El motor del Lexus rugía suavemente mientras Nanoha conducía por las calles de la ciudad. La brisa de la mañana se colaba por la ventana entreabierta, pero su mente estaba lejos del paisaje urbano que desfilaba ante ella. Cada pocos minutos, echaba un vistazo a su celular en el portavasos, preguntándose si Fate ya habría despertado.
—"¿Estará lista? ¿Habrá dormido bien? ¿Pensará en lo que le dije anoche?" —murmuró para sí misma, sintiendo que una sonrisa involuntaria se formaba en sus labios. El recuerdo de la conversación nocturna aún la hacía sentir mariposas en el estómago.
Nanoha se mordió ligeramente el labio mientras se detenía en un semáforo, recordando con cierto nerviosismo que tenía una conversación pendiente con la madre de Fate. Precia Testarossa no era una mujer fácil de impresionar, y después de los eventos del día anterior, Nanoha sabía que tenía mucho que explicar.
—"Bueno, un paso a la vez. Primero, Fate-chan. Luego… su mamá." —Suspiró, girando el volante mientras doblaba hacia la calle que llevaba al edificio de los Testarossa.
Al llegar, estacionó el auto frente al edificio y tomó su celular. Tecleó rápidamente un mensaje para Fate.
Nanoha:"Buenos días, Fate-chan. Estoy afuera de tu casa"
No tuvo que esperar mucho antes de que la respuesta llegara.
Fate:"¡Buenos días, Nanoha-san! Dame un momento. Estoy bajando."
Nanoha sonrió al leer el mensaje, apoyando el celular en su regazo mientras esperaba. Pasaron solo un par de minutos antes de que la puerta del edificio se abriera y Fate saliera, vestida con un uniforme sencillo pero impecable, luciendo tan adorable como siempre. Caminaba hacia el auto con pasos rápidos y algo nerviosos, cargando una pequeña mochila al hombro.
Nanoha bajó la ventana y la saludó con una sonrisa. —Buenos días, Fate-chan.
—B-Buenos días, Nanoha-san… —respondió Fate, con un tono tímido mientras subía al asiento del copiloto y cerraba la puerta rápidamente. —Por favor, arranca el auto. Mi mamá nos está observando desde la ventana.
—¿En serio? —Nanoha arqueó una ceja con curiosidad antes de sacar la cabeza por la ventana y mirar hacia arriba. En el piso 8, efectivamente, la figura de Precia Testarossa se distinguía claramente detrás de las cortinas, observándolas con atención.
Nanoha no pudo evitar soltar una pequeña risa y se giró hacia Fate con una mirada cómica. —¿Tu mamá sigue molesta?
Fate se encogió ligeramente de hombros, evitando la mirada de Nanoha. —Exactamente no lo sé… pero creo que no está muy contenta. Ayer no quiso decir nada después de la llamada, pero… su mirada lo dice todo.
Nanoha rio suavemente, encendiendo el auto y comenzando a conducir. —Bueno, ya tendremos nuestra conversación. Mientras tanto, vamos a la oficina. —Su voz era cálida, llena de ternura, mientras miraba de reojo a Fate. —Por cierto, te ves muy linda hoy.
El rubor en las mejillas de Fate era instantáneo, pero su expresión era una mezcla de vergüenza y felicidad. —Gracias… Nanoha-san.
Ambas se dejaron llevar por el suave ronroneo del motor, la atmósfera entre ellas cargada de una mezcla de nerviosismo y emoción. Nanoha podía sentir que el día traería más de una sorpresa, pero en ese momento, lo único que importaba era el suave sonido de la respiración de Fate a su lado.
La conexión entre ambas crecía con cada momento compartido, y aunque sabían que el camino no sería fácil, el inicio de esta nueva etapa juntas era suficiente para llenarlas de esperanza.
El auto avanzaba suavemente por las calles mientras Fate observaba las luces del tráfico. Se sentía tranquila pero nerviosa, como si tuviera un nudo en el estómago que no podía deshacer. Decidió romper el silencio, aunque su voz temblaba un poco.
—Nanoha-san… hay algunas cosas que… creo que deberíamos conversar.
Nanoha giró la cabeza hacia Fate por un momento antes de volver su atención al camino. Su sonrisa seguía siendo cálida y serena. —Lo entiendo, Fate-chan. ¿Qué te parece si primero tomamos un desayuno? No quiero que tengamos esta conversación con el estómago vacío.
Fate, queriendo aliviar la tensión, intentó bromear. —¿Vas a llevarme a otro restaurante caro?
Nanoha rio suavemente, sus ojos brillando con diversión. —Si quisieras, te llevaría hasta la luna, Fate-chan.
Fate abrió los ojos con sorpresa antes de que el rubor cubriera su rostro. Desvió la mirada hacia la ventana, intentando ocultar su expresión, pero Nanoha pudo verla de reojo y sonrió para sí misma.
Llegaron a un restaurante elegante, uno de esos que exudaba exclusividad desde el letrero en la entrada. Fate miró el lugar con una mezcla de resignación y ternura. —Nanoha-san… otra vez. Esto es demasiado.
Nanoha solo se rio mientras bajaba del auto y abría la puerta del copiloto para Fate. —Vamos, Fate-chan. Un buen desayuno siempre es una buena idea.
Fate no pudo evitar sonreír ante el gesto, aunque su protesta seguía en pie. —Eres imposible, Nanoha-san.
Una vez dentro, Nanoha pidió al encargado que les asignaran una sala privada. El mozo asintió con una sonrisa profesional y las guió hacia un espacio separado del bullicio del restaurante. Una vez sentadas, les entregó las cartas y se retiró, indicándoles que podían llamarlo cuando estuvieran listas para ordenar.
El silencio se instaló en la sala privada, pero no era incómodo. Nanoha, sin embargo, decidió tomar la iniciativa. Dejó la carta sobre la mesa, respiró profundamente y se deslizó hacia el lado de Fate, sentándose junto a ella.
Fate parpadeó sorprendida, su cuerpo poniéndose tenso mientras sus manos jugaban nerviosamente con la carta. —¿N-Nanoha-san? ¿Qué haces?
Nanoha le dedicó una sonrisa tranquila, sus ojos reflejando una mezcla de calidez y determinación. —No voy a hacer nada que no quieras, Fate-chan. Solo… quiero estar más cerca de ti.
Fate tragó saliva, su corazón latiendo rápidamente. Intentó concentrarse en la carta que aún sostenía, pero la presencia de Nanoha a su lado era abrumadora. Finalmente, levantó la mirada, sus ojos tímidos encontrándose con los de Nanoha. —Entonces… ¿por qué nunca me dijiste que tu familia tiene tanto dinero?
Nanoha rio suavemente, apoyando un codo sobre la mesa mientras la miraba con ternura. —Porque no pensé que fuera algo relevante. El dinero no define quién soy, Fate-chan. Si te dijera que me gusta el café de una cafetería sencilla tanto como el de Midori-ya, ¿me creerías?
Fate asintió lentamente, aunque aún parecía un poco desconcertada. —Tal vez… pero sigo sin entender por qué alguien como tú, que podría tener cualquier cosa, decidió pagar mi deuda médica.
Nanoha ladeó la cabeza, observándola con cuidado. —Es sencillo, Fate-chan. Lo hice porque me gustas.
Antes de que Fate pudiera reaccionar, Nanoha levantó suavemente su barbilla con una mano, inclinándose un poco hacia ella. Sus ojos se encontraron en un momento cargado de emoción. —Me gustas, Fate-chan. Me gusta cómo te preocupas por los demás, cómo te esfuerzas incluso cuando sientes que no es suficiente. Me gusta cómo sonríes cuando crees que nadie te está mirando y cómo haces que mi día sea mejor solo con verte.
Fate sintió que el aire en sus pulmones se escapaba mientras su rostro se ponía completamente rojo. Las palabras de Nanoha eran sinceras, cada una más contundente que la anterior. Con un esfuerzo, logró susurrar, aún evitando mirarla directamente. —¿Qué… qué te gusta de mí? De verdad.
Nanoha se inclinó un poco más, con una sonrisa cálida y sus ojos brillando con una mezcla de afecto y determinación. —Me gusta todo de ti, Fate-chan. Me gusta la forma en que piensas, tu amabilidad, tu forma de reír, incluso tu terquedad. Me gusta cómo te sonrojas, como ahora mismo. Me gusta cómo haces que el mundo parezca un lugar mejor solo porque estás en él.
Fate, completamente vencida, bajó la mirada mientras sus manos temblaban ligeramente. —Nanoha-san… no digas esas cosas tan de repente. No estoy preparada…
Nanoha rio suavemente y colocó una mano sobre la de Fate, entrelazando sus dedos con cuidado. —Entonces, dime cuándo estés lista. Porque no tengo intención de rendirme, Fate-chan.
Fate levantó tímidamente la mirada, encontrándose nuevamente con los ojos sinceros de Nanoha. Su corazón latía con fuerza, pero en medio de todo el caos de emociones, una pequeña sonrisa se formó en sus labios. —Eres demasiado, Nanoha-san.
Nanoha rio, apretando suavemente la mano de Fate. —Y tú eres increíble, Fate-chan. Ahora, ¿qué te parece si ordenamos antes de que el mozo piense que nos olvidamos de comer?
Ambas rieron suavemente, y aunque el ambiente seguía cargado de emociones, había algo innegablemente cómodo y natural en cómo compartían ese momento. Fate aún sentía que su corazón estaba a punto de explotar, pero en ese instante, supo que estaba bien dejarse llevar por lo que Nanoha ofrecía: cariño genuino y paciencia infinita.
Fate se encontraba un poco más tranquila mientras hojeaba la carta del restaurante, pero su nerviosismo no desaparecía del todo. La confesión de Nanoha aún rondaba en su mente, haciendo que su corazón latiera con fuerza cada vez que sus ojos se desviaban hacia ella.
—Nanoha-san… creo que no sé qué ordenar —dijo Fate, mirando el menú con una mezcla de frustración y timidez.
Nanoha sonrió, apoyando un brazo en el respaldo de la silla de Fate. Su mirada reflejaba ternura mientras se inclinaba ligeramente hacia ella. —Déjame ayudarte, Fate-chan. Hay muchas opciones deliciosas aquí.
Nanoha se deslizó un poco más cerca, pegando su cuerpo al de Fate. Fate lo notó de inmediato, y aunque su primera reacción fue tensarse, terminó dejándolo pasar mientras soltaba una risa nerviosa. —E-eso estaría bien, gracias.
Nanoha, encantada, comenzó a leer los nombres de algunos platos del menú, pero lo hizo en un susurro, tan cerca del oído de Fate que su cálido aliento acariciaba la piel de la rubia. —Mira, aquí tienen croissants recién horneados con mantequilla francesa, o si prefieres algo más consistente, está el omelette con champiñones y trufas. —Nanoha continuó, disfrutando de la creciente incomodidad adorable de Fate, que solo podía reírse suavemente para intentar distraerse.
—N-Nanoha-san… —Fate rió nerviosa, girando un poco la cabeza hacia ella, pero no demasiado, consciente de lo cerca que estaban. —Eso es suficiente. Puedo leerlos yo misma.
Nanoha no se detuvo. —¿Y qué tal estas tostadas francesas con jarabe de arce canadiense? Suena delicioso, ¿no? —murmuró mientras su rostro se acercaba más, y antes de que Fate pudiera protestar nuevamente, Nanoha comenzó a darle suaves besos en la mejilla.
—¡Na-Nanoha-san! —exclamó Fate entre risas, incapaz de mantenerse seria mientras la pelirroja la mimaba descaradamente. Aunque trató de resistirse, finalmente se rindió y dejó escapar una risa suave, permitiendo que Nanoha continuara.
Nanoha no podía contener su sonrisa al escuchar las risas de Fate. Finalmente, levantó una mano para girar suavemente el rostro de Fate hacia ella. Sus ojos se encontraron, y el mundo pareció detenerse por un momento.
—Mírame, Fate-chan —pidió Nanoha con suavidad.
Fate obedeció, aunque el sonrojo en sus mejillas era más que evidente. Sus ojos se encontraron con los de Nanoha, pero pronto bajaron a sus labios, una acción casi instintiva. Al darse cuenta de lo que había hecho, Fate volvió a mirar rápidamente a los ojos de Nanoha, aún más avergonzada. Su voz tembló ligeramente cuando murmuró: —M-mierda, ¿por qué eres tan hermosa…?
Nanoha sonrió con dulzura, inclinándose lentamente hacia ella. —Fate-chan… —susurró, justo antes de cerrar la distancia entre ellas y presionar suavemente sus labios contra los de Fate.
Fate se quedó inmóvil, completamente sorprendida por el gesto. Pero el contacto de los labios de Nanoha era tan suave, tan cálido, que pronto cerró los ojos, dejando que Nanoha guiara el momento. Lo que comenzó como un toque delicado se volvió un beso un poco más profundo, lleno de cariño y emoción contenida.
La magia del momento se rompió abruptamente cuando un suave golpe en la puerta interrumpió su pequeño mundo. Ambas se separaron rápidamente, aún con las mejillas encendidas. Desde el otro lado de la puerta, la voz del mozo resonó con una mezcla de profesionalismo y cortesía.
—¿Se encuentran listas para ordenar?
Nanoha rio suavemente mientras miraba a Fate, quien estaba completamente roja y evitaba su mirada. Nanoha, aún sonriendo, respondió en voz alta: —Sí, en un momento. Muchas gracias.
Fate llevó ambas manos a su rostro, cubriéndolo mientras dejaba escapar un suave gemido de vergüenza. —¡Nanoha-san…! —murmuró, incapaz de lidiar con el cúmulo de emociones.
Nanoha, divertida pero también tocada por la ternura de Fate, le dio un pequeño apretón en la mano. —Tranquila, Fate-chan. Creo que fue el mejor desayuno antes del desayuno.
Fate, aún escondiendo su rostro entre sus manos, dejó escapar una risa tímida. Aunque estaba completamente avergonzada, no podía evitar sentir una calidez reconfortante en su pecho. Nanoha, como siempre, había logrado desarmarla por completo.
Ambas se miraron finalmente, y aunque el nerviosismo seguía presente, también había algo más: una conexión que comenzaba a formarse con cada momento compartido.
El ambiente en la sala privada del restaurante era cálido y tranquilo, iluminado suavemente por la luz natural que entraba por las amplias ventanas. Fate y Nanoha compartían el desayuno, una mezcla de risas y sonrojos llenando el aire.
Fate apenas podía concentrarse en la comida. Cada gesto de Nanoha, cada mirada cargada de emoción, hacía que su corazón latiera con fuerza. Era un torbellino de sentimientos nuevos, agobiantes y a la vez reconfortantes, que apenas comenzaba a entender. Por otro lado, Nanoha no podía ocultar el amor que desbordaba en cada palabra, en cada acción. Su mirada seguía fija en Fate, como si ella fuera lo único importante en el mundo.
—¿Te está gustando? —preguntó Nanoha con una sonrisa cálida, mientras le daba un pequeño sorbo a su café.
Fate, aún sonrojada, asintió tímidamente. —Sí, todo está muy rico. Pero… —miró a Nanoha con una ligera sonrisa—, ¿no pudimos ir a un lugar menos… lujoso?
Nanoha rio suavemente, sus ojos brillando con diversión. —No importa el lugar, Fate-chan. Mientras esté contigo, todo es perfecto.
Fate desvió la mirada, tratando de calmar el calor que subía a sus mejillas. —Dices cosas muy lindas, Nanoha-san… es difícil acostumbrarse.
Nanoha tomó un pedazo de pan y lo llevó a su boca, manteniendo su mirada en Fate. Tras un momento de silencio, dejó su taza en la mesa y la miró con cierta seriedad, aunque su tono seguía siendo suave. —Fate-chan, ¿puedo hacerte una pregunta personal?
Fate levantó la mirada, un poco curiosa. —Claro, pregunta lo que quieras.
Nanoha tomó aire, como si estuviera buscando las palabras adecuadas. —Es sobre tu trasplante de corazón… y tu condición. ¿Puedo saber más?
Fate parpadeó, sorprendida por la pregunta, pero asintió lentamente. —Sí, claro. —Dejó los cubiertos en la mesa y se tomó un momento antes de hablar. —Tenía una enfermedad cardíaca desde que era niña. Mi corazón no funcionaba bien, y los médicos dijeron que mi esperanza de vida sería muy limitada. Cada año que pasaba, mi condición empeoraba… —Hizo una pausa, sus ojos bajando a su plato—. El trasplante lo cambió todo. Aumentó mi esperanza de vida y me dio la oportunidad de seguir adelante. Pero… —Fate levantó la mirada hacia Nanoha, sus ojos reflejando una mezcla de gratitud y melancolía—, no sabía que el costo sería tan alto. Solo me preocupaba por seguir viva.
Nanoha la escuchó atentamente, sus ojos reflejando comprensión y calidez. —¿Y ahora? ¿Cómo te sientes?
Fate suspiró suavemente. —Voy al hospital cada mes para revisiones. La doctora siempre me dice que estoy estable, pero ahora que sé sobre la deuda… no sé si deba seguir yendo. No quiero causar más problemas.
Nanoha frunció el ceño ligeramente, dejando su taza en la mesa con un pequeño golpe. —No digas eso, Fate-chan. Tienes que seguir yendo. Tu salud es lo más importante, y no quiero que te preocupes por los gastos. Yo me encargo.
—¡Pero Nanoha-san…! —Fate comenzó a protestar, pero Nanoha la interrumpió con una firmeza que no admitía discusión.
—No hay peros, Fate. Esto no es algo que se pueda negociar. Si no vas a tus consultas, voy a llevarte yo misma de la mano. —La seriedad en su tono era inquebrantable, pero había una dulzura que hacía imposible que Fate pudiera contradecirla.
Fate la miró con ternura, sus labios curvándose en una pequeña sonrisa. —Me estás malcriando, Nanoha-san.
Nanoha rio suavemente, levantándose de su asiento. Se inclinó sobre la mesa y le dio un beso rápido en los labios, haciendo que Fate se quedara completamente inmóvil por la sorpresa. Cuando Nanoha regresó a su asiento, la miró con una sonrisa satisfecha. —Y seguiré haciéndolo, porque lo mereces.
Fate cubrió su rostro con las manos, soltando un suspiro entrecortado. —Eres imposible…
Ambas retomaron el desayuno, ahora con un ambiente más ligero, hasta que Fate pareció dudar por un momento. Nanoha notó su expresión y ladeó la cabeza, curiosa. —¿Qué pasa, Fate-chan? ¿En qué piensas?
Fate dejó sus cubiertos en el plato y respiró profundamente antes de hablar. —Hay algo que he estado pensando desde hace un tiempo. Quiero preguntarte algo, pero… no estoy segura si debería.
Nanoha sonrió, dándole confianza. —Puedes preguntarme lo que quieras, corazón. Estoy aquí para lo que necesites.
Fate bajó la mirada, nerviosa, antes de alzarla de nuevo hacia Nanoha. —¿Quién es Yuno?
El silencio llenó la sala por un instante. Nanoha dejó su taza de café sobre la mesa, sus dedos rozando suavemente el borde. Sus ojos se oscurecieron ligeramente, pero no por tristeza, sino por el peso del recuerdo.
—Lo siento, Nanoha-san… —comenzó a disculparse Fate, sintiendo que había cruzado una línea. —No quería meterme en algo tan personal.
Nanoha negó suavemente con la cabeza y sonrió. —No te disculpes, mi vida. Está bien que preguntes. —Tomó aire, su voz calmada pero cargada de emoción. —Yuno… él fue mi prometido. Falleció hace un tiempo, en un accidente en las montañas de Hokkaido.
Fate abrió ligeramente los ojos, sintiendo una punzada en su pecho al escuchar la confesión. —Nanoha-san, yo… no sabía. Lo siento mucho.
Nanoha sacudió la cabeza, con una pequeña sonrisa melancólica. —Él era una persona increíble. Alegre, generoso… alguien que siempre pensaba en los demás. Su muerte fue un golpe muy duro para mí, pero gracias a él aprendí a apreciar la vida de una manera diferente. —Hizo una pausa antes de añadir, mirando a Fate con una calidez inquebrantable—. Y creo que gracias a eso, hoy estoy aquí contigo.
Fate no supo qué responder, pero su mirada reflejaba todo lo que sentía: gratitud, empatía y algo más profundo que no podía poner en palabras. Nanoha tomó la mano de Fate sobre la mesa, entrelazando sus dedos suavemente.
—Él siempre vivirá en mi memoria, Fate-chan, pero quiero que sepas algo. —Nanoha sonrió, apretando ligeramente su mano. —Mi corazón ahora está contigo. Y no pienso dejarlo ir.
Fate sintió sus ojos llenarse de lágrimas, pero no dejó que cayeran. En lugar de eso, apretó suavemente la mano de Nanoha y asintió, su rostro iluminado por una sonrisa tímida.
El desayuno continuó, pero la conexión entre ambas se sentía más fuerte que nunca, como si cada palabra compartida tejiera un lazo invisible que las unía más profundamente.
Nanoha y Fate salieron del restaurante, caminando juntas hacia el auto. El sol brillaba con suavidad, bañando la calle con un cálido resplandor matutino. Fate caminaba ligeramente por delante, su expresión reflejando una mezcla de emociones mientras Nanoha la seguía, tranquila y con una sonrisa que no podía ocultar.
—¡Estamos tarde! —exclamó Fate cuando llegaron al auto, cruzándose de brazos y mirándola con un leve puchero.
Nanoha rió mientras abría la puerta del auto para Fate. —No hay problema, Fate-chan. Todo está bajo control.
Fate se subió al auto, aún cruzando los brazos, y lo miró con incredulidad mientras Nanoha rodeaba el vehículo para entrar por el lado del conductor. —Quizá para ti no sea un problema, pero para mí sí. ¡Takeda debe de estar echando humo! —dijo con una mezcla de preocupación y humor.
Nanoha se acomodó en su asiento y encendió el auto. Su sonrisa tranquila no desapareció ni un momento. —No te preocupes por Takeda. Si es necesario, hablaré con él. —Miró de reojo a Fate mientras comenzaba a conducir. —No voy a dejar que mi novia pase problemas.
El aire en el auto se tensó brevemente. Fate desvió la mirada hacia la ventana, sus mejillas encendiéndose lentamente. Después de unos segundos de silencio, giró ligeramente la cabeza para mirar a Nanoha de reojo.
—¿Soy… tu novia? —preguntó en un susurro, su voz teñida de timidez pero también de curiosidad.
Nanoha sonrió más ampliamente, sus ojos brillando con ternura. —Es lo que más quiero en este momento en el mundo, Fate-chan.
Fate bajó la mirada hacia sus manos, que jugaban nerviosamente con el borde de su suéter. Se mordió ligeramente el labio antes de hablar. —Entiendo… —Hizo una pausa, respirando hondo antes de añadir—. Nunca he tenido novia o novio antes, pero… si tú me lo permites, haré todo lo posible para ser una buena novia.
Nanoha sintió cómo su corazón se aceleraba al escuchar esas palabras. Miró a Fate, sus ojos reflejando puro amor, y luego, impulsada por una emoción que no podía contener, giró el volante hacia una calle tranquila y estacionó el auto.
—Mierda… ¿por qué eres tan bonita? —murmuró Nanoha, su voz llena de admiración mientras se inclinaba hacia Fate.
Fate parpadeó sorprendida, pero antes de que pudiera responder, Nanoha cerró la distancia entre ellas, capturando sus labios en un beso suave pero cargado de emoción. El contacto hizo que Fate cerrara los ojos lentamente, permitiéndose ser guiada por Nanoha en este nuevo y desconocido mundo.
El beso comenzó con un roce tímido, pero pronto se profundizó, transmitiendo todo lo que Nanoha sentía. Fate respondió con torpeza, pero también con una dulzura que hacía que el momento fuera aún más especial. Nanoha, con paciencia y ternura, le enseñaba a Fate cómo moverse en esta danza emocional, guiándola con suavidad.
Cuando finalmente se separaron, ambas estaban ligeramente sin aliento. Fate abrió los ojos lentamente, sus mejillas completamente rojas, mientras miraba a Nanoha con una mezcla de asombro y felicidad.
—Esto… esto es… nuevo —susurró Fate, llevándose una mano a los labios como si quisiera preservar la sensación.
Nanoha rio suavemente, acariciando la mejilla de Fate con la punta de sus dedos. —Es solo el comienzo, Fate-chan. Estoy aquí para que lo descubramos juntas.
Fate asintió, sonriendo tímidamente antes de acomodarse en su asiento, todavía tocándose los labios con incredulidad. Nanoha, satisfecha y con el corazón latiendo a mil por hora, retomó el volante.
Ambas sabían que aquel momento quedaría grabado en sus memorias para siempre. Era el inicio de algo nuevo, algo hermoso, y ninguna de las dos podía esperar para descubrir hacia dónde las llevaría este viaje juntas.
