Capítulo 11: Rumbo a la Verdad
El sol apenas despuntaba cuando Nanoha Takamachi abrió los ojos al sonido de su alarma. Se levantó despacio, estirando los brazos antes de girarse hacia su gata, que estaba cómodamente enrollada a un lado de la cama.
—Buenos días, pequeña —murmuró mientras la acariciaba. Su gata respondió con un suave maullido, estirándose también.
Nanoha comenzó su rutina matutina: alimentó a su gata, preparó un desayuno ligero y se alistó rápidamente. Antes de salir, revisó su bolso para asegurarse de que llevaba todo lo necesario, incluyendo el anillo de compromiso de Yuno que siempre guardaba en un pequeño estuche. Bajó al garaje, y al entrar en su auto, dejó escapar un suspiro mientras encendía el motor.
—Será un viaje largo —se dijo a sí misma, girando las llaves y escuchando cómo el motor cobraba vida. Ajustó el retrovisor y salió a las calles de una ciudad que aún despertaba.
En el camino, se detuvo en su cafetería habitual y pidió su café negro de siempre. El aroma la reconfortó mientras retomaba la ruta hacia el Hospital General de Sapporo. Sin embargo, en mitad del trayecto, el sonido de su celular vibrando en el portavasos captó su atención. Echó un vistazo al mensaje y, al ver que era de Fate, no pudo evitar sonreír.
Fate: "Buenos días, Nanoha-san. Solo quería agradecerte por lo de anoche. No tengo palabras para expresar cuánto significó para mí. Eres increíble... Gracias por estar ahí."
Nanoha soltó una pequeña risa mientras detenía el auto en un semáforo y leía nuevamente el mensaje. —"Por tu culpa voy a chocar, Fate-chan…" —murmuró en voz alta con una mezcla de ternura y diversión, dejando escapar una sonrisa que iluminaba su rostro.
Guardó el celular con cuidado, asegurándose de no distraerse más. El mensaje le había dado un nuevo impulso para lo que estaba a punto de hacer. El hospital se acercaba y, con él, las respuestas que necesitaba.
Hospital General de Sapporo
El edificio blanco e imponente se alzaba frente a Nanoha, que aparcó su auto y caminó hacia la entrada. Al entrar, el aire acondicionado la envolvió, junto con el murmullo de personas y el eco de pasos apresurados. Se dirigió directamente al mostrador de recepción, donde una recepcionista con expresión neutra la miró con atención.
—Buenos días. ¿En qué puedo ayudarle? —preguntó la mujer, sin apartar la mirada de su computadora.
—Buenos días. Necesito información sobre Fate Testarossa —dijo Nanoha, manteniendo un tono amable pero firme.
La recepcionista tecleó rápidamente, levantando una ceja mientras revisaba algo en su pantalla. —Lo siento, pero la información médica y financiera de los pacientes solo puede proporcionarse a familiares cercanos o personas vitales relacionadas con el paciente. ¿Es usted familia directa?
Nanoha tomó aire, buscando cómo responder. —No soy su familia, pero esto no es sobre su estado médico, sino un tema relacionado con una deuda —dijo, recordando con precisión los documentos que había visto la noche anterior.
La recepcionista levantó la vista, observándola con desconfianza. —Si se trata de un tema financiero, solo los familiares o los representantes legales pueden atenderlo. ¿Qué relación tiene usted con la paciente?
Nanoha, consciente de que no podía complicar más la situación, tomó una decisión rápida. —Soy su prometida. Pronto seremos esposas.
La recepcionista alzó una ceja, claramente escéptica. —¿Prometida? —preguntó, su tono impregnado de duda.
Nanoha se metió la mano en el bolsillo y sacó el anillo de compromiso que llevaba consigo. Lo mostró sin dudar, dejando que el brillo del pequeño diamante hablara por ella. —Sí, su prometida —afirmó, mirando directamente a la recepcionista.
La mujer la miró con curiosidad y, aunque aún parecía dudar, finalmente se inclinó hacia su computadora, tecleando algunas cosas. —Espere un momento —dijo mientras continuaba revisando—. Le asignaré un turno para que pueda pasar a cobranzas y tesorería. Allí podrán darle más detalles.
Nanoha asintió, aliviada de que su pequeño ardid hubiera funcionado. —Gracias —respondió con una leve inclinación de cabeza mientras recibía un ticket con el número de turno.
Sosteniendo el ticket entre sus dedos, Nanoha se dirigió al área de espera, su corazón latiendo con fuerza mientras reflexionaba sobre lo que acababa de hacer. Era un paso arriesgado, pero no había duda en su mente: todo lo hacía por Fate.
Nanoha se sentó en la sala de espera del hospital, observando los números en la pantalla avanzar lentamente. Su mente era un torbellino de pensamientos. Mientras giraba el anillo en sus manos, recordó el brillo en los ojos de Fate la noche anterior, y eso le dio fuerza para seguir adelante.
Cuando finalmente llamaron su número, se dirigió a la ventanilla indicada, donde una mujer de mediana edad la recibió con una expresión amable pero profesional.
—Buenos días. Me indicaron que solicitaba información sobre una deuda relacionada con la paciente Fate Testarossa.
Nanoha asintió, manteniendo su postura serena. —Sí, me gustaría saber los detalles y el monto pendiente.
La empleada tecleó algunos datos en su computadora antes de mirar a Nanoha con cierta cautela. —Entiendo que mencionó ser su prometida. Solo para confirmar, ¿tiene usted algún documento que lo respalde?
Nanoha sintió un leve calor subiendo a sus mejillas, pero mantuvo la compostura. Colocó el anillo sobre el mostrador con cuidado, como si fuera una prueba tangible de sus palabras. —Es todo lo que tengo.
La mujer la miró, luego al anillo, y aunque parecía escéptica, continuó revisando. Tras unos momentos, asintió. Nanoha mantuvo una postura tranquila frente a la recepcionista de cobranzas, pero en su interior, una mezcla de curiosidad y aprensión crecía. La mujer, tecleando con rapidez, finalmente alzó la mirada hacia ella.
—De acuerdo. El saldo pendiente corresponde al 40% del costo total del trasplante, ya que el seguro cubrió el 60%. La cantidad es de siete millones cuatrocientos mil yenes.—dijo con voz firme—. Esto cubre el 40% restante del costo total del procedimiento.
Nanoha frunció ligeramente el ceño, captando algo inusual en la explicación. —¿Procedimiento? —preguntó, intentando sonar casual.
La empleada asintió y miró nuevamente la pantalla. —Sí, el trasplante de corazón.
El mundo de Nanoha pareció detenerse por un instante. —¿Trasplante? —repitió, su tono más bajo, casi incrédulo.
La mujer la miró con cierta sorpresa. —Sí, trasplante de corazón. ¿Acaso no lo sabía? Usted dijo que era su prometida… ¿no?
Nanoha sintió que el aire en la habitación se volvía más pesado. Su mente trabajaba a toda velocidad, buscando una salida. Forzó una sonrisa, aunque su voz sonó un poco temblorosa. —Oh, claro. Sí, sí… lo sabía. Es solo que… no estaba segura si era el mismo procedimiento al que se refería.
La empleada la observó con escepticismo, pero no insistió. —Muy bien. Como mencioné, puede iniciar el trámite para un financiamiento o buscar otras opciones de pago. ¿Le interesa más información al respecto?
Nanoha asintió ligeramente, como si aún procesara lo que acababa de escuchar. —Sí… claro. Gracias por la explicación.
Recogió los documentos y el folleto con manos firmes, aunque sentía que todo su cuerpo temblaba por dentro. Al salir del hospital, se dirigió hacia su auto con pasos lentos, como si su mente estuviera en otro lugar.
Nanoha cerró la puerta de su auto y dejó los documentos sobre el asiento del copiloto. Encendió el motor, pero no arrancó. Su mirada se quedó fija en el volante mientras los engranajes en su cabeza giraban.
—"Un trasplante de corazón…" —murmuró para sí misma, su voz apenas un susurro.
Los recuerdos comenzaron a fluir, trayendo consigo un frío que le recorrió la espalda. Recordó a Yuno, a sus últimos momentos en el hospital general de Sapporo, donde había firmado los papeles para donar sus órganos.
—"Esto tiene que ser una clase de broma…" —susurró, apretando el volante con fuerza.
La coincidencia era demasiado improbable, demasiado irreal. Pero al mismo tiempo, era imposible no pensar en ello. Fate tenía un corazón trasplantado, y Yuno había donado el suyo.
Nanoha giró la cabeza hacia los documentos que había recogido. La factura tenía el nombre del hospital en grandes letras, como si quisiera burlarse de ella. La duda la consumía.
—"¿Y si…?" —murmuró, sus ojos fijos en el papel.
El pensamiento era tan absurdo como inquietante. ¿Qué tan probable era que el corazón de Yuno estuviera ahora latiendo en el pecho de Fate? Nanoha respiró hondo, tratando de calmarse, pero la idea seguía creciendo en su mente, como una sombra que no podía ignorar.
Finalmente, tomó una decisión impulsiva, casi visceral. —"A la mierda….." —dijo con firmeza, encendiendo el motor del auto y girando hacia la entrada del hospital nuevamente.
Nanoha caminó con paso decidido hacia la ventanilla de cobranzas. La empleada la miró con una mezcla de sorpresa y curiosidad.
—¿Necesita algo más, señorita Takamachi?
Nanoha asintió, sacando su cartera. —Voy a pagar la deuda. Todo. Ahora mismo.
La mujer parpadeó, sorprendida. —¿Está segura? Es una cantidad considerable.
—Completamente segura. Por favor, inicie el proceso.
Mientras la mujer procesaba la transacción, Nanoha pensó en Fate, en su sonrisa tímida, en sus ojos llenos de vida y dulzura. Sabía que esto no resolvería todos los problemas de la familia Testarossa, pero al menos era algo que podía hacer por ellas.
Cuando la transacción se completó, la empleada le entregó un recibo. —Gracias por su pago. Si necesita algo más, no dude en preguntar.
Nanoha inclinó la cabeza en señal de agradecimiento y salió del hospital con una sensación de alivio mezclada con incertidumbre. No sabía si Fate estaría de acuerdo con lo que acababa de hacer, pero en su corazón, estaba segura de que era lo correcto.
Mientras se subía al auto, miró el anillo de compromiso en su dedo.
—"Lo siento, Yuno. Pero creo que tú habrías hecho lo mismo."
Encendió el motor y se dirigió a casa, con una determinación renovada y la firme convicción de que haría todo lo posible por cuidar de Fate, sin importar lo que costara.
Precia estaba sentada en la cabecera de la mesa, con los brazos cruzados y una expresión de concentración que apenas ocultaba su frustración. Alicia, a su lado, sostenía un bolígrafo y un cuaderno, lista para tomar notas. Fate, por su parte, estaba sentada en el sofá cercano, con las piernas cruzadas y una taza de té entre las manos, observándolas en silencio. Aunque no participaba activamente, sus expresiones cambiaban de tristeza a esperanza y a veces, adorables pucheros, cada vez que escuchaba algo que le preocupaba.
—Bien, vamos a empezar a plantear opciones reales, mamá —dijo Alicia, con un tono decidido mientras miraba a su madre.
Precia asintió lentamente. —De acuerdo. Opción uno: buscar un préstamo en el banco. Aunque mi historial de crédito no es el mejor, tal vez podamos conseguir algo con tus ingresos como respaldo.
Alicia anotó en el cuaderno y frunció ligeramente el ceño. —Podríamos intentarlo, pero las tasas de interés van a ser un problema. Especialmente con una suma tan grande.
—Lo sé, pero no podemos descartar nada —respondió Precia con firmeza antes de continuar. —Opción dos: vender algo. No tenemos propiedades importantes, pero podríamos deshacernos del auto.
Alicia dejó de escribir, mirando a su madre con escepticismo. —¿Y cómo piensas moverte al trabajo sin auto? Mamá, eso no es sostenible.
Precia suspiró profundamente, apoyando la frente en una mano mientras tamborileaba los dedos sobre la mesa. Fate, desde el sofá, dejó escapar un suave "aww" al ver a su madre frustrada, lo que hizo que Alicia la mirara con una mezcla de cariño y resignación.
—Deja de hacer esas caras, Fate. —Alicia rio suavemente, aunque su tono tenía un toque de ironía.
Precia ignoró el comentario y prosiguió. —Opción tres: tratar directamente con el hospital. Pedir un fraccionamiento o algún tipo de programa de ayuda.
Alicia asintió lentamente. —Esa parece la más viable. Aunque va a ser incómodo, es mejor que dejar que la deuda siga acumulando intereses.
—Entonces lo haremos. —Precia tomó el teléfono fijo de la casa y marcó el número del hospital. Fate observó con curiosidad desde su rincón, abrazando su taza como si fuera un escudo.
Después de algunos tonos, una voz profesional contestó.
—Hospital General de Sapporo, buenos días.
—Buenos días. —Precia enderezó su postura, su tono más formal de lo habitual. —Llamo en relación a una deuda pendiente de mi hija, Fate Testarossa. ¿Podría transferirme con el área de cobranzas?
—Por supuesto. Un momento, por favor.
Hubo una breve espera antes de que otra voz más experimentada contestara.
—Cobranzas, buenos días. ¿En qué puedo ayudarla?
—Soy Precia Testarossa, madre de Fate Testarossa. Llamo porque no podemos cubrir el monto total de la deuda ahora mismo y quisiera discutir opciones de fraccionamiento o algún tipo de ayuda.
La persona al otro lado del teléfono permaneció en silencio por un momento, tecleando en su computadora. —Permítame un momento mientras reviso la cuenta.
Precia esperó, tamborileando los dedos sobre la mesa con impaciencia. Alicia observaba a su madre con expectación, mientras Fate daba pequeños sorbos a su té, tratando de no llamar la atención.
—Señora Testarossa… —la voz de la empleada sonaba confundida—. Según el sistema, la cuenta está pagada.
Precia frunció el ceño, su tono ahora más agudo. —¿Disculpe?
—Sí, veo aquí que la deuda fue saldada en su totalidad el día de hoy.
—Debe haber un error. —Precia apretó el auricular con fuerza. —¿Está segura de eso?
—Un momento, déjeme verificar de nuevo. —El sonido de las teclas llenó el silencio mientras Alicia y Fate intercambiaban miradas. Finalmente, la empleada habló de nuevo—. No hay error. La línea está completamente saldada.
—¿Cómo es posible? ¿Quién pagó? —preguntó Precia, incrédula.
—Déjeme revisar… —Hubo otra pausa antes de que la respuesta llegara con una mezcla de formalidad y perplejidad—. Según el sistema, la persona que efectuó el pago fue… su prometida, una tal Nanoha Takamachi.
El teléfono estuvo a punto de caer de las manos de Precia. Alicia, al escuchar eso, soltó una carcajada incrédula y se llevó una mano a la frente. Fate, por su parte, casi derrama su té.
—¿Nanoha… Takamachi? —repitió Precia, con una mezcla de asombro y molestia.
—Sí, señora. El pago fue procesado esta mañana en una única transacción.
—Ya veo… —respondió Precia, apretando los dientes mientras colgaba el teléfono con un clic seco.
Alicia intentó contener la risa, pero su rostro traicionaba su diversión. —Bueno, mamá… parece que Nanoha-san está más comprometida con esta familia de lo que pensábamos.
Precia se giró hacia Fate, quien evitaba la mirada de ambas al tiempo que sus mejillas adquirían un color carmesí.
—¿Qué demonios está pasando aquí? —exigió Precia, fulminando a su hija con la mirada.
Fate solo pudo murmurar: —No lo sé…
Alicia soltó una carcajada. —Oh, Fate. Hermana, creo que tu "prometida" acaba de subir el estándar de noviazgo a un nivel que nadie más podría alcanzar.
Precia cruzó los brazos, tratando de asimilar lo que acababa de escuchar. Caminaba de un lado a otro en la pequeña sala mientras Alicia reía abiertamente, claramente disfrutando del caos. Fate, por su parte, seguía en el sofá, aferrada a su taza de té como si fuera su única protección contra el torbellino que acababa de desatarse.
—¡Esto es ridículo! —exclamó Precia finalmente, deteniéndose frente a sus hijas. —¡Fate, explícame cómo es posible que esa mujer se haya atrevido a pagar nuestra deuda, y mucho menos declararse tu prometida!
—…Yo no le pedí que hiciera nada —respondió Fate rápidamente en un susurro, con los la mirada en el piso. —Ni siquiera sabía que tenía planes de… de hacer algo así.
—Bueno, lo hizo. —Precia se giró hacia Alicia, buscando apoyo, pero solo encontró a su hija mayor sonriendo de oreja a oreja. —¿Y tú? ¿Por qué te estás riendo como una loca?
—Porque esto es increíble, mamá. —Alicia trató de contener su risa mientras hablaba. —Primero, Nanoha se aparece en pijama en nuestra puerta para consolar a Fate. Luego, paga toda la deuda del hospital sin decirnos nada. Y ahora resulta que es su "prometida". —Levantó las manos, como si estuviera presentando una obra de teatro—. Esto supera cualquier novela romántica que haya leído.
Precia fulminó a Alicia con la mirada. —Esto no es un juego, Alicia. Estamos hablando de millones de yenes. ¿Qué clase de persona hace algo así?
Fate dejó su taza en la mesa y se puso de pie, todavía nerviosa. —Nanoha-san no es alguien cualquiera. Es… especial. Pero esto… yo tampoco lo entiendo. Ella ni siquiera sabía sobre la deuda anoche.
—Pues lo sabe ahora. —Precia dejó escapar un suspiro frustrado antes de mirar fijamente a Fate. —¿Qué piensas hacer al respecto?
Fate bajó la mirada, sin saber qué responder. Alicia, viendo la tensión creciente, se interpuso entre ambas con una sonrisa conciliadora.
—Mamá, relájate un poco. Esto no es el fin del mundo. Tal vez podamos hablar con Nanoha y entender sus intenciones antes de saltar a conclusiones.
Precia bufó, claramente no satisfecha con esa idea, pero asintió. —Más vale que lo hagamos pronto. Porque esto no puede quedarse así. —Se giró hacia Fate una última vez—. Y tú, deja de actuar como si esto fuera normal. Una cosa es que ella se preocupe por ti, pero esto… esto es demasiado.
Fate solo pudo asentir en silencio, su mente aún procesando lo que había sucedido. Alicia, al notar el nerviosismo de su hermana, la rodeó con un brazo.
—Tranquila, hermanita. —Alicia sonrió, aunque sus ojos reflejaban una chispa de curiosidad. —Tengo el presentimiento de que Nanoha tiene mucho más que decirnos. Y yo, por lo menos, quiero escuchar cada palabra.
Nanoha conducía de regreso a su casa, su mente aún dando vueltas a lo que había hecho. Apretó el volante con fuerza, respirando profundamente mientras trataba de organizar sus pensamientos.
—"Prometida…" —murmuró para sí misma, recordando las palabras que había dicho a la recepcionista. Una leve risa irónica escapó de sus labios. —Yuno, espero que puedas perdonarme por usar nuestro anillo para esto. —Su tono era suave, casi melancólico.
Al detenerse en un semáforo, sacó la factura del hospital que aún tenía consigo. Las cifras en ella parecían casi irreales, pero más allá del dinero, lo que realmente pesaba en su mente era la coincidencia.
—Un trasplante de corazón… —susurró, mirando fijamente el papel. —Y Fate… ¿podría ser posible?
Sacudió la cabeza, tratando de apartar el pensamiento. Pero por más que lo intentara, la idea seguía regresando. Era demasiado improbable, pero al mismo tiempo, no podía ignorar las piezas que comenzaban a encajar.
—"¿Qué estás tramando, destino?" —preguntó al aire antes de poner el auto en marcha nuevamente.
Mientras se acercaba a su casa, una cosa era clara para Nanoha: no importaba cuán complicado fuera el camino que tenía por delante, estaba decidida a proteger a Fate y, de alguna manera, encontrar las respuestas que tanto necesitaba.
Y sabía que pronto, tendría que enfrentar a los Testarossa y explicarles lo que había hecho. Pero por ahora, se permitió un momento de alivio, sabiendo que había aligerado la carga que pesaba sobre los hombros de la familia.
La sala estaba llena de tensión nuevamente, pero esta vez, la incomodidad venía acompañada de una creciente curiosidad. Precia se había sentado frente a Fate, con los brazos cruzados y una mirada inquisitiva. Alicia, por otro lado, parecía estar disfrutando de cada segundo, sentada en el sofá con una expresión divertida mientras Fate intentaba mantener la compostura.
—Entonces, Fate —comenzó Precia, entrecerrando los ojos—, ¿cómo es posible que esta… Nanoha tenga tanto dinero como para pagar una deuda de millones de yenes sin siquiera pestañear?
Fate, que estaba sentada con las piernas cruzadas en una silla frente a su madre, bajó la mirada, jugando nerviosamente con sus manos. —No lo sé, mamá… Yo no sabía que tenía tanto dinero.
—¿De verdad? —Precia levantó una ceja, claramente escéptica. —Porque no parece alguien promedio. ¿No será que estás saliendo con una… gánster o algo parecido?
—¡¿Qué?! —exclamó Fate, levantando rápidamente la cabeza, sus mejillas enrojecidas. —¡Por supuesto que no! Nanoha-san no es nada de eso. Es… es buena persona.
Alicia dejó escapar una carcajada, inclinándose hacia adelante con una sonrisa burlona. —Mamá, ¿una gánster? Vamos, Nanoha-san no tiene pinta de eso. Si acaso parece más una ejecutiva de alto nivel que una criminal.
Precia la ignoró, todavía enfocada en Fate. —Entonces, si no es una gánster, explícame cómo es que tiene tanto dinero. ¿Sabes algo sobre su trabajo? ¿O qué hace?
Fate tragó saliva, sin atreverse a mirar directamente a su madre. —E-ella trabaja en Hinode Coffee Traders. Es supervisora de exportación, o algo así. Pero… en algunas de nuestras conversaciones, mencionó que su familia tiene una cadena de restaurantes. Bueno… cafeterías, creo.
Alicia, que había estado escuchando con interés, levantó una ceja. —¿Una cadena de cafeterías? —preguntó, su curiosidad claramente despertada. —¿Dijo cómo se llama?
Fate negó con la cabeza. —No lo mencionó directamente… pero no parecía algo que le importase.
Alicia, sin perder tiempo, abrió el navegador en su celular y escribió rápidamente "familia Takamachi cafeterías". Bastaron unos segundos antes de que su rostro se iluminara. —¡Lo sabía! —exclamó, girando la pantalla para que Precia pudiera verla. —Midori-ya. ¡La familia Takamachi es dueña de esta cadena!
Alicia le mostró la pantalla del celular a Precia, y Fate inclinó ligeramente la cabeza para mirar. Su corazón dio un vuelco al leer las palabras "cadena mundial de cafeterías". Recordó cómo Nanoha había mencionado, casi como al pasar, que su familia tenía un negocio. Nunca imaginó que estaba hablando deMidori-ya, el lugar donde ella y Alicia solían detenerse en los centros comerciales para darse un gusto.
"Nanoha-san... todo el tiempo fuiste tan humilde sobre algo tan increíble."— Fate bajó la mirada al suelo, sintiendo una mezcla de admiración y asombro. Por primera vez, comenzó a entender que Nanoha no era solo alguien especial; era alguien que había elegido ser cercana a pesar de todo lo que la separaba del mundo cotidiano de los Testarossa.
Precia frunció el ceño mientras tomaba el celular para inspeccionar la pantalla. —¿Midori-ya? —murmuró, leyendo las palabras y observando las imágenes de los locales. —¡¿Me estás diciendo que la familia de Nanoha-san es dueña de esta cadena mundial?!
Alicia asintió con entusiasmo. —Sí. Mira, tienen sucursales en todo el mundo. Incluso nosotras hemos tomado café ahí. ¿Recuerdas, mamá? La última vez que fuimos al centro comercial.
Precia dejó escapar un suspiro de incredulidad, devolviendo el celular a Alicia. —No puedo creerlo… ¿Cómo es que alguien así terminó fijándose en Fate? —Su tono no era crítico, sino más bien una mezcla de asombro y desconcierto.
Alicia, aún emocionada, se inclinó hacia Fate con una sonrisa traviesa. —Y dime, hermana, ¿qué más sabes sobre Nanoha-san? Porque si tiene tanto dinero, seguro que su coche también debe ser algo espectacular.
Fate, que había estado tratando de mantenerse al margen de la conversación, se encogió ligeramente de hombros. —E-ella tiene dos autos. Uno es más elegante y tiene techo. Creo que es un Toyota. Pero el otro… no tiene techo. Es como un convertible.
Alicia casi dejó caer el celular al escuchar eso. —¿Un convertible? ¿Cómo es?
Fate sacó su propio celular, buscando rápidamente una foto le había mandado Nanoha. Al encontrarla, se la mostró a Alicia, en la foto salia nanoha con su gata apoyada en el capo del convertible posando, la observó con detenimiento antes de llevarse una mano a la frente.
—¡Oh, por Dios! —exclamó, mirando la imagen como si no pudiera creerlo. —Esto es un Lexus LC500 convertible.¿Sabes cuánto cuesta ese bebé? —Hizo una pausa dramática—. Casi quince millones de yenes, mamá.
El rostro de Precia pasó de incredulidad a puro asombro. —¿¡Quince millones!? —exclamó, llevándose una mano al pecho como si le faltara el aire. —¡Esa mujer maneja un auto más caro que este departamento! ¿Quién en su sano juicio tiene un auto así? —
—Bueno, Nanoha-san, obviamente. —Alicia se encogió de hombros, claramente disfrutando de la expresión atónita de su madre.
Precia dirigió su mirada a Fate, quien intentaba hacerse invisible en el sofá. —¿Te subiste a ese auto? —preguntó con incredulidad.
Fate asintió tímidamente, todavía sosteniendo su bocadillo. —Fue… una vez. Me llevó a desayunar.
—¿Dónde? —preguntó Precia, entrecerrando los ojos como si no quisiera saber la respuesta.
Fate bajó la mirada, jugando nerviosamente con las mangas de su suéter. —Eh… a… Le Rêve du Matin
El nombre en francés resonó en la sala como un disparo. Precia se llevó una mano a la boca, mirando a Fate con una mezcla de incredulidad y exasperación. —¿Sabes cuánto cuesta un desayuno en ese lugar? ¡Una taza de café cuesta más que una comida entera en un restaurante normal!
Alicia no pudo evitarlo y estalló en carcajadas, tirándose al sofá y sosteniéndose el estómago. —¡Oh, hermana! ¡De verdad estás saliendo con alguien que vive en otro nivel!
Fate cubrió su rostro con ambas manos, completamente avergonzada. —¡No sabía que era tan caro! Yo no pedí nada especial…creo….
Precia respiró profundamente, tratando de calmarse, aunque su rostro mostraba claramente que seguía en shock. —Llámala. Ahora.
—¿Qué? —Fate levantó la mirada, claramente nerviosa. —¿Ahora? Es temprano…
—Son las 10 de la mañana. No es tan temprano. Llámala. —Precia cruzó los brazos, mostrando que no aceptaría un no como respuesta.
Alicia, todavía riendo, le dio un codazo a Fate. —Vamos, hermanita. Será divertido.
Fate suspiró resignada y sacó su celular, buscando el contacto de Nanoha. Tras respirar hondo, presionó el botón de llamada. El tono sonó una, dos, tres veces antes de que la voz familiar de Nanoha respondiera.
—¿Fate-chan? —La voz de Nanoha era suave y ligeramente curiosa. —Es temprano. ¿Está todo bien?
Fate tragó saliva, mirando de reojo a su madre. —Nanoha-san… mi mamá quiere hablar contigo.
Hubo una pausa antes de que Nanoha respondiera, con un tono que mezclaba sorpresa y cortesía. —¿Tu mamá? Claro, pásamela.
Fate bajó el celular, con las manos temblorosas, y lo entregó a Precia, quien lo tomó como si fuera un objeto de gran importancia.
—Hola de nuevo, señora Testarossa. —La voz de Nanoha era tranquila, pero su tono denotaba que recordaba perfectamente su interacción del día anterior. —¿En qué puedo ayudarla?
Precia no perdió tiempo y fue directo al punto. —No puedo evitar preguntarme qué clase de persona paga una deuda millonaria por alguien que apenas conoce. —Su tono era firme, casi frío. —Y para colmo, se presenta como "la prometida" de mi hija. ¿Qué se supone que significa todo esto, señorita Takamachi?
Nanoha tragó saliva pero mantuvo su voz firme y respetuosa. —Entiendo su preocupación, señora Testarossa. Permítame explicarle. Fate-chan es alguien muy especial para mí, y aunque no llevemos mucho tiempo conociéndonos, sentí que era lo correcto ayudarla. No esperaba que las circunstancias fueran tan… complicadas.
Precia entrecerró los ojos, como si Nanoha pudiera sentir su mirada a través del teléfono. —¿Y qué obtienes a cambio? —preguntó con un dejo de sospecha. —Porque nadie hace algo así sin esperar algo a cambio.
Nanoha rió suavemente, pero no de manera burlona, sino más bien para aliviar la tensión. —Señora Testarossa, no espero nada a cambio. Mi única intención era ayudar a Fate-chan y a su familia a superar este momento difícil. Si me permite ser honesta… no podría soportar verla cargar con algo tan grande cuando puedo hacer algo al respecto.
El silencio al otro lado de la línea fue breve, pero tenso. Nanoha podía imaginar la mirada de Precia mientras procesaba sus palabras. Alicia, que observaba desde el sofá, estaba claramente disfrutando de la interacción, mientras Fate se mordía el labio, preocupada por cómo Nanoha manejaría a su madre.
Finalmente, Precia habló, pero esta vez su tono era más pausado, casi reflexivo. —¿Sabes cuánto significa Fate para nosotras? Ella es nuestra vida, y después de todo lo que hemos pasado, no puedo simplemente confiar en alguien que aparece de la nada, incluso si paga nuestras deudas.
Nanoha asintió para sí misma, comprendiendo completamente la posición de Precia. —Entiendo su preocupación, señora Testarossa. No espero ganarme su confianza de inmediato, pero quiero que sepa que mis intenciones son sinceras. Fate no es solo alguien especial; ella… —Nanoha vaciló por un momento, sintiendo el peso de sus propias palabras—. Ella ha cambiado algo en mí que ni siquiera sabía que necesitaba cambiar. Lo único que quiero es verla feliz.
Precia quedó en silencio nuevamente, esta vez más largo. Nanoha sintió su propia respiración acelerarse, pero se mantuvo firme, esperando la respuesta de la matriarca.
—Hablas como si estuvieras enamorada de mi hija. —La declaración de Precia fue directa y contundente.
Nanoha respiró hondo, cerrando los ojos antes de responder con firmeza. —Creo que lo estoy, señora Testarossa.
Precia entrecerro los ojos y puso una de sus manos en su cadera. —¿Sabes algo, Nanoha-san? Hablas con mucha seguridad, pero quiero saber algo. ¿Qué tanto conoces realmente a Fate? ¿Sabes sus sueños, sus miedos, qué la hace llorar por las noches?
Nanoha tragó saliva, manteniendo su mirada firme al telefono. —Sé que le apasiona su carrera, que es brillante en lo que hace, pero también que tiene miedo de decepcionar a los demás. Sé que a veces carga más peso del que debería, porque no quiere que nadie más sufra. Y sé que tiene una sonrisa que ilumina todo a su alrededor, incluso cuando ella no se siente fuerte.
Precia se quedó en silencio por un momento, evaluando las palabras de Nanoha. Finalmente, habló, aunque su tono seguía siendo cauteloso. —Eso suena bonito. Pero las palabras no son suficientes. Quiero ver acciones.
Nanoha asintió con seriedad. —Lo entiendo. Haré todo lo que esté en mis manos para demostrarlo.
—¡Oh, esto es demasiado bueno! —Alicia se recostó en el sofá, riendo sin control. —Mamá, creo que Nanoha-san no está jugando.
Fate, que había estado escuchando todo en silencio, sintió que su rostro ardía de vergüenza. —¡Alicia! ¡No ayudes!
Precia suspiró profundamente, apretando el puente de su nariz. —Señorita Takamachi, le agradezco su honestidad, pero aún no estoy convencida. Si realmente siente lo que dice, tendrá que demostrarlo.
Nanoha sonrió, aliviada de que la conversación no se hubiera convertido en un desastre total. —Haré lo que sea necesario, señora Testarossa. Lo prometo.
Precia le devolvió el celular a Fate sin decir nada más y se dirigió a la cocina. Fate, temblando ligeramente, tomó el teléfono y lo llevó a su oído.
—N-Nanoha-san… siento mucho todo esto. Mi mamá puede ser un poco… intensa.
Nanoha soltó una risita suave. —No te preocupes, Fate-chan. Tu mamá solo está protegiéndote, y eso es algo que respeto mucho. Además… —Hizo una pausa, suavizando su tono—. Creo que valió la pena escuchar tu voz otra vez.
Fate sintió que su corazón se aceleraba, y sus labios formaron una pequeña sonrisa. —Gracias, Nanoha-san.
—Por nada, linda. Hablamos luego, ¿sí? —dijo Nanoha, su voz llena de calidez antes de colgar.
Alicia, todavía riendo, se inclinó hacia Fate con una expresión burlona. —Así que, hermanita, ¿cómo se siente ser el centro del mundo de alguien como Nanoha Takamachi?
Fate cubrió su rostro con las manos, completamente ruborizada, mientras Alicia seguía riendo y Precia observaba desde la cocina, sus pensamientos aún dando vueltas sobre todo lo que había escuchado. Había muchas preguntas, pero una cosa era clara: Nanoha no iba a rendirse fácilmente.
