El último fanfic - 4
Hola a todos.
Me acuerdo que algunos de los primeros fanfics de FHix solían ser un poco ladrillo. Es decir, la lectura se volvía un poco pesada porque ella caía mucho en la introspección de los personajes y eso enlentecía el desarrollo de la narrativa. Pero al menos, terminabas entendiendo las motivaciones de los personajes y su forma de ser. Otros autores de fanfics se limitan a poner un par de pensamientos y listo, no te desarrollan mucho más. A veces ni siquiera se toman el trabajo de describirlos. Por ejemplo, cuando interviene en la historia un poni que apareció en algún momento de la serie, te escriben "este es X, apareció en X capítulo de X temporada". ¿No sería mejor que fuera como un juego de adivinanza, donde se nombra y describe al personaje en cuestión y el lector debe adivinarlo por su cuenta?
FHix, por su parte, si no inventaba un OC, agarraba y se ponía a investigar. O googleaba, sobre todo si era para saber cómo se escribía el nombre del personaje y su aspecto. Crear un personaje original dentro de un mundo ya definido es todo un reto, porque te tenés que ajustar a ciertas reglas y parámetros de ese mundo… aunque hay gente a la que eso le da por las pelotas. Si no es por los personajes, es por las historias que escriben (he ahí la mayoría de los malos fanfics). Y peor si pretenden hacer crossovers con otras series. Se termina rompiendo toda lógica…
Bueno, estoy comentando sobre esto justo en un fanfic que pone un nivel de violencia bastante por encima de lo que la serie de MLP suele mostrar. Pero al menos FHix intenta justificarlo, trabajando la trama con la mayor cantidad de elementos posibles del canon. No sé si le sale realmente bien, quizá no en todos los casos lo logra. Si ustedes han seguido o siguen sus fanfics, se podrán dar cuenta.
Volviendo al tema de los OCs, creo que son necesarios para equilibrar los hechos y acciones en un fanfic. Hay muchísimos autores que ponen un OC y encima self-insert sobre el que recae todo el foco de la trama, y los personajes principales quedan ahí, estáticos, hasta que el autor se acuerde de que deberían hacer o decir algo. Ojo, que en series como MLP, donde tenemos básicamente siete protagonistas (contando a Spike) es medio difícil manejar tantos personajes porque cada uno tiene su personalidad y forma de actuar bien definida. Por eso en los capítulos regulares de la serie, normalmente se centran en dos o tres. Y en los fanfics… bueno, son pocos los capaces de plantear una historia donde las mane 6 estén bien representadas, y no haya tanta colisión con los OCs. FHix tiene un par de fanfics protagonizadas casi pura y exclusivamente por OCs, aunque un detalle es que como se trata de personajes originales, tiene que meterles mucho más desarrollo que a los canónicos, y eso resulta contraproducente para la historia si uno no sabe dosificar la información. Que es lo que le terminó pasando en uno de esos fanfics.
Otro problema es el contacto de los OCs con los canónicos. Muchos acá seguramente habrán leído fanfics donde emparejan a un OC con una mane 6, con resultados (sexuales) desastrosos por supuesto, a menos que esté lo suficientemente bien construido como para que no le caiga pesado al lector. FHix no ha incursionado mucho en el romance, ni tampoco es el género que más le mueve, aunque sí se animó a escribir algo. El primer fanfic de romance que escribió es más o menos un ladrillo con mucha introspección psicológica de por medio, y el segundo fanfic fue un ejercicio para ver si lograba escribir lemon pero con más erotismo y no esa descripción de p0rn0/hentai barato que tienen el 99% de los fanfics con romance. Quizás algunos de ustedes sepan a qué "autor" y su círculo nefasto me estoy refiriendo.
Pero si algo es cierto, es que es muy difícil manejar varios personajes en una misma historia, ver cómo encaja cada uno en la trama y qué aporta. Por eso lo normal es que los malos autores de fanfics se enfoquen en su OC todo chingón que se caga a palos con medio mundo mientras las otras ponis están ahí, mirando y preguntándose si en el duelo a muerte con cuchillos van a pelear a muerte con cuchillos. Todo es cuestión de encontrar un equilibrio de poder entre todos los personajes, ya sean canon, OCs, o villanos.
Aunque, como todo, a escribir se aprende escribiendo.
Los dos changelings estaban parados ahí, como petrificados, delante del cuerpo parcialmente destapado, dejando expuesto el horrible surco trazado sobre el cuello que tenía. Pero ellos no miraban eso, sino que se concentraban en el rostro de su ex reina. La expresión con que la habían encontrado parecía haberse diluido. Alguien, probablemente uno de ellos, tuvo valor de cerrarle los ojos, quizá para evitar el deterioro que podía producirles el aire. Quizá para que no doliera tanto enfrentar su mirada frustrada al ser vencida por la muerte. Porque dolía, ¡y cómo!, contemplarla así. Tal vez porque, más allá de todo lo que la había distanciado de su pueblo, de sus hijos, de su colmena, inconscientemente mantenían su vínculo. El mismo que no los había dejado inermes mientras alguien cercenaba la vida de Chrysalis.
Cuando Thorax levantó la vista, con sus ojos humedecidos de congoja, se dirigió directamente hacia la princesa Celestia.
—No creímos que dolería tanto… —el actual líder changeling dio un suspiro, tratando de controlar ese sentimiento terrible que lo embargaba—. ¿Podemos… llevárnosla? Creo que lo menos que podemos hacer por ella es dejarla reposar allí donde vivió con nosotros.
—Lo siento mucho —expresó Celestia—. Claro que pueden hacerlo, solo esperen un rato a que el equipo forense termine de hacer algunas pruebas sobre el cuerpo. Es necesario para determinar algunos detalles.
—Bueno —concedió Thorax—, pero queremos estar presentes mientras eso sucede… Si no le importa.
—No hay problema.
Antes de salir, Pharnyx salió de su ensimismamiento y le preguntó, en un tono algo áspero, a la alicornio:
—¿Qué van a hacer cuando encuentren al que lo hizo? Supongo que no se les va a ocurrir encerrarlo o hacer que se exilie… Algo como esto requiere como mínimo que lo cuelguen.
—En Equestria no se admite la pena de muerte —contestó Celestia severamente—, sino que un crimen mayor se condena con cadena perpetua.
—¿Y por qué eso sería suficiente castigo? —retrucó Pharnyx, insatisfecho con la respuesta— Sabemos que Chrysalis ha amenazado a Equestria varias veces, sin embargo, jamás ha matado a nadie. Y por muy malvada que haya sido, no quita el hecho de que el que la mató realizó un acto mucho más atroz. ¿O acaso ella no cuenta como víctima por haber sido una villana?
En ese momento, Celestia entendía que el changeling hablaba desde el dolor y la indignación. Nunca era fácil lidiar con los familiares de las víctimas.
—Les aseguro que se hará todo lo posible por descubrir al criminal para llevarlo ante la justicia. Es inaceptable que algo así suceda en territorio ecuestre, y no permitiré que tal atrocidad quede impune.
—Más le vale —sentenció Pharnyx.
Celestia ordenó a un guardia que buscase al equipo forense para preparar el cuerpo de la reina changeling para su traslado.
Mientras, Luna intentaba contener a Twilight y sus amigas, evitando que estas entraran al cuarto. Temía que se impresionaran demasiado si insistían en ver los cuerpos. Cuando Celestia se les unió, fueron a otra habitación, en la que la princesa volvió a insistir en su directiva de que las portadoras de los elementos no se involucraran en la investigación, ya que la consideraba demasiado peligrosa para ellas. La mayoría de las ponis, obviamente, levantó sus protestas, pero todas fueron desestimadas por la alicornio.
—¿Y qué hicieron con la campana de Grogar? —preguntó Spike para cambiar de tema, viendo lo ofendidas que sus amigas habían quedado.
—Por ahora la mantenemos en un lugar secreto y seguro —respondió Luna— hasta que podamos hallar la forma de recuperar nuestra magia de ahí.
—¿Qué? ¿O sea que todavía están sin su magia? —se escandalizó Twilight.
—Es una cuestión complicada porque no tenemos los detalles de cómo funciona realmente. Y dado que la magia del caos también está dentro, es muy arriesgado manipularla, por lo cual decidimos esperar a que Discord despierte antes de intentar nada.
—Aunque también evaluamos la posibilidad de estudiarla junto con Starswirl para descubrir su funcionamiento —. Aclaró Celestia— Cualquiera que use la campana sin las debidas precauciones podría ser afectado por la magia de Discord, y sólo él sabe cómo manejarla.
—¡Pero si ustedes no poseen su magia, con más razón necesitarán nuestra ayuda! —terció Rainbow— ¿Qué pasa si alguien llega a robar la campana?
La princesa del sol miró de tal forma a Dash, que esta sintió calor de verdad.
—Ese punto ya quedó definido. No vuelvan a insistir sobre eso, por favor. Ya resolveremos el tema de la campana. No se trata de magia, me temo que es algo que va mucho más allá. Y no queremos ponerlas a ustedes en riesgo.
—¿Y qué hay de Discord? —preguntó Fluttershy— ¿Qué pasa si no despierta?
—Y con Cozy Glow —agregó Rainbow—. ¡Ella estaba en el castillo con Tirek y Chrysalis! ¡Seguro que lo vio todo! Probablemente sepa qué pasó.
—No queda otra opción más que esperar —respondió la princesa Luna—, pero pondremos una vigilancia especial tanto para Discord y Cozy Glow como supervisión constante para los equipos médicos a cargo de su tratamiento. Todo se manejará con estricta reserva, ya que no queremos que nadie atente contra ellos hasta que estén en condiciones de poder hablar de lo que pasó.
Pinkie Pie se puso a dar saltitos.
—¡Oh, oh, oh! ¡Podemos quedarnos nosotras para proteger a Discord y a Cozy Glow! —sugirió la poni rosa— No dejaríamos que nadie entre al hospital sin nuestra autorización y aprobación. Y si alguno de los dos despierta, ¡estaré preparada con mi cañón de fiestas!
La princesa Celestia meneó la cabeza.
—No puedo pedirles que asuman semejante responsabilidad. Vayan y hagan su visita, pero no es necesario que se queden en el hospital todo el tiempo.
Como las princesas no les ofrecieron mucho margen para seguir conversando, y dado que aún persistía la molestia por ser excluidas, las seis ponis y el dragón Spike decidieron ir al Hospital.
El pasillo contiguo al ala de Terapia Intensiva, a pesar de ser amplio, parecía algo estrecho debido a la aglomeración de ponis y criaturas que esperaban recibir novedades de dos pacientes en particular. No hablaban mucho, en parte porque casi nadie tenía ganas de hablar, y en parte porque Tempest Shadow les recomendó no mencionar nada abiertamente.
Afuera, el sol continuaba dominando el cielo. Era algo preocupante que las princesas no pudieran disponer de su magia para mover los astros. Ojalá aquello se solucionara pronto, porque cualquier alteración entre el día y la noche podía complicar las cosas más de lo que ya estaban. Por ello, Starswirl decidió regresar al palacio, al menos para encontrar la forma de bajar el sol y subir la luna.
Cuando la directora de la Terapia, una unicornio de pulcro guardapolvo blanco y melena recogida en un rodete, se presentó luego de un par de horas, se vio abordada por aquella multitud de ponis y criaturas ávidos de respuestas.
Sin embargo, ella cerró toda posibilidad de diálogo:
—Disculpen, entiendo su interés por el estado general de los pacientes. Pero he recibido órdenes expresas y escritas de no divulgar ningún tipo de información sobre los pacientes de esta sala de terapia. Por favor, sepan comprender… Están autorizadas las visitas, aunque de a dos por vez. En una hora se terminará el horario de visitas, así que les pedimos encarecidamente que no se demoren.
Dicho esto, se abrió paso hacia la entrada a la sala ignorando las protestas de los ponis.
—¡Rayos! —exclamó Rainbow— ¿Por qué henos tanto secretismo? ¡No es justo que nos tengan en ascuas!
—Es para protegerlas del enemigo interno…
Ese fue un susurro de Tempest Shadow, que llamó la atención de las amigas de Twilight. Desde que llegaron, no se explicaban su presencia junto con Starlight, Sunburst y los estudiantes de la escuela. No le habían prestado mucha atención hasta ese momento.
—¿El "enemigo interno"?
—Sí. —contestó Tempest— Es una hipótesis que conversamos previamente antes de venir aquí. Puede que sea difícil de entender, pero no se enojen con sus princesas por mantener este asunto bajo reserva.
—¿Y tú qué es lo que sabes? —le espetó Rainbow.
—En lo que refiere a conspiraciones desde la oscuridad, mucho.
Tempest le devolvió a la pegaso una mirada fría y desafiante.
—¿Una conspiración? —Twilight no salía de su asombro, pero pronto comenzó a conectar algunos puntos en su cabeza.
—¿Cómo que una conspiración? —preguntó Applejack— ¿A quién se le puede ocurrir hacer semejante cosa? Y más que nada dentro del propio palacio de las princesas.
—Ustedes confían demasiado en los demás —continuó Tempest—, y la desconfianza es una virtud sana en una situación como esta. Si liquidaron a dos criaturas y dejaron a dos en la cuerda floja, en un lugar donde no se supone que sea tan fácil no ser visto, entonces debe haber algún cómplice. Por eso, les recomiendo que todo lo que hablen, sea a puertas bien cerradas.
La recomendación de la ex comandante pirata solo produjo más intranquilidad en las ponis.
A pesar de los rayos de sol que iluminaban el pasillo, aquel día se ponía cada vez más oscuro.
La primera que quiso entrar a ver a Discord fue, lógicamente, Fluttershy, acompañada de Rarity, que venía demostrando ser la compañera más indicada para contener a la pobre pegaso.
Al entrar, vieron tres máquinas distintas conectadas al cuerpo del draconequus a través de electrodos, tubos y sondas. Una para la respiración, otra para la alimentación, y otra para el monitoreo de sus signos vitales. Tenía el suero puesto en su pata de león. La garra de águila permanecía medio crispada, como si quisiera agarrar algo. La cola roja de reptil sobresalía por debajo de las sábanas. Parecía dormir lánguidamente, pero se notaba lo mucho que debía de haber sufrido.
Daba demasiada impresión verlo así.
Los llantos de Fluttershy se oyeron desde fuera.
—Sé fuerte, querida —la consolaba Rarity—, tienes que ser fuerte. Discord se mejorará. Ya verás que todo saldrá bien, solamente hay que esperar.
Después de deshidratarse en lágrimas por un rato, la pegaso se instaló al lado de la camilla. Tomó cuidadosamente la pata del señor del caos, esperando alguna reacción, alguna mínima señal de conciencia. Fue en vano, más ella no se resignó. Acarició con su casco el rostro de su amigo, preguntándose una y mil veces: "¿qué? ¿por qué? ¿cómo? ¿quién?". Luego se quedó en silencio, pero no se fue.
—Por nada del mundo voy a irme de aquí hasta verte despierto. Yo sé que te has equivocado y has metido la pata. Pero tú querías ayudar, y alguien mucho más cruel se aprovechó de eso.
Después de Rarity, se turnaron para entrar Rainbow, Spike, Applejack, Pinkie (que dejó un globo que decía "¡Recupérate pronto!" atado a la cama).
Por otro lado, Twilight y Starlight tomaron la iniciativa de ingresar a ver a Cozy Glow. El cuarto, blanco y pulcro, estaba ocupado por un par de máquinas, ganchos de suero y por la cama de terapia, tan grande que la pequeña potrilla parecía una muñeca dentro de ella. Una muñeca conectada a un par de tubos y varios electrodos, sumida en un sueño profundo, de aquellos de los que es difícil despertar. Al lado, una enfermera terminaba de colocarle un nuevo suero. Y, por mucho que intentó disimularlo, las dos ponis notaron que se secaba un par de lágrimas.
—¿Estás bien? —preguntó la alicornio lavanda.
—¿La conoces? —le preguntó la unicornio rosada.
—Perdón, lo siento —se disculpó la enfermera—, no, no la conozco, pero… es una potrilla, ¿saben? Tiene probablemente la edad de mi hija. No puedo, no puedo imaginarme que algo así le pase a una niña… —miró a Cozy, tan reducida en medio de la enorme cama— Es demasiado horrible.
Ninguna de las visitantes supo qué decir. Les sorprendía la compasión de la enfermera, quizá porque ninguna de las dos era madre.
—¿Dónde estarán sus padres? —se preguntó la enfermera— ¿Qué clase de padre o madre permitiría una atrocidad como esta? Deberían ser encarcelados, aunque sea por negligencia, al igual que el monstruo que le hizo esto…
A espaldas de las yeguas, desde el umbral de la puerta, otro enfermero le hacía señas.
—Disculpen, debo continuar con mi trabajo… Lo siento —dijo la enfermera, y se retiró rápidamente.
Solo el ruido de los aparatos y los murmullos del exterior tapaban el silencio. Twilight pensaba en qué momento se habían torcido tanto las cosas, cómo podía ser que se encontrara allí, en una habitación de terapia intensiva frente a una potrilla que luchaba por su vida. Y al lado de otro amigo que atravesaba lo mismo. Había demasiadas preguntas en su mente… y muy pocas respuestas. Aquel día —que aún no terminaba— estuvo sobrecargado de emociones, y la princesa sentía que iba a necesitar varios días para poder procesar toda esa vorágine de acontecimientos.
Por su parte, Starlight reflexionaba sobre lo dicho por la enfermera, que era totalmente cierto: ¿dónde estaba la familia de Cozy Glow? Si es que la tenía, por lo menos, pues al fin y al cabo podría tratarse de una huérfana. Eso explicaría la falta de una brújula moral. Alguien que le dijera que estaba mal aliarse con un villano para quitarle su magia a los otros ponis. O, de plano, que colaborar en la destrucción de Equestria era directamente traicionar a su propia especie, lo cual implicaba una falta muy grave que debería ser sancionada con un castigo igualmente severo. Pero a Equestria le costaba infligir castigos severos… más allá del destierro o de la petrificación. Quizá por eso, los castigados reincidían en sus fechorías. De hecho, Starlight Glimmer se puso a reflexionar sobre su propio caso: cuando escapó de la villa igualitaria, no fue debidamente perseguida por Twilight ni sus amigas, ni siquiera mandaron una partida de policías a apresarla. A pesar de haber retenido contra su voluntad a muchos ponis, a quienes les quitó su cutie mark y, por ende, parte de su identidad, para obligarlos a vivir en una miseria disfrazada de dignidad, donde se prohibía lo diferente. Y así y todo, después de lo que ocurrió con el portal del tiempo, después de haber puesto en riesgo muchas veces la continuidad temporo-espacial de su mundo por causa de una venganza absurda, pudo pactar una tregua con Twilight, y luego hacer las paces con los ponis de la antigua villa que gobernaba. Todo eso sin ser juzgada por la corona, sin que la hicieran pasar por un juicio, nada. Prácticamente no había sufrido las consecuencias de sus acciones.
Recordó el día en que visitó la villa, ahora devenida en pujante pueblo. Las cosas parecían marchar bien, y a pesar de que algunos ponis habían elegido retornar a sus hogares originales, otros apostaron por ese pueblo sin importar lo que sufrieron allí. ¿Qué le aseguraba que todos la habían perdonado? ¿Qué le hacía pensar que quizá no habría alguno resentido con ella por hacerle tiempo valioso de su vida en un villorrio de mala muerte? Cabía la posibilidad de que, si nadie se había atrevido a hacerle nada, fue por haber quedado bajo la tutela de Twilight, que no por nada era la Princesa de la Amistad. ¿Quién intentaría hacer algo contra un protegido de una princesa? Además, Starlight había colaborado para salvar al reino al menos una vez… Pero, de vuelta, eso no le daba ninguna garantía de que no tuviera enemigos no declarados, que solo tuvieran problemas con ella y nadie más.
Por ejemplo, en Ponyville algunos residentes todavía miraban mal a Trixie por aquella vez en que encerró a todos en un domo, encaprichada por demostrar que era mejor que Twilight. Y cuando la cosa se resolvió…. la dejaron ir. Sin consecuencias. Ni hablar de Tempest Shadow… otra "traidora". Pero como "se redimió", quedó todo OK. ¿Y si no fue así? ¿Y si existiera un grupo secreto de ponis no dispuestos a perdonar ni olvidar, que estén a la espera del momento ideal para cambiar las fichas del tablero? Entonces volvieron a su cabeza las palabras de Tempest: "protegerlas del enemigo interno". ¿Podía significar que la violencia no pararía ahí, sino que podría continuar? Si era cierto que había alguien a quien no le importaba agredir a una potrilla por haber traicionado a la ponidad como forma de enviar un mensaje de advertencia a futuros villanos, ¿qué aseguraba que no iría contra Tempest, contra Trixie, contra ella misma? Si bien Starlight confiaba en su capacidad para pelear, la inquietaba demasiado imaginarse un enfrentamiento contra alguien con la destreza suficiente como para matar a dos criaturas poderosas y dejar a otras dos al filo de la muerte, sin ser detectado. Ya no se trataba de un importante dominio de la magia. Se trataba de cuidar el propio cuello.
Y así llegó el miedo. Así empezó a sentir miedo de verdad. Pero también sintió otra cosa: la voluntad de no rendirse ante el miedo. Pensó en Cozy Glow. ¿Quedaría sola cuando ellas se fueran? ¿Aparecería algún familiar para cuidarla? ¿Era seguro dejarla sin mucha supervisión, en el caso de que el "enemigo interno" enviara a alguien para completar el trabajo? Si Cozy Glow despertaba, ¿recordaría lo que pasó en el palacio? Aquello que sabría o que habría visto la convertía en un testigo muy valioso. Igual que Discord. Y ambos, en su calidad de testigos, debían ser debidamente protegidos.
Por eso, Starlight Glimmer tomó una decisión.
No se movería de al lado de la potrilla. Pase lo que pase.
De manera análoga, en el cuarto del otro lado, había una pegaso con la misma determinación.
El sueño se diluyó velozmente en su memoria, al igual que los demás, aunque le había dejado el mismo amargo resabio emocional. No iba a olvidarse nunca de aquello, por más que hubieran pasado veinticinco años.
Aquel día había comenzado de modo similar a los anteriores. El corcel se despertó en la penumbra de su cuarto. Permaneció acostado un rato, con los ojos fijos en la mancha de humedad en una esquina del techo, la que en algún momento habría de arreglar. Luego se fue deslizando lentamente por debajo de las sábanas y las cobijas hasta bajar los cascos de la cama y posarlos sobre el piso. Algunas mañanas le resultaba más difícil levantarse que otras. En esta en particular, como tenía un propósito definido, se propuso hacerlo enseguida. Arregló la cama solitaria y salió.
Cuando pasó por la sala, saludó a los retratos de su esposa y su hija colgados a sendos lados de la chimenea. Se detuvo a contemplarlas, como todos los días, y después fue a la cocina. Desayunó un café amargo con unos bollos dulces mientras oía los cantos de los pájaros a través de la ventana abierta. Desde que había comprado aquella propiedad, hacía unos diez años atrás, cuando se retiró, estuvo dedicado a plantar todo tipo de árboles y arbustos florales. La tierra fue pródiga y amable, recibiendo cada plantín al que permitió prosperar. Por eso, él ya no necesitaba comprar flores en la florería del cementerio. Ahora podía llevar directamente las del jardín con el cual honraba la memoria de sus ponis amadas.
Cuando salió afuera, preparado con las tijeras, sintió el aire enrarecido. Como si estuviera por venir una tormenta, aunque no hubiera ninguna nube en el cielo. Aunque salía bastante poco, solamente lo justo y necesario para conseguir provisiones o hacer, justamente, estas visitas especiales. Mientras cortaba las últimas flores para el ramo, miró hacia la ciudad construida sobre la ladera de la montaña. Se veía tan cercana que parecía que podría tomarla con un casco. Algunas veces se le ocurrió tomar el tren en la última estación antes de la cuesta. Más de una vez estuvo parado en ese andén, pero siempre terminaba pegando la vuelta. Y siempre acababa en su casa, sentado en el sillón, renegando con la vejez que lo volvía más sentimental de lo que quería admitir.
A lo mejor, hoy sería el día en que finalmente decidiera abordar el tren. No podía morirse sin haber vuelto, por lo menos una vez, a la capital. Allí donde la princesa Celestia hizo construir un memorial para su hija, al que no pudo -no quiso- ir a ver en su inauguración. Tal vez por fin tendría el valor para visitarlo, por más que no se tratara más que de una placa con el nombre y la foto de Twinkle Shine, y algunas palabras bonitas a modo de dedicatoria.
¿Le habría perdonado Celestia aquella ausencia de tantos años? ¿O su corazón habría logrado sanar?
Al llegar al cementerio vio al viejo Tombstone en la entrada, apoyado sobre su pala, y mirando melancólicamente hacia más allá de donde seguía el camino. Tranquilamente el corcel podría mimetizarse con el resto de las estatuas que custodiaban el ingreso al camposanto.
—Buenos días —saludó el recién llegado— ¿Qué tal todo en el barrio VIP?
—Buenos días, señor Noirhooves —respondió Tombstone—. Por aquí todo normal, salvo esas odiosas palomas que no dejan de decorar todo con sus asquerosas heces. Más allá de eso, no he tenido quejas de los residentes.
—Pues, lamentablemente son parte del decorado. Quizá a lo mejor entretienen a los fallecidos y les hacen compañía.
—Yo preferiría que no fuese una compañía tan sucia… —Tombstone decidió dejar el tema de las palomas, para fijarse en el ramo de flores frescas que sobresalía de la alforja de Noirhooves— ¿Esas son de su jardín?
—Así es. Por fin han alcanzado a florecer este año. No se da una idea de la lucha que tengo con los insectos… Como usted con las palomas.
—Yo siempre digo que no se hacen suficientes esfuerzos para combatir a las plagas. Pero, ¿qué más da? Tan solo soy un pobre sepulturero.
Sin hacer más comentarios, Noirhooves traspasó la entrada. Ya conocía de memoria el camino hacia la parcela donde descansaban los restos mortales de su familia. Podría haberlo recorrido con los ojos cerrados incluso. A medida que se acercaba, le parecía revivir el día del funeral, cuando no terminaba de aceptar que Twinkle había dejado este mundo antes que él. No se suponía que los padres enterraran a los hijos, y mucho menos de la manera en que él perdió a su hija.
Ya empezaba a sentir cómo iba volviendo el dolor, cuando se percató de algo inusual antes de doblar la esquina del camino que conducía a las tumbas gemelas. Ante la lápida en la que figuraban el nombre más las respectivas fechas de nacimiento y defunción de Twinkle Shine había una flor, una margarita rústica y ordinaria, probablemente cortada de modo brusco de algún parque o jardín. Al principio no le resultó extraño, pues quizá quedaban ponis que la hubieran conocido y que quisieran visitarla. Pero lo normal era hallar ramos prolijamente colocados en cualquiera de los dos jarrones que le daban un toque de color a la fría piedra. El envejecido unicornio no recordaba haber visto nunca que alguien dejara una flor cualquiera puesta así nomás sobre la tumba. A menos que…
—¿Ha venido alguien aquí más temprano? —le preguntó Noirhooves al sepulturero, quien se rascó la nuca por debajo de su gorra.
—No que yo sepa.
—¿Y ayer?
—Tampoco. Ni anteayer.
Noirhooves se quedó en silencio, mirando la margarita por un buen rato. Luego, dio una breve vuelta alrededor de la tumba, en busca de indicios o pistas. Vio una huella semi fresca en el pasto, que iba en dirección norte, es decir, hacia la ladera de la montaña. Después, no había nada más.
—Hmmmm.
—¿Qué está pensando? —preguntó el señor Tombstone, casi seguro de la respuesta que recibiría.
Pero en cuanto el ex miliciano se dispuso a hablar, todo el cielo fue cubierto de repente por densas nubes grises, traídas por un viento helado que soplaba con fuerza. Ambos corceles oyeron unos alaridos sepulcrales que les helaron la sangre. Y arriba vieron, incrédulos, la aparición de los antiguos espíritus equinos que parecían causar todo aquel clima invernal. Pronto estuvo más que claro que no era lo más recomendable quedarse ahí afuera observándolos.
—¡Venga! ¡Vamos a mi cabaña!
Bastante impactado por el inesperado cambio de clima, Noirhooves no dudó en hacer caso al sepulturero. Detrás de ellos, la margarita misteriosa se elevó hacia el cielo, formando espirales, llevada por el viento.
