®Shingeki no Kyojin le pertenece a la mente maestra de Hajime Isayama


Persiguiendo la Libertad


—¿Todo bien?

El capitán lanzó la gorra en la mesa y se dejó caer en la silla frente al escritorio de caoba. Del otro lado, de cara a la pared, su comandante esperaba una respuesta.

—Rosalie dice que la cuatro ojos le prometió que algún día podría volver a ver a su padre. ¿Tú autorizaste eso?

El hombre se volvió y sacudió la cabeza con calma.

—Hange dijo lo que tenía que decir. Pero más adelante, quizá, podamos arreglar un encuentro.

El soldado chasqueó la lengua.

—Esa cuatro ojos debería aprender a medir sus palabras.

—Pero tienes que admitir que fue un buen movimiento. Necesitamos gente y lo sabes.

Levi chasqueó la lengua. Le importaba muy poco en realidad si la chica volvía a ver a su padre o no, pero le incomodaba que Hange mostrara tan poca prudencia.

—La muerte de Ilse y Moisés fue una gran pérdida para nosotros. Eran nuestros últimos aliados en Eteria —continuó el comandante—. Ahora tenemos un vacío de información en el sur y necesitamos con urgencia a alguien en sus lugares. Tú mejor que nadie lo sabes.

—¿Nickolas aún no responde?

—Nickolas no se ha reportado con su capitán y por lo que parece no piensa volver. No podemos contar con él.

Levi desvió la mirada y soltó una maldición.

—Enviaré a Isabel y a Farlan. Una vez cumplan su entrenamiento básico, los ascenderé al pelotón del sur. El resto dependerá de ellos.

—¿Qué harás con la chica?

Con "la chica" se refería a Rosalie.

—Eso dependerá de ti —indicó—. La conoces mejor que yo, tú podrás juzgar si es apta para enviarla con los guerreros. Por ahora lo de Eteria es más urgente, así que Farlan e Isabel tendrán que hacerse cargo. Lo de los guerreros aun puede esperar.

Levi asintió en señal de aceptación.

—Mientras tanto, ocúpate de tu misión. Si surge algo te avisaré.

Levi asintió y recuperó su gorra. Se levantó de su asiento y dejó la habitación.


Rosalie no podía dormir. O más bien, Petra. No podía dejar de pensar en su padre y en la conversación que había tenido con el capitán. Por un lado, estaba aliviada de saber que su querido padre se encontraba bien, y por el otro, sentía una tristeza profunda al saber que sufría por causa de ella. ¡Si tan solo pudiera hablar con él! Hans le había hecho una promesa, pero esa promesa parecía tan lejana como el capitán. Solo le había dicho dos palabras, y eso en lugar de aliviarla le provocaba más ansiedad. Por un momento se arrepintió de haber sabido de su padre, porque ahora sentía mayores deseos de verle y abrazarle y un anhelo enorme se había apoderado de ella haciéndola llorar. Se mordió el puño y se tragó un grito de angustia, tratando de llorar en silencio. Las luces se habían apagado y el resto de sus compañeras dormían ya, y sobre todo Petra no quería que la escucharan. Se suponía que era una mujer fuerte y madura capaz de soportarlo todo; y no una chiquilla eldiana que había sido arrancada de su hogar y que sufría más de lo que podía soportar. Su padre estaba vivo, ella lo estaba, pero en su situación daba igual. Petra Ral estaba muerta para el mundo. Petra Ral estaba muerta para su padre.

Cuando el trago más amargo pasó, inspiró hondo y trató de recuperar la calma. El ruido que hizo su nariz al inspirar se escuchó con suficiente fuerza como para ser oída, y por un segundo temió despertar a alguien. Asustada, contuvo el aire lo más que pudo, tratando de hacer silencio; y al no oír ninguna señal de que alguien además de ella siguiera despierta a esa hora, soltó el aire retenido y cerró los ojos.

—Soy Rosalie Pole. Tengo dieciocho años y vengo de Wanderwar. Soy hija única. Mi madre murió cuando era pequeña y mi padre cayó en batalla en Eteria. No tengo más familia. Me uní a la milicia porque quiero defender a mi país como lo hizo mi padre.

Repitió aquella mantra en su cabeza, intentando convencerse de que era real. La repitió hasta que las palabras perdieron sentido y se volvieron un eco en su cabeza, hasta que las pausas se hicieron cada vez más largas y ya no podía hilar coherentemente lo que le seguía. Las repitió hasta quedarse dormida, y una vez que se quedó dormida comenzó a soñar.


¿Quién eres?

La voz interrumpía en sus sueños, confundiéndola aún más. ¿Era real o mentira? ¿De dónde venía esa voz?

¿Quién eres?

El sueño se le esfumaba, pero sus ojos estaban tan cargados que no quería ni podía despertar. Entonces la pregunta se repitió una vez más, y el sueño se interrumpió abruptamente como un trueno. Abrió los ojos, consciente de su entorno, y dejó escapar un profundo jadeo al encontrarse con un rostro masculino y de mirada grave, encima del suyo.

Una pregunta se instaló en sus ojos, pero aún estaba demasiado aturdida como para poder hablar.

—¿Quién eres? —volvió a preguntar Zack.

Rosalie se incorporó, y tomó una bocanada de aire que necesitaba. Se llevó un mechón de pelo tras su oreja antes de responder.

—Pues soy yo, Rosalie… —su voz sonó más nerviosa y ahogada de lo que quería.

Zack se enderezó, cuan largo era, y sin decir palabra, abandonó la habitación.

Rosalie se quedó despierta un rato, pensando qué significaría aquello. Mas pese a cuánto lo meditó, no encontró una respuesta. Tuvo que conformarse con que el hombre era un tanto peculiar, y supuso que quizá aquello era otra manía suya, como aquella de oler a las personas que recién conocía.

Amanecía ya cuando volvió a conciliar el sueño, y el resto del día lo tuvo que pagar. Esa noche se quedó dormida en un santiamén, y el episodio no volvió a repetirse. Pasaron algunas noches más, y así hasta completar una semana, entonces Rosalie Pole se olvidó de aquel extraño incidente.

A la octava noche, sin embargo, la luz de una linterna zigzagueó en sus ojos.

¿Quién eres?

Seguía medio dormida cuando la voz clara y firme de su anfitrión se hizo oír.

—Soy Pe… Rosalie Pole.

Despertó medio segundo después, dándose cuenta de lo que había dicho.

Zack tampoco dijo nada esta vez, pero en su mirada se advertía cierta contrariedad.

Rosalie se sentó en su cama, regañándose por su error. Casi había dicho su nombre real en voz alta, algo que no había revelado en estos cuatro meses desde que había llegado. Podía confiar en los legionarios, habían salvado su vida después de todo. Sin embargo, como decía el refrán marleyano, el demonio también tiene alas. Incluso ellos podían fallar. Hans se lo había advertido desde el mismo momento en que había llegado allí. Le había dicho que se inventara un nombre falso y no le revelara el real. Fue así como pasó a llamarse Rosalie Pole. Todos le decía así, y nadie hasta ahora le había preguntado directamente cómo se llamaba. ¿Acaso era esto una prueba?

Rosalie se dejó caer en su cama, e intentó descansar de nuevo.

Eldiana, despierta.

La siguiente vez Zack cambió la frase.

Rosalie abrió los ojos con esfuerzo, y la orden volvió a repetirse. Se cubrió los ojos de la luz, y volvió a acurrucarse de nuevo.

—No soy una eldiana.

Zack se marchó sin decir nada más. Rosalie, ahora más despierta y alerta, se preguntó si lo habría hecho bien esta vez. Pero Zack no hizo nada que pudiera develar su incógnita. De hecho, el resto del día y los subsiguientes actuó como si nada hubiera pasado. Tal era su estoicismo, que Rosalie casi pensó que lo había soñado. La falta de más preguntas repentinas como esa en medio de la noche casi la convencen de ello. Comenzó a olvidar el incidente, hasta que una noche, trabajando en el bar, ocurrió algo que trajo de vuelta todo el intercambio como si hubiese ocurrido solo unos segundos atrás.

Un cliente, medio borracho ya, insultó a Lilly por hacerlo esperar. Dijo que si acaso era una eldiana como para ser tan lenta. La reacción de aquella fue algo que dejó sin palabras a Rosalie. Lilly se volvió a él con una rapidez asombrosa. Dejó la bandeja con las bebidas sobre la mesa con un fuerte golpe, y le devolvió toda clase de improperios. El hombre intentó defenderse, medio confundido y atontado por el alcohol, devolviéndole a su vez toda una sarta de insultos. Frank se acercó para ver que estaba pasando. Le dio un alto a Lilly, que iba a embestir contra el cliente de nuevo, y se dirigió a él con calma.

¡Me llamó eldiana! ¡Jamás me habían insultado tanto en mi vida!

Las protestas de Lilly enfriaron la situación. Frank preguntó si aquello era cierto. Rosalie, a un lado asintió enmudecida, todavía paralizada por el arrebato. Frank entonces se dirigió al hombre, que balbuceaba pidiendo una compensación. Las palabras del joven le sorprendieron.

Caballero, es una auténtica grosería hablarle de ese modo a una dama. Entenderá entonces que no podemos permitir que tal descortesía se vuelva a repetir. Nos disculpamos, sin embargo, por la reacción de nuestra mesera. En compensación por ello la casa le exonerará de la cuenta, pero no podemos permitirle volver. Gracias, espero que entienda. Le acompañaré a la salida.

Rosalie no volvió a ver a aquel hombre. Tampoco hizo preguntas al respecto, todo había quedado más que claro. Días después, cuando la inesperada linterna volvió a su recamara, Rosalie tenía una respuesta.

¡Eldiana, despierta!

Tardó medio segundo en despertar, pero la frase estaba grabada en su memoria. Frunció el ceño y con gesto amenazador se incorporó. Apuntó a Zack con lo primero que encontró a mano.

—Jamás vuelvas a llamarme así, ¿me oyes?

Zack sonrió y se fue de allí. Rosalie se permitió interpretar aquello como una pequeña victoria. ¡Su primera victoria! Luego, cuando examinó con atención lo que había usado como arma, no pudo evitar soltar una carcajada. Era una vela.


Despierta.

Vamos, despierta.

¡Levantarte, Sina!

Rosalie abrió los ojos con fuerza. Procesó todo en un segundo, y tal como aquella última vez que Zack la puso a prueba, respondió con todo el veneno que fue capaz de reunir.

—No me llames así.

Se incorporó con gesto enfadado y comenzó a hacer la cama.

—No te enfades, era una broma.

A Hitch, como se llamaba aquella chica, le encantaba sacar de sus casillas a los demás. Era burlona, floja y no se tomaba las cosas muy en serio. Rosalie no le tenía antipatía, pero tampoco se fiaba de ella. Hitch era del tipo de persona impredecible, y Rosalie no podía permitirse cometer un error.

—¿Qué le pasa a Pole? —preguntó otra de las chicas, percibiendo su mal humor.

—Solo le dije Sina, y ya. No es para tanto.

Hitch quiso restarle importancia, pero su compañera no estuvo de acuerdo.

—Eso no está bien, Hitch.

La cosa murió allí, y Rosalie se permitió soltar el aire, al menos mentalmente. Aquello había salido bien. Sina era el personaje de un antiguo cuento eldiano para niños. En líneas generales, el cuento narraba la historia de una heredera del titán fundador que había sido hechizada para que se cristalizara y su poder nunca pudiera recuperarse. El hechizo se rompe cuando un príncipe de sangre real toca el cristal en el que se encuentra encerrada, y este se rompe, liberando a la princesa de su largo sueño. Se casan y son felices para siempre. Para los eldianos, la princesa de aquel cuento prohibido representaba esperanza, mas para la cultura marleyana, una ofensa. Era el equivalente a ser llamado un holgazán bueno para nada. La reacción fingida de Rosalie había sido oportuna. Era lo que se esperaba de un orgulloso ciudadano de Marley.

Gracias, Zack. Se dijo. Las repetitivas pruebas del hombre la habían preparado para este momento.


—Supe lo que te dijo Hitch —le dijo Sophie durante el almuerzo.

Rosalie decidió no contestar, lo que resultó mejor para ella.

—No dejes que eso te moleste. Siempre está intentando fastidiar a los demás.

—Lo sé —respondió Rosalie al fin—. Se meterá en problemas si sigue así.

—Las chicas de la barraca cuatro dicen que no la han echado solo por sus influencias.

—¿Influencias? ¿Su padre es militar o algo así?

Sophie se echó a reír, una risa fuerte e irónica. Rosalie no entendía aquella reacción.

—Sí, su padre, claro —se inclinó hacia adelante, como si fuera a relatarle a una confidencia—. El único motivo por el que tiene tan altas calificaciones es porque les hizo algunos "favores" a los evaluadores.

Cuando dijo "favores" hizo unas comillas en el aire. Rosalie estaba escandalizada.

—¿¡Permiten eso!?

—¡Shhh! —la censuró su compañera—. No tan fuerte.

—Perdón —Rosalie también comenzó a susurrar—. ¿Cómo es que…? ¿Cómo es que pueden dejar entrar gente así? ¿No se supone que solo los mejores pueden calificar?

Sophie se echó en su silla, con gesto relajado.

—Vamos, Rosalie —rodó los ojos—. No seas tan ilusa.

—Eso no es justo —se quejó Rosalie—. Me esforcé mucho para llegar aquí.

Recordó sus largas horas de entrenamiento, el dolor y el cansancio extremo. Cuando sentía que no podía más, entonces Zack incrementaba el nivel de dificultad y la hacía correr más, o levantar más peso, o hacer más repeticiones. Lo mínimo que esperaba era que todos allí también hubiesen sudado su camino hasta allí, y no que lo hubieran comprado de algún modo. Si eso era así, ¿qué le garantizaba entonces que obtendría un lugar con los guerreros? Todo esto era con ese único propósito. Infiltrarla con las filas enemigas, en un lugar donde pudiera alcanzar a los futuros portadores del poder titán y obtener ese poder para la resistencia contra Marley. Si había otros candidatos dispuestos a pagar el precio que fuera (y funcionarios corruptos dispuestos a aceptarlo), entonces tendría que esforzarse el doble o el triple para asegurar su camino hasta allí. Ahora entendía la preocupación de Anthein. Rosalie tendría que pelear con dientes y uñas su puesto con los guerreros. Y ahora, sentía que iba perdiendo.

—No te desesperes —le dijo Sophie. Su voz era amable—. Tu esfuerzo se verá. En el momento de la verdad, solo los verdaderos soldados avanzarán hacia adelante. El resto se quedará atrás, y entonces los superiores reconocerán tu talento.

Aquellas palabras fueron esperanzadoras, y Rosalie se sintió agradecida. Sin embargo, en el fondo surgió un pinchazo de culpa. No era amiga de verdad de Sophie. Algún día, tendría que traicionarla. ¡Si tan solo aquella chica fuera eldiana! ¡Si pudiera entender, unirse a su bando!

Hasta el momento, Rosalie no había meditado a fondo la magnitud de su misión. Significaría traición, mentiras y dolor. Tendría que hacer a un lado a gente como Sophie, y quizá, en algún momento, eso significaría levantar sus armas contra ella. Aquella revelación le produjo un profundo pesar, y casi pierde la compostura allí mismo. Perdió el apetito y sintió que sus ojos escocían. Deseó que aquello fuera más sencillo. Deseó no tener que lastimar a gente como Sophie, que solo se había mostrado amable con ella desde el principio y ningún daño le había hecho. Pero el cuchillo había sido empuñado desde el mismo momento en que decidió decirle que sí a Anthein Lander y su gente. No se sintió capaz, ya no más. Era un fraude, una derrota. No podía con esto.

—¿Qué pasa? —le preguntó Sophie con preocupación, al ver su expresión torturada.

Rosalie se sintió incapaz de hablar. Se levantó abruptamente, y enfiló a la salida.

Cuando se sintió segura en el baño, se encerró en uno de los cubículos, y dejó escapar un gemido de dolor. Lágrimas corrieron por sus mejillas, sintiéndose impotente, acorralada. Quisiera o no, tendría que seguir con aquello. Pero no podía.

—¡Soy un desastre, no puedo seguir aquí! —se dijo.

Golpeó la pared, y ahogó el llanto con los puños. De pronto, se dio cuenta de lo que estaba haciendo. Estaba llamando la atención. Justo lo que le pidieron que no hiciera. Se levantó rápidamente, y se secó el rostro con las mangas. Sus ojos debían estar rojos. Salió de la pieza, y se echó agua fría en la cara de una de las jofainas. En ese momento llegó Sophie. Rosalie se sintió palidecer, y apenas tuvo tiempo de pensar en una excusa.

—¿Pasa algo? —inquirió al ver su aspecto.

—Algo me ha caído terriblemente mal —mintió, con voz débil—. Pero ya estoy mejor.

Sophie la observó con gesto incrédulo.

—¿Quieres que te acompañe al ala médica?

Aquello la puso en alerta. Si iba allí era muy probable que descubrieran que no había nada mal con ella, y tendría que buscar alguna otra excusa lo bastante creíble para explicar lo que había pasado. Sophie era atenta y amable, no la dejaría en paz hasta asegurarse de que estaba bien.

—No, está bien —respondió—. No quiero verme débil. Con todo esto que me has dicho, no tengo otra opción sino esforzarme más si quiero estar en el top diez.

Aquello levantó el interés de Sophie.

—Es por lo de los guerreros, ¿no? Podrías obtener un buen puesto aun sin estar entre los diez.

Allí estaba una de las preguntas que más había temido y para la cual se había preparado diariamente, repitiendo aquella mantra en su cabeza.

—Es lo que mi padre quería. Sé que se sentiría orgulloso.

—Oh, entiendo —la voz de Sophie bajó una octava—. Suerte, entonces. ¿Regresamos?

Rosalie asintió, y ambas chicas volvieron al comedor.


El resto del día transcurrió sin más imprevistos. De algún modo, Rosalie logró continuar con la mentira. Se movió con un poco menos de rapidez y destreza de lo usual, fingiendo que fingía que se sentía bien. Quería hacerlo creíble, y si en realidad estuviera enferma y tratara de pretender que ya no se encontraba indispuesta, su destreza se vería ligeramente afectada. Se felicitó mentalmente cuando el día tocó fin y Sophie le expresó su admiración por haber trabajado tan duro pese a su malestar. Sin embargo, la sensación de alegría por aquel pequeño triunfo no le duró mucho. Le sentaba mal engañar a Sophie de aquella manera. La chica había sido sincera hasta ahora, mientras que Rosalie había alimentado aquella naciente amistad a sabiendas de que un día, muy probablemente, se convertirían en enemigas. Intentó consolarse diciéndose que Sophie era un soldado marleyano. Los soldados marleyanos eran el enemigo de su pueblo, quienes más los oprimían y abusaban de ellos. Sophie era una enemiga en ciernes, una potencial asesina de eldianos. Sin embargo, aquellas palabras no la consolaron en absoluto.

Esa noche, cuando salió de las duchas, Lilly le hizo una visita inesperada. Entre los entrenamientos y la diferencia de habitación, habían interactuado poco hasta el momento, casi como si fueran desconocidas. Aquella repentina visita consoló su corazón un poco, pues se había sentido muy sola desde que había llegado allí, y al fin veía una cara conocida.

Lilly fue directo al punto.

—Hoy te vi un poco extraña —comenzó—. ¿Qué pasó?

Su preocupación era auténtica. Rosalie se sintió avergonzada, había llamado la atención de su amiga por nada.

—No es nada, estoy bien.

—Rosalie —la voz de Lilly se tornó en una súplica amable—. Sabes que puedes contar conmigo. Quizá ya no nos veamos tanto como antes, pero eso no significa que te dejaré sola.

Aquello le dio confianza, y por primera vez en largas semanas, sintió que podía ser ella misma, al menos por un momento.

—¿Puedo decirte algo que sonará tonto?

—Ya sabes, no hay pregunta tonta… Aunque esto no sería una pregunta.

Rosalie casi sonrió.

—Me siento mal por Sophie, mi nueva… —no se atrevió a decir "amiga" —. Compañera. Ella parece amable y nos hemos llevado bien, pero… no puedo dejar de pensar en lo que pasará cuando nuestros caminos se separen.

Rosalie fue cuidadosa con cada palabra. Aun así, logró expresar lo que le preocupaba. Lilly suspiró, y se recostó en la pared como si fuera a darle una larga respuesta.

—Entiendo lo que sientes. Por eso nos decían que no nos apegáramos tanto, ¿recuerdas? —Rosalie asintió—. Uy, no imaginé que se te fuera a hacer tan difícil —hizo una pausa antes de continuar—. ¿Crees que puedes manejarlo?

—No lo sé —Rosalie se llevó un mechón de pelo tras su oreja—. Pensé que sería más fácil mantener la distancia. Creí que bastaría solo con recordar el daño que nos han hecho. Odié al capitán cuando me arrestaron. Creo que hasta le dije un par de cosas… Él y su compañero se portaron tan horrible como todos los demás, y bueno, pues pensé que al llegar aquí sería igual… Creí que todos serían iguales, crueles y despiadados, pero esta chica ha sido de lo más amable conmigo y los demás no parecen los monstruos que he conocido toda mi vida. Por primera vez personas de Marley me tratan con respeto. No ven nada diferente en mí, me muestran su amistad. Y cuando los veo y recuerdo a los soldados de mi distrito, me cuesta ver alguna similitud. Y me perturba pensar que algún día estaremos en bandos enemigos y tendremos que enfrentarnos en batalla. Me duele saber que ella quizá podría convertirse en lo que tanto odio, porque es tan gentil que parece incapaz de albergar la maldad de Marley y enviar al Paraíso a los nuestros. No quiero traicionarla. Pero sé cuál es mi deber.

Una lágrima cayó de sus ojos. Sin embargo, no sintió el alivio que esperaba tener. Sentía que aún tenía muchas cosas qué decir, pero no sabía cómo expresarlas. Lilly le observó con cautela y comprensión. Se quedó callada unos segundos antes de poder hablar.

—Uy. Es más complicado de lo que creí.

Rosalie se secó el rostro. Lilly inspiró hondo y entonces, habló.

—Soy torpe con los discursos, ¿ok? Pero sí puedo decirte que no estás viendo la moneda entera. Mira, ellos se portan así porque piensan que eres como ellos. Pero han sido criados para pensar cosas horribles de nosotros. Si supieran quien eres en verdad, no serían tan amables. Mira, tienes que tener eso en mente. Son el enemigo, no podemos convencerlos.

—¿Y si pudiéramos? —tanteó Rosalie con esperanza.

Lilly meneó la cabeza negativamente.

—No, no podemos. Es imposible que cambien su manera de pensar solo porque tú les digas que los «elds» son buenas personas y no son demonios. Estuve más tiempo que tú en el bar. Los escuché hablar, a esos soldados. Lo que decían era horrible. ¡Esos tipos están convencidos en verdad de que están haciendo algo bueno! No puedes luchar contra eso —sentenció.

—Ojalá las cosas fueran más fáciles.

—Tú… No te sientes capaz de matar a uno de ellos, ¿cierto?

La pregunta la sacudió de pies a cabeza. Nunca se había detenido a pensar en ello. Toda su vida había soñado, había anhelado la libertad de Eldia. Había visto tanta maldad y dolor que el odio se apoderó de su corazón joven e inocente. De niña soñaba con heredar el titán femenino y así hacer grandes cosas por su comunidad. Se imaginaba levantando puentes, construyendo escuelas, ayudando a la gente, todo con el poder titán. En aquellos sueños nunca se vio pisoteando al enemigo, rompiendo sus costillas, aplastando sus armas. Y hasta ahora reparaba en ello. Petra Ral nunca se vio manchándose las manos de sangre, pese a todo el desprecio e ira que albergaba por aquella nación.

Aquella revelación fue abrumadora. Rosalie Pole un día tendría que matar. ¿Realmente estaba preparada para llevar su deseo de justicia personal hasta aquel extremo?

La imagen que una vez soñó cuando era niña cambió. Ya no era el titán amable y hermoso que usaba su poder y grandeza para ayudar a los necesitados, que le sonreía a los niños y defendía a los débiles. Ahora bajo su mirada desapasionada, sus manos se teñían de carmesí y terminaban en zarpas afiladas. A sus pies, filas de uniformes azules manchados de rojo se extendían hasta donde la vista alcanzaba ver.

Aquello era muy diferente a todo lo que una vez imaginó. Pero no había vuelta atrás.

La decisión había sido tomada desde el mismo momento en que emprendió el camino hacia la libertad.


—Fanfiction, 10 de diciembre de 2024.

Nos vemos el 10 de enero.

If you know what I mean