la delataba.
—¿Sabes qué habría sido mejor? —continuó Alicia con picardía. —Si hubiéramos aceptado cuando Nanoha nos ofreció llevarnos a casa. Te lo dije, hermana, deberías haber dicho que sí.
Fate giró rápidamente hacia Alicia, con las mejillas encendidas. —¡Claro que no! No podemos abusar de su confianza. Sería… inapropiado.
Alicia apoyó el codo en el respaldo del asiento, mirándola con una sonrisa traviesa. —¿Inapropiado? O sea que tú querías venir en tren, pero no porque no quisieras molestarla, ¿verdad? Más bien… porque preferías no perder la compostura si ella estaba cerca.
—¡Eso no es cierto! —exclamó Fate, su voz subiendo una octava mientras su rostro se teñía de un rojo intenso. —¡No digas cosas raras!
Alicia rio con fuerza, cruzándose de piernas mientras asentía con teatralidad. —Oh, sí, claro. Ahora lo entiendo: no querías viajar con Nanoha, sino que querías viajarconNanoha. Grande, Fate, ya veo cómo estás jugando.
Fate no tuvo tiempo de replicar antes de que un recuerdo del encuentro reciente llenara su mente. Mientras miraba las luces de la ciudad, no pudo evitar que su mente la transportara a lo que había sucedido más temprano esa tarde
Flashback
Nanoha y Fate caminaban ligeramente delante de Hayate y Alicia, quienes reían entre ellas, claramente disfrutando de las interacciones de las otras dos. Nanoha no prestó atención a las risas cómplices detrás de ella; en ese momento, todo su enfoque estaba en Fate.
—¿Quieres ir a algún lado? —preguntó Nanoha suavemente, inclinándose un poco hacia Fate, como si el mundo se hubiera reducido a ellas dos.
Fate bajó la mirada al suelo, sintiendo el calor subiendo por su rostro. —Eh… tenemos que irnos pronto. Mamá nos necesita para revisar unos documentos importantes de un trámite legal.
Nanoha asintió, comprensiva. —Claro, entiendo. —Mientras hablaba, un mechón del cabello de Fate cayó sobre su rostro, y Nanoha, sin pensarlo demasiado, lo llevó suavemente detrás de su siquiera pensó en lo que hacía; solo sintió una inexplicable necesidad de acercarse a ella, de cuidar de ella. —Pero… —comenzó a decir, deteniéndose al notar la expresión de Fate.
Fate se quedó inmóvil, sus ojos abriéndose ligeramente mientras un rubor intenso cubría sus mejillas. Nanoha espabiló rápidamente, retirando la mano como si se hubiera quemado. —¡Ah! Lo siento. No debí hacer eso. Fue… un impulso.
Fate negó rápidamente con la cabeza, su voz temblando ligeramente. —N-no pasa nada… de verdad.
Se miraron en silencio durante lo que parecieron minutos. Nanoha, finalmente, decidió romper el momento con una confesión que había estado rondando en su mente desde el inicio de la tarde. —Quiero conocerte más a fondo, Fate-chan. Saber qué te gusta, qué no, qué música escuchas, tus hobbies… todo.
Fate levantó la mirada, sorprendida por la sinceridad en la voz de Nanoha. —¿Por qué… por qué quiere saber todo eso? —preguntó tímidamente, sintiendo su corazón latir con fuerza.
Nanoha la miró directamente, con una calidez que casi podía derretir el frío de la tarde. —Porque algo dentro de mí me dice que necesito conocerte mejor. No sé cómo explicarlo… pero siento que hay algo especial en ti que quiero descubrir.
Fate no supo qué decir. Su corazón estaba en caos, pero no podía evitar la sonrisa que se formó en sus labios. —Está bien… Nanoha-san. Si es lo que quiere, me gustaría compartir eso con usted.
Nanoha soltó un suspiro aliviado y le devolvió una sonrisa amplia, como si se hubiera quitado un peso de encima. —Gracias, Fate-chan.
Ambas continuaron caminando hacia la esquina donde debían separarse. Nanoha miró a Fate de reojo y, sin poder evitarlo, ofreció: —Déjame llevarte a casa. No me cuesta nada y así me aseguro de que llegues bien.
Fate agitó las manos rápidamente, su rostro encendiéndose de nuevo. —¡No, no! No queremos molestarla… además, estoy con Alicia.
Nanoha parpadeó, como si hasta ese momento recordara la presencia de las otras dos. Giró la cabeza rápidamente y vio a Hayate y Alicia caminando detrás, riéndose como si supieran exactamente lo que estaba pasando. —¡Ah! Lo siento. Me olvidé por completo de ustedes.
Hayate se llevó una mano al pecho, fingiendo sentirse ofendida. —¡Qué cruel, Takamachi! ¿Olvidarnos a nosotras, tus leales compañeras de aventuras?
Alicia simplemente rio y le dio un leve empujón a Fate. —Bueno, hermanita, parece que Nanoha-san está demasiado ocupada contigo.
Fate bajó la mirada, tratando de esconder su rostro enrojecido, mientras Nanoha soltaba una risa nerviosa. Ambas se despidieron torpemente, con Fate y Alicia caminando hacia la estación más cercana.
Cuando las Testarossa se alejaron, Hayate se inclinó hacia Nanoha con una sonrisa traviesa. —¿Sabes algo, Nanoha? Fate-chan te tiene completamente agarrada.
Nanoha suspiró, resignada. —No sabes cuánto.
Fate y Alicia finalmente llegaron a su edificio, las puertas automáticas deslizándose para dejarlas pasar al lobby iluminado. Alicia no había dejado de molestarla desde que se bajaron del tren, y Fate no podía evitar sentirse cada vez más acorralada.
—De verdad, Fate, me tienes que explicar cómo conseguiste que Nanoha-san no solo te lleve flores, sino que te mire como si fueras la última taza de café en el mundo. —Alicia rio mientras subían al ascensor.
Fate bufó, cruzando los brazos con firmeza. —¡No es así! Ella solo está siendo amable. Es una persona considerada.
Alicia levantó las manos, claramente disfrutando de la situación. —Sí, claro. "Amable". Lo que digas, hermanita. Pero ya sabes lo que pienso: si no haces algo al respecto, podrías perder tu oportunidad.
Fate no respondió, pero la leve sonrisa en su rostro delataba que las palabras de Alicia no habían caído en saco roto. Mientras las puertas del ascensor se cerraban, el único pensamiento en su mente era:¿Cómo puede alguien ser tan increíble como Nanoha?
El sonido de la llave girando en la cerradura resonó en el pequeño departamento mientras Alicia y Fate entraban juntas, aún ligeramente animadas por las bromas del viaje. Sin embargo, su buen humor se desvaneció al instante al percibir el ambiente tenso que llenaba la sala.
En la mesa del comedor, Precia Testarossa estaba sentada con los codos apoyados sobre la superficie y una mano sosteniendo un cigarrillo. Frente a ella, una pila de papeles desordenados parecía demandar toda su atención. Su expresión era una mezcla de preocupación y cansancio, con un aire de frustración que llenaba la habitación.
—Mamá… —comenzó Alicia con cautela al notar el cigarrillo, un hábito que su madre solo retomaba en momentos de gran estrés.
Precia levantó la mirada al escucharla, apagando rápidamente el cigarrillo en un cenicero. —Lo siento, no quería que me vieran así. —Su voz era baja, cargada de un peso emocional que no intentó ocultar mientras apartaba los papeles.
Alicia frunció el ceño, cruzándose de brazos. —Sabes perfectamente que solo fumas cuando algo realmente malo está pasando. ¿Qué ocurre?
—No es nada grave. —Precia intentó sonreír, pero el gesto se sintió forzado. —Solo un pequeño inconveniente, pero lo tengo bajo control.
—No me mientas, mamá. —Alicia dio un paso adelante, señalando la pila de documentos. —¿Qué son esos papeles? ¿Por qué estás tan tensa?
Precia suspiró profundamente, mirando a sus hijas antes de tomar los documentos. —Son del hospital. Llegaron hoy. —Dudó un momento, pero finalmente continuó—. Es la factura del trasplante de Fate, la operación y el postoperatorio.
Alicia tomó los papeles de sus manos y comenzó a leerlos rápidamente, mientras Fate se acercaba con cautela. Con cada línea, el rostro de Alicia se endurecía.
—Dieciocho millones quinientos mil yenes. —La voz de Alicia salió entre dientes, apenas un susurro lleno de incredulidad. —¿Esto es en serio? —Se giró hacia su madre con una mezcla de furia y desconcierto. —¿Cómo esperan que paguemos esto?
Precia frotó sus sienes, intentando calmarse. —El seguro médico cubre el 60%. Ya lo aplicaron, pero aun así… nos queda el 40%. —Hizo una pausa antes de añadir con un tono más bajo—. Son siete millones cuatrocientos mil yenes.
Alicia soltó un suspiro exasperado, dejando los papeles sobre la mesa. —Es muchísimo dinero, mamá. Aun con tu sueldo y el mio… —Se detuvo al ver la expresión abatida de Precia.
—Ya intenté buscar ayuda. —Precia bajó la mirada hacia la mesa, su voz temblando ligeramente. —Hablé con su padre esta tarde. Le pedí que cubriera parte del costo, pero… —Hizo una pausa, como si las palabras la quemaran al salir—. Se negó.
Alicia sintió una oleada de rabia recorrerla. —¿Qué? ¿Cómo puede negarse? —Su voz comenzó a elevarse—. ¡Es su hija! ¡Fate casi muere y él ni siquiera puede ayudarnos!
—Dice que Fate y tú ya son mayores de edad —explicó Precia, su tono amargo. —Según él, la ley ya no lo obliga a mantenerlas, y no está dispuesto a asumir más gastos. —La frustración en su voz era evidente, y la fuerza con la que apretaba las manos reflejaba su impotencia.
—¡Ese desgraciado! —exclamó Alicia, golpeando la mesa con ambas manos. —Siempre ha sido un egoísta, pero esto… ¡esto es inhumano! —Miró a su madre con furia contenida. —Nos dejó como si no le importáramos. Se fue a hacer su vida con otra familia, y ahora ni siquiera puede preocuparse por nosotras.
Fate retrocedió un paso, sus ojos comenzando a llenarse de lágrimas. —L-lo siento… no quería causar tantos problemas. Esto es mi culpa.
Precia reaccionó de inmediato, levantándose de la silla y acercándose a su hija. —Fate, no digas eso. Esto no es culpa tuya. Nunca lo ha sido.
Alicia, aunque aún furiosa, se acercó también y tomó a Fate por los hombros. —Escúchame, hermana. Esto no es tu responsabilidad. Si alguien tiene la culpa aquí, es nuestro padre, no tú. Tú solo luchaste por tu vida, y eso es lo único que importa.
—Pero… si no fuera por mí… —murmuró Fate, su voz quebrándose mientras las lágrimas comenzaban a caer.
Precia la abrazó con fuerza, su voz firme y llena de amor. —Fate, nosotras hacemos esto porque te amamos. Lo único que importa es que estés aquí con nosotras. Todo lo demás… lo resolveremos juntas.
Alicia suspiró, su tono suavizándose al ver a su hermana llorar. —Vamos a encontrar la manera, Fate. Tú no tienes la culpa de nada. Si alguien tiene que cargar con esta deuda, será mamá y yo.
Fate negó con la cabeza, intentando controlar sus sollozos. —No. Yo también quiero ayudar. —Respiró hondo antes de añadir con más determinación—. Usaré todo el dinero de mis prácticas para pagar lo que pueda.
Alicia frunció el ceño, pero antes de que pudiera decir algo, Precia la interrumpió. —No, Fate. Tu dinero es tuyo. Ya has pasado por demasiado. No permitiremos que sacrifiques todo por esta deuda.
Fate, sin embargo, no cedió. —No es un sacrificio. Es lo menos que puedo hacer después de todo lo que han hecho por mí.
El silencio llenó la sala mientras las tres se mantenían abrazadas, buscando consuelo en la cercanía de su familia. La tensión y las preocupaciones no desaparecieron, pero en ese momento, en los brazos de su madre y su hermana, Fate encontró un atisbo de paz. Y aunque el futuro parecía incierto, las tres sabían que enfrentarían los desafíos juntas.
Fate cerró la puerta de su habitación sin encender la luz, queriendo perderse en la penumbra por un momento. Se dejó caer de espaldas en la cama y hundió el rostro en la almohada, como si esta pudiera absorber todo el peso de sus emociones. Los sollozos que había estado conteniendo finalmente encontraron salida, y su cuerpo tembló mientras intentaba liberar la tensión acumulada.
El zumbido suave de su celular vibrando la sacó de su aislamiento. Fate lo tomó con mano temblorosa y lo desbloqueó. Un mensaje de Nanoha apareció en la pantalla, y, a pesar de la penumbra, el brillo del celular iluminó una pequeña sonrisa en su rostro.
Nanoha: "¡Hola, Fate-chan! Espero no interrumpir nada… Sé que nos vimos hace poco, pero sentí la necesidad de enviarte un mensaje. ¿Todo bien? Si te molesto, dímelo, ¿sí?"
Fate rio entre lágrimas, un gesto tan tierno como doloroso. Sin pensarlo, llevó el celular a sus labios y le dio un beso suave a la pantalla, como si Nanoha pudiera sentirlo. Murmuró en voz baja
—Gracias, Nanoha-san…
Nanoha estaba sentada en su cama, con su gata enrollada junto a ella. Vestía un pijama sencillo y sostenía su celular con ambas manos, sus piernas cruzadas sobre el colchón. Miraba fijamente la pantalla, esperando una respuesta de Fate, mientras acariciaba distraídamente a su gata.
—¿Crees que hice bien en mandarle ese mensaje? —preguntó Nanoha, mirando a la gata como si esperara una respuesta razonada.
La gata, en respuesta, levantó la cabeza, soltó un suave maullido y volvió a acomodarse. Nanoha rio suavemente, apoyando el celular sobre su regazo.
—Claro, claro. Tú solo piensas en tu comida y en dormir, ¿verdad? —murmuró, pero no pudo evitar sentir que el silencio de la habitación la hacía más consciente de su nerviosismo. —¿Y si piensa que soy una pesada por escribirle tan pronto? ¿O peor… que no sé respetar su espacio?
El celular vibró, sacándola de su pequeña espiral de dudas. El nombre de Fate apareció en la pantalla, y el corazón de Nanoha comenzó a latir con fuerza. Tragó saliva y contestó, su voz un poco insegura.
—¿Fate-chan?
—Hola, Nanoha-san… —respondió Fate, su voz baja y cargada de emoción.
Nanoha notó de inmediato el tono quebrado en las palabras de Fate y se puso alerta. —¿Estás llorando? ¿Te pasó algo? —preguntó con preocupación.
—No… bueno, sí, pero no es nada grave. —Fate intentó calmarla, aunque su tono la delataba. —Solo… necesitaba escuchar tu voz.
Nanoha sintió cómo su pecho se apretaba. Su instinto de protección se activó de inmediato. —Oh, linda… está bien. Estoy aquí. —Su voz se volvió más suave, casi un susurro. —Cuéntame qué pasó. ¿Es algo del trabajo? ¿De la universidad?
Fate negó, aunque Nanoha no podía verla. —Es… un tema familiar. Recibimos un documento importante y ha puesto a mi mamá y a mi hermana… muy tensas. Y yo… siento que es mi culpa.
—¿Cómo podría ser tu culpa? —preguntó Nanoha con sinceridad, frunciendo el ceño. —Fate, no puedes cargar con todo.
Fate guardó silencio por un momento antes de murmurar: —Es complicado… Solo siento que todo sería más fácil si no estuviera aquí para ser una carga.
Nanoha se enderezó de golpe, su tono firme pero lleno de calidez. —¡Fate-chan, no digas eso! Tú no eres una carga. Nadie lo es. Seguro que tu mamá y Alicia piensan igual.
—No estoy tan segura… —respondió Fate, con un sollozo ahogado.
Nanoha cerró los ojos, respirando hondo mientras tomaba una decisión. —Espera, Fate-chan. Quédate conmigo en la llamada, ¿de acuerdo?
—¿Qué? ¿Por qué? —preguntó Fate, confundida por el tono repentino en la voz de Nanoha.
—Solo quédate conmigo, linda. Necesito asegurarme de que estés bien. —La calidez en la voz de Nanoha era innegable.
Nanoha se levantó de la cama, tomando sus audífonos y colocándoselos mientras sujetaba el celular. Salió de su habitación, recogiendo las llaves de su auto.
La conversación continuó mientras Nanoha bajaba al estacionamiento y se subía al auto. Fate notó el sonido de la puerta cerrándose y el encendido del motor.
—¿Vas a algún lado? —preguntó Fate, nerviosa al escuchar los ruidos.
—No te preocupes por mí, corazón. Sigamos hablando. Cuéntame, ¿cómo estás en las prácticas? —Nanoha desvió la pregunta con un tono suave, intentando calmarla.
Mientras hablaban, Nanoha conducía por las calles iluminadas de la ciudad, siguiendo la dirección que había buscado en su celular para llegar al edificio de Fate. Fate seguía sin sospechar nada, su atención dividida entre la conversación y sus propios pensamientos.
Finalmente, Nanoha aparcó el auto frente al edificio y salió, sujetando su celular mientras caminaba hacia la entrada.
—Fate-chan… —dijo con un tono más firme. —Estoy en la puerta de tu edificio. ¿En qué piso vives?
El silencio en la línea fue breve pero intenso antes de que Fate reaccionara. —¿¡Qué!? ¿Cómo que estás aquí?
—Solo dime el piso. —Nanoha intentó sonar tranquila, aunque su determinación era evidente.
—N-no deberías haber venido… —balbuceó Fate, claramente nerviosa.
—Por favor, Fate. Solo quiero asegurarme de que estás bien. —La calidez en la voz de Nanoha era innegable.
Desesperada, Fate cedió. —O-octavo piso… —murmuró, su voz apenas audible.
Nanoha entró al edificio y caminó decididamente hacia el ascensor. El portero la miró con sorpresa al ver a una joven pelirroja en pijama y pantuflas.
—¿Todo bien, señorita? —preguntó el portero con curiosidad.
—Sí, solo una emergencia de amistad. —Nanoha sonrió antes de entrar al ascensor y presionar el botón del octavo piso.
Mientras tanto, en el apartamento de Fate, el timbre resonó a las 9:00 p.m. Fate, con el celular aún en la mano, sintió su corazón detenerse por un momento. Sabía perfectamente quién estaba al otro lado de la puerta.
El timbre resonó por segunda vez, haciendo eco en el pequeño apartamento. Fate salió apresuradamente de su cuarto, apenas procesando lo que estaba sucediendo, pero con el corazón en un torbellino. Al llegar a la sala, se detuvo en seco al ver la escena frente a ella.
Precia estaba de pie en la puerta, su figura imponente bloqueando la entrada. En el umbral estaba Nanoha, en pijama y pantuflas, con un abrigo apenas lanzado sobre los hombros, su expresión oscilando entre seria y nerviosa, aunque la situación rozaba lo cómico. Precia cruzó los brazos, mirándola con ojos entrecerrados.
—¿Quién eres tú y qué haces en la puerta de mi hogar a estas horas… y vestida así? —preguntó Precia, su tono firme, casi intimidante.
Nanoha, consciente de que estaba frente a la madre de la chica que le gustaba, intentó mantener la compostura, aunque sus mejillas estaban completamente rojas. Sin rodeos, dijo con voz clara:
—He venido a ver a Fate.
Precia arqueó una ceja, claramente no satisfecha con la respuesta. —¿Disculpa? —Su tono se volvió más severo—. ¿Qué quieres tú con mi hija?
Nanoha parpadeó, dándose cuenta de lo que acababa de decir y de que no había forma de salir bien parada de esta situación. Titubeó, buscando alguna excusa que sonara remotamente plausible.
—Eh… es que… quería asegurarme de que estuviera bien. Nada más. —Sonrió nerviosa, como si eso fuera suficiente explicación.
Precia no parecía convencida, abriendo la boca para responder con algo probablemente contundente, cuando Fate, con el rostro encendido por la vergüenza, decidió intervenir para salvar la situación.
—¡Mamá, espera! —exclamó, poniéndose al lado de Precia y enfrentándola con una mezcla de nerviosismo y determinación. —Nanoha-san es mi superior en el trabajo… y una conocida. Es mi culpa que esté aquí.
Precia dirigió su mirada afilada hacia Fate. —¿Tu culpa? ¿Por qué está aquí a esta hora y vestida así?
Fate bajó la mirada, jugando con el borde de su camisa. —Yo la llamé. No tenía ninguna obligación de venir, pero… aun así vino para asegurarse de que estaba bien.
Precia observó a su hija por un largo momento, y luego a Nanoha. Finalmente, dejó escapar un suspiro, relajando ligeramente su postura. Aunque no estaba del todo de acuerdo con la situación, entendía la preocupación de Nanoha. Pero su tono seguía firme.
—Está bien. Lo dejaremos pasar. No quiero que los vecinos piensen cosas raras. Entra, pero que no vuelva a pasar, ¿entendido? —dijo, haciéndose a un lado para dejar paso.
—Gracias, señora Testarossa. —Nanoha inclinó la cabeza con respeto, entrando al apartamento mientras Fate murmuraba un tímido "Gracias, mamá".
Fate tomó a Nanoha suavemente del brazo, llevándola hacia su cuarto mientras Precia regresaba a la mesa, aunque aún lanzaba miradas curiosas hacia la puerta cerrada del cuarto de Fate.
El cuarto de Fate era acogedor, pero en ese momento, estaba claramente desordenado. Había ropa apilada en una silla, libros esparcidos sobre el escritorio y algunos papeles en el suelo. Fate miró alrededor, horrorizada, y comenzó a recoger cosas apresuradamente.
—¡Lo siento, Nanoha-san! No esperaba visitas… déjame arreglar esto. —Fate recogía frenéticamente, aunque el desorden apenas parecía reducirse.
Nanoha, incapaz de contenerse, dejó escapar una suave risa. —No te preocupes, Fate-chan. De verdad, no es un problema.
Fate se detuvo, abrazando un cojín contra su pecho, y miró a Nanoha con un puchero adorable. —¿Por qué estás riéndote? Esto no es gracioso. Y además… ¿por qué viniste en pijama?
La pregunta dejó a Nanoha sin palabras por un momento. Se rascó la nuca, visiblemente avergonzada. —Estaba preocupada por ti… No lo pensé mucho. Solo quería asegurarme de que estabas bien.
Fate bajó la mirada, jugando con los bordes del cojín en sus manos. —Yo… no debí haberte hecho venir. Lo siento.
Nanoha se acercó a ella con pasos lentos, sus ojos llenos de calidez. Tomó una de las manos de Fate, entrelazando suavemente sus dedos. Fate levantó la mirada, encontrándose con los ojos sinceros de Nanoha.
—Fate-chan… —susurró Nanoha, jalándola suavemente hacia ella para envolverla en un abrazo. —Todo está bien. No tienes que disculparte por nada. Estoy aquí para ti.
Fate se quedó rígida por un instante, pero luego, como si las palabras de Nanoha rompieran la barrera que estaba conteniendo sus emociones, comenzó a sollozar suavemente. Se aferró a Nanoha, enterrando su rostro en el hombro de la mayor.
—Lo siento… —murmuró entre lágrimas. —No quiero ser una carga para nadie. Solo… lo siento tanto.
Nanoha acarició su cabello con movimientos calmantes, hablando con voz suave. —No eres una carga, Fate-chan. Nunca lo has sido. Tienes que dejar de pensar eso. —Hizo una pausa, abrazándola con más fuerza. —Estoy aquí porque quiero estar aquí. Y siempre estaré, ¿de acuerdo?
Fate no respondió con palabras, pero su agarre en Nanoha se hizo más fuerte. Las lágrimas continuaron, pero poco a poco, se transformaron en algo más liberador, como si finalmente pudiera soltar el peso que había estado cargando.
Nanoha, con el corazón latiendo rápidamente, supo en ese momento que no importaba cuán complicada fuera la situación. Haría todo lo posible por proteger a Fate. Siempre.
En el cuarto de Fate, el ambiente era cálido y tranquilo. Nanoha estaba echada detrás de Fate, abrazándola suavemente por la cintura. Con una mano acariciaba el cabello rubio de Fate, que estaba completamente relajada, dejándose consentir en el silencio de la habitación.
—¿Te sientes mejor? —preguntó Nanoha con un tono suave, casi un susurro, mientras continuaba acariciando el cabello de Fate.
—Un poco —respondió Fate, con los ojos cerrados. Su voz sonaba más tranquila, aunque aún tenía un leve temblor que Nanoha notó.
Nanoha la apretó un poco más contra ella, buscando transmitir seguridad. —¿Estás lista para contarme lo que te preocupa? —preguntó, aunque no insistió demasiado. Sabía que Fate necesitaría tiempo para abrirse.
Fate permaneció en silencio unos momentos antes de responder con calma. —Es… un tema muy familiar. No depende solo de mí y… tiene que ver con dinero.
Nanoha asintió despacio, mostrando que entendía sin presionarla. —No tienes que decirme más si no quieres. Cuando estés lista, aquí estaré para escucharte. —Le dio un suave beso en la coronilla, sintiendo cómo Fate se relajaba aún más en sus brazos.
—Gracias, Nanoha-san —murmuró Fate, con una pequeña sonrisa que Nanoha no pudo ver, pero que sintió en la forma en que el cuerpo de Fate se acurrucó más contra ella.
Nanoha, buscando aligerar el ambiente, deslizó una mano hacia el costado de Fate y comenzó a hacerle cosquillas. —Pero tienes que prometerme algo. No puedes estar triste toda la noche.
—¡Nanoha-san! —exclamó Fate entre risas, intentando apartar las manos de Nanoha, pero sin éxito. —¡Basta! ¡No puedo respirar!
—¡No puedo prometer nada si no ríes un poco más! —respondió Nanoha, riendo también mientras continuaba con las cosquillas.
Fate se rindió, riendo hasta que no pudo más. —¡Está bien, está bien! Me rindo.
Ambas se quedaron allí, riendo juntas como si el resto del mundo no existiera, inmersas en su pequeño refugio de felicidad.
Fuera del cuarto, Precia y Alicia estaban pegadas a la puerta, intentando escuchar lo que sucedía dentro. Los sonidos de risas llegaban amortiguados, lo que solo intensificaba la curiosidad de ambas.
—No me gusta esa mujer —dijo Precia en voz baja, cruzando los brazos con una expresión seria.
Alicia se rio suavemente, apartándose de la puerta y mirando a su madre. —Mamá, Nanoha-san es buena persona. Además, parece que Fate se siente cómoda con ella.
Precia frunció el ceño, claramente sin compartir esa opinión. —No me importa si es buena persona o no. Se ve mucho mayor que Fate. No me gusta. Punto.
—Son solo detalles, mamá —respondió Alicia con un encogimiento de hombros, intentando mantener la conversación ligera.
Precia levantó una ceja, claramente no impresionada por esa respuesta. —¿Cómo que "solo detalles"? —preguntó, con un tono que hizo que Alicia levantara las manos en señal de paz.
—Eh… quiero decir… —Alicia buscó rápidamente cambiar el tema, sonriendo nerviosa. —¡Vamos al living! Pongamos una película y relajémonos un poco, ¿sí?
Precia suspiró, dejando de lado su malestar por un momento. —¿Y tú cómo puedes estar tan tranquila con esa desconocida encerrada con tu hermana?
Alicia, con un tono más suave y comprensivo, puso una mano en el hombro de su madre. —Mamá, Fate está pasando por mucho. Déjala escapar un momento de la realidad, aunque sea por un rato. Parece feliz con Nanoha-san, y eso es lo que importa, ¿no crees?
Precia la miró, aún con descontento, pero finalmente asintió con resignación. —Supongo que tienes razón… por ahora. Pero no me termina de convencer.
Alicia sonrió, aliviada de que su madre no insistiera más. La tomó del brazo y la guió hacia el living, abriendo el refrigerador para sacar un par de latas de cerveza mientras Precia se sentaba en el sofá. Prendió la televisión y buscó algo para ver.
—¿Qué tal una película clásica? —sugirió Alicia mientras le pasaba una lata de cerveza a su madre.
—No sé… —murmuró Precia, todavía con la mente en el cuarto de Fate. Pero finalmente suspiró y aceptó la lata. —Está bien. Pero que sea algo que no me haga pensar demasiado.
Alicia sonrió, encendiendo la televisión y buscando una comedia ligera. —No te preocupes, mamá. Te prometo que nos reiremos.
Ambas mujeres se acomodaron en el sofá, compartiendo un momento tranquilo mientras el sonido de las risas de Fate y Nanoha seguía llegando débilmente desde el cuarto.
El reloj marcaba las 11 de la noche. La habitación de Fate estaba sumida en la penumbra, iluminada solo por la tenue luz de una lámpara que Nanoha había dejado encendida en un rincón. Fate dormía profundamente, con una expresión tranquila que Nanoha observó por un momento antes de levantarse de la cama con cuidado, asegurándose de no despertarla. Cerró la puerta con suavidad detrás de ella y caminó hacia la sala, donde Precia y Alicia estaban terminando de recoger después de la película.
Precia, al verla salir, levantó una ceja, cruzándose de brazos. —¿Y Fate? —preguntó con su tono habitual, frío pero no hostil.
Nanoha ofreció una pequeña sonrisa mientras se acercaba. —Está dormida. La dejé descansando. —Hizo una pausa antes de añadir con un tono más formal—. Disculpe, señora Testarossa, pero quería saber si puedo ayudarlas con… bueno, con lo que sea que esté pasando.
Precia frunció el ceño, claramente irritada. —Esto no tiene nada que ver contigo, Takamachi. No tienes ninguna responsabilidad con esta familia. No sé por qué siquiera te importa tanto.
Nanoha respiró hondo, manteniendo la calma mientras respondía. —Porque me importa Fate. Quiero que sea feliz, y no soporto verla ni sentirla triste. Si hay algo que pueda hacer para aliviar esa carga, quiero hacerlo.
Precia dio un paso hacia ella, sus ojos brillando con una mezcla de molestia y protección maternal. —Te lo advierto, Takamachi. No te metas con Fate. Es mi hija, y no necesito que alguien más venga a decirme cómo manejar las cosas.
Nanoha sostuvo su mirada, firme pero sin perder la serenidad. —Con todo respeto, señora Testarossa, no creo que se pueda restringir la felicidad de nadie, ni siquiera usted con sus hijas. Si puedo ayudar a Fate a encontrar un poco de alivio, lo haré, incluso si usted piensa que no es mi lugar.
El ambiente en la sala se tensó, y por un momento pareció que Precia respondería con algo más duro. Apretó los puños y tomó una respiración profunda, su mirada fija en Nanoha como si quisiera detenerla con solo sus palabras. Pero Alicia, que había estado observando en silencio, intervino rápidamente, poniéndose entre ambas.
—¡Está bien, está bien! —exclamó, levantando las manos para calmar a su madre y a Nanoha. —Nanoha-san, creo que por hoy es suficiente. Has hecho mucho viniendo aquí, pero tal vez sea mejor que regreses a casa. Mi mamá y yo podemos manejar esto, ¿verdad, mamá?
Precia bufó, claramente molesta, pero no dijo nada más. Nanoha, reconociendo que no podía forzar la situación, se inclinó ligeramente en señal de respeto.
—Entiendo. Mis disculpas si mi presencia aquí ha causado algún problema. —Dirigió su mirada hacia Precia, con un tono más sincero—. Solo quiero lo mejor para Fate. Gracias por permitirme quedarme esta noche.
Precia no respondió, simplemente se cruzó de brazos mientras Nanoha se dirigía hacia la puerta. Al pasar por el comedor, un par de papeles sobre la mesa captaron su atención. Discretamente, mientras ajustaba la correa de su bolso, echó un vistazo rápido.
El encabezado de uno de los documentos le llamó la atención: "Hospital General de Sapporo". Más abajo, vio cifras y conceptos relacionados con una factura médica. Nanoha no se detuvo mucho tiempo para no levantar sospechas, pero en ese instante, una conexión se formó en su mente.
"Hospital… ¿será algo relacionado con Fate?" pensó, mientras continuaba hacia la puerta.
Cuando salió del edificio y se subió a su auto, Nanoha encendió el motor, pero no arrancó de inmediato. Apoyó la frente contra el volante, sus pensamientos girando en torno a lo que acababa de ver.
—"Hospital General de Sapporo…" —murmuró, recordando el encabezado de la factura y las cifras que había alcanzado a leer. Su corazón se apretó al pensar en Fate y su familia, enfrentando una situación que parecía más complicada de lo que ella había imaginado.
Levantó la cabeza y miró por el parabrisas hacia la oscuridad de la noche. Dejó escapar un suspiro, sintiendo cómo las piezas comenzaban a encajar lentamente. Sabía que el hospital era importante para Fate, pero también lo era para ella.
Una risa irónica escapó de sus labios, llena de amargura y melancolía. —"Nuevamente el Hospital General de Sapporo," —dijo en voz baja, como si hablara con alguien invisible. Ese nombre resonaba en su memoria como un eco. Fue allí donde Yuno había fallecido, donde había donado su corazón para salvar otra vida. Fue allí donde ella misma había estado internada después del accidente en las montañas que le arrebató a Yuno.
El hospital había sido el escenario de sus mayores dolores y la cuna de un nuevo comienzo para alguien más. Y ahora, parecía estar nuevamente entrelazado en su vida, esta vez a través de Fate.
Nanoha cerró los ojos por un momento, respirando profundamente. —"No importa lo que implique, Fate. Haré todo lo que pueda para ayudarte. No dejaré que este lugar te traiga más sufrimiento." —Con esa resolución clara en su mente, puso el auto en marcha y se dirigió a casa, decidida a buscar respuestas y a proteger a Fate de cualquier carga que pudiera llevar sola.
