Disclaimer: nada de esto me pertenece, los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a fanficsR4nerds, yo solo la traduzco.


ALONG THE WAY

Capítulo doce

21 de diciembre – Quinto día en la carretera

Raton, Nuevo México

Bella se puso al volante después de la comida y no pude evitar notar un cambio de energía entre nosotros. Bella inició más conversaciones y, aunque la vi echarme vistazos varias veces como para cerciorarse de que me interesaba lo que me contaba sobre sí misma, siguió hablándome. Aprecié que se abriera más y, como resultado, nuestro viaje pareció más ligero y la conversación entre nosotros se hizo más juguetona. Tuve que contestar algunos correos del trabajo y hacer algunas llamadas que duraron casi media hora, pero, tras eso, puse mi teléfono en silencio y me centré en Bella.

Nunca había hecho eso por Rose.

Le pregunté cómo era crecer en un pueblo pequeño, queriendo saber más de quién era.

Sorprendentemente, tuvo mucho que decir y me recosté en mi asiento, fascinado por sus palabras mientras, finalmente, se abría un poco más.

―Era una empollona en el instituto ―dijo, sacudiendo la cabeza mientras reía―. Odiaba las fiestas y no me interesaban mucho los grandes eventos sociales a los que asistían mis compañeros. Aunque tampoco es que me hubieran invitado aunque me hubiera interesado. La gente sentía muy poco interés en mí y estaba sola la mayor parte del tiempo. Lo pasaba casi todo en casa con la nariz metida en un libro.

Yo sacudí la cabeza. Podía verlo ―la mujer era malditamente inteligente y estaba claro que había leído mucho―, pero no podía imaginar cómo sus compañeros no iban a estar interesados en ella. Tenía un recuerdo borroso de una foto que me había enseñado de cuando estaba en el instituto. Incluso entonces había sido preciosa.

―Debías de tener algún amigo ―presioné. Ella asintió, lamiéndose los labios y con los ojos todavía en la carretera.

―Sí, por supuesto, pero mis amigos eran igual de solitarios que yo. ―Soltó una risita y dio golpecitos con los pulgares contra el volante―. Angela era mi mejor amiga, creo que ya te he hablado de ella. Es la que tenía una familia enorme. ―Me echó una mirada y yo asentí, recordando.

―¿Todavía tienes relación con ella?

Bella sacudió la cabeza.

―Ang fue a un centro de formación profesional cerca de casa, y terminó casándose y volviendo a Forks después de graduarse. Ahora tiene dos hijos y todo su mundo ha cambiado. ―Bella frunció el ceño―. No me entiendas mal, estoy muy feliz por ella, sobre todo porque sé que ella está feliz con su vida. Solo desearía que hubiéramos podido mantener la relación durante todo eso.

Asentí empáticamente. Yo ya no era amigo de nadie del instituto y lo cierto era que Rose era la única persona de mis años universitarios con la que todavía tenía contacto.

―¿No es lo común en pueblos pequeños? Me refiero a quedarse cerca al terminar el instituto.

Bella me miró y se encogió de hombros.

―Es cierto que la mayoría de la gente no deja nunca Forks y, si lo hacen, acaban volviendo en algún momento, normalmente después de la universidad.

Fruncí el ceño.

―¿Ese era tu plan?

Bella me miró.

―No. ―Sacudió la cabeza―. No, sabía que había un mundo más grande de lo que Forks podía ofrecerme. Mi padre también lo entendía, aunque creo que le costó dejarme ir así. Pero él nunca quiso que me quedara atrapada allí. ―Se mordió el labio―. Cuando me fui, fue sabiendo que no podría volver muy a menudo. No podíamos permitirnos los vuelos y Forks está tan lejos de cualquier gran aeropuerto que parecía una carga innecesaria que poner sobre mi padre. ―Suspiró―. Todo fue parte de la elección que hice al aceptar la beca en Harvard. Por suerte, mi padre me apoyó, sino no creo que hubiera tenido el valor de hacerlo.

Lo pensé un momento. Nunca había pensado realmente en la diferencia entre elegir volver a tu pueblo y volver porque te daba miedo probar otra cosa. Cuando yo me fui, lo hice sabiendo que probablemente nunca volvería. No estaba apegado al lugar dónde estaba mi familia; sabía que podría verlos siempre que lo necesitase y saber eso me dio la confianza necesaria para marcharme indefinidamente.

Pensé en Bella, incapaz de coger un vuelo de vuelta cuando quisiera o necesitase ver a su familia. Cómo su padre era su única familia y él estaba tan lejos que, en mi cabeza, parecía casi inaccesible.

Qué tipo de coraje y fuerza debía de haber necesitado para subirse en ese avión con destino a Massachusetts.

Bella me miró y noté que tenía el ceño fruncido.

―¿Qué pasa? ―me preguntó.

Yo sacudí la cabeza, intentando cambiar mi expresión y sonreírle.

―Nada ―dije suavemente―. Solo pensaba en cómo es posible que seas la persona más valiente que he conocido.

Bella levantó las cejas sorprendida.

―¿Qué? ―preguntó con una risa. Yo sonreí satisfecho y volví a sacudir la cabeza.

―Lo digo en serio. Yo no tuve todas esas trabas cuando me enfrentaba a ir a la universidad al otro lado del país. Solo fui porque tenía prestigio y porque podía. No pensé en mi familia igual que tuviste que hacerlo tú. Simplemente fui... egoísta.

Me di un poco de asco al decirlo en voz alta. ¿En qué momento de mi vida no había sido egoísta?

La mano derecha de Bella se separó del volante y la extendió, tomando la mía. Sus manos eran pequeñas y mis dedos se abrieron de inmediato, entrelazándose con los de ella. Ella me apretó la mano suavemente y yo la miré, sintiéndome sorprendentemente vulnerable y emocional. El roce de Bella fue tranquilizador, comprensivo, amable. Los ojos me ardieron un poco y pestañeé para deshacerme de las lágrimas.

Bella me cogió la mano mientras conducía, y yo le permití ser mi ancla y calmarme. A lo mejor sabía lo que me provocaba ―o a lo mejor no tenía ni idea―, pero me sentí igualmente agradecido por esa estúpida tormenta del medioeste. Me sentí agradecido por cada una de las mierdas que habían pasado esa semana. Incluso sentí un momento de gratitud hacia Rose y Emmett por empujarme a esa serie de eventos.

Podía imaginar mi vida si no hubiera conocido a Bella y, aunque seguramente habría estado bien, sabía que habría sido una enorme pérdida para mí. Bella me estaba cambiando y solo estar cerca de ella me hacía sentir la necesidad de ser mejor persona, mejor hombre. Ella me inspiraba a hacer y ser más de lo que siempre pensé que acabaría haciendo y siendo. Bella era el plus de mi vida que no había sabido que necesitaba.

* . *

Miré a mi alrededor en la habitación de hotel, suspirando un poco. Esa vez habíamos conseguido una habitación con dos camas, aunque habíamos debatido sobre coger habitaciones separadas. Seguramente habría sido más inteligente, pero algo en mí no quería estar separado de ella así. Me gustaba tenerla cerca, incluso aunque eso significara que tenía que reprimir todos los instintos que me decían que la besara.

―Tienen servicio de habitaciones ―dijo Bella desde el escritorio. La miré―. ¿Qué te parece? ¿Hamburguesas y película? ―preguntó.

Yo sonreí un poco y asentí.

―Sí, la verdad es que eso suena perfecto. ―Todavía me sentía extrañamente vulnerable y no quería sentarme en un restaurante con un montón de extraños. Bella miró el menú y yo me acerqué para leerlo, inclinándome sobre su hombro. Y, aunque se suponía que estaba leyendo el menú, de repente fui híperconsciente de lo cerca que estaba de ella. Mi pecho rozó su espalda y la sentí tensarse un poco.

―Creo que yo voy a pedir la hamburguesa ―dijo suavemente. Yo tragué, apenas enterándome de lo que ponía en el menú.

―Sí ―susurré, volviendo a rozar su espalda con mi pecho al hablar―. Yo también.

Ella se movió un poco, girándose para mirarme. No parecía querer apartarse y, en esos momentos, yo no estaba seguro de poder aunque lo intentara. Sus ojos eran enormes, y me miraban con una mezcla de ternura e inseguridad que hizo que me latiera la vena del cuello.

Quería besarla.

Ella se humedeció los labios y mi mirada voló a su boca. Parecía que ella también quería que la besara.

―Voy a llamar para pedir esto ―susurró. Mi mirada fue a la suya y pude ver la incertidumbre. Pestañeé y di un paso atrás, soltando el aire con pesadez.

―Sí ―dije, pasándome una mano por el pelo―. Sí. Bien. ―Necesitaba espacio. A lo mejor deberíamos haber salido a comer―. Yo... uh... ―Me detuve, mirándola. Ella todavía no se había movido y sus profundos ojos marrones me atraían de nuevo hacia ella―. Voy a ducharme ―dije finalmente. Bella se mordió el labio y asintió. Yo me di la vuelta antes de hacer algo estúpido y fui al baño, llevando mi bolsa conmigo.

Entré en el baño y me apoyé contra la puerta, respirando con dificultad. El olor de Bella todavía invadía mi cabeza y me dificultaba pensar con claridad.

Me aparté de la puerta, yendo a la ducha y abriendo el grifo. Cuanto antes pudiera meterme bajo el chorro de agua y lavar su olor, mejor.

Me metí antes de que el agua estuviera lo suficientemente caliente y el agua fría me ayudó a aclararme un poco la cabeza. Me estremecí bajo el chorro, casi incapaz de contenerme de bajar la mano hacia mi polla. No podía recordar la última vez que había tenido una erección como aquella.

Quería encargarme de ella, fantasear con Bella en ese sentido, pero me parecía que estaba mal. Ni siquiera nos habíamos besado ¿y ya quería fantasear con ella de rodillas delante de mí? No, no podía hacerle eso, ni siquiera en mi cabeza.

Todavía no.

La idea fue voluntaria pero intrigante y me dejaba con un montón de posibilidades. Bella no había parecido molesta con nuestra cercanía y estaba seguro de que, si no me hubiera apartado, ella misma habría intentado besarme. Al menos ahí había parecido que se dirigían las cosas.

Dejé caer la cabeza contra la pared de la ducha. ¿Había sido un idiota por apartarme? ¿Y si esa había sido la única oportunidad que iba a tener con ella?

Dejé mi polla en paz mientras me duchaba y, para cuando acabé, estaba hecho un lío. Me arrepentía de no aprovechar la oportunidad, aunque parte de mí creía que así era mejor. Sin embargo, no tenía ni idea de porqué, sobre todo porque Bella también había parecido querer besarme.

Me vestí con el pantalón de chándal y me puse una camiseta, frotándome el pelo con la toalla para secármelo. Cuando terminé, lo tenía levantado en todas direcciones y me pasé los dedos por él en un intento de controlarlo un poco. No lo había tenido así desde que era adolescente.

Joder, tampoco me había sentido tan fuera de control desde que era adolescente.

Me miré una vez más al espejo antes de recoger mis cosas y salir a la habitación. Bella estaba sentada en la cama con las piernas cruzadas, mirando su teléfono. Levantó la mirada hacia mí cuando salí y me dio una pequeña e insegura sonrisa. Se la devolví, seguramente con el mismo aspecto de inseguridad.

―La comida está de camino ―dijo suavemente―. Voy a darme una ducha rápida ―dijo, bajándose de la cama. Yo asentí y la miré desaparecer en el baño.

Eché mi bolsa al escritorio y solté un largo suspiro.

Cogí el cargador de mi móvil y lo enchufé, apartándome del teléfono sin siquiera mirar los mensajes. Antes había visto un montón de Rose, pero seguía ignorándolos ―todavía no estaba listo para encargarme de ella.

Cogí el mando y me senté en el borde de mi cama, encendiendo la televisión. Pasé algunos canales hasta que encontré un menú de películas. No sabía muy bien qué le gustaba ver a Bella, así que eché un rápido vistazo al catálogo, quedándome con las películas que podrían interesarme.

Cuando estaba casi al final, llamaron a la puerta. Dejé el mando en el escritorio y me levanté para abrir.

―Servicio de habitaciones ―dijo el chico cuando abrí. Yo asentí y le hice un gesto para que pasara. Él dejó la bandeja de comida en el escritorio y yo saqué unos billetes de mi cartera, dándoselos como propina.

―Gracias ―dije secamente. Él asintió, aceptando el dinero.

―¿Puedo hacer algo más por usted, señor?

Le miré.

―No, gracias.

Él asintió y dejó la habitación. Un momento después de que la puerta se cerrase, se abrió la del baño. Levanté la mirada hacia Bella, que ya llevaba puesto su pijama, y señalé la comida.

―La comida acaba de llegar. ―Ella sonrió y entró más en la habitación―. Estaba viendo qué películas hay en busca de algo bueno. ¿Hay algo que te apetezca? ―le pregunté, volviéndome hacia la bandeja para descubrir las hamburguesas. Tenían buen aspecto y me hicieron sentir hambriento de inmediato.

Bella hizo un extraño sonido que parecía un chillido ahogado y la miré alarmado. Estaba mirando la televisión, roja como un tomate.

Fruncí el ceño y mi puta mandíbula tocó el suelo cuando me volví hacia la televisión. El chico del servicio de habitaciones debía de haber dejado la bandeja sobre el mando porque, de alguna puta manera, el menú había pasado al de películas para adultos. Y cuando digo "adultos", me refiero a puro porno. Miré a Bella con cientos de emociones y excusas colisionando entre sí.

―El chico debe de haber tocado el mando ―dije, aclarándome la garganta y corriendo al escritorio para sacarlo de debajo de la bandeja―. Te juro que yo no... ―No era capaz de encontrar las palabras. Apenas podía mirar a Bella. Quería ver cuál era su reacción al porno, pero tampoco quería ver asco o enfado en su cara.

Volví a pulsar el botón del mando y, por supuesto, no funcionaba. Gruñí y apreté más fuerte. Tuve que darle cuatro putas veces antes de que volviera al menú principal. Finalmente miré a Bella y la encontré mirándome con los ojos como platos. Parecía... Joder. ¿Estaba excitada?

Estaba un poco sonrojada, lo que bien podría ser de vergüenza, pero no dejaba de morderse ese puto labio suyo y miré como un águila cómo se removía en su sitio.

Nuestros ojos se encontraron y pude verlo por todas putas partes. No sé quién se movió primero o si lo hicimos al tiempo, atraídos como imanes, pero no pude evitarlo más.

Un momento nos mirábamos a unos metros de distancia y al siguiente Bella estaba en mis brazos, los suyos rodeando mi cuello mientras los míos se acomodaban sobre sus caderas, con nuestros labios unidos en una desesperada batalla. Sabía a menta y el olor a fresa de su loción invadía todos mis sentidos. Saqué la lengua, rozando sus labios, y su boca se abrió. Nuestras lenguas se encontraron desesperadas.

Joder.

No había estado más excitado en mi vida. Acerqué a Bella más a mí, con una necesidad desquiciante de hundirme en ella. Mi corazón latía tan acelerado que sentía que se me iba a salir del pecho. Bella hizo un pequeño sonido como un maullido y aquello me animó; bajé más las manos para ahuecarlas en su culo mientras sus dedos se hundían en mi pelo. Pude sentirla moverse; su pierna izquierda se abrió y subió a mi cintura como una invitación. Quería levantarla y que sus dos piernas me rodearan las caderas.

Quería perderme en ella.

―Edward ―susurró, apartándose de mí para recuperar el aliento. Dejé que mi boca bajara por su barbilla y viajara a lo largo de su mandíbula, besando su perfecto cuello. Su respiración se aceleró y sus dedos apretaron mi pelo―. Edward, para. Tenemos que parar ―gimió Bella.

Me aparté de ella, respirando profundamente. Ella me miró, pasando sus dedos por mi pelo una vez más antes de bajar por mi cabeza y cuello, y acariciarme la clavícula. Su pierna bajó de mi cintura y la pérdida de ese contacto hizo que una vibración me recorriera.

―Estás casado ―dijo, sacudiendo la cabeza.

―Sí. Y ella me ha engañado. Hemos terminado ―dije, sacudiendo la cabeza e inclinándome hacia ella de nuevo. Bella se apartó más.

―No, todavía no. Y no voy a dejar que me uses para vengarte. ―Su voz fue suave, aunque sus palabras fueron como un puñetazo en la tripa―. Si nos acostamos, va a ser porque quieres estar conmigo sin más razones ¿está bien?

La miré fijamente sin saber qué decir.

―Quiero estar contigo porque tú eres tú ―dije por fin. Mi cabeza empezaba a aclararse y, con ello, empecé a tener una mala sensación.

Bella sonrió suavemente, sus dedos subieron para ahuecarse en mis mejillas.

―Sé que en parte es por eso ―susurró―. Pero tienes asuntos sin resolver. ―Se mordió el labio y mis ojos no pudieron apartarse de él. Ella suspiró, liberándolo y sacudiendo la cabeza. Aparté la mirada de su boca a regañadientes y la llevé a sus ojos―. Edward, me gustas demasiado como para que empecemos así.

Joder. Tenía razón, por supuesto, y ahora que había frenado lo suficiente como para escucharla, sabía que lo que decía era cierto.

Era un imbécil.

―Joder, Bella. Lo siento ―dije, carcomido por la vergüenza. Intenté apartarme de ella, pero Bella mantuvo un agarre firme en mi cara.

―Oye, para ―dijo suavemente. Esperó a que volviera a mirarla a los ojos antes de hablar―. Te han hecho daño. Eso no se va así como así. Lo entiendo. ―Se estiró para besarme la mejilla. Deseé que hubiera sido en los labios, pero incluso en la mejilla pareció demasiado cercano, demasiado peligroso.

Bella se apartó, volviendo a pisar completamente el suelo. Su pecho rozó el mío y me estremecí un poco.

―Edward, estoy dispuesta a darte el tiempo que necesitas para sanar. Quiero que proceses lo que te ha pasado para que puedas seguir adelante.

Fruncí el ceño.

―¿Contigo? ―No tenía ni puta idea de porqué había preguntado eso, pero ella sonrió un poco.

―Si tú quieres ―dijo―. Pero en realidad es por ti.

No sabía qué pensar o sentir. Estaba muy perdido. Solté un largo suspiro, apoyando mi frente contra la suya. Cerré los ojos y sacudí la cabeza.

―Siento mucho haberte arrastrado a mis mierdas ―susurré. Bella se estiró y me besó la frente. Yo abrí los ojos sorprendido y la miré.

―Bueno, todos tenemos mierdas ―dijo suavemente, acariciándome las mejillas―. Y, como he dicho, estoy dispuesta a darte el tiempo que necesites.

La miré fijamente. ¿Qué coño había hecho en la vida para merecerla? Era la mejor persona que había conocido, y no dejaba de demostrármelo mediante su sabiduría y sus actos.

―¿Quieres que me coja otra habitación? ―pregunté un momento después. Bella me acarició una última vez la cara antes de soltarme.

Me estremecí y ella salió de entre mis brazos.

―Confío en que estaremos bien ―dijo. Yo solté una risa sin humor.

―Tienes demasiada fe en mi autocontrol ―gruñí, pasándome una mano por el pelo. Ella sonrió un poco.

―Tengo fe en ti, Edward ―dijo suavemente, levantando una mano para ponerla contra mi pecho. Era como si estuviera sosteniendo mi corazón, lo que fue emocionante y terrorífico al mismo tiempo.

Mis manos se levantaron y tomaron la suya. Me llevé su palma a la cara y le di un suave beso antes de soltarla. Si Bella estaba dispuesta a creer en mí, entonces iba a hacer todo lo que pudiera para merecer esa confianza.

No iba a decepcionarla.

Nunca.


Espero que os haya gustado.

La próxima actualización será el jueves y el martes pondré un adelanto en el grupo Élite Fanfiction de Facebook. Mientras, contadme qué os ha parecido este capítulo.

Gracias por leer y comentar!

-Bells