Capitulo 66


FLASHBACK.

Kiki miro como Seiya, Shiryu, Hyoga y Shun comenzaban a subir hacía la Casa de Tauro tras que la primera de las Doce Llamas del Reloj de Fuego se apagara. Ahora que sus armaduras estaban reparadas y mejoradas, puede que tengan una oportunidad de ganar, si le hacen caso al maestro Mü sobre despertar el Séptimo Sentido.

-Oiga, maestro...- el niño se acerco a su maestro, que estaba vistiendo su armadura dorada y cargaba el casco alrededor de su brazo. -¿Realmente cree que ellos puedan lograrlo?-.

-Todo dependerá de su voluntad y la fuerza de sus Cosmos- respondió Mü, sonando tan sabio, pero enigmático como siempre.

Kiki levanto los brazos y puso las manos detrás de la cabeza, viendo el Reloj de Fuego, y luego el cuerpo de la señorita Saori que estaba en el suelo a los pies de las escaleras a Aries, con la flecha dorada en el corazón.

-Oiga, maestro...-.

-¿Si, Kiki?-.

-¿Podré ser tan fuerte como usted?-.

Mü parpadeo, sorprendido. Era la primera vez que escuchaba a Kiki sonar tan nervioso y dudativo sobre sus capacidades, ya que siempre las presumía cada que podía.

-¿A que vino eso?- Preguntó, mirando fijamente a su aprendiz.

-Bueno...- Kiki se rasco la mejilla, nervioso. -Al ver lo fuerte que se han vuelto Seiya y los demás, ver lo fuerte que es y escuchar las historias de como usted y el resto de Dorados derrotaron a los Titanes antes que me acogiera como su aprendiz, me hace preguntar si podré llegar a ser tan fuerte como usted, ya que siento que no soy tan bueno como dice-.

-¿Por qué piensas eso, Kiki? Claro que eres fuerte. Tus habilidades psíquicas son sorprendentes- dijo Mü.

-Eso es lo que dice, pero usted ya se había ganado la armadura dorada cuando tenía mi edad-.

-No hagas eso-.

-¿Hacer que?-.

-Compararte conmigo- Mü dejo el casco en el suelo y camino hacía su aprendiz, arrodillándose hasta estar a su altura. -Cada individuo es diferente. Algunos se desarrollan antes que otros. Mi maestro Shion obtuvo la armadura siendo mucho mayor a cuando yo la obtuve, pero cuando tenía mi edad, él ya era mucho más poderoso que yo. Puede que en Cosmoenergía seas inferior que yo a tu edad, pero no te miento cuando digo que tus habilidades psíquicas son superiores a las que tenía yo-.

Kiki aún no estaba seguro de creer eso. Mü lo noto, pero no se desanimo.

-Escucha...- puso ambas manos sobre los hombros de su aprendiz. -No trates de compararte conmigo, solo limitaras tu potencial. Más que compararme, deberías verme como una meta a superar-.

-¿Meta a superar?- Repitió el niño.

Mü asintió. -El deber y deseo de todo maestro es que sus discípulos los superen. Así como mi maestro quería que yo lo superara, yo deseo que un día, tu me superes por completo, porque así sabré que habré logrado mi cometido de haberte preparado lo suficiente y que podrás cuidarte y proteger a las personas de este planeta, aún si no estoy presente-.

Kiki se removió incomodo por ese último comentario, pero decidió ignorarlo, ya que era imposible de que su maestro no estuviera cuando lo sucediera como Santo de Aries.

Después de todo, su maestro Mü es uno de los Santos más poderosos que existen. Ni siquiera un Titán lo derroto. Es imposible que alguien le pueda ganar.

Mü siguió hablando. -Por eso quiero que no te obsesiones en mejorar solo porque yo ya tenía una armadura a tu edad. Tú eres diferente a mi, y por lo tanto, tienes un desarrollo diferente. Pero no tengo dudas de que un día, serás superior a mi-.

-¿Usted de verdad lo cree?-.

-Por supuesto. Y yo te estaré observando, sin importar en donde se encuentre mi alma-.


Ya habían pasado tres horas desde que comenzó la cita entre Kiki y Akeno

En todo el tiempo que conocía al Clan Gremory, era la primera vez que Kiki veía a Akeno tan feliz. No estaba en su papel de Reina de Gremory, la Senpai del grupo o esa mujer sádica que le gustaba maltratar a a sus oponentes. Al verla ahora, era como ver una chica común y corriente, sin la tensión de lo sobrenatural o de algo que desee matarlos.

Aunque Kiki ha escuchado sobre lo terrible que era acompañar a las mujeres a comprar, él no lo sintió tan malo, tal vez porque Akeno se probo más ropa y casi no compro nada. Akeno era una chica que no dudaba en mostrarse como es ante los que ella confía, una chica con problemas como todos, pero tal vez algo en ella la hacía sentirse menos que nadie y eso se notaba al momento de verla con ojos más analíticos.

Pasearon por el parque, comprando unos crepes y de ahí fueron a un museo para observar todo lo que tenían en exhibición.

Kiki no sabía si esta cita estaba saliendo bien. Al haber estado toda su vida dedicado al entrenamiento y su trabajo como Santo de Athena, no ha tenido el tiempo de vivir como los jóvenes normales. Tampoco le había llamado la atención esa forma de vida, porque él estaba conforme y feliz con su vida de Santo. Claro que a veces, Akira, Makoto y Tatsuya lo arrastraban a salidas de amigos y disfrutaba ese tiempo, pero en general estaba conforme con estilo de vida.

Aunque ahora, al estar experimentando algo de una persona normal como una cita, no estaba seguro si estaba haciendo las cosas bien. Tal vez debió pedirle algunos consejos a Shiryu.

Pero Akeno se veía feliz, de verdad feliz, así que al menos no estaba equivocándose.

Pasaron por el acuario que era famoso por ser un lugar para las parejas. Akeno y Kiki se maravillaron con la gran cantidad y variedad de peces y otros seres marinos que habían.

Al ver a un caballo de mar nadar con sus crías, la expresión de Akeno decayó un poco. Aunque esos animales estén encerrados y exhibidos, Akeno se siente con menos libertad que ellos. Ya que a diferencia de ellos, ella se siente como una prisionera, pero no por algo físico, sino por algo del pasado, un pasado que no puede dejar ir por más que quiera.

Sintió una mano en su hombro y eso la hizo voltear.

Ver a Kiki le hizo sonreír. El joven tenía en sus manos un vaso con refresco y se le dio. Tal vez lo hizo porque vio su estado de ánimo o porque lo hacía por un amable gesto. No importa, ella estaba feliz con solo verlo.

-Oye, Kiki...- el castaño le prestó atención a la pelinegra. -Hay un lugar al que deseo ir, pero es un lugar que me es difícil de ir sola, por eso… ¿puedes ir conmigo?- Pidió débilmente, sin atreverse a mirarlo a los ojos.

-Claro. ¿Cuál lugar?- Pregunto Kiki.

-La tumba de mi madre-.


Kiki pensó que irían al cementerio de la ciudad, pero caminaron y se adentraron al bosque que esta a las afueras de la ciudad.

-¿Por que no esta enterrada en un cementerio?- Pregunto suavemente. Podía sentir lo delicada que estaba Akeno, ya que desde que hizo la petición no lo ha mirado a la cara ni a hablado.

-La familia de mi madre negó enterrarla al considerarla impura y una traidora. Fue gracias a mi tía y a Rias que pudimos encontrar un buen lugar para enterrarla- respondió Akeno, estando adelante de Kiki para guiar el camino.

-¿Tienes una tía?- Preguntó Kiki, un poco sorprendido.

-Una tía y una prima, del lado de mi madre. Si has estado en Kioto, tal vez conozcas a mi prima. Se llama Suzaku Himejima-.

Kiki pudo sentir que el tono de voz de Akeno se volvió un poco más cálido al mencionarlas.

-Solo he estado de acompañante de Athena en Kioto pocas veces, así que no se de las familias que están en esa ciudad, pero si un día la veo te diré. ¿Cómo se ve?- Pregunto Kiki.

-No las he visto desde que me uní a la Nobleza de Rías, pero m madre y mi tía eran hermanas gemelas, así que Suzaku debe parecerse a mi-.

En medio del camino, Kiki podía notar que Akeno estaba muy nerviosa y callada. No necesitaba del Cosmos para saberlo. Aunque era raro verlo en Akeno y muy preocupante, era normal, considerando de lo poco que pudo sacar aquella vez en el templo antes de la reunión de los Tres Líderes de las Facciones con Athena. Se notaba que venir aquí era difícil para ella.

Cuando al fin parecieron llegar a una colina algo apartado de todo, ella le indicó que debían seguir subiendo, a lo que él no tuvo problemas. A los minutos de haber caminado, se vio que estaba al borde de un barranco a las afueras de Kuoh. En eso, Kiki vio que cerca al borde había una lapida estilo japonesa. Se notaba que era cuidada cada cierto tiempo ya que no mostraba ningún signo de que el ambiente la daño. Al ver a Akeno acercarse a esta, la siguió. Akeno materializo un Círculo Mágico y de su interior saco unas flores que puso en frente de la lápida. Kiki leyó la inscripción de la lápida.

Shuri Himejima.

Amada madre, hermana y esposa.

Unos grabados simples, pero que transmitían todo lo que la mujer representó para quienes le importaban. Una mujer cuyo único pecado, por lo que podía entender, era haber amado a un Ángel Caído.

Akeno se arrodillo y junto las manos en una oración de rezo. Kiki se arrodillo a su lado e hizo lo mismo.

Pasaron unos segundos en silencio, hasta que Akeno rompió el silencio.

-¿Sabes como paso esto?- Preguntó Akeno, refiriéndose a su madre muerta.

-Solo fragmentos de comentarios que he podido escuchar, pero nada concreto. Rías y Azazel no me han dicho nada y yo no te iba a presionar- respondió el lemuriano con los ojos cerrados.

Akeno tomo un profundo y audible respiro de aire que voto por la boca antes de narrar lo que sería, la historia de sus padres y de su origen.

-Mi madre, Shuri, era una joven sacerdotisa del Clan Himejima, uno de los cinco clanes importantes de Kioto. Un día, ella encontró a un Ángel Caído herido cerca del área del templo que cuidaba, y en vez de aprovechar para eliminarlo o informarle a sus superiores, ella lo curo, a pesar de las reglas y costumbres del clan que aborrecían a los extranjeros. Ese encuentro los llevo a enamorarse y entonces nací. El tío de mi madre, que era el líder del clan de ese entonces, los descubrió y desterró a mi madre y a mi del clan por considerarla hereje. A pesar de eso, comenzamos una vida tranquila junto a ese Ángel Caído-.

Kiki sabía que se refería a Baraquiel por las palabras de Kokabiel. No conocía al hombre en persona, pero por lo que podía captar, la relación de Akeno con su padre no era buena.

-Fueron días felices...- los ojos de Akeno estaban mirando más allá de lo físico, viendo sus recuerdos de cuando eran solo ellos tres, y de vez en cuando, su tía y su prima venían a visitarlos a escondidas del clan. En ese entonces, no había mayor felicidad para ella. -Pero esos días no duraron mucho. Mis alas negras eran detestadas y me aislaron de los demás. El líder del clan envió a un grupo de asesinos a matarme, diciendo que era una aberración. Mi madre me protegió y murió- su voz parecía a punto de quebrarse al decir eso. -Pase los siguientes días huyendo de los asesinos hasta que Rías me encontró-.

Kiki no podía imaginarse vivir eso. Él fue posiblemente abandonado por sus padres, pero eso nunca le afecto porque siempre tuvo a su Maestro Mü, y para él, eso era suficiente. Luego conoció a Seiya y los demás, se junto a Miho y con el resto de los niños del orfanato. Aunque sus entrenamientos y la muerte de Mü fueron duros, él siempre tuvo gente a su alrededor que lo apoyo y lo quiso de corazón.

Akeno tuvo amor a pesar de las dificultades de sus padres, pero ese amor se le fue arrebatado por gente de su clan y sangre. Aunque la compañía y amistad de Rías y los demás que conoció con el tiempo ayudaron mucho, era claro que esa herida seguía muy abierta.

-Hola, mama. Ha pasado un año desde la última vez que vine, ¿no? Lamento mi retraso, pero este año ha sido muy agitado- Akeno le hablo a la tumba de su madre. -Mucho ha pasado en este último año: ya estoy en mi último año de secundaria y el próximo voy a la Universidad. Me enfrente a muchas adversidades y enemigos que quisieron eliminarme y a mis amigos... pero hubo gente asombrosa que lo evito. No se si los habrás escuchado, son los Caballeros de la Diosa Athena-.

Akeno apoyo parte de su peso en Kiki, que no le importo.

-Aquí esta uno de ellos. Su nombre es Kiki, el Caballero de Aries. Él es uno de los que más nos han ayudado. Ha hecho mucho: nos salvo de Kokabiel y ha enfrentado a los Demonios malvados para protegernos, a pesar de que no somos de la misma raza. Él es alguien genial y valiente- Akeno narraba todo, como una niña que volvía del colegio y le contaba lo que pasó a su mamá. -Luego, paso la Reunión entre Facciones y se firmó un tratado de paz, junto con una alianza con la Diosa Athena, aunque hay gente que desea destruir dicha paz y bueno… nos esforzamos para que esta de mantenga. Luego fuimos al Inframundo de vacaciones, pero sobre todo a entrenar para ser más fuertes y… estos meses han sido únicos y yo… yo quisiera que estuvieras acá… que te pudiera decir todo la cara y que me des consejos con respecto a ciertos temas que en verdad necesito…-

Akeno rio un poco para ocultar sus deseos de llorar. Por alguna razón, estar aquí era más difícil que otras veces.

- Me encontré con papá, él me entrenó un poco y bueno… no vamos tan bien como esperas. Se que en el fondo él no tiene la culpa de nada, pero... pero... no puedo perdonarlo porque no estuviera con nosotras esa noche. Se es es estúpido e irracional, que estoy siendo injusta con él, que estoy siendo una mala hija, pero... simplemente no puedo perdonarlo, no todavía. Yo... no sé que hacer, ya no sé que más hacer. No sé si podre algún día arreglar esto, si tal vez mi rencor sin fundamento me deje de atormentar o si papá me perdonará un día…-.

-Akeno…- Kiki vio que la chica estaba temblando.

-Por qué… ¿Por qué debías morir tú? Yo era a quién querían entonces… ¡¿entonces por qué?! ¡¿Por qué tuviste que recibir el ataque que era para mí!?- Akeno estallo, gritando todo lo que tenía guardado estos años desde aquella noche con lágrimas en sus ojos. -¡¿Por qué me sonreíste antes de morir!? ¡Debías de odiarme, fue por mí que…! ¡¿Por qué me salvaste?! ¡¿POR QUÉ?!-.

Kiki se sorprendió mucho al oír esas palabras y ver las lágrimas. Había conocido a gente deprimente o que se despreciaba a si mismo, pero no al punto de Akeno. Nunca imagino que detrás de esa sonrisa coqueta y a veces sádica, se ocultaba tanto desprecio por ella misma, tanto odio y dolor por su existencia.

Su mala relación con su padre, su aparente problema con ser mitad Ángel Caído... ahora todo encajaba.

Lo único que pudo sentir Kiki es pena. Pena porque Akeno no pueda ver el valor que tiene como persona, por no ser capaz de como su presencia ayuda a Rías y a los otros. Pena por ver cuanto se odiaba.

Decidido a no dejar que siga cavando en ese pozo de oscuridad, le puso una mano en el hombro y la levanto con él, haciendo que lo viera a los ojos.

-Escúchame, Akeno, porque aunque tu madre no pueda responderte, yo puedo entender porque hizo lo que hizo: lo hizo porque te amaba- dijo con convicción, haciendo que la chica abrió los ojos con sorpresa.- Todo padre que ama a su hijo, aún si no comparten sangre, desea lo mejor para este, y daría su vida por él o ella si la situación lo requiere. No sé por lo que has vivido o cuanto debiste sufrir, solo puedo imaginarlo... pero si estoy seguro de una cosa: y es que todos los que te conocen están agradecidos con tu madre por salvarte la vida. Ya que así, todos pudimos conocerte-.

Y antes que Akeno dijera o hiciera algo, Kiki la envolvió con sus brazos y la acerco, abrazándola. La pelinegra casi salto al sentir los brazos de Kiki envolverla de una forma firme, pero suave a la vez. Como si... ella fuera algo importante que cuidar y proteger.

-Yo estoy feliz de haberte conocido. Y si le preguntas a Rías, a Issei, o a cualquiera de tus amigos, te dirán lo mismo. Todos estamos agradecidos con tu madre por haberte dado la vida y salvarte-.

-Kiki...- Akeno no sabía que decir. El cumulo de emociones que estaba sintiendo la mareaban.

Kiki alejo a Akeno un poco para mirarla a los ojos. Le sonrió. -Eres una gran persona, Akeno. Tienes dones y defectos, pero eso es normal. Pero me da una gran tristeza que no puedas verlo. Te lo dije aquella vez ante que empezara la Reunión de las Facciones: no importa tu origen, lo que importa son tus acciones. Y las tuyas son de admirar y apreciar. Solo espero que puedas verlas-.

Akeno ya no pudo soportarlo más y rompió en llanto. Sus brazos envolvieron a Kiki, con sus manos aferrándose a su espalda, hundiendo su rostro para llorar en su hombro, para llorar como lo hizo aquella noche que su madre murió y culpo a su padre por todo.

¿Qué clase de Dioses hacían que ella, una mujer tan rota por dentro y que debía culpar a su propio padre para no volverse loca del dolor, se encontrara con Kiki, un joven con un alma tan pura y honesta como el oro que viste? ¿Cómo podría ella siquiera aspirar a significar algo para él cuando es obvio que él debe estar con alguien mejor que ella? ¿Este era su castigo por existir?

Pero aún así... desea creer en las palabras de Kiki. Desea creer de todo corazón que ella no es la aberración que mato a su padre, que merece existir. Ella quiere poder hacer las paces con su padre y... quiere aspirar a ser alguien digna de estar al lado de Kiki.

Kiki la dejo llorar, dejo que liberara todos los sentimientos que llevaba reprimiendo por años, sin importarle si manchaba su hombro. Eso era lo de menos.

Tras unos minutos, los llantos de Akeno finalmente cesaron, pero no se separaron. Tras otro minuto en que Akeno tomo varias respiraciones para calmarse, rompió el abrazo con Kiki.

-Gracias, Kiki. Yo... necesitaba esto- dijo la joven. -Lamento que nuestra cita se haya arruinado por eso-.

-No te preocupes, es lo de menos- dijo Kiki, restándole importancia. -¿Quieres ir a comer algo?-.

Akeno negó con la cabeza. -No. Gracias, pero quisiera volver a casa-.

Kiki asintió. -Claro vámonos-.

Akeno miró la lápida. -Me voy, madre-.

Ella quería decir más cosas, pero decidió que por ahora era suficiente. La próxima que volviera, sería cambiada para mejor. Ahí le diría todo a su madre.

Kiki ofreció usar la teletransportación para volver, pero Akeno se negó. Ella quería caminar para aclarar su mente. Se detuvieron frente a una fuente para que Akeno se mojara la cara y los demás no notaran que había llorado.

Antes de llegar a Kuoh, un Círculo Mágico apareció en el oído de Akeno.

-¿Rías?- Preguntó Akeno, sorprendida.

-"Lamento mucho interrumpir tu cita, Akeno, pero necesitamos que tú y Kiki vuelvan de inmediato"- dijo Rías. -"El Representante del Dios Odín y su comitiva acaba de llegar"-.


En la Residencia Hyodou, todo el grupo, más Azazel y Shiryu, estaban en la sala VIP de la residencia, que estaba en el último piso.

Las cosas se pusieron un poco difíciles al inicio, ya que cuando Akeno y Kiki volvieron, la primera se encontró con Baraquiel, mostrándose sorprendida y molesta por su presencia. A pesar de sus deseos internos, había mucho rencor guardado que era difícil de eliminar.

-Aquí esta el té...- esta vez, fue Yuuto quien preparo el té y lo sirvió, porque Akeno estaba... un poco ocupada.

Rías miró la habitación a la que Baraquiel fue con Akeno, y de alguna forma, Kiki también fue arrastrado. Esperaba que las cosas no se pusieran violentas, al menos.

Puso ahora su mirada en la representante del Dios Odín en la Tierra: Hilda de Polaris, que agradeció la taza y se la llevo a los labios. Detrás de ella, estaban los tres Dioses Guerreros que la escoltaban, que eran el equivalente a los Caballeros Dorados del Panteón Nórdico. También estaba la valquiria con la que Odín vino el día de la fiesta cuando Kuroka ataco. Su nombre era Rossweisse si no recordaba mal. Hyoga también había llegado en representación de Athena.

Azazel tomo la palabra. -Aunque me alegra que aceptara venir, no esperaba que viniera tan pronto-.

Hilda dejo el té en la mesa antes de responder. -La razón de mi llegada tan repentina es que en el Panteón Nórdico hay un pequeño problema que mantiene preocupado a Lord Odín, y quiere que el tema de nuestra alianza quede resuelta lo más pronto posible-.

-¿Tiene que ver con los Vanir?- Preguntó Azazel.

-¿Los Vanir?- Preguntó Issei.

-En el Panteón Nórdico, hay dos grupos de Dioses: Los Aesir y los Vanir. Han estado en disputa durante siglos- dijo Hyoga, que por su tarea de emisario del Santuario a Asgard, tuvo que aprender mucho de su mitología.

-Si, pero actualmente hay una paz entre ambos grupos, y los Vanir no son el problema- dijo Hilda. -El señor Odín cree que Loki podría estar tramando algo, ya que ha sido de los que más se han opuesto al contacto extranjero y últimamente sus movimientos han sido sospechosos-.

Shiryu y Hyoga intercambiaron miradas preocupadas. Ambos sabían mejor que nadie lo poderoso que son los Dioses que usan el Cosmos. Si uno de los Dioses principales del Panteón Nórdico decidía volverse su enemiga, les esperaría la batalla que será todo menos fácil, por decirlo suavemente.

Azazel suspiro al oír eso. Siempre hay alguien que quiere causar problemas y destruir el mundo. Miro al grupo de mocosos que estaban a su cargo.

-Mientras la señorita se esté quedando en Japón, nosotros seremos sus guardaespaldas. Baraquiel es un miembro de apoyo del lado de los Ángeles Caídos y Hyoga del lado del Santuario. Debido a lo ocupado que he estado últimamente, solo puedo estar aquí por un corto tiempo- miro a Hyoga y Shiryu. -Por lo que espero que Baraquiel y ustedes los cuiden en mi lugar-.

Los medios hermanos asintieron.

Azazel miro a Hilda. -Mientras hacemos los arreglos necesarios para cerrar el trato, le pido que sea paciente y disfrute de la estadía en Japón. Aunque le sugiero que se quede en Kuoh por más protección, es libre de ir a donde quiera-.

-Le agradezco la hospitalidad, líder de los Ángeles Caídos-.

Con eso dicho, Azazel se retiro de la habitación.

Hilda miro a los jóvenes Demonios, que se pusieron nervioso cuando detrás de ella, la mirada de dos de los tres Dioses Guerreros estaba sobre ellos. Todos podían sentir una fracción de su poder y sabían que no tenían oportunidad de ser ni amenaza para ellos.

-Les pido que mientras este a su cuidado, me traten como a una persona normal. Aunque entiendo bien mi posición y deber, soy una invitada en este momento, así que no hace falta de formalidades. Si todo sale bien, pronto seremos aliados-.

Rías asintió nerviosamente. -D-De acuerdo. Si necesita algo, no dude en pedirlo-.

-Ya que lo menciona...- hablo Frodi por primera vez. -¿Este lugar tiene un espacio para entrenar?-.

-Si, en el sótano-.

-Bien- Frodi miro a Rossweisse. -Prepárate, Rossweisse, vamos a seguir entrenando-.

-¿Ahora?- Preguntó sorprendida la peliplata.

-Solo porque estemos en misión no vamos a descuidar tu entrenamiento. De hecho, porque en cualquier momento puede surgir ahora, que debes estar lista-.

Aunque un poco desanimada, la joven entendió su lógica y asintió. Por orden de Rías, Koneko los guio hasta el ascensor para llevarlos abajo.

Utgard miro a Hilda. -Dama Hilda, pido su permiso para salir a explorar el área en busca de algún enemigo o alguien que nos haya seguido-.

-Adelante- concedió Hilda.

En menos de un parpadeo, Utgard desapareció de la vista de todos, como una sombra que se esfuma con la luz.

-¿Cómo hizo eso?- Exclamo sorprendido Kiba.

-Utgard es algo así como un ninja. Es imposible saber donde esta si él así lo quiere- respondió Bud con una sonrisa, luciendo menos tenso y más relajado a comparación de sus compañeros. -Y Frodi es un orgulloso Dios Guerrero, tal vez demasiado patriótico, pero ambos son personas confiables-.

-¿A que se refería el tal Frodi cuando dijo que iría a entrenar con Rossweisse?- Preguntó Shiryu.

-Rossweisse tiene la capacidad de usar el Cosmos, ¿no? Lo sentí mientras veníamos para acá- dijo Hyoga, sorprendiendo a todos en la habitación.

Bud asintió. -Ella es una prodigio en magia, pero el Cosmos le cuesta más. Pero no es para nada débil. En nivel de poder del Santuario, su Cosmos es igual al de un Caballero de Plata recién ascendido-.

-Creí que como todos los Dioses podían usar el Cosmos en su panteón, también se incluiría a las valquirias- dijo Shiryu.

-Solo las 13 Valquirias principales saben usar el Cosmos, el resto de fuerzas no tienen ese conocimiento, o más bien, se les prohibió-.

-¿A que te refieres?-.

Hilda termino su té antes de responder. -Hace siglos, en la última guerra entre los Aesir y los Vanir, la lucha fue tan devastadora que casi destruyen los 9 Reinos, así que para evitar una destrucción mutua, Mimir, el hombre más sabio de los 9 Reinos, los convenció para firmar la paz. Entre las clausulas, estaba que ambos pueblos tenían prohibido enseñarle el uso del Cosmos a sus fuerzas, excluyendo algunos individuos especiales como las Valquirias principales o Dioses jóvenes. Era una especie de desarmamiento militar en ambos lados- explico.

-¿Y como es que entonces tu gente siguió aprendiendo del Cosmos?- Pregunto Hyoga.

-Esos términos solo aplicaban para cualquier ser divino o sobrenatural. Los mortales estaban fuera de esa clausula, la excepción a la regla de la que no se dieron cuenta hasta mucho después de haber hecho la paz-.

Mientras la conversación seguía, Rías no pudo evitar cambiar su atención de vez en cuando a la puerta de la habitación en donde Akeno estaba hablando con su padre. Estaba demasiado en silencio para su gusto.


Mientras se hablaba de los términos y explicaciones de la presencia de Hilda de Polaris, Baraquiel había llevado a su hija para hablar luego de mucho tiempo de no verse. Akeno había arrastrado a Kiki con ellos porque se negaba estar a solas con su padre.

El ambiente era tenso y habían estado en silencio durante varios minutos. A pesar de los deseos internos de cada uno, no sabían como hablarse entre si. Akeno no puede olvidar tan fácil el resentimiento que ha generado y guardado por años hacía su padre y Baraquiel no sabe como expresarse hacía su hija. Él nunca fue bueno expresándose emocionalmente y ahora le juega en contra.

Y es que cuando entrenaron, no pudieron hablar, Akeno no permitió que hablaran, ya que ella solo se enfocaba en entrenar y ser más fuerte y Baraquiel, igual que ahora, no sabía como expresarse o decir.

-Veo que... has crecido un poco- dijo él.

-Si...- respondió Akeno con sencillez y seriedad.

-Me... alegro ver de que estas bien...-.

-Hm...-.

Baraquiel suspiro. Fue tonto de su parte esperar que algo haya cambiado tras el entrenarla en el Inframundo.

Kiki miro nervioso a padre e hija. Se sentía como un intruso. Una parte de él quería dejarlos solos para que resolvieran su problema, pero no esta tan seguro de que tan bien funcionaría si se va, ya que Akeno aún debe tener sus sentimientos a plena flor, ya que no ha pasado ni una hora desde ese momento hasta ahora.

-Yo... lo intento... de verdad que lo intento...- dijo Akeno, mirando a su padre. -Quiero hablar contigo como antes, pero esa noche... siempre que te veo recuerdo esa noche- apretó los puños. -No importa cuanto lo intento, esa imagen no se va...-.

-Hija...-.

-¡No me llames así!- Grito Akeno, haciendo que Baraquiel se congele. -No me llames así... por favor, yo... aún no estoy lista. Apenas estoy haciéndome a la idea de aceptar lo que soy y... y yo solo... por ahora no puedo verte sin recordar cuando mama murió y yo... no quiero seguir recordando eso. Así que por favor solo... retírate-.

Con el corazón roto, pero entendiendo, Baraquiel asintió y se levanto y camino hacía la puerta. Antes de abrirla, se detuvo.

-Entiendo que me odies y me lo merezco- dijo Baraquiel sin mirarla. -No hay día que no desee no haber estado ahí para ustedes... pero no podemos cambiar el pasado sin importar cuanto lo deseamos. Solo podemos seguir adelante y honrar a quienes ya no están con nosotros-.

-Vete...- dijo Akeno con la voz más débil y baja que Kiki había escuchado de ella.

Tras unos pocos segundos, Baraquiel abrió la puerta y se retiro.

Cuando la puerta se cerró tras de él, Akeno soltó un sollozo, liberando un poco de su energía mágica en forma de un rayo que destruyo el florero más cercano.

-Akeno…- Kiki no sabía que decir o hacer en esta situación. Solo podía mostrar su apoyo a la chica en forma de su presencia.

Al escuchar su voz, Akeno inmediatamente se giro y lo abrazo, aferrándose a él tan o más fuerte que en la colina.

-Solo... solo déjame esta así un rato... solo un rato...- suplico la chica, a lo que Kiki asintió mientras le paso una mano suavemente por su largo cabello suelto.

Kiki sabe que lo que tiene Akeno no es bueno, pero también sabe que aferrarse mucho a una persona no es bueno, ya que ser muy dependiente de alguien para los problemas no era bueno ni sano.

Pero por ahora, la dejara estar así.


(Al anochecer)

La luna estaba en lo más alto del cielo y la oscuridad ya cubría con su manto a todo el mundo.

Kiki estaba en la terraza de la mansión Hyodou. Como medida de seguridad, se decidió que todos, incluido Shiryu, Xenovia, Akeno, Hyoga y él se quedaran en la mansión Hyodou para proteger de manera más eficaz a Hilda. Aún si solo eran precauciones, era mejor no arriesgarse. Nadie tuvo problema con eso. Por suerte, habían muchas habitaciones en esta casa.

Kiki estaba mirando la luna desde la habitación asignada. Akeno le había preguntado si podía dormir con él, pero Kiki respondió que no. Aunque apreciaba a Akeno y entendía que ella estaba pasando por un momento difícil, no era bueno que dependiera tanto de él para su estabilidad emocional. Ella debía ser capaz de reponerse por si misma.

Akeno pareció entender eso, por lo que no dijo nada mientras se retiraba a su habitación, aunque tenía una sonrisa triste en sus labios.

TOC TOC.

De repente, alguien toco la puerta.

-¿Quién es?- Preguntó Kiki.

-Soy Baraquiel, el padre de Akeno-.

Kiki parpadeo sorprendido de escucharlo. Camino hasta la puerta y la abrió. Efectivamente, el padre de Akeno se encontraba de pie frente a él, aún vestido con su traje de oficina negro.

-¿Qué necesita?- Preguntó Kiki.

-¿Podríamos pasar? Me gustaría hablar contigo- pidió Baraquiel con respeto.

Kiki asintió y lo hizo pasar. Tenía una idea clara sobre de que quería hablar el Ángel Caído.

-Lamento que la reunión con su hija no saliera como esperaba- dijo Kiki, cerrando la puerta y encendiendo la luz.

-No te preocupes, no soy un tonto con esperanzas ciegas- respondió Baraquiel. -Se que mi hija tiene mucho dolor y rencor dentro suyo dirigido hacía mi y no la culpo. Me lo merezco- suspiro, sentándose al borde de la cama. -Por no haber estado ahí para ellas...-.

-Se que no es mi asunto, ¿pero podría contarme su versión de la historia? Akeno me explico como se conocieron y como murió su madre, pero quiero escuchar su versión- dijo Kiki.

-Aquel día, tuve que salir a una misión por parte de Azazel. Cuando termine la misión, una alarma que puse en mi casa se activo, indicando que alguien había entrado. Llegue lo más rápido que pude, pero ya era tarde: los asesinos del clan ya habían matado a mi esposa y casi matan a mi hija de no ser por mi intervención- narró el Caído con tristeza. -Esa noche, horas después, Akeno escapo de casa y la busque por días. Cuando la encontré, descubrí que se había convertido en un Demonio bajo el resguardo de la Casa Gremory. Entendí que aunque quería traerla a mi lado, ella estaría más a salvo con los Demonios, así que la deje con ellos-.

Kiki asintió.

-Después de eso, estuve lleno de venganza. Lo único que quería era matar al desgraciado que ordeno asesinar a mi esposa y a todo su clan. Casi lo hago, de no ser porque Azazel tuvo que detenerme a la fuerza porque no escuchaba. Si mataba a miembros del clan de Kioto, se vería como un acto de guerra hacía el Panteón Sintoísta y eso podría condenar a los Ángeles Caídos. Tomo su tiempo, pero llegue a aceptar esa tragedia como parte de mi vida- suspiro el Caído, cubriéndose los ojos con una mano.

-Solo puedo imaginarme cuan difícil y doloroso debió ser para usted todo, y aún así no creo que alcance a saber la mitad de ese sentimiento- dijo Kiki, con la espalda apoyada en la puerta. -Y puedo notar que aún ama a su esposa y a su hija-.

-Con todo mi ser. No creo poder amar a ninguna mujer como ame a Shuri. No hay día en que no piense en ella y Akeno- suspiro con tristeza. -Mi hija es todo lo de valor que me queda en la vida, pero ella... tal vez nunca me perdone por haberlas fallado esa noche-.

-Akeno en verdad desea arreglar las cosas con usted, señor- dijo Kiki, tomando por sorpresa a Baraquiel. -Hoy me llevo a ver la tumba de su madre y me hablo de sus sentimientos. Ella de verdad lo ama, es solo que... le cuesta. El dolor y el autodesprecio hacía si misma por creer que fue su culpa que su madre murió es grande, pero creo que esta empezando a darse cuenta de lo que vale realmente- suspiro. -Solo deben darse algo de tiempo-.

Baraquiel volvió a suspirar, pero Kiki podía ver un pequeño atisbo de esperanza en sus ojos. La situación entre padre e hija era difícil y habían muchas barreras entre ellos, pero estaba seguro que con tiempo y esfuerzo, podrán superarlas.

-Supongo...- Baraquiel alzo la cabeza, mirando a Kiki. -Escuche por Azazel que la generación anterior a ti y tus amigos murieron en la guerra contra Hades hace casi diez años. ¿Hubo alguno cercano a ti?-.

-Mi maestro Mü, que fue básicamente mi padre- respondió Kiki. -Aún ahora lo extraño, pero vivo honrando su memoria y esperando que este orgulloso de mi-.

-¿Cómo pudiste superarlo? ¿Cómo seguiste adelante?-.

-Mi situación es diferente a la de Akeno- dijo Kiki de inmediato. -Mi maestro murió cumpliendo su deber como Santo de Athena, protegiendo la Tierra y siendo parte esencial de la derrota definitiva de Hades, además que yo no estuve presente cuando sucedió, solo me entere después. Y tenía a gente a mi lado para apoyarme. Mientras, Akeno vio morir a su madre delante de sus ojos porque el líder de su clan la veía como algo que iba contra sus creencias y tradiciones. Ambas situaciones fueron distintas. Además, cada individuo es diferente. Akeno es diferente a mi-.

-Tienes razón. Gracias por escuchar mis lamentos, joven- dijo el pelinegro. -Y se que no estoy en derecho, pero como padre de Akeno, ¿qué relación tienen?-.

La típica pregunta de padre. Kiki debió haberlo esperado.

-La verdad... no lo se- dijo el joven. -Admito que Akeno es una mujer muy atractiva, y no me opondría a una relación... pero actualmente hay demasiadas cosas sucediendo: la amenaza de Ares, la Brigada del Khaos y ahora un posible enfrentamiento contra Loki. Son demasiadas cosas que no siento que sea momento para entrar en una relación sentimental. Por lo mismo, no creo que yo sea una buena opción para ella-.

-¿A que te refieres con eso?- Preguntó Baraquiel, confundido. -Puedo ver cuanto te aprecia y he escuchado de la buena influencia que han tenido los Caballeros de Athena en los jóvenes Demonios-.

-Por eso mismo- destaco Kiki. -Los Santos no tienen largas vidas. Los Santos de Athena vivimos para proteger la paz y la justicia del planeta. Ese es nuestro destino en el mundo. Peleamos para cumplir nuestro juramento, y por supuesto que eso puede conducirnos a la muerte. Yo mismo estuve cerca de morir-.

Recordó su pelea contra Lior de Amasu. Como su enemigo seguía de pie mientras él estaba sangrando en el suelo. Si no fuera porque tuvo que retirarse y porque Shiryu venía corriendo de su templo hacía el suyo, pudo haber muerto ahí mismo.

-Con todas las amenazas que están surgiendo y permanecen ocultas, la probabilidad de morir es muy alta. Si comenzara una relación sentimental con Akeno y muriera en batalla, ¿qué cree que le pasaría?-.

Baraquiel asintió ante ese razonamiento. Akeno estaba demasiado dañada emocionalmente por la muerte de su madre. Si Kiki muriera peleando, eso podría terminar por destrozarla.

Esa era otra razón por la que Kiki no quería que Akeno se volviera dependiente de él. La muerte siempre estaba presente en la vida de un Santo. Si un día él muriera en batalla, solo podría imaginar cuanto le afectaría a Akeno.

Baraquiel se levanto. -Me alegra ver cuan serio te tomas la amenaza que afrontemos. Muchos jóvenes no le prestan la seriedad adecuada a los riesgos por no haber visto nunca una batalla real, pero puedo ver que no es tu caso. Aún así, no deberías pensar tan negativamente-.

-¿Eh?-.

-Te lo dice alguien que lucho y sobrevivió a la Gran Guerra contra Ángeles y Demonios. Aún con la muerte cerca, no debes dejar que eso obstaculice tu vida. Al contrario, debes disfrutar la vida lo más que puedas y sin arrepentimientos y no pensar en las posibilidades de lo que podría haber sido o sucedido. Aunque me lamentaré para siempre no haber estado para mi esposa e hija cuando más me necesitaban, no me arrepiento de haber conocido a Shuri, ni de haber tenido a Akeno-.

Kiki bajo la cabeza, pensativo. Esas palabras... cavaron hondo en su ser.

-Por eso... si algo surge entre mi hija y tú...- Baraquiel camino y Kiki se hizo a un lado. -La dejaré a tu cuidado. Gracias por hablar conmigo-.

Baraquiel abrió la puerta y se retiro de la habitación. Kiki apago la luz y se acostó en la cama. Las palabras de Baraquiel resonaron en su mente.

-Disfrutar de la vida lo más que pueda y sin arrepentimientos...-.

Las palabras resonaron en su mente por horas, hasta que quedo dormido.


Afuera de la mansión Hyodou, sin que nadie lo notara, habían dos figuras espiando el lugar.

-Hay que decirle a Derbal que tendremos que cancelar el ataque. Tres Dioses Guerreros y tres Santos Dorados es demasiado hasta para nosotros-.

-Estoy de acuerdo. Tenemos que esperar un momento en que baje la seguridad y atacar. Pero debemos hacerlo con Fenrir, y debe ser rápido-.

-Estas ansioso por enfrentar a Acuario, ¿no?-.

-Los pecados del maestro serán pagados por el discípulo. Es lo único que diré-.

-De acuerdo, entonces vámonos por ahora y esperemos nuestra oportunidad-.

Y así, los dos servidores de Loki se retiraron sin que nadie los notara.

El preludio de una nueva batalla por el destino del mundo se acercaba.


N/A: Hasta aquí el capitulo. Fue más para el desarrollo de Akeno, pero también hubo un poco para el desarrollo de Kiki. Ya el siguiente capítulo comienzan las peleas.

De paso, explique porque los Dioses Guerreros usan el Cosmos pero no otros seres como las Valquirias en el fic. Espero que les guste el argumento. Lo hice para que Rossweisse tuviera la capacidad de usar el Cosmos, pero que no sea tan fuerte. Ella, en el mejor de los casos, tendría el nivel de un Santo de Planta normal.

¿Y que les parece mi desarrollo del arco de Akeno y su padre? Creo que lo estoy llevando de buena manera, aparte de que sirve para avanzar en la relación de Kiki y Akeno, y que el primero se avispe en algunas cosas.

Cambiando de tema a algo más importante, quiero decirles que después del arco de la Facción de los Héroes en Kioto, cerraré el libro.

¿Cancelaré la historia? Claro que no. Solo cerraré el libro para continuar la historia en otro libro. Algo así como Sekiryuutei Supremo, que tiene dos libros en los que continuo su historia.

Lo quiero hacer así para tenerlo de manera más cómoda y práctica para mi. Además, me permitirá comenzar o seguir otras historias. También servirá como pausa para cualquier nueva actualización que traiga Kurumada.

Les quise avisar antes de llegar al arco de Kioto para que lo sepan.

Sin nada más que decir me despido. Visiten y comenten el resto de mis historias por favor. CHAO.